Cartas de Maria del Carmen Tapia al Vaticano

julio 10, 2007

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(Cartas enviadas por Mª del Carmen Tapia al Vaticano antes de la beatificación de Josemaría Escrivá, contenidas en el Anexo nº 24 de su libro Tras el Umbral y no incluidas en otras ediciones digitales.)

ÍNDICE

Carta al Cardenal Ángel Sodano, 2 de agosto de 1991

Carta a Juan-Pablo II, 2 de agosto de 1991, con documento adjunto.

Carta al Cardenal Ángel Sodano, 24 de septiembre de 1991

Carta a Juan-Pablo II, 24 de septiembre de 1991

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Santa Bárbara, 2 de agosto de 1991

Su Eminencia Ilustrísima

Cardenal Angel Sodano

Secretaria de Estado

Ciudad del Vaticano

DE CONCIENCIA

Eminencia:

Me permito adjuntarle este material “Secreto y de conciencia” con el ruego ferviente de que lo ponga directa y personalmente en las manos de nuestro Beatísimo Padre, Su Santidad Juan Pablo II.

Le ruego, Eminencia, en nombre de Dios, que dada la importancia de su contenido no confíe este material en manos de ningún intermediario, sino que sea su Eminencia quien lo entregue al Santo Padre directa y personalmente.

Abusando de su caridad, le rogaría me enviase igualmente una breve nota, a la dirección abajo indicada, notificándome, para mi paz dé conciencia, la fecha en que el documento le fue directamente entregado a Su Santidad.

Con toda gratitud y respeto, le pide su bendición,

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María del Carmen Tapia

980 Hot Springs Road

SANTA BARBARA, California, 93108-1111 (U.S.A.)

Phone: Residencia: (805) 969-0090

Universidad: (805) 893-3075

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Santa Bárbara, 2 de agosto de 1991

Su Santidad Juan-Pablo II

Ciudad del Vaticano

Beatísimo Padre:

Tras seria meditación me decido a escribirle para abrirle mi alma y manifestarle ante Dios y la Iglesia lo que para mi supone un deber hondo de conciencia: el que la vida de Monseñor José-María Escrivá de Balaguer, de la que fui testigo muchos años, no fue admirable y mucho menos imitable. Su proceso de beatificación haría mucho daño a la Iglesia y a las almas, ya que además ello implicaría el considerar como ejemplar la forma en que vivió la doctrina del Opus Dei por él fundado.

Conozco al Opus Dei muy bien porque fui Numeraria durante casi veinte años (1948-1966), de los cuales seis viví en Roma (1952­-1956) y (1965-1966). Fui secretaria personal de Monseñor Escrivá y Superiora Mayor en el Gobierno central de la Sección femenina del Opus Dei. Fue Monseñor Escrivá quien recibió mis votos perpetuos al Opus Dei. También fui la primera directora de la imprenta que el Opus Dei tiene en la casa central de Roma y asimismo estaba especialmente encargada, cuando Monseñor Escrivá iba a la casa de mujeres, de anotar, para la posteridad, cuantas cosas le oyera decir. En 1956 me enviaron a Venezuela como Directora de la Sección de mujeres en ese país, donde adquirí la nacionalidad venezolana que conservo. Dejé Venezuela en 1965 llamada por Monseñor Escrivá a Roma donde permanecí hasta mi salida del Opus Dei en 1966.

Veo ahora cómo los Superiores del Opus Dei están precipitando los hechos de esta beatificación, agotando todos los medios humanos, sociales, políticos y financieros a su alcance, porque consideran que si ello no sucede durante su Pontificado, Beatísimo Padre, pasarán, siglos quizás, antes de lograrlo. El Opus Dei no tiene otra meta ni objetivo, después de haber conseguido de la iglesia su cambio jurídico de Instituto Secular en Prelatura Personal, que el hacer de su fundador un santo.

Quise declarar a su tiempo en este proceso de Monseñor Escrivá, y no me dejaron hacerlo. Es más, me indicaron expresamente en Madrid, en octubre de 1981, y través del Presbítero Don Joaquin Aznar Cleofás, a quien fui a visitar, porque era un “advocatus diaboli”, que no me permitían hacerlo.

Dada la extrema importancia y repercusión de este posible suceso, y comprendiendo que mi testimonio puede ser crucial, estoy dispuesta, Beatísimo Padre, a ser interrogada directamente por Su Santidad en la forma que tenga a bien indicarme, yendo a Roma el día y hora que se me indicase.

Es bien conocida, de todos y desde siempre, la forma de actuar del Opus Dei y sus múltiples influencias y maniobras dentro de la Curia Vaticana. Pero especialmente, y por desdicha, desde el principio del proceso de beatificación de Monseñor Escrivá, en el órgano institucional para las Causas de los Santos donde S.E. el Cardenal Pietro Palazzini hiciera cabeza. Por ello le suplicaría, Beatísimo Padre, que si Su Santidad personalmente no pudiera escucharme en causa tan importante para la salud de la Iglesia y de las almas, tuviera a bien designar para mi audición un juez de su estricta y personal confianza, que ni de cerca ni de lejos, tuviera relación alguna con el Opus Dei.

Si el Opus Dei intuyera mi deseo de declarar ante Su Santidad, yo no descartaría, Beatísimo Padre, la posibilidad de que intentaran interferir en mi declaración, bien impidiendo de alguna manera mi presencia física en el Vaticano o bien mediante un sutil o no tan sutil descrédito personal que pudiera sembrar dudas de mi integridad moral; esta no sería la primera vez que recurren a este proceder, como lo pone en evidencia varios de los materiales qué tengo en mi poder. Por esta razón, me he visto obligada a poner en varios lugares diversos y seguros, con garantías jurídicas, el material original de información que poseo. Material que, en caso extremo, saldría todo a la luz pública, incluso si yo faltara.

He añorado durante largo tiempo el poder hablarle directamente y, como una hija a su padre, abrirle mi corazón que sufre ante este posible hecho y poder también responder a cualquier pregunta suya, pero desdichadamente nunca pude llegar a Su Santidad a pesar de mis previos viajes a Roma.

Es mi ardiente ruego, Santo Padre, que en esta hora, por el bien de la Iglesia universal y de las almas todas, se prolongue esto proceso de beatificación — que tan precipitadamente quiere el Opus Dei acelerar y acortar– cuanto sea necesario. De esta forma, se evitaría el escándalo, se daría amplio tiempo para investigar a fondo el caso y, se podrían recibir, junto a las declaraciones ya conocidas de aquellas personas que unilateralmente fueron presentadas por miembros o superiores del Opus Dei, aquellas otras de quienes conociendo muy de cerca a Monseñor Escrivá, y habiendo pasado más de quince, veinte o treinta años en el Opus Dei, hubieran querido declarar, pero no se les llamó ni permitió hacerlo, por el hecho de haber dejado de pertenecer al mismo.

Los Superiores del Opus Dei temen esas declaraciones porque saldrían de manifiesto hechos verdaderos, pero no queridos por ellos, que reflejarían una luz diferente en el retrato que tratan de proyectar de la vida de Monseñor Escrivá. Por ello, hacen cuanto está a su alcance a fin de que se consideren como testigos no idóneos o de fiar a aquellas personas cuyos puntos de vista no coinciden con los que ellos quieren hacer prevalecer.

Le adjunto con esta carta, Beatísimo Padre, como pinceladas, una serie de hechos presenciados, oídos y vividos por mí durante mis años dentro del Opus Dei. Hechos que, aunque no son todos los que conozco, pueden brindarle a Su Santidad una perspectiva diferente de la vida real de Monseñor Escrivá. Podría agregar otros hechos, mucho más serios aún y concretamente documentados, sobre mi experiencia personal con Monseñor Escrivá, que estoy dispuesta a exponer en presencia de Su Santidad.

Igualmente le incluyo un borrador, tal cual lo tengo, de un trabajo que preparé comentado el documento elevado por el Opus Dei a la Santa Sede con la petición de cambio de Instituto Secular en Prelatura Personal. Puedo asegurarle, Beatísimo Padre, que mis comentarios a cada uno de los puntos reflejan la verdad.

Conozco varias personas que aún temen represalias por parte del Opus Dei y, con gran conflicto de conciencia, se callan. Estas personas sólo hablarían a instancias de Su Santidad. Y sus testimonios, que serían importantes, y que podrían gravitar especialmente en el juicio decisivo de Su Santidad, no saldría de otra forma a la luz. Tengo a la disposición de Su Santidad, por ejemplo, el nombre de una de ellas, Numeraria por treinta años en el Opus Dei, que pidió su dimisión hace solamente dos años y quien, me ha asegurado, que de no hablar con Su Santidad, no hablaría jamás con nadie por miedo, a posibles represalias del Opus Dei.

Creo en el Espíritu Santo y confiando en su intercesión, espero que Su Santidad escuche mi ruego.

Con toda humildad, pide su bendición, su hija en Nuestro Señor,

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Anexos: 11 páginas con relatos y

un folleto azul, borrador

de 53 páginas.

Maria del Carmen Tapia

980 Hot Springs Road

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Teléfonos: Residencia: – de 16:00 a 6:30 horas -(805) 969-0090

Universidad:- de 7:00 a 15:00 horas -(805) 893-3075

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DOCUMENTO ADJUNTO­­

I. Algunos hechos sobre la conducta de Monseñor Escrivá con respecto a la Iglesia, a los sacerdotes en general y, a las religiosas; doctrina que imponía a sus miembros del Opus Dei, y que refleja, por una parte, su actitud general de segregación, elitismo y doctrina y por otra, como pinceladas, su carácter:

l.- “Yo querría señalaros una vez más cual es el espíritu nuestro en un medio maravilloso de santificación, en un medio que está instituido por Jesucristo, porque es sacramento: la confesión”

¿Sabéis quien es para mis ovejas el Buen Pastor? El que tiene Misión dada por mí. Y yo la doy ordinariamente a los Directores y a los sacerdotes de la Obra. Gente que no conoce el Opus Dei no está dispuesta para ser el pastor de mis ovejas, aunque sean pastores de otras ovejas, aunque sean santos.”

