Adagios, Frases, Refranes, Proverbios y Dichos De Abraham Lincoln

marzo 31, 2007
  1. Suavizar las penas de los otros es olvidar las propias.
  2. Un estado en el que coexisten la libertad y la esclavitud no puede perdurar.
  3. Hay momentos en la vida de todo político en que lo mejor que puede hacerse es no despegar los labios.
  4. Una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil.
  5. Nadie tiene la memoria suficiente para mentir siempre con éxito.
  6. Es más fácil reprimir el primer capricho que satisfacer los otros que le siguen.
  7. Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.
  8. Si hago una buena obra, me siento bien; y si obro mal, me encuentro mal. Esta es mi religión.
  9. Una gota de miel caza más moscas que un galón de hiel.
  10. No podéis otorgar la fuerza al débil debilitando al fuerte; no podéis ayudar al pobre arruinando al rico.
  11. Casi todas las personas son tan felices como se deciden a serlo.
  12. Yo no sé quién fue mi abuelo; me importa mucho más saber qué será su nieto.
  13. Más vale permanecer callado y que sospechen tu necedad, que hablar y quitarles toda duda de ello.
  14. Entre el amor y la violencia, siempre acaba triunfando el amor.
  15. Podrás engañar a todos durante algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos.
  16. La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

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MÁS ENTRADAS SOBRE AFORISMOS

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Un Silencio Incomprensible

marzo 13, 2007

Ivan de ExOpus

Antonio Pérez Tenessa pidió la admisión en el Opus Dei en 1939, fue ordenado sacerdote en 1948. Desde 1950 desarrolló el cargo de Secretario General del Opus Dei (el que más mandaba después del Fundador) y en 1956 fue nombrado Consiliario Regional de España (cargo equivalente al actual Vicario Regional). En 1965 abandonó la institución.

Según Mª del Carmen Tapia a él se debe la creación de la Universidad de Navarra, el proyecto de Prelatura personal que ahora disfruta la Obra, la adquisición del Marquesado de Peralta para el Fundador del Opus Dei… Se tuvo que exiliar voluntariamente a México para evitar ser atrapado por la Obra. Y todo lo que narra de su estancia y salida del Opus Dei son estas palabras:

Desde que abandoné el Opus Dei, he mantenido un respetuoso silencio acerca de esa institución en la que gasté honradamente los mejores años de mi vida; en parte, porque así me lo exigió, en nombre de monseñor Escrivá, Pedro Casciaro cuando me localizó en México; y en parte por lealtad conmigo mismo y con los juramentos promisorios que me obligaron a hacer en el Opus Dei. Nadie me habrá oído nunca hablar mal de esa institución, me he negado sistemáticamente a aceptar entrevistas periodísticas de tono crítico, y aprovecho ahora la oportunidad para desautorizar a cualquier persona que haya utilizado mi nombre dando a entender lo contrario. A pesar de que esta lealtad mía no ha sido siempre correspondida, no pienso cambiar mi línea de conducta, ni siquiera al enterarme de la publicación de ciertos documentos en los que las dos más altas jerarquías del Instituto vierten insidiosas acusaciones contra mí, cuya falsedad puedo probar documentalmente. No considero elegante enzarzarme en disputas de patio de vecindad.

Yo no he pedido en ningún momento testificar en la causa de beatificación de monseñor Escrivá de Balaguer -ni en pro ni en contra-, y me parece una iniquidad que esas dos personas se atrevan a descalificarme de antemano tergiversando los hechos, y que el tribunal eclesiástico lo dé todo por bueno sin más averiguaciones.

Lo único completamente cierto de todo lo que dicen -y lo único importante para el proceso de beatificación- es que monseñor Escrivá, mientras pertenecí al Opus Dei y le serví lealmente, me trató siempre con un gran cariño, mucho más de lo que ya merecía (luego, dijo de mí mil perrerías), rezó mucho por mí, con poco fruto, y puso todo su empeño, que era grande, para evitar que yo abandonase el Instituto. Esto es lo positivo, lo que había que declarar en el proceso. Lo demás es chismorrería y pura maledicencia. Por cierto que el señor Echevarría no me conoce más que de vista o de oídas, porque él era un mequetrefe cuando yo estaba en el Opus.

