Mentiras Y Falsas Justificaciones En El Opus Dei

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Iván de ExOpus

Se llama falsa justificación a la razón no real que se ofrece ante un acto reprobable para quedar bien ante los demás o ante nuestra propia conciencia.

Justificarse de esa manera es algo muy común. El escolar que suspende lo justifica ante sus padres con que él estudia mucho pero es que el profesor le tiene manía, cuando alguien llega tarde a una cita lo justifica con que se le ha parado el reloj, ante el retraso en la entrega de un informe el empleado lo justifica explicando que le ha llegado tarde un fax que era necesario para realizarlo, etc.

Como no siempre pensamos, sentimos y hacemos lo correcto y queremos quedar bien, puede decirse que toda la vida social está repleta de falsas justificaciones que buscan hacer compatible el mundo propio de cada uno con el de los demás.

No todas las mentiras son falsas justificaciones ya que se puede mentir para estafar, perjudicar a otro, evitar un sufrimiento, etc.

Por una parte el Opus Dei se considera perfecto y por tanto sin necesidad de autocrítica ni de rectificación y por otra tiene mucho indigno en su trastienda, por lo que para sobrevivir necesita mentir y justificarlo todo. Por eso nada más acercarte al Opus Dei entras en contacto con mentiras, medias verdades y falsas justificaciones. Sus métodos son muy amplios y sofisticados, la mayoría difíciles de descubrir mientras confías plenamente en ellos.

Empiezan por mentir sobre su propia esencia ya que dicen que en el Opus Dei no existen distintas categorías de miembros […] por el que todos los fieles de la prelatura son […] en igual grado miembros de una misma porción del Pueblo de Dios. (Sacerdotes y laicos).

Cuando lo que la Iglesia afirma es que sólo pertenecen a la Prelatura los sacerdotes: la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular. (CIC, Canon 294), En la que lo laicos son simples cooperadores: Mediante acuerdos establecidos con la prelatura, los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de la prelatura personal; pero han de determinarse adecuadamente en los estatutos el modo de cooperación orgánica y los principales deberes y derechos anejos a ella. (Ibíd., Canon 296).

Si mienten en lo más importante y demostrable que es lo que constituye el Opus Dei y quienes lo componen, ¿qué no harán sobre otras realidades de más difícil demostración?

Cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.

Por otra parte aparentar que no le dan importancia a lo jurídico, como hemos visto, lleva a que no te faciliten las Constituciones ni documentos en los que puedas conocer a lo que te comprometes, lo que facilita que te sigan engañando. Así, no te explican que durante los primeros seis meses desde que escribes esa carta hasta que te conceden la Admisión tanto tú te puedes ir como echarte ellos sin necesidad de dar explicaciones a nadie, la Obra si que lo utiliza para mandarte a la calle si ven que no les eres útil, pero a ti te ocultan ese dato para mantenerte retenido por no conocer tus derechos. Tampoco te dicen que el director te va a leer las cartas que recibas y envíes, ni que las numerarias han de dormir sobre tabla, ni que te tienes que poner un cilicio (abrazadera de pinchos) sobre el muslo durante dos horas al día, etc. Sólo cuando ven que te han mentalizado lo suficiente para que aceptes algo, te lo cuentan. Y si protestas te salen con que ¡Pero hombre! Has entregado todo a Dios, ¿no vas a ser capaz de añadir esta pequeñez! Y si sigues rezongando, entonces aplican su mayor arma: Aquí se viene a obedecer o marcharse. Si no quieres ponerte el cilicio (o que te lean las cartas, o dormir sobre tabla, etc.) pues ahí tienes la puerta. Con el convencimiento por su parte de que no te vas a ir porque saben que ya has interiorizado muy bien las maldiciones del Fundador:

—No doy un duro [antigua moneda española de poco valor] por el alma de un hijo mío que abandone su vocación.

—Dejar la Obra es condenarse a la infelicidad temporal y eterna.

