El Traidor, El Apóstata Y El Buen Pastor Según El Opus Dei

noviembre 17, 2008
Creacción de Adán

La creación de Adán

Iván de ExOpus

Aún cuando el Código de Derecho Canónico establece que la vocación de los laicos al Opus Dei es inexistente, por no poder llegar a ser en él más que simples cooperadores orgánicos suyos que no se distinguen en nada del resto de los seglares de sus respectivas diócesis, y que sus clérigos son sacerdotes seculares iguales al resto de los de la Iglesia, para el Fundador de esta institución esas supuestas vocaciones al Opus Dei son de la misma entidad que la del bautismo (para nosotros, la fidelidad a nuestra llamada significa fidelidad a la vocación cristiana: al Amor de Dios. Se entienden por eso las palabras fuertes de nuestro Padre: si alguno de mis hijos se abandona y deja de guerrear, o vuelve la espalda, que sepa que nos hace traición a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos en la Obra, a todas las almas), por lo que su Obra es la misma Iglesia, y por tanto él se equiparaba cuanto menos a un gran profeta, incluso con el mismo Cristo.

Para mostrarlo traigo tres escritos oficiales del Opus Dei.

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Nuevas Herejías, Capítulo II

junio 13, 2008

Heads

CAPÍTULO II

Iván de ExOpus

5-8-2004 ** 13-6-2008

Resumen: Se estudia el origen de la herejía institucional del Opus Dei vista en el Capítulo I (consistente en considerarse a si mismo como la única Iglesia verdadera), y los efectos derivados de ello: mantener simultáneamente el doble lenguaje de expresar que es muy fiel a la Iglesia en un tema, mientras que minutos después, en lo mismo, si le conviene, puede actuar de espaldas de ella.

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A un razonamiento sólo se le puede echar un pulso con otro razonamiento. Nunca es válida otra manera de actuar. Por esta razón la Iglesia ha cultivado tan intensamente la filosofía y la teología, hasta el punto de que forman parte del bagaje intelectual más importante de lo que enseña a sus sacerdotes; para que así, pensando, sepan y puedan desmontar los errores, nunca a estacazos.

Cualquier medio de atacar a un raciocinio que no sea con otro raciocinio es, aparte de irracional, injusto y por lo tanto anticristiano; como bien nos lo enseña el siguiente episodio de la vida del Maestro: “Al decir esto, uno de los criados que allí estaba le dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? Jesús le contestó: Si he hablado mal, muéstrame en qué; y si bien, ¿por qué me pegas?” (Jn:18:22, 23)

Vivir en herejía

Es una idea común en la Obra que quien dice, opina, critica, ataca, juzga, etc., algo sobre ella lo está haciendo sobre la Iglesia.

Es tan grande la presión por parte de los de la Obra en ese sentido que en la pagina principal de OpusLibros hubo que poner: “¡Ojo! No es una web contra la Iglesia, ésta es una web sobre el Opus Dei.”

Por la misma razón cuatro autores (de los que puedo hablar porque conozco sus escritos, que seguro que hay más que desconozco), tuvimos que salir al paso de esas afirmaciones: Flavia, Satur, José Tomás [25 de julio de 2004] y yo.

Como se puede comprobar en el capítulo primero son heréticas todas esas proposiciones que escriben los de la Obra, o los muy cercanos a ella. Lo que se afirma de lo que es peculiar a la parte no se puede aplicar al todo: Si la mano derecha de un hombre tiene cinco dedos con ello no se puede certificar que todo su cuerpo tenga sólo cinco dedos. De igual manera, lo que se asevera de lo propio de la Obra no se puede decir que se asevera de toda la Iglesia, porque es una manera de afirmar, con otras palabras, que la Obra es lo mismo que la Iglesia.

También explico allí como el hacer público algo dañino de una institución de la Iglesia es una obligación grave para el cristiano que lo conoce porque debe avisar a la Iglesia de ese peligro.

Cuando el río suena agua lleva; si quien hubiera expresado esa herejía fuera una sola persona, pase; pero cuando son tantos, y muchos casi con las mismas palabras, eso significa que esa postura está muy arraigada en ellos.

En mis casi treinta y cinco años de permanencia en la Obra nunca he oído o leído que allí nadie dijera que “el Opus Dei es la Iglesia” (con estas palabras), pero si que he escuchado, hasta la saciedad y de manera exclusiva lo mismo que ellos cuentan aquí: que quien dice, opina, juzga, critica, ataca, etc., a la Obra lo está haciendo con la Iglesia.

