El Opus Dei Me Dejó En El Camino

abril 5, 2009

patos

EL OPUS DEI ME DEJÓ EN EL CAMINO

Westy

Enviado a ExOpus por la autora el día 5-4-2009

ÍNDICE

1 – La Historia De Un Muerto Más Que El Opus Dei Deja En El Camino

2 – La Dolorosa Quiebra De La Existencia

3 – La Muerte Del Corazón

4 – La Vocación

5 – No Debí Pitar

6 – La Indiferencia De Dios

7 – Reencuentros

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Testimonios de Miguel Fisac Sobre el Opus Dei

septiembre 12, 2007

Miguel Fisac

Iván

Los biógrafos oficiales del Opus Dei suprimen de su historia a todos aquellos que dejan la Institución. Y no escapa a esta norma, de dar la muerte civil a todo aquel que deja de someterse a su «santa coacción» y les abandona, ni siquiera aquellos que fueron piezas esenciales para el nacimiento y ulterior desarrollo del Opus Dei

Éste es el caso de Miguel Fisac, arquitecto de talla universal y persona de una integridad moral irreprochable al que el propio Fundador del Opus Dei debía literalmente la vida, puesto que fue Fisac, con el dinero de su padre y con su esfuerzo personal, quien le ayudó a pasar de una a otra España durante la Guerra Civil, junto a varios miembros más de la Obra.

Miguel Fisac no aparece en ninguna de las biografías oficiales de Escrivá porque terminó saliéndose del Opus Dei, tras 19 años de ayudarle intensamente con su vida y dinero.

Podemos comprobar este hecho de olvido planeado con los dos textos de abajo. En el primero se refieren a él con un inidentificable Miguel, un estudiante, antiguo alumno de la Academia DYA, y en el segundo ni se le nombra.

Aquí van las citas.

A eso del mediodía, don Josemaría sube al autobús que va a Seo de Urgel. Le acompañan Juan Jiménez Vargas, Pedro Casciaro, Francisco Botella, José María Albareda -el joven doctor en farmacia y química que ha asistido unas semanas antes, en Madrid, a los ejercicios espirituales dados por el Padre, y que ha pedido enseguida formar parte del Opus Dei- y Miguel, un estudiante, antiguo alumno de la Academia DYA (Al paso de Dios, Capítulo 13. François Gondrand).

El 7 de octubre partieron hacia Valencia. Acompañaban a don Josemaría, Juan Jiménez Vargas, José María Albareda, Manolo Sainz de los Terreros -en cuya casa de la calle Sagasta había pasado el mes de agosto de 1936- y Tomás Alvira, un profesor de Instituto, amigo de José María Albareda, al que había conocido hacía pocos días.

En Valencia se encontraron con Pedro Casciaro y Francisco Botella, dos estudiantes de arquitectura que pertenecían a la Obra. Los dos estaban dispuestos a acompañar al Padre, aunque en aquel momento no se veía la forma de hacerlo. Estaban movilizados y destinados a servicios auxiliares en el ejército republicano. Pedro trabajaba en la oficina de la Dirección General de los Servicios de la Remonta (El fundador del Opus Dei, Capítulo 6. Peter Berglar).

Esta omisión metódica e institucional nos lleva a agrupar los testimonios que Miguel Fisac ha dado sobre el Opus Dei y su Fundador, para evitar con ello que su memoria y obras sean realmente olvidadas.

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ÍNDICE

Miguel Fisac, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

Nunca Le Oí Hablar Bien De Nadie

Mentiras Bajo La Piadosa ‘Caridad Cristiana’

Respuestas De Miguel Fisac A Las Preguntas Del OPUS DEI AWARENESS NETWORK (ODAN).

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Miguel Fisac, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

MIGUEL FISAC. Doctor Arquitecto. Madrid.

Desde 1955 en que, por propia voluntad y no sin trabajo, conseguí salir del Opus Dei, no tengo ningu­na clase de vinculación con él.

Como en diferentes ocasiones se han publicado no­ticias que pretendían vincular mi salida del Opus Dei con mi matrimonio, quiero aclarar que a mi mujer me la presentaron después de salir de la Obra, y al año y medio nos casamos, y ella en ningún momento ha tenido ninguna clase de relación ni vinculación con el Opus Dei.

Nunca en el instituto tuve ningún cargo de dirección, y lo único que hice fue trabajar intensamente en mi profesión y padecer un auténtico martirio espiritual hasta mi salida; por ser muy inclinado a los escrúpu­los de conciencia.

Los trabajos de arquitectura que en aquellos años realicé, me han servido para mi desarrollo profesio­nal, pero no más que los que libremente habría reali­zado en aquella época de intenso trabajo, y ha sido des­pués de mi salida del Opus Dei cuando he realizado más obras y creo que de mayor interés.

He continuado teniendo amistad con algunos de los miembros del Opus Dei que convivieron conmigo, que en algunas ocasiones me han invitado a colaborar en algunas publicaciones y he aceptado la invitación, lo mismo que he aceptado también los ofrecimientos que me han hecho personas y en publicaciones de muy di­ferentes ideologías; ya que de lo que tengo un deseo concreto es de no encasillarme en ninguna clase de capilla ni grupo religioso, político, económico, etc.

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NUNCA LE OÍ HABLAR BIEN DE NADIE

Cuando Escrivá iba a ser beatificado a principios de la década de los noventa, varios antiguos miembros del Opus Dei, pidieron comparecer en la Causa para aportar su testimonio. La Congregación Vaticana a cargo del proceso de beatificación, -milagrosamente en manos del Opus Dei-, se negó a escuchar a todo aquel que tuviera un punto de vista crítico a la supuesta santidad del protagonista.

Algunos de estos testimonios fueron publicados por la editorial Libertarias/ Prodhufi en un libro titulado Escrivá de Balaguer – ¿Mito o Santo? De él extraemos este testimonio de Miguel Fisac (Nota de Opus Libros).

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En el programa de televisión «La Clave» (7-2-92) yo dije refiriéndome al Sr. Escrivá:

-No recuerdo haberle oído hablar bien de nadie.

Reconozco que era una afirmación muy fuerte. Y el periodista de la Vanguardia, Ricardo Estarriol que había visto al padre Escrivá sólo en visita o, tal vez, en horas de trabajo comentó:

-Yo no dudo de lo que dice Fisac. Pero yo en cambio le oí hablar bien de todo el mundo.

Entonces yo debí explicarle que lo que ocurría es que yo había tratado a este señor más de cerca; en la intimidad. Yo había desayunado con él, almorzado con él, cenado con él y no un día sino muchos días de muchos años. Yo había recorrido España entera, mano a mano con él en coche, habíamos cantado a dúo. Incluso yo le había cargado a mis espaldas, al cruzar los ríos, en el paso del Pirineo, y hasta el día de la famosa rosa de madera que él encontró en Rialp había dormido con él bajo la misma manta. Es decir, que yo no había estado con él en visita.

El periodista, lo mismo que el teólogo Illanes estaban acostumbrados a oír lo que el padre decía, pero de cara a la galería, como se ha podido ver en los vídeos que le grabaron para presentarle al público en los últimos años de su vida.

Yo fui uno de los 20 o 25 primeros que entraron en el Opus Dei. Por más señas: el 29 de febrero de 1936.

Durante la República hubo en España persecución religiosa y eso me creó bastante intranquilidad; lo mismo que a otros jóvenes como yo. Me acuerdo de la Semana Santa en que tirotearon las procesiones en mi pueblo, en Daimiel, resultó desagradabilísimo. Yo volví muy excitado a Madrid, a la pensión donde también se hospedaba un amigo, Pedro Casciaro, que estudiaba la carrera de Arquitectura como yo. Recuerdo que él me dijo:

-Me he encontrado con un sacerdote interesante y querría presentártelo.

Y me llevó a la residencia DYA, a la calle de Ferraz, 50. Allí conocí a este señor que estuvo muy amable conmigo. Después, seguí viéndole de vez en cuando. Èl nos daba unas charlas, nos comentaba algo sobre el Evangelio y luego asistíamos a la bendición y reserva del Santísimo.

Aquel ambiente era simpático y todos los de su alrededor me parecieron muy agradables. Tenía todo aquello un aspecto de renovación religiosa. Se trataba, según decían, de volver a vivir la fraternidad de los primeros cristianos.

Sin embargo, cuando el Sr. Escrivá después de muchas historias y sin aclararse nunca -pues todo era muy secreto- me contó que eso tenía más fondo, me dio miedo y me dije:

-Yo aquí no me meto de ninguna manera.

Yo nunca hubiera dicho que quería entrar en ninguna parte, lo que sucedía es que yo estaba dispuesto a ayudar al que me lo pidiera. Y me dijeron que si podía pintarles un cuadro para el comedor y se lo pinté y luego otra cosa y otra. Vamos, que yo estaba en la mejor disposición.

Pero un día ingresaron allí dos de los amigos que estudiaban conmigo, Pedro Casciaro y Paco Botella y una vez dentro empezaron a tirar de mí de una manera tremenda. El Sr. Escrivá comenzó a ser mi director espirtual.

-No te preocupes, me decía.

-Yo estoy dispuesto a ayudar, pero nada más, insistía yo.

-Bien, no te preocupes, me repetía él.

Un día me llamó Pedro Casciaro y me dijo que el Padre quería verme.

Yo fui algo preocupado porque unos días antes a mi hermano le había tocado la lotería y me figuré que me iba a pedir dinero. Pero al llegar me metió en su despacho y me dijo:

-Miguel, yo creo que tú tienes vocación.

Y no supe decirle que no. La realidad es que yo no quería entrar allí y estuve como un imbécil. Y desde el principio quise salirme o morirme.

Una de las cosas que el Sr. Escrivá repetía constantemente, como una actitud de lealtad, era que no debíamos confesarnos fuera de allí: «La ropa sucia en casa se lava», -nos decía. Y yo me sentía deseperado. Bien es verdad que no hice nada de proselitismo. Si yo quiero marcharme, pensaba para mis adentros, ¿cómo voy a decirle a nadie que entre? Una sola vez lo hice y me duele. Un día que fuimos a Valencia Álvaro Portillo y yo, me dijeron que les echara una mano con un chico que andaba casi convencido para entrar. Aunque yo no estaba por la labor, le hablé y él dijo que sí. Luego me sentí mal por haberle coaccionado. Se trataba de Federico Suárez, el que es ahora capellán de la Casa Real. Me gustaría poderle pedir perdón por haberme prestado a aquello.

Permanecí en el Opus durante muchos años. El ambiente interno era agradable, la gente se ayudaba y se encontraba uno muy cómodo. Todos teníamos una formación cultural parecida y de buena educación.

Sin embargo, los actos de piedad eran excesivos. A mí me agobiaban porque tenían que hacerse continuamente: el ofrecimiento de obras, media hora de oración, la Misa y la Comunión, el Angelus, tres partes de rosario, etc. y cuando terminabas el día y hacías el recuento de obras te habías saltado varias de ellas. Pero nunca te preguntabas: ¿qué he hecho yo por mi prójimo?

En vez de pensar que no había hecho nada por el prójimo, pensaba en que me había olvidado la lectura espiritual o el examen o no se qué oración. Todo eso me hacía sufrir porque yo era muy escrupuloso.

En seguida de terminar la carrera empecé a trabajar. Esto sí que me gustaba y absorbía mucha parte de mi tiempo. Nunca tuve ningún cargo interno en la casa ni quise tenerlo.

En cuanto a lo del sacerdocio era una cosa muy dura. El Sr. Escrivá llegaba y decía:

-Tú cura y tú no.

Conozco a algunas personas que quisieron ser sacerdotes y él no lo permitió. Vincente Rodíguez Casado, catedrático de Historia al que se conoció después por su cargo de Director General, tenía vocación de sacerdote y no lo fue. Tampoco el ingeniero de Caminos Fernando Valenciano, que tenía una gran vocación, pudo serlo. En cuanto a mí, el Padre conocía mi postura claramente negativa y me prometió, como una excepción, que no me haría ser cura.

-Te prometo que no serás sacerdote, me aseguró.

Yo me quedé más tranquilo. Pero aún así cuando se planteó el problema de los primeros sacerdotes (Álvaro Portillo, José Luis Muzquiz, José María Hernández Garnica, Ricardo Fernández Vallespín) yo estaba muy violento y temí que me lo propusiera.

En el Proceso de Beatificación del Sr. Escrivá, varios sacerdotes del Opus Dei me han descalificado, diciendo que mi conducta era contradictoria, propia de mi inestabilidad emocional con temperamento desequilibrado con ideas obsesivas y manía persecutoria. No entiendo por qué, entonces, el Sr. Escrivá me escribía cartas de cuatro hojas nombrándome socio elector, categoría que él daba a muy pocos. En esa carta, escrita a mano por él, después de elogiar mi labor dentro de la Obra, me obligaba a ser uno de los que votara para elegir al siguiente Presidente del Opus Dei cuando él muriera.

Por supuesto, cuando yo salí del Opus Dei, el propio Padre le mandó a Antonio Pérez para que yo le devolviera aquella carta, cosa que yo hice en el acto.

También recuerdo que un día me llamó y me explicó que aunque no fuera sacerdote deseaba que yo formara parte de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

-Quiero que pertenezcas, como excepción, a esta Sociedad, me dijo.

Como yo lo que pretendía era marcharme de allí y no atarme más, le contesté:

-¿Puedo decir que no?

-Sí, me dijo él.

-Pues entonces digo que no, le respondí.

Aquella tarde, Álvaro Portillo me comentó que el Padre le había dicho que yo le había dado un gran disgusto.

Desgraciadamente yo desempeñé un papel en la Obra a través de lo que menos me interesaba: el dinero. Se me ha achacado que yo trabajé mucho porque el Opus me proporcionó el trabajo. Eso no es verdad. En aquella época había trabajo de sobra. Salimos diez arquitectos de la Escuela e inmediatamente a mí me ofrecieron varios puestos. El Director General, D. Pedro Muguruza me propuso que me fuera a su despacho y luego, su hermano José María, también lo intentó.

Por aquellos años había muchas construcciones por hacer y además éstas producían mucho dinero. En mi caso concreto yo le daba todo lo que ganaba a la Obra y era el que ingresaba más, pues los otros tres o cuatro que estaban conmigo tenían sueldos de catedráticos que no eran cantidades importantes. Mis honorarios sí que lo eran. También el dichoso dinero fue lo que hizo que vinieran a buscarme, precisamente, a Daimiel. Yo suponía que habían ido a salvarme la vida y luego comprendí que mi padre tenía el dinero para pagar el paso a la zona Nacional por el Pirineo.

Durante los años que estuve en el Opus, yo arrastraba un malestar latente, interior, que hacía que gritara con frecuencia. A veces me indignaba con el Sr. Escrivá y luego iba a pedirle perdón. Él me contestaba quitándole importancia al asunto.

-Pero si no me has dicho nada, me replicaba, no te preocupes.

Yo creía que él y todos los demás me tenían un gran cariño y por eso me dolía coger la puerta y marcharme. Yo les quería de verdad y los sigo queriendo, aunque no he encontrado esa reciprocidad en ellos. Pues para el que se va de allí, la norma es que no existe ya, se ha muerto, o como si fuera un enemigo al que hay que perseguir.

Ahora, he creído en conciencia que tenía la obligación de dar un testimonio y por eso lo doy. Lo paso muy mal escribiendo todo esto. Pero creo que tengo la obligación de hacerlo.

Cuando me planté y dije que me iba de la Obra yo estaba en Madrid, y el Sr. Escrivá en Roma. Antonio Pérez me dijo:

-He hablado con el Padre y me ha dicho que te marches, pero que él quiere hablar contigo antes de que lo hagas.

Cogí el primer avión para Roma y me presenté allí. En el aeropuerto me estaban esperando y como eran las once de la noche me dijeron que me acostara, que durmiera tranquilamente y que al día siguiente oiría la misa del Padre y él hablaría conmigo.

Lo hicimos así, le expliqué que yo no podía continuar. No era nada nuevo para él, se lo había dicho muchas veces. Él me dijo que hablara con Álvaro.

Lo primero que hizo Álvaro, fue comentarme que estaba indignado por la actitud incorrecta que había tenido Pepe Montañés, esa última semana, respecto a un asunto de dinero con mi padre. Yo le contesté que eso que había hecho me había molestado mucho, pero que no tenía nada que ver con mi decisión de salirme. Después, él recordará cuando añadió:

-Miguel, quiero pedirte perdón por las coacciones a que te hemos sometido para que no te fueras, pero has actuado durante todos estos años de forma tan generosa que por eso hemos creído que tenías vocación.

Hice la maleta y cuando me iba Álvaro me dijo:

-El Padre tiene ahora que ir a Viena y me ha dicho que le haría ilusión que lo llevaras tú en el coche.

-Álvaro, le contesté, muchas gracias por el ofrecimiento, pero a donde tengo que irme es a Madrid.

Ellos continuaban actuando con ese vicio que quieren ahora canonizar: La Santa Coacción.

Por fin me vi en la calle. Y respiré. Ese ambiente de secretismo y ese mentir, durante todos los años que estuve en la Obra, siempre me habían agobiado. (Hace unas semanas, yo veía en el programa «La Clave» a esos dos sacerdotes mintiendo). Yo sé que estaban mintiendo y ellos saben que estaban mintiendo. Por eso cuando ¡ya en la calle!, con una maletita, ligero de equipaje, sin un céntimo en el bolsillo, me vi camino de casa de mis padres pensé:

-Bueno, Miguel, aquí hay una cosa clara, primero vas a decir siempre la verdad, que es lo tuyo. Y luego vas a ser bueno en vez de tanta monserga.

Porque, ¿qué es ser bueno? Pues querer a los demás. Nada más.

Desde entonces he procurado documentarme y reeducar mi formación religiosa. O mejor dicho, mi sentir profundo religioso. Y creo que ahora estoy en mejores condiciones que en las que estaba. En el Opus sólo hay piedad. ¿Es mala la piedad? No, si sirve y ayuda a la fe. Sí es mala si se la presenta como solución para todo.

