¿Se Respetan En El Opus Dei Los Derechos Humanos Fundamentales?

julio 20, 2007

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Iván de ExOpus

Reedición del publicado en Opus Libros el 27 de junio y 4 de julio de 2004

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El hombre es hijo de sus obras.

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

Respondo a quienes intentan demostrar la bondad del Opus Dei porque ellos son muy felices dentro:

Me alegro mucho por vosotros de que hayáis llevado una vida tan feliz en el Opus Dei, pero desgraciadamente eso vale de muy poco para saber lo que en realidad es la Obra (ser muy feliz en un grupo no sirve como criterio de bondad para ninguna institución) puesto que miembros felices los hay hasta en la sociedades más depravadas. ¿O acaso creéis que entre los asesinos de los campos de exterminio no hubo algunos que fueron muy dichosos por formar parte de esa institución? Seguro que los hubo.

Una sociedad no es buena porque algunos (o muchos o casi la totalidad) de sus miembros estén contentos en ella; a una sociedad se la puede empezar a considerar como buena cuando institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

Lo que escribo a continuación no lo hablo por otros, ni por lo que he oído o leído, sino que es fruto de mi propia experiencia durante casi 35 años dentro de la Obra.

Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta.

Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.

Utilizan lo que llaman la “corrección fraterna” como medio muy eficaz para mantener el dominio sobre sus miembros. La fundamentan, como verdad externa, en la frase de Jesús según la cual si ves un pecado en tu hermano debes corregirle. Ese medio es en apariencia una buena práctica, pero veamos como se utiliza, para conocer otra realidad oculta.

Una vez vista una falta en otro miembro, algo que te parece no estar de acuerdo con el espíritu de la Obra, has de contárselo a su director quien tiene la última palabra para que le corrijas o no. Es decir:

1 – Casi nunca corriges pecados normales (los que todo el mundo entiende por pecado) sino que se utiliza sobre todo para aquello que no es afín al espíritu de la Obra (que previamente te han mentalizado cual es).

2 – Bajo la verdad externa de que se consulta al director de la otra persona, para que sea él quien juzgue la procedencia de esa corrección, subyace otra realidad que es que así los directores siempre pueden mantener un control de la conducta de sus dirigidos al estar permanentemente informados sobre lo que hacen y dicen que pueda ser disonante con la Obra. Con la corrección fraterna los ojos de todos los miembros de la Prelatura se convierten en los de tu director inmediato, quien a su vez, si procede, informa al director superior (por lo que de una falta que cometas hoy, el Prelado puede tener mañana un informe sobre la mesa de su despacho).

Voy a poner un par de ejemplos de correcciones fraternas tomadas de mi propia vida.

En una ocasión comenté ante varios que me gustaba mucho el libro “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach. Un par de horas más tarde me hicieron una triple corrección fraterna: Porque no había mirado ese título en el índice interno de libros que la Obra lleva, puesto que allí se indica que no se puede leer. En segundo lugar, por haberlo leído sin las prevenciones oportunas de conocer antes si podía hacerlo, lo que podría haber perjudicado a mi alma. Por último, por escándalo a los demás, por la publicidad dañina que hice de él ante quienes no deben leerlo y a los que mis palabras les podrían llevar a pensar que era bueno, dando ellos por supuesto que yo lo había comprobado previamente (en ese índice).

Otro caso. Los agregados teníamos una meditación un día fijo a la semana, seguida de una tertulia durante la cual el sacerdote (el designado para nosotros) nos iba confesando sucesivamente (íbamos a él según el orden de colocación en la tertulia). Pues bien, en una ocasión no me confesé allí en dos semanas consecutivas. Nada más terminar la tertulia del segundo día, me vino uno para hacerme la corrección fraterna de que había que confesarse semanalmente con el sacerdote establecido y que si en alguna ocasión, por motivos de fuerza mayor, lo hacía en otro lugar, que después de la meditación, cuando me llegara el turno, me pasara a saludar al sacerdote (aunque no me confesara) para así no causar escándalo en el resto, que se daban cuenta de que yo no me había confesado.

La gente entra en la Obra sin saber los términos específicos de su entrega; después, poco a poco, se les crea una tupida red de miedos, culpas, fobias y temores (sobre todo a perder la felicidad temporal y eterna si dejas el Opus Dei) lo que permite enajenarles con facilidad de muchos derechos fundamentales. Por ese medio, a grandes rasgos, a los miembros del Opus Dei (en especial a los numerarios y agregados) se les expolian los siguientes derechos:

1 – Derecho a la libre información y a su intimidad personal: Diciéndoles lo que pueden de leer o no, los programas de televisión que pueden ver o no; les leen la correspondencia que reciben y envían, etc.

2 – Derecho al pensamiento libre: Obligándoles a no tener la mínima duda sobre su vocación: “De la vocación no se puede dudar, es intocable”, te repiten desde que pitas. A suprimir cualquier crítica sobre la Obra o sus directores (por ejemplo, es algo grave y que atenta contra la unidad del Opus Dei comentarle a otro que te agradaba más el director anterior que el actual), etc.

3 – Derecho a la conducta libre: Controlándoles amistades, esparcimiento, adónde pueden ir o no; impidiéndoles asistir a espectáculos públicos; exigiéndoles confesarse semanalmente (con o sin pecados) con el sacerdote del centro, imponiéndoles el director espiritual (que es un laico independiente del confesor), obligando a que esa dirección espiritual sea cada semana (porque te buscan, persiguen y fuerzan a tenerla si tú no vas dócilmente a ella), imponiendo que a ese laico le cuentes todo, todo, todo, y en especial y en primer lugar lo que te molestaría contar (aunque ello sea algo tan tonto como que has deseado entrar en un cine a ver Heidi), etc.

4 – En lo económico te fuerzan a un estado de indigencia total: En vez de agradecerte el dinero que das al Opus Dei, te dicen que el sueldo que cobras, desde antes de recibirlo, ya no es tuyo sino de la Obra, quien como “buena madre” vela por ti y te da lo que necesitas para subsistir (que ella previamente ha aprobado). Has de apuntar todos los gastos que realizas, hasta el más mínimo, y entregárselos al director en los cinco primeros días de cada mes. Con cualquier bien mueble (el coche) o inmueble que ha de figurar a tu nombre has de firmar un contrato de venta en blanco (sin datos del comprador ni fecha de venta) para que en cualquier momento ellos puedan rellenar esos datos y cambiarlo de dueño (lo hacen así para no cargar fiscalmente a la Obra, porque si no directamente te quitarían su propiedad). ¡Buen truco para que ante los de fuera parezca que tienes algo! Y cuando dejas la Obra te marchas sin nada (cuando lo haces no te dan ni para el metro). ¡Buen truco para mantenerte atado dentro!

5 – Derecho a los sentimientos libres: Sólo puedes poner el corazón en la Obra y en lo que a ella le conviene. Por ejemplo, has de amar al Prelado (a quien te hacen llamarle Padre, lo que sustituye en ti al que te dio la vida), a quien nunca has tratado, con el mismo cariño humano que sientes por tu propio padre o madre, etc.

6 – Derecho a una madurez humana y psicológica equilibrada: En el trato personal con el resto de los miembros has de evitar las fricciones, siempre has de sonreir, has de mantener una máscara de felicidad permanente. Si algo te molesta de otro has de hablarlo con el director y si procede recurrir a la corrección fraterna, nunca al planteamiento personal directo. Eso te lleva a vivir una intimidad de “invernadero”, ficticia, que notas muy claramente cuando sales de la Obra y has de crear una relación de pareja, en la que te sientes como un extraterrestre.

Por otra parte, dependes de ellos hasta en lo más mínimo. Has de comprar ropa acompañado de otro. Todos tus gastos te los han de aprobar antes de recibir tú el dinero. Has de consultarlo todo (te dicen que el director tiene gracia de estado por lo que tú nunca te equivocas obedeciendo) lo que te hace ser un dependiente psicológico. En la obra te permiten desarrollar facetas intelectuales (que no choquen con ellos) pero no los sentimientos y la independencia psicológica.