“Conviene que os confeséis con los sacerdotes que están designados. Y está dispuesto que, al menos, hay que ir a ellos para recibir la bendición. Podéis ir a confesaros con cualquier sacerdote que tenga licencias del ordinario. De esta manera, yo defiendo la libertad, pero con sentido común. Todos mis hijos tienen libertad para confesarse con cualquier otro sacerdote aprobado por el Ordinario. Y no está obligado a decir a los Directores de la Obra que lo ha hecho. ¿Uno que haga esto peca? ¡No! ¿Tiene buen espíritu? ¡No! Está en camino de escuchar la voz del Mal pastor.”

“Si fuésemos a una persona que sólo puede curarnos superficialmente la herida…, es porque seriamos cobardes, porque no seríamos buenas ovejas, porque iríamos a ocultar la verdad, en daño nuestro. Y haciéndonos este mal, buscando a un médico de ocasión, que no puede dedicarnos más que unos segundos, que no puede meter el bisturí y cauterizar la herida, también estaríamos haciendo un mal a la Obra. Si tú hicieras esto, tendrías mal espíritu, serías un desgraciado. Por ese acto no pecarías, pero ¡av de ti!, habrías comenzado a_ errar, a_ equivocarte, habrías comenzado a oír la voz del mal pastor, al no querer curarte, al no querer poner los medios. Y estarías haciendo un daño a los demás.”

Tú conoces la doctrina del Cuerpo Místico, de la Comunión de los santos. Pues estarías haciendo daño a tus hermanos, y a los que están por venir, y a ti mismo, al cuerpo entero de la Obra. Porque además aquel mal pastor no venía a buscarte, habrías sido tú el responsable. Porque ese otro que no es Buen pastor, no viene sino para robar y matar y hacer estrago. Nosotros necesitamos tener un espíritu determinado y concreto. Nuestro espíritu está muy claro: nuestra ascética, nuestra mística, clarísima, y todo lo que sea deformar este espíritu, es robar y matar.

Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor sacrifica la vida por sus ovejas. Hace todos los sacrificios. Y vosotros debéis estar dispuestos a hacerlos todos también. Y el primero es éste: no ejercitar aquel derecho —porque el derecho lo tenemos— si lo podemos evitar siempre o casi siempre. Propósito firme: el primer sacrificio es no olvidar, en la vida, lo que expresan en Castilla de un modo muy gráfico: que la ropa sucia se lava en casa. La primera manifestación de que os dáis, es no tener la cobardía de ir a lavar fuera de la Obra la ropa sucia. Si es que queréis ser santos; si no, estáis de más. (1)

(1) Ref.: Cuadernos – 3. “Vivir en Cristo”, Roma (Apud Collegii Romana Sactae Crucis – 1973, pp.131-132-133.

(Este texto, de una de las publicaciones del Opus Dei “ad usum nostrorum” que tengo en mi poder, muestra claramente, por una parte, la presión moral que Monseñor Escrivá empleó siempre con los miembros del Opus Dei quitándoles la libertad de confesarse con sacerdotes ajenos a la Obra aunque tuvieran licencias ministeriales. Y, por otra parte, la soberbia de considerarse como el único Buen Pastor, por encima de miembros legítimos de la Iglesia e incluso de la doctrina concreta del Código de Derecho Canónico. He subrayado algunas frases que considero de relevante importancia y que a mi siempre me dañó oírlas al considerar a los otros sacerdotes de la Iglesia como “malos pastores”.)

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2.- Como ejemplo concreto, consecuencia de lo anterior, narro lo siguiente:

Recuerdo una vez en Venezuela cuando el grupo de Superioras Regionales hacia los ejercicios espirituales, quisimos confesarnos con el sacerdote del Opus Dei que los dirigía y, que de acuerdo con las normas oficiales del Opus Dei estaba permitido hacerlo así. Cuando a través de una hojita conocida por “lista de confesiones” (es costumbre en las casas del Opus Dei entregar al sacerdote que confiesa una lista con los nombres de las personas que van a confesarse y que entran al confesionario por ese orden) Don José-María Félix, confesor ordinario de esta casa, y miembro también del gobierno regional de mujeres, se enteró de que las Superioras del Opus Dei nos queríamos confesar con ese otro sacerdote, vino a la casa, me mandó llamar ya que yo era la Directora del país, y me dijo: “Tú eres idiota. ¿Cómo es posible que des el mal ejemplo de quererte confesar tú y las demás con Don Alberto Genty cuando él no es el confesor ordinario?” Yo le referí al rescripto existente sobre esto y me contestó: “confesaros con Don Alberto Genty es como confesaros con el párroco de la esquina”. Yo le indiqué que al ser un sacerdote del Opus Dei no podía ser considerado como mal pastor. Y él me subrayó que “todo aquel que no era confesor ordinario u extraordinario de una casa era mal pastor según la doctrina del Padre.”

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3.- Muy sutilmente con su típica frase de “tenis que tener la picardía de” le oí decir a Monseñor Escrivá que las Directoras tenían que enterarse si alguien se había ido a confesar fuera de la casa. Con este criterio la directora de cualquier casa estaba obligada a reportar a la superiora de la Región si alguien se había ido a confesar fuera. Y esta superiora, ordinariamente, estaba obligada también a comunicarlo al Consiliario (ahora vicario Regional) y a los miembros del gobierno regional en una de las sesiones.

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4.- Su visión de la Iglesia era como de un organismo del que no se puede prescindir, pero ineficaz. Su convencimiento era de que el Opus Dei estaba muy por encima de la Iglesia en santidad, en formación doctrinal y en todo. Especialmente cuando hablaba de los sacerdotes del Opus Dei solía decir “que eran su corona” (de él).

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5.- Respecto a S.S. Pío XII y durante mi estancia en Roma, del 1952 al 1956, especialmente en el año 1952 cuando María-Luisa Moreno de Vega (también Numeraria del Opus Dei) trabajábamos como secretarias personales de Monseñor Escrivá para toda la sección femenina del Opus Dei en el mundo le oí decir en varias ocasiones, con una rabia llena de impotencia refiriéndose a Pío XII: “este hombre no nos entiende y me tiene aquí encerrado. No me puedo mover. No puedo salir” Nos dejó muy clara la idea de que el Papa no le dejaba salir de Roma. Más de una vez le oí decir a Monseñor Escrivá refiriéndose a S.S. Pío XII: “Este santo varón, que Dios nos haría un gran favor si se lo llevara al cielo, pero cuanto antes.”

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6.- Con respecto a S.S. Juan XXIII su frase más suave hacia él fue decir que era “un patán”. Cualquier miembro del Opus Dei puede dar este testimonio de una manera más viva. (Tengo varias personas que sólo puedo mencionar los nombres ante Su Santidad, y que darían clara cuenta de este hecho).

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7.- Con respecto a S. Santidad Paulo VI mis vivencias son directas durante mi estancia en Roma de 1965 a 1966. Más de una vez le oí decir a Monseñor Escrivá sobre S.S. Paulo VI cosas semejantes a las que dijo de Pío XII: “A ver si de una vez nos deja en paz y Dios nuestro Señor en su infinita misericordia, se lo lleva al Cielo.” Si a S.S. Juan XXIII lo consideraba “un patán” a Pablo VI lo consideraba “un jesuitón”.

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8.- Cuando S.S. Paulo VI entregó la parroquia del Tiburtino al Opus Dei, en Noviembre de 1965 el Padre nos dijo a las mayores: “Hijas mías decidles a vuestras hermanas pequeñas (así llamaba a las sirvientas) que yo ya sé que me quieren mucho, pero que por esta vez, cuando llegue el Papa al Tiburtino le aplaudan más a él que a mí.”

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9.- Le oí decir muchas veces a Monseñor Escrivá: “En mi vida he conocido varios Papas, cardenales muchos, Obispos, un montón, pero Fundadores sólo uno y Fundadores del Opus Dei: sólo yo.” Después solía agregar: “Dios os pedirá estricta cuenta de haberme conocido”. Y sabiendo que yo copiaba las cosas que él decía, me buscaba entre el grupo donde estábamos varias Numerarias y algunas veces con las sirvientas y preguntaba “A ver, donde está ésa”. Y cuando yo le respondía “estoy aquí, Padre”, él agregaba: “escribe esto para que quede”. “Sí, Padre, ya lo he escrito”, le respondía yo. Otras veces, cuando decía algo que no era positivo para alguien, especialmente de la Iglesia o persona pública, solía dirigirse a mi diciéndome: “No se te ocurra escribir eso, porque esto os lo digo yo a vosotras, pero si me enterase que una hija mía repite esto que yo he dicho, pensaría que es tonta. Y yo hijas tontas, no quiero. ¡Listas y muy listas! ¡Ala!”.

De forma oficialmente impresa esta idea quedó plasmada de la siguiente manera:

“Hijos míos, os tengo que hacer una consideración que, cuando era joven, no me atrevía ni a pensar ni a manifestar; y me parece que ahora debo decírosla: En mi vida, he conocido ya a varios Papas; cardenales muchos; obispos, una multitud; ¡Fundadores del Opus Dei, en cambio, no hay más que uno! aunque sea un pobre pecador como soy yo; bien persuadido de que el Señor escogió lo peor que encontró, para que así se viera más claramente que la Obra es suya. Pero Dios os pedirá cuenta de haber estado cerca de mí, porque me ha confiado el espíritu del Opus Dei, y yo os lo he transmitido.

