Ánimo Para Los Que Hoy Decidan Seguir En El Opus Dei

marzo 19, 2009
Terminar con la esclavitud no es fácil

Terminar con la esclavitud no es así de fácil

Iván de ExOpus

Durante los cinco primeros años los del Opus Dei deben renovar su pertenencia “voluntaria” al Grupo cada 19 de marzo (hoy).

En las tres semanas anteriores a esta fecha las presiones de los directores sobre sus encomendados se intensifican para conseguir su aquiescencia forzada. Así, aumenta la presión psicológica, afectiva y pseudoespiritual (falsamente cristiana, ya que Cristo en persona jamás aprobaría al Opus Dei) hasta límites a veces inauditos tanto en los medios de formación colectivos (círculo breve y meditaciones) como en los individuales (dirección espiritual y confesión).

Como consecuencia de ese acoso tan intenso muchos renuevan por un año más.

No los culpo.

La violencia del Opus Dei es demasiado fuerte como para poder reunir la seguridad y voluntad necesaria para resistirse a ella. De hecho yo me plegué a su fanatismo no sólo a estas renovaciones temporales sino también ante la definitiva (la fidelidad). Por tanto sólo puedo sentir afecto y compasión hacia los que ahora se quedan en la Obra durante otro año.

Es terrible ser un esclavo total no sólo sin saberlo sino  además creyéndose muy libre.

A vosotros me dirijo: a los que en el día de hoy os plegáis a esa violencia y renováis a pesar de no ser felices en el Opus Dei.

Estoy seguro de que, como me ocurrió a mí, al fin llegará vuestra hora: la de reunir el conocimiento suficiente para entender lo que el Opus Dei oculta y la fuerza necesaria para salir corriendo de allí.

Mientras tanto, recibid todo mi cariño y comprensión.

ExOpus


Antonio Pérez Tenessa Habló Poco, Pero Dijo Mucho (II)

enero 2, 2009

(Tomado de El Opus Dei. Anexo a una historia. María Angustias Moreno.)

Alguien con especial significación e importancia, para poder opinar sobra la Obra, me escribe también como sigue:

Querida María Angustias:

He vuelto a leer tu libro “El Opus Dei. Anexo a una historia“, en el cual hay mucha más sustancia de la que puede parecer a la primera lectura, y me considero en el deber de decirte que suscribo todas tus apreciaciones sobre el “espíritu” de la Obra, pues he vivido como tú la mayor parte de las experiencias que relatas y muchas más; tus juicios acerca de los que se van y los que se quedan no pueden ser más certeros, y he llegado también a la conclusión de que nunca nos van a perdonar que hayamos abandonado el instituto y, finalmente, que de si algo me arrepiento es de no haberme ido antes. Pero hay que reconocer, en disculpa de nuestra tardanza, que era muy difícil salir.

Una vez liberado del trauma que deja la Obra, repito literalmente contigo: “Yo, por mi parte, puedo seguir asegurando que no he llegado a echar de menos ninguno de sus cuidados, de sus charlas, de sus consejos, de sus diálogos, de sus apostolados, nada. Porque era eso precisamente lo que costaba y me repelía por contradictorio”.

Tu libro tiene un alto valor informativo y, dejando aparte algunas benévolas interpretaciones tuyas, es a mi juicio el mejor y más objetivo análisis que se ha hecho de lo que es el Opus Dei por dentro.

Como sé que estás siendo víctima de una campaña difamatoria, te escribo estas líneas por si te sirven de consuelo y como apoyo moral a quien ha tenido el valor -no pequeño- de dar testimonio de la verdad.

(A.P.T. Fue secretario General del Opus Dei.)

*************

Antonio Pérez Tenessa Habló Poco, Pero Dijo Mucho (I)

ExOpus


Borrar El Rastro De Quienes Dejan El Opus Dei

octubre 31, 2008

Iván de ExOpus

Lulu pregunta sobre la existencia de algún documento oficial del Opus Dei por el que se inste a hacer desaparecer el rastro de los que fuimos de la Obra de fotos, películas y otros medios.