Los conocimientos sobre los que estaba fundada toda la estructura espiritual del Opus Dei se basan en la percepción, no aclarada nunca, del Sr. Escrivá, de que un día y en un lugar determinado, Dios le había dado a conocer la labor que tenía que realizar: la santificación del trabajo ordinario, poner a Jesucristo en la cúspide de las actividades humanas, etc., etc. Esto se lo oí referir al Sr. Escrivá muchas veces. Una de ellas cuando él y yo pasábamos por la acera de delante del convento de los P.P. Paules de la calle de García de Paredes, en donde él había tenido esta experiencia.

Consideraba de la máxima trascendencia sobrenatural el fenómeno, pero no se aclaraba ni tampoco daba ninguna clase de detalles. Yo supongo que esta cuestión tiene que haber sido analizada por especialistas y debería darse a conocer a los fieles sin seguir dejándolo como un misterio, pues es la clave de la fundación del Opus Dei.

Esta actitud del Sr. Escrivá de presentar el supuesto misterio, como sobrenatural, la fomentó él para que se hiciera extensiva a todo lo que él hacía y decía aunque en algunos casos lo que hacía y decía estuviera en contradicción. Y después todo lo que dice y lo que hace el Padre aunque este decir y hacer esté en contradicción, será recibido por sus hijos como palabra de Dios.

Cuando yo le escribí al Cardenal Tarancón, diciéndole que quería declarar en el Proceso que se estaba llevando a cabo le explicaba que no era fácil describir la figura de este señor. Pues era una persona muy compleja porque él jugaba con dos barajas. Es decir que corrientemente jugaba con la baraja con la que jugamos todos al realizar nuestros actos. Pero él tenía además la baraja sobrenatural y de vez en cuando echaba una carta de esta baraja y creaba una visión equivocada.

Por ejemplo yo, que durante los últimos tiempos, viví en la casa de Diego de León, 14 con Álvaro Portillo, Antonio Pérez, Luis Valls, Florentino Pérez Embid y alguno más, recuerdo que el Padre comía y cenaba en el comedor principal con nosotros y no había ninguna fiesta importante en el Opus que él no aguara, ya fuera Nochebuena o cualquier otra. De pronto se enfadaba, no sabíamos por qué, y se metía en su cuarto dejándonos allí tirados. Eso era algo habitual en él. No sabíamos nunca cómo iba a reaccionar ni nos daba ninguna explicación. Supongo que él creía que tenía que hacerlo así por una razón de tipo ascético.

Lo mismo ocurría con las chicas. Él las tenía muy lejanas y les hablaba siempre en plan de padre. Pues bien, de repente echaba una carta de esas y a las pobres las descomponía. Por ejemplo, les obligaba a hacer una tortilla francesa una y otra y otra vez, porque decía que no estaban en su punto.

Alguien se figurará que el Sr. Escrivá tenía un paladar exquisito, pero yo creo que les provocaba para que ellas tuvieran paciencia, como ocurre en esas historias de conventos en donde el superior incordia e incordia para dar más lustre e esta virtud. Por eso querer conocerle a fondo resultaba dificilísimo porque nos enredaba sin saber por qué.

Me acuerdo que un día vino a Madrid un cura de Barcelona, que dirigía a muchos chicos jóvenes. Yo creo que alguna vez se habían escrito los dos. Y el Padre, al saber que venía este señor a conocerle me comentó:

-Ha venido a ver al bicho. Vamos a darle un paseo en coche.

Y desde el primer momento él procuró comportarse de una manera absurda para escandalizarlo. Me dijo que cantara unas canciones de Conchita Piquer que él tarareó, tuvo una conversación intrascendente, nos llevó a cenar a un restaurante de lujo y cuando volvimos y dejamos a aquel pobre cura todo asustado, él se echó a reír viendo el desconcierto que le había producido.

Desde luego, él creía que era un elegido por Dios y que estaba condenado a ser un santo.

Es extraño que con el paso de los años se dejara llevar de una serie de vanidades que siempre le habían parecido mal y que yo le oí reprobarlas.

Curiosamente, había una serie de hechos en su vida más o menos parapsicológicos que él procuraba no comunicar a nadie o a casi nadie. Yo fui testigo de excepción en alguno de ellos.

Durante la guerra, un día, al llegar a Burgos me contaron que un señor importante de allí se había dado cuenta de que el padre de Pedro Casciaro era uno de los jefes socialistas de Albacete y a pesar de ello, éste tenía un buen enchufe en la oficina de reclutamiento del General Orgaz, mientras que su hijo estaba en primera línea en el frente. Había que ir a visitarlo y tranquilizarle para que no hiciese ninguna denuncia. Y como yo iba con mi uniforme de oficial recién estrenado, me pidieron que fuera yo a hablar con su mujer y el Sr. Escrivá iría a verle e este señor y a convencerle para que no denunciara a Pedro. Y cuando yo llegué a ver a aquella señora, ella se puso histérica, dijo que Pedro era un rojo y que lo iba a pagar y nos echó de mala manera.

Cuando nos encontramos de nuevo en el hotel Sabadell con el Padre, yo le conté que me había descompuesto y que lo había hecho muy mal y él nos comentó:

-Pues si os sirve de consuelo yo lo he hecho peor. Este señor se ha puesto como un basilisco y hemos terminado a farolazos.

Después de comer, Pedro Casciaro y Paco Botella se marcharon a su oficina, Albareda se fue también y yo me quedé solo con el Sr. Escrivá. Entonces él, puesto en el mirador de la habitación del hotel, murmuró:

-Mañana morirá el hijo de este señor.

Aquella frase me dejó estupefacto y estuve en silencio. Nos pusimos a escribir y a hacer nuestras cosas hasta que hacia las siete de la tarde él me propuso dar una vuelta:

-Si quieres podemos ir a la catedral a hacer la visita al Santísimo.

Así lo hicimos, y al salir de la catedral, en una esquina donde se pegaban las esquelas, vimos que estaba apuntado el nombre del señor con el que él había estado discutiendo por la mañana. (El Sr. Escrivá había dicho que moriría el hijo y allí ponía que era el padre).

No hagas ningún juicio -me advirtió- vamos a pedir por él.

Después el Sr. Escrivá me explicó sin aclararse muy bien, que él lo que había entendido era: «Mañana entierro» y que por eso, se había figurado que el que estaba en el frente era el que iba a morir.

¿Aquello fue una premonición? No lo sé, premoniciones de esa clase las tiene mucha gente. Pero en su fuero interno el Sr. Escrivá tenía la idea de que era un predestinado.

Recuerdo que me hicieron escribir esta experiencia para la posteridad como si se tratara de algo sobrenatural, y hubiera que demostrar, en un futuro, los poderes del Padre.

En los primeros tiempos el Sr. Escrivá había dicho que se le tuteara; pero más tarde comprobó que sus hijos le perdían un poco el respeto y retrocedió, empezó a ponerse más distante. Cuando yo llegué ya era un hecho el llamarle Padre.

Desde pequeño él había tenido un gran complejo de inferioridad, al ver despreciada a su familia y, por ello, perdió el control. Los títulos, los marquesados, los escudos nobiliarios le pirriaban. Cuando logró trabar amistad con la marquesa de Macmaon, hizo grandes proyectos. Allí aprendió a poner bien una mesa, a que las sirvientas fueran con cofia almidonada y con guantes, a que todo estuviera perfectamente elegante. Realmente, los grandes de España le impactaban.

Lo de solicitar el título de Marqués de Peralta, yo me figuro -porque algún comentario le oí- que fue para poder aspirar a presidir la Orden de Malta que creo que exige, por estatutos, que el presidente (maestre o como se llame) sea aristócrata.

Su apellido era «Escrivá» a secas. A él le escuché alguna vez, que cuando era presentado a algún aristócrata con ocasión de su cargo de Rector del Real Colegio de Santa Isabel, le preguntaban: ¿Escrivá de Romani? y él tenía que decir que no, lo cual producía en el auditorio cierta actitud de desprecio. Así que le añadió lo de Balaguer. Por esa misma razón a Álvaro Portillo le hizo ponerse el «del» para darle más tono aristocrático.

A mí me parece que el Sr. Escrivá se justificaba dentro de él, de estas vanidades y grandezas de las que hacía gala, pensando que tenía que aparecer siempre como una persona importante, porque así se le tendría respeto a su Obra. Por consiguiente él no podía ir a un hotel de mala muerte sino a uno lujoso. No podía llevar gemelos baratos sino de oro. Y siempre que hacía ostentación de algo procuraba jugar con la carta sobrenatural porque, si no, no se hubiera encontrado a gusto. Él tranquilizaba su conciencia asegurando que lo hacía por el bien de la Obra.

Él tenía una visión crítica muy dura y hacía juicios negativos de la gente, incluso de su gente. A mí me molestaban su comentarios nada agradables. La crítica de curas, frailes y monjas era constante. A los Jesuitas no los quería. Él se proclamaba ingenuamente anticlerical.

Y fui a Roma muchas veces con él. Le gustaba ir a la Basílica de San Pedro. Se ponía delante de la estatua de San Pedro y decía:

-Creo en la Iglesia a pesar de los pesares.

Y golpeaba su cabeza contra los pies de la imagen y jugaba con la frase: «Aquí yace un español que vivió diez años en Roma y no perdió la fe».

Poco antes de morirse, Tardini le dijo al Sr. Escrivá que Pío XII había pensado hacerles Cardenales a él y a Montini y que él había rechazado ese honor para no dar lugar a que nombrara a Montini; pues éste era un peligro para la Iglesia, y el Sr. Escrivá estaba muy de acuerdo.

Había mucho de contradictorio en el padre Escrivá. Siempre seleccionaba a las personas: decía que los peces había que pescarlos por la cabeza. Escogía a los más listos y desechaba a los otros. Cuando comprendió que no era fácil apoderarse de la Universidad, lo hizo con el Gobierno.

Del milagroso paso por Andorra, yo puedo contar que fue durísimo, pero no milagroso.

Cuando el Padre estuvo con los suyos, refugiado en la Embajada de Honduras de Madrid, acordaron entre todos los que allí estaban, que él debía pasarse a la otra zona. Y como no había nadie que les pudiera ayudar en la zona nacional, decidieron cruzar el Pirineo con la ayuda de unos guías, a los que había que pagar bastante dinero.

Yo, hacía tres meses que había ingresado en el Opus, estaba escondido en la buhardilla de mi casa de Daimiel. Y primero tuve noticias de Paco Botella. Más tarde se presentó Juan Jiménez Vargas a buscarme. Aquel era un acto heroico que me emocionó, él estaba jugándose la vida por mí. Luego, mucho más tarde, comprendí que le habían mandado a Madrid para que consiguiera el dinero necesario para poder pagar a los guías, y debió de decirle Isidoro Zorzano que yo posiblemente lo podría tener. Por eso, Juan fue a Daimiel. A mí me impresionó su valentía. Mi padre sacó, de donde pudo, creo que treinta y siete mil pesetas, que nosotros llevamos a Barcelona. Desde allí, después de más de un mes sin documentación y un peligro tremendo, pudimos escapar hacia Francia.

El grupo estaba constituido por el Sr. Escirvá, Paco Botella, Pedro Casciaro, José M.ª Albareda, Tomás Alvira, Juan Jiménez Vargas, Manuel Saiz de los Terreros y yo. En total éramos ocho. Pero como éste último y yo nos salimos más tarde de la Obra, los biógrafos nos suprimieron y desde entones se dijo que habían sido seis.

Escrivá no era franquista, cuando le convenía ver a Franco, decía unas amabilidades y cuando le pidieron que le diera unos Ejercicios Espirituales a él y a Dña. Carmen, lo hizo. Y lo hacía bien. En aquellas primeras épocas sabía llegar a la gente. Cuando estaba delante de una mesita en el oratorio, lo hacía bien. Eso no tiene nada que ver con esas grabaciones teatrales que nos han dado después en la televisión y que producen vergüenza. No se cómo pudo cambiar y engreírse tanto.

Era de un exclusivismo tremendo. Por eso ha hecho de la Obra, una secta. La última vez que yo vi a Paco Botella le dije:

-Mira, Paco, sois una mafia.

-Pero Miguel, ¡qué cosas me dices!, me contestó él.

Yo creo que el pobre tenía el dolor de comprender que sí, que en efecto lo era.

Nos dimos un abrazo y se despidió. Al mes siguiente murió. En la esquela del periódico ponía catedrático, pero no sacerdote, me extrañó.

Cuando en el año 1955 salí de la Obra, fue como si me hubieran quitado un peso de encima. ¡Al fin liberado! Pero como el Padre no quería que me fuera, le escribió una carta a mi confesor, Paco Botella, para que él me la leyera, en la que decía: «Siento que Miguel quiera marcharse porque va a sufrir mucho y va a ser un desgraciado»

El camino estaba inexorablemente trazado: Miguel sufriría mucho y sería un desgraciado. Y aunque la realidad de los hechos haya dicho lo contrario, porque a mi, además de casarme un año y medio después de mi salida, y tener una mujer y unos hijos estupendos, (a ella me la presentaron tres meses después de estar ya fuera de la Obra) todo me fue perfectamente y mi trabajo profesional se desenvolvió con gran éxito.

Pero el Sr. Escrivá nunca quiso darse por enterado de mi buena suerte y aunque me escribía cartas muy amables, nunca quiso enterarse de mi matrimonio ni de que existían mis hijos. Porque yo, según sus predicciones no podía ser más que un desgraciado. Y los seguidores de Escrivá, como buenos seguidores, eso sí, hicieron lo posible para que la profecía se cumpliera. Pero a pesar de todo no lo consiguieron. Ni tampoco pudieron borrar mi nombre de entre los vivos.

Todo hombre tiene en esta vida contratiempos y horas de dolor.

Yo los tuve también al morir mi hija de seis años y medio. Esta desgracia sirvió para que el día de su entierro aparecieran por mi casa dos sacerdotes del Opus Dei que, en lugar de rezar algún responso y decirme unas palabras de consuelo, hicieron unos aspavientos extraños y en voz baja me dieron a entender que aquella muerte era un castigo de Dios. De Roma donde estaban entonces el Sr. Escrivá y Álvaro Portillo no me llegó nada; ni una carta ni un recuerdo.

Monseñor Echevarría dice en el Proceso de Beatificación que a mí hay que rechazarme porque me obstino en ver persecución donde no hay más que caridad.

Cuando a lo largo de mi ya larga vida profesional, me fui tropezando con actitudes que no comprendía, siempre al indagar a fondo, me encontraba con algo o alguien que estaba relacionado con el Opus Dei.

Primero, intentaron repescarme y como me negué a ello, se dedicaron a perseguirme. Me han hecho tantas faenas, que puedo parecer que cuento todo esto por venganza, pero yo no tengo ni he tenido ningún resentimiento.

Ante esta molestísima situación, pensé que la correcta posición de un católico era la de decirlo a la Iglesia. Busqué alguna autoridad eclesiástica de Roma a la que yo conociera y a la que pudiera pedir consejo. Y en 1977 me puse en comunicación con el Obispo D. Maximino Romero de Lema, le fui a visitar, y me recibió.

Le conté la situación en la que me hallaba, le entregué una lista con los nombres y las faenas que me habían hecho los señores del Opus Dei. El las estudió con todo detenimiento y me dijo que aquello había que arreglarlo inmediatamente y que la mejor manera de hacerlo era que yo llamara a Álvaro Portillo y que pidiera verle diciéndole que me lo había indicado el Sr. Obispo, al que él conocía mucho; puesto que los dos formaban parte de comisiones de la curia romana. Entonces le telefoneé a Álvaro y se lo dije y él me contestó:

-Por Dios, Miguel, para hablar conmigo no necesitas que te recomiende nadie. ¡Ven ahora mismo!

Aquella misma tarde estuve con él y le expliqué que el Opus Dei me estaba persiguiendo y le di una serie de pruebas y de nombres. Como él necesitaba hablar de este asunto con D. Florencio Sánchez Bella, consiliario entonces de España, le iba a mandar que fuera enseguida a Roma, por lo que me pidió que volviera a la mañana siguiente, y así lo hice. Al otro día, seguimos hablando y al despedirme me dijo:

-Miguel, vete tranquilo, que yo daré orden de que no se te persiga.

¡Y decían que tenía manía persecutoria!

Todas estas cuestiones de persecución o de comportamientos que con cierto eufemismo podríamos llamar «más bien poco cristianos» se hacen no solamente a mi por supuesto, responde a una actitud general en la Prelatura del Opus Dei.

En este momento el que beatifiquen o no al padre Escrivá me parece que no tiene mucha importancia. Estoy dispuesto a aceptar el tristísimo argumento que utilizó Benito Bardinas en «La Clave» al decir que, cada día el santoral nos presenta catorce o más santos desconocidos y que contar con uno más, no parece que sea motivo de tanta preocupación. Pero lo que sí es muy peligroso, a mi manera de ver, es que aparejada a esa beatificación va unida la canonización de dos grandes vicios humanos que son la intransigencia y la coacción que el padre Escrivá canoniza elevándolos a la categoría de la Santa Intransigencia y la Santa Coacción.

Miguel Fisac

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Mentiras Bajo La Piadosa ‘Caridad Cristiana’

Miguel Fisac*

Polémica Beatificación Del Fundador Del Opus Dei

*Miguel Fisac es doctor arquitecto. Permaneció 20 años en el Opus Dei.
EL PAÍS – Sociedad – 20-04-1992

El autor de este artículo, un conocido arquitecto que permaneció 20 años en el Opus Dei, califica de mentiras algunas declaraciones que han hecho sobre su persona directivos del Opus Dei en el proceso de beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer y desvela datos de la personalidad del fundador del Opus.