—Prefiero que me digan de un hijo mío que se ha muerto antes que ha dejado la Obra.

—El que deja la Obra, además de perder su felicidad temporal, muy posiblemente también pierda la eterna.

—Hijos míos, la gracia más grande que habéis recibido después de la Fe, no lo dudéis, es la de la vocación.

—Si no hubiera sido por la vocación a la Obra, posiblemente Dios no nos habría creado.

—Rezad para que Dios os permita morir antes que dejar la Obra.

—Si alguno de mis hijos nos abandona, que sepa que nos traiciona a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos de la Obra y a todas las almas.

Si no pasáis por mi cabeza, si no pasáis por mi corazón, habéis equivocado el camino, no tenéis a Cristo.

No encontraréis la felicidad fuera de vuestro camino, hijos. Si alguien se descaminara, le quedaría un remordimiento tremendo: sería un desgraciado. Hasta esas cosas que dan a la gente una relativa felicidad, en una persona que abandona su vocación se hacen amargas como la hiel, agrias como el vinagre, repugnantes como el rejalgar.

Las megalómanas frases anteriores son un claro ejemplo de mentiras que para el que está dentro tienen mucho poder y son muy difíciles de demostrar. En el siguiente testimonio se trasluce como te enganchan con ellas:

Recuerdo con particular ahínco las cosas que me decían me iban a suceder si me iba del Opus Dei, el rejalgar estaba buenísimo de tomar a como decían me iba a sentir yo. Y hoy, con gran alegría y tristeza a la vez, puedo decirles: mentirosos. Alegría porque no ha sido así… y tristeza porque una institución que se dice de Dios, no debería mentir, esto es repelente. Según ellos iba a dejar los estudios, iba a morir de sobredosis, iba a estar todos los días de fulanas, no tendría novia, Dios no estaría conmigo… es más me decían que Jesús me reprocharía todos los días el haber tirado la vocación… Si me encontrara a más de uno ahora, le diría: “bébete un vasillo de rejalgar, y vienes y me cuentas otra idiotez”. (Un año fuera del Opus Dei. Francisco Mellado).

Cuando les conviene mienten lo que haga falta y sin pararse a considerar el daño que puedan producir:

A NN, un numerario mayor, de los primeros en mi región le indicaron que debía irse, que lo suyo no era el Opus Dei y que después de tantos años, no tenía vocación; el hombre se fue demolido y el Consiliario, hombre mayor que conocía los primeros tiempos de la Obra de primera mano, reunió un grupo, incluyendo numerarios del centro de estudios y con lágrimas contaba que NN había abandonado, a pesar de que el padre (don Álvaro en esa época) le había escrito que se quedara, que se había negado, luego los consabidos estribillos sobre la fidelidad, naturalmente que todos espantados. Pues bien, un día NN supo de la susodicha reunión, y completamente encabronado porque nunca, así, nunca había sabido de la tal carta, se fue directamente a la Comisión, y le exigió al Consiliario que se disculpara por lo dicho, pues si la tal carta existía nunca se la habían entregado; el Consiliario le pidió perdón y listo, los reunidos nunca supieron que se les había mentido (Mentiras y más mentiras, Doby).

Una de las creencias firmes que los del Opus Dei inyectan psicológicamente a quienes se les acercan es la de que allí todo es perfecto, que Dios les ha depositado su total confianza y que sólo se preocupan por ti y por tu bien. Lo que te lleva a confiar plenamente en ellos. Cuando consideran que tu confianza es lo suficientemente grande para “entrar a matar” te salen con que han visto tu vocación a la Obra, que si tú no la ves es por falta de generosidad con Dios ya que sería una falta gravísima de los directores admitir a la Prelatura a alguien sin vocación, que si le dices a Dios que “no”, abandonando esa suprema gracia serás un desdichado en la Tierra y que posiblemente no te salvarás, que si lo retrasas te pones en ocasión de que el demonio te impida decirle luego a Jesucristo que sí…, y todo eso se lo aplican a los adolescentes a partir de los 14 años y medio.