“Os pedirá cuenta por haber conocido a aquel pobre sacerdote que estaba con vosotros, y que os quería tanto, tanto, ¡más que vuestras madres! Yo pasaré, y los que vengan después os mirarán con envidia, como si fuerais una reliquia: no por mí que soy —insisto— ­un pobre hombre, un pecador que ama a Jesucristo con locura; sino por haber aprendido el espíritu de la Obra de labios del Fundador” (1).

(1) Ref. Cuadernos – 3 “Vivir con Cristo”, Roma (Apud Collegii Romani Sanctae Crucis, 1973, p.86.

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10.- “Prefiero mil veces que una hija mía muera sin recibir los Santos Sacramentos, antes de que le sean administrados por un Jesuita”.

(Esto se lo oí yo decir a Monseñor Escrivá en Roma repetidas veces. Delante estaba casi siempre Álvaro del Portillo, Encarnita Ortega y alguna otra Superiora mayor, creo recordar que María-José Monterde. Era bien conocido por los miembros mayores de la Obra la hostilidad que Monseñor Escrivá sentía hacia la Compañía de Jesús. Siempre nos dejó ver que la Compañía de Jesús le había hecho mucho mal a la obra. Siempre que hablaba de los Jesuitas les llamaba “los de siempre”.)

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11.- Es un punto muy curioso a considerar que, en el Opus Dei, lo usual es que la primera vocación de miembros Numerarios sea ordenado sacerdote. Los sacerdotes se ordenan para servir a la Obra, no para servir a la Iglesia como dicen. (Tengo testimonio de un sacerdote del Opus Dei) La forma de ordenar sacerdotes era poco menos que “a dedo”. Le oí contar a Monseñor Escrivá cómo, al acercarse el día de su santo, le preguntaban los Numerarios en Roma que estaban en el Colegio Romano de la Santa Cruz, qué regalo querría para su santo y él contestó que (un número concreto) de hijos suyos sacerdotes. Esto originaba, por lo visto cierta conmoción ambiental ya que los varones no entran al Opus Dei para ser sacerdotes. Nos relataba Monseñor Escrivá cómo después de está petición suya y aprovechando la oscuridad, durante la proyección de una película, en el aula magna de la casa central, se le acercaba algún Numerario y le decía: Padre, estoy dispuesto a ser sacerdote. El (Monseñor Escrivá) se hacia el sordo y le decía “Hijo mío habla más alto que no te oigo” Y el muchacho iba alzando más y más la voz porque Escrivá le decía que seguía sin oírle. Y, cuando por fin, le oía le decía: “Muy bien, hijo mío, pues habla con tu Director”. Mientras nos contaba esto Monseñor Escrivá se reía y nos decía: “Yo lo que quería es que le oyeran los demás.”

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12.- Su falta de respeto a los obispos y de tono humano personal era notoria. Por ejemplo, cuando en la visita “ad limina” de alguno de los obispos que estaban en una ciudad o país donde el Opus Dei pensaba abrir una casa, Monseñor Escrivá, a través de Álvaro del Portillo, le invitaba a comer a la casa central, y a nosotras, —yo le oí directamente decir esto a Monseñor Escrivá— nos hacia advertencias de este tipo: “A este hombre le gusta comer mucho. O sea hijas mías prepararle una comida que se la pueda tocar con los dedos” (Y abriendo Monseñor Escrivá la boca se metía los dedos para indicarnos hasta donde le tendría que llegar la comida a aquel obispo).

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13.- “Las nuestras no tendrán que responder a ninguna nota o carta que puedan llegar de los Obispos ni de la Comisiones episcopales. Se las entregarán al Consiliario para que él me las haga llegar a mí”.

(Existen en el Opus Dei una serie de notas y rescriptos llegados de Roma en la que nos indicaban la prohibición tajante de que las mujeres nos relacionáramos con la Jerarquía eclesiástica y mucho menos con las religiosas o los miembros de cualquier otro Instituto secular.)

Sólo nos estaba permitido, por indicación expresa de Monseñor Escrivá, visitar al ordinario del lugar y al Nuncio por Pascua Florida y por su onomástico. Las visitas estaban estipuladas que tenían que ser:

a) hechas por dos Superioras;

b) las conversaciones con el Obispo o con el Nuncio tenían que reducirse a “contarles solamente cosas simpáticas o anecdóticas de nuestras sirvientas”;

c) no se les debía decir cuantas vocaciones habíamos tenido (mujeres, claro) al Opus Dei:

d) tampoco se les debía decir si Monseñor Escrivá estaba de viaje. Cuando nos preguntaban por él sistemáticamente había que decirles que estaba en Roma;

e) después de realizada la visita había que escribir una ficha de 4″x6″ relatando exactamente la conversación [que se había] tenido con el Obispo o Nuncio;

f) esta ficha se mandaba en el primer correo a Roma, al Gobierno central de mujeres, quienes se la entregaban a Monseñor Escrivá.

Siendo Nuncio Apostólico de S.S. en Venezuela Monseñor Dadaglio, con quien personalmente siempre guardé una relación personal muy sincera, me preguntó, en una de las visitas oficiales que yo le hice, acompañada de otra Numeraria, cuantas vocaciones habíamos tenido aquel año. De la manera más espontánea yo le dije el número. Esta ficha llegó a Roma. El Consiliario del Opus Dei en Venezuela, Don Roberto Salvat Romero, me hizo llegar, “de parte del Padre” (Monseñor Escrivá) la indicación de que “había sido muy indiscreta con el Nuncio, porque a la Jerarquía de la Iglesia no había que darles explicaciones de ninguna clase respecto a la Obra”. Cuando yo pregunté el por qué, la respuesta fue “porque lo ha dicho el Padre y basta”.

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14.- Cuando Monseñor Escrivá hablaba ante un grupo de Numerarias y sirvientas, dejaba ver muy claro su desprecio hacia las monjas. Fueron muchas las veces que le oí decir: “Hijas mías no me seáis bobicas como las monjas” y al decir esto hacía la mímica con las manos pegadas a la cara y remedando con la voz una persona bobalicona.

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15.- Oí bastantes veces decir a Monseñor Escrivá que “las monjas eran tontas” y agregaba que él la única monja que visitaba era Sor Lucia de Portugal, “no porque haya visto a la Virgen, sino porque nos quiere mucho”, y agregaba: que Sor Lucia era “un poco tontucia pero una buena mujer”.

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16.- Estando en Roma se le contaban al Padre la actuación de las monjas, ridiculizándolas, cuando en el aeropuerto un grupo grande de una orden o congregación esperaban la llegada de la Madre General y gritaban las monjitas “Nuestra Madre, Nuestra Madre”. Monseñor Escrivá se reía a carcajadas. Es curioso, qué aquello que tanto le hacia reír a Monseñor Escrivá se repitiera años más tarde en su persona.

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17.- No quería que tuviéramos trato alguna con las religiosas y esto era bien conocido por todas las Numerarias como me lo comentaba en mi última visita a Caracas Sor Isabel de la Trinidad, (Trina Gordils). Sor Isabel de la Trinidad era Carmelita descalza, y falleció este año en Caracas. Era abogado y periodista y fue la primera Oblata del Opus Dei (ahora llamadas Agregadas). Se salió del Opus Dei para entrar al Carmelo porque quería llevar una vida contemplativa y pobre. Esta religiosa tenía un gran sentido del humor, que siempre conservó. Me contaba, a propósito del proceso de beatificación de Monseñor Escrivá: “Niña, antes ni se ocupaban de nosotras, (refiriéndose al Opus Dei); pero desde que se murió el Padre, pululan por aquí (el Carmelo) todos sus curas: el Don Roberto y el otro y el otro para que pidamos por la beatificación de Monseñor. Y nos dan estampitas y toda la parafernalia”. Cuando yo la preguntaba: —Trina, ¿tú realmente crees que el Padre era santo?”, ella me respondió: “¡No, niña! ¡Qué va a ser santo ese hombre después de todo lo que te hizo a ti en Roma! Y ‘el de Arriba’ (como ella siempre llamaba a Nuestro Señor) lo sabe igualito que nosotras. Y si sale será por un apaño humano o porque el Espíritu Santo se tomó vacaciones.”

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18.- Monseñor Escrivá tenía a mi entender un poco de manía persecutoria: siempre desconfiaba de la Iglesia. Esto lo reflejaba de muy diversas maneras: con dichos como “cuando yo llegué a Roma perdí la inocencia” (refiriéndose a la llamada ‘política vaticana’. Confiaba, sin embargo, en el hecho de que Álvaro del Portillo y Salvador Canals tuvieran responsabilidades dentro del Vaticano para poder estar “al tanto de las cosas que pasan por dentro”, nos dijo en más de una ocasión a algunas de las Superioras mayores en Roma. Y anhelaba el día en que muchos de los miembros del Opus Dei estuvieran esparcidos dentro del Vaticano “y entonces nos van a oír” decía.

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19.- Tenía total convencimiento de que iba a ser santo. Y preparó todo en vida en este sentido: desde su tumba en la casa central con la indicación a las superioras de: “Pero no me dejéis aquí mucho tiempo. Que me lleven luego a una iglesia pública para que os dejen en paz y podáis trabajar.”

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20.- Se guardaba en todas las casas la ropa personal que desechaba para las reliquias futuras; se marcaba por debajo las sillas donde se sentaba; las flores que adornaban el altar se hacían cuadros y las cosas que él daba: crucifijos, tijeras de uñas que no funcionaban ya bien, lapiceros, fotografías suyas, eran propiedad de la persona que las recibía. Las cosas dadas por el Padre no entraban en el ‘espolio’ anual, ni ningún director las podía quitar.

