La Fuerza Que Anula La Libertad En El Opus Dei

enero 20, 2009

fobias

Iván de ExOpus

Este escrito es una aplicación al Opus Dei de lo expuesto por Steven Hassan en Fobias: La fuerza que suprime la libertad de los miembros de las sectas, incluido en su libro Cómo Combatir las Técnicas de Control Mental de las Sectas, que trascribo a continuación:

«Hay un tema muy importante que merece una discusión aparte: las fobias. ¿Conoce usted alguien que haya padecido una fobia? ¿Usted mismo, tal vez? Las fobias más comunes son el miedo a volar en aviones, a hablar en público, a utilizar un ascensor, conducir por túneles o puentes, y a ciertos animales como las serpientes, las arañas, e incluso los perros.

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¿Cómo Es Posible Que Gente Con inteligencia Y Un Nivel Cultural Medio Alto Acepte La Esclavitud De Una Secta?

junio 2, 2007

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Iván de ExOpus

(Asies me hace la pregunta que da título a esta entrada: ¿Cómo Es Posible Que Gente Con inteligencia Y Un Nivel Cultural Medio Alto Acepte La Esclavitud De Una Secta? A la que paso a contestar a continuación.)

Asies, la respuesta a tu pregunta no es sencilla, ocupa muchos tratados sobre psicología de los grupos sectarios. De ellos te recomiendo “Combatiendo El Control Mental De Las Sectas” de Steven Hassan, que a mí me ayudó mucho.

Te lo intentaré explicar en pocas palabras.

Para elegir necesitamos libertad de pensamiento, de sentimientos, de conducta, de información, un grado de holgura económica y disponer de tiempo (para recapacitar en las elecciones y para vivirlas).

Nadie puede amar lo que no conoce, por lo que si no se nos permite pensar en México o recibir información sobre él, es imposible que lo elijamos como lugar de vacaciones; si alguien nos carga de sentimientos negativos (contándonos las penalidades que sufren los que van allí o sólo lo malo de México, etc.) le rechazaremos como sitio para viajar; si personas ajenas nos programan las vacaciones para ir a otro lugar, eso nos impedirá ir a México; si carecemos del dinero para el pasaje y la estancia, tampoco podremos marchar…

Pues en las sectas hacen eso mismo: controlan los pensamientos, los sentimientos, la conducta, la información, la economía y todo el tiempo del sujeto para que solamente vea como bueno y le sea posible realizar lo que el grupo le manda, y malo e irrealizable todo lo que le pueda apartar de él. De esa manera la persona carece de elementos de juicio y posibilidades de acción para escoger algo ajeno a la secta; además se produce el efecto curioso de que la persona se vivencia como libre, que escoge con libertad tanto su pertenencia al grupo como lo que allí le mandan, cuando en realidad vive en un estado de total esclavitud, puesto que sus elecciones sólo se pueden corresponder con alguna de las limitadas posibilidades que los superiores le presentan. Como este mecanismo de control de la secta es desconocido para el sujeto que lo padece se da la paradoja de que es su esclavo, pero él se siente totalmente libre tanto de estar allí como de pensar, sentir y actuar como ellos.

En una secta todos son a la vez presos del grupo y carceleros de los demás.

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Los Ocho Criterios De Lifton Sobre El Control Mental

abril 9, 2007

Rober J. Lifton & Steven Hassan

El siguiente extracto del libro de Rober J. Lifton titulado The Future of Inmortality and Other Essays for a Nuclear Age (“El futuro de la inmortalidad y otros ensayos para una era nuclear”) (Nueva York, Basic Books, 1987), es una amplia explicación de los ocho criterios que establece Lifton para definir el control mental. A pesar de que en el texto se los menciona entrecomillados, a continuación incluyo una lista para facilitar su identificación:

1. «milieu control»

2. «manipulación mística» (o «espontaneidad planeada»)

3. «exigencia de pureza»

4. «culto a la confesión»

5. «sacralización de la ciencia»

6. «la carga del lenguaje»

7. «doctrina sobre la persona»

8. «dispensación de la existencia»

El ensayo del que ha sido tomada esta selección se titula: «Sectas: el totalismo religioso y las libertades civiles». En el mismo, Lifton enmarca sus comentarios en relación a lo que él llama el «totalismo ideológico», o el entorno en el cual los chinos practicaban la modificación del pensamiento, tal y como él lo conoció a partir de la guerra de Corea.