Ni por asomo te imaginas que bajo esa máscara el Opus Dei esconde a un depredador de bienes y de poder que sólo piensa en su beneficio. Y agotado ante tanto acoso acabas aceptando ser de la Obra. A partir de entonces aplican sobre ti las técnicas propias de las sectas destructivas por lo que cada vez te resulta más y más difícil salirte. Por una parte sería muy extenso desarrollar aquí ese tipo de métodos y por otra ya se encuentra muy tratado en este Blog. (Puede leer un resumen aquí.)

Como el Opus Dei vive simultáneamente en dos mundos incompatibles entre sí le son imprescindibles las mentiras y las falsas justificaciones para hacer congruente su odiosa realidad con la excelsa careta que muestra. Y para hacer cómplice al neófito en tal desbarajuste le van llevando por un plano inclinado en el que las mentiras y falsas justificaciones van aumentando con la suavidad necesaria para que le sujeto no se quiebre. Y a fuerza de mentir y justificar falsamente con el tiempo se llega no sólo a adquirir el hábito de hacerlo sino que se acaba siendo un mentiroso patológico.

La llamada “mentira patológica” se distingue porque el propio autor de la mentira cree firmemente en ella, Algunas mentiras patológicas aparecen en la vida corriente entre sujetos normales, especialmente en las narraciones de supuestas hazañas de caza, pesca y otras actividades deportivas (Compendio de Psiquiatría, capítulo XX. Francisco Alonso Fernández).

Al principio eres tan sólo un sujeto normal que se cree algunas mentiras y falsas justificaciones, pero van aumentando y, como o se vive como se piensa o se acaba pensando como se vive, con el paso del tiempo puedes transformarte en un seudólogo fantástico:

La modalidad más psicopatológica de esta clase de mentiras es la “seudología fantástica”. Se urden unas invenciones muy complicadas y fantásticas para conquistar la estimación de los demás. El sujeto se identifica con ellas, y como además dispone de una gran distinción en sus modales y gestos, engaña con facilidad a otras personas. […] El seudólogo fantástico, al atenerse a una conducta regida por la mentira y la ficción, puede ser equiparado a un actor muy identificado con su papel (Ibíd.).

O si llegas a un alto puesto de dirección dentro de la Obra (Sede Central, Comisión/Asesoría, Delegación) puedes acabar siendo un confabulador, alguien que a pesar de conocer la verdad presenta falsedades:

El sujeto confabulador es una especie de cronista falso, ya que presenta testimonios falsos y engañosos de sus vivencias. (Ibíd.).

Un ejemplo de estos confabuladores lo tenemos en los de la Obra que son biógrafos oficiales de su Fundador, quienes suprimen hechos y personas de la historia a su conveniencia. Así se desprende de lo que nos cuenta Miguel Fisac, uno de los primeros numerarios que después dejó la Obra:

El grupo [que cruzó los Pirineos durante la Guerra Civil Española] estaba constituido por el Sr. Escrivá, Paco Botella, Pedro Casciaro, José Mª Albareda, Tomás Alvira, Juan Jiménez Vargas, Manuel Saiz de los Terreros y yo. En total éramos ocho. Pero como éste último y yo nos salimos más tarde de la Obra, los biógrafos nos suprimieron y desde entones se dijo que habían sido seis (Nunca le oí hablar bien de nadie. Miguel Fisac).

Pero también se da en cualquier otra circunstancia en la que convenga mentir:

Un hecho fuerte que se produjo tras la marcha [del Opus Dei] de Faustino fue cuando un amigo suyo quiso saber de él y acudió a su antigua residencia. Le abrió la puerta una numeraria auxiliar que señaló que ese señor nunca había vivido allí. Por ello no podía informar dónde se encontraba. Supongo que ésas serían las instrucciones que había recibido tal numeraria auxiliar. (El derecho a ser feliz. Nacho Fernández).