21.- La pila donde le bautizaron la llevaron a Roma porque él indicó que se hiciera así. Lo mismo que quiso que su hermana se enterrase en la casa de Roma y que los cadáveres de sus padres se los llevaran a la casa del Opus Dei de Diego de León en Madrid. Todo esto lo dispuso en vida. Quería siempre rodear de una aureola especial a su familia. No es cierto lo que dicen sus biografías de que su hermana Carmen cuando supo que se moría ofreció todo por la Obra y por el Padre. Su hermana quiso morir en España y Monseñor Escrivá no la dejó ir. Me contó Lourdes Toranzo que “les costó mucho” que aceptase el morirse en Roma y se empeñaron en que “hiciera ese sacrificio por su hermano el Padre”.

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22.- Le gustaba el poder y la grandeza aunque lo recubría de palabras como “soy un pobre burro sarnoso”, pero luego nos agregaba que Dios Nuestro Señor le había dicho un burro fue mi trono en Jerusalén.”

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23.- En uno de los Congresos Generales, cuando Antonio Pérez Tenessa estaba en el Opus Dei, le dijo que propusiera en ese Congreso el que al Presidente General se le saludase con la rodilla izquierda en el suelo. Cosa que quedó establecida desde entonces. Cuando Monseñor Escrivá nos lo contaba a nosotras, Superioras del Opus Dei nos agregaba: “Hijas mías no es por mi, porque sé que me queréis mucho y me respetáis. Yo lo hago por el pobrecico que me siga.”

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24.- Cuando se erigió oficialmente el Estudio General de Navarra, organizó las cosas para que se le eligiera “Gran Canciller” y desde entonces empezó a hacer sus apariciones en lugares públicos como teatros, aulas magnas, etc., etc. Cuando iba a una de estas ciudades las preguntas que se le hacían estaban, la mayoría preparadas y consultadas con los respectivos superiores antes de serle hechas en público. Y en muchos casos, consultadas también con él previamente.

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25.- Cuando Monseñor Escrivá invitaba a almorzar a algún Cardenal en alguna casa del Opus Dei, las Numerarias teníamos que preparar a las doncellas para que empezaran a servir a la vez a Monseñor Escrivá y al Cardenal invitado: a nadie se le podía servir antes que a Monseñor Escrivá.

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26.- Si algo le gustaba en alguna casa que visitaba, indicaba a las superioras que le dijeran a esas personas que dieran aquel cuadro o tapiz para la Obra. (Ejemplo: Álvarez de Toledo en Madrid). Como pertenecía al patrimonio familiar, esta señora dijo que no se lo podía dar, pero a cambio le dio más de un millón de pesetas. En Sevilla se antojó de un biombo que pertenecía a una señora de la aristocracia española y sucedió lo mismo que el ejemplo anterior.

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27.- Un sacerdote que llegó a Madrid de Roma, en 1967, le dijo a una Supernumeraria, Maite Sánchez-Ocaña, que Monseñor Escrivá les había dicho que “si cuando a él le concibieron sus padres no le hubieran deseado, los hubiera escupido en su tumba.”

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28.- Era tal el culto que se le daba en vida a Monseñor Escrivá, que él mismo consideraba de buen espíritu si alguien de la obra, Supernumerarias o Cooperadoras, mandaban flores por avión para la misa que iba a celebrar en un lugar determinado, aunque este avión viniera a veces de país distinto donde él celebraba la Misa.

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29.- En Roma, los quesos tenían que ser suizos y concretamente “el de la florecita” como él nos dijo una vez. Era un queso de porciones con un ‘edelweis’, que nos costó caminarnos toda Roma para encontrarlo. Como eran quesitos de porciones, se compraban varias cajas ya que en cada una sólo había uno con florecita.

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30.- El champagne en la mesa de Monseñor Escrivá, cuando había invitados, tenía que ser ‘rosé’. Sus cubiertos eran siempre de plata. La ropa que usaba de hilo. Y los zapatos con hebillas de plata. Aunque a él le gustaba hablar de sus “zapatos viejos”.

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31.- Cuando le otorgaron la cruz de San Raimundo de Peñafort (era de plata sobredorada muy bonita) se la entregó Antonio Pérez Tenessa; Monseñor Escrivá la consideró muy pobre y dijo que tenía que ser una con brillantes, que se la hicieron, como él quería.

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32.- Para el compromiso matrimonial de su hermano Santiago, le aconsejaron los sacerdotes de la Obra que debería ir a Zaragoza a pedir él la mano. Monseñor Escrivá dijo que solamente iría si se alojaba en Zaragoza en el Palacio de Cogullada y en la misma habitación donde se alojó Franco, el jefe de Gobierno en España. Y que si no era allí, no iba. Los miembros de la obra tuvieron que hacer muchas gestiones, pero al final lo lograron y se alojó allí.

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33.- Fueron conocidas las gestiones que se hicieron para que le nombraran “Caballero de la Orden de Malta”, pero nunca se lo concedieron. En cambio logró que uno de los miembros de la obra, en un puesto clave en España, pudieran conseguir comprar para él el titulo nobiliario de “Marqués de Peralta”.

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34.- Su lenguaje era muchas veces vulgar. Fui testigo, un domingo de Pascua en Roma de lo siguiente: A las Numerarias del gobierno central nos habían dicho que podíamos subir al comedor de la Villa Vecchia, después de su almuerzo para felicitarle la Pascua. Cuando llegamos al comedor Don Álvaro estaba fumando con su acostumbrada boquilla de marfil. Monseñor Escrivá, por una ventana abierta de par en par al jardín de la Villa, hablaba con un grupo de Numerarios y les decía entre grandes risotadas: “Beberos el cognac que os he mandado, pero eso sí, no hagáis como ese Monseñor Galindo, paisano mío, que calentaba la copa en la bragueta”. Todas le oímos perfectamente y Don Álvaro le llamaba, tratando de advertirle que habíamos llegado, pero no le oía. Cuando se dio cuenta, cerró la ventana de un golpe seco y nos dijo: “Hijas mías, Dios os bendiga.” Esto nos lo prohibieron comentar después.

(Monseñor Don Pascual Galindo era el Rector de la Iglesia del Espíritu Santo en Madrid).

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35.- Era destemplado en su carácter. Las “broncas” del Padre eran conocidas muy bien por los miembros todos de la Obra. “Monseñor Escrivá, en incoherencia, le faltaba el sentido de caridad más básico: sabía muy bien mostrar la faceta de santo frente a las multitudes, incluso llamándose pecador, pero era capaz de insultar de la manera más terrible cualquier persona por el motivo más nimio: por ejemplo si un huevo frito no estaba frito como a él le gustaba, por ello, podía lanzarle una bronca a una directora. Si un mantel de altar no se planchaba exactamente a los centímetros del suelo que él tenía estipulados, era capaz de lanzarle un ex-abrupto igualmente a la Directora. O porque en la cocina se hacía ruidos al fregar los cacharros, etc. etc. En el diario de la casa no se podía escribir que “el Padre se enfadó o lanzó una bronca”, sino que había que decir: “El Padre nos enseñó hoy tal o cual cosa”.

Santa Bárbara, 31 de julio de 1991.

 

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Santa Bárbara, 24 de septiembre de 1991

Su Eminencia Ilustrísima

Cardenal Angel Sodano

Secretaría de Estado

Ciudad del Vaticano

DE CONCIENCIA

Eminencia:

Con renovada confianza le adjunto este nuevo material “Secreto y de conciencia” con el ruego de que igualmente al anterior lo ponga directa y personalmente en las manos de nuestro Santo Padre, Su Santidad Juan Pablo II.

A este punto es obvio insistirle en la importancia del material adjunto y que por ello, abusando de su bondad, sea Vd. quien lo entregue directa y personalmente al Santo Padre.

Le agradecería en el alma me hiciera llegar una breve nota asegurándome que tanto el material enviado para el Santo Padre a través de Su Eminencia con fecha 2 de agosto de 1991, como este de hoy le ha sido entregado personalmente a Su Santidad. Se con seguridad, a través del correo utilizado que el material le llegó a S. Eminencia; sin embargo, no he recibido todavía confirmación de S.E. de haber entregado el material al Santo Padre.

En espera de sus noticias, con toda gratitud y respeto, le pide su bendición,

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P.D. Quiero ratificarle, Eminencia, que estoy dispuesta a desplazarme a Roma a la primera llamada del Santo Padre.

María del Carmen Tapia

980 Hot Springs Road

SANTA BARBARA, California, 93108-1111 (U.S.A.)

Phone: Residencia: (805) 969-0090

Universidad: (805) 893-3075

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Santa Bárbara 24 de septiembre de 1991

A Su Santidad Juan-Pablo II

Ciudad del Vaticano

Beatísimo Padre:

Mientras espero recibir de Su Santidad la oportuna notificación para ser interrogada respecto a la causa de beatificación de Monseñor José-María Escrivá de Balaguer y, como continuación a mi carta del 2 de agosto de 1991, (que de acuerdo con el correo oficial fue recibida en su Secretaria de Estado con fecha 9 de agosto de 1991) me permito incluirle, como addenda, la siguiente relación de hechos que considero de gran importancia:

1. Actuación personal de Monseñor Escrivá en mi proceso personal de dimisión del Opus Dei.

2. Como consecuencia de lo anterior, fotocopias de la carta que enviaron a mi padre, por indicación directa y precisa de Monseñor Escrivá, así como de las cartas enviadas por mi padre a Monseñor Escrivá.

3. Fotocopias de las cartas enviadas por indicación de Monseñor Escrivá a diversas autoridades universitarias y diplomáticas negando los estudios de Filosofía y Teología que yo realicé en el Opus Dei. Hay que tener en cuenta que dichas cartas en el Opus Dei sólo pueden escribirse por indicación directa y precisa del Presidente General, en aquel entonces, Monseñor Escrivá. En esencia, lo que trataba de negarse era no solamente los estudios que yo realicé, sino que yo hubiera pertenecido a la institución. De hecho, S.E. el Cardenal Tavera, q.e.p.d., trató de ayudarme con ese motivo y nunca alcanzó a entender la falta de caridad y justicia en la actuación de Monseñor Escrivá.

