Los Ocho Criterios De Lifton Sobre El Control Mental

abril 9, 2007

Rober J. Lifton & Steven Hassan

El siguiente extracto del libro de Rober J. Lifton titulado The Future of Inmortality and Other Essays for a Nuclear Age (“El futuro de la inmortalidad y otros ensayos para una era nuclear”) (Nueva York, Basic Books, 1987), es una amplia explicación de los ocho criterios que establece Lifton para definir el control mental. A pesar de que en el texto se los menciona entrecomillados, a continuación incluyo una lista para facilitar su identificación:

1. «milieu control»

2. «manipulación mística» (o «espontaneidad planeada»)

3. «exigencia de pureza»

4. «culto a la confesión»

5. «sacralización de la ciencia»

6. «la carga del lenguaje»

7. «doctrina sobre la persona»

8. «dispensación de la existencia»

El ensayo del que ha sido tomada esta selección se titula: «Sectas: el totalismo religioso y las libertades civiles». En el mismo, Lifton enmarca sus comentarios en relación a lo que él llama el «totalismo ideológico», o el entorno en el cual los chinos practicaban la modificación del pensamiento, tal y como él lo conoció a partir de la guerra de Corea.

El totalismo ideológico

La fenomenología que utilicé cuando escribí sobre el totalismo ideológico todavía me resulta útil, a pesar de que escribí aquel libro en 1960. La primera característica es el «milieu control», que consiste esencialmente en el control de la comunicación dentro de un entorno. Si el control es muy intenso, se convierte en un control internalizado, un intento para dominar la comunicación interior del individuo. Esto no se puede conseguir jamás de forma total, pero se puede llegar muy lejos. Es lo que a veces se llama «la visión del ojo de Dios» o la convicción de que la realidad es una posesión exclusiva del grupo. Resulta evidente que este tipo de proceso crea conflictos con respecto a la autonomía del individuo; si se busca o se consigue en un entorno semejante, la autonomía se convierte en una amenaza al «milieu control». El «milieu control», dentro de las sectas, tiende a ser mantenido y expresado de diversas maneras: el proceso del grupo, el aislamiento de las otras personas, la presión psicológica, la distancia geográfica o no disponibilidad de transporte y, algunas veces, la presión física. A menudo, hay una secuencia de acontecimientos, tales como seminarios, conferencias y reuniones de grupo, que cada vez son más intensas y más aisladas, haciendo extremadamente difícil, tanto física como psicológicamente, que uno pueda abandonar la secta.

Estas sectas difieren de los patrones del totalismo en otras sociedades. Por ejemplo, los centros de reformas que se utilizaban en China estaban, más o menos, de acuerdo con el ethos de la sociedad tal como evolucionaba en aquel momento y, por lo tanto, cuando uno se marchaba o entraba y salía de esos centros, además encontraba un reforzamiento en el entorno. Las sectas, en cambio, tienden a convertirse en islas de totalismo dentro de una sociedad más grande que, en su conjunto, se opone a estas islas. Esta situación puede crear una dinámica propia, y, en tanto que se debe mantener el «milieu control», los requerimientos se magnifican por esa situación estructural. Los líderes de las sectas a menudo deben profundizar su control y manipular el entorno de forma sistemática y, algunas veces, con mayor intensidad, para poder mantener la isla de totalismo dentro del mundo exterior, que es su antagonista.

La imposición de un intenso «milieu control» está muy vinculada al proceso de cambio. (Esto explica en parte por qué puede producirse un súbito abandono de la identidad sectaria cuando una persona joven, que ha estado en la secta por algún tiempo, entra bruscamente en contacto con las influencias alternativas del exterior). Uno casi puede observar el proceso en algunos jóvenes que sufren un cambio dramático en su identidad anterior, cualquiera que ésta fuera, para abrazar el sistema de creencias de la secta y la estructura del grupo. Yo lo considero como una forma de doblaje: se forma un segundo yo que vive codo a codo con el yo primitivo, aunque en cierta forma autónomo. Como es obvio, debe existir algún elemento de conexión para integrar un yo con el otro. De no ser así, la persona en su conjunto no podría funcionar -aunque la autonomía de cada yo es impresionante-. Cuando se elimina el «milieu control» al apartar, por el medio que sea, al adepto del entorno totalista, vuelve a afirmarse algo del primitivo yo. El abandono puede ser voluntario o por la fuerza (o como ocurrió durante un juicio, en que el miembro de la secta se colocó al otro lado de la mesa, apartándose de los demás adeptos). Los dos yo pueden existir simultáneamente y entremezclados durante un tiempo considerable, y podría ser que estos períodos de transición fueran los más intensos y dolorosos psicológicamente, y potencialmente los más perjudiciales.