Nunca cuentan en dónde está el error de ese ataque sino que, por principio, al ser ellos atacados es atacada la Iglesia.

Es como si a alguien a quien se le acusa de maltratar a su esposa contestara, sin dar prueba alguna de su inocencia, que con esa acusación se está atentando contra la sagrada institución del matrimonio.

Hagamos algunas deducciones de esa postura.

1 – Verbalmente nadie de la Obra dice explícitamente que el Opus Dei es la Iglesia.

2 – Pero sí que quien habla algo sobre el Opus Dei lo habla sobre la Iglesia, por lo que implícitamente atestiguan la herejía de identificar al Opus Dei con la Iglesia.

3 – ¿Quién les ha explicado eso? ¿De dónde ha salido que tantos afirmen esa herejía y tan al unísono?

4 – Solamente hay dos caminos por los que los demás nos pueden enseñar algo: por las palabras y por la conducta, por la enseñanza oral y a través del ejemplo.

No hay más formas de educar que esas dos. Un padre enseña a su hijo o con palabras o a través del ejemplo de sus actos.

Cuando hay disparidad entre lo contado con la boca y lo mostrado con los hechos quien siempre lleva la de ganar es el ejemplo. “Fray ejemplo es el mejor predicador” reza un antiguo dicho.

Si alguien nos cuenta que es muy soberbio pero en su conducta observamos que rinde sus opiniones con alegría, que se desvive por los demás, que es sencillo, etc., de eso deducimos que realmente es tan humilde que por pura humildad llega a decir de sí mismo que es soberbio. Si nos encontramos a un amigo llorando con desconsuelo y a la vez nos dice que es muy feliz, no creeremos en sus palabras, sí en su llanto.

5 – Si los de la Obra no han aprendido que el Opus Dei es la Iglesia por haberlo oído decir con estas palabras, entonces será a causa de que el Opus Dei, institucionalmente, con su ejemplo, con su conducta, con su manera de hablar del resto de la Iglesia, con su forma de ser y de vivir…, les ha llevado a convencerse de que el Opus Dei es la Iglesia.

6 – Luego la conducta del Opus Dei es la que le corresponde a quien se considera a si mismo como la Iglesia.

7 – De lo que se deduce que la Obra utiliza dos lenguajes:

· El verbal, el que oye todo el mundo, con el que dice que no es la Iglesia.

· Y el de la conducta, que oyen sólo los suyos, con el que se afirma a si misma como la Iglesia.

8 – Como el obrar sigue al ser o, lo que es lo mismo, que a un determinado modo de actuar le corresponde un determinado modo de ser, esa conducta del Opus Dei se identifica con su ser (“Porque a cada árbol se le conoce por sus frutos: que no se cogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas.” Lc:6:44).

9 – Entonces, según todo lo anterior, el Opus Dei es una institución cuyo ser vive en la herejía de considerarse a sí mismo como la Iglesia y de manifestar explícitamente todo lo contrario.

10 – Cuando oímos ladrar a un animal sabemos que es un perro, aunque ya no ladre nunca más. Si de un árbol cosechamos una vez manzanas ya sabemos que es un manzano, aunque no vuelva a fructificar.

Cuando el ser del Opus Dei lleva a que los suyos afirmen en una oleada de manifestaciones unánimes que la Obra es la Iglesia, aunque sus miembros no vuelvan nunca más a exteriorizarse en ese sentido ya no importa porque sabemos cual es su esencia por la manifestación primera de la cual lo hemos deducido.

11 – Una vez conocida la esencia de un ser conocemos su naturaleza (que es la esencia como principio de operaciones, lo que hace actuar a ese ser de manera consecuente con lo que él es), por lo que ya podemos encajar y deducir todo su comportamiento.

Si estamos en nuestra casa y por la ventana oímos ladrar a un perro, sólo con eso, aún sin haberlo visto, sabemos que es un mamífero, que su método de ataque y defensa son los dientes, por lo que puede mordernos; que no tiene garras y por tanto sus arañazos no son peligrosos, que es un animal sociable con el hombre, etc., etc. Y todas estas características las deducimos por haber escuchado un solo ladrido, porque ese ladrido es la manifestación de la esencia del perro y con él nos viene todo cuanto conocemos de los perros, aunque no hayamos visto nunca a ese perro en concreto. Pero además podemos ir a observar, a tiro hecho, lo que tienen todos los perros en ese que hemos oído ladrar: Le miramos una pata y comprobamos que no tiene garras, le levantamos el belfo y allí están unos colmillos poderosos, etc.