El apartado 5 del Capítulo III, titulado Perseverancia En La Obra, del Vademécum Del Gobierno Local, especifica como ha de ser el «Trato con los que no perseveran»:

«Es preciso evitar todo lo que pudiese contribuir a dar —a los interesados y a los que son fieles a su vocación— la impresión equivocada de que “no ha pasado nada”, de que la infidelidad no es algo muy serio […] los Directores han de tomar las medidas —dictadas por la caridad y por la prudencia— para que no se perturbe el buen espíritu de los demás, ni se creen confusiones o situaciones equívocas. Se perturbaría o se confundiría, por ejemplo, si mientras no transcurran muchos años, se les permitiera que fuesen por nuestros Centros con demasiada frecuencia y confianza, o se les invitara a comer allí; si se tuviera con ellos una excesiva familiaridad, en el trato y en las conversaciones; si se les contaran cosas de la vida en familia, o si se les hiciera intervenir prematuramente y con cierta autoridad y responsabilidad en actos o en trabajos relacionados con la Obra y que, por ser públicos, pudieran tener una cierta difusión.

Tampoco resulta oportuno, de ordinario acudir a su boda, al bautizo de los hijos, etc.

No resulta tampoco oportuno que, después de abandonar su camino, comiencen a colaborar con personas de la Obra en trabajos profesionales de los que obtengan un beneficio material».

Lo anterior obliga, implícitamente, a que borren cualquier pista que les lleve hacia quienes nos fuimos. Puedes leer más sobre el tema en  «Los Malditos Según El Opus Dei».

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Los Derechos Humanos Fundamentales en el Opus Dei

octubre 23, 2008

Iván de ExOpus

NOTA PREVÍA: A lo largo de este escrito aparece en diversas ocasiones el verbo “pitar”. En el lenguaje interno de la Obra tal palabra significa el momento en el que se escribe una carta para pedir la admisión al Opus Dei.

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Artículo 515 del Código Penal Español

septiembre 12, 2008

Son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal consideración:

3. Las que, aun teniendo por objeto un fin lícito, empleen medios violentos o de alteración o control de la personalidad para su consecución.

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Yo Lo Traslado Al Mundo Islámico

septiembre 12, 2008

He conocido su blog recientemente, a raíz de empezar el mío propio.

Lo que usted hace me encanta y me ha servido de información y de ejemplo para mi reciente labor que es como la suya pero que yo traslado al mundo islámico. La problemática es muy similar, pues los seres humanos y nuestros sistemas de creencias somos tan parecidos… los seres humanos somos unos sectarios empedernidos…

Me parece su labor de la mayor actualidad e importancia. Su valentía enorme también, pues sé como se las gastan en su ex-secta, según un conocido me contó hace tiempo.

No me quiero extender ahora, solo decirle que a veces extraigo algún artículo y que hasta ahora no le había pedido permiso. Crea que a pesar de nuestras barrearas sectarias (ja ja, pues yo soy musulmán y usted cristiano) me siento muy próximo a usted, le deseo lo mejor y pensar en usted dibuja una sonrisa en mi rostro. Me siento menos solo.

Un gran sabio musulmán [Rene Guenon] dijo que toda realización espiritual requiere de un colectivo para desarrollarse, pero luego dio a entender que en los tiempos que corren, un colectivo sano es tan difícil de encontrar que esta realización sería más factible como un logro individual.

Ya ve como anda el panorama.

Pero ante todo sepa que: por favor no se detenga, posiblemente hasta el último latido de su corazón no será en vano si usted sigue luchando contra el sectarismo y pasando la antorcha a sus lectores…

Un fraternal abrazo:

Profesor Rahmanicus

http://rahmanicusdogmaticus.blogspot.com/

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La Esencia del Fanatismo, Amos Oz

julio 4, 2008

Contra el fanatismo

Amos Oz

Biblioteca de Ensayo Siruela. 2002

(A petición de bsiviglia.)

[…]

Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto. El señor Bin Laden y la gente de su calaña no sólo odian a Occidente. No es tan sencillo. Más bien creo que quieren salvar nuestras almas, quieren liberarnos de nuestros aciagos valores: del materialismo, del pluralismo, de la democracia, de la libertad de opinión, de la liberación femenina… Todo esto, según los fundamentalistas islámicos, es muy pero que muy perjudicial para la salud. Con toda seguridad, la meta inmediata de Bin Laden no era Estados Unidos. Su meta inmediata era convertir a los musulmanes pragmáticos, moderados, en auténticos creyentes, en su tipo de musulmanes. El islam estaba debilitado por los «valores norteamericanos». Pero para defender el islam no sólo hay que golpear a Occidente y golpearlo fuerte. No. Al final, hay que convertir a Occidente. Sólo prevalecerá la paz cuando el mundo se haya convertido no ya al islam, sino a la variedad más rígida, feroz y fundamentalista de islam. Será por nuestro bien. Bin Laden nos ama esencialmente. El 11 de septiembre fue un acto de amor. Lo hizo por nuestro bien, quiere cambiarnos, quiere redimirnos. Muy a menudo, todo comienza en la familia. El fanatismo creo comienza en casa. Precisamente por la urgencia tan común de cambiar a un ser querido por su propio bien. Comienza por la urgencia de la autoinmolación por el bien de un vecino muy querido. Comienza por la urgencia de decirle a un hijo: «tienes que hacerte como yo, no como tu madre» o «tienes que hacerte como yo, no como tu padre» o «por favor, sé muy diferente de ambos». O cuando los cónyuges se dicen entre sí: «tienes que cambiar, tienes que hacerte como yo o de lo contrario este matrimonio no funcionará». Con frecuencia, comienza por la urgencia de vivir la propia vida a través de la vida de otro. De anularse uno mismo para facilitar la realización del prójimo o el bienestar de la generación siguiente. La autoinmolación suele infligir terribles sentimientos de culpa en el beneficiario; esto es, manipulación o, incluso, control de él o ella. Si yo tuviera que elegir entre los dos tipos de madre del famoso chiste judío, la que dice a su hijo: « ¡Termina el desayuno o te mato! » o la que dice: « ¡Termínate el desayuno o me mato!», probablemente elegiría el menor de los dos males, no terminarme el desayuno y morir en vez de no terminarme el desayuno y pudrirme en la culpa el resto de mi vida.

[…]

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Fundamentalismo Cristiano, Rafael del Águila

julio 3, 2008

Rafael del Águila, Cr�tica de las ideolog�as. El peligro de los ideales.

Una fe como una guillotina, así de pesada, así de ligera.

F. KAFKA

Toda fe ejerce una forma de terror, tanto más temible cuanto que los «puros» son sus agentes.

E. M. CIORAN

FUNDAMENTALISMO CRISTIANO

¿Les teméis? Es a Dios a quien deberíais temer si sois verdaderos creyentes.

Luchad contra ellos: Dios les castigará con vuestras manos.

CORÁN, 9:13-4.

El fundamentalismo religioso, la religión como fundamento de la identidad, constituye una variante contemporánea muy importante del peligro de los ideales.

Usualmente en este tema pensamos de inmediato en el fundamentalismo islámico. Sin embargo, el fundamentalismo afecta a la práctica totalidad de las religiones. Chiítas, sunitas, protestantes, católicos, judíos, hinduistas, sijs, etcétera, tienen sectas fundamentalistas. También es poco conocido que el término fundamentalismo nace en el sur de la soleada California a principios del siglo XX. Allí, en 1910, los hermanos Stewart, millonarios, protestantes y dogmáticos, editaron un libro, en el que colaboraron teólogos ultraconservadores estadounidenses y británicos, titulado The Fundamentals: A Testimony of Truth. En él se demandaba una vuelta a los fundamentos de la religión, tal y como esos teólogos los entendían. Se reivindicaba el creacionismo frente a las teorías de la evolución, se afirmaba sin ambages la autenticidad de los milagros, se nos avisaba del inminente juicio final, etcétera. Desde entonces, milenaristas y apocalípticos han abundado entre las sectas protestantes de los Estados Unidos y han exigido la prohibición de enseñar en los colegios las teorías darwinistas, se han opuesto a la reforma de la Constitución de Estados Unidos que establece la igualdad de la mujer, han vindicado la pureza ideológica, han luchado contra la regulación del aborto, etcétera. Por lo demás, hay sectas cristianas que prohíben las transfusiones de sangre a sus miembros, que realizan ejercicios espirituales rayanos en la manipulación mental y el lavado de cerebro, o judíos ortodoxos que tienen prohibido tocar a los infieles (darles la mano, por ejemplo), etcétera 40

En general los fundamentalistas cristianos, y en buena medida también el resto de los fundamentalistas, comparten un conjunto de rasgos que se resumirían en los siguientes:

1. Son partidarios de una interpretación literal de los textos sagrados.

2. Creen poseer el monopolio de esa interpretación y que la palabra de dios se les ha revelado a ellos únicamente.

3. Como la verdad les pertenece deben imponerla a los demás, dirigidos en esta tarea por dios mismo.

4. Sus prescripciones morales son absolutas y eternas y exigen la estricta obediencia de sus seguidores.

5. Utilizan las argumentaciones emocionales más que las racionales, y usualmente se refieren a procesos de degeneración de algún tipo que deben impedirse a cualquier precio.