Soy creyente, pero no me interesa ni ésta ni ninguna otra beatificación. No quiero entrar en la polémica que ha levantado este proceso. Me basta con aclarar que yo fui “pescado por la cabeza”, como dicen ellos, mas no por el corazón. Nunca me encontré a gusto dentro del Opus Dei, pero mientras estuve allí lo serví con toda mi entrega. Siempre me quise marchar; lo saben ellos. Me opuse a la ordenación hasta donde pude (le consta a Pedro Casciaro, que era entonces secretario general), pero todo fue inútil. Salirse de la Obra era poco menos que imposible y no me parecía correcto hacerlo mientras ocupaba puestos de dirección. Cuando ya no los tuve, me fui, de mala manera, huyendo como un malhechor, con lo que llevaba puesto. Pero no había otra salida. Yo sabía la triste suerte que me esperaba en Roma si me hubiera retrasado 24 horas en escapar. Cuando me vi libre, respiré, empecé a sentirme persona, di gracias a Dios y se las sigo dando. No tengo resentimientos contra nadie, no culpo de nada a la institución -muy respetable-, en la que cuento aún con grandes amigos que deseo perseveren en su camino.

Digo sencillamente que aquello no era para mí. Ése fue el error del padre Escrivá conmigo, como lo fue el de predecir la fecha de su muerte [el Fundador del Opus Dei predijo su muerte para siete años después de cuando en realidad murió]; también los grandes hombres y aun los santos se equivocan. Lo cual nada tiene que ver con su proceso de beatificación. Lo que no entiendo es que para enaltecer las virtudes del siervo de Dios haya que recurrir al mito, a la falsedad y a la maledicencia.

Deseo al Opus Dei los mayores éxitos, como imagen visible de la Iglesia triunfante, y solamente les pido una cosa: que me dejen en paz. Yo vivo muy contento con mis hijos y no cambio un solo día de mi vida actual por todos los años -muy interesantes, pero de pesadilla- que pasé en el Opus (No Hablaré Mal De La Obra. Antonio Pérez-Tenessa. El País – Sociedad – 13-04-1992).

¿Qué ocurrió con Tenessa en la Obra para que, tras haber fallecido, hasta sus biógrafos se salten a la torera su estancia en el Opus Dei?

Copio una de esas biografías:

ANTONIO PEREZ-TENESSA HERNANDEZ

CONSEJERO PERMANENTE DE ESTADO

IN MEMORIAM

Ha fallecido en Madrid, silenciosamente, como fue su vida, uno de los juristas más completos que hemos tenido en los últimos años, Antonio Pérez-Tenessa Hernández. Afincado en su niñez y juventud en la ciudad de Daroca (Zaragoza), estudió en el Colegio de los Escolapios, que ya había dado la lumbrera de otro estadista, Mariano Navarro Rubio. Fue muy destacado alumno, y era el encargado, desde el púlpito, de dirigir las oraciones, o devociones cotidianas religiosas en la formación integral que ofrecían las Escuelas Pías. Creó en 1936 un batallón de “Pelayos”, del que fuimos nosotros Jefe de Tambores. Esto ocurría en los años de 1930 a 1940. Como su padre, buen cristiano y carlista –como el nuestro y muy amigos– era habitual su presencia en la Adoración Nocturna, y en la naciente Juventud de Acción Católica, cosa no fácil entonces. Trasladado el padre, empleado de una entidad bancaria, con cinco hijos procedentes de dos matrimonios, marchó a Valencia, en donde terminó la carrera de Derecho, con sobresaliente y premio extraordinario. Miembro de las primeras Promociones de la Milicia Universitaria, estuvo de Alférez, en el periodo de prácticas en uno de los Regimientos de Montaña dedicados a contener a los “maquis” en el Pirineo. Este servicio, procuró contabilizarlo con su preparación de Letrado del Consejo de Estado. Se especializó en el llamado entonces “recurso de agravios” –publicó varios estudios– en materia de personal, venia a representar un procedimiento de revisión “miniconstitucional”, para actos administrativos, y que había de decidir el Jefe del Estado, en Consejo de Ministros. (Por los años 1960, fue “famoso” el promovido por Don José Valenzuela Soler, Catedrático en excedencia de Derecho Administrativo, y que había sido en el Gobierno de Lerroux, Director General de Obras Públicas, cuando había solicitado la cátedra de aquélla disciplina en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, en la que coincidieron otros dos administrativistas aragoneses: Royo Villanova, que estaba en Ciencias Políticas: y Jordana de Pozas, en la 2ª. cátedra. El informe del Consejo de Estado, siendo ponente Pérez-Tenessa, fue decisivo en una larga deliberación por el Consejo de Ministros, con la decisión del Jefe del Estado “de conformidad con el Consejo de Estado”, a favor de Valenzuela Soler).

