En el Opus Dei: ¿Medios de Formación o de Deformación?

mayo 9, 2007
Iván de ExOpus

«Durante mi época de centro de estudios comenzaba el día con media hora de oración, por lo que se entendía un señor sacerdote predicando en el oratorio. Durante la mañana había que escuchar las clases en la Facultad. Tampoco me interesaban; pero no me permitían dejar de asistir a ellas. Luego llegaba la tertulia, que también consistía en que un señor tomaba la palabra sobre un tema y hablaba él solo. Por la tarde eran las clases de filosofía propias del centro de estudios: lógica formal, lógica material, crítica, metafísica, etc. Y al atardecer aparecían los eventos culturales, que consistían en conferencias de un ilustre conferenciante que hablaba de cosas así como, “España hoy”, “De la entelequia al ostracismo”, “La ruta de los maquiavélicos”, “La geografía del mañana”, etc. Al cabo del día había sumado 12 horas de escuchar. Tengo que agradecer a esa formación que me dio el Opus Dei mi capacidad de abstracción. Actualmente soy capaz de asistir a una conferencia, a una obra de teatro, a un meeting político a un sermón dominical sin enterarme de nada de lo que se ha dicho» (La sola doctrina. Gervasio, 7 de mayo de 2007).

¿Qué es lo que el Opus Dei pretende con tantos medios de formación, tan aburridos, en los que siempre se repite los mismo, en los que no hay ni una sola aportación creativa por parte de quienes los dan (salvo, al principio, la de encontrar sinónimos para decir lo mismo que el Fundador, lo que hace tiempo que ya se agotó), en donde la habilidad más apreciada por parte los oyentes es la capacidad de dormirse con los ojos semiabiertos, aparentando estar despierto?

Creo que el Fundador no veía ese aburrimiento mortal de los medios de formación del Opus Dei como un defecto (porque si no lo habría evitado, en su mano estaba), sino como una cualidad muy querida por él, ya que con esa somnolencia forzada y forzosa en la que cae quien asiste a ellos se consigue anular su espíritu crítico (por lo que se “tragan” lo que les echen) e impregnar el subconsciente con lo que se repite sin cesar.

El Opus Dei no funciona por razonamientos sino por etiquetas prefabricadas por los de arriba (que siguen a píes juntillas los pensamientos del Fundador) y la mejor manera de aprenderlas de memoria es repetirlas sin cesar, y el método más eficaz para que la persona se crea que son de él y no implantadas es la de escucharlas dormido o medio dormido, pues así la idea queda dentro pero no se es consciente de donde ha venido, por lo que se considera propia y se llega a “matar” por defenderla.

Como consecuencia de lo anterior, el mejor antídoto para liberar el pensamiento de la esclavitud ajena consiste en cuestionárselo todo y no aceptar solución alguna que no hayamos descubierto por nosotros mismos.

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Captado A Los 13 Años Por El Opus Dei

abril 26, 2007

C.H. (21-9-2003)

Fui captado por la secta [Opus Dei] cuando tenía 13 años en unos campamentos muy bien montados en la montaña, a los 14 años y seis meses pedí la admisión sin mucho convencimiento pero por lealtad al director del centro que asistía y lo desintegrada que estaba mi familia de sangre a causa de los problemas entre mis padres.

Creía encontrar un lugar seguro donde alguien me cuidaría (¿el director espiritual?) y me guiaría como padre sustituto en un momento de incertidumbre de la temprana adolescencia. Por supuesto me dijeron que no le dijera a mis padres que había escrito la carta de admisión. Creo que ahora han cambiado la edad mínima indispensable para entrar porque cambian las cosas cuando les conviene, o sea que la obra es cualquier cosa, menos divina.

Mi pseudo vocación siempre tambaleaba, mis padres se curaron de sus problemas con psiquiatras y A.A; yo los ponía en mi lista de San José los 19 de marzo. Mi padre me decía que no entendía lo del director espiritual, que uno era hijo de Dios pero inició un curso en el instituto del opus. A mi madre no le daban los créditos porque en esa época había muchas vocaciones.

Terminado el COU a los 17 años y porque no quería vivir en un centro de la obra de mi ciudad, pedí estudiar en una universidad de la obra pero en otra ciudad, para “salvar” la vocación, según mi director y vivir en un colegio mayor. Mi padre me visitaba para ver que no me “captaran” y monitorear mis actividades.