Una segunda característica general de los entornos totalísticos es lo que yo llamo «manipulación mística» o «espontaneidad planeada». Se trata de un proceso sistemático, planeado y dirigido desde arriba (por los líderes) pero que, en apariencia, surge de modo espontáneo dentro del entorno. Es necesario que este proceso no sea percibido como una manipulación, lo que plantea interrogantes filosóficos de mucha importancia. Algunos aspectos, como el ayuno, los cánticos y las vigilias, tienen una cierta tradición y han sido practicados por los grupos religiosos durante siglos. Ahora existe en las sectas un patrón por el cual, al ser humano convertido en el «elegido» se le considera como el salvador o como fuente de salvación. La manipulación mística puede tener una cualidad especial en estas sectas, porque sus líderes se convierten en portavoces de Dios. Los principios centrados en Dios son proclamados como argumentos irrebatibles y exclusivos, de tal forma que la secta y sus creencias se convierten en el único camino verdadero hacia la salvación. Eso puede otorgar intensidad a la manipulación mística y una justificación a los que se encargan de promulgaría y, en muchos casos, a los que son sus receptores.

En la medida en que hay un individuo especifico, un líder, que se convierte en el centro de la manipulación mística (o la persona en cuyo nombre se realiza), se produce un proceso que tiene dos vertientes. El líder puede ser algunas veces más real que un dios abstracto y, en consecuencia, más atractivo para los miembros de la secta. Por el otro lado, esta persona también puede ser motivo de desilusión. Si uno cree, como se ha dicho, que Sun Myung Moon (fundador de la Iglesia de la Unificación, y cuyos seguidores son conocidos comúnmente como los «Moonies») tiene vinculaciones con la Agencia Central de Inteligencia Coreana y esta información llega a conocimiento de los miembros de la Iglesia de la Unificación, su relación con la Iglesia puede verse amenazada por la desilusión que se experimenta respecto al líder. Nunca es así de sencillo, no se trata sólo de un patrón causa-efecto, pero estoy sugiriendo que este estilo de liderazgo tiene tantas ventajas como desventajas en cuanto a la lealtad sectaria.

Mientras que la manipulación mística conduce (a los adeptos) hacia lo que yo denomino la psicología del peón, también puede abarcar una legitimación del engaño (de los ajenos), el «engaño divino» de la Iglesia de la Unificación, aunque existen patrones análogos en los entornos de otras sectas. Si uno no ha visto la luz, y no está en el reino de la secta, uno se encuentra en el reino del mal y, en consecuencia, puede ser engañado justificadamente para cumplir con unos objetos más elevados. Por ejemplo, cuando los miembros de algunas sectas salen a recoger fondos, se considera correcto que nieguen su pertenencia a la secta cuando se les pregunta por ello. Se han dado casos de jóvenes que han pasado un tiempo en los centros de una secta sin que se les dijera de qué secta se trataba. La ideología totalista puede justificar, y a menudo justifica tales engaños.

Las otras dos características del totalismo, la «exigencia de pureza» y el «culto de la confesión» son habituales. La exigencia de pureza puede crear una cualidad maniquea en las sectas, al igual que en otros grupos religiosos y políticos. Esta exigencia requiere una separación radical entre lo puro y lo impuro, entre el bien y el mal, en el seno de un entorno y en uno mismo. La purificación absoluta es un proceso continuo. A menudo está institucionalizada, y, como fuente de estimulación de la culpa y la vergüenza, está ligada con el proceso de la confesión. Los movimientos ideológicos, cualquiera que sea su nivel, se apropian de los mecanismos de culpa y vergüenza del individuo para conseguir una influencia considerable sobre los cambios que él o ella sufre. Esto se consigue dentro de un proceso de confesión que tiene su propia estructura. Las sesiones en las que uno confiesa sus propios pecados van acompañadas de críticas y autocríticas, se realizan en el seno de pequeños grupos y motivan un activo y dinámico estímulo hacia el cambio personal.

Se podría hablar mucho más sobre la ambigüedad y complejidad de este proceso, y como Camus ha dicho: «Los autores de confesiones las escriben con el único fin de evitar la confesión, de no decir nada de lo que saben». Camus pudo haber exagerado, pero tenía razón al sugerir que las confesiones son una mezcla de lo que se revela y lo que se oculta. Una persona joven que confiesa los pecados anteriores a la secta o a su existencia preinstitucional puede, al mismo tiempo, creer en sus pecados y estar ocultando otras ideas y sentimientos de los que él o ella no es consciente o que no desea discutir. En algunos casos, estos pecados incluyen una continua identificación con la existencia anterior, como si tal identificación no hubiera sido totalmente desacreditada por el proceso de confesión. Las continuas confesiones son, muy a menudo, una expresión de arrogancia extrema en nombre de una aparente humildad. Cito una vez más a Camus:

«Yo practico la profesión de la penitencia con el propósito de acabar siendo juez» y «cuanto más me acuso a mí mismo, más derecho tengo a juzgar a los demás». Este es el tema central en cualquier proceso de confesión continuo, especialmente cuando se practica dentro de un grupo cerrado.