Al conocer algunos de los escritos sobre el proceso de beatificación del señor Escrivá me he quedado sorprendido ante las mentiras que sobre mi vida y persona pronuncian, con la más piadosa “caridad cristiana”, unos sacerdotes que saben que están mintiendo.Yo pretendería algo más importante que defenderme; pretendería ayudar a descubrir la falta de veracidad de esas declaraciones que han servido de base a unas conclusiones que pueden acarrear una gran responsabilidad a la Iglesia.

Los ataques a mi persona que propagan, ellos saben que son falsos. Algunos miembros del Opus Dei que aún viven lo saben muy bien, y ellos pueden y tienen la obligación de confirmarlo.

Estos testigos son, en primer lugar, Álvaro Portillo.

Yo le tengo afecto a Álvaro. Él ha conocido toda mi trayectoria espiritual, desde antes de la guerra civil española hasta el día que me marché de la Obra. Él recordará muy bien que ese día me dijo: “Miguel, quiero pedirte perdón por las coacciones a que te hemos sometido para que no te fueras, pero has actuado durante todos estos años de forma tan generosa que, por eso, hemos creído que tenías vocación”. Otras personas que me conocen bien son Antonio Fontán, Pedro Casciaro y Antonio Pérez. Éste último ya no pertenece a la Obra.

Los cimientos sobre los que está fundada toda la estructura espiritual del Opus Dei se basan en la percepción, no aclarada nunca, del señor Escrivá, de que un día y en un lugar determinado, Dios le había dado a conocer la labor que tenía que realizar: la santificación del trabajo ordinario, poner a Jesucristo en la cúspide de las actividades humanas, etcétera. Esto se lo oí referir al señor Escrivá muchas veces. Todo lo que dice y lo que hace el Padre, aunque este decir y hacer esté en contradicción, será recibido por sus hijos como palabra de Dios.

Desgracias

Y cuando un infeliz como yo se empeñó en irse de la Obra, como el Padre no quería que me fuera, le escribió una carta a mi confesor, Francisco Botella, para que él me la leyera, en la que decía: “Siento mucho que Miguel quiera marcharse porque va a sufrir mucho y va a ser un desgraciado”.

El camino estaba inexorablemente trazado: Miguel sufriría mucho y sería un desgraciado. Y aunque la realidad de los hechos haya dicho lo contrario, porque a mí, además de casarme un año y medio después de mi salida, y tener una mujer y unos hijos estupendos (a ella me la presentaron tres meses después de estar yo fuera de la Obra), todo me fue perfectamente y mi trabajo profesional se desenvolvió con gran éxito. Pero el señor Escrivá nunca quiso darse por enterado de mi felicidad y, aunque me escribía cartas muy amables, nunca quiso enterarse de mi matrimonio ni de que existían mis hijos. Porque yo, según sus predicciones, no podía ser más que un desgraciado. Y los seguidores de Escrivá, como buenos seguidores, eso sí, hicieron todo lo posible para que la profecía se cumpliera; como luego diré. Pero a pesar de todo no lo consiguieron. Ni tampoco pudieron borrar mi nombre de entre los vivos, como los biógrafos de Escrivá han pretendido hacer.

Todo hombre tiene en esta vida horas de dolor. Yo las tuve también al morir mi hija de seis años y medio. Esta desgracia sirvió para que el día de su entierro aparecieran por mi casa dos sacerdotes del Opus Dei, que, en lugar de rezar algún responso y decirme unas palabras de consuelo, hicieron unos aspavientos extraños y en voz baja me dieron a entender que aquella muerte era un castigo de Dios. De Roma, donde estaban entonces el señor Escrivá y Álvaro Portillo, no me llegó nada; ni una carta ni un recuerdo.

Ciñéndome ya a los escritos que se han dado a conocer. El promotor de justicia del tribunal de Madrid pone de manifiesto, para excluirme del proceso, mi conducta contradictoria, propia de mi inestabilidad emocional y temperamento desequilibrado, con ideas obsesivas y manía persecutoria, etcétera. Un individuo de esta catadura claro que no debe declarar. Pero mucho menos debe de figurar como socio numerario elector: el máximo grado en la categoría de socios del Opus Dei.

Pues bien, yo, Miguel Fisac Serna, ese personaje tarado al que hace referencia el señor promotor de justicia del tribunal de Madrid, recibió un día una carta de cuatro páginas escritas a mano por el señor Escrivá, en la que, después de elogiar mi labor dentro de la Obra, me nombraba socio elector, categoría que tenían muy pocos y que obligaba, una vez conocido el fallecimiento del presidente, a ir a Roma y votar al nuevo presidente vitalicio.

Por supuesto, cuando yo salí del Opus Dei, Antonio Pérez me dijo que el Padre quería que le devolviera la carta, cosa que hice en el acto, como él puede confirmar.

De las alusiones explícitamente dirigidas contra mí que monseñor Echevarría (autoridad muy relevante ahora del Opus Dei) hace en el proceso, hay dos redactadas con una ambigüedad oscura y mal intencionada. Una dice: “Cometía grandes imprudencias”; la otra: “Empezó a dar a entender que había más problemas de costumbres que de cabeza”. ¿Cuáles son esas grandes imprudencias? ¿Cuáles son esos problemas de costumbres?

Yo exijo, si este señor es una persona seria, que diga con toda claridad qué quiere dar a entender con esas ambiguas alusiones que tienden a que se piense en auténticas aberraciones. De no hacerlo así, demostrará que es un vulgar mentiroso y habrá que, pedirle responsabilidades por vía judicial.

Persecución

Monseñor Echevarría dice, por último, “se obstina en ver una persecución donde no ha habido, ni hay, más que caridad”. En mi ya larga vida profesional¡ me fui tropezando con actitudes que no comprendía. Siempre, al indagar a fondo, me encontraba con algo o alguien que estaba relacionado con el Opus Dei.

Ante esa molestísima situación, pensé que la más correcta posición de un católico era la de decirlo a la Iglesia. En 1977 me puse en comunicación con el obispo don Maximino Romero de Lema, y le fui a visitar a Roma. Él me dijo que llamara a Álvaro del Portillo.

Entonces le telefoneé a Álvaro, que me dijo: “Por Dios, Miguel, para hablar conmigo no necesitas a nadie que te recomiende, ven a verme inmediatamente”. Aquella misma tarde estuve con él y le expliqué que el Opus Dei me estaba persiguiendo, y le di una serie de pruebas. Como él necesitaba hablar de este asunto con don Florencio Sánchez Bella, consiliario entonces de España, y le iba a ordenar que fuera inmediatamente a Roma, me pidió que volviera a la mañana siguiente, y así lo hice. Al otro día seguimos hablando y, al despedirme, me dijo: “Miguel, vete tranquilo, que yo daré la orden de que no se te persiga”. O sea, que no era manía persecutoria.

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MIGUEL FISAC, Dr. ARQUITECTO

20 años de estrecha relación con Escrivá

Fuente: Opus Libros que a su vez lo toma de ODAN (Opus DEI AWARENESS NETWORK, Inc.) 2000

Comprensión de los Primeros Años del Opus Dei

RESPUESTAS DE MIGUEL FISAC A LAS PREGUNTAS DEL OPUS DEI AWARENESS NETWORK (ODAN)

1) Cómo encontró al fundador del Opus Dei Monseñor José María Escrivá de Balaguer. Describa su relación a través de los años.

En 1935, las Autoridades de la República Española realizaban una política de franca persecución religiosa. Esta persecución creaba en los creyentes una reacción de exaltación generosa de deseo de mejorar su cristianismo.

Yo tenía veintiún años. Al regreso a Madrid de una Semana Santa llena de conflictos religiosos, de Daimiel, -mi ciudad natal, en La Mancha-, un compañero de estudios de Arquitectura: Pedro Casciaro, me dijo que un confesor le había presentado a un sacerdote. Este sacerdote le había parecido interesante y quería que yo lo conociera.

Me llevó a la Residencia DYA en la calle de Ferraz n0 50. La Residencia DYA era nombrada así, porque los estudiantes que vivían allí estudiaban “Derecho o Arquitectura”. Pero en secreto te decían que significaba “Dios y Audacia”.

Esta Residencia funcionaba como una Residencia normal de Estudiantes. Allí vivían algunos que nunca supieron nada del Opus Dei. Otros que llegaron después de haber ingresado en el Opus Dei, y otros que eran residentes corrientes y después fueron del Opus Dei.

A esta Residencia DYA me llevó Pedro Casciaro y me presentó a don José María Escrivá. Un sacerdote joven y simpático, con el que tuvimos una conversación que me gustó. Él me invitó a que volviera por allí.

No se puede sintetizar fácilmente una relación, que se alargó casi veinte años.

Al principio, me encontré en un ambiente agradable, con estudiantes buenos y simpáticos que me fueron acosando, hasta mi ingreso en el Opus Dei en Febrero de 1936.

Sólo llevaba tres meses allí, cuando regresé a mi tierra y se inició enseguida la Guerra Civil Española.

Durante un año, salvé la vida, escondido en un techo de la casa de mis padres. Un miembro del Opus Dei, Paco Botella, me escribió y le contestó mi hermana para no descubrir que yo estaba allí escondido. Y los dos siguieron carteándose como si se tratara de dos amigas.

Un día de Octubre de 1937, se presentó en mi casa de Daimiel un médico de la Obra: Juan Jiménez Vargas. Venía a recogerme con documentación falsa, y nos marchamos, en el tren y de noche, con el dinero que mi padre pudo reunir.

Después de muchas peripecias y con Casciaro y Botella, que se nos unieron en Valencia, llegamos a Barcelona en donde estaba Mons. Escrivá y otros tres más. Y los ocho, después de un mes en Barcelona y otro mes en los montes del Pirineo, nos pasamos por Andorra a Francia y desde allí por San Sebastián, a la llamada Zona Nacional.

Todos los que estábamos en la edad Militar nos incorporamos al Frente. Mons. Escrivá con José María Albareda, Casciaro y Botella -los dos últimos gracias a las gestiones de Escrivá entraron en una oficina de reclutamiento militar- Todos se hospedaron en el modesto hotel Sabadell, en Burgos, en donde estuvieron durante el resto de la guerra. Yo tenia una gran simpatía por ellos, pero me sentía sin vocación religiosa. Lo pasaba muy mal y quise salirme. La guerra había terminado. Mons. Escrivá nos dio unos Ejercicios Espirituales. Él los aplicó muy bien a mi situación. Así que consentí en continuar; pero para mí fue un continuado martirio. Este malestar era mitigado por el ambiente amigable que había allí y por mi gran entusiasmo y dedicación profesional a la arquitectura. Con mi trabajo ganaba bastante dinero, que entregaba íntegramente al Opus Dei.

No hice proselitismo. Ni quise intervenir en asuntos de dirección y de autoridad internos de la Obra. Pero siempre tuve relación de igualdad con los que mandaban en el Opus Dei y vivía con ellos.

2) Cómo encontró a Alvaro Portillo. Describa su relación con él a través del los años.

En el año 1935, había aproximadamente, veinte -en su gran mayoría estudiantes que vivían en la Residencia o pasaban gran parte del día en ella y que ya tenían vinculación con el Opus Dei-. Además se encontraban allí otros residentes que nada sabían del Opus Dei Entre los primeros estaba el estudiante de Ingeniero de Caminos, Alvaro Portillo. Él era de mi edad y entró en la Obra unos meses antes que yo. Vivía, como yo con su familia. En los primeros días de Julio de 1936, yo asistí por primera vez a un acto colectivo en el que hacían (creo que se llamaba la oblación) el primer compromiso, Alvaro Portillo, José Ramón Herrero Fontana y Enrique Alonso Martínez. (Estos dos últimos salieron después del Opus Dei.)

En aquella época, la dirección de la Residencia, la llevaban con Mons. Escrivá, el arquitecto Ricardo Fernández Vallespín y también, el médico Juan Jiménez Vargas, y Francisco Pons, creo que licenciado en Filosofía y Letras. El con un hermano suyo, salió de la Obra. El señor Escrivá, después, hablaba despectivamente de ellos. Lo que sí recuerdo haber oído contar a Alvaro, es que Francisco Pons fue el que había intervenido en su decisión de entrar en el Opus Dei. Y que le presentó la Obra como la de unos Cruzados con capa y espada. Y yo le oí a Mons. Escrivá decir que para uso muy interno: en determinados rezos se llevarían unas capas blancas con un escudo en rojo en forma de Cruz con los cuatro extremos en punta de flecha. (De estas y otras cosas pueden dar fe, hoy, Pedro Casciaro y Juan Jiménez Vargas).

En el primer año de la guerra Civil Española, todos los miembros de la Obra se dispersaron. Después de muchas vicisitudes y peligros, algunos de ellos fueron acogidos en la Embajada de Honduras. Allí fue donde Escrivá y Portillo vivieron juntos día y noche y, de ahí, salió la indisoluble unión de un tandem que ha permanecido hasta la muerte.

Con la intervención de Juan Jiménez Vargas, que estaba de médico militar en un batallón anarquista de la C.N.T., decidieron que Mons. Escrivá tenía que huir de Madrid y pasarse a la Zona Nacional. Le acompañarían Jiménez Vargas, que desertaría del Ejército Republicano y José María Albareda. Éste último estaba a punto de ingresar en el Opus Dei. También le acompañarían: Tomás Alvira, amigo de éste y que después sería uno de los primeros socios supernumerarios, y Manuel Saiz de Los Terreros ingeniero de caminos, numerario del Opus Dei. Manuel se fue al poco tiempo del Opus Dei.

¿Por qué Alvaro Portillo se quedó en la Embajada? No lo sé. ¿Por qué, sin embargo, a mí, un recién ingresado y sin especial relevancia, vinieron a buscarme? Después, he llegado a suponer, que al conocer el precio elevado que los guías pedían para ayudar a la fuga a través del Pirineo, como se trataba de bastante dinero, y Alvaro no podía aportarlo, me buscaron a mí, porque supusieron que mi padre lo daría: como así fue.

Cuando en nuestra fuga por los bosques del Pirineo, llegamos a la pequeña aldea de Rialp, creímos que ya estábamos salvados. Aquella noche, el señor Escrivá se la pasó llorando. Lo sé muy bien, porque dormimos en un lugar muy frío, que había sido un antiguo horno de pan. Yo compartí con Mons. Escrivá una de las cuatro mantas de que disponíamos. Esto sucedió, a continuación de una dura escena con Jiménez Vargas, durante la cena, en la que Mons. Escrivá dijo que él se volvía a Madrid, porque había traicionado a Portillo, al dejarlo sólo.

Más de un año después, Portillo, con otros dos miembros de la Obra: Alastrue y Rodríguez Casado, se pasaron a la Zona Nacional, por el Frente de Madrid.

Alvaro y yo vivimos los primeros años de posguerra con mis problemas de vocación y todas sus vicisitudes. También yo viví de una forma muy personal y directa, el itinerario de él, primero de laico y después de sacerdote.

En 1955, decidí dejar irrevocablemente el Opus Dei, una Institución en la que cada vez me encontraba más incómodo y cada vez me gustaba menos; porque se desarrollaba por caminos muy distintos de los que yo había supuesto. Sin embargo, yo sentía alejarme de unos amigos a los que quería y sigo queriendo.

Le comuniqué mi decisión a Antonio Pérez, con el que vivía. Él era, entonces, la máxima autoridad del Opus Dei en España: Secretario General y Consiliario de España. Al poco rato de hablarle, me dijo que había telefoneado a Mons. Escrivá a Roma. Y él le había dicho que si quería, que me marchase, pero que me pedía que antes fuera a verle. Cosa que hice cogiendo el primer avión aquella misma tarde. Llegue de noche a Roma. Me fueron a recoger al aeropuerto y me dijeron que Mons. Escrivá les había dicho que me levantara tarde a la mañana siguiente, que él diría la misa y, después de desayunar juntos, hablaría conmigo. Así lo hicimos. Le dije que él sabia que yo no tenía vocación y que no podía seguir más tiempo así. Él, solamente me contestó que hablase con Alvaro. Y lo hice. Como tantas veces habían conseguido disuadirme, ellos pensaron que ésta sería una más. Estuve cambiando impresiones con Alvaro. Ellos sentían que yo me fuera y yo sentía irme.

Después de pasar dos días allí, tratando y hablando con Mons. Escrivá y Alvaro Portillo, les acompañé a los alrededores de Roma. Visitamos a unos estudiantes en Castellgandonfo. Paseamos para que yo me distrajera. Ellos intentaron hacerme cambiar de idea. Pero yo dejé clara mi posición.

Ya en Bruno Buozzi 73, cuando estaba todo decidido, Alvaro me dijo en un aparte:

-“El Padre ha dicho que tiene que hacer un viaje a Viena y le hace mucha ilusión que tú -como lo has hecho otras veces – le lleves en coche”. “- ¡Por Dios, Alvaro! – le contesté – yo, donde tengo que irme es a Madrid.”

Cuento todos estos detalles, de mi salida del Opus Dei para indicar la situación amigable que había por ambas partes. Alvaro Portillo me despidió con estas palabras: -“Quiero, Miguel, pedirte perdón por la coacción a que te hemos sometido, pero tu actuación dentro de la Obra, ha sido tan generosa, que hemos creído que tenias vocación y por eso hemos obrado así”.

Fue, como digo, tan amigable mi salida, que hasta más de dos años después, yo seguí confesándome con Paco Botella, el mismo confesor que tenía dentro del Opus Dei.

Recuerdo que al salir con una maleta, ligera de peso, desde la residencia de Diego de León a la casa de mis padres, yo pensaba: “Ahora, Miguel, vas a decir siempre la verdad y vas a procurar ser buena persona, ¡y nada más!” Este pensamiento resumía la agobiante situación moral en que me encontraba. Con tanto secreto y tanta mentira y también con esa indigestión de normas y rezos que encorsetan la vida de los miembros numerarios del Opus Dei.

Tres meses después de mi salida del Opus Dei en una conferencia en la Escuela de Arquitectura, en un Cursillo de Jardinería, conocí a una chica que nada sabía del Opus Dei con la que un año después me casé.

