Nuevas Herejías, Capítulo II

junio 13, 2008

Heads

CAPÍTULO II

Iván de ExOpus

5-8-2004 ** 13-6-2008

Resumen: Se estudia el origen de la herejía institucional del Opus Dei vista en el Capítulo I (consistente en considerarse a si mismo como la única Iglesia verdadera), y los efectos derivados de ello: mantener simultáneamente el doble lenguaje de expresar que es muy fiel a la Iglesia en un tema, mientras que minutos después, en lo mismo, si le conviene, puede actuar de espaldas de ella.

—oOo—

A un razonamiento sólo se le puede echar un pulso con otro razonamiento. Nunca es válida otra manera de actuar. Por esta razón la Iglesia ha cultivado tan intensamente la filosofía y la teología, hasta el punto de que forman parte del bagaje intelectual más importante de lo que enseña a sus sacerdotes; para que así, pensando, sepan y puedan desmontar los errores, nunca a estacazos.

Cualquier medio de atacar a un raciocinio que no sea con otro raciocinio es, aparte de irracional, injusto y por lo tanto anticristiano; como bien nos lo enseña el siguiente episodio de la vida del Maestro: “Al decir esto, uno de los criados que allí estaba le dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? Jesús le contestó: Si he hablado mal, muéstrame en qué; y si bien, ¿por qué me pegas?” (Jn:18:22, 23)

Vivir en herejía

Es una idea común en la Obra que quien dice, opina, critica, ataca, juzga, etc., algo sobre ella lo está haciendo sobre la Iglesia.

Es tan grande la presión por parte de los de la Obra en ese sentido que en la pagina principal de OpusLibros hubo que poner: “¡Ojo! No es una web contra la Iglesia, ésta es una web sobre el Opus Dei.”

Por la misma razón cuatro autores (de los que puedo hablar porque conozco sus escritos, que seguro que hay más que desconozco), tuvimos que salir al paso de esas afirmaciones: Flavia, Satur, José Tomás [25 de julio de 2004] y yo.

Como se puede comprobar en el capítulo primero son heréticas todas esas proposiciones que escriben los de la Obra, o los muy cercanos a ella. Lo que se afirma de lo que es peculiar a la parte no se puede aplicar al todo: Si la mano derecha de un hombre tiene cinco dedos con ello no se puede certificar que todo su cuerpo tenga sólo cinco dedos. De igual manera, lo que se asevera de lo propio de la Obra no se puede decir que se asevera de toda la Iglesia, porque es una manera de afirmar, con otras palabras, que la Obra es lo mismo que la Iglesia.

También explico allí como el hacer público algo dañino de una institución de la Iglesia es una obligación grave para el cristiano que lo conoce porque debe avisar a la Iglesia de ese peligro.

Cuando el río suena agua lleva; si quien hubiera expresado esa herejía fuera una sola persona, pase; pero cuando son tantos, y muchos casi con las mismas palabras, eso significa que esa postura está muy arraigada en ellos.

En mis casi treinta y cinco años de permanencia en la Obra nunca he oído o leído que allí nadie dijera que “el Opus Dei es la Iglesia” (con estas palabras), pero si que he escuchado, hasta la saciedad y de manera exclusiva lo mismo que ellos cuentan aquí: que quien dice, opina, juzga, critica, ataca, etc., a la Obra lo está haciendo con la Iglesia.

Nunca cuentan en dónde está el error de ese ataque sino que, por principio, al ser ellos atacados es atacada la Iglesia.

Es como si a alguien a quien se le acusa de maltratar a su esposa contestara, sin dar prueba alguna de su inocencia, que con esa acusación se está atentando contra la sagrada institución del matrimonio.

Hagamos algunas deducciones de esa postura.

1 – Verbalmente nadie de la Obra dice explícitamente que el Opus Dei es la Iglesia.

2 – Pero sí que quien habla algo sobre el Opus Dei lo habla sobre la Iglesia, por lo que implícitamente atestiguan la herejía de identificar al Opus Dei con la Iglesia.

3 – ¿Quién les ha explicado eso? ¿De dónde ha salido que tantos afirmen esa herejía y tan al unísono?

4 – Solamente hay dos caminos por los que los demás nos pueden enseñar algo: por las palabras y por la conducta, por la enseñanza oral y a través del ejemplo.