Demasiadas mentiras y falsas justificaciones llevan a las personas a un estado de tensión permanente por la necesidad que tienen de estar siempre alerta para saber acertar y decir lo oportuno en cada momento, lo que se traduce en un gran desgaste sobre todo psíquico por estrés que, además de llevar al sujeto a enfermedades mentales, en muchos se somatiza dando principalmente problemas intestinales (ulcera) y dolores de espalda a causa de las contracturas musculares permanentes. Ambas dolencias son explicadas por la medicina psicosomática. La primera porque la persona es incapaz de “digerir” tantas contradicciones y el estómago se ulcera; las lesiones de columna porque no puede de mantener el equilibrio entre lo terreno y lo espiritual.

Si alguien se preguntaba por qué en la Obra hay tantas personas aquejadas de depresión y otros trastornos psiquiátricos, ulceras gástricas, problemas de columna, etc., ahí tiene una explicación.

Uno de los efectos de avanzar en santidad es la disminución simultánea de las mentiras y las falsas justificaciones. Es lógico. La persona va enderezando su vida y uno de los resultados es la eliminación de lo simulado que hay en ella y por tanto las mentiras y falsas justificaciones se van disolviendo lo que lleva al sujeto a estar cada vez más relajado, tranquilo, confiado, ya que no le importa lo que le pregunten o pase a su alrededor puesto que siempre irá con la verdad por delante sin tener que recurrir a decir lo que más conviene en cada ocasión.

Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira (Jn. 8, 44). Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Jn. 8, 31-32).

Con lo tratado hasta ahora sobre la mentira hemos llegado a comprobar, por otro camino, como el Opus Dei no busca la santidad de los suyos sino utilizarlos para sus fines, que en realidad están muy alejados del Evangelio.

Cuando hay muchos datos sobre un tema una de las cosas más difíciles es poner fin al artículo que trata sobre él. Éste es el caso, ya que como las mentiras y las falsas justificaciones son consustanciales al Opus Dei caigo en la tentación de alargar este trabajo pormenorizándolo con ejemplos. Mas para no cansar al lector creo que con lo visto hay suficiente para que se haga una idea de esta realidad, que por otra parte es (y será) tratada en otras ocasiones (por ejemplo, en Las Etiquetas Del Opus Dei o en Las Justificaciones Para Vivir como Ricos Llamándose Pobres o en Sobre La Libertad En El Opus Dei se tratan algunas de las mentiras y justificaciones que se emplean en la Obra).

Concluyo con que si alguien piensa que siendo del Opus Dei va a ser santo, ya puede irse a otro sitio porque en la Prelatura a lo más que puede llegar es a ser un justificador de falsedades, un mentiroso patológico y un confabulador.

Antes de empezar a ir [a un club del Opus Dei], mi vida interior y mi relación con Dios eran muy ricas y muy cercanas y durante aquellos dos años había empeorado por tanto sentimiento de culpabilidad por no poder cumplir con las muchas exigencias que me imponían. En vez de facilitarme las cosas me las estaban empeorando y puedo decir que ése es el mayor daño que me produjo, el que sufrió mi vida interior (Como se fragua un suicidio y, de paso, mi historia. Fein).

ExOpus

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Una respuesta a Mentiras Y Falsas Justificaciones En El Opus Dei

  1. Nacho Fernández dice:

    Una idea clara que hay que tener es que en el Opus Dei todo es mentira, o, por lo menos, medias verdades, que, a la larga, son peores. Llevo diez años fuera de la Obra y cada día lo veo más patente. Hay una distancia considerable entre mi pensamiento cuando era del Opus Dei y el que tengo ahora. A medida que leo textos oficiales de la página oficial de la Obra, noto que son muy falsos. Sería largo de explicar.

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