Mi confesor se ofreció a celebrar la boda, pero mi mujer prefirió que fuera el P. Felix García, agustino, que era confesor suyo.

Pedí a dos socios numerarios del Opus Dei, que aceptaron, ser testigos de la boda. Pero un día antes me dijeron que no podían serlo, porque no era costumbre: una mentira como tantas otras. Tampoco dejaron asistir a la boda a mi hermana Lola, que también era del Opus Dei; Antonio Pérez me mandó un telegrama en el que el Papa nos daba su bendición: Este era un documento corriente que concedía la Santa Sede cuando se solicitaba.

Durante los primeros siete años, Mons. Escrivá me escribió, de su puño y letra, varias cartas cariñosas que yo contesté en el mismo tono; pero en las que él nunca hizo ni la más mínima alusión a mi mujer ni a mis hijos.

Al poco tiempo de mi salida, se intentó, como se ha hecho con otros, que hubiera un acercamiento de colaboración como supernumerario o cooperador, que yo no estaba dispuesto a aceptar;

Al comprobar mi rechazo a ese acercamiento, aunque sí mi amistad sincera con las personas del Opus Dei, se inició, por diferentes miembros de la Obra, una autentica persecución y difamación que me comenzó a ocasionar perjuicios profesionales: con actitudes repentinas y extrañas de clientes que ya me habían encargado trabajos y también de profesionales que tenían alguna clase de vinculación con el Opus Dei.

Sería muy largo explicar la cantidad de detalles, de clara demostración de persecución y desaires que he sufrido con el desprecio hacia mi familia, y que culminó en la actuación de dos sacerdotes de la Obra a la muerte de mi hija de seis años. Ni Mons. Escrivá, ni Alvaro Portillo me dijeron nada. Ni la más mínima palabra de pésame. El mismo día del entierro, Paco Botella y Antonio Pérez, vinieron a mi casa haciendo gestos de horror y dándome a entender con palabras más o menos veladas que era un castigo de Dios por haberme salido del Opus Dei.

Aquella actitud me pareció tan canallesca, que rompí todos los papeles y cartas que se relacionaban con mi estancia en el Opus Dei.

Con la entrada en el Gobierno del General Franco de algunos miembros numerarios y supernumerarios del Opus Dei creció su poder a nivel civil, y noté, en posibles clientes, que por cariño o por miedo hacia el Opus Dei no me encargaban trabajos.

Esta persecución, que continúa hoy en día, llegó hasta tal grado que pensé, siguiendo el consejo evangélico, decírselo a la Iglesia.

Me fui a Roma, en donde un Obispo que yo conocía, tenía un alto cargo en la Curia Vaticana. Le llevé datos y documentos en donde se demostraba la persecución de la que era objeto por personas reí asociadas de alguna manera con el Opus Dei. El prelado leyó detenidamente toda la documentación y me dijo: “Creo que debe llamar a Alvaro Portillo, con el que tengo relación con frecuencia en reuniones de la Curia, para decirle que yo le he dicho que hable con él y yo también le hablaré cuando le vea; pues esta persecución tiene que acabar”. Le llamé por teléfono, se puso Alvaro y le dije: “Don Maximino Romero de Lema, conociendo mi situación me ha recomendado que te llame para pedirte que me recibas”. “¡Por Dios Miguel!, me dijo. Tu no necesitas a nadie para hablar conmigo, ven ahora mismo”. Así lo hice y estuvimos hablando un buen rato. El me prometió que llamaba enseguida al Consiliario de España, que era Florencio Sánchez Bella, y que yo volviera a la mañana siguiente. Unos días después fue a verme y aunque lo vi bastante más frío que la tarde anterior, me dijo: “Vete tranquilo, porque yo daré orden para que no se te persiga”. Unos días después fue a verme en Madrid el Consiliario que había regresado de Roma. Quería darme una justificación. Me dijo que esas persecuciones eran apreciaciones mías y que mi falta de trabajo sería porque a la gente no le gustaba mi arquitectura.

La consecuencia de todo esto ha sido, que han seguido persiguiéndome todo lo que han podido, incluso la persecución ha continuado con mi hijo que también se llama Miguel Fisac.

3) ¿Cómo se formó el Opus Dei?

El conocimiento que tengo hoy de la formación del Opus Dei, en parte, la conozco por habérsela oído contar al propio fundador. Otra parte, he llegado a reconstruirla por noticias conocidas por biografías e investigaciones de periodistas, que encajan con comentarios que yo he oído del propio Mons. Escrivá y también de su madre o de sus hermanos Carmen y Santiago; con los que tuve bastante relación, cuando vivían, en lo que podríamos llamar la casa madre, en la calle de Diego de León 14, en la que yo vivía también con Mons., Escrivá, Alvaro Portillo y algunos más.

Pienso que Mons. Escrivá padecía un trauma infantil, del que hablaba muy poco. De cuando, siendo aún niño, su padre con otro socio, quebró en un negocio de telas que tenían en Barbastro, pueblo natal del fundador y lo echaron violentamente de allí.

Su padre pasó a ser un simple dependiente de comercio en Logroño, en donde él estudió el bachillerato en el Instituto Nacional. Después, fue al Seminario Diocesano de Zaragoza, en donde creo que tenía un tío canónigo. A Mons. Escrivá le he oído decir que su vocación sacerdotal se la debía a su padre. Supongo que porque, debido a la situación económica en que había quedado la familia, no le podían pagar el cursar una carrera universitaria.

Parece que después de ordenado sacerdote y después de una corta estancia en la parroquia de un pueblo de la diócesis, consiguió marcharse a Madrid. Allí hizo un concurso u oposición y fue nombrado Rector del Real Patronato de Santa Isabel.

Según me contó su madre, cuando después de tener un sueldo fijo, llevó a Madrid a su madre y sus otros dos hermanos, tuvo un período de gran exaltación místico-religiosa y se flagelaba con frecuencia y le oían, pues la casa era pequeña y su madre comentaba a sus otros hijos: “se va a matar”.

Esta situación debió de coincidir con la que yo le oí referir que había visitado hospitales de pobres y les cortaba las uñas de los pies. Esta fecha coincide con la idea o la señal que él dijo que había recibió sobre su fundación.

Durante el tiempo en que yo le conocí, no le vi nunca estar con ningún pobre.

Un día, Mons. Escrivá y yo pasábamos por delante de la Iglesia de los P.P. Paules, en la calle de García de Paredes de Madrid. Mons. Escrivá señaló una ventana de la planta segunda o tercera y me comentó: En esa habitación, cuando yo estaba haciendo unos Ejercicios Espirituales, -no sé si dijo: “vi, entendí o comprendí, -toda la estructura de la Obra”. Esto lo repitió otras veces. Pero no lo expresaba con claridad. A nadie, que yo sepa, le aclaró Mons. Escrivá, la característica del fenómeno místico o lo que fuera. Desde luego, él lo consideró como una revelación sobrenatural.

El día anterior a que la República Española se incautara del Monasterio del Real Patronato de Santa Isabel, el Sr. Escrivá me pidió que fuera a la iglesia y sacara unas cuantas fotografías de unos lugares concretos. Sobre todo de la pequeña ventana de la verja de clausura del presbiterio que se abría para que las monjas recibieran la comunión. Y, entonces me contó, sin ser yo todavía de la Obra, que un día en que él daba la comunión a cada una de las monjas, al darle la Sagrada Hostia a cada una de ellas, cuando pensaba mentalmente: “yo te quiero más que ésta”, sintió que el Señor le decía, según el conocido refrán: “Obras son amores y no buenas razones’. Porque él aún no había hecho nada para poner en marcha el O.D. A pesar de haber pasado varios años desde aquel día señalado.

El confesor de Mons. Escrivá, creo que se llamaba P. Sánchez S.J., Yo, que le hice muchas veces de chofer a Mons. Escrivá, le llevé a una casa para visitar a este señor. Y, fue este P. jesuita el que, al conocer esos acontecimientos, le dijo: “Esto es una Obra de Dios”. Nombre que Mons. Escrivá tomó como propio de la Fundación.

Recuerdo que un día que le llevé a ver a este confesor, Monseñor Escrivá al regresar al coche, me comentó: “¡Que barbaridad, estoy azarado de los piropos que me ha dicho mi confesor!”

4) ¿Qué individuo, si hubo alguno, ayudó a Monseñor Escrivá en la formación del Opus Dei?

No conozco a nadie que le ayudara a Mons. Escrivá, de una forma directa, en la Fundación del Opus Dei. Sí en las diferentes etapas de las aprobaciones canónicas: Alvaro Portillo en primer lugar y después algunos juristas numerarios del Opus Dei como Antonio Pérez, Amadeo Fuenmayor y no sé si alguno más.

En los primeros tiempos, le oí decir a Mons. Escrivá, que había habido, unos doce sacerdotes, de los cuales dijo que desde el mismo día que le prometieron obediencia, comenzaron a desobedecerle. Al único que yo conocí de esos sacerdotes en la Residencia DYA, fue a don Lino y lo mataron en Madrid durante la guerra civil.

5) ¿Cuál fue la razón de Escrivá para añadir Balaguer a su apellido?

Yo supongo que ese interés por darle importancia a su apellido, estaba relacionado con el trauma, infantil del que ya he hablado. Se comprobaba fácilmente al vivir junto a Mons. Escrivá, su gran afección hacia la aristocracia: Marqueses, Condes, etc. Y, como algunos de estos personajes, estaban relacionados con algunas monjas del Real Patronato de Santa Isabel y él era el Rector, cuando las religiosas le presentaban a algunos de estos aristócratas y oían que su apellido era Escrivá, enseguida con familiaridad preguntaban: ¿Escrivá de Romaní?, (conocida familia aristocrática) Y al decirles él que no, ellos mostraban un ostensible rechazo que a él le proporcionaba un tremendo malestar. Esto no es una suposición mía, esto se lo he oído contar al propio Escrivá, que decidió, sacar a su apellido, su posible procedencia de “Balaguer”, pueblo catalán. Y le añadió este complemento. Yo presencié la recogida de documentación que se hizo, para presentarla en el Ministerio de Justicia, para su aprobación. Trámites que, en general, no presentaban dificultad.

6) ¿Cómo reaccionaron los sacerdotes y laicos ante el Opus Dei?

El conocimiento del Opus Dei, tanto de sacerdotes como de laicos, no se hizo de una manera pública, sino individualizada y se exigía una gran discreción al que se le comunicaba. La reacción era estrictamente personal. Positiva o negativa según los casos.

Cuando algunos de sus miembros aparecieron públicamente en política, la reacción fue igualmente muy variada; como sigue siendo. La reacción, en general, dependía de la actitud que tenían los que la recibían. Tanto si eran creyentes como si no lo eran. En cuanto a las gentes de hoy, también depende de la posición avanzada o retrógrada que tenga el creyente.

En los primeros años, en los que el Opus Dei presentaba una actitud avanzada de modernización de la Iglesia, sus adictos éramos los que deseábamos esa renovación. Después del Concilio Vaticano II, el signo se ha cambiado y son los más conservadores los que ven al Opus Dei con simpatía.

7) ¿Cómo entró usted en el Opus Dei?

Después de que Pedro Casciaro me presentara a Mons. Escrivá, como ya he contado, me asignaron un día fijo a la semana, para asistir a una de las reuniones de una hora que Mons. Escrivá daba a unos grupos muy reducidos de estudiantes.

En esas charlas, alrededor de una mesa, Mons. Escrivá leía y comentaba el evangelio de la semana. También iba introduciendo suavemente el cumplimiento de algunos normas que obligatoriamente se hacen en el Opus Dei: Ofrecimiento de obras, oración, sacramentos y examen. A continuación se hablaba un rato como en una tertulia. En ningún caso se hacia referencia al Opus Dei. El conocimiento del Opus Dei se hacía directa y personalmente, con un gran secreto. Pero diciendo que no era secreto, sino simplemente discreción. Puesto que tampoco íbamos a contar nuestras intimidades familiares a cualquier persona.

Sin llamar la atención, sino más bien diciéndonos que era para tener un mejor conocimiento de cada uno de nosotros, se nos hacía una media filiación: nombre y apellidos, padres, estudio o profesión y también aficiones y deportes. Recuerdo que entre mis aficiones yo puse la música y que me gustaba pintar, y entre los deportes, el esquí.

A los pocos días de haber rellenado esa hoja, al llegar una tarde, Mons. Escrivá y alguno más me presentaron un bastidor muy grande de alrededor de 1 ’50 X 2 metros, con un enorme lienzo en blanco y me pidieron que les hiciera un cuadro para el comedor.

Fui al zoológico a tomar unos apuntes y comencé a pintar unos ciervos muy grandes en un bosque con mucho verde y azul. Como se tardaba bastante en rellenarlo, tuve que ir muchas tardes. Mons. Escrivá se sentaba a mi lado y hablábamos de muchas cosas mientras yo pintaba.

En una de las primeras sesiones me contó, como muestra de confianza, su planteamiento del Opus Dei: me explicó que no me lo decía para nada personal, pero que le pidiera al arcángel San Gabriel que, como a Tobias, me dirigiera hacia una chica guapa y rica para casarme. “O… por si el Señor me pedía más”. Esta era un frase que él repetía siempre en casos análogos.

A mí me entró una gran preocupación. Pero él me dijo que no me preocupase y que, como yo padecía escrúpulos de conciencia, él me ayudaría a desterrarlos, y que estuviera tranquilo.

Pedro Casciaro y Francisco Botella estudiaban arquitectura como yo y vivían en la Residencia. Habían entrado en la Obra y comenzaron con un acoso tremendo hacia mí, para que yo también entrara. Yo les respondía que yo me dirigía con Mons. Escrivá. Estaba tranquilo y nada dispuesto a entrar.

Yo vivía con mi hermano, militar bastante mayor que yo, en un apartamento con dos sirvientas mayores que mi madre nos había mandado de nuestra tierra.

A mi hermano, que jugaba con frecuencia a la Lotería Nacional, le tocó el primer premio, 100.000 pesetas. En aquel tiempo, esta cantidad era muy importante.

Unos días después, Casciaro me llamó por teléfono para decirme que Mons. Escrivá quería hablarme. Fui temiendo que me pidiera dinero, pues la economía de la Residencia estaba muy quebrantada y cuando llegué, nada más entrar, en el despacho, Mons. Escrivá me dijó: “creo que tienes vocación”. Respiré al comprobar que no quería el dinero de mi hermano. Pero no tuve valor para negarme, aunque estaba muy lejos de sentir el más mínimo entusiasmo. Desde entonces sentí una pesadilla que no sabía como quitarme de encima.

Así es cómo yo ingresé en el Opus Dei. No tengo noticias de que nadie lo hiciera de esa manera.

8 ) ¿Cuáles eran sus responsabilidades y deberes como miembro del Opus Dei? Si cambiaron a lo largo del tiempo. Describa los cambios.

Cuando se entraba en el Opus Dei se hacía un triduo. Se escribía una carta autógrafa pidiendo la admisión. Lo primero que decía Mons. Escrivá era: “La razón más sobrenatural para cumplir las obligaciones es “porque a cada uno le da la gana”. No se trataba de un mandato. Lo más fuerte que podían decirte era que si hacías el favor de hacer esto. O sea, toda la obediencia, “teóricamente” descansaba en la voluntariedad. Era una cosa bonita de expresar. Pero en realidad, tenía una enorme carga de coacción.

Teóricamente si se quería, se vivía en una casa del Opus Dei. En realidad algunos que yo he conocido: como Rafael Calvo Serer o Alberto Ullastres, casi nunca vivieron en una casa de la Obra; aunque hacerlo se consideraba de buen espíritu. No sé ahora que ocurrirá. Me parece que debe de ser distinto. Hasta creo que en mi tiempo era también distinto entre los primeros y los que ingresaron más tarde.

Había unas Normas, unos actos de piedad diarios, obligatorios. Para el que de buena fe quería compaginarlas con una intensa labor profesional, era un verdadero martirio casi imposible de cumplir. Un ofrecimiento de Obras, media hora de oración, Misa y Comunión; Angelus, los quince misterios del Rosario, lectura espiritual, otra media hora de Oración. Visita al SS. Sacramento, Preces y Examen de Conciencia. Continua presencia de Dios con jaculatorias, miradas a la Imagen de la Virgen, etc.

Para mí, visto ahora de lejos, podría decir que se había sustituido la Fe por la Piedad. Por la piedad religiosa. No por la piedad a nuestros prójimos que no aparecían por ninguna parte; sobre todo si no pertenecían al Opus Dei. Económicamente se entregaba todo lo que se ganaba. Después, los gastos que tenias que hacer: locomoción, etc. los justificabas detalladamente a final de mes.

Cada semana se tenía una confidencia con el director de la casa en la que debían tratarse de todo lo referente a cuestiones profesionales, de apostolado etc., todo, menos los pecados, que se confesaban semanalmente a un sacerdote de la Obra. También había una reunión de los adscritos a aquella casa; que era presidida por el director laico, con asistencia del cura de la casa como uno más.

Cada mes se hacía un retiro espiritual en un día, generalmente, festivo. Lo dirigía un sacerdote del Opus Dei. Se hacía con mayor o menor intimidad, según las personas que asistieran. A veces hasta gente no perteneciente al Opus Dei.

Cada año, se hacían unos Ejercicios Espirituales de 4 ó 5 días, siguiendo las pautas de San Ignacio de Loyola.

No tengo idea de lo que hace la gente joven, ahora. Ni la tenía tampoco cuando pertenecía a la Obra. Porque voluntariamente procuraba no estar enterado de toda la estructura de la organización. Aunque, si sabía, que esa organización interna, pensada y evolucionada según el pensamiento de Mons. Escrivá y Alvaro Portillo, nada tenía que ver con las disposiciones de tipo administrativo y religioso que para su aprobación, se fueron presentando. Primero Diocesanas y después de la Iglesia Universal. Los numerarios las desconocían.

9) Su estancia en el Opus Dei afectó a su personalidad y a su relación con su familia.