Si la Obra es una institución cuya esencia es la de dar la imagen exterior de ser muy fiel a la Iglesia Total y su vivencia es la de considerarse a sí misma como esa Iglesia Total, ya sabemos como se va a comportar en cualquier situación y además podemos encajar todos sus actos como emanación de esa naturaleza.

Un ejemplo. He escrito con anterioridad: “Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta. Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.”

Cuando lo escribí desconocía la razón de esas incongruencias, ahora está clarísimo.

Esas dos verdades de las que allí hablo salen de la esencia de la Obra: Una de la rama con la que se hace ver como fiel a la Iglesia y la otra de la que parte de la vivencia profunda que tiene de sentirse a si misma como la Iglesia Total, la Única, la Infalible; que lleva al Opus Dei a considerar que es “verdad de fe” cualquier cosa que afirmen sus directores (aunque sea una mentira).

Por otra parte, como para el Opus Dei, visceralmente, la Iglesia y la Obra son lo mismo, puede usarse lo que dice una u otra según lo aconsejen las circunstancias y sin problemas de conciencia.

Ahora toca contar lo que le conviene al Opus Dei y hace un minuto lo que le agrada a la Iglesia… ¡Qué más da, si las dos instituciones son la misma cosa!

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Nuevas Herejías, Capítulo I

mayo 30, 2008

Escher - Heads

NUEVAS HEREJÍAS

Iván de ExOpus, 4 de mayo de 2008

INTODUCCIÓN A LA PRESENTE EDICIÓN

La primera publicación de este libro se hizo en la Web Opuslibros en el transcurso de un año (del 22 de julio de 2004 hasta el 27 de junio de 2005).

Hago ahora su reedición por encontrar todavía comentarios semejantes a los que motivaron escribirlo (ejemplo: Tal vez éste escrito suene un poco informal pero seré muy breve: no nos equivoquemos, el Opus Dei no comete errores) que me llevan a pensar que el contenido de Nuevas Herejías le es desconocido a algunos. Por otra parte, para hacerme eco de las palabras del Fundador del Opus Dei a quien le oí decir por primera vez en octubre de 1967 que tenemos que repetir una y otra vez lo mismo hasta que se acaben por enterar todos. Pues eso, ¡a repetir una y otra vez las mismas verdades!

Para facilitar su lectura pausada lo presentaré en capítulos independientes. Si lo veo conveniente suprimiré, modificaré o aumentaré algunas partes del original. También añado un breve resumen al principio de cada entrega.

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CAPÍTULO I

Resumen: Ante expresiones continuadas por parte de algunos afines al Opus Dei del tipo quienes atacan al Opus Dei atacan a la Iglesia, o el visto antes de no nos equivoquemos, el Opus Dei no comete errores (observemos que han transcurrido nada menos que cuatro años entre estas dos aserciones que pongo de ejemplo); en este capítulo se demuestra como afirmaciones semejantes no sólo están equivocadas, sino que además son heréticas.

1—El gran anatema.

Siempre que leo en la página de inicio de Opuslibros: “¡Ojo! No es una web contra la Iglesia, ésta es una web sobre el Opus Dei.”, recuerdo una tertulia, cuando yo era de la Obra, en la que un director de Comisión (máximo órgano de gobierno del Opus Dei en cada región) nos contó que alguien importante de la Obra le había dicho al Papa actual, en una entrevista que por aquel entonces tuvo con él, algo parecido a: Santo Padre, todos lo que nos atacan [al Opus Dei] son los mismos que atacan a la Iglesia.

Imagino que por esa línea de pensamiento de algunos afines a la Obra es por lo que la Web Opuslibros ha colocado en su primera página esa nota aclaratoria que he entrecomillado al principio.

En lógica hay dos axiomas (principios tan claros y evidentes que no necesitan demostración) que dicen: “La parte es menor que el todo” y “La parte no es el todo”. Con ello la lógica, como disciplina del pensar de forma correcta, no hace más que definir algo innegable, que nadie puede poner en duda.