El totalismo ideológico

La fenomenología que utilicé cuando escribí sobre el totalismo ideológico todavía me resulta útil, a pesar de que escribí aquel libro en 1960. La primera característica es el «milieu control», que consiste esencialmente en el control de la comunicación dentro de un entorno. Si el control es muy intenso, se convierte en un control internalizado, un intento para dominar la comunicación interior del individuo. Esto no se puede conseguir jamás de forma total, pero se puede llegar muy lejos. Es lo que a veces se llama «la visión del ojo de Dios» o la convicción de que la realidad es una posesión exclusiva del grupo. Resulta evidente que este tipo de proceso crea conflictos con respecto a la autonomía del individuo; si se busca o se consigue en un entorno semejante, la autonomía se convierte en una amenaza al «milieu control». El «milieu control», dentro de las sectas, tiende a ser mantenido y expresado de diversas maneras: el proceso del grupo, el aislamiento de las otras personas, la presión psicológica, la distancia geográfica o no disponibilidad de transporte y, algunas veces, la presión física. A menudo, hay una secuencia de acontecimientos, tales como seminarios, conferencias y reuniones de grupo, que cada vez son más intensas y más aisladas, haciendo extremadamente difícil, tanto física como psicológicamente, que uno pueda abandonar la secta.

Estas sectas difieren de los patrones del totalismo en otras sociedades. Por ejemplo, los centros de reformas que se utilizaban en China estaban, más o menos, de acuerdo con el ethos de la sociedad tal como evolucionaba en aquel momento y, por lo tanto, cuando uno se marchaba o entraba y salía de esos centros, además encontraba un reforzamiento en el entorno. Las sectas, en cambio, tienden a convertirse en islas de totalismo dentro de una sociedad más grande que, en su conjunto, se opone a estas islas. Esta situación puede crear una dinámica propia, y, en tanto que se debe mantener el «milieu control», los requerimientos se magnifican por esa situación estructural. Los líderes de las sectas a menudo deben profundizar su control y manipular el entorno de forma sistemática y, algunas veces, con mayor intensidad, para poder mantener la isla de totalismo dentro del mundo exterior, que es su antagonista.

La imposición de un intenso «milieu control» está muy vinculada al proceso de cambio. (Esto explica en parte por qué puede producirse un súbito abandono de la identidad sectaria cuando una persona joven, que ha estado en la secta por algún tiempo, entra bruscamente en contacto con las influencias alternativas del exterior). Uno casi puede observar el proceso en algunos jóvenes que sufren un cambio dramático en su identidad anterior, cualquiera que ésta fuera, para abrazar el sistema de creencias de la secta y la estructura del grupo. Yo lo considero como una forma de doblaje: se forma un segundo yo que vive codo a codo con el yo primitivo, aunque en cierta forma autónomo. Como es obvio, debe existir algún elemento de conexión para integrar un yo con el otro. De no ser así, la persona en su conjunto no podría funcionar -aunque la autonomía de cada yo es impresionante-. Cuando se elimina el «milieu control» al apartar, por el medio que sea, al adepto del entorno totalista, vuelve a afirmarse algo del primitivo yo. El abandono puede ser voluntario o por la fuerza (o como ocurrió durante un juicio, en que el miembro de la secta se colocó al otro lado de la mesa, apartándose de los demás adeptos). Los dos yo pueden existir simultáneamente y entremezclados durante un tiempo considerable, y podría ser que estos períodos de transición fueran los más intensos y dolorosos psicológicamente, y potencialmente los más perjudiciales.