Después de unos años en Méjico, volvió al Consejo de Estado, siendo Letrado Mayor, Secretario General, y ya jubilado nombrado Consejero Permanente de Estado. Sus dictámenes eran un arsenal de Ciencia Jurídica, y de alta “visión de la Función Publica”. En el solemne funeral en la Basílica Castrense, con asistencia del Consejo de Estado en pleno, el también Consejero Permanente de dicho Consejo, Antonio Sánchez del Corral, al final de la Eucaristía, le dedicó un poema, cuyos dos últimos versos rezaban así. “Recio ejemplar del Aragón Hispano / fueron verdad v justicia tu cimiento. / Surgia la flor donde tocó tu mano…Cuanto a ti se confío no lo fue en vano / Te halló firme y en pie mientras tuviste aliento / Antonio, compañero, amigo, hermano”. A sus hijos, Alejandro, Diego, Luis y Javier, nuestra condolencia. Descanse en Paz, el Ilustre Jurista, silencioso y brillante (Jesús López Medel).

¡Ni una sola palabra sobre los 27 años de su estancia en Obra!

Qué tuvieron que meterle en el cuerpo a Tenessa para no hablar con nadie sobre sus vivencias en la Obra, ni siquiera con sus compañeros y amigos más íntimos, hasta el punto de que tras su muerte sean incapaces de contar ni una sola palabra sobre su permanencia en el Opus Dei.

Sea por lo que fuere, lo que ahora le deseamos de todo corazón es que descanse en paz.

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El Silencio Del Opus Dei (I)

enero 10, 2007

Ivan de ExOpus

Publicado en Opuslibros el 9 de agosto de 2004

Si el médico nos toma una muestra de sangre del brazo derecho y luego nos cuenta: “Usted tiene anemia”. ¿Por qué no le respondemos: “Éso es falso, quien tiene anemia es mi brazo derecho porque es de allí de donde usted tomó la sangre”? No contestamos éso porque sabemos que la sangre es un elemento común a todo el cuerpo y por lo tanto es indiferente el lugar de donde se extraiga…

Pero si nos hacen una biopsia de una mancha que tenemos en la piel de ese brazo y después el médico nos dice: “Lo que hay en su brazo es un tumor maligno”, en esa ocasión no se refiere a todo el cuerpo sino exclusivamente al brazo; pero observemos lo que puede seguir contando: “Hay que aplicarle quimioterapia. Con ese tratamiento se quedará calvo, tendrá diarreas, debilidad general… pero es algo necesario para su salud”.

Con ese ejemplo podemos ver como lo que se encuentra en un miembro se aplica sólo a él, pero su bondad o malignidad repercute sobre todo el cuerpo.

Conclusiones:

1 – Lo primero que hay que hacer ante lo que se afirma de la parte de un todo es saber si se refiere a un elemento común al todo o peculiar de la parte.

2 – En el caso de que sea algo peculiar de la parte hay que conocer la bondad o maldad de lo existente en esa parte. Si es bueno repercute en el bienestar del todo, si malo en su perjuicio.