Los otros tres patrones que describo en relación al totalismo ideológico son la «sacralización de la ciencia», «la carga del lenguaje» y el principio de la «doctrina sobre la persona». Estas denominaciones casi se explican por si mismas. Yo pondría un énfasis especial en la sacralización de la ciencia, porque en nuestra era, algo tiene que ser científico además de espiritual para tener un efecto substancial sobre la gente. La sacralización de la ciencia puede ofrecer una gran seguridad a los jóvenes porque simplifica, en gran medida, el mundo. La Iglesia de la Unificación es un buen ejemplo, aunque no el único, de la necesidad contemporánea de combinar una serie de principios dogmáticos sagrados con la proclamación de una ciencia que encarna la verdad sobre el comportamiento y la psicología humana. En el caso de la Iglesia de la Unificación, su pretensión de ofrecer una ciencia humana irrebatible se refuerza con la invitación a destacados científicos e intelectuales (que, por lo general, cobran abultadas dietas) para que participen en simposios en los cuales se destaca la importancia de la unificación del pensamiento; los participantes expresan libremente sus opiniones, pero lo que interesa es su presencia, que contribuye a dar una apariencia de legitimidad intelectual.

La expresión «carga del lenguaje» se refiere a la literalización del lenguaje, y a las palabras o imágenes que se convierten en Dios. Un lenguaje muy simplificado puede parecer que está cargado de frases hechas, pero tiene un enorme atractivo y poder psicológico en su propia simplificación. Debido a que todos los problemas, y los jóvenes tienen muchos y muy complicados, pueden ser reducidos a unas frases que poseen una coherencia interior, uno puede decir y sentir que ha alcanzado la verdad. Hay respuestas para todas las preguntas. Lionel Trilling lo ha designado como el «lenguaje de no-pensar», porque siempre hay una frase hecha o un lema al cual se pueden reducir las preguntas más difíciles y complejas.

El patrón de la doctrina sobre la persona se presenta cuando existe un conflicto entre lo que uno siente que experimenta y lo que la doctrina o el dogma dice que uno deberla experimentar. El mensaje internalizado en un entorno totalístico dice que uno debe buscar la verdad del dogma y someter su propia experiencia a esta verdad. A menudo, experimentar esta contradicción, o el hecho de admitir que ha existido, puede ser inmediatamente asociado con la culpa, o bien (con el propósito de mantener a una persona sometida a la doctrina) puede uno verse condenado por los demás de una manera que lleva rápidamente a la asociación con la culpa. Se le hace sentir que las dudas son un reflejo de la propia maldad. Sin embargo, las dudas siguen planteándose, y cuando el conflicto se hace muy intenso, las personas se marchan. Esta es la dificultad más frecuente en muchas sectas: mantener la afiliación es un problema más grave que el dinero.

Por último, la octava, y quizás la más general y significativa de estas características, es la que yo llamo «dispensación de la existencia». Este principio es habitualmente una metáfora. Pero si uno tiene una visión absoluta o totalística de la verdad, entonces aquellos que no han visto la luz, que no han abrazado la verdad, que de alguna manera están en las sombras, están inmersos en el mal, son impuros y, por lo tanto, no tienen derecho a la existencia. Aquí entra en juego una dicotomía: «el ser versus la nada».

Los impedimentos para legitimar el ser deben ser apartados o destruidos. El que esté ubicado en la segunda categoría, el que no tiene derecho a existir, puede experimentar psicológicamente un miedo tremendo a la extinción interior. Sin embargo, cuando uno es aceptado, puede sentir una gran satisfacción al considerarse como parte de una elite. En condiciones más malignas, la dispensación de la existencia, la ausencia del derecho a existir, puede llegar a ser literal; se puede matar a la gente por sus carencias doctrinarias, como ha sucedido en demasiados lugares, incluyendo la Unión Soviética o la Alemania nazi. En el suicidio en masa ocurrido en el Templo de la Gente, en Guyana, un único líder pudo disponer de la dispensación de a existencia, o mejor dicho, la no existencia, por medio de una mística suicida que él mismo había integrado en la ideología del grupo. (Los informes posteriores basados en los resultados de las autopsias revelaron que se cometieron tantos asesinatos como suicidios.) El impulso totalístico de trazar una clara línea divisoria entre los que tienen derecho a existir y los demás, aunque pueden darse una serie de grados, puede ser un enfoque mortal para resolver los problemas humanos fundamentales. Y todos los enfoques relacionados con el totalismo o el fundamentalismo son doblemente peligrosos en la era nuclear.