7 – Derecho a tener amigos dentro de la Obra y a continuar la amistad con los que lo eran tus amigos antes de incorporarse a ella: En el Opus Dei está establecido institucionalmente que no han de existir amistades particulares. Lo que ellos llaman amistad particular es lo que todo el mundo entiende como amistad a secas. No puedes tener un amigo de la Obra en quien confiar lo que tú desees y pensar que después te guardara el secreto, puesto que la corrección fraterna, de la que hablé antes, lo impide. Cualquier cosa que cuentes a otro puede acabar en el director y si es algo sobre discrepancias con la institución (aún mínimas) o dudas de vocación, seguro que acaba siendo escuchado por el director.

Cuando un amigo tuyo pita has de dejar de ser amigo de él. Como suena, por decreto tenéis que dejar de ser amigos porque hay que emplear esas energías en buscar otros amigos para acercarlos a la Obra. Para facilitarlo os separan cuanto antes, trasladando a uno de los dos a otro centro. A ese expolio de la amistad ellos lo llaman entregar los amigos a Dios, pero en realidad lo que busca es que su poder de manipulación no se diluya. Al no poder comunicar con nadie de dentro tus inquietudes (y menos con los de fuera), siempre estarás al arbitrio de lo que los directores te digan. Las cosas íntimas se consultan con el director, te dicen, y de esa manera se aseguran que recibas sólo las campanadas que ellos tañen. (Por lo mismo, tampoco pueden estar en el mismo centro dos hermanos de sangre, si ambos son de la Obra.)

La amistad en la Obra es sólo un instrumento para captar a la gente. Nunca para el enriquecimiento personal de sus miembros. Por eso los que pensabas que eran tus amigos en cuanto te vas de la Obra te ignoran: porque en realidad nunca han sido tus amigos.

Si eres de la Obra y quieres mantener un amigo, has de evitar que pite.

8 – Derecho a elegir la vocación a la Obra: Tú no eliges a la Obra, es ella quien te elige a ti. Te acercas a la Obra en busca de espiritualidad y por el buen ambiente humano que allí se respira y cuando menos te lo esperas aparece el numerario de quien eres amigo y que te llevó allí, el director, el cura y quien imparte los círculos (un medio de formación) y todos a una te plantean que tienes una vocación que tú no acabas de ver clara y terminas pitando, más que nada, para descansar de esa presión psicológica.

Es imposible que una persona elija su vocación a la Obra porque ellos no la muestran en sus detalles importantes; a ti tan sólo te cuentan que por Dios has de entregarlo todo y que se materializará tal y como ellos te dirán después (pero nunca piensas que en ese “todo” que das se incluyen derechos inviolables). Por lo tanto, si tú no puedes saberlo han de ser ellos quienes vean si les sirves o no y en caso afirmativo quienes te empujen adentro.

9 – Derecho a elegir salirte de la Obra: En realidad, la expoliación de todos los derechos enumerados en los otros apartados buscan este fin. Lo único que a la Obra le importa es llenarse de gente que les sea útil y que les duren hasta la muerte. Para conseguirlo hacen lo que haga falta, incluyendo que el fin justifique los medios.

10 – Derecho al dialógo sobre la Obra: Parece como si para ellos el Opus Dei además de traducirse como “La Obra de Dios” también significara “La Obra es Dios”, puesto que dialogar lo entienden como dar las vueltas que haga falta y durante el tiempo que sea preciso hasta lograr que el otro termine aceptando totalmente lo dicho por ella, sin ellos ceder un ápice ni reconocer un error.

“Toda institución en la que intervienen los hombres es imperfecta”, decía el Fundador del Opus Dei refiriéndose a la Iglesia, y tenía toda la razón del mundo, por eso la Iglesia se abre al diálogo. ¿Y la Obra no es imperfecta?

11 – Como haré ver más adelante con un aspecto muy significativo, para el Opus Dei los derechos adquiridos por sus miembros a través de la Prelatura sólo existen mientras benefician a la Obra (directamente y exclusivamente) y les son enajenados en cuanto no es así, sin temblarle el pulso por el perjuicio que ello produce en el individuo, en la sociedad y en la Iglesia Universal.

Muchos numerarios y agregados hemos aprobado dentro de la Obra los estudios eclesiásticos oficiales de la Iglesia (menos una asignatura menor que la Obra no te deja cursar excepto en el caso de que te vayas a ordenar como sacerdote de la Prelatura).

En el mes de permiso anual del trabajo los agregados se desplazan a los lugares que les asignan los directores para permanecer durante 25 días en lo que se llama internamente como “curso anual”, porque allí se cursan asignaturas de filosofía y teología. Mientras que el resto de sus compañeros, que no son del Opus Dei descansan, los de la Obra continúan trabajando, en este caso estudiando y con intensidad.

Esas asignaturas son idénticas a las que la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra imparte públicamente en sus aulas de Pamplona; universidad que es de la Iglesia y de la que la Iglesia es la última responsable por ser “suya”. Por supuesto, esas clases son dictadas por profesores cualificados por la citada universidad.

En esos cursos anuales, conforme los alumnos van cursando las asignaturas, se realizan los exámenes pertinentes en los que hay que obtener una calificación de notable o sobresaliente para superarlas. Esa es la única diferencia que existe con los exámenes que se realizan en las aulas públicas de Pamplona en donde a los alumnos matriculados allí les basta con obtener la nota mínima de aprobado para pasar cada materia.

Esa diferencia con los miembros de la Prelatura radica en el empeño que el Fundador del Opus Dei tenía de que los de la Obra estuviéramos más cualificados que los demás en esas materias, por lo que estableció que en todas las asignaturas eclesiásticas que cursara un miembro de la Obra debían obtenerse calificaciones de notable o sobresaliente para considerarlas como superadas.

Al final de cada curso anual se realizan las actas oficiales de cada materia en donde figuran aquellos alumnos que las han rendido, son firmadas por los respectivos profesores y se remiten a la Universidad de Navarra (en algunas ocasiones yo he escrito a máquina esas actas, en las que están en latín tanto el texto como todos los nombres incluidos en ellas, y se las he pasado después a los profesores para que las firmen).

En determinadas ciudades también se cursan esas asignaturas durante el resto del año (hablo de España).

De esa manera, poco a poco, año tras año, finalicé esa carrera universitaria. Son unos estudios tan, tan, tan oficiales que de un día para otro me podría haber ordenado sacerdote dentro de la Obra (en lo que respecta a los estudios que la Iglesia exige para ello, puesto que esa asignatura menor que me faltaba por terminar, de la que antes hable, se rinde en menos de una semana de estudio).

O sea, que sí me voy a ordenar como sacerdote del Opus Dei hay una universidad con reconocimiento público (civil y ante la Iglesia) que es la Universidad de Navarra que admite que yo he realizado todos los estudios eclesiásticos que ella imparte, puesto que me ha examinado de todas las asignaturas que componen esa licenciatura y en las cuales la nota mínima que he obtenido ha sido de notable.

Veamos lo que ocurrió cuando me fui de la Obra. Solicité un certificado de esos estudios y me respondieron que no me lo podían dar porque son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra”.

Hay una realidad: Yo tengo aprobadas las asignaturas de la licenciatura eclesiástica en filosofía y teología por la Universidad de Navarra.

Ante este hecho la Obra aplica dos “verdades”:

1 – Que ese derecho existe para ordenarte sacerdote dentro de la Prelatura (con lo que admiten que lo poseo).

2 – Y la otra, una “verdad falsa” de que son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” (que la Obra quiere hacer pasar como verdadera con el subterfugio mental de crear unas palabras que sustituyan a la realidad), lo que, sin temblarles el pulso, les permite enajenarte de un bien únicamente tuyo y arduamente adquirido con un esfuerzo continuado durante muchos años (en el tiempo en que los que no son de la Obra, como antes dije, descansaban de su trabajo habitual).