No hay más formas de educar que esas dos. Un padre enseña a su hijo o con palabras o a través del ejemplo de sus actos.

Cuando hay disparidad entre lo contado con la boca y lo mostrado con los hechos quien siempre lleva la de ganar es el ejemplo. “Fray ejemplo es el mejor predicador” reza un antiguo dicho.

Si alguien nos cuenta que es muy soberbio pero en su conducta observamos que rinde sus opiniones con alegría, que se desvive por los demás, que es sencillo, etc., de eso deducimos que realmente es tan humilde que por pura humildad llega a decir de sí mismo que es soberbio. Si nos encontramos a un amigo llorando con desconsuelo y a la vez nos dice que es muy feliz, no creeremos en sus palabras, sí en su llanto.

5 – Si los de la Obra no han aprendido que el Opus Dei es la Iglesia por haberlo oído decir con estas palabras, entonces será a causa de que el Opus Dei, institucionalmente, con su ejemplo, con su conducta, con su manera de hablar del resto de la Iglesia, con su forma de ser y de vivir…, les ha llevado a convencerse de que el Opus Dei es la Iglesia.

6 – Luego la conducta del Opus Dei es la que le corresponde a quien se considera a si mismo como la Iglesia.

7 – De lo que se deduce que la Obra utiliza dos lenguajes:

· El verbal, el que oye todo el mundo, con el que dice que no es la Iglesia.

· Y el de la conducta, que oyen sólo los suyos, con el que se afirma a si misma como la Iglesia.

8 – Como el obrar sigue al ser o, lo que es lo mismo, que a un determinado modo de actuar le corresponde un determinado modo de ser, esa conducta del Opus Dei se identifica con su ser (“Porque a cada árbol se le conoce por sus frutos: que no se cogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas.” Lc:6:44).

9 – Entonces, según todo lo anterior, el Opus Dei es una institución cuyo ser vive en la herejía de considerarse a sí mismo como la Iglesia y de manifestar explícitamente todo lo contrario.

10 – Cuando oímos ladrar a un animal sabemos que es un perro, aunque ya no ladre nunca más. Si de un árbol cosechamos una vez manzanas ya sabemos que es un manzano, aunque no vuelva a fructificar.

Cuando el ser del Opus Dei lleva a que los suyos afirmen en una oleada de manifestaciones unánimes que la Obra es la Iglesia, aunque sus miembros no vuelvan nunca más a exteriorizarse en ese sentido ya no importa porque sabemos cual es su esencia por la manifestación primera de la cual lo hemos deducido.

11 – Una vez conocida la esencia de un ser conocemos su naturaleza (que es la esencia como principio de operaciones, lo que hace actuar a ese ser de manera consecuente con lo que él es), por lo que ya podemos encajar y deducir todo su comportamiento.

Si estamos en nuestra casa y por la ventana oímos ladrar a un perro, sólo con eso, aún sin haberlo visto, sabemos que es un mamífero, que su método de ataque y defensa son los dientes, por lo que puede mordernos; que no tiene garras y por tanto sus arañazos no son peligrosos, que es un animal sociable con el hombre, etc., etc. Y todas estas características las deducimos por haber escuchado un solo ladrido, porque ese ladrido es la manifestación de la esencia del perro y con él nos viene todo cuanto conocemos de los perros, aunque no hayamos visto nunca a ese perro en concreto. Pero además podemos ir a observar, a tiro hecho, lo que tienen todos los perros en ese que hemos oído ladrar: Le miramos una pata y comprobamos que no tiene garras, le levantamos el belfo y allí están unos colmillos poderosos, etc.

Si la Obra es una institución cuya esencia es la de dar la imagen exterior de ser muy fiel a la Iglesia Total y su vivencia es la de considerarse a sí misma como esa Iglesia Total, ya sabemos como se va a comportar en cualquier situación y además podemos encajar todos sus actos como emanación de esa naturaleza.

Un ejemplo. He escrito con anterioridad: “Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta. Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.”

Cuando lo escribí desconocía la razón de esas incongruencias, ahora está clarísimo.

Esas dos verdades de las que allí hablo salen de la esencia de la Obra: Una de la rama con la que se hace ver como fiel a la Iglesia y la otra de la que parte de la vivencia profunda que tiene de sentirse a si misma como la Iglesia Total, la Única, la Infalible; que lleva al Opus Dei a considerar que es “verdad de fe” cualquier cosa que afirmen sus directores (aunque sea una mentira).