Una segunda característica general de los entornos totalísticos es lo que yo llamo «manipulación mística» o «espontaneidad planeada». Se trata de un proceso sistemático, planeado y dirigido desde arriba (por los líderes) pero que, en apariencia, surge de modo espontáneo dentro del entorno. Es necesario que este proceso no sea percibido como una manipulación, lo que plantea interrogantes filosóficos de mucha importancia. Algunos aspectos, como el ayuno, los cánticos y las vigilias, tienen una cierta tradición y han sido practicados por los grupos religiosos durante siglos. Ahora existe en las sectas un patrón por el cual, al ser humano convertido en el «elegido» se le considera como el salvador o como fuente de salvación. La manipulación mística puede tener una cualidad especial en estas sectas, porque sus líderes se convierten en portavoces de Dios. Los principios centrados en Dios son proclamados como argumentos irrebatibles y exclusivos, de tal forma que la secta y sus creencias se convierten en el único camino verdadero hacia la salvación. Eso puede otorgar intensidad a la manipulación mística y una justificación a los que se encargan de promulgaría y, en muchos casos, a los que son sus receptores.

En la medida en que hay un individuo especifico, un líder, que se convierte en el centro de la manipulación mística (o la persona en cuyo nombre se realiza), se produce un proceso que tiene dos vertientes. El líder puede ser algunas veces más real que un dios abstracto y, en consecuencia, más atractivo para los miembros de la secta. Por el otro lado, esta persona también puede ser motivo de desilusión. Si uno cree, como se ha dicho, que Sun Myung Moon (fundador de la Iglesia de la Unificación, y cuyos seguidores son conocidos comúnmente como los «Moonies») tiene vinculaciones con la Agencia Central de Inteligencia Coreana y esta información llega a conocimiento de los miembros de la Iglesia de la Unificación, su relación con la Iglesia puede verse amenazada por la desilusión que se experimenta respecto al líder. Nunca es así de sencillo, no se trata sólo de un patrón causa-efecto, pero estoy sugiriendo que este estilo de liderazgo tiene tantas ventajas como desventajas en cuanto a la lealtad sectaria.

Mientras que la manipulación mística conduce (a los adeptos) hacia lo que yo denomino la psicología del peón, también puede abarcar una legitimación del engaño (de los ajenos), el «engaño divino» de la Iglesia de la Unificación, aunque existen patrones análogos en los entornos de otras sectas. Si uno no ha visto la luz, y no está en el reino de la secta, uno se encuentra en el reino del mal y, en consecuencia, puede ser engañado justificadamente para cumplir con unos objetos más elevados. Por ejemplo, cuando los miembros de algunas sectas salen a recoger fondos, se considera correcto que nieguen su pertenencia a la secta cuando se les pregunta por ello. Se han dado casos de jóvenes que han pasado un tiempo en los centros de una secta sin que se les dijera de qué secta se trataba. La ideología totalista puede justificar, y a menudo justifica tales engaños.

Las otras dos características del totalismo, la «exigencia de pureza» y el «culto de la confesión» son habituales. La exigencia de pureza puede crear una cualidad maniquea en las sectas, al igual que en otros grupos religiosos y políticos. Esta exigencia requiere una separación radical entre lo puro y lo impuro, entre el bien y el mal, en el seno de un entorno y en uno mismo. La purificación absoluta es un proceso continuo. A menudo está institucionalizada, y, como fuente de estimulación de la culpa y la vergüenza, está ligada con el proceso de la confesión. Los movimientos ideológicos, cualquiera que sea su nivel, se apropian de los mecanismos de culpa y vergüenza del individuo para conseguir una influencia considerable sobre los cambios que él o ella sufre. Esto se consigue dentro de un proceso de confesión que tiene su propia estructura. Las sesiones en las que uno confiesa sus propios pecados van acompañadas de críticas y autocríticas, se realizan en el seno de pequeños grupos y motivan un activo y dinámico estímulo hacia el cambio personal.

Se podría hablar mucho más sobre la ambigüedad y complejidad de este proceso, y como Camus ha dicho: «Los autores de confesiones las escriben con el único fin de evitar la confesión, de no decir nada de lo que saben». Camus pudo haber exagerado, pero tenía razón al sugerir que las confesiones son una mezcla de lo que se revela y lo que se oculta. Una persona joven que confiesa los pecados anteriores a la secta o a su existencia preinstitucional puede, al mismo tiempo, creer en sus pecados y estar ocultando otras ideas y sentimientos de los que él o ella no es consciente o que no desea discutir. En algunos casos, estos pecados incluyen una continua identificación con la existencia anterior, como si tal identificación no hubiera sido totalmente desacreditada por el proceso de confesión. Las continuas confesiones son, muy a menudo, una expresión de arrogancia extrema en nombre de una aparente humildad. Cito una vez más a Camus:

«Yo practico la profesión de la penitencia con el propósito de acabar siendo juez» y «cuanto más me acuso a mí mismo, más derecho tengo a juzgar a los demás». Este es el tema central en cualquier proceso de confesión continuo, especialmente cuando se practica dentro de un grupo cerrado.