Hay que considerar que el expolio de ese bien produce los siguientes perjuicios:

1 – A las personas damnificadas. Puede servir para incluirlo en su currículum profesional para mejorarlo y poder obtener puestos de trabajo más cualificados. Al ser un título universitario te priva de los beneficios de su ejercicio, como puede ser dar clases de filosofía o religión. Hay muchos agregados sin otra titulación universitaria y de esa manera se les priva de ser universitarios de grado superior, etc.

2 – A la sociedad civil, puesto que la priva del bien que puede obtener de personas poseedoras de esa cualificación.

3 – A la Iglesia Universal, al expoliarla del beneficio que sus hijos pueden revertir en ella si disponen de esa titulación (a la que esas personas tienen derecho, todo el derecho del mundo) cómo puede ser, además de lo anteriormente visto para la sociedad civil, disponer de la capacidad de ordenarse sacerdote en cualquier diócesis del mundo sin necesidad de tener que realizar de nuevo esos estudios. Tengo constancia de que un exmiembro de la Prelatura decidió ordenarse como sacerdote en una diócesis de España y tras reiteradas instancias a la Obra por parte de su obispo le fue entregado un certificado de los estudios eclesiásticos cursados por él mientras perteneció al Opus Dei (con lo cual se ratifica todo lo que estoy diciendo aquí: que dicha persona había realizado esos estudios y que hasta ese momento la Obra se negaba a reconocerlo); esa situación que la Obra hace ser excepcional se corresponde, por el contrario, con un derecho inalienable de las personas que no puede ser manipulado por nadie.

No es justo tener que suplicar a otros la limosna de un bien que por derecho nos corresponde (y que se niega a entregar).

Analicemos lo que ese comportamiento de la Obra nos dice sobre sí misma:

1 – Que no les importan los derechos de las personas, tan sólo existen los derechos de su institución. 2 – Que no les importa el bienestar de las personas, tan sólo existe el bienestar de su institución.

3 – Que no les importa el bien de la Iglesia Universal, tan sólo existe el bien de su iglesia particular.

4 – Que fuerzan a que una universidad pública (como la de Navarra) tenga un “sótano”, oculto a la mirada de todos, en el que se guardan los expedientes de los estudios realizados por los miembros de la Prelatura, para poder utilizarlos ellos a su gusto como si fueran de la Obra en vez de quien los estudió.

5 – Como la Iglesia es la última responsable de esa universidad (por ser una universidad de la Iglesia) con esa expoliación de derechos adquiridos por las personas están haciendo que sea la Iglesia Universal quien cometa ese atropello.

6 – Que no les importa el bien de la sociedad, mientras que no sean ellos quien les suministre ese “bien” y manufacturado a su capricho.

7 – Que se demuestra, una vez más, que para el Opus Dei el fin justifica los medios.

8 – Que ante los talentos de sus miembros la Obra dice: “O para mí o para nadie”.

Por supuesto, todo lo dicho con anterioridad es válido también para aquellos que hayan realizado esos estudios parcialmente (que hayan aprobado diez, veinte o tan sólo una asignatura) ya que el derecho del que hablamos es el mismo en todos los casos.

Una idea repetida en las meditaciones y charlas que se dan dentro de la Obra es que la vocación al Opus Dei es tan importante y tan grande que muy posiblemente Dios no nos habría creado si no hubiera sido porque nos iba a conceder esa vocación; y consecuentemente a ese pensamiento actúan cuando te marchas del Opus Dei: Cómo te vas –parecen decirte con sus obras–, te retiramos la existencia de todo aquello que está en nuestra mano porque así actuaría Dios en nuestro lugar.

Si yo no hubiera sido del Opus Dei y alguien me cuenta lo que estoy escribiendo, sin darme el nombre de la sociedad que actúa así, sin dudarlo habría dicho que se trataba de una estructura comunista, puesto que en las entrañas de la filosofía del comunismo está que las personas carecen de derechos individuales a costa de la institución que las gobierna, que los posee todos y en exclusiva.

Imaginemos que al Fundador del Opus Dei le hubiera dado porque todos los numerarios y la mayoría de los agregados estudiaran en la Universidad de Navarra, además de la carrera Eclesiástica, las de Derecho y Medicina con una nota mínima de notable en cada asignatura y que muchos hubiéramos finalizado las tres carreras. Al salirnos de la Obra habríamos tenido que dejar también de ser abogados y médicos, profesiones que pudimos ejercer durante el tiempo que estuvimos dentro del Opus Dei pero no al marcharnos puesto que al ser “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” en el momento de dejarla nos habrían negado esos títulos universitarios. ¡Y entonces a trabajar solamente como picapedreros en las minas de carbón!

12 – Otro derecho humano vulnerado (que lo pongo al final no por considerarlo el menos importante sino porque alguno ha de cerrar la exposición) es que aplican esa violencia espiritual y psicológica en jóvenes que por su inmadurez están incapacitados para discernir y reaccionar. A partir de los 14 años y medio pueden pedirte pitar. Yo tenía 15 años cuando pité. (Para más información leer mi carta de fecha 16 junio de 2004 en donde ahondo en alguno de estos temas.)

Termino repitiendo la idea del principio: Encontrarse muy feliz en un grupo no es indicativo de su bondad, para saberlo hay que comprobar si ese colectivo institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

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La Gran Empresa Sobrenatural Del Opus Dei

julio 17, 2007

Portada Instrucción

Iván de ExOpus

Carísimos: En mis conversaciones con vosotros repetidas veces he puesto de manifiesto que la empresa, que estamos llevando a cabo, no es una empresa humana, sino una gran empresa sobrenatural, que comenzó cumpliéndose en ella a la letra cuanto se necesita para que se la pueda llamar sin jactancia la Obra de Dios […] Indudablemente muchas de esas organizaciones que han nacido ahora, como reacción natural de las almas nobles y cristianas ante la labor anticatólica de la revolución española —y aun otras organizaciones más antiguas, españolas y extranjeras—, a pesar de su fin sobrenatural, son empresas meramente humanas (Josemaría Escrivá, Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios, puntos 1 y 17).

Lo que se cuenta arriba sobre el Opus Dei sólo es aplicable a la Iglesia (una gran empresa sobrenatural), el resto de las instituciones se han de conformar con lo que san Josemaría asevera de las que no son la suya: que a pesar de su fin sobrenatural, son empresas meramente humanas.

¿Acaso el Fundador del Opus Dei se consideraba semejante a Dios para llegar a afirmar con esa rotundidad que su grupo es tan divino como la Iglesia y por tanto distinto y superior a los demás?

La realidad es que dentro del Opus Dei se vive como si así fuera.

Y de ahí vienen todos los males del Opus Dei.

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Mi Primer Escrito Sobre El Opus Dei

julio 13, 2007

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(A continuación transcribo mi primer escrito sobre el Opus Dei publicado en Opus Libros hace tres años, el 16 de Junio de 2004.)

Iván de ExOpus

Julissa Ha Removido Mis Recuerdos

Lo que dice Julissa ha removido mis recuerdos, por lo que esta carta se la dirijo especialmente a ella.

Estimada Julissa:

Dices en tu carta las siguientes frases: “Por favor digan la verdad” […] “voy a rezar mucho por ustedes para que no sigan haciendo daño” […] “pero estoy segura que a nadie se le mintió, porque antes de entrar al Opus Dei, te dicen todo” […] “definitivamente lo que mas se respeta en el Opus Dei es la libertad” […]

Cuando un ciudadano realiza un contrato con persona física o jurídica, del tipo que sea, ambas partes leen aquello a lo que se comprometen hasta que quedan claros todos los términos de su compromiso y después, si están de acuerdo, firman quedándose cada parte con una copia de lo pactado. ¡Ah!, se me olvidaba, ningún menor de edad puede realizar contratos. A mí, ni a nadie que conozco a quien se le pidió hacerse de la Obra (y he estado dentro casi 35 años como agregado) se nos dio un documento que contuviera aquello a lo que nos íbamos a comprometer.