Es obvio, Beatísimo Padre, que estoy dispuesta a ampliar estos hechos de palabra ante Su Santidad o como le dije en mi anterior carta y le ratifico ahora, ante el juez de su estricta y personal confianza que, que ni de cerca ni de lejos, tenga relación alguna con el Opus Dei. Igualmente estoy dispuesta a ratificar todo ello bajo juramento.

Se que varias personas que estuvieron durante muchísimos años en el Opus Dei acaban también de escribirle nuevamente, ya que la correspondencia enviada previamente parece que nunca llegó a las manos de Su Santidad.

El asunto es tan grave en su conjunto, Beatísimo Padre, que más que nunca confío plenamente en el Espíritu Santo para que ilumine a Su Santidad, y le mueva, precisamente por el sentido de justicia inherente como Pontífice, a escuchar a cuantos de sus hijos lo hemos solicitado de corazón como hijos también de la Iglesia y por el bien de las almas.

Le pide con humildad la bendiga, su hija en Nuestro Señor,

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Anexos:*

1. Actuación personal de Monseñor José-María Escrivá en mi proceso personal de dimisión del Opus Dei (18 páginas)

2. Correspondencia entre Monseñor Escrivá y mi padre (3 cartas).

3. Correspondencia entre el Decano de Estudiantes extranjeros de la Universidad de California, Dr. K. M. Matthew y Monseñor José­-María Escrivá (3 cartas).

4. Correspondencia entre el Decano de Estudiantes extranjeros de la Universidad de California, Dr. K. M. Matthew y el Consiliario de Venezuela, Roberto Salvat, a través del Nuncio Apostólico en Venezuela, Monseñor del Judice (3 cartas).

5. Carta de la Administrative Assistant del Decano de Estudiantes extranjeros, Mrs. Muriel E. Engle a la Secretaria Regional de Venezuela, Sofía Pilo.

6. Carta del Abogado Dr. Carlos Hernández Bitter al Consiliario de Venezuela, Roberto Salvat.

7. Correspondencia entre el Chairman del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de California, Professor G. J. Larson, y Mr. William K. Braun, Attaché Cultural de la Embajada de los Estados Unidos en Roma (4 cartas).

8. Correspondencia entre María del Carmen Tapia y S. E. el Cardenal Arturo Tavera (2 cartas).

9. Declaración del Dr. Faustino Castro, abogado y sacerdote.

10. Correspondencia entre el Chairman del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de California, Professor G. J. Larson y Monseñor José-María Escrivá (2 cartas).

11. Certificado de Estudios expedido por un sacerdote Numerario del Opus Dei.

* Los textos de los anexos aquí indicados no se incluyen ahora porque, al estar ya incluidos en capítulos anteriores, resultaría repetitivos.

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Sectas En La Iglesia Católica

julio 2, 2007

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Alberto Moncada

(Ponencia al Congreso de la Asociación Internacional para el Estudio de las Sectas, [ICSA], Bruselas, junio 2007.)

A mediados de los años ochenta, la Iglesia Católica comenzó a producir documentos e iniciar actividades para contrarrestar la actuación de movimientos religiosos populares, la mayoría protestantes, que están captando a un gran número de católicos, especialmente en América Latina. De hecho, el Vaticano pidió al gobierno mexicano que actuara contra ellos a lo que México se negó. Las autoridades mexicanas estaban más bien preocupadas por la influencia pronorteamericana de algunos de esos grupos. El primer viaje trasatlántico del papa Ratzinger ha sido precisamente a Brasil, donde los movimientos religiosos populares se están haciendo crecientemente con clientelas católicas. La escasez del clero y las actividades benéficas de los nuevos grupos explican su creciente influencia…

Pero para defenderse de su competencia el Vaticano eligió la descalificación, al caracterizarlos como sectas utilizando la terminología sociológica al uso. El último documento, del Arzobispo de Viena Monseñor Christoph Schönborn, (L,Osservatore Romano, 13 Agosto, 1997), después de analizar las características de las sectas, afirma que no existe ninguna organización católica sectaria pero, en vez de argüir sociológicamente, concluye que basta la aprobación de la Iglesia para garantizar el carácter no sectario de las organizaciones bajo disciplina eclesiástica.

Muy al contrario, varios grupos católicos, y principalmente el Opus Dei y los Legionarios de Cristo presentan en su configuración grupal características claramente sectarias, expuestas tanto por la literatura sociológica especializada como por los reportajes periodísticos y en particular por las páginas Web en las que ex miembros relatan sus experiencias (http://opuslibros.org/, http://odan.org, http://opuslivre.org/, http://exlcesp.com/).

El perfil híbrido del sectarismo católico refleja la tensión histórica entre milenarismo y activismo en el seno de la Iglesia. La historia del cristianismo presenta un primer momento de milenarismo, que la predicación de Cristo subraya claramente. “El reino de los cielos está cerca”, “mi reino no es de este mundo” “hay que vivir desprendidos”. Había entre los primeros cristianos como una cierta certeza de que el mundo se iba a acabar pronto. Pero no lo hizo y la Iglesia se fue consolidando como organización y participa en política desde el Imperio romano en adelante. Como fruto de aquel milenarismo siempre hubo cristianos que se apartaban del mundo y renunciaban a casarse, al dinero, a la vida social. Aquello se tradujo en la formulación de los tres consejos evangélicos que asumieron las órdenes y congregaciones religiosas, como símbolo y expresión de su separación del mundo. Para el conocido teólogo alemán, Ernst Troeltsch, el primer significado teológico de la palabra secta, sectario se refiere precisamente a la huída del mundo de los que eligen separarse de él para mejor vivir la fe. Pero el Vaticano empezó a manipular las órdenes y congregaciones religiosas, a utilizarlas en sus luchas políticas. A los dominicos contra la reforma protestante, a los jesuitas para el control ideológico. Ahí empezó la transformación de las organizaciones religiosas en instrumentos de la política eclesiástica, con las lógicas contradicciones que la llegada de la democracia hizo más patentes. No se puede renunciar al mundo y al mismo tiempo pretender dirigirlo desde arriba, como élite designada. Y no se puede hacer compatible la condición de ciudadano hacia fuera con la de súbdito hacia dentro, un súbdito que recibe instrucciones de sus jefes para su propia acción ciudadana. Fue especialmente notoria la transformación del voto evangélico de obediencia, usado por los que se apartaban del mundo como fórmula de desprendimiento espiritual y guía ascética y que se convirtió en una herramienta de poder para subordinar las conciencias a las aventuras temporales de los líderes eclesiásticos. Así nace el sectarismo católico agresivo, militante, excluyente que cristaliza, durante el papado de Juan Pablo II, en cinco o seis organizaciones de carácter fundamentalista, populista, algunas como Comunión y Liberación muy politizadas, que se añaden al Opus y a los Legionarios, y que representan una versión católica de las sectas de origen oriental que, como la secta Moon, también proliferan en el mundo occidental. La sociología ha elaborado un perfil del sectarismo precisamente a partir de la fenomenología religiosa, pero ya de aplicación general a grupos cerrados, dogmáticos y antidemocráticos, especialmente en su estructura interna. Sin embargo, algunos grupos protestantes, como los Amish en Estados Unidos, mantienen el significado original de la palabra secta, al abandonar el mundo y adoptar un estilo de vida ascético.

Paralelamente, y coincidiendo con la implantación del sistema democrático en Europa se intentó generalizar entre los católicos laicos una estrategia de manipulación de dicho sistema con el que el Vaticano nunca se ha sentido cómodo. Se hizo a la vez con un movimiento popular, la Acción Católica y con un partido político confesional, la Democracia Cristiana. En España hubo una versión propia, la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, que jugó un papel importante primero en la segunda República y luego en el franquismo. Fue en su Escuela de Periodismo madrileña donde el fundador del Opus aprendió esa ideología del catolicismo beligerante que rezuma su libro guía: “Camino”. La intolerancia y el dogmatismo doctrinal de la Iglesia, sobre todo a partir de la declaración de la infalibilidad papal, contribuyen también a esa predisposición al sectarismo de un sistema de creencias y un modo de disciplina grupal que, con harta frecuencia, desemboca en el fanatismo, la intolerancia y la fabricación de enemigos ideológicos. Y al lado de una Iglesia caritativa, abierta al diálogo con el mundo civil, convive esa otra Iglesia llena de desconfianzas, dueña del Vaticano, cerrada en si misma que se manifiesta singularmente en esos grupos y grupúsculos sectarios en los que habitan gentes con fuertes déficit de personalidad y escasas convicciones democráticas.

Con respecto al Opus, el ideario de la institución proclama que sus miembros son ciudadanos corrientes, pero las reglas para la observancia de los numerarios se han ido haciendo cada vez más estrictas y detallistas y más que una organización religiosa el Opus es hoy una extraña secta civil que controla a sus miembros solteros hasta límites inverosímiles. Los numerarios viven en comunidad, entregan todo el dinero que ganan, dan cuenta al céntimo de sus gastos corrientes y necesitan permiso para casi todo, por ejemplo para leer la prensa, no van a espectáculos públicos, cine, deportes, evitan el trato y la solidaridad con la propia familia y su vida entera está reglamentada hasta extremos ridículos. Los numerarios son generalmente reclutados a edad muy temprana, la mayoría de ellos, lejos del objetivo fundacional de la santificación del trabajo en el mundo, se dedica a mantener la infraestructura educativa y administrativa propia y viven en una especie de burbuja existencial donde dejan de pensar por su cuenta y se convierten en “robots” infantilizados. Muchos desarrollan problemas físicos y psíquicos y los que logran darse cuenta de su situación y tienen medios para marcharse, lo hacen. Renunciando a su origen, la organización se está clericalizando y, para colmo, está incurriendo en graves violaciones de las leyes y la moral eclesiásticas, según se deduce de la denuncia que en su día hicieron al Vaticano cuarenta y cinco exsocios. El índice actual de abandono de numerarios, laicos y sacerdotes, excede con mucho al de nuevos ingresos.