Luego del primer año en la Universidad tuve que hacer la mili (el servicio militar) y fuí destinado a la Legión, muy lejos de cualquier centro de la obra. Recuerdo que el 19 de marzo me tocó la guardia de las 22hs y que me pasé dos horas rezando el Rosario para que me iluminara para la renovación o no de los votos (creo que esto también cambió, ni votos ni botines… decía Escrivá). Por suerte y gracias a Dios, no los renové y fue así que salí de la obra a los 19 años recién cumplidos. Fueron 4 años y medio pero parecen un siglo.

Ellos le echan la culpa a la sinceridad pero creo que son unos grandes manipuladores. Me decían que si salía me iba a volver puto-declarado como no sé quién, que yo no conocía. Cabe señalar que a los 14 años y medio, puber aún, me gustaban las chicas, una prima especialmente y compañeras de mi hermana menor del colegio. Adentro te hacen olvidar de las mujeres con doble tranca y que todo es pecado. ¿Existe una perversión más grande? Me alejé de la Iglesia.

Me llevó años de psicoanálisis, pastillas, salir de las depresiones. Aparte del médico no pude hablar del tema con nadie hasta que descubrí esta pagina Web. Hace unos años me uní civilmente a mi actual mujer que por familia, es escéptica, con quien tengo dos hermosos hijos que me devolvieron el alma al cuerpo.

Mis padres ahora son de la obra, cosa que lamento profundamente, no creo que se animen a salir, especialmente madre, y mi padre por no decepcionarla. Por suerte mis hermanos no siguieron mis pasos y me son de gran apoyo (Fuente Opus Libros).

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El Complejo De Infidelidad Y El Opus Dei

abril 26, 2007

Crítico Constructivo (29-9-2003)

“Después de respetar y aceptar -escribe a este propósito el P. César Vaca- la doctrina moral sobre la responsabilidad que engendra la vocación y la obligación moral de responder a llamamiento de Dios, se exagera mucho, incluso en libros espirituales que tratan del tema, sobre los peligros del abandono de la vida religiosa, sin distinguir lo suficiente en los casos en los que ese abandono es por voluntad propia y falta de fidelidad a la gracia, de aquellos otros en los cuales la vocación no se reveló con plena claridad. Para algunos, el hecho de que un niño haya ingresado en una escuela apostólica o en un seminario es ya es señal indiscutible de vocación, y mucho más cuando se trata de un profeso, aplicándole entonces, sin duda con la mejor intención de fortificar su decisión de perseverancia, toda la doctrina de temor a quien es infiel a la voluntad de Dios.

Las consecuencias de esta actitud son desastrosas para esas pobres almas que, al abandonar por fin el convento, vuelven al mundo con un verdadero complejo de infidelidad, que les aleja de la vida religiosa. Estoy seguro de que muchos de los escándalos dados por antiguos seminaristas y religiosos que gozan de mala fama arrancan de este proceso. Al salir del convento creyeron que dejaban a Dios en él. De mi experiencia personal puedo decir que entre los muchos casos que he conocido y aconsejado… de ninguno podría asegurar que fuese una vocación clara y, por consiguiente, una infidelidad culpable. ¿Quién puede saber esto con certeza sino Dios? Y si no podemos estar ciertos de la vocación, ¿con qué derecho emplearemos amenazas de condenación eterna contra esas almas?” (cfr. Vaca, César, en Actas del Congreso Nacional de Perfección y Apostolado, vol. III (Madrid, 1958), p. 799).

-el autor se refiere a vocaciones sacerdotales y religiosas, pero sus consideraciones pueden aplicarse -mutatis mutandi- a los miembros numerarios y agregados que abandonaron el Opus Dei;

Hasta aquí, las palabras del autorizado teólogo agustino Fr. César Vaca, OSA, cuya lectura me sugiere las siguientes reflexiones:

-en sentido coincidente se expresaba Don Antonio Ruiz Retegui, en sus Reflexiones íntimas, al deslindar lo teologal de lo institucional;

-si a esto agregamos que, debido al proselitismo agresivo que desarrollan muchos miembros de la Obra, ingresan en la Institución numerosas vocaciones cuanto menos dudosas;

-y si además consideramos que la perseverancia de muchos es más el fruto de manipulaciones de la conciencia e infusión de temores que una respuesta generosa al llamamiento divino;

-podríamos concluir que muchos de los ex miembros célibes no han tenido auténtica vocación, o al menos esta no se reveló claramente y con certeza;

-por lo que no han sido infieles a Dios y deben erradicar de sus almas un enfermizo complejo de infidelidad (Fuente Opus Libros).