A mis 15 años, nada más acercarme a la Obra ellos me cerraron la posibilidad de poder oír otras campanadas distintas a las que tañía el Opus Dei (me hicieron cambiar el confesor que tenía en la parroquia por el del centro, me dijeron que como la vocación era una gracia tan importante y nueva nadie la entendía nada más que ellos por lo que no les consultara sobre mi vocación a mis padres ni a persona ajena a la Obra) y todo eso adobado con que el Fundador del Opus Dei (del que ellos decían con la boca abierta que era posiblemente el mayor santo de la historia) afirmaba que no daba un duro por el alma de aquel que tuviera vocación y dejara la Obra, de que quien dejaba la Obra además de perder la felicidad temporal casi seguro que también perdía la eterna, de que prefería que le dijeran de un hijo suyo que se había muerto antes de que había dejado el Opus Dei, etc., lo que aterrorizaba mi alma, recordemos que era el alma de un niño de 15 años; luego me acosaron a todas horas (desde el director al cura pasando por el amigo numerario que me había llevado al centro) para que diera el paso definitivo y me hiciera de la Obra; que saltara al vacío (decían), que después vería claro. Y agotado escribí la carta de admisión. Y todo eso lo hicieron con un niño de 15 años.

Años después me encontré en una convivencia con el numerario que me había llevado al centro, a quien me he referido antes, y riéndose me recordó algo que le conté cuando él me proponía pitar (pedir la admisión a la Obra) y que yo había olvidado. Te la cito porque creo que demuestra muy bien como era mi estado de ánimo en aquellos momentos; me dijo: “Antes de pitar me contabas que te sentías como una bola de billar que está tan tranquila en la mesa de juego y de pronto viene otra bola, choca con ella, y la obliga a dar tres rebotes, luego, cuando parece que va a pararse, llega una segunda bola y la golpea desde otro lado repitiendo el proceso… y así, una y otra vez, sin dejarla en paz, con choques sucesivos es llevada de un lado para otro hasta que la consiguen meter en el agujero”.

Julissa, afirmas que “antes de entrar al Opus Dei, te dicen todo“.

Por ejemplo, a mí antes de hacerme de la Obra jamás me contaron que debía renunciar al derecho inviolable a la intimidad de la correspondencia. Cuando llevaba unos meses dentro (y ya me habían mentalizado lo suficiente de que la palabra del Padre era Vox Dei y de que lo que llegaba de él había que recibirlo de rodillas), durante mi primera convivencia me entregaron las cartas abiertas y me dijeron que las que escribiera se las tenía que dar al director sin cerrar; pregunto el porqué y “es una norma del Padre” y a obedecer o marcharse, lo que implicaba caer en el terrorismo espiritual antes expuesto de que el Padre dice que no da un duro por el alma de un hijo suyo que con vocación deje el Opus Dei, de que el que deja la Obra además de perder la felicidad temporal casi seguro que pierde la eterna, de que prefería que le dijeran de un hijo suyo que se había muerto antes de que había dejado el Opus Dei, etc.; y eso cuando yo aún no había cumplido los 16 años. Y tragué en ese tema. ¿Cómo iba a dejar la Obra y ser infeliz eternamente a causa de algo tan insignificante como que el director pueda leer que mi madre me dice en una carta que el día anterior hizo unas rosquillas que estaban muy ricas?… y así actuaron con todo lo demás, siempre poco a poco, presentándome paulatinamente cada nueva exigencia (que yo desconocía al pitar), apretando las tuercas sin descanso hasta conseguir hacer de mí alguien a quien se le pudiera pedir lo que fuera… y así, pasito a pasito, permanecí atrapado durante casi 35 años hasta que providencialmente un día lo vi claro y me marché.

Con respecto al derecho inviolable a la intimidad de la correspondencia, no voy a ser yo quien “mienta” diciendo como se vive en la Obra, dejemos que sea la propia Prelatura quien nos lo cuente:

“Los Directores, por su parte, tienen el derecho y el deber de evitar que lleguen a los miembros de la Obra escritos, cartas, etc., que, de algún modo, puedan causar daño a quienes las reciben, vengan de donde vengan. Por esto, entregar una carta abierta, o haberla leído antes, no constituye nunca una prueba de desconfianza: manifiesta sólo el deseo de evitar un perjuicio, una razón ascética o una medida práctica de ayuda en la labor de formación espiritual. […]

“Quienes llevan poco tiempo en la Obra agradecen que los miembros del Consejo local se preocupen con cariño -es parte de la tarea de formación- de leer las cartas que reciban: para poder orientarles, y darles el oportuno consejo espiritual o apostólico.

Estas mismas orientaciones se siguen con las cartas que envían los Numerarios y Agregados, fuera del ámbito de su tarea profesional: excepto las que escriban directamente al Padre, al Consiliario y al Delegado Regional, se entregan al Director abiertas.”

Lo anterior es un extracto del capítulo titulado “Correspondencia”, de las “Glosas sobre la Obra de San Miguel” en donde la Obra hace un verdadero alarde de justificaciones injustificables para que el fin de violar la intimidad de las personas parezca santificado (en este caso con la correspondencia enviada y recibida).

¿Quién daña a otros saltándose a la torera los principios más elementales de respeto a la juventud, a las personas y a su intimidad? ¿Dónde están nuestras mentiras? ¡Por el amor de Dios, Julissa, recapacita!

Julissa, te comprendo muy bien. Conozco ese estado de ánimo desde el que has escrito tu carta, yo lo he tenido cuando estaba dentro; me traslado años atrás y esa misma carta tuya la podría haber firmado yo. Todo lo que te he escrito arriba no es por resentimiento, afán de revancha, rencor ni nada parecido sino con el afán de ser útil y ayudar. Me ha costado una vida poder ver claro a través de las espesas corazas que colocaron a mi alrededor. No te escribo para convencerte de nada, por eso no te hablo con conceptos abstractos sino con realidades tangibles, para que al observarlas puedas ser tú misma quien saque conclusiones. En la Obra hay cosas buenas, desde luego, pero no es perfecta. Ahí radica todo el problema. Si la Obra fuera perfecta sería Dios (por definición Dios es la ausencia de mal). Esas imperfecciones suyas, que ella no quiere reconocer, son las que mostramos aquí.

Me dices que rezas por nosotros. Gracias. Quiero que sepas que yo también he rezado mucho por ti y posiblemente desde antes de que tú nacieras, desde hace 40 años. Durante mis 35 años en la Obra pedía por la felicidad y perseverancia de sus miembros y desde que me fui por su felicidad. Como ves llevo muchos años rezando por ti.

¡Julissa, qué seas feliz! Dentro o fuera de la Obra, eso no importa. Lo fundamental, lo que te deseo de todo corazón, es que siempre seas muy libre y muy dichosa.

Con cariño, Iván.

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Para Dejar el Opus Dei No Es Necesaria la Dispensa de su Prelado

junio 17, 2007

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Iván de ExOpus, 12 de agosto de 2005

El pasado día 20 de julio [2005] AC escribió una carta a Opus Libros, que a continuación extracto:

[…] Mi pregunta es: ¿qué vinculación jurídica tiene realmente un miembro con el Opus Dei, ya sea numerario, supernumerario, etc.? Es decir, si un numerario, de pronto, se marcha a vivir por su cuenta, sin dar más explicaciones y sin escribir ninguna carta y hace un nuevo testamento sin contárselo a nadie, o si le es denegada la dispensa, o sencillamente solicita la dispensa pero la respuesta se demora: ¿cuál es su situación jurídica? ¿Tiene algún tipo de responsabilidad civil hacia el Opus Dei? ¿Puede ser obligado a regresar? Formulándolo al revés: ¿qué responsabilidades y compromisos legales se adquiere con el Opus Dei al ser aceptado como miembro, prestar los juramentos, etc.? Pregunto por la situación jurídica y civil, y no por la situación religiosa, porque yo creo que Dios está por encima de toda “burocracia espiritual”.