6. Están en contra del pluralismo, la diversidad, el laicismo, el ateísmo, el materialismo, la autonomía individual, la neutralidad estatal, la tolerancia, etcétera, y aspiran a conformar el mundo de acuerdo a sus ideales.

7. Finalmente, suelen ser agresivos, militaristas y violentos en las batallas apocalípticas que «nos rodean»41

Este último llamamiento a la violencia no siempre se produce, pero es en todo caso bastante habitual. Desde el nacionalcatolicismo y su cruzada en la Guerra Civil española, a la rigidez y encallecimiento moral de los fundamentalistas judíos respecto de los palestinos, o a los atentados en Oklahoma o los ataques a clínicas abortistas en Estados Unidos, pasando por las abundantes matanzas entre hinduistas, musulmanes y sijs en India y aledaños, los discursos fundamentalistas han incendiado el mundo en el nombre de dios.

Hemos de subrayar, una y otra vez, que esa violencia ha sido históricamente ubicua. Por ejemplo, el «estilo» fundamentalista ha tenido abundantes precedentes en la historia del cristianismo. En Agustín de Hipona o Ginés de Sepúlveda o Calvino encontramos numerosos argumentos al respecto. Puesto que el hereje es peligroso para la verdad, nos dicen, el pastor de almas, responsable nada menos que de la salvación de todos, debe combatirlos incluso con el terror si fuera necesario. Puede que el terror no ayude a creer pero, como decía Agustín sin ironía alguna, dirige la atención de los hombres en la dirección correcta42. Naturalmente, no toda represión es igual porque mientras la de los «malos» es injusta, la de los «buenos» empuja hacia el bien. Además, el sufrimiento infligido a las víctimas de la violencia santa no es más que parte del castigo que sufrirán por haber persistido en el error y la soberbia. En realidad los herejes son malvados y deben ser aniquilados. Son canallas y blasfemos, no se discute con ellos, se les quema43

Actualmente los grupos católicos se han sumado al discurso fundamentalista, aun cuando la jerarquía de la Iglesia se limita, de momento, a un alto grado de dogmatismo. Un dogmatismo que desde Juan Pablo II se ha concretado en una lucha ideológica y política contra la Ilustración, los fundamentos de la tolerancia laica e, incluso, la legitimidad de la democracia. En su encíclica Fides et ratio44, el Papa cita una carta de san Pablo a los Colosenses (Col., 2, 8 ) en la que el santo advierte: «Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia en una filosofía, fundada en tradiciones humanas» (la cursiva es mía). Tras ello sugiere que el humanismo ateo es el origen de los proyectos que acabaron en «sistemas totalitarios traumáticos para la humanidad». También que el nuevo nihilismo en el que vivimos ha empeorado las cosas y que la Iglesia «puede y debe […] ejercer con autoridad, a la luz de su fe […] [las críticas] de aquellas conclusiones filosóficas que fueran incompatibles con la verdad revelada».

Sobre esta idea trabaja Benedicto XVI. En su última encíclica, Spe Salvi45, el Papa culto cita a Bacon, Kant, Robespierre, Saint Just, Kant, Marx y la Escuela de Frankfurt. Lo hace para mostrar la falsa pretensión de la razón de crear la justicia. Se pregunta: «¿Cuándo domina la razón? ¿Acaso cuando se ha apartado de Dios? ¿Cuando se ha hecho ciega para Dios?». La razón necesita de la fe y el hombre necesita de dios, así que la humanidad no puede crear la justicia por sí misma. Y cuando lo ha intentado, y esto no es casual, «se han derivado las más grandes crueldades y violaciones de la justicia».

Me parece que estos discursos son perfectamente legítimos y normales cuando se dirigen a fieles y seguidores. Me parece igualmente normal que una religión tienda a tener en más consideración la fe que la razón y que se debata ante el desafío ilustrado. Lo que no se puede condonar es que, en nombre de estas afirmaciones, movimientos católicos, obispos u otras jerarquías eclesiásticas invadan la esfera pública. Que sugieran que la democracia es ilegítima si no se adaptan las leyes a sus creencias. Que la ley de dios, tal y como ellos la entienden y definen, debe gobernarnos a todos. Que la autonomía individual es totalitaria. Que el laicismo es criminal. Que se deben prohibir el divorcio, el aborto, los matrimonios homosexuales, la experimentación con células madre, la educación cívica. En definitiva, que se empeñen, en tanto que movimientos políticos, en que la soberanía pertenece a dios, no a la ciudadanía. (Rafael del Águila, Crítica de las ideologías. El peligro de los ideales. Editorial Taurus. 2008. Páginas 76 a 79.)