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Los Ocho Criterios De Lifton Sobre El Control Mental

abril 9, 2007

Rober J. Lifton & Steven Hassan

El siguiente extracto del libro de Rober J. Lifton titulado The Future of Inmortality and Other Essays for a Nuclear Age (“El futuro de la inmortalidad y otros ensayos para una era nuclear”) (Nueva York, Basic Books, 1987), es una amplia explicación de los ocho criterios que establece Lifton para definir el control mental. A pesar de que en el texto se los menciona entrecomillados, a continuación incluyo una lista para facilitar su identificación:

1. «milieu control»

2. «manipulación mística» (o «espontaneidad planeada»)

3. «exigencia de pureza»

4. «culto a la confesión»

5. «sacralización de la ciencia»

6. «la carga del lenguaje»

7. «doctrina sobre la persona»

8. «dispensación de la existencia»

El ensayo del que ha sido tomada esta selección se titula: «Sectas: el totalismo religioso y las libertades civiles». En el mismo, Lifton enmarca sus comentarios en relación a lo que él llama el «totalismo ideológico», o el entorno en el cual los chinos practicaban la modificación del pensamiento, tal y como él lo conoció a partir de la guerra de Corea.

El totalismo ideológico

La fenomenología que utilicé cuando escribí sobre el totalismo ideológico todavía me resulta útil, a pesar de que escribí aquel libro en 1960. La primera característica es el «milieu control», que consiste esencialmente en el control de la comunicación dentro de un entorno. Si el control es muy intenso, se convierte en un control internalizado, un intento para dominar la comunicación interior del individuo. Esto no se puede conseguir jamás de forma total, pero se puede llegar muy lejos. Es lo que a veces se llama «la visión del ojo de Dios» o la convicción de que la realidad es una posesión exclusiva del grupo. Resulta evidente que este tipo de proceso crea conflictos con respecto a la autonomía del individuo; si se busca o se consigue en un entorno semejante, la autonomía se convierte en una amenaza al «milieu control». El «milieu control», dentro de las sectas, tiende a ser mantenido y expresado de diversas maneras: el proceso del grupo, el aislamiento de las otras personas, la presión psicológica, la distancia geográfica o no disponibilidad de transporte y, algunas veces, la presión física. A menudo, hay una secuencia de acontecimientos, tales como seminarios, conferencias y reuniones de grupo, que cada vez son más intensas y más aisladas, haciendo extremadamente difícil, tanto física como psicológicamente, que uno pueda abandonar la secta.

Estas sectas difieren de los patrones del totalismo en otras sociedades. Por ejemplo, los centros de reformas que se utilizaban en China estaban, más o menos, de acuerdo con el ethos de la sociedad tal como evolucionaba en aquel momento y, por lo tanto, cuando uno se marchaba o entraba y salía de esos centros, además encontraba un reforzamiento en el entorno. Las sectas, en cambio, tienden a convertirse en islas de totalismo dentro de una sociedad más grande que, en su conjunto, se opone a estas islas. Esta situación puede crear una dinámica propia, y, en tanto que se debe mantener el «milieu control», los requerimientos se magnifican por esa situación estructural. Los líderes de las sectas a menudo deben profundizar su control y manipular el entorno de forma sistemática y, algunas veces, con mayor intensidad, para poder mantener la isla de totalismo dentro del mundo exterior, que es su antagonista.

La imposición de un intenso «milieu control» está muy vinculada al proceso de cambio. (Esto explica en parte por qué puede producirse un súbito abandono de la identidad sectaria cuando una persona joven, que ha estado en la secta por algún tiempo, entra bruscamente en contacto con las influencias alternativas del exterior). Uno casi puede observar el proceso en algunos jóvenes que sufren un cambio dramático en su identidad anterior, cualquiera que ésta fuera, para abrazar el sistema de creencias de la secta y la estructura del grupo. Yo lo considero como una forma de doblaje: se forma un segundo yo que vive codo a codo con el yo primitivo, aunque en cierta forma autónomo. Como es obvio, debe existir algún elemento de conexión para integrar un yo con el otro. De no ser así, la persona en su conjunto no podría funcionar -aunque la autonomía de cada yo es impresionante-. Cuando se elimina el «milieu control» al apartar, por el medio que sea, al adepto del entorno totalista, vuelve a afirmarse algo del primitivo yo. El abandono puede ser voluntario o por la fuerza (o como ocurrió durante un juicio, en que el miembro de la secta se colocó al otro lado de la mesa, apartándose de los demás adeptos). Los dos yo pueden existir simultáneamente y entremezclados durante un tiempo considerable, y podría ser que estos períodos de transición fueran los más intensos y dolorosos psicológicamente, y potencialmente los más perjudiciales.