Debo decir que, a pesar de estos problemas, ninguno de estos procesos es irrefutable. Uno de mis objetivos al escribir sobre ellos es contrarrestar la tendencia de nuestra cultura a negar que estas cosas existan; otro propósito es desmitificarlas, para que podamos comprenderlas en función de nuestros conocimientos sobre el comportamiento humano (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Apéndice A).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Algunos Principios Básicos De Psicología Social Y Dinámica De Grupo

marzo 5, 2007

La experiencia política de la segunda guerra mundial, en la que miles de individuos en apariencia normales tomaron parte en proyectos tales como el mantenimiento de los campos de concentración donde millones de seres humanos fueron asesinados, despertó un considerable interés entre los psicólogos. ¿Cómo fue posible que gente que llevaba una vida ordinaria antes de que Adolf Hitler se hiciera con el poder de Alemania, participara en un intento deliberado de exterminar a todo un grupo humano? Desde el final de aquel conflicto, se han realizado miles de experimentos de psicología social que han permitido descubrir las diversas maneras de influir en las personas, ya sea en grupos o individualmente. El resultado neto de estos estudios ha sido la bien comprobada demostración del enorme poder de las técnicas de modificación del comportamiento, la conformidad generalizada y la obediencia a la autoridad. Estos tres factores son conocidos en términos psicológicos como «procesos de influencia». Uno de los descubrimientos más notables de la psicología social es que en nuestros intentos por encontrar la respuesta más apropiada a la situación social, a veces respondemos con información que recibimos de forma inconsciente.

Por ejemplo, una clase de estudiantes de psicología «conspiró» para emplear las técnicas de modificación de comportamiento con su profesor. Mientras éste les dictaba la clase, los estudiantes sonreían y se mostraban atentos cuando él se movía hacia la izquierda de la habitación. Cuando se movía hacia la derecha, adoptaban un aire de aburrimiento y de falta de atención. Al cabo de poco, el profesor comenzó a desplazarse siempre hacia la izquierda, y después de unas cuantas clases daba sus explicaciones apoyado en la pared izquierda.

Y ahora llegamos al punto clave: cuando los estudiantes hicieron partícipe de la broma al profesor, éste insistió en que nada de esto había sucedido, que le estaban tomando el pelo. No le parecía extraño que se apoyara en la pared, y declaró enojado que era su estilo personal de dar las clases, algo que había escogido por su propia voluntad. Era del todo inconsciente de cómo había sido influido.

Desde luego, en circunstancias normales, la gente de nuestro entorno no está conspirando en secreto para hacernos algo. Simplemente actúan más o menos de la forma en que han sido culturalmente condicionados a actuar, lo que a su vez nos condiciona a nosotros. Ésta es la manera, después de todo, en que una cultura se perpetúa a sí misma. En una secta destructiva, sin embargo, el proceso de modificación del comportamiento se monta alrededor de los nuevos reclutas, que por supuesto no tienen ni la menor idea de lo que está pasando.

Si las técnicas de modificación del comportamiento son poderosas, también lo son las influencias de conformidad y obediencia a la autoridad. Un conocido experimento de conformidad realizado por el doctor Solomon Asch demostró que los individuos dudan de sus propias percepciones si son colocados en una situación social donde parece que las personas en las que más confía el grupo dan la respuesta equivocada a una pregunta. Otro psicólogo, Stanley Milgram, descubrió en unas pruebas de obediencia a la autoridad que más del 90 % de los sujetos examinados obedecían las órdenes aunque creyeran que al hacerlo causarían así sufrimientos físicos a otra persona. Milgram escribió: «La esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona llega a verse a sí misma como el instrumento que realiza los deseos de otra persona, y en consecuencia no se considera ya responsable de sus propias acciones» (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 4).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Reflexiones Sobre El Opus Dei Y Las Sectas (III)

febrero 26, 2007

Varios autores.

Selección realizada por Ivan de ExOpus.

Por regla general, cuando a la gente le hablas de la opus se le cambia la expresión de la cara, digamos que el semblante se le vuelve más agresivo y hostil. No digamos ya si se te ocurre decir algo en defensa de la opus: se te tiran a la yugular directamente.

La opus siempre ha tenido mala prensa, muy mala prensa. ¿Por qué?

La inmensa mayoría de la peña que echa pestes de la opus no sabe decirte ni concretarte la razón ni el porqué de esa aversión visceral y rabiosa: “que si es una secta, que si son mala gente, que si todo por la pasta, etc, etc, etc.”, pero sin conseguir argumentar nunca una crítica lógica y coherente.

Vosotros, al menos, habláis con razón de causa: por eso os leo, por eso os escucho (Fuente. Ogrini).