Mi mujer fue agregada y nos conocimos poco después de que ella le hubiera escrito al Prelado la carta de dispensa y antes de recibir contestación suya. En previsión de que esa dispensa no llegara antes de la fecha de nuestra boda, le comentamos esa inquietud al sacerdote amigo (no del Opus Dei) que nos iba a casar, y su respuesta fue la siguiente:

Obtened de la parroquia en donde os bautizasteis vuestro respectivo certificado de bautismo. Ese es el único documento oficial de la Iglesia para cada fiel y en él figura la situación jurídica de cada católico con respecto ella. Si en ese certificado no aparece ningún impedimento por parte de la Iglesia para que os podáis casar, yo os caso al día siguiente, con la dispensa del Prelado del Opus Dei o sin ella; porque la Iglesia está por encima del Opus Dei y de su Prelado, y si en ese documento la Iglesia me dice que no tenéis carga alguna con respecto a ella que os impida contraer matrimonio (como puede ser estar ya casados, haber hecho votos públicos, ser sacerdote, etc.), el Prelado del Opus Dei no pinta nada en este asunto y podéis casaros cuando os dé la gana…

Sacamos esos certificados y, en efecto, en ninguno de los dos aparecía dato alguno de pertenencia (pasada o presente) al Opus Dei, por lo que no había ningún impedimento para contraer matrimonio; y nos habríamos casado sin la dispensa del Prelado del Opus Dei si no hubiera sido porque él se nos adelantó y antes de la boda le concedió a mi mujer la dichosa dispensa.

Pero, ¿eso por qué es así? ¿Por qué la Iglesia no pone impedimentos a un numerario/a o agregado/a (célibes del Opus Dei) para que puedan casarse?

Creo que la respuesta a esa pregunta la encontramos en el canon 294 del Código de Derecho Canónico:

Con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales, la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular.

Es decir, que los diáconos y presbíteros de la Prelatura Personal del Opus Dei son los únicos miembros de ella que reconoce la Iglesia como tales, y en el certificado de bautismo de ellos si que figurará que son miembros del Opus Dei.

Y al resto de las personas del Opus Dei (numerarios/as, agregados/as y supernumerarios/as) ¿qué estatus jurídico les concede la Iglesia en relación con la Prelatura?

Para responder a la pregunta anterior leamos lo que la propia Iglesia dice en el canon 296 de su Código de Derecho Canónico:

Mediante acuerdos establecidos con la prelatura, los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de la prelatura personal; pero han de determinarse adecuadamente en los estatutos el modo de cooperación orgánica y los principales deberes y derechos anejos a ella.

Los estatutos, que nombra ese canon, son de categoría inferior al Código de Derecho Canónico por lo que no pueden contradecirle. Así pues:

1 –La Iglesia permite que los laicos puedan dedicarse al Opus Dei

2 –como simples cooperadores (cooperación)

3 –mediante contratos (acuerdos ) establecidos entre ambas partes.

Dicho de otra manera, aquello que el Fundador del Opus Dei decía de que la vocación a la Obra es la gracia más grande que Dios puede concederle a un mortal y que sólo se halla por encima de ella el don de la fe, es posible que la Iglesia le dé la razón, pero sólo aplicado a los clérigos (presbíteros y diáconos) de la Obra, pero no para el resto de los laicos de la Prelatura. Según la Iglesia los laicos del Opus Dei son simples cooperadores que no han recibido otra gracia de Dios fuera de la del bautismo, por el cual se hallan habilitados para cooperar con los clérigos en las obras apostólicas que ellos promuevan. Por ello, según el gusto de cada uno, se puede cooperar con los jesuitas, con los agustinos, con la parroquia… o con el Opus Dei, sin que la Iglesia encuentre diferencia alguna entre ninguno de esos tipos de cooperación..

Como un contrato de cooperación dura hasta que una de las partes decide romperlo, basta que el agregado/a, numerario/a o supernumerario/a, comunique a su director/a que rompe el acuerdo con el Opus Dei para que en ese mismo momento la relación contractual quede disuelta, sin que para ello sea precisa dispensa alguna por parte del Prelado.

Esto lo sabe muy bien el Opus Dei cuando es él quien rompe la relación: Te dice que te echa ¡y ya está!, empuja al sujeto hacia la calle obligándole a que se vaya con una mano atrás y otra alante, sin que para ello sea preciso esperar a que la persona echada le conceda al Prelado del Opus Dei la dispensa de su vínculo contractual con él.

Para la Iglesia no hay diferencia entre la señora jubilada que ayuda tres horas a la semana a los clérigos de su parroquia llevándoles la contabilidad, con el numerario director de un centro que ayuda con dedicación completa (veinticuatro horas al día durante todos los días de su vida, con celibato incluido) a los clérigos del Opus Dei (únicos miembros de derecho de esa prelatura), porque para la Iglesia tanto esa señora jubilada como el numerario son simples cooperadores de entidades clericales (diócesis y prelatura personal, respectivamente). Y por ser ambos simples cooperadores de sacerdotes es por lo que en el certificado de bautismo de ninguno de los dos aparece referencia alguna a su cooperación, pues para la Iglesia es algo jurídicamente tan insignificante que carece de entidad para ser reseñado en un documento oficial suyo. Y si esa señora jubilada un buen día le dice a su párroco: “A partir de mañana no vengo más a ayudarles porque tengo que atender a mis nietos”, desde entonces ya no vuelve más, sin que la Iglesia penalice a esa señora, y sin que haya necesidad de que el obispo de su diócesis tenga que concederle a esa buena mujer dispensa alguna de su contrato de cooperación; de la misma manera, el numerario director del centro puede decirle al sacerdote superior más cercano (director de su Delegación, si ese es el caso): “A partir mañana no vengo más a cooperar con vosotros porque no me da la gana hacerlo” y desde entonces no vuelve más, sin que la Iglesia le penalice, y sin que tampoco haya necesidad de que el Prelado del Opus Dei tenga que concederle a ese buen católico, antes numerario y director de un centro, dispensa alguna de su cooperación con la Prelatura.

Para la Iglesia esto es así, tal y como hemos visto arriba, y en cuestiones eclesiales la voz de la Iglesia es la única que importa, no la de cualquier otro, aunque sea el máximo dirigente del Opus Dei.

Y si el Opus Dei complica y retuerce este asunto hasta la saciedad (haciendo ver que es necesaria su dispensa para poder dejarlo, o que quien no ha hecho la fidelidad tan sólo puede marcharse el 19 de marzo siguiente) es simplemente porque uno de los tres puntos que determinan el plano de la supuesta santidad del Opus Dei es “la santa coacción” (punto 387 de Camino), y se inventan la artimaña de que es necesario que el Prelado del Opus Dei te conceda la dispensa de tus compromisos para así poder aplicar a sus anchas esa coacción contigo durante los tres meses, el año o más tiempo aún, que tarda el Prelado en concederte esa dispensa innecesaria; o durante el lapso de tiempo que media desde que alguien se quiera ir hasta el 19 de marzo siguiente, en el caso de no haber hecho la fidelidad todavía.

A partir del momento en el que cualquiera de las dos partes contratantes (individuo o Prelatura) rompen su acuerdo, cesan los derechos y obligaciones mutuos. Esto lleva a que desde el instante en el que un numerario/a, agregado/a, supernumerario/a, comunica de forma verbal o por escrito su deseo de dejar la Obra queda ipso facto liberado de sus compromisos con ella.