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40 Véase M. Ruthuen: Fundamentalism, Oxford University Press, Oxford, 2007.

41 Véase, por ejemplo, K. Blaker (ed.) : The Fundamentals of Extremism The Christian Right in America, New Boston Books Inc., Michigan, 2003.

42 Véase H. Schleichert: Cómo discutir con un fundamentalista sin perder la razón, v c. J. Alborés, Siglo XXI, Madrid, 2004, pp. 66 y siguientes.

43 Ibid., p. 75.

44 loannes Paulus PP. II: Fides et ratio, 14/09/1998, epígrafes 37, 46, 47 y 50.

45 Del Sumo Pontífice Benedicto XVI: Spe Salvi, 30/11/2007, epígrafes 18-23, 42.

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Lo Bueno Del Opus Dei

junio 19, 2008

Lo Bueno Del Opus Dei

Iván de ExOpus, 24 de noviembre de 2004

Introducción.

Ante las graves acusaciones de que el Opus Dei es objeto no es raro que algunos, para defenderle, argumenten que en la Obra hay mucha bondad: en las personas que la integran, en su doctrina, etc.

Estoy de acuerdo con quienes afirman eso. No sólo es verdad que en el Opus Dei hay muchas personas buenas, sino que una condición imprescindible para que te pidan hacerte de la Obra es la de tener un nivel de virtudes humanas y sobrenaturales muy superior al de la media…

Por lo tanto, si todos y cada uno de los que ingresan en la Obra son buenísimos, no es extraño que muchos de ellos sigan siéndolo después. También es cierto que la doctrina que predican es muy atractiva. Además, cuando te acercas a la Obra encuentras un tono humano raro de hallar en otros lugares: todo está muy cuidado, limpio; el trato interpersonal es muy delicado, versallesco; te hacen sentirte bien, importante, se preocupan por ti, te da la impresión de que te quieren de verdad; toda su ocupación es la de inculcarte cumplir normas de piedad, etc.

Esa bondad que existe en la Obra es la que logra que la gente se le acerque, la que mantiene a sus miembros dentro, la que confunde a quienes leen críticas sobre ella (porque no terminan de aceptar las graves acusaciones de que es objeto) y el motivo por el que es una institución aprobada y apadrinada por la Iglesia.

En este escrito voy a reflexionar sobre esa bondad que hay en el Opus Dei.

Definición de bueno.

Bueno es aquello que le conviene a un ser para su perfeccionamiento.

La abeja hace la miel con el polen de las flores, por lo que para ella es bueno, mientras que es malo para una persona alérgica a él.

Características de lo bueno.

Se desprenden de la definición anterior:

1 – Es beneficioso, mejora al ser a quien le conviene.

Esta característica es esencial: si algo no beneficia, no es bueno.

2 – Es apetecible. El ser a quien le interesa se siente atraído por él.

Como cada ser está destinado a su perfección, su naturaleza se siente inclinada a buscar y conseguir todo aquello que se lo permita y, por tanto, a alcanzar lo que le es bueno.

Cuando nos falta agua en el cuerpo sentimos sed (nos apetece) y la buscamos para beberla.

Aunque ésta es una característica muy importante para el perfeccionamiento de un ser, no obstante es algo que no siempre acompaña a lo que más le beneficia (lo más bueno para él), como trataremos en el siguiente apartado.

Combinación de las posibilidades de las dos características de lo bueno.

1 – Beneficioso y apetecible.

Es la combinación perfecta: algo nos beneficia y por sernos atractivo no cejamos hasta conseguirlo.

2 – Beneficioso y no apetecible.

Si algo nos conviene y es desagradable, no lo aceptamos, por lo que nos dañamos al no recibirlo.

Porque tiene mal sabor, un niño escupe la medicina que necesita.

3 – No beneficioso y apetecible.

Por ser agradable lo aceptamos por lo que nos causa un mal.

Todos aquellos que se envenenan por comer setas caen en este apartado: es un plato sabroso pero mortal.

4 – No beneficioso y no apetecible.

Es la única circunstancia en la que lo malo no daña, pues al ser algo que se muestra como repugnante no se acepta.

Por su mal olor nadie se come un huevo podrido.

Lo bueno según la intención de quien nos lo proporciona.

1 – Lo concede con un fin altruista.