Situémonos en una parroquia barcelonesa pastoreada por un mosén carismático de mediana edad, de esos que se criaron a los pechos del Concilio Vaticano II. Dicha parroquia, como ocurre con tantas otras de las diócesis catalanas, no pasa por sus mejores momentos en cuanto a asistencia de fieles a misa y número de bodas y comuniones. El mosén rector de la parroquia, aun no estando ni de lejos próximo al carisma del Opus Dei, aceptó el año pasado los servicios como catequista de una señora de la Obra que se ofreció “graciosamente” a dar catequesis a los nenes, misión que ella realizó adecuadamente y sin mayores problemas. Pero hete aquí que este año, al empezar la nueva temporada de catequesis, no aparecieron ni los niños ni la catequista de los niños.

¿Qué había ocurrido? Como siempre ocurre en estos casos, la verdad no llegó de boca de la interesada sino de uno de los nenes. Resulta que la señora no ha tenido mejor idea que intentar llevarse a todos los muchachos, y algunos de sus padres, a otra parroquia y a la Obra. Por supuesto, sin decir nada al párroco que confió en ella ni mucho menos al arcipreste encargado de esas parroquias. Oigan ustedes, igualito a lo que hacen algunas sectas (Fuente. Luis Fernando Pérez Bustamante).

Hola a todos: no soy una asidua a esta web aunque desde que la descubrí hace dos días prácticamente la he devorado. Llevo dos noches en vela leyendo sin parar y sin poder dar crédito a lo que leía. Fui del Opus Dei (OD) hace muchos años pero por poco tiempo. No he vuelto a tener contacto con el OD a pesar de que mi salida fue airosa y amistosa. Reconozco que fue una suerte salirse de forma amistosa del OD, después de haber leído los escalofriantes testimonios de gente a los que se les destrozó la vida tanto dentro como fuera. No me quito de la cabeza el testimonio de Carmen Tapia. Me impresiona especialmente porque al poco de irme del OD circulaba su libro por casa de mis padres y me lo leí. En aquel entonces pensé que era una exagerada y que escribía desde el odio. Nada de lo que dijo me impactó pero hoy me lo creo todo. Estoy seriamente indignada porque ahora que estoy fuera me entero de que formé parte de una sectaaaa!! de que fui manipulada y de que toda mi intimidad fue ventilada en esas fichitas o en esos informes que salen de la confidencialidad de la charla. Lo peor de todo es que me imagino que todavía mi fichita queda guardada en algún archivo de la obra. Estoy de acuerdo con algunos testimonios, creo que todos lo estamos, en que en la Obra hay gente muy buena y también hay mucha gente, como fue mi caso, que no saben ni donde están y ni son conscientes de la manipulación que están sufriendo (Fuente. Conversa).

He estado leyendo el “Vademecum del gobierno local” y en su apartado de admisión e incorporación he encontrado un párrafo en el que, creo, se resumen muchos de los problemas del Opus Dei. Lo he leído y me ha dado miedo.

“Los fieles de la Prelatura tienen la obligación de conciencia de cultivar y defender, en todo momento, las características divinas de la Obra: su naturaleza y sus fines sobrenaturales, su régimen, su unidad, los modos apostólicos queridos por el Señor, el Derecho propio —santo, perpetuo e inviolable— que nuestro amadísimo Fundador, por Voluntad divina, estableció para siempre, y la Santa Sede ha sancionado”.

El subrayado es mío (las negritas no), y las frases me han hecho ver como la Obra se juzga a sí misma. Es la primera vez que leo una frase que positiva y directamente liga la voluntad de Dios a la acción del fundador sin posibilidad de duda, caracterizando el derecho propio de la institución como “santo, perpetuo e inviolable” vamos, como si la Obra fuera una nueva alianza entre Dios y los hombres y justificando sus modos de hacer al presentar el beneplacito de la Santa Sede para convencer al que no lo estuviera ya e imposibilitando cualquier tipo de crítica o duda porque ni Dios ni la Iglesia se equivocan (silogismo falaz con el que se alimenta las cabezas de “la aristocracia de la inteligencia”).

Sinceramente creo que la divinización de la institución es el problema básico del Opus Dei y la causa del mal que produce a su alrededor (como a mí me produjo ) y aunque haga bien a muchos (como a mí me lo hizo). Es la única institución u organización de la Iglesia que se adjudica la seguridad y certeza absoluta de tener un contacto directo con el Altísimo, parece que estuvieramos hablando de la mismísima fundación de la Santa Iglesia. Por eso no admite la crítica, ni siquiera la constructiva.

La adjudicación del discernimiento de la voluntad de Dios es, sencillamente, la manera de obrar de las sectas y esto es lo que me parece pasa en la Obra y muestra el párrafo de arriba (Fuente. Jose_A).