Por otra parte, como para el Opus Dei, visceralmente, la Iglesia y la Obra son lo mismo, puede usarse lo que dice una u otra según lo aconsejen las circunstancias y sin problemas de conciencia.

Ahora toca contar lo que le conviene al Opus Dei y hace un minuto lo que le agrada a la Iglesia… ¡Qué más da, si las dos instituciones son la misma cosa!

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Conde De Montarco, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

junio 10, 2008

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

CONDE DE MONTARCO. Agricultor y ganadero. Madrid.

Pienso que lo importante de una religión es aquello que aporta a cada ser humano para ayudarle a resol­ver los problemas espirituales que se le plantean como terrícola. Por eso me atrae la metafísica de la religión, que es su esencia. Porque para resolver los problemas materiales de esta vida disponemos, por un lado, de todas las ciencias técnicas (entre ellas la sociológica, la económica, la médica) y, por otro, de la política, como arte de convencer a hombres y mujeres para la más perfecta convivencia a través de un sistema de reglas sociales.

Pienso —y no sé si muy ortodoxamente— que una religión nace para el bien espiritual del hombre, y no que el hombre nace para acrecentar los bienes mate­riales de una religión. En todo caso, el hombre sólo puede dar a su religión honradamente, lo que tiene de divino: la inteligencia; y, con ella, procurar desarrollar los bines espirituales que contiene la religión que ha elegido.

Ya no tienen razón de ser las pugnas religiosas —si no he entendido mal el nuevo sentido postconciliar cató­lico—, ni, por tanto, el poderío material de una religión. Ni la fuerza del dinero, ni la presión política, deben ser empleados por una religión para ganar adeptos. Es su contenido espiritual el que deberá obrar para atraer al hombre. Por eso, dentro de una religión, no entiendo por qué un grupo o una comunidad busca engrandecerse, aumentar su poder material —terrenal— y dispu­tar a otros grupos o comunidades sus mejores hom­bres.

Creo que los grupos o comunidades, dentro de una religión, son ya un anacronismo histórico. Es algo pa­recido a lo que ocurre en algunos pueblos de España con las disputas y rivalidades de las cofradías de un Santo y de otro. Una religión, en el umbral del año 2.000, no debe necesitar la competencia ardorosa, misionera o ejemplar, de distintos grupos. El sentido ecuméni­co moderno acabará sustituyendo la disparidad de las comunidades dentro de una religión por la dispari­dad de religiones dentro del monoteísmo.

Pienso que, en la actuación política, cada cual debe guardar íntimamente su credo religioso, sin hacer ex­posición pública de él. Las denominaciones de grupos políticos con nombres de carácter religioso, son residuos de las luchas religiosas que hoy se consideran su­peradas gracias a un nivel intelectual más alto. Es jus­to reconocer que los miembros del Opus Dei, acaso por este motivo, pretender desligar su vinculación a la Obra con su actuación política.

Pero, aparte de esto, me parece absurdo que unos componentes de un reducido grupo religioso cualquie­ra, ocupen varios puestos importantes de la goberna­ción de un país, en determinado momento. Que esto su­ceda con los afiliados a un grupo político, es normal, y la consecuencia será que la política seguida estará marcada con el criterio sustentado por ese grupo o partido. Ahora bien, si esto ocurre con un grupo reli­gioso, también se dará la consecuencia de que la po­lítica desarrollada estará marcada por el entendimien­to de la misión religiosa del grupo. Y como prueba de lo que esto puede representar hoy en día, basta con pensar en el efecto que haría contemplar una fotogra­fía de un gobierno, alrededor de una mesa, en el que aparecieran varios frailes y legos de luenga barba, ves­tidos con la estameña de la Orden y calzando sanda­lias. La fotografía daría la vuelta al mundo con unos pies sabrosos.

Que los fieles a una religión sean políticos activos y lleguen a gobernantes es algo natural, pero no lo es que profesos —o profesionales— religiosos sean tam­bién profesionales políticos. Existe una incompatibili­dad manifiesta. Es aceptable que las ideas políticas de un grupo, que ha triunfado por ser mayoría en el país, presionen sobre la minoría, ya que éste es el juego po­lítico. Pero resultaría inaceptable suponer que, a fina­les del siglo XX, un grupo de religiosos pueda presionar con sus ideas sobre otras ideas religiosas distintas, existentes en el país, ni dar matiz religioso a la po­lítica.