Los otros tres patrones que describo en relación al totalismo ideológico son la «sacralización de la ciencia», «la carga del lenguaje» y el principio de la «doctrina sobre la persona». Estas denominaciones casi se explican por si mismas. Yo pondría un énfasis especial en la sacralización de la ciencia, porque en nuestra era, algo tiene que ser científico además de espiritual para tener un efecto substancial sobre la gente. La sacralización de la ciencia puede ofrecer una gran seguridad a los jóvenes porque simplifica, en gran medida, el mundo. La Iglesia de la Unificación es un buen ejemplo, aunque no el único, de la necesidad contemporánea de combinar una serie de principios dogmáticos sagrados con la proclamación de una ciencia que encarna la verdad sobre el comportamiento y la psicología humana. En el caso de la Iglesia de la Unificación, su pretensión de ofrecer una ciencia humana irrebatible se refuerza con la invitación a destacados científicos e intelectuales (que, por lo general, cobran abultadas dietas) para que participen en simposios en los cuales se destaca la importancia de la unificación del pensamiento; los participantes expresan libremente sus opiniones, pero lo que interesa es su presencia, que contribuye a dar una apariencia de legitimidad intelectual.

La expresión «carga del lenguaje» se refiere a la literalización del lenguaje, y a las palabras o imágenes que se convierten en Dios. Un lenguaje muy simplificado puede parecer que está cargado de frases hechas, pero tiene un enorme atractivo y poder psicológico en su propia simplificación. Debido a que todos los problemas, y los jóvenes tienen muchos y muy complicados, pueden ser reducidos a unas frases que poseen una coherencia interior, uno puede decir y sentir que ha alcanzado la verdad. Hay respuestas para todas las preguntas. Lionel Trilling lo ha designado como el «lenguaje de no-pensar», porque siempre hay una frase hecha o un lema al cual se pueden reducir las preguntas más difíciles y complejas.

El patrón de la doctrina sobre la persona se presenta cuando existe un conflicto entre lo que uno siente que experimenta y lo que la doctrina o el dogma dice que uno deberla experimentar. El mensaje internalizado en un entorno totalístico dice que uno debe buscar la verdad del dogma y someter su propia experiencia a esta verdad. A menudo, experimentar esta contradicción, o el hecho de admitir que ha existido, puede ser inmediatamente asociado con la culpa, o bien (con el propósito de mantener a una persona sometida a la doctrina) puede uno verse condenado por los demás de una manera que lleva rápidamente a la asociación con la culpa. Se le hace sentir que las dudas son un reflejo de la propia maldad. Sin embargo, las dudas siguen planteándose, y cuando el conflicto se hace muy intenso, las personas se marchan. Esta es la dificultad más frecuente en muchas sectas: mantener la afiliación es un problema más grave que el dinero.

Por último, la octava, y quizás la más general y significativa de estas características, es la que yo llamo «dispensación de la existencia». Este principio es habitualmente una metáfora. Pero si uno tiene una visión absoluta o totalística de la verdad, entonces aquellos que no han visto la luz, que no han abrazado la verdad, que de alguna manera están en las sombras, están inmersos en el mal, son impuros y, por lo tanto, no tienen derecho a la existencia. Aquí entra en juego una dicotomía: «el ser versus la nada».