Hola, me llamo Inés , tengo quince años y hace 5 meses que pite [pedir la admisión al Opus Dei]. La verdad es que no me gusta en parte lo que me piden, pero hay cosas que si; conmigo por lo menos hay muy buen clima y me llevo fenomenal con las otras adscritas. Pero en cierto modo necesito consejo, no quiero caer en la misma trampa que vosotros, ¡quiero salir! contestadme o contactar conmigo por favor. / Gracias (Fuente. Ines_dos).

(Fragmento de una respuesta a la carta anterior.)

Si estas muy desesperada, igual que has mandado un correo aquí, mándalo a alguna instancia oficial: oficina del defensor del menor, alguna oficina de protección contra las sectas. Te puedo asegurar que como se publicite el tema, te dejan en paz, ¡pero vamos, que si te dejan en paz!

Creo que tu misma comprendes que no estas en edad de tomar una decisión de esa trascendencia, para siempre, sin vuelta atrás. Estás en edad de empezar a conocer todas las cosas bellas de la vida, y sus sinsabores, de preocuparte por la ropa que te pones y de chatear con el móvil, de ponerte roja cuando ese niño que te hace tilín se te acerca, de ver lo tontos que son otros niños, todo ello sin necesidad de alejarte de Dios, que no tiene muchos caminos, sino infinitos, porque el es la infinitud. Es como si a los 14,5 años, como ya puedes procrear, como seguramente podrás, tuvieras que elegir a un hombre para toda la vida y empezar a tener hijos con él. Eso que, aunque no soy muy docto en la materia, creo que seria un delito, para entregar tu vida a una vocación tan exigente o mas que un matrimonio, no lo es… curioso ¿no? (Fuente. Interestfree).

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Experiencia En La Secta (VI)

febrero 9, 2007

Steven Hassan.

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8. Altibajos emocionales

La vida en la secta es como un viaje en una montaña rusa. El adepto oscila entre la felicidad extrema de experimentar la «verdad» junto a una élite privilegiada, y el aplastante peso de la culpa, el miedo y la vergüenza. Los problemas son siempre debidos a su incapacidad, no a la del grupo. Es el eterno culpable por no alcanzar las metas. Si plantea objeciones, se le aplicará el «tratamiento de silencio» o se le trasladará a otra parte del grupo.

Estos extremos imponen una pesada carga en la capacidad de la persona para funcionar. Cuando los miembros están «arriba», pueden convertir su celo en una gran productividad y capacidad de persuasión. Pero cuando caen, se transforman en unos completos inútiles.

La mayoría de las sectas no permiten que los «bajones» duren demasiado tiempo. Un procedimiento habitual consiste en someterlo nuevamente al adoctrinamiento para que vuelva a funcionar. No es raro que alguien reciba un adoctrinamiento formal varias veces al año. Algunos de los miembros más antiguos se queman sin llegar a renunciar. Estos individuos ya no pueden soportar por más tiempo la carga o la presión para que rindan, y comienzan a señalar las incongruencias en la política del grupo. Se les puede enviar a que realicen tareas manuales en lugares alejados donde no molesten, y se espera que permanezcan allí durante el resto de su vida; o si se convierten en una carga, se les pide (o se les ordena) que se marchen. A uno de mis clientes le habían enviado de vuelta con su familia, después de diez años en la secta, porque había comenzado a solicitar que le trataran mejor y que le dejaran dormir un poco más (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Defensa De Las Sectas

febrero 3, 2007

Mario Vargas Llosa.

Las razones que se esgrimen contra las “sectas” son a menudo certeras. Es verdad que sus prosélitos suelen ser fanáticos y sus métodos catequizadores atosigantes (un testigo de Jehová me asedió a mí un largo año en París para que me diera el zambullón lustral, exasperándome hasta la pesadilla) y que muchas de ellas exprimen literalmente los bolsillos de sus fieles. Ahora bien: ¿no se puede decir lo mismo, con puntos y comas, de muchas “sectas” respetabilísimas de las religiones tradicionales? Los judíos ultraortodoxos de Mea Sharin, en Jerusalén que salen a apedrear los sábados a los automóviles que pasan por el barrio ¿son acaso un modelo de flexibilidad? ¿Es por ventura el Opus Dei menos estricto en la entrega que exige de sus miembros numerarios de lo que lo son, con los suyos, las formaciones evangélicas más intransigentes? Son unos ejemplos tomados al azar, entre muchísimos otros, que prueban hasta la saciedad que toda religión, la convalidada por la pátina de los siglos y milenios, la rica literatura y la sangre de los mártires, o la flamantísima, amasada en Brooklyn, Salt Lake City o Tokio y promocionada por el Internet, es potencialmente intolerante, de vocación monopólica, y que las justificaciones para limitar o impedir el funcionamiento de algunas de ellas son también válidas para todas las otras. O sea que, una de dos: o se las prohíbe a todas sin excepción, como intentaron algunos ingenuos -la Revolución Francesa, Lenin, Mao, Fidel Castro- o a todas se las autoriza, con la única exigencia de que actúen dentro de la Ley (Defensa de las Sectas. Mario Vargas Llosa).