Digo que esa comunicación de ruptura con la Obra puede ser también verbal porque esa es la manera en la que el Opus Dei lo hace siempre: nunca le da a nadie documento escrito alguno de su dispensa (ni de nada); y si una de las partes de la relación contractual actúa así, con ello permite implícitamente que la otra obre de igual manera, porque ambas partes contratantes deben tener los mismos derechos y obligaciones, cuanto menos, en los aspectos administrativos de su relación.

Un director del Opus Dei podría responderme a lo anterior con algo parecido a lo siguiente:

Es necesario que la comunicación de ruptura por parte del interesado con el Opus Dei se haga por escrito para evitar situaciones de confusión. Imaginemos que alguien dice que se va de la Obra y al cabo de un año vuelve contando que ha olvidado que en su momento rompió verbalmente con la Prelatura y que por ello sigue aún en ella. ¿Cómo resolver esa situación si no ha quedado un documento escrito de esa persona en el cual ella pide, de su puño y letra, que quiere dejar el Opus Dei? Si la decisión de abandonar el Opus Dei fuera verbal la gente estaría continuamente yéndose y después volviendo, a su antojo. Por eso ha de hacerse siempre por escrito.

Contesto:

1 –Desde el momento en el que el Opus Dei responde sólo verbalmente, y no por escrito, está autorizando también a que la otra parte actúe de la misma manera. Si quiere que no exista ese estado de confusión del que habla, lo que el Opus Dei tiene que hacer es responder también por escrito, mientras no lo haga así está facultando a la otra parte a poder romper del mismo modo: de forma verbal.

2 –Por otra parte, si según la Iglesia los laicos son tan sólo cooperadores del Opus Dei, ¿qué importancia tiene que dejen de cooperar durante un año y que entonces vuelvan a hacerlo de nuevo?, ¿por qué no admitirlos entonces?, ¿no tendría el Opus Dei que estar encantado de recibir de nuevo su ayuda?, ¿no supondrá una soberbia institucional el rechazar su contribución?

Si el Opus Dei niega al que deja de cooperar con ella como numerario/a, agregado/a o supernumerario/a que vuelva otra vez a ayudarle como tal, ese es un problema del Opus Dei del que posiblemente tendrá que rendir cuentas a Dios por el daño que esa actuación pueda significar para las almas que se beneficiarían de esa cooperación; pero eso no supone que quien deja de cooperar con el Opus Dei, como numerario/a, agregado/a o supernumerario/a, tenga que romper su contrato de forma escrita tan sólo para adaptarse a ese capricho institucional de la Prelatura.

Pienso que con todo lo anterior he dado una contestación global a las preguntas de AC que figuran al principio de este escrito, pero quiero finalizar respondiendo de manera concreta a una de ellas:

¿[Qué pasa] si un numerario, de pronto, se marcha a vivir por su cuenta, sin dar más explicaciones y sin escribir ninguna carta?

Contesto con un silogismo:

1 –Para la Iglesia es anecdótico, y por tanto carente de pena alguna, que un cooperador laico abandone a los clérigos a quienes antes ayudaba, aunque se marche sin darles explicaciones.

2 –Como el Opus Dei está compuesto sólo por clérigos (canon 294) y un numerario/a, agregado/a o supernumerario/a del Opus Dei es tan sólo un cooperador laico que ayuda a los clérigos de esa Prelatura, entonces:

3 –Para la Iglesia es anecdótico, y por tanto carente de pena alguna, que un numerario/a, agregado/a o supernumerario/a laico abandone a los clérigos del Opus Dei a quienes antes ayudaba, aunque se marche sin darles explicaciones.

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Los Fugitivos y Apóstatas del Opus Dei

junio 8, 2007

Iván de ExOpus

El hecho de que los laicos no pertenezcan al Opus Dei tras ser Prelatura personal ha sido tan bien escamoteado por sus mandos (ver La Traición del Opus Dei a los Laicos) que en el último libro crítico sobre esta Institución, su autor, Fernando de Orbaneja, se extraña de lo siguiente:

En el Codex [Código de Derecho Particular de la Obra de 1982] han suprimido algo muy curioso, las definiciones de «fugitivo» y de «apóstata» [que existen en las Constituciones de 1950]. Llaman fugitivo al numerario u oblato que abandona la residencia, aunque sea con ánimo de regresar, y está obligado a volver, pero se le priva de cualquier cargo, entre «otros castigos proporcionados a la culpa». Y llaman apóstata al que después de pronunciada la fidelidad se separa ilegítimamente del centro al que pertenece; queda privado de todos los privilegios «y además debe ser castigado por los superiores con otras penas según la gravedad de la culpa» (Opus Dei. La Santa Coacción, Fernando de Orbaneja, pág, 226-227).

La causa de esas supresiones que tanto extraña a Orbaneja es muy simple: hasta 1982 los laicos pertenecían al Opus Dei y por eso las leyes contemplaban la posibilidad de que le abandonaran sin permiso, lo que se tradujo en las figuras de apóstata y fugitivo arriba vistas; a partir de entonces los seglares ya no son de la Obra porque pasan a ser simples cooperadores (orgánicos) suyos, y ese cambio se tiene que traducir en la legislación del Opus Dei que ya no puede obligarlos a mantener ninguna residencia, por lo que a la fuerza tienen que eliminarlas de su Codex.

Conclusiones:

1. No hay pena alguna, ni divina ni humana, para un laico cooperador de institución eclesiástica que deja de serlo y se va. Por ello, para dejar al Opus Dei no se precisa la dispensa de su Prelado, sino, literalmente, tomar la puerta y marcharse.

2. ¿Hasta cuándo y de cuántas maneras habrá que repetir la realidad de que los laicos no pertenecen al Opus Dei para que la gente se dé cuenta de ello y obre en consecuencia?

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La Traición del Opus Dei a los Laicos

junio 7, 2007

Iván de ExOpus

1. Hasta el año 1982 tanto los seglares como los clérigos eran iguales en el Opus Dei. Así, desde el comienzo de los cincuenta eran socios de un Instituto Secular al que se unían por medio de votos privados de pobreza, castidad y obediencia (mas para la Iglesia, aunque privados, si que tenían categoría jurídica vinculante).

2. Esa situación era buena tanto para los laicos como para los sacerdotes, ya que les igualaba dentro del Opus Dei, al tener todos los mismos derechos y obligaciones, los que conlleva ser socio de una Institución.

3. El máximo poder dentro de la Iglesia lo ostentan los obispos con pueblo encomendado (sucesores de los apóstoles), ya que salvo el Papa nadie puede entrometerse en sus parcelas.

4. A los Institutos seculares, como mera asociación de fieles, por una parte les es superfluo que su jefe sea un obispo y por otra dependen de los dicasterios (ministerios) y resto de las estructuras eclesiales.

5. Si un grupo quiere alcanzar poder ha de quitarse de encima el mayor número de jefes y supervisores, y dentro de la Iglesia, como hemos visto arriba, su máximo grado se logra si consigue transformarse en un obispado.

6. Todos los obispados han de tener almas encomendadas, pero éstas pueden ser clérigos y laicos (cum proprio populo: con pueblo propio) o sólo clérigos.

7. Por otra parte, los obispados pueden ser territoriales (los habituales, las diócesis, que siempre están constituidas por clérigos y laicos), o de ámbito universal (prelaturas personales) con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales (Canon 294 del Código de Derecho Canónico).

8. El ámbito de actuación del Opus Dei es universal, por lo que el obispado con el que alcanzar poder dentro de la Iglesia no podría ser territorial (una diócesis) sino una prelatura personal.

9. La Iglesia se puede definir como la comunidad universal de bautizados (sacerdotes y laicos) por lo que el tipo de prelatura personal que más poder podría darle al Opus Dei sería la que más se asemejara a la Iglesia: la de clérigos y laicos distribuidos por todo el mundo y bajo la única autoridad de su obispo prelado. Está estructura sería la de una iglesia paralela a la de Roma.