Una segunda característica general de los entornos totalísticos es lo que yo llamo «manipulación mística» o «espontaneidad planeada». Se trata de un proceso sistemático, planeado y dirigido desde arriba (por los líderes) pero que, en apariencia, surge de modo espontáneo dentro del entorno. Es necesario que este proceso no sea percibido como una manipulación, lo que plantea interrogantes filosóficos de mucha importancia. Algunos aspectos, como el ayuno, los cánticos y las vigilias, tienen una cierta tradición y han sido practicados por los grupos religiosos durante siglos. Ahora existe en las sectas un patrón por el cual, al ser humano convertido en el «elegido» se le considera como el salvador o como fuente de salvación. La manipulación mística puede tener una cualidad especial en estas sectas, porque sus líderes se convierten en portavoces de Dios. Los principios centrados en Dios son proclamados como argumentos irrebatibles y exclusivos, de tal forma que la secta y sus creencias se convierten en el único camino verdadero hacia la salvación. Eso puede otorgar intensidad a la manipulación mística y una justificación a los que se encargan de promulgaría y, en muchos casos, a los que son sus receptores.

En la medida en que hay un individuo especifico, un líder, que se convierte en el centro de la manipulación mística (o la persona en cuyo nombre se realiza), se produce un proceso que tiene dos vertientes. El líder puede ser algunas veces más real que un dios abstracto y, en consecuencia, más atractivo para los miembros de la secta. Por el otro lado, esta persona también puede ser motivo de desilusión. Si uno cree, como se ha dicho, que Sun Myung Moon (fundador de la Iglesia de la Unificación, y cuyos seguidores son conocidos comúnmente como los «Moonies») tiene vinculaciones con la Agencia Central de Inteligencia Coreana y esta información llega a conocimiento de los miembros de la Iglesia de la Unificación, su relación con la Iglesia puede verse amenazada por la desilusión que se experimenta respecto al líder. Nunca es así de sencillo, no se trata sólo de un patrón causa-efecto, pero estoy sugiriendo que este estilo de liderazgo tiene tantas ventajas como desventajas en cuanto a la lealtad sectaria.

Mientras que la manipulación mística conduce (a los adeptos) hacia lo que yo denomino la psicología del peón, también puede abarcar una legitimación del engaño (de los ajenos), el «engaño divino» de la Iglesia de la Unificación, aunque existen patrones análogos en los entornos de otras sectas. Si uno no ha visto la luz, y no está en el reino de la secta, uno se encuentra en el reino del mal y, en consecuencia, puede ser engañado justificadamente para cumplir con unos objetos más elevados. Por ejemplo, cuando los miembros de algunas sectas salen a recoger fondos, se considera correcto que nieguen su pertenencia a la secta cuando se les pregunta por ello. Se han dado casos de jóvenes que han pasado un tiempo en los centros de una secta sin que se les dijera de qué secta se trataba. La ideología totalista puede justificar, y a menudo justifica tales engaños.

Las otras dos características del totalismo, la «exigencia de pureza» y el «culto de la confesión» son habituales. La exigencia de pureza puede crear una cualidad maniquea en las sectas, al igual que en otros grupos religiosos y políticos. Esta exigencia requiere una separación radical entre lo puro y lo impuro, entre el bien y el mal, en el seno de un entorno y en uno mismo. La purificación absoluta es un proceso continuo. A menudo está institucionalizada, y, como fuente de estimulación de la culpa y la vergüenza, está ligada con el proceso de la confesión. Los movimientos ideológicos, cualquiera que sea su nivel, se apropian de los mecanismos de culpa y vergüenza del individuo para conseguir una influencia considerable sobre los cambios que él o ella sufre. Esto se consigue dentro de un proceso de confesión que tiene su propia estructura. Las sesiones en las que uno confiesa sus propios pecados van acompañadas de críticas y autocríticas, se realizan en el seno de pequeños grupos y motivan un activo y dinámico estímulo hacia el cambio personal.