—oOo—

Alien

Le veo un fallo a su razonamiento, y es cuando dice: «O sea que, una de dos: o se las prohíbe a todas sin excepción, […] o a todas se las autoriza, con la única exigencia de que actúen dentro de la Ley».

Está de acuerdo en que se permitan las sectas siempre que no violen la ley. Pero es que las sectas destructivas siempre violan la ley —incluidos los grupos que operan con las mismas prácticas bajo la bandera de las religiones oficiales—, cuanto menos porque violan la libertad de las personas con técnicas coercitivas de control mental, afectivo, psíquico, económico y de la información.

Por lo que que no se puede autorizar ninguna formación que utilice técnicas sectarias.

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La Confidencia En El Opus Dei

enero 27, 2007

Ivan de ExOpus

La dirección espiritual en el Opus Dei (confidencia) se hace habitualmente con un laico: tu director inmediato, y no es algo elegido por ti sino que te es impuesto (a pesar de las disposiciones eclesiásticas en contra).

Esa costumbre reúne las siguientes características:

1. Como el director no es elegido por ti, no es frecuente que a priori se dé empatía entre ambos.

2. La persona que conoce todo, todo, todo, sobre ti y tus circunstancias es alguien de quien tú no sabes nada, nada, nada (pues aunque él quisiera no te lo puede contar, ya que las intimidades sólo se le manifiestan al director).

3. Con esa persona luego convives y además es quien te manda.

4. Te cargan con la culpabilidad de que sí no eres salvajemente sincero con él estás ofendiendo a Dios.

5. Sí no vas puntualmente a hacer la confidencia (cada semana, a la hora del día previsto) eres perseguido por el director para que la hagas y por retrasarla además te acusa de «no ser delicado con Dios».

La carencia afectiva provocada por esa relación despótica, unilateral y servil, unida a la violación de tus derechos (que aunque no lo percibes racionalmente, sí en tu interior) va provocando un rechazo paulatino y visceral hacia tu director y a la materialización de cada una de esas confidencias.

En los medios de formación del Opus Dei se repite hasta la saciedad que tener miedo a los directores es una tentación diabólica grave. Y eso se predica porque es habitual que ocurra. Pero ligar al demonio algo normal y saludable provoca un estado permanente de culpabilidad y neurotización.

Contemplando la praxis del Opus Dei con la objetividad que da la distancia, en muchas ocasiones me pregunto cómo es posible que no estén enfermos todos los numerarios y agregados de la Obra. Y los hechos responden a mi pregunta viendo como conforme pasan los años van cayendo uno a uno en depresión, esquizofrenia, enfermedades psicosomáticas (úlceras de estómago por estrés, colon irritable, crisis de ansiedad, insomnio rebelde, dermatitis incurables hasta que se deja el Opus Dei, columna vertebral deformada por las tensiones musculares inconscientes a las que se la somete).

Sí eres de la Obra y me estás leyendo, medita mis palabras y contrástalas con lo que ves a tu alrededor. Quizás descubras que hay mucha verdad en lo que digo, lo que te puede llevar a comprender que no es por odio ni por rencor al Opus Dei por lo que escribo aquí sino para ayudarte, de la misma manera que en su día lo hizo conmigo Steven Hassan.

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Reflexiones Sobre El Opus Dei Y Las Sectas (IV)

enero 25, 2007

Varios autores.

Selección realizada por Iván.

Yo pienso que ha llegado un momento en que el tema ya no es la iglesia sí o no, el tema es que hay una organización de mafiosos que con la máscara de la religión católica se aprovechan de todo el que pueden. Lamento decir una vez más en esta página que tantos compatriotas míos navarros reciben su sueldo o sus sueldos de una secta, un dinero acumulado gracias al engaño, al fraude, al escaqueo de todos los códigos legales que nos podamos echar a la cara. La pregunta para mí es ¿hasta cuando va a seguir el OPus con esos truquillos que también le funcionan? (Fuente. Ana Azanza.)

Hace una temporada, navegando, navegando descubrí esta gueb y, casualidades de la vida, yo que también estuve en la secta me siento identificado con vuestra causa.

Hace 27 años que se me ocurrió escribir la carta al amigo Portillo, era 1979 y yo no era más que un pardillo de 15 primaveras, con el cerebro por hacer. Estuve sólo dos años en organización tan maja, haciendo planes, con zapatucos castellanos, besando cruces y diciendo cosas en latín para el cuello de mi camisa y enrepitiendo que se cumpliera no se qué intención espacial del tal Portillo, y también congelándome los cataplines todas las mañanitas. Creo que todo esto hizo que mi edad del pavo fuera más complicadilla de lo normal.