10. Como consecuencia de lo visto hasta ahora Álvaro del Portillo (primer sucesor del Fundador) solicita a la Santa Sede que el Opus Dei sea una prelatura personal cum proprio populo.

11. Varias conferencias episcopales y numerosos obispos se oponen a ese intento del Opus Dei puesto que de ahí a un cisma sólo hay un paso (un buen día el Prelado del Opus Dei se “calienta” y rompe con el Papa llevándose consigo a sus sacerdotes y laicos).

12. Ante esta situación Juan Pablo II le ofrece al Presidente General del Opus Dei (Álvaro del Portillo) la opción de hacer de esa Institución una Prelatura personal constituida única y exclusivamente por clérigos y en la que los laicos tan sólo puedan llegar a ser cooperadores suyos.

13. Aceptar esa solución suponía una gran traición a los seglares que confiaban en el Opus Dei como medio para elevar la dignidad del laico en la Iglesia y también a las promesas que Escrivá les hizo, como por ejemplo demuestran las siguientes palabras suyas: Hay que rechazar el prejuicio de que los fieles corrientes no pueden hacer más que limitarse a ayudar al clero [cooperar] en apostolados eclesiásticos. (Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, punto 21).

14. No podemos saber si la idea de Escrivá era sólo la de alcanzar el poder en la Iglesia y que lo que predicaba sobre elevar la dignidad de los laicos no era si no una mentira más para lograr con ella anexionárselos como grupo de presión para obtenerlo, o que Álvaro del Portillo sucumbió ante la tentación que suponía alcanzar el obispado para con él aumentar poder dentro de la Iglesia, el caso es que aceptó la propuesta papal y con ella consumó la gran traición de la Institución a los laicos, así como al “supuesto” espíritu fundacional.

15. Hay quienes piensan que los adjetivos pueden anular al sustantivo, como que un gato “casero” deje de ser gato por el hecho vivir con una familia, o que un pez “espada” ya no es pez por poseer una alargada nariz, o que un cooperador por llamarse “orgánico” pierde su esencia de cooperador… Así debió suponer Álvaro del Portillo que pensaríamos los demás cuando aceptó lo que el Papa le proponía, y para desorientar al mundo de su garrafal traición siguió el dicho de que si no puedes convencerlos, confúndelos; entonces le pidió al Santo Padre que a los laicos que cooperaran con el Opus Dei se les designara como “orgánicos”, ya que de esa manera podría verter litros de tinta para ahogar en ella la degradación que supone excluirlos de su pertenencia al Opus Dei.

16. El Papa consumó la traición de Álvaro del Portillo a los laicos y a la predicación fundacional de Escrivá (a cambio de aumentar el poder de los mandos del Opus Dei) y la plasmó en los siguientes decretos, de los que el subrayado es mío:

Con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales, la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular. (Canon 294 del Código de Derecho Canónico).

Mediante acuerdos establecidos con la prelatura, los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de la prelatura personal; pero han de determinarse adecuadamente en los estatutos el modo de cooperación orgánica y los principales deberes y derechos anejos a ella. (Ibíd., Canon 296).

Los laicos incorporados a la Prelatura [del Opus Dei] no modifican su propia condición personal, teológica o canónica, de comunes fieles laicos, Y como tales se comportan en toda su actuación y, concretamente, en su apostolado. (Apartado II-B, de la Declaración de la Sagrada Congregación de Obispos sobre la erección de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, 23 agosto 1982).

Los laicos -hombres y mujeres, solteros o casados, de todas las profesiones y condiciones sociales- que se dedican al cumplimiento del fin apostólico propio de la Prelatura [del Opus Dei] asumiendo unos compromisos serios y cualificados, lo hacen mediante un vínculo contractual bien definido, y no en virtud de unos votos. (Ibíd., Apartado I–C).

La jurisdicción de la Prelatura personal se extiende a los clérigos en ella incardinados, así como también sólo en lo referente al cumplimiento de las obligaciones peculiares asumidas por el vínculo jurídico, mediante convención con la Prelatura a los laicos que se dedican a las tareas apostólicas de la Prelatura: unos y otros, clérigos y laicos, dependen de la autoridad del Prelado para la realización de la tarea pastoral de la Prelatura. a tenor de lo establecido en el artículo precedente. (Juan Pablo II, Constitución Apostólica «Ut Sit»).

17. Desde el momento en el que esos decretos de arriba fueron promulgados los laicos dejaron de pertenecer al Opus Dei como miembros de derecho y pasaron a ser unos segundones de los clérigos. Por tanto, en la actualidad, por imperativo de la autoridad de la Iglesia, los laicos no pueden pertenecer al Opus Dei mientras no cambien su estado al de sacerdotes.

18. Un empleado es aquel que coopera con otro por medio de una relación contractual. Según esta definición, y resumiendo los decretos eclesiásticos vistos arriba, los laicos del Opus Dei son unos meros empleados de la Prelatura.

19. A un empleado a quien se le fuerza a entregar todo su dinero y energías a la empresa que le contrata se le designa como esclavo suyo. Como el Opus Dei hace eso al cien por cien con los laicos que cooperan con él como numerarios o agregados (y de forma diversa con los supernumerarios), concluimos en que aquellos son unos esclavos de los mandos de la Institución.

20. El Fundador les pedía a los suyos que fueran pillos, algo que supo hacer muy bien Álvaro del Portillo cuando añadió el adjetivo de “orgánico” a los laicos que cooperaban con los sacerdotes del Opus Dei; ya que con esa simple palabra ha logrado desviar casi todas las miradas del hecho fundamental de que no hay laicos que pertenezcan a la Institución. Pienso que es algo tan “increíble” que la gente se resiste a verlo a pesar de estar ante sus ojos. Es más, cuando alguien habla o escribe sobre el Opus Dei tiene en su imaginación a los laicos de la Institución, precisamente los únicos que no pertenecen a ella.

21. Si ahora los laicos del Opus Dei llevan un ritmo de vida igual al que tenían cuando era Instituto Secular, podríamos preguntarnos: ¿Qué más da que no pertenezcan de hecho y de derecho al Opus Dei?

En primer lugar es bueno saberlo porque los directores del Opus Dei procuran ocultarlo. Hasta donde alcanzan mis conocimientos actuales eso lo hacen para esconder la traición de que han sido objeto los laicos con el fin de alcanzar ellos poder (lo que hemos desarrollado más arriba); pero sobre todo porque ese hecho anula toda la mentalización y coacción psicológica a la que someten a los laicos sobre la maravillosa e inefable vocación al Opus Dei que predicó su Fundador y que es la mayor fuerza con la que los tienen retenidos. Así, por ejemplo, Escrivá acobardó a lo largo de toda su vida a los laicos de la Institución con palabras como las siguientes: “La vocación al Opus Dei es el don más grande que Dios puede concederle a un alma después del de la Fe”, o “dejar la Obra es condenarse a la infelicidad temporal y eterna“, o “prefiero que me digan de un hijo mío que ha muerto antes que ha perdido su vocación“, o “no doy cinco céntimos por el alma de quien haya dejado el Opus Dei“, o “rezad para que Dios os permita morir antes que dejar la Obra“ o “Si alguno de mis hijos nos abandona, que sepa que nos traiciona a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos de la Obra y a todas las almas”…

Y estas mismas coacciones se siguen empleando ahora.

Si los laicos descubren que no existe tal vocación al Opus Dei (porque los seglares no pertenecen a él, ya que a lo más a que pueden llegar en la Prelatura es a cooperadores de los sacerdotes), entonces ese miedo deja de operar en ellos, lo que les permite salirse del Opus Dei sin problemas psicológicos, espirituales y sin cargo de conciencia por suponer que con ello traicionan a Dios.