Los impedimentos para legitimar el ser deben ser apartados o destruidos. El que esté ubicado en la segunda categoría, el que no tiene derecho a existir, puede experimentar psicológicamente un miedo tremendo a la extinción interior. Sin embargo, cuando uno es aceptado, puede sentir una gran satisfacción al considerarse como parte de una elite. En condiciones más malignas, la dispensación de la existencia, la ausencia del derecho a existir, puede llegar a ser literal; se puede matar a la gente por sus carencias doctrinarias, como ha sucedido en demasiados lugares, incluyendo la Unión Soviética o la Alemania nazi. En el suicidio en masa ocurrido en el Templo de la Gente, en Guyana, un único líder pudo disponer de la dispensación de a existencia, o mejor dicho, la no existencia, por medio de una mística suicida que él mismo había integrado en la ideología del grupo. (Los informes posteriores basados en los resultados de las autopsias revelaron que se cometieron tantos asesinatos como suicidios.) El impulso totalístico de trazar una clara línea divisoria entre los que tienen derecho a existir y los demás, aunque pueden darse una serie de grados, puede ser un enfoque mortal para resolver los problemas humanos fundamentales. Y todos los enfoques relacionados con el totalismo o el fundamentalismo son doblemente peligrosos en la era nuclear.

Debo decir que, a pesar de estos problemas, ninguno de estos procesos es irrefutable. Uno de mis objetivos al escribir sobre ellos es contrarrestar la tendencia de nuestra cultura a negar que estas cosas existan; otro propósito es desmitificarlas, para que podamos comprenderlas en función de nuestros conocimientos sobre el comportamiento humano (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Apéndice A).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Algunos Principios Básicos De Psicología Social Y Dinámica De Grupo

marzo 5, 2007

La experiencia política de la segunda guerra mundial, en la que miles de individuos en apariencia normales tomaron parte en proyectos tales como el mantenimiento de los campos de concentración donde millones de seres humanos fueron asesinados, despertó un considerable interés entre los psicólogos. ¿Cómo fue posible que gente que llevaba una vida ordinaria antes de que Adolf Hitler se hiciera con el poder de Alemania, participara en un intento deliberado de exterminar a todo un grupo humano? Desde el final de aquel conflicto, se han realizado miles de experimentos de psicología social que han permitido descubrir las diversas maneras de influir en las personas, ya sea en grupos o individualmente. El resultado neto de estos estudios ha sido la bien comprobada demostración del enorme poder de las técnicas de modificación del comportamiento, la conformidad generalizada y la obediencia a la autoridad. Estos tres factores son conocidos en términos psicológicos como «procesos de influencia». Uno de los descubrimientos más notables de la psicología social es que en nuestros intentos por encontrar la respuesta más apropiada a la situación social, a veces respondemos con información que recibimos de forma inconsciente.

Por ejemplo, una clase de estudiantes de psicología «conspiró» para emplear las técnicas de modificación de comportamiento con su profesor. Mientras éste les dictaba la clase, los estudiantes sonreían y se mostraban atentos cuando él se movía hacia la izquierda de la habitación. Cuando se movía hacia la derecha, adoptaban un aire de aburrimiento y de falta de atención. Al cabo de poco, el profesor comenzó a desplazarse siempre hacia la izquierda, y después de unas cuantas clases daba sus explicaciones apoyado en la pared izquierda.

Y ahora llegamos al punto clave: cuando los estudiantes hicieron partícipe de la broma al profesor, éste insistió en que nada de esto había sucedido, que le estaban tomando el pelo. No le parecía extraño que se apoyara en la pared, y declaró enojado que era su estilo personal de dar las clases, algo que había escogido por su propia voluntad. Era del todo inconsciente de cómo había sido influido.

Desde luego, en circunstancias normales, la gente de nuestro entorno no está conspirando en secreto para hacernos algo. Simplemente actúan más o menos de la forma en que han sido culturalmente condicionados a actuar, lo que a su vez nos condiciona a nosotros. Ésta es la manera, después de todo, en que una cultura se perpetúa a sí misma. En una secta destructiva, sin embargo, el proceso de modificación del comportamiento se monta alrededor de los nuevos reclutas, que por supuesto no tienen ni la menor idea de lo que está pasando.

Si las técnicas de modificación del comportamiento son poderosas, también lo son las influencias de conformidad y obediencia a la autoridad. Un conocido experimento de conformidad realizado por el doctor Solomon Asch demostró que los individuos dudan de sus propias percepciones si son colocados en una situación social donde parece que las personas en las que más confía el grupo dan la respuesta equivocada a una pregunta. Otro psicólogo, Stanley Milgram, descubrió en unas pruebas de obediencia a la autoridad que más del 90 % de los sujetos examinados obedecían las órdenes aunque creyeran que al hacerlo causarían así sufrimientos físicos a otra persona. Milgram escribió: «La esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona llega a verse a sí misma como el instrumento que realiza los deseos de otra persona, y en consecuencia no se considera ya responsable de sus propias acciones» (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 4).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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El Trigo Y La Cizaña

febrero 15, 2007
Publicado inicialmente en Opus Libros el 14 de julio de 2004

Iván.