Se podría hablar mucho más sobre la ambigüedad y complejidad de este proceso, y como Camus ha dicho: «Los autores de confesiones las escriben con el único fin de evitar la confesión, de no decir nada de lo que saben». Camus pudo haber exagerado, pero tenía razón al sugerir que las confesiones son una mezcla de lo que se revela y lo que se oculta. Una persona joven que confiesa los pecados anteriores a la secta o a su existencia preinstitucional puede, al mismo tiempo, creer en sus pecados y estar ocultando otras ideas y sentimientos de los que él o ella no es consciente o que no desea discutir. En algunos casos, estos pecados incluyen una continua identificación con la existencia anterior, como si tal identificación no hubiera sido totalmente desacreditada por el proceso de confesión. Las continuas confesiones son, muy a menudo, una expresión de arrogancia extrema en nombre de una aparente humildad. Cito una vez más a Camus:

«Yo practico la profesión de la penitencia con el propósito de acabar siendo juez» y «cuanto más me acuso a mí mismo, más derecho tengo a juzgar a los demás». Este es el tema central en cualquier proceso de confesión continuo, especialmente cuando se practica dentro de un grupo cerrado.

Los otros tres patrones que describo en relación al totalismo ideológico son la «sacralización de la ciencia», «la carga del lenguaje» y el principio de la «doctrina sobre la persona». Estas denominaciones casi se explican por si mismas. Yo pondría un énfasis especial en la sacralización de la ciencia, porque en nuestra era, algo tiene que ser científico además de espiritual para tener un efecto substancial sobre la gente. La sacralización de la ciencia puede ofrecer una gran seguridad a los jóvenes porque simplifica, en gran medida, el mundo. La Iglesia de la Unificación es un buen ejemplo, aunque no el único, de la necesidad contemporánea de combinar una serie de principios dogmáticos sagrados con la proclamación de una ciencia que encarna la verdad sobre el comportamiento y la psicología humana. En el caso de la Iglesia de la Unificación, su pretensión de ofrecer una ciencia humana irrebatible se refuerza con la invitación a destacados científicos e intelectuales (que, por lo general, cobran abultadas dietas) para que participen en simposios en los cuales se destaca la importancia de la unificación del pensamiento; los participantes expresan libremente sus opiniones, pero lo que interesa es su presencia, que contribuye a dar una apariencia de legitimidad intelectual.

La expresión «carga del lenguaje» se refiere a la literalización del lenguaje, y a las palabras o imágenes que se convierten en Dios. Un lenguaje muy simplificado puede parecer que está cargado de frases hechas, pero tiene un enorme atractivo y poder psicológico en su propia simplificación. Debido a que todos los problemas, y los jóvenes tienen muchos y muy complicados, pueden ser reducidos a unas frases que poseen una coherencia interior, uno puede decir y sentir que ha alcanzado la verdad. Hay respuestas para todas las preguntas. Lionel Trilling lo ha designado como el «lenguaje de no-pensar», porque siempre hay una frase hecha o un lema al cual se pueden reducir las preguntas más difíciles y complejas.

El patrón de la doctrina sobre la persona se presenta cuando existe un conflicto entre lo que uno siente que experimenta y lo que la doctrina o el dogma dice que uno deberla experimentar. El mensaje internalizado en un entorno totalístico dice que uno debe buscar la verdad del dogma y someter su propia experiencia a esta verdad. A menudo, experimentar esta contradicción, o el hecho de admitir que ha existido, puede ser inmediatamente asociado con la culpa, o bien (con el propósito de mantener a una persona sometida a la doctrina) puede uno verse condenado por los demás de una manera que lleva rápidamente a la asociación con la culpa. Se le hace sentir que las dudas son un reflejo de la propia maldad. Sin embargo, las dudas siguen planteándose, y cuando el conflicto se hace muy intenso, las personas se marchan. Esta es la dificultad más frecuente en muchas sectas: mantener la afiliación es un problema más grave que el dinero.

Por último, la octava, y quizás la más general y significativa de estas características, es la que yo llamo «dispensación de la existencia». Este principio es habitualmente una metáfora. Pero si uno tiene una visión absoluta o totalística de la verdad, entonces aquellos que no han visto la luz, que no han abrazado la verdad, que de alguna manera están en las sombras, están inmersos en el mal, son impuros y, por lo tanto, no tienen derecho a la existencia. Aquí entra en juego una dicotomía: «el ser versus la nada».