El Opus secta se convierte en Opus mafia cuando sus miembros se alían para conseguir determinados fines que mantienen ocultos, incluyendo la conspiración política, la manipulación de actividades mercantiles, la violación de leyes fiscales, tan patentemente documentados hoy en varios países y que explican la mala fama que tiene el grupo en bastantes ambientes. Tanto el Opus como los Legionarios se dirigen preferentemente a reclutar gentes adineradas y poderosas, en el segundo caso por encargo específico del Papa Pío XII, que los aprobó. En sus numerosos centros universitarios para la formación de empresarios el Opus defiende un capitalismo puro y duro, un conservadurismo económico, paralelo al conservadurismo político, social y teológico que le caracteriza.

Una consecuencia de la presión que la autoridad ejerce sobre los súbditos es el resentimiento e incluso la beligerancia que algunos miembros del Opus manifiestan contra la organización cuando salen de ella, al contrario de la conducta habitual de los que abandonan órdenes o congregaciones religiosas o el sacerdocio. Esta beligerancia se produce cuando, ya desde fuera, los ex socios se dan cuenta de que, más que en preservar el conservadurismo de la doctrina, más que en la pretensión de poder político, eclesiástico, educativo, en lo que verdaderamente son especialistas los directivos es en hacer desagradable la vida a los numerarios, en descabezar cualquier intento de autonomía personal, en procurar que tengan mal concepto de sí mismos. Parece que mandar en el opus requiere una cierta dosis de sadomasoquismo.

Durante el papado de Juan Pablo II las reclamaciones contra el sectarismo católico no eran tenidas en cuenta, algo que ha cambiado cuando el nuevo Pontífice ha castigado levemente al padre Marciel, fundador y jefe de los Legionarios de Cristo, por conducta sexual gravemente delictiva y parece que también quiere meter en vereda a los Kikos. En todo caso, instituciones civiles como los Parlamentos belga y francés, y el europeo, están empezando a tomar en consideración las muchas denuncias de familias que se quejan de la persecución de menores que practican las organizaciones sectarias, un modo de “pederastía espiritual”, similar a los muchos casos de violaciones y abusos contra menores por parte del clero católico, silenciados por el Vaticano hasta que la justicia civil ha intervenido.

Esa actuación ocultista y opaca tan propia de las sectas católicas, que el Vaticano protege, se traduce también en el secretismo. El Opus Dei no suele proporcionar información sobre sus reglas internas. Se limita a entregar una copia de sus Constituciones, en latín, a los obispos en cuyo territorio se establece. Pero hay más de treinta documentos secretos (*), que no conoce la Iglesia ni siquiera la mayoría de sus miembros que regulan minuciosamente la vida de éstos, conculcan gravemente sus derechos humanos y pueden consultarse en la página web: http://opuslibros.org/, bajo la rúbrica “índice de documentos internos”).

(*) Nota de Iván: Hay más documentos secretos, ya que esos treinta y pico a los que se refiere Alberto Moncada son la parte del total que hasta ahora ha salido a la luz.

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Para Dejar el Opus Dei No Es Necesaria la Dispensa de su Prelado

junio 17, 2007

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Iván de ExOpus, 12 de agosto de 2005

El pasado día 20 de julio [2005] AC escribió una carta a Opus Libros, que a continuación extracto:

[…] Mi pregunta es: ¿qué vinculación jurídica tiene realmente un miembro con el Opus Dei, ya sea numerario, supernumerario, etc.? Es decir, si un numerario, de pronto, se marcha a vivir por su cuenta, sin dar más explicaciones y sin escribir ninguna carta y hace un nuevo testamento sin contárselo a nadie, o si le es denegada la dispensa, o sencillamente solicita la dispensa pero la respuesta se demora: ¿cuál es su situación jurídica? ¿Tiene algún tipo de responsabilidad civil hacia el Opus Dei? ¿Puede ser obligado a regresar? Formulándolo al revés: ¿qué responsabilidades y compromisos legales se adquiere con el Opus Dei al ser aceptado como miembro, prestar los juramentos, etc.? Pregunto por la situación jurídica y civil, y no por la situación religiosa, porque yo creo que Dios está por encima de toda “burocracia espiritual”.

Mi mujer fue agregada y nos conocimos poco después de que ella le hubiera escrito al Prelado la carta de dispensa y antes de recibir contestación suya. En previsión de que esa dispensa no llegara antes de la fecha de nuestra boda, le comentamos esa inquietud al sacerdote amigo (no del Opus Dei) que nos iba a casar, y su respuesta fue la siguiente:

Obtened de la parroquia en donde os bautizasteis vuestro respectivo certificado de bautismo. Ese es el único documento oficial de la Iglesia para cada fiel y en él figura la situación jurídica de cada católico con respecto ella. Si en ese certificado no aparece ningún impedimento por parte de la Iglesia para que os podáis casar, yo os caso al día siguiente, con la dispensa del Prelado del Opus Dei o sin ella; porque la Iglesia está por encima del Opus Dei y de su Prelado, y si en ese documento la Iglesia me dice que no tenéis carga alguna con respecto a ella que os impida contraer matrimonio (como puede ser estar ya casados, haber hecho votos públicos, ser sacerdote, etc.), el Prelado del Opus Dei no pinta nada en este asunto y podéis casaros cuando os dé la gana…

Sacamos esos certificados y, en efecto, en ninguno de los dos aparecía dato alguno de pertenencia (pasada o presente) al Opus Dei, por lo que no había ningún impedimento para contraer matrimonio; y nos habríamos casado sin la dispensa del Prelado del Opus Dei si no hubiera sido porque él se nos adelantó y antes de la boda le concedió a mi mujer la dichosa dispensa.

Pero, ¿eso por qué es así? ¿Por qué la Iglesia no pone impedimentos a un numerario/a o agregado/a (célibes del Opus Dei) para que puedan casarse?

Creo que la respuesta a esa pregunta la encontramos en el canon 294 del Código de Derecho Canónico:

Con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales, la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular.

Es decir, que los diáconos y presbíteros de la Prelatura Personal del Opus Dei son los únicos miembros de ella que reconoce la Iglesia como tales, y en el certificado de bautismo de ellos si que figurará que son miembros del Opus Dei.

Y al resto de las personas del Opus Dei (numerarios/as, agregados/as y supernumerarios/as) ¿qué estatus jurídico les concede la Iglesia en relación con la Prelatura?

Para responder a la pregunta anterior leamos lo que la propia Iglesia dice en el canon 296 de su Código de Derecho Canónico:

Mediante acuerdos establecidos con la prelatura, los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de la prelatura personal; pero han de determinarse adecuadamente en los estatutos el modo de cooperación orgánica y los principales deberes y derechos anejos a ella.

Los estatutos, que nombra ese canon, son de categoría inferior al Código de Derecho Canónico por lo que no pueden contradecirle. Así pues:

1 –La Iglesia permite que los laicos puedan dedicarse al Opus Dei

2 –como simples cooperadores (cooperación)

3 –mediante contratos (acuerdos ) establecidos entre ambas partes.

Dicho de otra manera, aquello que el Fundador del Opus Dei decía de que la vocación a la Obra es la gracia más grande que Dios puede concederle a un mortal y que sólo se halla por encima de ella el don de la fe, es posible que la Iglesia le dé la razón, pero sólo aplicado a los clérigos (presbíteros y diáconos) de la Obra, pero no para el resto de los laicos de la Prelatura. Según la Iglesia los laicos del Opus Dei son simples cooperadores que no han recibido otra gracia de Dios fuera de la del bautismo, por el cual se hallan habilitados para cooperar con los clérigos en las obras apostólicas que ellos promuevan. Por ello, según el gusto de cada uno, se puede cooperar con los jesuitas, con los agustinos, con la parroquia… o con el Opus Dei, sin que la Iglesia encuentre diferencia alguna entre ninguno de esos tipos de cooperación..

Como un contrato de cooperación dura hasta que una de las partes decide romperlo, basta que el agregado/a, numerario/a o supernumerario/a, comunique a su director/a que rompe el acuerdo con el Opus Dei para que en ese mismo momento la relación contractual quede disuelta, sin que para ello sea precisa dispensa alguna por parte del Prelado.

Esto lo sabe muy bien el Opus Dei cuando es él quien rompe la relación: Te dice que te echa ¡y ya está!, empuja al sujeto hacia la calle obligándole a que se vaya con una mano atrás y otra alante, sin que para ello sea preciso esperar a que la persona echada le conceda al Prelado del Opus Dei la dispensa de su vínculo contractual con él.