Por lo anterior se deduce que quien opina sobre una parte, o la juzga, o la critica; circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar de esa parte, no está opinando, juzgando ni criticando al todo (puesto que si no fuera así la parte y el todo serían lo mismo). Podemos decir de un coche que es muy confortable en todo menos el volante que es muy incómodo (sólo juzgamos el volante) o de nuestra casa que está recién pintada excepto el cuarto trastero (el único sin pintar), etc.

Algo muy distinto es cuando opinamos, juzgamos o criticamos en un miembro algo que pertenece al Todo porque en ese caso lo estamos haciendo sobre los dos. Si opino que el hábito franciscano debería ser azul marino en vez de pardo, con ello me refiero solamente a esa Orden ya que me circunscribo a algo peculiar suyo; pero si lo hago sobre que ellos afirman la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía y expongo mis dudas al respecto, eso es doctrina del Todo, por lo que a la vez que opino sobre los franciscanos también lo estoy haciendo sobre la Iglesia.

Dentro de lo que la Iglesia nos exige creer a los católicos (verdades de Fe) se encuentra que la Iglesia es “Una”. Esto es algo tan fundamental que está impreso en todos los catecismos oficiales de la Iglesia.

Si la Iglesia es “Una” ello implica que no hay dos Iglesias verdaderas. Esto es doctrina de Fe, por lo que ha de creerse.

Como “la parte no es el todo”, eso quiere decir que una parte de la Iglesia (persona, cargo o institución) no es la Iglesia. Esto también es de Fe.

Se ha expuesto antes que quien opina sobre una parte, o la juzga, o la critica; circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar de esa parte, no está opinando, ni juzgando ni criticando al todo. Del conjunto de lo visto se deduce que quien opina, juzga o critica a persona, cargo o institución de la Iglesia, circunscribiéndose a hacerlo tan sólo sobre lo peculiar de esa persona, ese cargo o esa institución; no está opinando, juzgando ni criticando a toda la Iglesia. (Sí yo digo que mi párroco no reza no estoy afirmando por ello que toda la Iglesia no reza, puesto que juzgo a esa persona centrándome sólo en algo de ella.) Y por las razones antedichas en los párrafos precedentes esto también es de Fe (porque si no fuera así, siguiendo el ejemplo anterior, el párroco y la Iglesia serían lo mismo).

Como el Opus Dei es una institución de la Iglesia, de todo lo anterior se deduce que es un hereje quien diga de alguien que opina sobre el Opus Dei, o lo juzga, o lo critica (cuando lo hace circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar del Opus Dei), que esa persona está opinando sobre toda la Iglesia, o juzgándola, o criticándola.

Como los herejes son anatemas (excomulgados) y como al Fundador de la Obra le gustaba tanto el Concilio de Trento, basándome en lo anterior concluyo con una terminología muy propia de dicho concilio:

1 – Si alguien dijere que el Opus Dei es la Iglesia, sea anatema.

2 – Si de quien opina sobre el Opus Dei (cuando opina tan sólo sobre algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está opinando sobre toda la Iglesia, sea anatema.

3 – Si de quien juzga al Opus Dei (cuando juzga tan sólo sobre algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está juzgando a toda la Iglesia, sea anatema.

4 – Si de quien critica al Opus Dei (cuando critica tan sólo algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está criticando a toda la Iglesia, sea anatema.

2—La libertad de expresión.

Otra realidad muy distinta es que la opinión, el juicio o la critica que alguien le hace al Opus Dei repercuta o no sobre la Iglesia. Por supuesto que repercute, pero no porque ambas estén identificadas sino porque la Obra es una parte de la Iglesia, y lo que le atañe a un miembro está incidiendo sobre cuerpo.

Lo importante es saber si es cierto o no lo que se afirma de la parte. Precisamente para llegar a ese conocimiento ha de existir la libertad de expresión y además se ha de ejercer, pues sólo a través de ella puede esclarecerse la verdad.

Voy a intentar explicarlo con un ejemplo. Durante meses voy a la parroquia todos los días, a horas distintas, y nunca veo al párroco rezando. Unas veces da catequesis, otras está atendiendo a pobres, otras dando cursos prematrimoniales, etc. y de ello concluyo que ese hombre no reza nunca.