Sucede cuando quien lo proporciona busca única y exclusivamente el bien de quien lo recibe. Ocurre con cualquiera de los dos primeros puntos del apartado anterior (da algo bueno, le apetezca o no al interesado).

El plato de comida que una madre le da a su hijo, las medicinas que nos receta el médico, las lecciones que nos hace aprender el profesor, etc.

¿Cómo se puede saber que la actuación de alguien busca este fin?

Lo podemos descubrir observando su diligencia en rectificar. Como el bien que se da a otro es exclusivamente para su beneficio, quien lo proporciona está abierto al diálogo y al consejo ajeno para modificar su conducta, en el caso de que descubra que está equivocada.

Si alguien nos comenta que a nuestro perro le perjudica comer las patatas que le damos, se lo consultamos al veterinario y, en el caso de que lo confirme, dejamos de alimentarle con ellas.

2 – Lo concede como medio para un fin egoísta.

En esta ocasión, quien nos pone delante un bien no lo hace para beneficiarnos sino para que nos sintamos atraídos hacia él, para así obtener con ello otro objetivo que desconocemos.

Es el punto tercero de la combinación de las características de lo bueno que vimos con anterioridad: nos da algo perjudicial de forma apetecible, para que así lo aceptemos.

El cebo que colocamos en un anzuelo hace que el pez se sienta fascinado por él, por lo que pica y conseguimos pescarlo. La simpatía, alegría, don de gentes, etc., de un estafador no es para hacernos felices sino tan sólo un medio para que confiemos en él y nos dejemos desplumar sin resistencia.

Quien procede de esta manera no quiere cambiar. Cuando el bien que proporcionamos a otro es exclusivamente para nuestro beneficio, y tan sólo lo usamos como un medio para atraerle, entonces estaremos cerrados a cualquier consejo que busque modificar nuestra conducta.

Un pescador no dejará de poner cebo en el anzuelo por mucho que le repitamos que es perjudicial para el pez, ya que lo que él busca precisamente es perjudicar al pez.

La intención del Opus Dei con respecto a lo bueno que proporciona.

Todas las asociaciones humanas son imperfectas, por la sencilla razón de que los hombres que las componen lo son. Por ese motivo quienes defienden al Opus Dei no entienden la diferencia que existe entre la Obra y cualquier otro grupo religioso (los agustinos, dominicos, franciscanos, etc.) por considerar que todos ellos tienen cosas buenas y malas, lo que les lleva a exponer lo bueno que encuentran en el Opus Dei como justificante de que es una institución eclesial semejante a las otras, soslayando por ello sus defectos al entender que, como todas las demás, la Obra también está en el derecho de tener imperfecciones.

Pero hay una diferencia abismal entre las imperfecciones que se dan en la Obra y las de los demás grupos religiosos.

Cualquier institución de la Iglesia que no sea el Opus Dei dialoga sobre las críticas que se le hacen, con el ánimo de defenderse o rectificar sus errores (cuando se confirman); lo que implica, según vimos en el capítulo anterior, que su fin es altruista: los bienes que esos grupos ofrecen buscan el beneficio de los demás.

Ahora veamos como actúa el Opus Dei.

Aplicando lo estudiado antes, el criterio para saber si la intención de lo bueno que la Obra proporciona es altruista o un medio para beneficiarse ella, está en conocer su diligencia o cerrazón al diálogo, a las críticas y a rectificar.

La Obra ni dialoga, ni responde a las críticas que se le hacen, ni rectifica ante las acusaciones de que es objeto; tanto las que versan sobre su praxis inhumana y anticristiana (por ejemplo las incluidas en el escrito ” ¿Se respetan los Derechos Fundamentales? “), como las que le hacen ver que su conducta es herética, incluso ni responde, ni rectifica cuando se le demuestra que siempre es un pecado grave su silencio ante lo negativo que se afirma de ella.

Ya no hay nada más que mirar, queda demostrada la razón por la que la Obra actúa así:

Tan sólo puede ser porque toda la bondad que la Obra nos presenta no es para beneficiar a la humanidad sino exclusivamente un medio de atraerla y “cazarla” para sus fines egoístas, entre los que se encuentran dominar a la sociedad civil, su poder económico y, sobre todo, sustituir a la Iglesia poniéndose ella en su lugar.