Me encontré frente a un muro

y en el muro un letrero:

“Aquí empieza a tu futuro.

Apuntes del insomnio. Octavio Paz.

No me es nada grato escribir en esta página [Opus Libros]. Antes de entrar aquí por primera vez se me pasaban días y días sin recordar a la Obra y meses en los que cuando alguna vez pensaba en ella era de forma superficial. Descubrí esta Web a principios de año, desde entonces la visitaba con una frecuencia variable, que sobre todo dependía de mi estado de sensibilidad ante ella. Me explico, a veces cuando grandes heridas cicatrizan se vuelven dolorosas al tacto; eso me ocurría a mí con respecto a las heridas ya cicatrizadas de la Obra: cada vez que entraba en esta web una parte de esas “cicatrices” eran “apretadas”, por lo que según el dolor que me producía entraba en ella con una mayor o menor frecuencia.

En mi historia, el corazón fue el primero en meterse en la Obra, luego lo hizo la cabeza cuando me la llenaron de una fe sin fundamento en que lo que me decían los directores era la “Inapelable Palabra de Dios”. Desde el momento en que pedí la admisión al Opus Dei las contradicciones que iba encontrando dentro hicieron marcharse al corazón, pero la cabeza seguía incrustada y la posibilidad de sacarla me fue cerrada por la inadmisible violencia psicológica y espiritual que la Obra aplica. Con esa tensión interior estuve allí durante casi 35 años hasta que un día (no es una metáfora porque fue un día concreto) tuve acceso al conocimiento gracias a un libro que trataba sobre el tema de instituciones psicológicamente tóxicas que esclavizan la personalidad (en las que ni se mencionaba a la Obra, porque si hubiera sido así instantáneamente habría cerrado ese libro por la mentalización tan fuerte que me habían impuesto de que cualquier lectura que supusiera una tentación a la vocación al Opus Dei había que apartarla inmediatamente de nuestra vida). Desde ese momento supe sobre la función esclavizante de la personalidad y psicológicamente tóxica de la confesión semanal obligatoria y con un sacerdote impuesto, de la dirección espiritual forzada con un laico que ellos eligen y que informa a los superiores de lo que le cuentas; de la corrección fraterna (tal y como se vive en el Opus Dei); de la lectura previa que hacen de la correspondencia particular enviada y recibida por los miembros, de impedirte leer determinados libros, de que la Obra sea quien te elige a ti y no tú a ella, etc.

Antes de empezar la lectura de ese libro mi confusión mental era la misma que había tenido durante tantísimos años anteriores, pero en el momento que lo acabé poseía todas las claves para marcharme del Opus Dei (y por voluntad de Dios, no contra Él como me habían hecho creer en la Obra que pasaba si la dejaba). Cuando terminé el libro mi cabeza se desincrustó del Opus Dei y lo hizo de golpe. La verdad te hace libre y te concede una energía increíble por lo que aunque en muchas cosas tuviera que empezar de cero y aunque no supiera lo que me esperaba fuera y aunque tuviera que aprender a relacionarme por primera vez con una mujer cuando los de mi edad ya tenían nietos… nada de eso tuvo importancia y al día siguiente fui al director para solicitar mi salida de la Obra, marcha que nadie pudo impedir, aunque bien que lo intentaron. Pero esa gran determinación no fue merito mío, ya que una vez vista toda la verdad me era imposible seguir dentro.

La esencia de lo que entonces descubrí, concretado para la Obra, ampliado con investigaciones posteriores y madurado durante años, lo tenéis en lo que hasta ahora he escrito y sobre todo en “¿Se respetan los Derechos Fundamentales? y “Reflexiones Sobre la Verdad”.”