Apliquemos lo anterior refiriéndonos exclusivamente a elementos peculiares de la Obra (como miembro del cuerpo de la Iglesia).

Como acabamos de ver, lo importante es saber si lo negativo que se afirma de la Obra es cierto o no:

1 – Si es verdad, la Obra es dañina y por tanto perjudica a la Iglesia.

2 – Si es mentira, entonces quien afirma eso es quien la daña y con ella a la Iglesia.

Mas para llegar a ese diagnóstico es preciso escuchar la respuesta institucional –la oficial– de la Obra.

Para resolver un pleito hay que escuchar primero las acusaciones y después la defensa que sobre ellas hacen los acusados. No hay otra manera de fallarlo.

Respuesta institucional de la Obra.

La postura oficial de la Obra es la de callar ante las acusaciones y rezar para que quienes la injurian y calumnian se den cuenta de su error y se conviertan.

Aunque la mona se vista de seda mona se queda, de toda esa postura lo importante es que la Obra se calla, que no responde; el resto de la frase es un adorno superfluo.

Si en un juicio a alguien se le acusa de malversar fondos públicos y el único argumento de su abogado defensor es: “Mi defendido tiene pruebas de su inocencia pero no las aporta porque prefiere callar ante las acusaciones y reza para que quienes le injurian y calumnian se den cuenta de su error y se conviertan”, aparte del ataque de risa de los asistentes, ahí lo único valorable es que la defensa calla ante las acusaciones, que es lo que interesa a la hora de juzgar.

“Quien calla otorga”, es una máxima fundamental del Derecho. Si la Obra institucionalmente calla es que admite lo que afirman de ella, pues con ese silencio está indicando que no tiene pruebas que aportar en su defensa.

Alguien podría aducir: “Quizás haya otra explicación. Ya que todos los que dicen cosas negativas de la Obra no pueden estar en la verdad absoluta, porque no son Dios, y en algo se equivocarán. Si la Obra no responde a esas equivocaciones, que por fuerza han de existir, eso demuestra que en realidad calla a todo por otra razón distinta a la que usted indica”.

Le respondo que es verdad, que todo lo negativo que se afirma sobre la Obra no puede ser cierto, pero que la Obra calla ante esas equivocaciones porque si no lo hiciera tendría que responder también a todo lo demás que se afirma de ella. Prefiere no contestar a nada porque hay acusaciones gordísimas para las que no tiene respuesta. Es mejor salida callar a todo que desmontar una afirmación y quedarse mudo ante otras noventa y nueve de las que no tiene forma de defenderse.

Si se le acusa a alguien de haber matado a un matrimonio, a sus dos hijos y después al gato; lo que es absurdo es que esa persona se defienda diciendo: “Al gato no lo maté yo, ya estaba muerto cuando llegué”, porque inmediatamente todos saltarán: “¡Entonces estuviste allí! Y de las cuatro personas asesinadas, ¿qué nos dices?”. Como para eso no tiene respuesta, prefiere callar a todo.

Otros pueden argumentar: “La Obra dice de si misma que vive la humildad colectiva. Puede ser esa la razón por la que calla: sufrir en silencio las injusticias que con ella se cometen como manifestación de su humildad colectiva.”

Haciendo la salvedad de que la humildad colectiva no existe, como virtud grupal y aislada de las personas, sino la humildad de cada uno de los hombres y mujeres del colectivo; admito que alguien por humildad o por otra razón pueda callar ante acusaciones injustas, pero ese acto sólo puede ser moralmente bueno cuando el perjuicio de esas acusaciones afecta exclusivamente a esa persona.

Si voy solo por la calle y un desconocido me insulta, puedo hacerme el tonto y alejarme de él sin contestarle porque nadie más que yo sale perjudicado.

Cuando el silencio provoca un daño a terceros nunca se debe abandonar la defensa, porque sería una injusticia y una falta de caridad que se perjudiquen inocentes con nuestro silencio; y la justicia y sobre todo la caridad están por encima de cualquier otra virtud.