Joeeee¡¡¡, han pasado ya casi 30 años de aquello, creo que me he convertido en una persona tirando a normal, bueno quizá, no sé, en fin.

Las sensaciones con las que me he quedado sobre el opus son muy claras, si alguno de estos individuos/as se acercara a alguno de mis hijos/as acabaría en Carabanchel con total seguridad.

Me parece totalmente ridícula su forma de vida, algo absurdo y que ahora, con unos años más, no consigo comprender. Vale, quieren ser santos, ¿no?. Si eso pudiera conseguirse la lógica más elemental nos llevaría a lograrlo sacrificándose por el prójimo, ¿no?. Me pregunto entonces ¿Estos fulanos se sacrifican por alguien? (excluyo a las pobres de la administración). Se sacrifican, sí, pero… ¿con algún sentido?, ¿para ayudar a algún prójimo?. Creo que lo hacen sólo para ganar puntos con sus superiores y medrar en la institución esa es toda su motivación, nada va dirigido a alguien de carne y hueso salvo para abducirlo y que entre a formar parte de sus huestes momento en que se pasa del capturado en cuestión. No consigo entender que tiene que ver eso con Dios o con cualquier ente superuniversal. Por otro lado el ser santo hoy en día está bastante barato y a los hechos me repito, así que amiguetes/as de la asociación de santitos, podéis bajar el número de jacas culadoiras que acabareis igual en los altares para gloria de, de, bueno de lo que sea (Fuente. Eldelavespa).

Hay derechos que son inalienables, incluso después de haber adquirido la mayoría de edad. Por eso la Iglesia en el CIC declara que los fieles tienen derechos incluso dentro de las instituciones religiosas y libertades como las de escoger confesor, director espiritual y prohíbe que un superior exija a un subordinado la manifestación de asuntos de conciencia. Esto se lo salta el opus -que en esto esta por fuera de la Iglesia Católica- y no es excusa el pretender que el fiel de la prelatura que se asocia a ella renuncia libremente a ese derecho… es que ese derecho es irrenunciable.

Digamos que hay que recuperar el sentido común y pensar que Dios no le puede exigir a uno que renuncie a protegerse de lo que supondría una violación a su dignidad. Por poner un caso extremo, yo no dejaría que un amigo -y menos un hijo mio- de cualquier edad renuncie a defenderse de una banda de torturadores por el simple hecho de que los verdugos le hicieron firmar una carta en la que renuncia a su integridad física y sicológica. Algo análogo es lo que hace el opus dei con personas como la hija de Carmen -y lo que hicieron conmigo- y no por que ella cumpla los 18 años puede renunciar a derechos que la misma Iglesia le reconoce hasta a los religiosos. Es mas en principio esa renuncia ni siquiera esta escrita, pero se graba a fuego en los medios de formación y así es como se hace el daño.

Lo mismo pasa en la legislación laboral, por lo que conozco en mi pais, por poner un ejemplo. Si un jefe lo obliga a firmar un documento donde uno renuncia a sus prestaciones sociales -por ejemplo- y autoriza al jefe a quedarse con los aportes que este debe hacer al estado a nombre de su empleado, eso no protegerá a este jefe ante un tribunal si el empleado reacciona y vuelve a reclamar su derecho. Y lo mismo con muchas cosas mas y estamos hablando del estado, no de la Iglesia que debería ser mas misericordiosa.

Y es que la obra es tan sectaria que hasta se atrevió a hacerle canción a ese renunciamiento violatorio de los Derechos Humanos.

Tengo el derecho, de no tener ya nunca ningún derecho, ningún derecho, ningún derechoooo. Todo supuestamente en nombre del amor. Pero el amor no tiene nada que ver con la posesión despótica del ser amado, me atrevo a decir (Fuente. Australopitecus).

Respecto de tu pregunta sobre qué le preocupa al Prelado de la Obra en el plano de la inserción jurídica eclesial de la institución a la que perteneces, te respondería que no soy adivina, aunque te puedo comentar mi opinión. Pero antes de decírtela, me parece que vale la pena detenerse en el hecho mismo de que tú lo preguntes. ¿Te parece normal que en una institución de la Iglesia se pidan oraciones por algo que sólo pueden conocer los iniciados? Esto suena a secta, al modo de actuar las gnosis, donde sólo unos privilegiados son considerados dignos de estar en el ajo de las cuestiones? ¿Esto es propio de una institución que proclama que la intimidad con Dios es para todos por igual? ¿Este secretismo es coherente con aquel tratar a los miembros como adultos, que predicaba el Fundador? (Fuente. Trinity).

Selección realizada por Iván.

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