En mi caso concreto, a mi personalidad afectó poco. Porque los superiores me toleraron una actuación personal más independiente de lo que era corriente entre los miembros de la Obra. Ellos, estaban más vinculados a problemas internos, y sobre todo al proselitismo.

Tal vez, mi inclinación natural a la intolerancia y mi mal genio, lejos de corregírseme, pienso que se me fomentó. Hay que tener en cuenta que en la situación interior en que me encontraba, yo tenía inclinación a la ira, vicio que después me ha costado tiempo corregir.

Con mi familia, mi principal hecho relevante fue el no vivir con ellos y no poderles dar, en aquel tiempo por no existir ninguna aprobación canónica, alguna explicación clara del porqué había tomado esa determinación. Aunque toda la peripecia de mi paso a la otra Zona de la Guerra, explicaba algo de la situación. Posteriormente, me han comentado algunos familiares, el alejamiento afectivo que durante aquellos años tuve con ellos.

Cuando terminó la Guerra Civil, Mons. Escrivá quiso ir a mi pueblo a saludar a mis padres y estuvimos allí un par de días. También, naturalmente, conoció a mi hermana Lola. Y tuvo una actitud incorrecta con un sacerdote de allí, porque le pareció que le había tratado con poca deferencia. Al regresar a Madrid, me comentó un pensamiento suyo que a mí me produjo extrañeza: Que si a mis padres les parecería bien que los restos de su padre, se trasladaran a nuestro panteón familiar en Daimiel. Pregunta que transmití a mis padres. Ellos extrañados como yo, no tuvieron inconveniente. Pero de esa cuestión no volvió a hablar más. En los numerosos viajes en coche que yo había hecho con él, porque le gustaba mucho viajar en coche y a velocidad, pero sin interesarle demasiado llegar a ninguna parte, ni contemplar un bello paisaje, así como tampoco oír una buena música; sino canturrear canciones frívolas. En uno de esos viajes a Logroño, quiso que fuéramos al Cementerio en donde, en una tumba muy sencilla, estaba enterrado su padre.

Al poco tiempo de aquella visita a Daimiel, le escribió una carta a mi hermana proponiéndole que entrara en el Opus Dei. Ella fue la primera mujer que entró en el Opus Dei en este intento de comienzo de la Sección femenina que anteriormente había fracasado; creo que dos veces. Esta operación podría llamarse “de hermanas” de los que ya estábamos allí. Ingresaron unas cuatro o cinco hermanas de numerarios: de Jiménez Vargas, Rodríguez Casado, de Paco Botella etc. Pero sólo creo que quedó al final Lola.

10) ¿Cuánto tiempo fue miembro del Opus Dei y cuáles fueron las razones que le llevaron a abandonarlo?

El día que me llamó Mons. Escrivá, fue el 27 de febrero de 1936. Y el día que salí, el 27 de septiembre de 1955.

Las razones, más que de abandonar, podría decirse, las razones de haber seguido tanto tiempo queriendo desde el primer día, no haber entrado.

Es evidente que yo actué siempre -comenzando por mi entrada en el Opus Dei, de una forma coactiva, inadmisible. También es verdad que mi entusiasmo y mi deseo de colaboración dieron pie a que me coaccionaran. A Mons. Escrivá le dije las mayores impertinencias que nadie en el Opus Dei le había dicho. Pero todas ellas se referían a Arte y Arquitectura, sobre todo religiosa. Nuestra discrepancia fue tan grande que, durante las obras de la casa central en Roma, Mons. Escrivá me prohibió que me acercara por allí. Ni siquiera pude hacerlo por razones profesionales independientes del Opus Dei.

Tengo que aceptar, que esas discrepancias, de concepto y, no solo artístico, sino también cultural, influyeron en mi lento alejamiento de los planteamientos, podríamos llamar teológicos y sobre todo de índole sobrenatural del Opus Dei.

Conforme el Opus Dei crecía en extensión y poder, a mí se me iba deshaciendo como fenómeno sobrenatural.

Al final, la Obra, creció como se esperaba, ya que siempre tuvo vocación universal. Desde los días en que la Obra era más pobre y sencilla, creímos firmemente que llegaría a ser muy importante civil y religiosamente. Pero aquello, terminó por ser una máquina para engendrar poder. Yo no veía que podía llegar a ser el medio cristiano de salvación del mundo.

11) ¿Tiene usted conocimiento del proceso de beatificación de Mon. señor Escrivá?

Cuando comenzó el Proceso de Beatificación de Mons. Escrivá, se comenzó también la publicación de un Boletín, que daba cuenta de las vicisitudes de dicho Proceso.

A mí me mandaron siempre ese Boletín y por él estaba enterado de todo. Entonces pude darme cuenta, de que la persona que presentaban en este Proceso, no respondía, en absoluto, a la realidad del Mons. Escrivá al que yo había tratado con intimidad. Y me creia en la obligación moral de intentar declarar en ese Proceso.

12) ¿Pudo testificar en el Proceso de Beatificación ante el Tribunal de la Causa de los Santos?

El lugar en cuya diócesis se iniciaba el Proceso de Beatificación de Mons. Escrivá era el Arzobispado de Madrid-Alcalá. Lo regia el Cardenal Tarancón, con el que yo tenía alguna relación. Y aproveché para decirle que, yo había conocido muy de cerca a Mons. Escrivá, y creía en conciencia que debía declarar. Él me dijo que le parecía muy bien y que le hablaría al secretario del Tribunal, para que me incluyese en la lista.

A los pocos días, me dijo que yo no declararía. Pero que le escribiera a él una carta larga. Así lo hice. Le mande una carta diciéndole que hiciera el uso que le pareciera conveniente. Al cabo de unos días, él me contestó otra carta diciéndome que había recibido la mía y que me la agradecía en nombre de la Iglesia y en el suyo propio.

13) ¿Cuál fue la actitud del entonces cardenal de Toledo (Tarancón) en relación a su testimonio en el Proceso de Beatificación?

El Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, este es su nombre y apellido completo, no ha sido Cardenal de Toledo, sino Cardenal Arzobispo de Madrid-Alcalá. Su comportamiento en lo referente a mi frustrada declaración y después de conocer los detalles de su actuación, me parece muy mal.

El tribunal del Proceso, con una evidente falta de imparcialidad, quería eliminarme; porque sabía que mis apreciaciones iban a ser totalmente objetivas y de primera mano. Porque yo no me iba a parar a juzgar si lo que decía favorecía o entorpecía la causa. Yo iba a actuar como lógicamente ha de actuar un cristiano. Yo no tenía otro fin, que el de dejar tranquila mi conciencia.

Unos días después de haberse opuesto el tribunal del Proceso a aceptar mi declaración, me llamó un antiguo miembro, del Opus Dei, Alberto Moncada, profesor de Sociología que había publicado varios libros críticos sobre el Opus Dei y me dijo: “Me han requerido para que declare en el tribunal del Proceso para la Beatificación de Mons. Escrivá. ¿Entiendes tu eso?”

Yo le contesté: “Lo entiendo perfectamente. Tú has conocido muy de lejos a Mons. Escrivá. Tus opiniones, posiblemente, serán muy negativas – cuanto más negativas, más les gustará. Como consecuencia de tú salida del Opus Dei, tú te retiraste de la Iglesia. Sólo servirán para presentarte como un declarante hostil. Estos Señores tendrán una muestra muy lucida para contrastar con las abundantísimas declaraciones laudatorias que quieren presentar.”

Pocos días antes del acto de la Beatificación celebrado por Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro, hubo en la prensa española bastante agitación. Se desencadenaron bastantes opiniones encontradas. Y en un prestigioso programa de televisión, titulado “La Clave”, se quiso tratar el tema de la Beatificación de Escrivá y me llamaron para que interviniese. Les contesté que en conciencia debía de aceptar, aún cuando, no me apetecía nada decir lo que tenía que decir.

El programa se desarrolló durante más de dos horas. Intervinieron en él, el vicepostulador de la Causa y el Decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (sacerdotes del Opus Dei) y un periodista socio numerario del Opus Dei. También estuvieron dos periodistas independientes. Uno de ellos había escrito una biografía crítica de Mons. Escrivá. Un sobrino de éste, el sociólogo Alberto Moncada, y yo.

El programa tuvo una repercusión enorme, del cual se hizo eco la prensa. Yo pasé allí un largo rato muy amargo. Pero todos los televidentes quedaron convencidos de mi honestidad. De esto he tenido, y sigo teniendo, testimonios de creyentes y no creyentes. El que decía la verdad, con conocimiento de causa, era yo. Y digo esto sin la más mínima satisfacción y con mucha tristeza: Con la misma situación anímica que respondo a estas preguntas que ustedes me han mandado y que, como en aquella ocasión, preferiría no tenerlas que contestar. Pero estoy convencido de que tengo la obligación moral de hacerlo; para bien de la Iglesia.

Después de este programa de la televisión, el periódico “EL País” consiguió algunas páginas del Proceso secreto de Beatificación que se guardaban en el Vaticano. En ellas se explicaban las razones que había tenido el Tribunal para eliminarme como testigo.

Copio al pie de la letra el testimonio secreto del Proceso.

Texto nº 2, Mons. Javier Echevarría.

Según informaba el que fue Promotor de Justicia, el Cardenal Tarancón le dijo que, el señor Fisac, a la vez que presentó su carta, manifestó al Cardenal Tarancón serias dudas de presentarse a declarar, poniendo de manifiesto su conducta contradictoria, propia de su inestabilidad emocional y temperamental.

Esto no es cierto. Mienten el Cardenal Tarancón o Mons. Echeverría. Yo dije que sentía tener que declarar. Pero que, en conciencia, tenía que declarar, dada la cantidad de falsedades que contenía el Proceso.

“Tampoco le llamamos, porque nos consta que se trata de una persona psíquicamente desequilibrada: escrúpulos patológicos con manifestaciones de carácter obsesivo, situación de ansiedad permanente y manía persecutoria-como el propio interesado reconoce en alguna entrevista a la prensa-, que no ofrece garantías de dar un testimonio objetivo”.

De entre las falsedades que contienen estas apreciaciones de Mons. Echeverría, la única verdad es la situación de ansiedad permanente que yo tuve durante los diecinueve años y ocho meses por querer salir de allí sin conseguirlo. Tampoco pude consultarlo con algún sacerdote de fuera de la Obra, porque nos decían que no lo hiciéramos: “La ropa sucia se lavaba en casa” y hubiera sido una falta de lealtad por mi parte.

Y en cuanto a la persecución de la que fui objeto, después de casarme, no era manía; como se lo demostré documentalmente en Roma al Obispo Romero de Lema y a Alvaro Portillo.

En cuanto a mi supuesta inestabilidad emocional y temperamental así como cuando dice que soy una persona psíquicamente desequilibrada. Eso lo dice una persona con la que no recuerdo haber hablado nunca. A no ser que fuera alguno de esos jóvenes que vi en grupo y a los que nunca traté ni supe como se llamaban.

Copio otros párrafos del proceso:

Texto nº 2, Mons. Javier Echevarría. 2343 (p. 765)

“Recuerdo otro caso, esta vez se trata de un arquitecto español. Pidió la dimisión en el Opus Dei antes de la guerra civil española, y –mientras se dejó ayudar espiritualmente- fue desempeñando una labor eficaz. Pasado el tiempo y engañado por unos éxitos relativos en su profesión, pretendió desasirse de lo que comenzaron a parecerle exigencias duras. Era hombre bueno, pero complicado de cabeza. Se dejó dominar por una soberbia vana y cometía grandes imprudencias”.

1. Yo no pedí la admisión en el Opus Dei. Se me llamó y se me coaccionó para que entrara.

2. ¿Por qué dice Mons. Echeverría que fui desempeñando una labor eficaz? ¿Por qué ganaba dinero?

3. ¿A qué le llama Mons. Echeverría unos éxitos relativos? ¿A que me concedieran la medalla de Oro en la Exposición de Arquitectura religiosa en Viena (1954), primera condecoración internacional que se daba en España después de la guerra y apareciera en los diccionarios y las revistas profesionales de todo el mundo?

4. ¿Cuáles eran esas exigencias duras? Yo podía hacer lo que quisiera, dar la vuelta al mundo, sólo como lo hice, ir a donde quisiera y cuando quisiera; claro que todo, eso lo hice por razones profesionales. Las exigencias me las imponía yo.

5. No recuerdo que nadie me dijera que cometía graves imprudencias. ¿En qué consistían esas imprudencias? Quiero hacer memoria: Una de las veces que fui a Roma, y paseando por los alrededores de casa con Mons. Escrivá y Alvaro Portillo me dijeron, muy indignados, que no estaban contentos con los que mandaban en Madrid, concretamente con Pedro Casciaro. Me pareció que intentaban depositar en mí una mayor confianza en temas internos del Opus Dei. Cuando volví de Madrid creí que como amigo leal debía de darle a entender a Pedro, estas disposiciones de Mons. Escrivá y de Alvaro Portillo. Y eso les molestó. Pensaron que yo no era persona de la que se podían fiar para guardar secretos de esa índole, cosa que me alegró mucho.

2344. – (p. 766) El Siervo de Dios le llamó en varias ocasiones a Roma, para hacerle comprender que su camino era claro y que debía decidirse a dejarse ayudar. Fue entonces cuando empezó a dar a entender que había más problemas de costumbres que de cabeza. Se le ayudó a superar ese bache, pero no quiso aceptar más auxilio. He presenciado las largas horas de atención que le dedicó al Siervo de Dios cuando comenzaron sus crisis de vocación. Se mostraba siempre muy agradecido, pero se iba cerrando a toda ayuda.

Efectivamente, Mons. Escrivá me llamó en varias ocasiones a Roma. Pero en ningún caso para tratar de mis problemas espirituales. Me llamó para que estudiara problemas profesionales en la Casa Central de Roma.

No comprendo eso de que mis problemas eran de costumbres más que de cabeza. ¿Cuáles eran esas costumbres? Este Monseñor se ha inventado una mentira, dando a entender veladamente algo sucio: eso es calumniar.

En cuanto a que me mostré siempre agradecido, es cierto. Como toda persona bien nacida soy agradecido a las muestras de cariño que todos tenían conmigo.

Me iba cerrando a toda ayuda porque lo que quería era irme. Y quería irme, porque hubiera perdido la fe. Sino porque quería irme de aquella Organización que cada vez me gustaba menos como Institución limpia y cristiana.

Mons. Echeverría dice que presenció las largas horas de atención que me dedicó el siervo de Dios. No sé desde donde presenció él todo lo que dice que vio sin verle yo. Sin embargo no explica como pudo ser que a una persona tan “psíquicamente desequilibrada”, Mons. Escrivá le nombró Socio Elector (el mayor rango jerárquico entre los socios numerarios de aquel tiempo)

También quiso hacerme el único Socio Seglar de la Sociedad de la Santa Cruz. El me había prometido, para tranquilizarme, que no me ordenaría sacerdote y deseaba que en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz hubiera algún socio que no fuera sacerdote.

Yo he conocido muy directamente, de entre los miembros del Opus Dei que convivían conmigo, la designación caprichosa ejercida por Mons. Escrivá de cuáles habrían de ordenarse sacerdotes y cuáles no. En una actitud como de juego y de negación de la libertad más elemental. De cómo algunos que tenían verdadero deseo de ser sacerdotes, como Fernando Valenciano y Vicente Rodríguez Casado no fueron nunca designados, y otros muchos, que al decirles que se iban a ordenar, les creaba una fuerte turbación espiritual. Muchos de ellos, fueron arrastrando esa turbación hasta que se salieron del Opus Dei y consiguieron pasar al estado laical.

Un domingo que estaba yo almorzando en la casa de mis padres, me llamó Alvaro Portillo urgentemente. Me dijo que Mons. Escrivá quería hablar conmigo. Regresé a la casa central de Diego de León rápidamente. Se iba a aprobar en la Curia Romana, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Mons. Escrivá me dijo que quería que hubiera algún socio seglar permanente en ella y que quería nombrarme a mí. Entonces yo le pregunté si podía decir que no. Él contestó que sí que yo podía decir que no. Entonces yo dije: “¡Pues no!” y me retiré.

Cuando a última hora de la tarde asistimos a la Bendición del Santísimo en la Capilla, como todos los domingos, a la salida, Alvaro Portillo me comentó: “¡Menudo disgusto le has dado al Padre”!

¿Y yo me pregunto: ¿Para qué iba a querer Mons. Escrivá a un desequilibrado en un puesto tan singular? Produce mucha pena que personas como Mons. Echeverría, valiéndose de una Institución religiosa aprobada por el Papa, mienten maliciosa y gravemente, sabiendo que mienten.

Texto nº 2 Mons. Javier Echevarría, 2334 (p.766)

Ante su insistencia, se le concedió la dispensa, porque no quiso avenirse a ningún razonamiento. Pasado el tiempo, entre sus desgracias familiares y sus fracasos profesionales, se han ido enrareciendo más su carácter y sus ideas, no dudando en autodefinirse un hombre de condiciones peculiares.

Una vez resuelta mi salida del Opus Dei y después de volver de Roma para marcharme a la casa de mis padres. La última noche que yo dormía en Diego de León, llegó, a última hora, mi confesor Paco Botella. (Él vivía en otra casa del Opus) Y me dijo: Que había recibido una carta del Padre que no debía enseñarme, pero que me la iba a enseñar. (Esta era una manera de decir las cosas oblicuamente, muy al uso de esta Institución.) En esa carta, Mons. Escrivá le decía, que sentía mucho que yo me marchara, porque lo iba a pasar muy mal y sería un desgraciado.

Y eso que no era una profecía, sino un deseo de Mons. Escrivá, sus hijos y socios del Opus Dei han procurado por todos los medios que se cumpliera.

Sin embargo, gracias a Dios, mi matrimonio no ha podido tener un desarrollo más limpio y más feliz.