Si no hay libertad de expresión me quedaré siempre con esa idea para mí solito. Pero si encuentro una página Web de gentes de mi diócesis, abierta a la libertad de expresión, y lo cuento allí; quienes me leen reciben esa información y a su vez contestan (con la misma libertad de expresión). Imaginemos que un compañero de residencia de ese sacerdote lo lee y responde algo parecido a lo siguiente: “No tenéis ni idea de lo que estáis afirmando porque ese párroco de quien habláis nos tiene conmovidos a todos los que vivimos con él precisamente por su intensa vida de oración. Duerme sólo tres o cuatro horas y el resto de la noche se lo pasa rezando, porque él dice que durante el día no tiene el sosiego necesario para orar con calma por estar dedicado a una actividad muy intensa y que por eso lo hace por la noche.”

Ese testimonio lo cambia todo, pero lo importante para lo que nos ocupa es que se ha llegado a él a través del ejercicio de la libertad de expresión.

La libertad de expresión y el diálogo hacen posible llegar a la verdad, a veces opuesta a lo que en un principio parecía. La facultad de opinar, juzgar y criticar de unos y la respuesta de otros permite difundir, conocer y poder corregir la realidad de los hechos.

Cuando hay verdadera libertad de expresión no importa que alguien mienta o que se equivoque en sus opiniones, juicios o criticas, puesto que ya se encargarán de desmontar esas falsedades aquellos que tienen pruebas de la verdad. Sin embargo, la falta de esa libertad es el caldo de cultivo perfecto para los que obran el mal porque todo el mundo se halla incapacitado para desenmascararles.

De lo visto sobre la libertad de expresión se puede concluir que:

1 – Quienes callan ante las denuncias públicas de hechos graves de que se les acusa, con ese silencio otorgan como verdad todo cuanto se está afirmando sobre ellos porque si no responderían inmediatamente.

2 – Quienes luchan por acabar con la libertad de expresión de aquellos que hablan sobre ellos, con eso demuestran que no son claras sus intenciones, que hay algo torcido en su conducta.

3 – Quienes impiden a sus súbditos acceder a lugares en donde se ejerce la libertad de expresión sobre ellos, con eso tan sólo pretenden que estén bajo la ignorancia de lo que difunde su versión oficial, que presenta la verdad mutilada de partes esenciales a las que no quieren que tengan acceso sus miembros.

4 – Quienes hacen lo que dicen y desean mejorar lo que hacen, aman la libertad de expresión que sobre ellos se ejerce porque les permite conocer sus obras desde otras perspectivas, con lo que después pueden perfeccionarlas.

5 – Tan sólo aquellos que quieren a toda costa imponer su voluntad sobre el resto (dictaduras) odian la libertad de expresión, a quien ven como su gran enemiga.

Volviendo a la Iglesia. No sólo es una herejía afirmar que quien muestra la maldad de la parte (como parte) lo está haciendo sobre la Iglesia (como todo), sino que hacer públicos esos errores es una obligación grave para quienes los conocen; pues con ello se perfecciona la Iglesia al materializarse el mandato de Jesús de ser buen pastor de los demás, enseñándoles en donde los lobos se disfrazan de ovejas, para que así puedan escapar sin daño de sus colmillos.

Si aquellos de quienes afirmamos que son lobos responden a nuestro requerimiento con pruebas en contra o cambian su actitud, pues entonces todo el mundo se convencerá de que son ovejas. Pero si ante esas acusaciones ni contestan ni se enmiendan, entonces es que en verdad son lobos.

3—Una parábola bíblica sobre el Opus Dei.

Cambio de tema y te cuento un escarceo de esa loca de la casa que es la imaginación. Yo visualizo al Opus Dei como una figura gigante, sublime, y de gran rigidez; con valiosos intelectuales en su seno, que copa puestos claves de las más altas esferas civiles y religiosas, por lo que imagino que la cabeza de esa imagen es de oro fino; que machaca lo que haga falta por la férrea constitución de sus elementos, que están entrenados para conquistar cualquier meta por la fe incuestionable en que aquello que les dicen sus directores es la única palabra de Dios, y por eso veo que los miembros inferiores de esa figura son de hierro…; mas entre tanta grandeza yo le observo dos defectos que le transforman en un ser muy vulnerable: por una parte que no anda en la verdad y por otra que no quiere enmendar sus errores.