Para la Iglesia no hay diferencia entre la señora jubilada que ayuda tres horas a la semana a los clérigos de su parroquia llevándoles la contabilidad, con el numerario director de un centro que ayuda con dedicación completa (veinticuatro horas al día durante todos los días de su vida, con celibato incluido) a los clérigos del Opus Dei (únicos miembros de derecho de esa prelatura), porque para la Iglesia tanto esa señora jubilada como el numerario son simples cooperadores de entidades clericales (diócesis y prelatura personal, respectivamente). Y por ser ambos simples cooperadores de sacerdotes es por lo que en el certificado de bautismo de ninguno de los dos aparece referencia alguna a su cooperación, pues para la Iglesia es algo jurídicamente tan insignificante que carece de entidad para ser reseñado en un documento oficial suyo. Y si esa señora jubilada un buen día le dice a su párroco: “A partir de mañana no vengo más a ayudarles porque tengo que atender a mis nietos”, desde entonces ya no vuelve más, sin que la Iglesia penalice a esa señora, y sin que haya necesidad de que el obispo de su diócesis tenga que concederle a esa buena mujer dispensa alguna de su contrato de cooperación; de la misma manera, el numerario director del centro puede decirle al sacerdote superior más cercano (director de su Delegación, si ese es el caso): “A partir mañana no vengo más a cooperar con vosotros porque no me da la gana hacerlo” y desde entonces no vuelve más, sin que la Iglesia le penalice, y sin que tampoco haya necesidad de que el Prelado del Opus Dei tenga que concederle a ese buen católico, antes numerario y director de un centro, dispensa alguna de su cooperación con la Prelatura.

Para la Iglesia esto es así, tal y como hemos visto arriba, y en cuestiones eclesiales la voz de la Iglesia es la única que importa, no la de cualquier otro, aunque sea el máximo dirigente del Opus Dei.

Y si el Opus Dei complica y retuerce este asunto hasta la saciedad (haciendo ver que es necesaria su dispensa para poder dejarlo, o que quien no ha hecho la fidelidad tan sólo puede marcharse el 19 de marzo siguiente) es simplemente porque uno de los tres puntos que determinan el plano de la supuesta santidad del Opus Dei es “la santa coacción” (punto 387 de Camino), y se inventan la artimaña de que es necesario que el Prelado del Opus Dei te conceda la dispensa de tus compromisos para así poder aplicar a sus anchas esa coacción contigo durante los tres meses, el año o más tiempo aún, que tarda el Prelado en concederte esa dispensa innecesaria; o durante el lapso de tiempo que media desde que alguien se quiera ir hasta el 19 de marzo siguiente, en el caso de no haber hecho la fidelidad todavía.

A partir del momento en el que cualquiera de las dos partes contratantes (individuo o Prelatura) rompen su acuerdo, cesan los derechos y obligaciones mutuos. Esto lleva a que desde el instante en el que un numerario/a, agregado/a, supernumerario/a, comunica de forma verbal o por escrito su deseo de dejar la Obra queda ipso facto liberado de sus compromisos con ella.

Digo que esa comunicación de ruptura con la Obra puede ser también verbal porque esa es la manera en la que el Opus Dei lo hace siempre: nunca le da a nadie documento escrito alguno de su dispensa (ni de nada); y si una de las partes de la relación contractual actúa así, con ello permite implícitamente que la otra obre de igual manera, porque ambas partes contratantes deben tener los mismos derechos y obligaciones, cuanto menos, en los aspectos administrativos de su relación.

Un director del Opus Dei podría responderme a lo anterior con algo parecido a lo siguiente:

Es necesario que la comunicación de ruptura por parte del interesado con el Opus Dei se haga por escrito para evitar situaciones de confusión. Imaginemos que alguien dice que se va de la Obra y al cabo de un año vuelve contando que ha olvidado que en su momento rompió verbalmente con la Prelatura y que por ello sigue aún en ella. ¿Cómo resolver esa situación si no ha quedado un documento escrito de esa persona en el cual ella pide, de su puño y letra, que quiere dejar el Opus Dei? Si la decisión de abandonar el Opus Dei fuera verbal la gente estaría continuamente yéndose y después volviendo, a su antojo. Por eso ha de hacerse siempre por escrito.

Contesto:

1 –Desde el momento en el que el Opus Dei responde sólo verbalmente, y no por escrito, está autorizando también a que la otra parte actúe de la misma manera. Si quiere que no exista ese estado de confusión del que habla, lo que el Opus Dei tiene que hacer es responder también por escrito, mientras no lo haga así está facultando a la otra parte a poder romper del mismo modo: de forma verbal.

2 –Por otra parte, si según la Iglesia los laicos son tan sólo cooperadores del Opus Dei, ¿qué importancia tiene que dejen de cooperar durante un año y que entonces vuelvan a hacerlo de nuevo?, ¿por qué no admitirlos entonces?, ¿no tendría el Opus Dei que estar encantado de recibir de nuevo su ayuda?, ¿no supondrá una soberbia institucional el rechazar su contribución?

Si el Opus Dei niega al que deja de cooperar con ella como numerario/a, agregado/a o supernumerario/a que vuelva otra vez a ayudarle como tal, ese es un problema del Opus Dei del que posiblemente tendrá que rendir cuentas a Dios por el daño que esa actuación pueda significar para las almas que se beneficiarían de esa cooperación; pero eso no supone que quien deja de cooperar con el Opus Dei, como numerario/a, agregado/a o supernumerario/a, tenga que romper su contrato de forma escrita tan sólo para adaptarse a ese capricho institucional de la Prelatura.

Pienso que con todo lo anterior he dado una contestación global a las preguntas de AC que figuran al principio de este escrito, pero quiero finalizar respondiendo de manera concreta a una de ellas:

¿[Qué pasa] si un numerario, de pronto, se marcha a vivir por su cuenta, sin dar más explicaciones y sin escribir ninguna carta?

Contesto con un silogismo:

1 –Para la Iglesia es anecdótico, y por tanto carente de pena alguna, que un cooperador laico abandone a los clérigos a quienes antes ayudaba, aunque se marche sin darles explicaciones.

2 –Como el Opus Dei está compuesto sólo por clérigos (canon 294) y un numerario/a, agregado/a o supernumerario/a del Opus Dei es tan sólo un cooperador laico que ayuda a los clérigos de esa Prelatura, entonces:

3 –Para la Iglesia es anecdótico, y por tanto carente de pena alguna, que un numerario/a, agregado/a o supernumerario/a laico abandone a los clérigos del Opus Dei a quienes antes ayudaba, aunque se marche sin darles explicaciones.

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¿Quién Se Va De La Obra Pierde Su Alma?

abril 5, 2007

Por LT (Argentina.- 21-4-2003)

Tengo 33 años y fui numeraria del Opus Dei desde los 16 hasta los 23 años. Pensando con detenimiento, tengo recuerdos gratos especialmente los vinculados a las actividades que realizábamos con las “chicas de San Rafael” cosa que me alegraba la vida ya que me sacaba de la olla a presión que estaba condenada a vivir; también tengo lindos recuerdos de los momentos gratos como salidas al aire libre y las actividades deportivas que me llenaban la “vida” en aquellos años.

El resto son recuerdos que imagino en color gris, con olor a viejo y con voces de censura permanente. Dentro de esta película – gracias a DIOS pasada y pisada – surge claramente el recuerdo de la manipulación de mi conciencia ejercida por las Directoras y Sacerdotes del Opus Dei hacia mi persona.

A los 16 años yo estaba llena de ganas –sí “ganas”, esa palabra que el opus odia cuando se trata de replantearse la “vocación” pero que ama cuando es el gancho para atrapar gente a su organización– de hacer el bien por los demás, ganas de cambiar el mundo, ganas de trabajar por los más necesitados y ganas de amar a Dios a través de las actividades normales de la vida cotidiana.

Aterricé por primera vez -invitada por una amiga cuyos padres eran de la Obra- a fines de mayo de 1985. Recuerdo que me fascinó la “simpatía” con la que me recibieron, me gustó los chistes que el cura contó en la meditación y me atrapó el “buen ambiente” que se generó después de la meditación ya que cantamos y nos divertimos mucho. Con el tiempo me enteré que aquello había sido “planificado” ya que la puesta en escena tenía como objetivo “conquistarnos” tanto a mi como a mi amiga.

Siempre fui una mujer impulsiva y en aquellos años era toda una liebre. El entusiasmo de mi naturaleza adolescente me llevó a volver la semana siguiente pero esta vez dos días seguidos. Fui a la Meditación y a una Charla.

La tercer semana asistí también a una Visita a los Pobres, cosa que me encantaba verdaderamente. La cuarta semana, además de asistir a la Meditación y a la Charla, participé en una obra de teatro, disfrazada de árbol. Todo era espectacular!!!

Y al comenzar la quinta semana de haber conocido por primera vez en mi vida el Opus Dei y sin tener conciencia de nada más que de querer disfrutar la vida y de amar a Dios con alegría, la Directora de aquella Residencia me planteó muy seriamente lo siguiente:

“Tengo algo muy importante para decirte. Lo he estado ‘viendo’ en la Oración y lo he hablado con el padre Francisco: Tienes vocación para ser numeraria de la Obra.”

Yo, que seguía super entusiasmada y me creía Juana de Arco a punto de entrar en batalla le dije: Yo también creo que tengo Vocación !!!Me gusta venir a la Residencia y quiero servir a Jesús aquí!!!

Bueno, realmente creo que lo mío fue un record. Algo así como “amor a primera vista”. Y viéndolo a la distancia, no me arrepiento para nada de mi impulsividad y de mi buena predisposición. Realmente fui muy generosa!!

Fue así como “pité” según jerga de la organización, o sea que ingresé en el Opus Dei.

Luego de haber dado el “gran” paso, me explicaron bien los compromisos que ello implicaba y allí me enteré con certeza de que NO iba a poder seguir asistiendo a las Fiestas de baile con mis amigos y que no me iba a poder casar. Al mismo tiempo se me pidió expresamente NO decir nada de esto a mis padres ya que al no ser ellos de la Obra no entenderían esta decisión mía y seguramente “el demonio se aprovecharía de ellos para hacerme perder la ‘vocación’.”

Estas consignas me chocaron pero el entusiasmo podía mucho más que la lógica y el sentido común.