Al conocer su situación jurídica, reflejo fiel de la real, el laico cooperador (orgánico) del Opus Dei puede responder ahora:

¿Dónde se ha visto que el don más grande que Dios puede concederle a un alma después del de la Fe es el de ser cooperador en una institución formada sólo por clérigos?”, o “¿Cómo es posible que alguien pueda condenarse a la infelicidad temporal y eterna por dejar de cooperar con unos sacerdotes? “, o “El Fundador del Opus Dei debía estar loco cuando afirmaba que prefería que le dijeran que uno de los laicos cooperadores con la Obra había muerto antes de que había dejado de cooperar con ella, o al decir que no daba cinco céntimos por el alma de quien dejaba de serlo, o cuando instaba a rezar para que Dios les permitiera morir antes que dejar de cooperar con el Opus Dei“ o “¿Cómo puede ser que traicione a todos (a Jesucristo, a la Iglesia, a los de la Obra y a todas las almas) quien deja de ser cooperador con los sacerdotes del Opus Dei?”…

22. Finalizo este escrito con la reflexión de que al observar los laicos de la Prelatura tanta mentira e hipocresía, la búsqueda y obtención del poder a su costa, que son excluidos de pertenecer al Opus Dei, la manipulación de que han sido y son objeto, la traición a los principios fundacionales…, no me explico cómo es posible que al descubrir tanto enjuague no abandonen el Opus Dei en tropel.

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Me Voy del Colegio Mayor Peñafiel y del Opus Dei

mayo 18, 2007

JF.

Actualmente vivo en el Colegio Mayor Peñafiel de Valladolid, no soy del Opus Dei. Fui uno de los primeros estudiantes en ir a vivir allí después de que tuvieran que cerrarlo (2005) como centro de formación de ‘numerarios’.

He leído el artículo La verdad del Colegio Mayor Peñafielen OPUSLIBROS.ORG y quiero decir públicamente que me voy a buscar otro sitio para vivir en Valladolid el curso que viene. Yo había conocido el Opus Dei hace ya tiempo a través de un amigo de mis padres aunque nunca he mantenido contacto estrecho con esta institución hasta que entré en el Colegio Mayor Peñafiel. Precisamente fue mi padre quien hace unos meses me recomendó leer esa web y tener ‘mucho cuidado’.

La primera impresión que uno tiene cuando entra en este sitio es la de haberse metido en un convento inhóspito y frío, pero como la comida es buena y los baños están limpios, todo parece ir bien. Buena sala de estudio, buena piscina, buena cancha de fútbol. Buen ‘ambiente’. El equipamiento material está muy bien, pero el ‘equipamiento humano’ es trágico.

Yo me considero una persona normal y creo que tengo un poco de sentido común, y, tras dos años en este lugar, he llegado a la certeza de que la gente del Opus Dei está loca de remate o enferma, y que son peligrosos, raros, cerrados, retraídos, acomplejados, tristes. Que no piensan, que no son personas, sino autómatas, parecen zombis, clones, robots, marionetas, loros que repiten las mismas cosas y hablan de la misma manera, se mueven igual y visten del mismo modo. No se como explicarlo, son como unas flores de plástico que agradan al principio y luego decepcionan porque son fachada hueca, apariencia, artificio. No tienen nada ‘suyo’, pero no me refiero a que no dispongan de sus cosas y de su tiempo, sino que no tienen personalidad ni carácter, ni sienten, ni padecen, es como si les faltase la chispa de la vida.

Y, con bastante poco sándalo, entusiasmo y gracia, pretenden convencerte de que seas uno de ellos, de lo bonito que es ser como son ellos, de la alegría y el optimismo de su ‘entrega’. Yo no quiero ser como vosotros, no quiero que me roben el alma para meterla en un archivo. No quiero ser una triste caricatura de mi mismo, no quiero ser un robot insensible que repite retahílas aprendidas de memoria pero no sentidas ni vividas, no quiero que me enseñen a ‘desaprender’ de querer a los demás, aunque tengan defectos y discurran de un modo diferente a mi.

Pero, ¿cómo van a ser estos ‘numerarios’ si los han estado moldeando, lavando el cerebro, adoctrinando y programando desde niños? Si a uno le hacen ‘numerario’ con 14 años y sólo conoce el inquieto y suspicaz mundo del Opus Dei acaba siendo así: de hielo y con algún tornillo de menos.

Leyendo EXOPUS y OPUSLIBROS.ORG he constatado mis sospechas sobre lo desalmado que es el Opus Dei, aunque nunca me imaginé que esta institución llegara tan lejos en su fanatismo y fuese tan calculadora con todo, para una persona que no ha estado dentro del Opus Dei es poco menos que increíble imaginar semejante ‘trastienda’ y tanta hipocresía. El escrito La verdad del Colegio Mayor Peñafielme ha tocado muy de cerca, porque conozco a muchas de las personas que se citan en el. Veo que estas personas, en realidad, sufren mucho y no me extraña. Ahora puedo explicarme cosas que no lograba entender. Muestra al Colegio Mayor Peñafiel, y a todo el Opus Dei que está detrás, como una gran mentira que hace daño a las personas y que las utiliza, porque no importa la persona, el individuo debe ser ‘digerido’ por un organismo voraz: LA OBRA. Yo, hasta donde he visto, doy fe de que las cosas funcionan así, aunque sea difícil de creer que se sostenga, no por mucho más tiempo, una cadena tan larga y elaborada de mentiras. ¿Voy a seguir ni un mes más en un antro como este? ¡NO!, PREFIERO TENER QUE DORMIR EN LA CALLE.

No hay claridad, todo son susurros y consultas, y broncas destempladas por tonterías, segundas intenciones y laberintos. No hay amistad, sin amigos una persona está como muerta. ¿Por qué los del Opus Dei no pueden tener amigos de verdad?, ¿es que a LA OBRA le interesa tener ‘cadáveres’ que se pudran en sus casas y centros? Yo quiero tratar con personas de carne y hueso, como soy yo, y por eso me entiendo con ellas. No quiero a un mal actor que se pase el día fingiendo, con una sonrisa falsa grapada a la cara, con ademanes prepotentes, con reacciones desproporcionadas y desequilibradas, que igual te echa una bronca por llevar una camiseta cuando hay una temperatura de 30 grados en Valladolid y, a la semana siguiente, se pone a chillar y a hacer pucheros en la sala de estudio porque alguien le ha descolocado los apuntes.

No quiero, aun indirectamente, prestar mi apoyo a una institución que es perversa, por eso me iré, con mucho gusto, del Colegio Mayor Peñafiel y para mi el Opus Dei será una experiencia felizmente pasada, que me haga tener presente lo malo que es ocuparse fanáticamente en un objetivo pasando por encima y aplastando a las personas. No quiero vuestras charlas ni vuestras lecciones porque me habéis demostrado que conducen a la despersonalización y a un estado de letargo y apatía anímica que espero no volver a ver nunca. No quiero que me adoctrinéis con teorías extrañas que no son para seres humanos sino para individuos grises e infelices que se pasean entre sus contemporáneos despreciando todo lo que no es lo suyo y criticando todo lo que no se ajuste a sus prejuicios programados en laboratorio. No quiero convertirme en algo que da pena, en una piltrafa, en una ruina.

¿Qué puede tener el Opus Dei que haga tanto daño a los que se arriman a el?, sí que es verdad que todo esto suena a ‘secta dañina’. Yo soy católico y no veo nada católico en el comportamiento del Opus Dei que conozco a través de Colegio Mayor Peñafiel. Me revienta tanta mentira y tanta tontería para mantener un mundo, el de LA OBRA, que desaparece.

Me voy de vuestra ‘obra corporativa’ de captación y no me iré solo, porque los que allí vivimos vemos las mismas cosas (las ve cualquiera) y, en esto, tenemos muy claro lo que pensamos. Seguid con vuestra enferma visión del mundo, con vuestra negativa concepción de la vida y vuestra anulación de la persona hasta que no podáis más y me encontréis para ayudaros en lo que pueda.

GRACIAS ‘ALDEBARÁN’

Un sincero abrazo.

JF.

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