Las Contradicciones Del Opus Dei (III) La Confidencialidad

Retrato de una mente dividida

Iván de ExOpus

La Iglesia salvaguarda el secreto de las confidencias, cuyo caso más importante se da en aquello que se cuenta en la dirección espiritual, por referirse a lo más íntimo de la persona.

Así, el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice:

Las confidencias hechas bajo secreto deben ser guardadas, salvo los casos excepcionales en los que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad. Las informaciones privadas perjudiciales al prójimo, aunque no hayan sido confiadas bajo secreto, no deben ser divulgadas sin una razón grave y proporcionada (n. 2491).

Entonces, ¿cómo es posible que el Opus Dei vulnere este derecho fundamental de la persona, contemplado por la Iglesia, haciendo público a terceros lo tratado en la dirección espiritual?

Si se entiende bien que quien imparte la dirección espiritual es el Opus Dei, fácilmente se comprende que no tendría sentido, por ejemplo, que al hacer la charla fraterna alguien pusiera como condición, para tratar un tema determinado, que quien la recibe se comprometiera a “no contar a nadie” lo que va a decirle; o que éste último, pensando facilitar la sinceridad, equivocadamente dijera al que hace la charla: “cuéntamelo todo y no te preocupes, porque no se lo voy a decir a nadie más”. En estos casos hipotéticos, la persona que recibiera la charla dejaría de ser instrumento para hacer llegar la ayuda de la Obra: esa conversación no seria una charla fraterna de dirección espiritual. (Experiencias sobre el modo de llevar charlas fraternas [Roma 2001], punto 65.)

Otro tema. El que envía una carta a otro presupone que no va a ser leída por terceros, ya que, además de no ser ético, fisgonear en la correspondencia ajena es un delito. Pues bien, quienes escriban a alguien de la Obra han de saber lo que sigue:

Los Directores, por su parte, tienen el derecho y el deber de evitar que lleguen a los miembros de la Obra escritos, cartas, etc., que, de algún modo, puedan causar daño a quienes las reciben, vengan de donde vengan. Por esto, entregar una carta abierta, o haberla leído antes, no constituye nunca una prueba de desconfianza: manifiesta sólo el deseo de evitar un perjuicio, una razón ascética o una medida práctica de ayuda en la labor de formación espiritual. […] Quienes llevan poco tiempo en la Obra agradecen que los miembros del Consejo local se preocupen con cariño -es parte de la tarea de formación- de leer las cartas que reciban: para poder orientarles, y darles el oportuno consejo espiritual o apostólico.

Estas mismas orientaciones se siguen con las cartas que envían los Numerarios y Agregados, fuera del ámbito de su tarea profesional: excepto las que escriban directamente al Padre, al Consiliario y al Delegado Regional, se entregan al Director abiertas. (Del capítulo titulado Correspondencia, de las Glosas sobre la Obra de San Miguel.)

En esta ocasión no me voy a referir a la grave violación del derecho a la intimidad del que recibe la carta, sino del que la envía.

Imaginemos que una chica escribe a su amiga numeraria contándole sus intimidades amorosas. ¿Es posible que alguien pueda justificar el derecho a enterarse de esas confidencias sin ser la persona a quienes van dirigidas?

La única conclusión a lo visto arriba es que, si en lo éticamente más elemental el Opus Dei no cumple, nos cuesta mucho creer que obedezca a la Iglesia, y también que en lo demás respete a las personas.

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3 Responses to Las Contradicciones Del Opus Dei (III) La Confidencialidad

  1. emevecita dice:

    Y no tardarán en aparecer aquí personas que te digan que esto no existe y que estás mintiendo.

    Cansa un poco leer los argumentos sin razón.

    A mi me cansa también el que aún haya gente que tiene dudas… siendo (como es) tan evidente la contradicción y la “doctrina paralela”… yo no sé si yo estoy cansada o ya me liberé o he agotado la paciencia.

    Lo que sé es que es demasiado evidente como para poder decir nada más.

    Un beso.

  2. Querida emevecita:

    No sólo es cansado sino agotador comprobar una y otra vez como muchos de racionales sólo tienen el nombre, como hay quienes se apoyan en que lo pasaron muy bien en el Opus Dei para querer anular con ello las incuestionables y demoledoras evidencias de la maldad de fondo que denunciamos. Es como si alguien pretendiera demostrar que los campos de exterminio son maravillosos porque ellos lo pasaron muy bien allí.

    También hay que comprender que la ignorancia es parlanchina y la sabiduría callada.

    Hay que darse cuenta de que una multitud de lectores comprenden la realidad de lo que les contamos y se lo quedan, la mayoría sin comentar nada.

    Si no fuera por ellos, hace ya tiempo que habría dejado de escribir.

    Piensa en esto cuando te vengan ganas de dedicarte a hacer algo más placentero que el estar hablándole a sordos que además no quieren oír. Considera entonces que en silencio hay otros muchos con el oído muy fino que sí que se enteran de lo que les cuentas.

    Como tú, yo me hice del Opus Dei por Dios y para ayudar a los demás a que se acerquen a Él.

    Y sigo con esos deseos.

    Y tras descubrir que el Opus Dei hace de Dios un instrumento suyo para sus fines egoístas, inhumanos y anticristianos; considero que la mejor manera de ayudar a los demás consiste en denunciar lo malo que conozco de esta Institución.

    Y, a pesar del cansancio que me supone hacerlo, sigo escribiendo.

    Besos

  3. emevecita dice:

    Gracias Ivan.
    A veces hace falta “oir” eso que dices.

    Yo soy una buena mujer que quiere hacer bien las cosas y a veces, cuando dices algo sobre el opus te saltan 200 “cristianos” insultando y destruyendo honras (¿igual que Cristo?) y sientes que estás sola y que nadie está contigo… y que todo el tiempo empleado y el esfuerzo valen… nada…

    Supongo que eso nos pasa a todos cada cierto tiempo jajaja… por eso planeo seguir con mis vacaciones, salvo por unas pequeñas recaidas por aquí, a “verte”.

    Un abrazo

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