Quisieron instrumentar vilmente la muerte de mi hija, causada por una vacuna contra la poliomielitis. Y luego han intentado con todo su potente poder, desprestigiarme y aislarme profesionalmente, pues disponen de un gran poder económico y político.

Texto nº2 Mons. Javier Echevarría, 2344 (p. 766)

Relata como ejemplo, que la víspera de su Primera Comunión, como había entendido que el ayuno le prohibía tomar nada, pasó todo el tiempo escupiendo para no tragar saliva.

Esta anécdota ha sido contada por mí en varias ocasiones. Y no es una demostración de anormalidad, lo único que demuestra es la rígida imposición del ayuno, al que nuestra Santa Madre Iglesia sometía a sus fieles, desde las doce de la noche del día anterior, hasta el día siguiente en el que se iba a comulgar.

Texto nº 2, Mons. Echevarría 2344 (p.766)

Se ha proclamado defensor de divorcio porque –dice- la Iglesia no puede imponer esta obligación a los que no tienen fe; y así –con planteamientos de este tipo- razona ahora.

No soy defensor del divorcio, soy defensor de la libertad de conciencia.

Es muy triste que mientras cuelan estos mosquitos de fariseos, el amor a un prójimo, que no sea’ de la Obra, esté totalmente ausente en el espíritu y en la conducta de los miembros del Opus Dei.

Texto nº 2, Mons. Javier Echevarría 2344 (p. 766).

Puedo asegurar que el Siervo de Dios siempre le ayudó con caridad heroica. Rezó por él y siempre le quiso bien, perdonando las afirmaciones calumniosas que hacía.

Decirle a Mons. Escrivá, directamente, que tenía muy mal gusto. Que no entendía nada de Arquitectura ni de Música ni de Cultura en general: no era ninguna calumnia.

Durante muchos años, la construcción de la Casa Central de Roma fue un asunto de la máxima importancia para Mons. Escrivá. Exigió una movilización general de todos los socios, para conseguir el dinero necesario. Se invirtieron millones y millones en lujos de muy poca calidad artística: pero a la manera Renacentista. Porque todos estos detalles frívolos eran para él de un interés capital.

14) ¿Desea añadir algunos comentarios adicionales?

En todos estos acontecimientos en los que me he encontrado envuelto y dándome cuenta de la responsabilidad que contraigo con mis apreciaciones, procuro que éstas sean lo más objetivas y desapasionadas. He dado un minucioso repaso a lo que he vivido al lado de Mons. Escrivá y las acciones que he presenciado, con expreso deseo de no querer juzgarlas.

– Mons. Escrivá era de una personalidad muy complicada y muy desconcertante.

– Mortificado y mortificador.

– Que emitía juicios durísimos. Que no hablaba bien de nadie, ni de fuera ni de dentro de la Obra, (algunos de sus juicios me repugnaron) no recuerdo haberle oído hablar bien más que de Alvaro Portillo. Con especial sentido crítico de los eclesiásticos, frailes y monjas.

– Se sentía propietario “de su invento”: de la espiritualidad del Opus Dei, -hasta el extremo de sentir resquemor por la buena acogida que tuvo un libro de un sacerdote del Opus Dei: Jesús Urteaga, que se titulaba “El valor divino de lo humano” y que rara era la página que no citaba alguna máxima de Camino.

– Estaba plenamente convencido, que había sido elegido por Dios para reformar profundamente a la Iglesia, desde su cabeza. Se encontraba como abrumado de tantas gracias que inmerecidamente había recibido.

– Aunque esa humildad, que le vi expresar en casos en que se le alababa y él controlaba la situación, no la observé nunca en los casos en que otros, más o menos consciente y explícitamente lo habían humillado.

Cada vez estaba más convencido de lo importante que era: En el transcurso de los años en que yo viví con él, ese engreimiento iba en aumento.

En una ocasión, a algunos de los mayores nos relató que había hablado con algunos jesuitas, que se quejaban de que los primeros que vivieron con San Ignacio de Loyola, no consideraron interesante conservar los objetos, edificios y lugares en los que habían sucedido hechos importantes. Y que nosotros seriamos tontos si hacíamos lo mismo.

En el relato que he explicado anteriormente, de la noche pasada en Rialp, hay un hecho del que yo casi no me apercibí, y que luego le vi contar a Mons. Escrivá de una forma un poco difícil, puesto que quería decirlo, pero quería que pareciera que no lo decía.

Aquella noche. Cuando él estaba con una gran congoja por haber dejado a Alvaro Portillo en los peligros de Madrid. Y ante la imposición violenta de todos nosotros y sobre todo de Juan Jiménez Vargas que le amenazó diciéndole: “Yo le paso a usted a la otra Zona aunque tenga que llevarle a rastras por los pelos”, Mons. Escrivá le pidió a la Virgen la siguiente señal: Que en pleno invierno, a esa altura del Pirineo, creciera una rosa.

A la mañana siguiente, al amanecer, Mons. Escrivá salió de aquel horno y dio una vuelta por los alrededores. Allí había restos de una ermita que habían incendiado los milicianos Republicanos. Y al pasar dentro, se encontró con el retablo de madera destruido, y una rosa de madera dorada. Rosa que él cogió y que yo pude ver, después, en la vitrina que tenía llena de recuerdos en sus habitaciones particulares de la Villa Central de Roma.

Al cabo de bastantes años de haber salido yo del Opus Dei y no haber vuelto a ver al médico y catedrático de Fisiología, Juan Jiménez Vargas, éste me llamó para decirme que quería hablar conmigo. Y llegó a mi Estudio con una colección de fotografías de toda la zona del Pirineo, El horno, la ermita y los diferentes sitios por donde habíamos cruzado.

Me dijo que estaban comprando todos aquellos lugares para conservarlos como reliquias.

La pregunta que él quería hacerme era saber si la escalera fotografiada que había para subir a aquel horno, era la auténtica.

Todo esto demostraba que habían tomado con toda seriedad la idea de conservar aquellos recuerdos. Y Mons. Escrivá en aquella época aún vivía.

En realidad, ¿cuál es la espiritualidad del Opus Dei? Yo diría que entre la denominación clásica de espiritualidad ascética y espiritualidad mística, la que se propugna vivir en el Opus Dei es la ascética. Sometida a rígidas normas de piedad y de penitencia: tiempos marcados de oración, y de cilicio y disciplinas, y dormir un día a la semana en el suelo con un libro por almohada. Esta vida de mortificación está, también, regladamente atenuada por unas comodidades y un lujo, exigidos en las casas donde se vive, en el vestir personal, etc. Unas sirvientas te hacen la cama, te sirven la comida, etc.

La intención de conseguir que cada uno viva con unos servicios y un lucimiento equivalentes a los de las personas de su misma profesión y situación social, se ha transformado en una forma de vivir mucho mejor y más llamativa y ostentosa.

Pero, en su esencia, ¿qué es lo que reporta todo este entramado de espiritualidad? Los frutos. ¿Cuáles son los frutos? Los frutos son los de una gran empresa mundana.

Un día, que no olvidaré porque tengo su amargor en el alma, me fue a ver un compañero que yo había tenido cuando estudiaba el Bachillerato y me contó su situación económica familiar, desesperada, y me pidió que le prestara un dinero. Le dije que volviera a la mañana siguiente. Porque esta decisión yo no la podía tomar por mí mismo. Lo consulté con mi director, y él me prohibió en absoluto, que le diera nada: a él le prohibía consentirlo el espíritu del Opus Dei.

Desde luego, cumplir las normas y dormir en el suelo es molesto: pero no hace buenos a los hombres.

Hay un tema que yo he vivido muy tangencialmente: el de la enseñanza, que es de la máxima importancia hoy en el Opus Dei.

Yo le oí decir muchas veces a Mons. Escrivá, que los fundadores de Órdenes y Congregaciones religiosas habían aparecido para resolver situaciones de gran necesidad social; para cuidar ancianos y niños desamparados, para redimir prostitutas, etc. Pero que sus continuadores, después, habían terminado haciendo grandes negocios, a base de colegios para educar niños ricos. Y estas últimas palabras las recalcaba con gran fruición.

Sin embargo, yo asistí a la creación del colegio Gaztelueta en Bilbao, que dijo que se hacía como excepción, porque se lo había pedido a Mons. Escrivá, la madre de Pedro Ibarra, Marquesa de Mac-Mahón.

Después – ya, estando yo fuera del Opus Dei he comprobado el rumbo diferente que ha tomado el desarrollo de la Obra. Se han organizado colegios y más colegios para niños ricos. Y estaban aún vivos y con plena autoridad, tanto Mons. Escrivá como Alvaro Portillo.

Esto y otras metas esenciales en el primitivo planteamiento del Opus Dei responde a una orientación a la que tanto yo les oí criticar a ellos, cuando se referían a otras instituciones religiosas.

El ver, hoy, de lejos, a una Organización tan poderosa y tan temible, que ha absorbido a tanta gente joven y generosa que llegó a ella con intención de servir a Dios, me produce mucha pena. Y pido a Dios, todos los días, por Mons. Escrivá: por la salvación de su alma.

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Index of Names

Alastrue, Eduardo: Member of Opus Dei, who passed into the National zone through the Madrid front with Alvaro Portillo. p. 5

Albareda, Jose Maria: An Opus Dei member. Pp 2,4 Albas, Carlos: Nephew of Eseriva, Opus Dei’s Founder. p. 21

Alonso, Enrique: Opus Dei member; lefi Opus Dei, later became supernumerary. p. 3

Alvira, Tomas: A friend of Jose Maria Albareda; one of the first supernumerary members of Opus Dei. p. 4

Badeil, Ana Maria: Miguel Fisac’s wife, whom he married in 1 957.iv

Bella, Florencio Sanchez: Was Opus Dei Cornissary in Spain. p. 8

Botella, Francisco: University professor and a nutnerary member of Opus Dei as one of the first priests. p. 14.

Botella, Paco: A member of Opus Dei; sisterjoined Opus Dei but later lefi; Miguel Fisac’s confessor. Pp 2,6,8,17,25

Casado, Vicente Rodriguez: A member of Opus Dei; sister joined Opus Dei but later left; desired to be a priest in Opus Dei but was not chosen. Pp 5,17,25

Casciaro, Pedro: Companion to Miguel Fisac; also a student of architecture; a numerary member of Opus Dei, also one of the first Opus Dei priests. Pp 1,2,4,14,23

 

 

 

 

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La Amnesia Histórica Del Opus Dei

julio 19, 2007

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Iván de ExOpus

El pasado 18 de julio se cumplieron 71 años del comienzo de la terrible Guerra Civil Española que ha marcado intensamente el último periodo de la historia de nuestro país. Con tal motivo el canal de televisión Telemadrid realizó ayer una encuesta en la Puerta del Sol con la pregunta: «¿Qué significado tiene para usted el 18 de julio.

Una gran mayoría, sobre todo jóvenes y emigrantes, no tenían ni idea; del resto los hubo que lo asociaban a «una paga extraordinaria que se implantó en la época de Franco» o a «un día que antes era fiesta»… y tan sólo una pequeña fracción de los encuestados (de edad avanzada) respondieron acertadamente.

En muy pocos años, cuando fallezca esa minoría, cuando los jóvenes de ahora sean desplazados por nuevas generaciones, cuando el número de emigrantes aumente…, NADIE asociará esa fecha con algo tan importante como fue el enfrentamiento fratricida de los españoles durante nada menos que un trienio.

La verdad y los hechos históricos se mantienen frescos en la medida que se los recuerda y se olvida definitivamente lo que no es repetido por los medios de comunicación, tal y como demuestra la encuesta antes tratada.

El Fundador del Opus Dei y sus sucesores conocen muy bien esta ley y aplican normas que la hagan posible. Por ejemplo, la deformación de su propia historia a su favor lleva a que con el paso del tiempo los que ya no fueron protagonistas de ella acepten su falsedad (El Opus Dei Cambia Su Historia, Los Hijos Desobedientes Del Opus Dei y La Novela Histórica «Opus Dei»). Para facilitar este olvido histórico aíslan a los de dentro de los que se van suprimiendo cualquier memoria de éstos últimos (desaparecen sus fotos de las publicaciones internas, no son recordados en sus escritos ni en las tertulias, sus nombres son borrados de los listines telefónicos, el día que se van no les dejan despedirse de los demás del centro, etc.). Cuando te marchas te indican la conveniencia de no relacionarte con los que se han ido con lo que pretenden evitar la unión de los ex. Aplican normas a seguir con los que se fueron que llegan a ser crueles (Los Malditos Según El Opus Dei), etc.

Todo lo anterior es eficaz mientras la difusión de la información sólo es posible por los medios tradicionales (papel impreso y radio-tele difusión) gobernados por empresas que al tener fines económicos pueden ser silenciadas fácilmente con dinero u otro tipo de extorsión; pero ahora la Red permite la democratización de la información que lleva a que cualquiera pueda difundir la verdad facilmente, en tiempo real y a cualquier parte del mundo (Y Entonces Llegó Internet).

Si, como hemos visto, la verdad y los hechos históricos se mantienen frescos en la medida que se los recuerda y que se olvida definitivamente lo que no es repetido por los medios de comunicación, entonces la misión de quienes conocemos las falsedades que sustentan al Opus Dei y el bien social que supone denunciarlas es la de repetir esas realidades incansablemente y de todas las maneras posibles.

Y ésta es una de las razones que mantienen activo este Blog.

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Me Voy del Colegio Mayor Peñafiel y del Opus Dei

mayo 18, 2007

JF.

Actualmente vivo en el Colegio Mayor Peñafiel de Valladolid, no soy del Opus Dei. Fui uno de los primeros estudiantes en ir a vivir allí después de que tuvieran que cerrarlo (2005) como centro de formación de ‘numerarios’.

He leído el artículo La verdad del Colegio Mayor Peñafielen OPUSLIBROS.ORG y quiero decir públicamente que me voy a buscar otro sitio para vivir en Valladolid el curso que viene. Yo había conocido el Opus Dei hace ya tiempo a través de un amigo de mis padres aunque nunca he mantenido contacto estrecho con esta institución hasta que entré en el Colegio Mayor Peñafiel. Precisamente fue mi padre quien hace unos meses me recomendó leer esa web y tener ‘mucho cuidado’.

La primera impresión que uno tiene cuando entra en este sitio es la de haberse metido en un convento inhóspito y frío, pero como la comida es buena y los baños están limpios, todo parece ir bien. Buena sala de estudio, buena piscina, buena cancha de fútbol. Buen ‘ambiente’. El equipamiento material está muy bien, pero el ‘equipamiento humano’ es trágico.

Yo me considero una persona normal y creo que tengo un poco de sentido común, y, tras dos años en este lugar, he llegado a la certeza de que la gente del Opus Dei está loca de remate o enferma, y que son peligrosos, raros, cerrados, retraídos, acomplejados, tristes. Que no piensan, que no son personas, sino autómatas, parecen zombis, clones, robots, marionetas, loros que repiten las mismas cosas y hablan de la misma manera, se mueven igual y visten del mismo modo. No se como explicarlo, son como unas flores de plástico que agradan al principio y luego decepcionan porque son fachada hueca, apariencia, artificio. No tienen nada ‘suyo’, pero no me refiero a que no dispongan de sus cosas y de su tiempo, sino que no tienen personalidad ni carácter, ni sienten, ni padecen, es como si les faltase la chispa de la vida.

Y, con bastante poco sándalo, entusiasmo y gracia, pretenden convencerte de que seas uno de ellos, de lo bonito que es ser como son ellos, de la alegría y el optimismo de su ‘entrega’. Yo no quiero ser como vosotros, no quiero que me roben el alma para meterla en un archivo. No quiero ser una triste caricatura de mi mismo, no quiero ser un robot insensible que repite retahílas aprendidas de memoria pero no sentidas ni vividas, no quiero que me enseñen a ‘desaprender’ de querer a los demás, aunque tengan defectos y discurran de un modo diferente a mi.

Pero, ¿cómo van a ser estos ‘numerarios’ si los han estado moldeando, lavando el cerebro, adoctrinando y programando desde niños? Si a uno le hacen ‘numerario’ con 14 años y sólo conoce el inquieto y suspicaz mundo del Opus Dei acaba siendo así: de hielo y con algún tornillo de menos.

Leyendo EXOPUS y OPUSLIBROS.ORG he constatado mis sospechas sobre lo desalmado que es el Opus Dei, aunque nunca me imaginé que esta institución llegara tan lejos en su fanatismo y fuese tan calculadora con todo, para una persona que no ha estado dentro del Opus Dei es poco menos que increíble imaginar semejante ‘trastienda’ y tanta hipocresía. El escrito La verdad del Colegio Mayor Peñafielme ha tocado muy de cerca, porque conozco a muchas de las personas que se citan en el. Veo que estas personas, en realidad, sufren mucho y no me extraña. Ahora puedo explicarme cosas que no lograba entender. Muestra al Colegio Mayor Peñafiel, y a todo el Opus Dei que está detrás, como una gran mentira que hace daño a las personas y que las utiliza, porque no importa la persona, el individuo debe ser ‘digerido’ por un organismo voraz: LA OBRA. Yo, hasta donde he visto, doy fe de que las cosas funcionan así, aunque sea difícil de creer que se sostenga, no por mucho más tiempo, una cadena tan larga y elaborada de mentiras. ¿Voy a seguir ni un mes más en un antro como este? ¡NO!, PREFIERO TENER QUE DORMIR EN LA CALLE.

No hay claridad, todo son susurros y consultas, y broncas destempladas por tonterías, segundas intenciones y laberintos. No hay amistad, sin amigos una persona está como muerta. ¿Por qué los del Opus Dei no pueden tener amigos de verdad?, ¿es que a LA OBRA le interesa tener ‘cadáveres’ que se pudran en sus casas y centros? Yo quiero tratar con personas de carne y hueso, como soy yo, y por eso me entiendo con ellas. No quiero a un mal actor que se pase el día fingiendo, con una sonrisa falsa grapada a la cara, con ademanes prepotentes, con reacciones desproporcionadas y desequilibradas, que igual te echa una bronca por llevar una camiseta cuando hay una temperatura de 30 grados en Valladolid y, a la semana siguiente, se pone a chillar y a hacer pucheros en la sala de estudio porque alguien le ha descolocado los apuntes.