En fin, entiendo perfectamente que la religión entre en el hombre y le perfeccione espiritualmente, pero no comprendo que el hombre entre en religión, como no sea para perfeccionar ideas metafísicas. O para una dedicación humanitaria y abnegada hacia los desva­lidos.

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Presentación De ExOpus En Vídeo

junio 9, 2008

Exposición en vídeo de algunas páginas del Blog ExOpus con la música «Para Eloisa» de Beethoven.


Juan Manuel Martínez Moreno, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

abril 17, 2008

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

JUAN MANUEL MARTÍNEZ MORENO. Catedrático de la Universidad de Sevilla.

En modo alguno considero infamante para nadie pertenecer a tan piadosa asociación; pero, dado que yo no pertenezco a ella, no me agrada verme implicado en los comentarios, falsos o verdaderos, favorables o adversos, que sobre ella se hacen; como, recíproca­mente, no creo que al Opus Dei pueda interesarle que le carguen un ex subsecretario más en la ya larga lis­ta de altos cargos de la Administración que se le atri­buyen.

La inmensa mayoría de los españoles no pertenece al Opus Dei, sin necesidad de ninguna razón especial para ello. Tampoco yo creo que la tenga. La verdad es que nunca se me pasó por la cabeza adherirme a esa ni a ninguna otra asociación pía de la Iglesia Católica, porque no creo poseer las virtudes necesarias. Yo soy un católico muy modestito. No me atrae el proselitis­mo. No busco mortificaciones más allá de las que la vida me impone. Trabajo con regularidad y, a veces, duramente para desquitar mi sueldo de funcionario; pero sin pensar que por ello vaya a ganar un puesto en los altares. Procuro servir con lealtad a la sociedad en que vivo, sin otros acicates que mi vocación profesio­nal y el aprecio de los que me rodean. No experimento grandes exaltaciones ni tentaciones perversas. Soy dis­ciplinado, pero no obedezco «ciegamente» a nadie. No me meto en la vida privada de los demás, ni me gusta que se inmiscuyan en la mía, aunque sea con ánimo benéfico. Aprecio la libertad como el único medio de des­arrollar una personalidad propia y de poder responder de mis acciones en donde se me requiera.

No hay en todo esto nada especial, ni peculiarmente mío, ni motivo alguno de envanecimiento. Lo que he tratado de describir no es el fruto de una introspec­ción profunda, ni un «credo», ni una «confesión»; es, simplemente, el caso de millones y millones de perso­nas. En lo que a mí se refiere, constituye la explica­ción más sencilla de un hecho cierto, a saber: que nunca he intentado acercarme al Opus Dei y que no he recibido jamás de nadie proposición alguna en este sentido, pese a que, entre las personas que me cono­cen y me tratan, debe de haber bastantes que perte­necen a la Obra, o que colaboran con ella.

Temo, amiga mía, aburrirla a usted y aburrir a los lectores de su proyectado libro si alargo esta exposi­ción. Permítame sólo agregar una cosa: si yo pertene­ciera al Opus Dei me habría ido ya a París para ajus­tarle las cuentas al tal Ynfante, aunque tuviese que quebrantar el voto de obediencia. Con lo cual, me echa­rían de la Obra y hasta es posible que recibiera una buena paliza, porque tengo cincuenta años, soy de baja estatura y nunca me distinguí por mi fortaleza física.

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Adiós Al Opus Dei

abril 12, 2008

Felicidad

Iván de ExOpus

Diversas formas de abandonar el Opus Dei

1—Con el cuerpo. Es la simple ruptura legal: salirse de numerario/a, agregado/a o supernumerario/a, esto es, dejar de ser cooperador (orgánico) suyo.

2—Con la inteligencia. Cuando se descubre su verdadera esencia, y entonces no se puede menos que rechazarlo.

3—Con los sentimientos. Cuando te acercas al Opus Dei quedas fascinado por las cosas buenas que te muestra y te llenas de afecto hacia él, hacia sus apostolados y personas.