Los impedimentos para legitimar el ser deben ser apartados o destruidos. El que esté ubicado en la segunda categoría, el que no tiene derecho a existir, puede experimentar psicológicamente un miedo tremendo a la extinción interior. Sin embargo, cuando uno es aceptado, puede sentir una gran satisfacción al considerarse como parte de una elite. En condiciones más malignas, la dispensación de la existencia, la ausencia del derecho a existir, puede llegar a ser literal; se puede matar a la gente por sus carencias doctrinarias, como ha sucedido en demasiados lugares, incluyendo la Unión Soviética o la Alemania nazi. En el suicidio en masa ocurrido en el Templo de la Gente, en Guyana, un único líder pudo disponer de la dispensación de a existencia, o mejor dicho, la no existencia, por medio de una mística suicida que él mismo había integrado en la ideología del grupo. (Los informes posteriores basados en los resultados de las autopsias revelaron que se cometieron tantos asesinatos como suicidios.) El impulso totalístico de trazar una clara línea divisoria entre los que tienen derecho a existir y los demás, aunque pueden darse una serie de grados, puede ser un enfoque mortal para resolver los problemas humanos fundamentales. Y todos los enfoques relacionados con el totalismo o el fundamentalismo son doblemente peligrosos en la era nuclear.

Debo decir que, a pesar de estos problemas, ninguno de estos procesos es irrefutable. Uno de mis objetivos al escribir sobre ellos es contrarrestar la tendencia de nuestra cultura a negar que estas cosas existan; otro propósito es desmitificarlas, para que podamos comprenderlas en función de nuestros conocimientos sobre el comportamiento humano (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Apéndice A).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Algunos Principios Básicos De Psicología Social Y Dinámica De Grupo

marzo 5, 2007

La experiencia política de la segunda guerra mundial, en la que miles de individuos en apariencia normales tomaron parte en proyectos tales como el mantenimiento de los campos de concentración donde millones de seres humanos fueron asesinados, despertó un considerable interés entre los psicólogos. ¿Cómo fue posible que gente que llevaba una vida ordinaria antes de que Adolf Hitler se hiciera con el poder de Alemania, participara en un intento deliberado de exterminar a todo un grupo humano? Desde el final de aquel conflicto, se han realizado miles de experimentos de psicología social que han permitido descubrir las diversas maneras de influir en las personas, ya sea en grupos o individualmente. El resultado neto de estos estudios ha sido la bien comprobada demostración del enorme poder de las técnicas de modificación del comportamiento, la conformidad generalizada y la obediencia a la autoridad. Estos tres factores son conocidos en términos psicológicos como «procesos de influencia». Uno de los descubrimientos más notables de la psicología social es que en nuestros intentos por encontrar la respuesta más apropiada a la situación social, a veces respondemos con información que recibimos de forma inconsciente.

Por ejemplo, una clase de estudiantes de psicología «conspiró» para emplear las técnicas de modificación de comportamiento con su profesor. Mientras éste les dictaba la clase, los estudiantes sonreían y se mostraban atentos cuando él se movía hacia la izquierda de la habitación. Cuando se movía hacia la derecha, adoptaban un aire de aburrimiento y de falta de atención. Al cabo de poco, el profesor comenzó a desplazarse siempre hacia la izquierda, y después de unas cuantas clases daba sus explicaciones apoyado en la pared izquierda.

Y ahora llegamos al punto clave: cuando los estudiantes hicieron partícipe de la broma al profesor, éste insistió en que nada de esto había sucedido, que le estaban tomando el pelo. No le parecía extraño que se apoyara en la pared, y declaró enojado que era su estilo personal de dar las clases, algo que había escogido por su propia voluntad. Era del todo inconsciente de cómo había sido influido.

Desde luego, en circunstancias normales, la gente de nuestro entorno no está conspirando en secreto para hacernos algo. Simplemente actúan más o menos de la forma en que han sido culturalmente condicionados a actuar, lo que a su vez nos condiciona a nosotros. Ésta es la manera, después de todo, en que una cultura se perpetúa a sí misma. En una secta destructiva, sin embargo, el proceso de modificación del comportamiento se monta alrededor de los nuevos reclutas, que por supuesto no tienen ni la menor idea de lo que está pasando.

Si las técnicas de modificación del comportamiento son poderosas, también lo son las influencias de conformidad y obediencia a la autoridad. Un conocido experimento de conformidad realizado por el doctor Solomon Asch demostró que los individuos dudan de sus propias percepciones si son colocados en una situación social donde parece que las personas en las que más confía el grupo dan la respuesta equivocada a una pregunta. Otro psicólogo, Stanley Milgram, descubrió en unas pruebas de obediencia a la autoridad que más del 90 % de los sujetos examinados obedecían las órdenes aunque creyeran que al hacerlo causarían así sufrimientos físicos a otra persona. Milgram escribió: «La esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona llega a verse a sí misma como el instrumento que realiza los deseos de otra persona, y en consecuencia no se considera ya responsable de sus propias acciones» (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 4).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Reflexiones Sobre El Opus Dei Y Las Sectas (III)

febrero 26, 2007

Varios autores.

