Filiación Al Padre (Monseñor Escrivá)

enero 3, 2009

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El Opus Dei. Anexo A Una Historia. Cap. 9.

María Angustias Moreno

Siempre he sido poco dada a las imposiciones “por las buenas”. Creo que para no dejarse arrastrar por el mal hay que no dejarse arrastrar por nada. Hay que profundizar, hay que discernir, hay que ser consciente. Hay que decidir siempre y en todo, en uso de una responsabilidad inalienable que, sin embargo, no deberá ser tachada de anarquía. Una orquesta, por ejemplo, no puede ser anárquica para ser armónica. Mover el palito (batuta) y moverlo con energía (dirigir bien) es fundamental. Pero a la vez que lo es la aportación de los instrumentos más variados. ¿Qué sería de una orquesta si por organizada y bien dirigida hubiera que hacer los mismos movimientos para tocar el violín, el trombón o los platillos? No se trata, por tanto, de defender individualismos anárquicos. Como tampoco de plantear desconfianzas. Se puede y se debe confiar. Confiar desde luego en aquello que de antemano ha sido objeto de ese personal y responsable discernimiento. Porque la confianza, entiendo yo (y es a lo que voy), no se impone, se inspira. La confianza, como la verdad, sólo puede imponerse por sí misma.

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El Traidor, El Apóstata Y El Buen Pastor Según El Opus Dei

noviembre 17, 2008
Creacción de Adán

La creación de Adán

Iván de ExOpus

Aún cuando el Código de Derecho Canónico establece que la vocación de los laicos al Opus Dei es inexistente, por no poder llegar a ser en él más que simples cooperadores orgánicos suyos que no se distinguen en nada del resto de los seglares de sus respectivas diócesis, y que sus clérigos son sacerdotes seculares iguales al resto de los de la Iglesia, para el Fundador de esta institución esas supuestas vocaciones al Opus Dei son de la misma entidad que la del bautismo (para nosotros, la fidelidad a nuestra llamada significa fidelidad a la vocación cristiana: al Amor de Dios. Se entienden por eso las palabras fuertes de nuestro Padre: si alguno de mis hijos se abandona y deja de guerrear, o vuelve la espalda, que sepa que nos hace traición a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos en la Obra, a todas las almas), por lo que su Obra es la misma Iglesia, y por tanto él se equiparaba cuanto menos a un gran profeta, incluso con el mismo Cristo.

Para mostrarlo traigo tres escritos oficiales del Opus Dei.

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Antes Morir Que Dejar el Opus Dei

octubre 4, 2007

Francisco de Goya, El sueño de la razón produce monstruos

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Iván de ExOpus

El fundador del Opus Dei esgrimió frases como las siguientes:

-“Dejar la Obra es condenarse a la infelicidad temporal y eterna

-“No doy cinco céntimos por el alma de quien haya dejado el Opus Dei

-“Prefiero que me digan de un hijo mío que ha muerto antes que ha perdido su vocación al Opus Dei

-“Rezad para que Dios os permita morir antes que dejar el Opus Dei

“Pedidle a Dios que os quite la vida antes de que consienta que dejéis el Opus Dei”

La vida es el don natural más grande que el Creador le ha concedido al hombre y por eso sólo puede ser sacrificada por el único bien que hay superior a ella: por Dios. Esta realidad es la que santifica el martirio: a una persona se le da a escoger entre seguir viviendo sin Dios o a morir por Él, y escoge la muerte con tal de no perderle.

El fundador del Opus Dei les exige a los suyos una suerte de martirio (que Dios os permita morir antes que…), pero no es directamente por Dios por quien pide que se muera, sino por la institución fundada por él (antes que dejar el Opus Dei), por lo que con esas frases está sustituyendo al Altísimo por el Opus Dei.

Por otro camino llegamos a la conclusión, tantas veces demostrada, de que don José María Escrivá de Balaguer y Albás se creía un elegido de la Divinidad, tan elegidísimo y perfecto que identificaba a su criatura, al Opus Dei, con el mismísimo Dios.

Y si un hijo ha de ser semejante a su padre, lo que es Dios sólo puede salir de un progenitor que lo sea, por lo que, de igual forma que a su Obra, él también tenía que considerarse a sí mismo como Dios, quizás por eso se hacia llamar “El Padre”, como se le llama al Creador, a la Primera Persona de la Santísima Trinidad, y no “padre José María” o “padre Escrivá”, como se habría hecho denominar si hubiera vivido bajo la humildad de sentirse igual al resto de los sacerdotes católicos.

Si don José María se hubiera creído un ser superior tangible tal como El Cid Campeador, o Napoleón Bonaparte (por citar algunos ejemplos habituales de lo que pergeñan las mentes de los megalómanos), todo el mundo entendería que lo suyo era una enfermedad muy grave, se le habría aplicado la terapia necesaria a su delirio hasta que revirtiera, y su mal habría sido inofensivo para el resto de la humanidad. Mas la combinación escrivaniana de considerarse en lo profundo como Dios mientras que se manifestaba teatralmente con una aparente humildad (por ejemplo, diciendo de si mismo que era un pobre pecador) y el haber creado una institución que logra de los demás que le secunden en su delirio (por aplicarles las técnicas de esclavitud psicológicas y espirituales de las sectas destructivas de la personalidad); como decíamos, esa combinación ha permitido que una megalomanía enfermiza y herética, muy peligrosa para la humanidad, engañe hasta el punto de ser considerada como santa por la mismísima Iglesia.

De tan insólita que es esta realidad hay muchos que no se permiten a si mismos descubrirla, aun siendo tan patente. Mas la verdad es muy tozuda y acaba imponiéndose, a pesar de la ceguera de tantos.

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Yo Soy El Camino La Verdad y La Vida

septiembre 26, 2007

Iván de ExOpus

La frase que da título a este escrito figura en los Evangelios como dicha por Jesús para hacernos ver con ella que Él no sólo es hombre sino también Dios.

En efecto, cualquier persona puede mostrarnos el camino para llegar a Dios, donde se halla la verdad para descubrirle y la vida que nos llenará de Él. Pero si alguien afirma que es cada uno de esos conceptos con ello nos está diciendo que Dios y él son la misma cosa. Hay que caminar “dentro” de ese hombre porque él es “el Camino”, hay que “introducir” la cabeza en su interior porque él es “la Verdad” y hay que “injertarse” en él porque es la única manera de que “la Vida” entre en nosotros.

Si nos encontráramos en los Textos Sagrados la frase: “Si no pasáis por mi cabeza y por mi corazón no llegaréis a Dios”, la entenderíamos como idéntica a la anterior (sólo por la cabeza y por el corazón de Dios se puede llegar a Él), por lo que serían heréticas en cualquier persona que las pronunciare que no sea Jesucristo, ya que, como dijimos antes, identifican a quien las afirma con Dios.

Pues “Hijos míos, si no pasáis por mi cabeza y por mi corazón no llegaréis a Dios” no se encuentra en ningún Evangelio sino que fueron dichas a los suyos en diversas ocasiones por san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

Ante tal megalomanía prefiero no añadir nada más. Dejo al lector la tarea de sacar las conclusiones pertinentes.

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