Conforme pasa el tiempo todo eso se va quebrando al sentir que en Opus Dei hay una doble realidad. Por una parte las cosas maravillosas que predican y por otra su entidad oculta, que es justamente opuesta a la anterior.

Un botón de muestra: te hablan mucho del gran valor de la amistad, pero la verdad es que no puedes tener amigos allí (ya que institucionalmente, por mandato explicito de su Fundador, nadie de la Obra puede tener amistad con los otros. Por ejemplo cuando un amigo tuyo se hace del Opus Dei has de romper la amistad con él, y para facilitarlo os ponen en centros distintos).

Todas estas incongruencias entre lo que se cuenta y lo real te lleva a desapegarte poco a poco de la Obra.

Debido a que los sentimientos se comportan como filtros de lo que la mente debe percibir, no se puede abandonar al Opus Dei con la inteligencia si previamente no se da un cierto grado de ruptura afectiva; por esta razón se pasan muchos años desde que se entra en el Grupo hasta que se descubre su tejemaneje y se le deja.

4—Por un afecto incompatible. Lo que lleva a dejarle es un amor irreconciliable con la estancia en el Opus Dei.

Un/a numerario/a o agregado/a, se enamora de alguien y para poder seguir con la relación ha de irse de la Obra. Si esa persona no rompe intelectualmente con el Opus Dei se produce lo que he dado en llamar “Supernumerarios externos”, que son aquellos que por esta razón se van bruscamente, pero no con la cabeza, por lo que en ellos permanece toda la mentalización recibida de labios del Fundador:

—“Dejar la Obra es condenarse a la infelicidad temporal y eterna”

—“No doy cinco céntimos por el alma de quien haya dejado el Opus Dei”

—“Prefiero que me digan de un hijo mío que ha muerto antes que ha perdido su vocación al Opus Dei”

—“Rezad para que Dios os permita morir antes que dejar el Opus Dei”

—“Si alguno de mis hijos nos abandona, que sepa que nos traiciona a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos de la Obra y a todas las almas”.

Estas personas buscan anular las profecías anteriores viviendo como los de la Obra. Por ello son tan irracionales como los de dentro en su defensa del Opus Dei, a pesar de las evidencias en contra que puedan encontrar; llevan su mismo tipo de vida (normas de piedad, incorporan a sus hijos a los centros, dan sustanciales aportaciones económicas, se dirigen espiritualmente con los del Opus Dei, etc.).

5—“Ruptura hacia adentro”. Se da en aquellos que se van con la cabeza pero no se atreven a dar el paso de dejarle físicamente. Se transforman en actores que constantemente representan la farsa de que son del Opus Dei.

6—Porque te echan. Es extraordinario que alguien se haga de la Obra por propia iniciativa, lo habitual, en el novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve por millón, es que sean los directores los que ven que puedes serle útil al Opus Dei, y desde ese momento te acosan sin piedad hasta forzarte a que lo seas. Y una vez dentro aplican todas las medidas psicológicas, espirituales y físicas para que ni siquiera puedas plantearte el dejarles. Esto se traduce en que sólo se puede abandonar la Obra por una fuerza externa que te arranque de allí.

Hemos visto como factores exteriores para sacarte del Opus Dei el descubrimiento intelectual, el enamoramiento y la incongruencia entre lo predicado y lo vivido; a lo que ahora hay que añadir que sean los propios directores, los mismos que te forzaron a entrar, quienes deciden que te tienes que ir, y te echan.

Siento una admiración y un cariño especial por estas personas. Me pasma el que la mayoría de ellos sea gente con el suficiente criterio para no plegarse ante la corrupción que la Prelatura impone.

Me viene a la cabeza una chica que se negaba a contar a sus directoras detalles íntimos de sus amigas por fidelidad al secreto que la amistad impone… Y, claro, muy pronto fue invitada a irse. ¡Me quito el sombrero ante ti, Maite! ¡Esto si que es cristiano!

Y el de otro que le cantaba las cuarenta a cualquiera, incluidos el director, subdirector o secretario; directamente, aun en una tertulia o durante la comida, cuando violaban la justicia, el respeto o caridad con el prójimo… Y, por supuesto, duró menos en la Obra que un jugoso solomillo ante las fauces de un perro hambriento. ¡Querido Gutemberg, eres un valiente! ¡Tú sí que sabes lo que es la santidad, mucho más que lo que se vive en todo el Opus Dei!