Jesús nos cuenta en la parábola del trigo y la cizaña:

“El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los hombres dormían vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.” (Mt 13, 24 – 30)

La Obra es un campo sembrado de trigo y cizaña que ella quiere hacer ver como compuesto solamente por trigo. La lectura de aquel libro dio en mí comienzo a la siega de ese campo y desde entonces tengo perfectamente separados el “trigo” a mi derecha y la “cizaña” a mi izquierda de todo aquello que compone el Opus Dei. Cuando leo u oigo algo sobre la Obra inmediatamente sé a que “montón” se corresponde lo que me permite analizarlo en profundidad.

Lo que me motivó a vencer mi silencio en esta web y transmitir mis experiencias (por lo que antes conté sobre las cicatrices dolorosas) fue la carta que una joven de la Obra, Julissa, envió el 14 de junio y con quien me identifiqué completamente: podría haber sido yo quien la hubiera escrito cuando era de la Obra y confundía el envoltorio (Opus Dei) con el contenido del paquete (gracias y dones que el Espíritu Santo concede a quien con rectitud de intención aplica los medios universales recomendados por la Iglesia para acercar al hombre a Dios), confusión que entonces me mantenía preso dentro de la caja porque me hacían creer a píes juntillas que ningún otro envoltorio podría darme ese contenido. Leí a Julissa antes de acostarme, me mantuve desvelado durante horas en las que se proyectaron ante mí, como si de una película se tratara, todas mis vivencias en la Obra y también sentía como muy mías las de aquellos que ahora están dentro sin posibilidad de separar el “trigo” de la “cizaña”, tal y como yo lo estuve durante 35 años. Al día siguiente se lo comenté a un sacerdote muy amigo quien me aconsejó hacer públicas mis experiencias para beneficio de otros, aunque ello me supusiera un esfuerzo. Lo medité y seguí su consejo. Esa es la razón por la que el día 16 de junio contesté a Julissa, y también del resto de lo que he escrito desde entonces

Os aseguro que por mi gusto no escribiría nada. He hablado de cicatrices que me son dolorosas cuando leo esta página y voy a ahondar en ello. Lo que me produce dolor es rememorar mi vida al verla en otros, comprobar como el trigo y la cizaña están todavía mezclados en la mente de muchos, leer como se muestran todos los síntomas que padece la Obra sin que los que deben hacerlo le diagnostiquen la enfermedad y le pongan tratamiento, descubrir que esos errores producen tanto dolor en tantos, saber que a quienes están en la Obra se les imposibilita el acceso a donde pueden encontrar otras verdades complementarias a las que ella da, comprobar como los de la Obra siguen poniendo todo su interés en conocer quienes escriben aquí en vez de solucionar lo que dicen, como si fuera más importante saber quienes son los que dan el grito de “¡Fuego!” en vez de ir a apagar el incendio…

Entre las definiciones de alucinación está la de alteración subjetiva del juicio de la realidad. Es de día y el alucinado juzga que es de noche; un coche toca el claxon y él deduce que es porque le persiguen, etc. Pues la Obra, con la manipulación a sus miembros de los pensamientos, los sentimientos y la conducta les lleva a un estado artificial de alteración subjetiva del juicio de la realidad:

— Los que no opinan en todo igual a ellos son sus enemigos.

— “Sólo hay un camino para llegar a Dios: el que pasa por mi cabeza y por mi corazón” o “Hijos míos, si no pasáis por mi cabeza y por mi corazón no llegaréis a Dios” (afirmó con carácter fundacional san Josemaría refiriéndose a él y dirigido a los de la Obra, y después se quedó tan tranquilo).

— Sí se abandona el Opus Dei se pierde la felicidad temporal y casi seguro que la eterna (como ya no pasas por la cabeza y el corazón del Fundador sólo te queda condenarte).

— Sí obedeces no te equivocas nunca (aunque pueda equivocarse el que te manda, tú no).

— No puedes ir a la casa o a celebraciones de parejas no casadas por la Iglesia. No sé cómo se vive ahora esta norma, en mi época era así incluso para familiares de primer grado: no podías ir a una comida de navidad con tu hermano sí él estaba en esa situación; Jesucristo no podría haber sido nunca de la Obra puesto que comía con publicanos y pecadores y contra todo lo previsto en el Opus Dei una prostituta le derramó perfume en los píes y se los besó.