A los dos meses de asistir a las charlas y de participar en la acelerada carrera por “formarme” un día le comenté a mi Directora que era el cumpleaños de mi mejor amiga y que no podía dejar de ir. Ella me dijo que NO fuera. Obviamente, siguiendo mi natural impulso, asistí y lo pase de maravillas. Fue entonces cuando me plantee internamente abandonar el Opus dei. Realmente aquello no era para mi.

Volví a la residencia al día siguiente para hablar con la Directora y le expresé mi deseo de abandonar el barco. Ella me dijo muy seria y enojada que NO podía hacer aquello. Dios me había dado la Vocación y yo no podía devolverle ese regalo con una bofetada. Que el camino que yo había elegido era de sacrificio y que era un privilegio –eso me gustó– que Dios le otorgaba a muy pocos. Yo era una de esas privilegiadas y además estaba en la Obra de Dios (Opus Dei) la única Institución de la Iglesia querida expresamente por Dios. Irme de la Obra era “tirar la vocación por la ventana” y si lo hacía sería muy difícil que me salvara. Acá la cosa ya se me puso castaño oscuro. El tema empezaba a ser más serio de lo que yo había pensado cuando actuaba de arbolito en la obra de teatro.

La conversación terminó con una arenga: No hagas como el joven rico que no quiso seguir al Señor. Dios te ha elegido a vos personalmente y quiere que le sigas. Estas palabras insuflaron nuevamente el coraje de esta “Juana de Arco” y me dije, no puedo decirle que NO a Dios. El me amó desde toda la eternidad. No puedo traicionarlo.

Y qué hice? Decidí continuar. Esta historia de idas y vueltas se repetiría constantemente durante los 7 años siguientes, cinco vividos allí dentro.

Con el tiempo mis planteos eran más incisivos, obvios y mordaces. Pero seguí adentro solamente por miedo a fallarle a Dios (al dios del opus).

Seguí en el Opus Dei durante esos años por Miedo a condenarme, por Miedo a no cumplir con la Voluntad de Dios que en el Opus Dei es lo mismo que permanecer allí dentro. Durante los 7 años, todas las Directoras me repitieron lo mismo. Los curas, ídem. No hubo ningún “mal entendido” -mis 7 años adentro lo testimonian- como aducen los del Opus cuando se les critica esta manipulación de conciencia.

Tapan mentiras con más mentiras. Recuerdo la cantidad de veces que oí decir que NUNCA se había ido un sacerdote de la Obra. Y luego me enteré que se han ido cientos… Lo mismo oí de las Numerarias Mayores. Y luego me entero que han ido miles…

Lo mejor de toda mi experiencia fueron dos cosas: Una, haber sido una mujer de agallas para entregarme a un ideal adolescente, para permanecer los 7 años allí y para irme (me hicieron la vida imposible para que no me fuera hasta que tuve que escaparme un domingo por la tarde) Dos, haber Re- Descubierto al verdadero Dios y la verdadera vocación cristiana, que es humana y que no tiene nada que ver con lo que predica, vive y hace el Opus Dei.

La arrogancia del Opus Dei le lleva a predecir quien se salvara y quien se condenará. Pobres… San Pablo no se animaba ni a juzgarse a si mismo y en el Opus “salvan o condenan” por doquier.

¿Quién se salvara? ¿Quién se condenará?

¿Buena suerte?, ¿mala suerte?, ¿quién sabe?

Mi ímpetu, mi sinceridad de corazón y mis agallas siguen intactas.

Ahora, SI, para el Servicio de Dios Padre y Madre.

Fuente: Opus Libros

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Los Forofos Supernumerarios Externos Del Opus Dei

febrero 3, 2007

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Psiquiatras Y Opus Dei

enero 23, 2007

Ivan de ExOpus

Hace unos 30 años (sobre 1975) un psiquiatra (no del Opus Dei) que se había especializado en la Universidad de Navarra me expuso con todo lujo de detalles que en la década de los sesenta el director del Departamento de Psiquiatría de dicha Clínica envió un informe al Padre (a Escrivá, no a Dios Padre) sobre los múltiples aspectos patógenos (engendradores de enfermedad) y patológicos (enfermizos) de la forma de vida de los de la Obra, acompañados de los respectivos consejos para evitarlos.

Como ejemplo, recuerdo que me explicó el «síndrome de la numeraria de 35 años» que —según él— sólo se da en las mujeres solteras de la Obra. Ese mal consiste en depresiones y / o enfermedades psicosomáticas que se producen en las célibes del Opus Dei alrededor de esa edad por no encontrar salida a la situación de vivenciar que se les disipan las posibilidades de ser madres sin la contrapartida de sentirse felices en donde están.

Siguiendo la exposición de dicho psiquiatra, el fundador del Opus Dei hizo caso omiso de esos informes y les respondió a quienes se los enviaron que o a callar o a perder su trabajo.

Y entonces, todos los componentes del Departamento de Psiquiatría de la Universidad, en bloque, se fueron voluntariamente. Y además los que eran del Opus Dei dejaron la Obra.

Cuando me lo contó eran unos acontecimientos recientes por lo que me dio toda suerte de datos (nombres, fechas, etc.) que no recuerdo (yo entonces era un fanatizado más de la Obra y pasé directamente a considerar lo que me narraba como una sarta de calumnias, sin pararme ni un instante a investigar la verdad que había en ello; tal y como ahora hacen otros del Opus Dei con lo que yo les cuento).

Es curioso que las fechas en las que supuestamente ocurrió todo esto coinciden con la salida brusca y traumática de la Obra de Antonio Pérez Tenessa. ¿Estarán relacionados ambos acontecimientos?

He intentado localizar a ese médico, mas no lo he conseguido. Sí alguien puede corroborar o aportar algo a estos hechos (que considero muy importantes), le animo a que lo haga.

Iván.

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NOTA: Pulsar aquí para leer una respuesta de Alberto Moncada a este escrito.exopus.jpg


Es Difícil Santificar El Trabajo En El Opus Dei

enero 20, 2007

Ivan de ExOpus

Cuando te acercas al Opus Dei te predican por activa y por pasiva que allí no se saca a nadie de su sitio, que lo que el Opus Dei pretende es que cada uno se santifique en su trabajo profesional, el que tenía antes de acercarse a la Obra o el que libremente elija: el médico como médico, el abogado como abogado… y el estudiante sobre todo estudiando más y mejor, ya que a la edad a la que te aproximas a la Obra ésa es la profesión de la mayoría de los del Opus Dei.

Pero eso es una falacia.

El Opus Dei es una estructura que consume una energía ingente en hacer proselitismo, esto es, emplear la santa coacción (Camino nº 387 y 389) para forzar a la gente a que siga las metas que ellos les proponen. Te dan la lata lo indecible (acoso) para que asistas a las meditaciones, luego para que te confieses, para que reces el rosario, después para que vayas a un curso de retiro… y sí has sido dócil a su plan coactivo y te ven con utilidad para el Opus Dei te asaltan con su plato fuerte: que lo dejes todo y te hagas uno de ellos.

Para hacer proselitismo necesitas gastar mucho tiempo y fuerzas. Has de ir al centro todos los días y el mayor número posible de horas. Allí das círculos (un medio de formación) o asistes a ellos, atiendes la puerta, vas a la tertulia, eres molestado durante infinidad de veces mientras intentas estudiar, etc., etc., etc., por lo que tu aprovechamiento del tiempo como estudiante cae en picado (que es tu trabajo profesional, el que tenías antes de acercarte a la Obra). De hecho es lo normal que las notas escolares bajen cuando te haces del Opus Dei.

Los numerarios van después al Centro de Estudios en donde les tienen tan ocupados en las cosas del Opus Dei que es prácticamente un milagro que puedan sacar un rato de estudio en algo distinto al plan de formación que allí les dan.

Como es tan grande la burocracia del Opus Dei, a los numerarios después les hacen director, subdirector o secretario de un centro; o les dan un cargo en la Delegación o Comisión, o van allí como oficial (administrativo). Sí eres numeraria, además, te pueden endilgar labores de administración de los centros. Y el resto del personal también ha de emplear mucho tiempo en los trabajos internos y proselitistas del Opus Dei.

La conclusión, avalada por la experiencia, es que el prestigio profesional de los de la Obra se ve muy mermado (o incluso desaparece) por el hecho de hacerse de ella, lo que supone que el Opus Dei no logra el fin que predica: la santificación de los suyos en su trabajo profesional, el que tenían antes de acercarse a la Obra o el elegido libremente por cada uno de ellos.

Para terminar, adjunto un texto del fundador de la Obra en el que instruye a los suyos para que se anulen profesionalmente cuando el Opus Dei les asigna cargos de dirección:

Cuando corran los años, pocos años, la única labor profesional del Director de una casa o de un Centro, tendrá que ser aquélla: la que se haga en la casa o en el Centro. […] son los Directores los que, en nombre de Dios, se han de ocupar desde lo más espiritual hasta lo más material. / No se podrá dar entonces el falso prejuicio de que los Directores locales se han de dedicar —como antes de ser Directores— a labores de tipo profesional, ajenas al gobierno de la casa […] los miembros del Consejo local cuidan casi exclusivamente del Centro o de la casa […] Cuando proceden como acabo de aconsejar, no pierden los que dirigen su prestigio [¿¿??]: puesto que siempre, de modo accesorio pero ordenadamente, pueden y deben por ahora hacer una discreta labor profesional. / Conviene, por tanto, no olvidar que con el desorden que supone el que los Directores locales no cumplan su deber —porque no se dedican principal y casi exclusivamente a su pusillus grex [al Opus Dei]—, no es discreto esperar extraordinaria gracia de Dios, para la fecundidad de las labores espirituales, ni los medios materiales necesarios para esas empresas (Opus Dei. Instrucción Para Directores. José María Escrivá, 1936).

ExOpus