Selección realizada por Ivan de ExOpus.

Por regla general, cuando a la gente le hablas de la opus se le cambia la expresión de la cara, digamos que el semblante se le vuelve más agresivo y hostil. No digamos ya si se te ocurre decir algo en defensa de la opus: se te tiran a la yugular directamente.

La opus siempre ha tenido mala prensa, muy mala prensa. ¿Por qué?

La inmensa mayoría de la peña que echa pestes de la opus no sabe decirte ni concretarte la razón ni el porqué de esa aversión visceral y rabiosa: “que si es una secta, que si son mala gente, que si todo por la pasta, etc, etc, etc.”, pero sin conseguir argumentar nunca una crítica lógica y coherente.

Vosotros, al menos, habláis con razón de causa: por eso os leo, por eso os escucho (Fuente. Ogrini).

Situémonos en una parroquia barcelonesa pastoreada por un mosén carismático de mediana edad, de esos que se criaron a los pechos del Concilio Vaticano II. Dicha parroquia, como ocurre con tantas otras de las diócesis catalanas, no pasa por sus mejores momentos en cuanto a asistencia de fieles a misa y número de bodas y comuniones. El mosén rector de la parroquia, aun no estando ni de lejos próximo al carisma del Opus Dei, aceptó el año pasado los servicios como catequista de una señora de la Obra que se ofreció “graciosamente” a dar catequesis a los nenes, misión que ella realizó adecuadamente y sin mayores problemas. Pero hete aquí que este año, al empezar la nueva temporada de catequesis, no aparecieron ni los niños ni la catequista de los niños.

¿Qué había ocurrido? Como siempre ocurre en estos casos, la verdad no llegó de boca de la interesada sino de uno de los nenes. Resulta que la señora no ha tenido mejor idea que intentar llevarse a todos los muchachos, y algunos de sus padres, a otra parroquia y a la Obra. Por supuesto, sin decir nada al párroco que confió en ella ni mucho menos al arcipreste encargado de esas parroquias. Oigan ustedes, igualito a lo que hacen algunas sectas (Fuente. Luis Fernando Pérez Bustamante).

Hola a todos: no soy una asidua a esta web aunque desde que la descubrí hace dos días prácticamente la he devorado. Llevo dos noches en vela leyendo sin parar y sin poder dar crédito a lo que leía. Fui del Opus Dei (OD) hace muchos años pero por poco tiempo. No he vuelto a tener contacto con el OD a pesar de que mi salida fue airosa y amistosa. Reconozco que fue una suerte salirse de forma amistosa del OD, después de haber leído los escalofriantes testimonios de gente a los que se les destrozó la vida tanto dentro como fuera. No me quito de la cabeza el testimonio de Carmen Tapia. Me impresiona especialmente porque al poco de irme del OD circulaba su libro por casa de mis padres y me lo leí. En aquel entonces pensé que era una exagerada y que escribía desde el odio. Nada de lo que dijo me impactó pero hoy me lo creo todo. Estoy seriamente indignada porque ahora que estoy fuera me entero de que formé parte de una sectaaaa!! de que fui manipulada y de que toda mi intimidad fue ventilada en esas fichitas o en esos informes que salen de la confidencialidad de la charla. Lo peor de todo es que me imagino que todavía mi fichita queda guardada en algún archivo de la obra. Estoy de acuerdo con algunos testimonios, creo que todos lo estamos, en que en la Obra hay gente muy buena y también hay mucha gente, como fue mi caso, que no saben ni donde están y ni son conscientes de la manipulación que están sufriendo (Fuente. Conversa).

He estado leyendo el “Vademecum del gobierno local” y en su apartado de admisión e incorporación he encontrado un párrafo en el que, creo, se resumen muchos de los problemas del Opus Dei. Lo he leído y me ha dado miedo.

“Los fieles de la Prelatura tienen la obligación de conciencia de cultivar y defender, en todo momento, las características divinas de la Obra: su naturaleza y sus fines sobrenaturales, su régimen, su unidad, los modos apostólicos queridos por el Señor, el Derecho propio —santo, perpetuo e inviolable— que nuestro amadísimo Fundador, por Voluntad divina, estableció para siempre, y la Santa Sede ha sancionado”.

