Nuevas Herejías, Capítulo II

Heads

CAPÍTULO II

Iván de ExOpus

5-8-2004 ** 13-6-2008

Resumen: Se estudia el origen de la herejía institucional del Opus Dei vista en el Capítulo I (consistente en considerarse a si mismo como la única Iglesia verdadera), y los efectos derivados de ello: mantener simultáneamente el doble lenguaje de expresar que es muy fiel a la Iglesia en un tema, mientras que minutos después, en lo mismo, si le conviene, puede actuar de espaldas de ella.

—oOo—

A un razonamiento sólo se le puede echar un pulso con otro razonamiento. Nunca es válida otra manera de actuar. Por esta razón la Iglesia ha cultivado tan intensamente la filosofía y la teología, hasta el punto de que forman parte del bagaje intelectual más importante de lo que enseña a sus sacerdotes; para que así, pensando, sepan y puedan desmontar los errores, nunca a estacazos.

Cualquier medio de atacar a un raciocinio que no sea con otro raciocinio es, aparte de irracional, injusto y por lo tanto anticristiano; como bien nos lo enseña el siguiente episodio de la vida del Maestro: “Al decir esto, uno de los criados que allí estaba le dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? Jesús le contestó: Si he hablado mal, muéstrame en qué; y si bien, ¿por qué me pegas?” (Jn:18:22, 23)

Vivir en herejía

Es una idea común en la Obra que quien dice, opina, critica, ataca, juzga, etc., algo sobre ella lo está haciendo sobre la Iglesia.

Es tan grande la presión por parte de los de la Obra en ese sentido que en la pagina principal de OpusLibros hubo que poner: “¡Ojo! No es una web contra la Iglesia, ésta es una web sobre el Opus Dei.”

Por la misma razón cuatro autores (de los que puedo hablar porque conozco sus escritos, que seguro que hay más que desconozco), tuvimos que salir al paso de esas afirmaciones: Flavia, Satur, José Tomás [25 de julio de 2004] y yo.

Como se puede comprobar en el capítulo primero son heréticas todas esas proposiciones que escriben los de la Obra, o los muy cercanos a ella. Lo que se afirma de lo que es peculiar a la parte no se puede aplicar al todo: Si la mano derecha de un hombre tiene cinco dedos con ello no se puede certificar que todo su cuerpo tenga sólo cinco dedos. De igual manera, lo que se asevera de lo propio de la Obra no se puede decir que se asevera de toda la Iglesia, porque es una manera de afirmar, con otras palabras, que la Obra es lo mismo que la Iglesia.

También explico allí como el hacer público algo dañino de una institución de la Iglesia es una obligación grave para el cristiano que lo conoce porque debe avisar a la Iglesia de ese peligro.

Cuando el río suena agua lleva; si quien hubiera expresado esa herejía fuera una sola persona, pase; pero cuando son tantos, y muchos casi con las mismas palabras, eso significa que esa postura está muy arraigada en ellos.

En mis casi treinta y cinco años de permanencia en la Obra nunca he oído o leído que allí nadie dijera que “el Opus Dei es la Iglesia” (con estas palabras), pero si que he escuchado, hasta la saciedad y de manera exclusiva lo mismo que ellos cuentan aquí: que quien dice, opina, juzga, critica, ataca, etc., a la Obra lo está haciendo con la Iglesia.

Nunca cuentan en dónde está el error de ese ataque sino que, por principio, al ser ellos atacados es atacada la Iglesia.

Es como si a alguien a quien se le acusa de maltratar a su esposa contestara, sin dar prueba alguna de su inocencia, que con esa acusación se está atentando contra la sagrada institución del matrimonio.

Hagamos algunas deducciones de esa postura.

1 – Verbalmente nadie de la Obra dice explícitamente que el Opus Dei es la Iglesia.

2 – Pero sí que quien habla algo sobre el Opus Dei lo habla sobre la Iglesia, por lo que implícitamente atestiguan la herejía de identificar al Opus Dei con la Iglesia.

3 – ¿Quién les ha explicado eso? ¿De dónde ha salido que tantos afirmen esa herejía y tan al unísono?

4 – Solamente hay dos caminos por los que los demás nos pueden enseñar algo: por las palabras y por la conducta, por la enseñanza oral y a través del ejemplo.

No hay más formas de educar que esas dos. Un padre enseña a su hijo o con palabras o a través del ejemplo de sus actos.

Cuando hay disparidad entre lo contado con la boca y lo mostrado con los hechos quien siempre lleva la de ganar es el ejemplo. “Fray ejemplo es el mejor predicador” reza un antiguo dicho.