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Nuevas Herejías, Capítulo II

junio 13, 2008

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CAPÍTULO II

Iván de ExOpus

5-8-2004 ** 13-6-2008

Resumen: Se estudia el origen de la herejía institucional del Opus Dei vista en el Capítulo I (consistente en considerarse a si mismo como la única Iglesia verdadera), y los efectos derivados de ello: mantener simultáneamente el doble lenguaje de expresar que es muy fiel a la Iglesia en un tema, mientras que minutos después, en lo mismo, si le conviene, puede actuar de espaldas de ella.

—oOo—

A un razonamiento sólo se le puede echar un pulso con otro razonamiento. Nunca es válida otra manera de actuar. Por esta razón la Iglesia ha cultivado tan intensamente la filosofía y la teología, hasta el punto de que forman parte del bagaje intelectual más importante de lo que enseña a sus sacerdotes; para que así, pensando, sepan y puedan desmontar los errores, nunca a estacazos.

Cualquier medio de atacar a un raciocinio que no sea con otro raciocinio es, aparte de irracional, injusto y por lo tanto anticristiano; como bien nos lo enseña el siguiente episodio de la vida del Maestro: “Al decir esto, uno de los criados que allí estaba le dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? Jesús le contestó: Si he hablado mal, muéstrame en qué; y si bien, ¿por qué me pegas?” (Jn:18:22, 23)

Vivir en herejía

Es una idea común en la Obra que quien dice, opina, critica, ataca, juzga, etc., algo sobre ella lo está haciendo sobre la Iglesia.

Es tan grande la presión por parte de los de la Obra en ese sentido que en la pagina principal de OpusLibros hubo que poner: “¡Ojo! No es una web contra la Iglesia, ésta es una web sobre el Opus Dei.”

Por la misma razón cuatro autores (de los que puedo hablar porque conozco sus escritos, que seguro que hay más que desconozco), tuvimos que salir al paso de esas afirmaciones: Flavia, Satur, José Tomás [25 de julio de 2004] y yo.

Como se puede comprobar en el capítulo primero son heréticas todas esas proposiciones que escriben los de la Obra, o los muy cercanos a ella. Lo que se afirma de lo que es peculiar a la parte no se puede aplicar al todo: Si la mano derecha de un hombre tiene cinco dedos con ello no se puede certificar que todo su cuerpo tenga sólo cinco dedos. De igual manera, lo que se asevera de lo propio de la Obra no se puede decir que se asevera de toda la Iglesia, porque es una manera de afirmar, con otras palabras, que la Obra es lo mismo que la Iglesia.

También explico allí como el hacer público algo dañino de una institución de la Iglesia es una obligación grave para el cristiano que lo conoce porque debe avisar a la Iglesia de ese peligro.

Cuando el río suena agua lleva; si quien hubiera expresado esa herejía fuera una sola persona, pase; pero cuando son tantos, y muchos casi con las mismas palabras, eso significa que esa postura está muy arraigada en ellos.

En mis casi treinta y cinco años de permanencia en la Obra nunca he oído o leído que allí nadie dijera que “el Opus Dei es la Iglesia” (con estas palabras), pero si que he escuchado, hasta la saciedad y de manera exclusiva lo mismo que ellos cuentan aquí: que quien dice, opina, juzga, critica, ataca, etc., a la Obra lo está haciendo con la Iglesia.

Nunca cuentan en dónde está el error de ese ataque sino que, por principio, al ser ellos atacados es atacada la Iglesia.

Es como si a alguien a quien se le acusa de maltratar a su esposa contestara, sin dar prueba alguna de su inocencia, que con esa acusación se está atentando contra la sagrada institución del matrimonio.

Hagamos algunas deducciones de esa postura.

1 – Verbalmente nadie de la Obra dice explícitamente que el Opus Dei es la Iglesia.

2 – Pero sí que quien habla algo sobre el Opus Dei lo habla sobre la Iglesia, por lo que implícitamente atestiguan la herejía de identificar al Opus Dei con la Iglesia.

3 – ¿Quién les ha explicado eso? ¿De dónde ha salido que tantos afirmen esa herejía y tan al unísono?

4 – Solamente hay dos caminos por los que los demás nos pueden enseñar algo: por las palabras y por la conducta, por la enseñanza oral y a través del ejemplo.

No hay más formas de educar que esas dos. Un padre enseña a su hijo o con palabras o a través del ejemplo de sus actos.

Cuando hay disparidad entre lo contado con la boca y lo mostrado con los hechos quien siempre lleva la de ganar es el ejemplo. “Fray ejemplo es el mejor predicador” reza un antiguo dicho.