Sería una “humildad” muy dañina que la Obra callara ante graves acusaciones falsas, ya que la consecuencia inmediata ante ese silencio es que todo el mundo las daría por ciertas y ese perjuicio repercutiría sobre las almas, sobre la Obra y sobre la Iglesia; porque las almas se desorientarían, la Obra perdería su fama y la Iglesia recibiría ese golpe (por ser la Obra un miembro suyo).

Conclusiones del silencio institucional de la Obra.

Tanto si las acusaciones que se hacen contra la Obra son ciertas como si no, su silencio desdice de ella y daña gravemente a la Iglesia.

1 – Si las acusaciones son ciertas, con su silencio las acepta, lo que indica que ella es una institución perjudicial para la Iglesia.

Por lo tanto, los dirigentes del Opus Dei pecan hasta que no se corrijan los defectos graves y verdaderos que se le achacan a su Institución y que ellos admiten con su silencio; y mientras no rectifiquen, ese pecado no puede ser perdonado porque no hay propósito de enmienda.

2 – Si son acusaciones falsas, con su silencio todo el mundo las considera como ciertas, por lo que se hace a si misma colaboradora del daño que sus acusadores la infringen; y con ese pecado de cooperación con el mal, además de a ella, perjudica a las almas y a la Iglesia (pues la Obra es un órgano suyo).

Por ello, los dirigentes del Opus Dei pecan al no defender cada acusación grave y falsa de que es objeto su Institución.

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El Silencio Del Opus Dei (II)

enero 10, 2007

Ivan de ExOpus

Las mentiras, calumnias y difamaciones tan sólo pueden beneficiar a una institución noble y digna, puesto que posee la verdad, y la verdad siempre acaba por imponerse. Estos grupos se defienden y prueban el error de los ataques injustos de que son objeto, lo que termina haciéndoles más fuertes que antes.

Quienes deben temblar son aquellas corporaciones que para medrar hunden sus cimientos en la mentira, las que hacen de las dobles verdades y de las falsedades su alimento; ya que carecen de pruebas y de fuerza para contrarrestar a quienes sacan a la luz su hipocresía. Como les es imposible defenderse de las realidades que les dañan procuran silenciar por todos los medios a quienes las cuentan. Y cuando no lo consiguen sólo les queda una salida: callar. Eso sí, como la falsedad es su raíz, es fácil que inventen una falacia para justificar su silencio, tal y como que con esa conducta «imitan a Cristo cuando calló ante Herodes».

Mas Jesús sólo permaneció en silencio cuando los ataques que recibía lo eran contra su persona, no cuando afectaban a su misión.

¿Cómo puede ser posible que quien es el Camino, la Verdad y la Vida pueda permanecer impasible ante el descamino y la mentira que pueden llevar a la muerte a la comunidad que su Padre le encomendó?

Sí los que mandan en una institución pública callan ante las críticas que reciben, sólo puede ser debido a que es real lo que se dice sobre ellos, porque en caso contrario aportarían las pruebas precisas para demostrar la verdad.

¿Qué pensaríamos de un banco cuyos directivos guardan silencio ante la inculpación de insolvencia de la entidad o de un ministro que calla ante las afirmaciones de que sus funcionarios prevarican?

Sencillamente pensaríamos que las acusaciones son ciertas. Y nos echaríamos a reír si sus mandamás nos salieran con que enmudecen porque son tan santos que «imitan a Cristo cuando ante Herodes se mantuvo en silencio».

Es una máxima jurídica que quien calla otorga como ciertas las imputaciones de que es objeto.

Y cuando ante graves acusaciones una institución pública calla reiteradamente, eso significa, además, que no tiene intención de rectificar.

No quiero dañar injustamente a nadie por lo que procuro que todo cuanto manifiesto aquí esté cimentado en realidades objetivas, y por tanto demostrables. Ruego a quien descubra falta de fundamento en alguna de mi afirmaciones que me lo comunique, para que así pueda rectificar y, en su caso, pedir públicamente perdón.

Iván.

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