Si alguien nos cuenta que es muy soberbio pero en su conducta observamos que rinde sus opiniones con alegría, que se desvive por los demás, que es sencillo, etc., de eso deducimos que realmente es tan humilde que por pura humildad llega a decir de sí mismo que es soberbio. Si nos encontramos a un amigo llorando con desconsuelo y a la vez nos dice que es muy feliz, no creeremos en sus palabras, sí en su llanto.

5 – Si los de la Obra no han aprendido que el Opus Dei es la Iglesia por haberlo oído decir con estas palabras, entonces será a causa de que el Opus Dei, institucionalmente, con su ejemplo, con su conducta, con su manera de hablar del resto de la Iglesia, con su forma de ser y de vivir…, les ha llevado a convencerse de que el Opus Dei es la Iglesia.

6 – Luego la conducta del Opus Dei es la que le corresponde a quien se considera a si mismo como la Iglesia.

7 – De lo que se deduce que la Obra utiliza dos lenguajes:

· El verbal, el que oye todo el mundo, con el que dice que no es la Iglesia.

· Y el de la conducta, que oyen sólo los suyos, con el que se afirma a si misma como la Iglesia.

8 – Como el obrar sigue al ser o, lo que es lo mismo, que a un determinado modo de actuar le corresponde un determinado modo de ser, esa conducta del Opus Dei se identifica con su ser (“Porque a cada árbol se le conoce por sus frutos: que no se cogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas.” Lc:6:44).

9 – Entonces, según todo lo anterior, el Opus Dei es una institución cuyo ser vive en la herejía de considerarse a sí mismo como la Iglesia y de manifestar explícitamente todo lo contrario.

10 – Cuando oímos ladrar a un animal sabemos que es un perro, aunque ya no ladre nunca más. Si de un árbol cosechamos una vez manzanas ya sabemos que es un manzano, aunque no vuelva a fructificar.

Cuando el ser del Opus Dei lleva a que los suyos afirmen en una oleada de manifestaciones unánimes que la Obra es la Iglesia, aunque sus miembros no vuelvan nunca más a exteriorizarse en ese sentido ya no importa porque sabemos cual es su esencia por la manifestación primera de la cual lo hemos deducido.

11 – Una vez conocida la esencia de un ser conocemos su naturaleza (que es la esencia como principio de operaciones, lo que hace actuar a ese ser de manera consecuente con lo que él es), por lo que ya podemos encajar y deducir todo su comportamiento.

Si estamos en nuestra casa y por la ventana oímos ladrar a un perro, sólo con eso, aún sin haberlo visto, sabemos que es un mamífero, que su método de ataque y defensa son los dientes, por lo que puede mordernos; que no tiene garras y por tanto sus arañazos no son peligrosos, que es un animal sociable con el hombre, etc., etc. Y todas estas características las deducimos por haber escuchado un solo ladrido, porque ese ladrido es la manifestación de la esencia del perro y con él nos viene todo cuanto conocemos de los perros, aunque no hayamos visto nunca a ese perro en concreto. Pero además podemos ir a observar, a tiro hecho, lo que tienen todos los perros en ese que hemos oído ladrar: Le miramos una pata y comprobamos que no tiene garras, le levantamos el belfo y allí están unos colmillos poderosos, etc.

Si la Obra es una institución cuya esencia es la de dar la imagen exterior de ser muy fiel a la Iglesia Total y su vivencia es la de considerarse a sí misma como esa Iglesia Total, ya sabemos como se va a comportar en cualquier situación y además podemos encajar todos sus actos como emanación de esa naturaleza.

Un ejemplo. He escrito con anterioridad: “Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta. Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.”

Cuando lo escribí desconocía la razón de esas incongruencias, ahora está clarísimo.

Esas dos verdades de las que allí hablo salen de la esencia de la Obra: Una de la rama con la que se hace ver como fiel a la Iglesia y la otra de la que parte de la vivencia profunda que tiene de sentirse a si misma como la Iglesia Total, la Única, la Infalible; que lleva al Opus Dei a considerar que es “verdad de fe” cualquier cosa que afirmen sus directores (aunque sea una mentira).

Por otra parte, como para el Opus Dei, visceralmente, la Iglesia y la Obra son lo mismo, puede usarse lo que dice una u otra según lo aconsejen las circunstancias y sin problemas de conciencia.

Ahora toca contar lo que le conviene al Opus Dei y hace un minuto lo que le agrada a la Iglesia… ¡Qué más da, si las dos instituciones son la misma cosa!

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