Si alguien nos cuenta que es muy soberbio pero en su conducta observamos que rinde sus opiniones con alegría, que se desvive por los demás, que es sencillo, etc., de eso deducimos que realmente es tan humilde que por pura humildad llega a decir de sí mismo que es soberbio. Si nos encontramos a un amigo llorando con desconsuelo y a la vez nos dice que es muy feliz, no creeremos en sus palabras, sí en su llanto.

5 – Si los de la Obra no han aprendido que el Opus Dei es la Iglesia por haberlo oído decir con estas palabras, entonces será a causa de que el Opus Dei, institucionalmente, con su ejemplo, con su conducta, con su manera de hablar del resto de la Iglesia, con su forma de ser y de vivir…, les ha llevado a convencerse de que el Opus Dei es la Iglesia.

6 – Luego la conducta del Opus Dei es la que le corresponde a quien se considera a si mismo como la Iglesia.

7 – De lo que se deduce que la Obra utiliza dos lenguajes:

· El verbal, el que oye todo el mundo, con el que dice que no es la Iglesia.

· Y el de la conducta, que oyen sólo los suyos, con el que se afirma a si misma como la Iglesia.

8 – Como el obrar sigue al ser o, lo que es lo mismo, que a un determinado modo de actuar le corresponde un determinado modo de ser, esa conducta del Opus Dei se identifica con su ser (“Porque a cada árbol se le conoce por sus frutos: que no se cogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas.” Lc:6:44).

9 – Entonces, según todo lo anterior, el Opus Dei es una institución cuyo ser vive en la herejía de considerarse a sí mismo como la Iglesia y de manifestar explícitamente todo lo contrario.

10 – Cuando oímos ladrar a un animal sabemos que es un perro, aunque ya no ladre nunca más. Si de un árbol cosechamos una vez manzanas ya sabemos que es un manzano, aunque no vuelva a fructificar.

Cuando el ser del Opus Dei lleva a que los suyos afirmen en una oleada de manifestaciones unánimes que la Obra es la Iglesia, aunque sus miembros no vuelvan nunca más a exteriorizarse en ese sentido ya no importa porque sabemos cual es su esencia por la manifestación primera de la cual lo hemos deducido.

11 – Una vez conocida la esencia de un ser conocemos su naturaleza (que es la esencia como principio de operaciones, lo que hace actuar a ese ser de manera consecuente con lo que él es), por lo que ya podemos encajar y deducir todo su comportamiento.

Si estamos en nuestra casa y por la ventana oímos ladrar a un perro, sólo con eso, aún sin haberlo visto, sabemos que es un mamífero, que su método de ataque y defensa son los dientes, por lo que puede mordernos; que no tiene garras y por tanto sus arañazos no son peligrosos, que es un animal sociable con el hombre, etc., etc. Y todas estas características las deducimos por haber escuchado un solo ladrido, porque ese ladrido es la manifestación de la esencia del perro y con él nos viene todo cuanto conocemos de los perros, aunque no hayamos visto nunca a ese perro en concreto. Pero además podemos ir a observar, a tiro hecho, lo que tienen todos los perros en ese que hemos oído ladrar: Le miramos una pata y comprobamos que no tiene garras, le levantamos el belfo y allí están unos colmillos poderosos, etc.

Si la Obra es una institución cuya esencia es la de dar la imagen exterior de ser muy fiel a la Iglesia Total y su vivencia es la de considerarse a sí misma como esa Iglesia Total, ya sabemos como se va a comportar en cualquier situación y además podemos encajar todos sus actos como emanación de esa naturaleza.

Un ejemplo. He escrito con anterioridad: “Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta. Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.”

Cuando lo escribí desconocía la razón de esas incongruencias, ahora está clarísimo.

Esas dos verdades de las que allí hablo salen de la esencia de la Obra: Una de la rama con la que se hace ver como fiel a la Iglesia y la otra de la que parte de la vivencia profunda que tiene de sentirse a si misma como la Iglesia Total, la Única, la Infalible; que lleva al Opus Dei a considerar que es “verdad de fe” cualquier cosa que afirmen sus directores (aunque sea una mentira).

Por otra parte, como para el Opus Dei, visceralmente, la Iglesia y la Obra son lo mismo, puede usarse lo que dice una u otra según lo aconsejen las circunstancias y sin problemas de conciencia.

Ahora toca contar lo que le conviene al Opus Dei y hace un minuto lo que le agrada a la Iglesia… ¡Qué más da, si las dos instituciones son la misma cosa!

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