El gran problema al que se enfrentan estas personas al principio es que de golpe y porrazo se encuentran con el cuerpo fuera del Opus Dei, pero sus afectos siguen dentro y continúan pensando que la Obra es una institución buena, sin darse cabal cuenta de que los verdaderos cristianos son ellos y que precisamente por eso el Opus Dei los echa fuera.

7—Desconexión total. Es un paso posterior a la ruptura intelectual. Se produce cuando se “digiere” del todo la experiencia Opus Dei, y la nueva vida lo relega al olvido.

En el 2004, antes de comenzar a escribir sobre estos temas, se me pasaban meses sin pensar en el Opus Dei, y cuando lo hacía era con imágenes “frías”, sin sentimientos asociados. Entonces, ante la insensatez de los textos de algunos afines a la Obra, sentí la necesidad de aportar mis experiencias. Comencé a hacerlo en OpusLibros y en este blog desde finales de 2006.

Todo este proceso me ha llevado a resucitar al Opus Dei en mi interior, lo que lleva consigo no dejar de pensar en él.

Las experiencias negativas de la vida obligan a meditar sobre ellas hasta quedar curado de sus efectos, mas llegado este momento es un signo de salud el pasar página y abandonar su recuerdo.

Pondré un ejemplo. Supongamos que una persona quedó de niño colgada de un balcón durante media hora y desde entonces siente terror por las alturas. Se pone en tratamiento psicológico, descubre el origen de su mal y queda sanado. Lo que no es sensato desde ese instante es que siga pensando y sintiendo día y noche la angustia de aquellos momentos de su juventud en vez de relegarlos al ostracismo.

Lo mismo ocurría en mí con la Obra. Sus heridas ya estaban cicatrizadas y me resultaba molesto continuar rascando sobre ellas, aunque sólo fuera con el bisturí de la inteligencia.

Por otra parte, era consciente del beneficio que suponen mis palabras, lo que, por ejemplo, se ve reflejado en el tercio de millón de personas que han accedido a ellas… y continuaba escribiendo.

Ama a tu prójimo como a ti mismo, son palabras del Maestro, y con ellas nos está diciendo: no ames a nadie ni más, ni menos que a ti.

A finales del año pasado, 2007, con 337 artículos publicados, sentí la necesidad de seguir este consejo, el de amarme a mí mismo tanto como a los demás, y decidí tomarme unas vacaciones del “Opus Dei”. Desde diciembre he accedido al blog lo mínimamente imprescindible; así, por ejemplo, lo que se ha publicado desde entonces hasta hoy son escritos de archivo: realizados con anterioridad y puestos a la luz por el blog al llegar la fecha indicada.

Es impresionante la paz que resulta de sacar del todo al Opus Dei de tu vida, la de pasar un día y otro y el siguiente sin pensar para nada en él.

Ahora ya estoy descansado, seguir de vacaciones sería amarme más que al prójimo… y vuelvo a la tarea: revisar los comentarios que no he atendido, seguir escribiendo… Y así hasta que sienta de nuevo la necesidad de amarme a mí mismo tanto como a los demás.

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Donato Fuejo Lago, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

septiembre 20, 2007

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

DONATO FUEJO LAGO. Médico. Especialista de pulmón y corazón. Madrid.

1. Quizá porque no conozca exactamente lo que es el Opus Dei y en la medida de lo posible exijo cono­cer en dónde estoy y a dónde voy.

La nebulosa que envuelve al Opus me hace pensar que hay intereses muy importantes de todo tipo para que esta incertidumbre persista, esto es sospechoso.

2. Desde el ángulo religión, no me interesa.

3. Como grupo político y de presión lo encajo en el neocapitalismo, y está en la margen contraria a la que pertenezco.

4. Su papel político en nuestro querido país ha sido un intento de apertura y de liberalización que ha des­embocado en un rotundo fracaso; con la consecuencia lamentable de endurecimiento y de pérdida de fe en las posibilidades de diálogo político positivo.

5. Su fundador y toda su acción visible me parecen cursis y ridículas, y no hay nada que me produzca más repulsión que la cursilería; por el contrario, lo que no se ve parece que es muy consistente y, por supuesto, nada cursi ni ridículo, más bien es trágico para el país.

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