No quiero, aun indirectamente, prestar mi apoyo a una institución que es perversa, por eso me iré, con mucho gusto, del Colegio Mayor Peñafiel y para mi el Opus Dei será una experiencia felizmente pasada, que me haga tener presente lo malo que es ocuparse fanáticamente en un objetivo pasando por encima y aplastando a las personas. No quiero vuestras charlas ni vuestras lecciones porque me habéis demostrado que conducen a la despersonalización y a un estado de letargo y apatía anímica que espero no volver a ver nunca. No quiero que me adoctrinéis con teorías extrañas que no son para seres humanos sino para individuos grises e infelices que se pasean entre sus contemporáneos despreciando todo lo que no es lo suyo y criticando todo lo que no se ajuste a sus prejuicios programados en laboratorio. No quiero convertirme en algo que da pena, en una piltrafa, en una ruina.

¿Qué puede tener el Opus Dei que haga tanto daño a los que se arriman a el?, sí que es verdad que todo esto suena a ‘secta dañina’. Yo soy católico y no veo nada católico en el comportamiento del Opus Dei que conozco a través de Colegio Mayor Peñafiel. Me revienta tanta mentira y tanta tontería para mantener un mundo, el de LA OBRA, que desaparece.

Me voy de vuestra ‘obra corporativa’ de captación y no me iré solo, porque los que allí vivimos vemos las mismas cosas (las ve cualquiera) y, en esto, tenemos muy claro lo que pensamos. Seguid con vuestra enferma visión del mundo, con vuestra negativa concepción de la vida y vuestra anulación de la persona hasta que no podáis más y me encontréis para ayudaros en lo que pueda.

GRACIAS ‘ALDEBARÁN’

Un sincero abrazo.

JF.

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Artículos De Prensa Sobre El Opus Dei

mayo 1, 2007

Recogidos en OpusPress

Última actualización: 30 de abril de 2007

  1. El vicario del Opus en Sevilla declarará en el juicio de la hacienda Valparaíso. Margot Molina. El País – Sevilla – (17-04-2007).
  2. Una voluntad quebrada. Margot Molina El País – Sevilla – (14-03-2007).
  3. Su lado más oscuro es el proselitismo con los niños. Marcos Moraga Lovera. La Nación (28-2-2007).
  4. Opus Dei o La Llamada Al Cinismo. Bolturina (28-3-2007).
  5. El Opus Dei cuenta su historia con una película que será “anti Código Da Vinci”. Clarin.Com
  6. El Opus Dei sancionado a pagar 60.000 euros por enviar publicidad sin consentimiento del destinatario.
  7. Los dilemas de la Iglesia Católica tras la muerte de Juan Pablo II. Olmedo Beluche.
  8. Los arquitectos rinden un cálido homenaje a Miguel Fisac Rafael Fraguas.
  9. Simancas critica el apoyo de la Comunidad a los colegios religiosos S. H.
  10. En el papel de Escrivá Laura Luchini
  11. Psiquiatras Para Perseverar. Minerva.
  12. ¿El ‘Buen’ Pastor? Nacho Fernández.
  13. La Decadencia Del Opus Dei Bolturina.
  14. ¿Filtros para callar a ex-miembros del Opus Dei?
  15. La Trampa De La Vocación. Editorial de Opus Libros.
  16. El Opus Dei Según La Iglesia. Iván.
  17. Los Shivy Shivy y el Opus Dei. Vicho.
  18. La Fiesta De ‘Monse’. Incitatus.
  19. Acerca del Opus Dei Vicente Torres.
  20. ¿Es justo manipular a un adolescente? Religiondigital, Consultorio Religioso del Padre Pascual Cabrera.
  21. Muere Juan Vilá Reyes, el empresario del Caso Matesa. Libertad Digital (Europa Press) 19/1/2007
  22. Vídeo de ABC News sobre el Opus Dei y el Código da Vinci02/2006
  23. Destruida emocionalmenteTime- Abril 2006
  24. Una mirada al interior del Opus Dei CNN- abril 2006
  25. Opus Dei: poderes y castigosDiario PERFIL- 05/03/2006
  26. El Opus destapa sus secretos El País- 06/03/2006
  27. El Opus Dei desde dentroJohn Allen – El País, 30/04/2006
  28. Educación, clave para adoctrinar a fieles de la Obra7/05/2006 El Universo, Ecuador
  29. Los rigores del Opus Dei7/05/2006 El Universo, Ecuador
  30. ‘El código Da Vinci’, un nuevo huracán que sacudirá a la Iglesia y al Opus Dei Chile- 7/05/2006
  31. Entrevista radiofónica a Soledad y Agustina6/05/2006
  32. El Opus Dei se vale del códigoCapital Financiero, Costa Rica. 7/05/06
  33. El Opus Dei, hoy. Revista Tiempo, España. 08/05/06. Luis Algorri / Pilar Parra.
  34. Falleció Miguel FisacEl Pais- 12/05/2006
  35. El código da Vinci y el Opus DeiAlberto Moncada- 18/05/2006
  36. Con pronóstico de conservadurismo El País del jueves- 18/05/2006
  37. A mi me gustó ‘El Código Da Vinci’ EDGAR MAINHARD- 19/05/2006
  38. Entrevista radiofónica a Agustina López de los Mozos en Radio Euskadi Junio 2006
  39. Los arquitectos rinden a Miguel Fisac un cálido homenaje -El País- 13/06/2006
  40. Los Congresos Iglesia-Estado. Por Alberto Moncada, Julio2006, El Siglo
  41. La politización de la familia -Alberto Moncada- Julio 2006, El País
  42. FIN AL ESPECTÁCULO DEL OPUS DEI EN EL VATICANO -Jaime Escobar M. Director de Iglesia en Crónica Digital, Santiago de Chile, 12/07/2006
  43. Benedicto XVI escoge a un jesuita para sustituir a Navarro-Valls como portavoz. El País, 12/07/2006
  44. Un nuevo escándalo conmueve a Italia -Clarin, La Repubblica-, 21 de julio de 2006
  45. Descifrando el Opus Dei -BBC Mundo- Publicado el 9/09/2005
  46. Revelan que hubo un acuerdo secreto para elegir al actual Papa -Clarín, 18/09/2005
  47. Opus Dei, La Obra de Dios, la parte del diablo – Guillaume Barou y Xavier Monnier. Magazine Mythes & Secrets. Febrero 2005. Colocado en la web el 28/10/2005
  48. Pedido de inhibición a juez en pleito de casa Opus Dei – El Nuevo Día –Puerto Rico- 21 de noviembre de 2006 Por Andrea Martínez
  49. Opus Gay derrota al Opus Dei – Colocado el 3.1.2005
  50. El poder del Opus Dei en la sucesión del Papa -Religión Digital- 13.1.2005
  51. Una sutil seducción del Vaticano – Damian Thompson, en ‘Catholic Herald’. 25/11/2005
  52. Casi un millón de euros para el Opus Dei y los Legionarios de Cristo. Elplural.com 28/11/2005
  53. Con censura eclesiástica -José María Guelbenzu, El País 26/12/2005
  54. Adiós rogando -Ximena Sinay TXT -16-abril 2004
  55. La violencia en la Iglesia -Camilo Maccise, teólogo Carmelita 22-4-04
  56. Las Lomas no cree en el Opus Dei -Proceso.mx 25-4-04
  57. El brazo largo del Opus Dei -Cimacnoticias.com 7-5-04
  58. La pasión de Mel Gibson -Eduardo de la Serna 19-5-2004
  59. Posible maniobra del Opus Dei para acceder a la sede episcopal de Barcelona
  60. La cuarta planta (de la Clínica de Navarra) A. Moncada 8-6-04
  61. Un silencio conveniente -Jaime Bayly -2-8-2004
  62. Perplejidades sobre el Opus Dei. La Jornada Semanal, México, domingo 29 de agosto de 2004. Augusto Isla.
  63. Niños en el Opus Dei -Alberto Moncada 6-9-2004
  64. Sentencia que confirma una sanción a una psicóloga del Opus Dei -21/9/2004
  65. Camino, que no se hace al andar – Concilium- Colocado el 15-10-04
  66. El camino que no seguí -Jaime Bayly 15-10-2004
  67. Esperanza realista -José Luis Vigil, Teólogo- El País, 2-XI.2004
  68. San Josemaría pierde una votación -La Vanguardia-, 26.11.04
  69. Dimite el consejo de redacción de una revista diocesana porque el obispo censuró un artículo crítico con la canonización de Escrivá Agencia EFE, enero 2003
  70. Opus y su santo, El Eduardo Blandón 10-2-2003 Guatemala
  71. Entresijos del Opus Dei Luis Otero Marzo 2003 en Muy Interesante
  72. Parcela pública para colegio del Opus Dei El País 10-4-2003
  73. Vuelve el Papa Francisco Umbral, El Mundo 29-4-2003
  74. Poder de Rouco en la ‘corte’ de Roma, El El País 2-5-2003
  75. Opus Dei logró un ministro de Justicia, El. Argentina 20-5-2003
  76. Pedroche, el Opus Dei y el despido por embarazo. El Mundo, Servimedia y El País. 7-6-2003
  77. Obispo de Solsona desautoriza a un cura por criticar la ‘acelerada’ canonización de Escrivá El Mundo 13-6-2003
  78. Escuela hostelera Dosnon y el Opus Dei 2-7-2003
  79. Monse por Incitatus. El Confidencial, 5-10-2003
  80. Devuelven la libertad de expresión al jesuita que criticó al Opus 16-10-03
  81. Resumen de prensa sobre el Opus Dei -varios- 2002
  82. JOSEMARIA – Joan Estruch 9-1-2002
  83. Una Canonización inoportuna por Juan José Tamayo-Acosta 9-01-2002
  84. Larga pugna por una mayor autonomía -Reyes Mate, El País, 10-01-2002
  85. Vida en el Opus y después del Opus, La El País 13-enero-2002
  86. Opus se crece, El Inmaculada Sánchez, El Siglo 14-1-2002
  87. Opusmadrid – Luis Carandel 21-1-2002
  88. Libertad de expresión prohibida para hablar del Opus Dei 2-2-2002 y en francés
  89. Canonizando a Mons. Escrivá, ¿qué es lo que se canoniza? por María Angustias Moreno marzo-2002
  90. Generalidades sobre el Opus Dei 17-3-2002 Venezuela
  91. Escrivá de Balaguer: Un Santo polémico. Evelyn Seguel A. PrimeraLínea, Viernes 29 de Marzo de 2002.
  92. Lavin y los negocios del Opus Dei El Siglo -Chile- 23-4-2003
  93. Conflictos del fundador del Opus Dei con los Papas Juan XXIII y Pablo VI por Juan G. Bedoya 17-06-2002
  94. Un túnel enloquecedor Gabriela Rodríguez, La Jornada, 10-6-2002
  95. Sobre cierta canonización por JUAN LEÓN HERRERO (Párroco de la Sagrada Familia. Valencia) 18 junio 2002
  96. Limpia estirpe por Joaquín Estefanía, El País 20-7-2002
  97. Abogado del diablo, por BBC Mundo 26-07-2002
  98. Opus Dei y los pobres, El por José Lledó, agosto 2002
  99. Las irregularidades en la canonización de Escrivá de Balaguer. El santo express del Opus. Primera Línea. Jueves 29 de Agosto de 2002
  100. Polémica canonización para la historia de la Iglesia -octubre 2002- Perú
  101. Viajes de placer espiritual Tere González Imaz, octubre 2002
  102. San Josemaría del Opus Dei – octubre 2002
  103. Primer santo franquista, El por Emilio J. Corbière 2-10-2002
  104. Devoción en las catacumbas -El Mundo- 3/10/2002
  105. Conversión del opus: de sociedad secreta a moda por Rubén Amón, Diario El Mundo, 4-10-2002
  106. ¡Por fin santos! Juan G. Bedoya- El País, 5 de octubre de 2002
  107. Altar del Opus, El David Iwasaki 6-10-2002
  108. Lo que hay tras el umbral Diario de Noticias – 6-10-2002
  109. Entronización del fanatismo (PDF)-Cristóbal Guzman – 6-10-2002
  110. Escrivá de Balaguer era un megalómano Reforma 6-10-2002
  111. Irresistible ascensión de Escrivá de Balaguer por Juan José Tamayo-Acosta 7-10-2002
  112. Claustrofobia, mantillas y olor a colonia entre 284 columnas de piedra El Mundo 7-10-2002
  113. Canonización del Padre Jordi Porta Ribalta La Vanguardia, 8-10-2002
  114. Escrivá de Balaguer: “Piensa como Cristo y vive como Dios” 9-10-2002
  115. Un santo controvertido Jeff Israely 10-10-2002
  116. Religión, Escrivá y Opus Dei Gran Valparaiso 11-10-2002
  117. San Escrivá por Fernando Villegas 11-10-2002
  118. Desvaríos de la fe: Escrivá de Balaguer, nuevo santo de la Iglesia Católica
  119. Con San Josemaría se posiciona el Opus Dei 23-10-2002
  120. El Opus sube definitivamente a los altares -Luis Matías López / Santiago Pérez Díaz, El País, Domingo – 06-10-2002.
  121. Opus Dei, ¿obra de Dios o del demonio? El Observador. Noviembre 2002
  122. Santo en un santiamén por Alejandro Gaviria noviembre 2002
  123. Testimonio de una familia francesa sobre el Opus Dei 2-IX-2002
  124. Red del Opus en América Latina, La Gerardo Reyes 11-XI-2002
  125. Sello para santo franquista Rafael Lara 27-11-2002
  126. Opus Dei pagó el sello con la imagen de Escrivá, El 28-XI-2002
  127. Opus Dei llega a la ONU, El ARGENPRESS.INFO 6-12-2002
  128. Canonización de la “santa coacción” 7-12-2002
  129. Santidad, por fin por Maruja Torres 20-12-2002
  130. Simbiosis entre personas e instituciones Costa Rica 30-12-2002
  131. Entrevista al teólogo Juan José Tamayo diciembre 2002
  132. Carta de Escrivá a Franco -Razón Española 2001
  133. Yo formé parte del Opus Dei – 2001
  134. Discurso de Cipriani, El 24-1-2001 Agencia Perú
  135. Historia secreta del Opus Dei en el Perú Román de la Fuente 30-3-01
  136. Sentencia a favor de un profesor y en contra de un colegio del Opus Dei 31-3-2001 Sevilla
  137. Opus Dei en América Latina o el alimento fascista de las dictaduras, El Marcos Roitman, La Jornada, abril 2001
  138. Discutido milagro de Monseñor, El por Ildefonso Olmedo 7-10-2001
  139. Rompiendo el silencio sobre el Opus Dei Tamayo-Acosta 19-8-2001
  140. Milagro, Milagro! por Javier Ortíz 6-12-2001
  141. Opus Dei: la telaraña del poder Sanjuana Martínez 19-12-2001
  142. Canonizaciones Antonio Gala, El Mundo 26-12-2001
  143. Poder del Opus Dei, El Francois Normand, Le Monde Diplomatique, Número12, Septiembre 2001
  144. Líbido textual de “Camino” por Juan Goytisolo 26-02-2000
  145. Los secretos del Opus -Revista 3 Puntos- Argentina. Publicado el 6/04/2000.
  146. Libro crítico sobre el polémico arzobispo de Lima, miembro del Opus Dei, Monseñor Cripriani publicado en La República, Perú 7-7-00
  147. Un juez del Opus Dei no logró presidir una sala -El País, 27-7-2000
  148. Cipriani será el cardenal que el Opus Dei y Fujimori deseaban 13-9-2000
  149. La Evolucion Del Opus Dei En España. Ponencia al VI Congreso Español de Sociología, La Coruña, 1999 Alberto Moncada
  150. Opus Dei llega, monolítico, al Arzobispado de Lima, El enero 1999
  151. Algunos padres trasladarán la catequesis para que sus hijos no sean «manipulados» por Inés Gallastegui 25-01-1999
  152. Mediación del Vaticano en favor de Pinochet se gestó en la sede del Opus Dei en Roma, La por Ernesto Ekaizer 21-02-1999
  153. Los movimientos eclesiales y su colocación teológica -Cardenal Ratzinger- 28/5/98.
  154. Opus Dei: La secta del Vaticano – octubre 1998
  155. Santa desvergüenza, La por Manuel Atienza 18-11-1998
  156. El 90 % de los discapacitados son hijos de padres que no han mantenido la pureza antes del matrimonio -Giornale di Sicilia, 1997
  157. Eso no tiene nada que ver con Dios Francois Normand IX-1995
  158. La hora del tercer padre del Opus Dei. EL MUNDO. Jueves, 24 de marzo de 1994. Alberto Moncada
  159. Estadísticas exageradas. Álvaro Santaolalla. – Madrid. EL PAÍS – Opinión – 12-06-1994
  160. No se canoniza un camino diverso al de Jesús? Profesores de Teología de Cataluña 19-marzo 1992
  161. La curia de Pablo VI pidió garantías de que el Opus guardaba los secretos de la Santa Sede -14/04/1992.
  162. Escrivá no es un modelo de virtud, según un relator de su causa -Javier Pérez Pellón –El Mundo, marzo 1992.
  163. El tercer Padre -Alberto Moncada- El País 10-04-1992
  164. No hablaré mal de la Obra -Antonio Pérez-Tenessa- El País, 13-04-1992.
  165. El ex secretario general del Opus Dei acusa de “insidias” a la jerarquía– Joaquín Prieto 13-04-92
  166. Mentiras bajo la piadosa ‘caridad cristiana’ -Miguel Fisac- El País, 20.4.92
  167. Mártires – Ignacio Carrión 23-04-1992.
  168. Sabotaje en la ‘fábrica de santos’ – El País 28-04-1992
  169. Hoy no sería testigo de la causa de beatificación de Escrivá VIVIANNE SCHNITZER, -Viena EL PAÍS- 17-05-1992
  170. Contexto de una canonización – Olegario Glez. de Cardedal. Diario 16, 17-mayo-1992.
  171. Otra cara del beato Escrivá, La Luis Carandell marzo 1991
  172. Me doy de baja Alfonso Ussía 2-marzo-1991
  173. Beatificación de Escrivá de Balaguer por Juan Cózar 23-9-91
  174. La Generalitat abre expediente a un internado femenino del Opus Dei en Barcelona – El País 16-01-1990
  175. El Gobierno catalán observa irregularidades en un internado femenino del Opus Dei -El País, 7-6-1990.
  176. Denegación a una implantación del Opus Dei Obispo de Laussane 1989
  177. Cristianismo De Lujo -Sara Suárez Solís- Periódico “La Nueva España”, 14 de junio de 1988.
  178. “Al servicio del varón” -Agustina L. de los Mozos El País 19-6-1988
  179. Miembros del Opus Dei son tratados, a petición de sus familiares, con técnicas de desprogramación mental -El País 11-07-1988
  180. Un código secreto regula la vida interna del Opus Dei, según ‘L’Espresso’ El País 25-02-1986
  181. El Opus, interpelado -Editorial de El País 16-03-1986
  182. Ruiz-Mateos declara que no piensa rectificar lo que dijo sobre algunos miembros del Opus Dei -El País 28/05/1986.
  183. Varias conferencias episcopales se oponen a que el Opus cambie de estado jurídico -El País 16-03-1982
  184. Los obispos rechazan de nuevo el cambio de estatuto del Opus Dei -El País 25-06-1982
  185. Presiones del Opus Dei The Times 12-1-1981
  186. Un ex miembro inglés del Opus Dei intenta recuperar el dinero que cedió a la “obra” cuando estaba integrado en ella -El País 29-10-1981
  187. Opus Dei y el lucro por María del Carmen Tapia 17-11-1981
  188. El cardenal Hume critica los métodos de reclutamiento del Opus Dei – 04-12-1981.
  189. Documentos íntegros para el cambio de “status” eclesial para el Opus Dei -El País 11-11-1979
  190. ¿Escrivá a los altares? -Revista Historia, IX-1975
  191. El PP y el Opus Dei controlan la organización de la visita del Papa
  192. Rey gracias al Opus Dei
  193. El Opus Dei sancionado a pagar 60.000 euros por enviar publicidad sin consentimiento del destinatario
  194. El Opus Dei cuenta su historia con una película que será “anti Código Da Vinci”
  195. Un ministro de salud aplica la particular visión del Opus Dei en San Juan, Argentina, pese a ir contra la ley de salud
  196. Valencia (dónde sino) Primer templo católico dedicado al fundador del Opus Dei.
  197. Entonces que devuelva el iPod… Benedicto XVI dice que la tecnología hace mal
  198. Regnum Christi
  199. Miembros del Opus amarrarán todo el poder en Urbanismo si gana el PP – Jaén
  200. Lo que dios ha unido, que no lo separe el Opus
  201. Gobierno del PP de Melilla tilda de disparate que la Junta Islámica de España pida el voto para PSOE e IU
  202. Los manejos del monaguillo del PP
  203. Un Obispo del Opus Dei le niega a un Seminarista la ordenación por ser jorobado. [Perú]
  204. Una senadora italiana utiliza el cilicio con regularidad
  205. Nueva caricatura de Mahoma, esta vez en una publicación del Opus.
  206. La estrecha relación entre Kelme y el PP
  207. Cardenal católico avala la pena de muerte
  208. Dan Brown y Escrivá de Balaguer comparten agente comercial en Estados Unidos
  209. El cristianismo europeo se reúne en Barcelona para buscar una posición común ante el laicismo
  210. Amo a Laura – Asociación Nuevo Renacer
  211. Alejandro Agag quiere ser el próximo amo de la fórmula 1
  212. De Madrid a la Luna. El documental de los “felices 60? en Spain.
  213. Fallece a los 81 años Juan Vilá Reyes, el empresario del caso Matesa
  214. Carles Balagué regresa con un documental de la España de los 60 tras el éxito de ‘La casita blanca’
  215. Alckmin, el anestesista moderado
  216. El Vaticano excomulga al arzobispo Milingo y a los prelados que ordenó obispos
  217. El jesuita italiano Federico Lombardi sustituirá a Navarro Valls como portavoz del Vaticano
  218. Una viñeta sobre Mahoma en una revista católica italiana levanta una oleada de críticas
  219. Fallece el ex presidente del Banco Popular Luis Valls a los 79 años
  220. El Papa bendice la estatua de San Josemaría Escrivá, colocada en el exterior del Vaticano
  221. Fallece a los 86 años Rafael Termes, ex presidente de la Asociación Española de Banca
  222. UDC afirma que no votará un Estatut que no garantice la libertad de enseñanza
  223. CiU denuncia una “caza de brujas” en los Mossos d’Esquadra por parte del tripartito
  224. Ratzinger habría superado ampliamente los 77 votos necesarios para su elección
  225. Zapatero felicita a Ratzinger y desea mantener la histórica relación entre España y la Santa Sede
  226. El CGPJ aprueba por un voto el informe crítico con el anteproyecto de ley contra la violencia doméstica
  227. Unos 400 fieles protestan ante la catedral de Barcelona por la división de la diócesis
  228. El arzobispo Lluís Martínez Sistach sucede en Barcelona al cardenal Ricard Maria Carles
  229. ERC denuncia que la ayuda humanitaria a Iraq va a fundaciones vinculadas al PP o al Opus
  230. El Papa agradece el empeño de Aznar para que se reconozcan las raíces cristianas de Europa
  231. De porquero a rector, un largo camino
  232. “Una parte del clero se ha vuelto pétrea”
  233. Entre 150.000 y 450.000 españoles son adeptos a alguna secta
  234. El Papa nombra a 30 nuevos cardenales que asistirán al cónclave para su sucesión
  235. ETA fija nuevos objetivos y “frentes de guerra”
  236. El Opus Dei consigue el dominio ‘www.0pusdei.com’
  237. Becarios contra los contratos precarios
  238. Dimite el consejo de redacción de una revista diocesana porque el obispo censuró un artículo crítico con Escrivá de Balaguer
  239. El fundador del Opus Dei será canonizado el 6 de octubre
  240. Fallece el ex ministro franquista Alberto Ullastres, autor del plan de estabilización