Y mira lo que Dios nos cuenta sobre un ser semejante:

Tú, oh rey, mirabas, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra se desprendió, no por mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como polvo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra. (Libro de Daniel, Capítulo 2, versículos 31 al 35.)

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Mito 1. El Opus Dei Es La Iglesia Y La Iglesia El Opus Dei

mayo 3, 2007

Iván de ExOpus

Es tan visceral que los de la Obra consideren a su fundador tan perfecto como el mismísimo Dios, que por ello ven al Opus Dei como a la única Iglesia verdadera. Antes era frecuente que en Opus Libros se recibieran correos (de afines a la Prelatura) tales como el siguiente:

[…] Tú no desmayes ante los ataques sin finura ni elegancia ninguna de todas esas personas enemigas de la Santa Madre Iglesia, que es la que ha hecho santo a San Josemaría y, por consiguiente, todos los que se meten con el Opus Dei se están metiendo con la Iglesia y cometen un gravísimo pecado y ya lo purgaran en su día, que es lo que ellos a lo mejor no saben, pero ya se enterarán (Carta de Genoveva a Opus Libros, 22-07-04).

Eso me motivó a escribir los 10 capítulos del libro Nuevas Herejías en donde se demuestra, sin lugar a dudas, que esa forma de comportarse supone vivir en herejía, la nueva herejía hipócrita en la que incurren los del Opus Dei, consistente en que se piensan y predican como servidores de la Iglesia y, por el contrario, en su actuar, vivir y sentir se consideran superiores a ella.

Parece ser que mis escritos tuvieron su impacto ya que desde entonces cada vez son menos los e-mail como el anterior (hace un año que no leo ninguno en Opus Libros ni tampoco me los mandan a ExOpus).

Sobre esta diabólica tentación en la que caen los del Opus Dei previene también la autora del Blog La Verdad Sobre el Opus Dei:

Quiero que quede muy claro que el Opus Dei no es la Iglesia ni la Iglesia es el Opus Dei.

Todos los que de una manera u otra no apoyamos al Opus Dei sufrimos críticas, cesura y en muchos casos persecución y ostracismo social, se nos dice que “no somos católicos”…

Si usted ha dejado el Opus Dei o lo piensa dejar, no se acompleje, no se sienta usted culpable de nada, usted sigue siendo tan católico como el que másno lo olvide nunca.

Pero lo más importante es que así lo ve también el actual Papa Benedicto XVI quien en las siguientes dos ocasiones y refiriéndose a los nuevos movimientos de la Iglesia (entre los que está el Opus Dei) pone el dedo en la llaga sobre la tentación de caer en esta nueva herejía.

Aquí aparecen con claridad tanto los peligros como los caminos de superación que existen en los movimientos. Existe la amenaza de la unilateralidad que lleva a exagerar el mandato específico que tiene origen en un período dado o por efecto de un carisma particular. Que la experiencia espiritual a la cual se pertenece sea vivida no como una de las muchas formas de existencia cristiana, sino como el estar investido de la pura y simple integralidad del mensaje evangélico, es un hecho que puede llevar a absolutizar el propio movimiento, que pasa a identificarse con la Iglesia misma, a entenderse como el camino para todos, cuando de hecho este camino se da a conocer en modos diversos (Los movimientos eclesiales y su ubicación teológica, 27 de mayo de 1998, Card. Ratzinger).

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Raymond Arroyo: Así es. ¿Ve a los movimientos en la Iglesia como parte de esa conversión? ¿Existe el peligro de que nos dejemos envolver por este competitivo hecho, si lo ve así, de que todos debamos ser parte de ellos para ser católicos en serio?

Cardenal Ratzinger: Sí, por un lado soy muy amigo de estos movimientos […] Por otra parte, creo que es importante que estos movimientos no se cierren sobre sí mismos o se absoluticen. Tienen que entender que si bien son una manera, no son “la” manera; tienen que estar abiertos a otros, en comunión con otros. Especialmente debemos tener presente y ser obedientes a la Iglesia en la figura de los obispos y del Papa. Sólo con esta apertura a no absolutizarse con sus propias ideas y con la disposición para servir a la Iglesia común, la Iglesia universal, serán un camino para el mañana (Entrevista concedida al canal católico EWTN el 5 de septiembre de 2003).

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Queda así desmontado el mito número 1 del Opus Dei: EL OPUS DEI NO ES LA IGLESIA, NI LA IGLESIA EL OPUS DEI.

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