El subrayado es mío (las negritas no), y las frases me han hecho ver como la Obra se juzga a sí misma. Es la primera vez que leo una frase que positiva y directamente liga la voluntad de Dios a la acción del fundador sin posibilidad de duda, caracterizando el derecho propio de la institución como “santo, perpetuo e inviolable” vamos, como si la Obra fuera una nueva alianza entre Dios y los hombres y justificando sus modos de hacer al presentar el beneplacito de la Santa Sede para convencer al que no lo estuviera ya e imposibilitando cualquier tipo de crítica o duda porque ni Dios ni la Iglesia se equivocan (silogismo falaz con el que se alimenta las cabezas de “la aristocracia de la inteligencia”).

Sinceramente creo que la divinización de la institución es el problema básico del Opus Dei y la causa del mal que produce a su alrededor (como a mí me produjo ) y aunque haga bien a muchos (como a mí me lo hizo). Es la única institución u organización de la Iglesia que se adjudica la seguridad y certeza absoluta de tener un contacto directo con el Altísimo, parece que estuvieramos hablando de la mismísima fundación de la Santa Iglesia. Por eso no admite la crítica, ni siquiera la constructiva.

La adjudicación del discernimiento de la voluntad de Dios es, sencillamente, la manera de obrar de las sectas y esto es lo que me parece pasa en la Obra y muestra el párrafo de arriba (Fuente. Jose_A).

Hola, me llamo Inés , tengo quince años y hace 5 meses que pite [pedir la admisión al Opus Dei]. La verdad es que no me gusta en parte lo que me piden, pero hay cosas que si; conmigo por lo menos hay muy buen clima y me llevo fenomenal con las otras adscritas. Pero en cierto modo necesito consejo, no quiero caer en la misma trampa que vosotros, ¡quiero salir! contestadme o contactar conmigo por favor. / Gracias (Fuente. Ines_dos).

(Fragmento de una respuesta a la carta anterior.)

Si estas muy desesperada, igual que has mandado un correo aquí, mándalo a alguna instancia oficial: oficina del defensor del menor, alguna oficina de protección contra las sectas. Te puedo asegurar que como se publicite el tema, te dejan en paz, ¡pero vamos, que si te dejan en paz!

Creo que tu misma comprendes que no estas en edad de tomar una decisión de esa trascendencia, para siempre, sin vuelta atrás. Estás en edad de empezar a conocer todas las cosas bellas de la vida, y sus sinsabores, de preocuparte por la ropa que te pones y de chatear con el móvil, de ponerte roja cuando ese niño que te hace tilín se te acerca, de ver lo tontos que son otros niños, todo ello sin necesidad de alejarte de Dios, que no tiene muchos caminos, sino infinitos, porque el es la infinitud. Es como si a los 14,5 años, como ya puedes procrear, como seguramente podrás, tuvieras que elegir a un hombre para toda la vida y empezar a tener hijos con él. Eso que, aunque no soy muy docto en la materia, creo que seria un delito, para entregar tu vida a una vocación tan exigente o mas que un matrimonio, no lo es… curioso ¿no? (Fuente. Interestfree).

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Experiencia En La Secta (VI)

febrero 9, 2007

Steven Hassan.

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8. Altibajos emocionales

La vida en la secta es como un viaje en una montaña rusa. El adepto oscila entre la felicidad extrema de experimentar la «verdad» junto a una élite privilegiada, y el aplastante peso de la culpa, el miedo y la vergüenza. Los problemas son siempre debidos a su incapacidad, no a la del grupo. Es el eterno culpable por no alcanzar las metas. Si plantea objeciones, se le aplicará el «tratamiento de silencio» o se le trasladará a otra parte del grupo.

Estos extremos imponen una pesada carga en la capacidad de la persona para funcionar. Cuando los miembros están «arriba», pueden convertir su celo en una gran productividad y capacidad de persuasión. Pero cuando caen, se transforman en unos completos inútiles.

La mayoría de las sectas no permiten que los «bajones» duren demasiado tiempo. Un procedimiento habitual consiste en someterlo nuevamente al adoctrinamiento para que vuelva a funcionar. No es raro que alguien reciba un adoctrinamiento formal varias veces al año. Algunos de los miembros más antiguos se queman sin llegar a renunciar. Estos individuos ya no pueden soportar por más tiempo la carga o la presión para que rindan, y comienzan a señalar las incongruencias en la política del grupo. Se les puede enviar a que realicen tareas manuales en lugares alejados donde no molesten, y se espera que permanezcan allí durante el resto de su vida; o si se convierten en una carga, se les pide (o se les ordena) que se marchen. A uno de mis clientes le habían enviado de vuelta con su familia, después de diez años en la secta, porque había comenzado a solicitar que le trataran mejor y que le dejaran dormir un poco más (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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