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¿Quién Se Va De La Obra Pierde Su Alma?

abril 5, 2007

Por LT (Argentina.- 21-4-2003)

Tengo 33 años y fui numeraria del Opus Dei desde los 16 hasta los 23 años. Pensando con detenimiento, tengo recuerdos gratos especialmente los vinculados a las actividades que realizábamos con las “chicas de San Rafael” cosa que me alegraba la vida ya que me sacaba de la olla a presión que estaba condenada a vivir; también tengo lindos recuerdos de los momentos gratos como salidas al aire libre y las actividades deportivas que me llenaban la “vida” en aquellos años.

El resto son recuerdos que imagino en color gris, con olor a viejo y con voces de censura permanente. Dentro de esta película – gracias a DIOS pasada y pisada – surge claramente el recuerdo de la manipulación de mi conciencia ejercida por las Directoras y Sacerdotes del Opus Dei hacia mi persona.

A los 16 años yo estaba llena de ganas –sí “ganas”, esa palabra que el opus odia cuando se trata de replantearse la “vocación” pero que ama cuando es el gancho para atrapar gente a su organización– de hacer el bien por los demás, ganas de cambiar el mundo, ganas de trabajar por los más necesitados y ganas de amar a Dios a través de las actividades normales de la vida cotidiana.

Aterricé por primera vez -invitada por una amiga cuyos padres eran de la Obra- a fines de mayo de 1985. Recuerdo que me fascinó la “simpatía” con la que me recibieron, me gustó los chistes que el cura contó en la meditación y me atrapó el “buen ambiente” que se generó después de la meditación ya que cantamos y nos divertimos mucho. Con el tiempo me enteré que aquello había sido “planificado” ya que la puesta en escena tenía como objetivo “conquistarnos” tanto a mi como a mi amiga.

Siempre fui una mujer impulsiva y en aquellos años era toda una liebre. El entusiasmo de mi naturaleza adolescente me llevó a volver la semana siguiente pero esta vez dos días seguidos. Fui a la Meditación y a una Charla.

La tercer semana asistí también a una Visita a los Pobres, cosa que me encantaba verdaderamente. La cuarta semana, además de asistir a la Meditación y a la Charla, participé en una obra de teatro, disfrazada de árbol. Todo era espectacular!!!

Y al comenzar la quinta semana de haber conocido por primera vez en mi vida el Opus Dei y sin tener conciencia de nada más que de querer disfrutar la vida y de amar a Dios con alegría, la Directora de aquella Residencia me planteó muy seriamente lo siguiente:

“Tengo algo muy importante para decirte. Lo he estado ‘viendo’ en la Oración y lo he hablado con el padre Francisco: Tienes vocación para ser numeraria de la Obra.”

Yo, que seguía super entusiasmada y me creía Juana de Arco a punto de entrar en batalla le dije: Yo también creo que tengo Vocación !!!Me gusta venir a la Residencia y quiero servir a Jesús aquí!!!

Bueno, realmente creo que lo mío fue un record. Algo así como “amor a primera vista”. Y viéndolo a la distancia, no me arrepiento para nada de mi impulsividad y de mi buena predisposición. Realmente fui muy generosa!!

Fue así como “pité” según jerga de la organización, o sea que ingresé en el Opus Dei.

Luego de haber dado el “gran” paso, me explicaron bien los compromisos que ello implicaba y allí me enteré con certeza de que NO iba a poder seguir asistiendo a las Fiestas de baile con mis amigos y que no me iba a poder casar. Al mismo tiempo se me pidió expresamente NO decir nada de esto a mis padres ya que al no ser ellos de la Obra no entenderían esta decisión mía y seguramente “el demonio se aprovecharía de ellos para hacerme perder la ‘vocación’.”

Estas consignas me chocaron pero el entusiasmo podía mucho más que la lógica y el sentido común.

A los dos meses de asistir a las charlas y de participar en la acelerada carrera por “formarme” un día le comenté a mi Directora que era el cumpleaños de mi mejor amiga y que no podía dejar de ir. Ella me dijo que NO fuera. Obviamente, siguiendo mi natural impulso, asistí y lo pase de maravillas. Fue entonces cuando me plantee internamente abandonar el Opus dei. Realmente aquello no era para mi.

Volví a la residencia al día siguiente para hablar con la Directora y le expresé mi deseo de abandonar el barco. Ella me dijo muy seria y enojada que NO podía hacer aquello. Dios me había dado la Vocación y yo no podía devolverle ese regalo con una bofetada. Que el camino que yo había elegido era de sacrificio y que era un privilegio –eso me gustó– que Dios le otorgaba a muy pocos. Yo era una de esas privilegiadas y además estaba en la Obra de Dios (Opus Dei) la única Institución de la Iglesia querida expresamente por Dios. Irme de la Obra era “tirar la vocación por la ventana” y si lo hacía sería muy difícil que me salvara. Acá la cosa ya se me puso castaño oscuro. El tema empezaba a ser más serio de lo que yo había pensado cuando actuaba de arbolito en la obra de teatro.

La conversación terminó con una arenga: No hagas como el joven rico que no quiso seguir al Señor. Dios te ha elegido a vos personalmente y quiere que le sigas. Estas palabras insuflaron nuevamente el coraje de esta “Juana de Arco” y me dije, no puedo decirle que NO a Dios. El me amó desde toda la eternidad. No puedo traicionarlo.

Y qué hice? Decidí continuar. Esta historia de idas y vueltas se repetiría constantemente durante los 7 años siguientes, cinco vividos allí dentro.

Con el tiempo mis planteos eran más incisivos, obvios y mordaces. Pero seguí adentro solamente por miedo a fallarle a Dios (al dios del opus).

Seguí en el Opus Dei durante esos años por Miedo a condenarme, por Miedo a no cumplir con la Voluntad de Dios que en el Opus Dei es lo mismo que permanecer allí dentro. Durante los 7 años, todas las Directoras me repitieron lo mismo. Los curas, ídem. No hubo ningún “mal entendido” -mis 7 años adentro lo testimonian- como aducen los del Opus cuando se les critica esta manipulación de conciencia.

Tapan mentiras con más mentiras. Recuerdo la cantidad de veces que oí decir que NUNCA se había ido un sacerdote de la Obra. Y luego me enteré que se han ido cientos… Lo mismo oí de las Numerarias Mayores. Y luego me entero que han ido miles…

Lo mejor de toda mi experiencia fueron dos cosas: Una, haber sido una mujer de agallas para entregarme a un ideal adolescente, para permanecer los 7 años allí y para irme (me hicieron la vida imposible para que no me fuera hasta que tuve que escaparme un domingo por la tarde) Dos, haber Re- Descubierto al verdadero Dios y la verdadera vocación cristiana, que es humana y que no tiene nada que ver con lo que predica, vive y hace el Opus Dei.

La arrogancia del Opus Dei le lleva a predecir quien se salvara y quien se condenará. Pobres… San Pablo no se animaba ni a juzgarse a si mismo y en el Opus “salvan o condenan” por doquier.

¿Quién se salvara? ¿Quién se condenará?

¿Buena suerte?, ¿mala suerte?, ¿quién sabe?

Mi ímpetu, mi sinceridad de corazón y mis agallas siguen intactas.

Ahora, SI, para el Servicio de Dios Padre y Madre.

Fuente: Opus Libros

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De Cómo Un Ex Miembro Paga Sus Años En La Obra

marzo 23, 2007

A. S. (18-3-2003)

Fui miembro célibe del Opus Dei durante algunos años y, como tantos de los que escriben en esta página, acabé por largarme. No voy a narrar mi experiencia dentro de la Obra, que no varía sustancialmente de la relatada por muchos en este mismo sitio, sino en las repercusiones que tuvo esa vivencia en mis años inmediatamente posteriores a la salida.

Aunque este texto está escrito con cierto humor, todo lo dicho en él es cierto.

A los pocos meses de dejar el centro tuve la inmensa fortuna de dar con una chica con la que empecé a salir poco tiempo después. A efectos prácticos llamaré a esa chica Ana. No es ese obviamente su nombre real.

Ana me quiso mucho y trató de entenderme. Pero entender los entresijos de la mente de alguien que ha pertenecido a la Obra no es misión al alcance de cualquiera. Sostengo la teoría de que un ex miembro suele pagar el primer “peaje” de sus años en el Opus con su primera relación afectiva. Y tengo para mí que la razón es que mentalmente se hace una especie de trasvase hacia “fuera” de lo que se aprendió “dentro” de la Obra. El resultado suele ser catastrófico. Yo así lo viví (sólo voy a detallar tres aspectos).

A.- Como quiera que desde mis 15 años había sido adoctrinado en la “sinceridad salvaje”, por la que al director se le cuentan hasta los más mínimos pensamientos, yo intenté seguir esa misma norma fuera de la Obra. La víctima de mi salvaje sinceridad no fue otra que la propia Ana.

—Oye, Ana, que te voy a decir una cosa. Es que esta noche pasada he soñado que me gustaba tu amiga Pilar, la de la facultad. No, no pienses mal. No dudes de mi. Te lo cuento para fortalecer nuestra relación sin ocultarte nada.

Bronca al canto y mosqueo con Ana para una semana que, para colmo culminaba con la ruptura con su amiga del alma de la infancia. Pero yo estaba muy orgulloso porque entre mi chica y yo existía una confianza total.

B.- En la Obra uno de los gestos de amor que más se inculcan se basaban en la repetición constante de jaculatorias a la Virgen María. Y yo, pobre infeliz, hice a la buena Ana objeto de mis saetas amorosas.

—Oye —me decía— que ya me has dicho por lo menos 70 veces en dos horas que me quieres. Que vale, que ya lo sé.

Claro, el problema está en que la Virgen “nunca falla”, porque no esperas contestación a las jaculatorias. Pero una novia no es la Virgen y que encima te venga a llamar pesado porque practiques con ella ese tipo de actos de amor (y que no me descontextualicen estas palabras los pillines) acaba por sembrarte de dudas.
—Pero Ana… ¿es que no me quieres?

—Pues claro que te quiero

—Entonces, ¿por qué no me lo dices?

—Pues porque no soy una escopeta de repetición.

—Pues el fundador del Opus Dei nos decía que los enamorados siempre se están repitiendo las mismas cosas y jamás se cansan. ¿No será que no estás tan enamorada como dices, Ana? (Cara marciana la de Ana.)

C).- La vida y planteamientos de la Obra, como todo el que ha pasado por ella sabe, brillan especialmente por su sencillez y simplicidad. Pero al revés. Un sistema de vida tan alambicado llega a dejar su huella.

—Vamos a ver Ana. No he podido dormir en toda la noche. Tú, ayer, me dijiste que me querías, sí. Pero al decirlo ponías ojos como de no sentirlo del todo. Había un tono en tu voz de desgana. Dime la verdad: ¿me quieres al cien por cien o no guardas rectitud de intención en tu amor hacia mi, Ana?

—Jolín, es que estaba medio dormida.

—Sé sincera, Ana. Yo a ti te quiero y te lo digo…

—No paras de decírmelo, para ser más exactos…

—¿Quieres decir que te molesta que te demuestre mi entrega en cualquier momento? No, Ana, yo así no quiero que me quieran….

Una relación así durante varios años llega a agotar al ser más entero. Ana, al borde de la neurosis por el bicho raro que tenía por novio, acabó por enviarme a tomar viento fresco. Y ahí me quedé yo, con cara de gilipollas, sopesando por qué me había dejado si yo había hecho justamente todo lo que me habían enseñado.

Fuente: De Cómo Un Ex Miembro Paga Sus Años En La Obra.

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