— Sin matices intermedios la humanidad se divide en tres grandes bloques: los que pueden aportar algo a la Obra, ¡a por ellos!; los que no, ¡ni acercarse!; y los que dicen algo que no les gusta ¡a destruirlos!

— Con su actuar parece decirnos que sus miembros han de considerar (porque mirar, ¡qué ni se les ocurra!) a los del otro sexo como entes incorpóreos a los que Dios ha cometido el error de darles un cuerpo, quizás para probar la virtud de los de la Obra…

Cuentan que en una ocasión san Agustín meditaba sobre Dios al borde del mar. Mientras tanto un niño echaba agua del océano en un hoyo que había hecho en la arena de la playa. San Agustín iba a lo suyo y el niño a lo de él. Hasta que en determinado momento el santo bajó de la esfera celestial en el que se encontraba, se percató de lo que el infante hacía y le pregunto el porqué. El niño le respondió: “Quiero meter el mar en este agujero”. Agustín se echo a reír y le explicó que eso era imposible, pero como quien ríe el último ríe mejor, la criatura le contestó que más difícil todavía que eso le era a él poder meter a Dios en su cabeza.

La Vida es tan inmensa y rica que es imposible meterla en el molde estrecho y artificial de normas rígidas, so pena de caer en una alteración del juicio de la realidad, en un estado alucinatorio de quienes actúen así.. Si vemos la trayectoria vital de Jesús podemos comprobar que era la encarnación de la “antinorma”. Todos sus quebraderos de cabeza e incluso su muerte fueron provocados por ir contra las normas asfixiantes y convencer al mundo de que en su lugar hay que dejar que el puro y directo Amor tome el mando de la persona.

Cuando salí de la Obra me fui liberando del estado alucinatorio al que ella me había inducido. Retorno a lo dicho más arriba sobre el porqué me cuesta entrar en esta web y le añado una nueva nota: Cada vez que abro esta página la memoria y con ella las vivencias de ese estado alucinatorio se reactivan.

Una noche del primer trimestre del año 1992, antes de la beatificación del Fundador, yo era de la Obra y al llegar a casa me encontré a toda la familia viendo un reportaje que daba la televisión sobre el acontecimiento y me incorporé a ellos (ya que no podía apagar el aparato o cambiarlo de canal sin provocar una hecatombe en la familia decidí conocer lo que ellos veían para poder contrarrestar lo que después me podían alegar). Como la Obra, desde el principio de acercarte a ella, prepara muy bien tu mente para que puedas anular cualquier realidad que a ellos no les conviene, todos los razonamientos disonantes de quienes allí exponían me entraron por un oído y me salieron por el otro.

(Hago un inciso y aclaro el párrafo anterior con un ejemplo, la Obra prevé que tus padres se van a oponer a la manipulación que ella ejerce sobre ti y no sólo te impiden que les digas que has pedido la admisión al Opus Dei sino que con ejemplos concretos te hablan hasta la saciedad de que las familias de los santos se opusieron a la vocación de sus hijos, lo que te afirman que es una muestra de predilección divina; y cuando tus padres se oponen de hecho a su manipulación, tú te dices: “Aquí está lo que en la Obra me han contado de los santos: Soy un predilecto de Dios y esta oposición de mis padres lo demuestra” y ya no sólo no les escuchas sino que todo cuanto te dicen o hacen en contra de la Obra te reafirma aún más en el Opus Dei.)

Ese bloqueo mental a lo que se decía en la televisión me duró hasta el momento en que intervino una muchacha muy joven, de veintipocos, en quien todo su discurso eran gestos, afirmaciones ilusionadas y vuelta a la tristeza al comprobar ella misma que eso no le podía llegar a los de la Obra porque estaban impedidos para recibirlo: “Por favor, si supierais lo hermoso que es estar fuera (alegría), poder amar, con lo bonito que es el amor, pero claro (tristeza) no me podéis entender y además ni me estaréis viendo porque no os dejan, pero si alguno me ve (alegría) deciros que lo penséis y por el amor de Dios marcharos cuanto antes, pero es inútil (tristeza) no podéis entenderme porque para eso hay que vivir libre y no os dejan vivirlo…”.

Cuando esa joven vio después la película pudo pensar que había hablado muy mal, que fue quien peor lo hizo de todos… y sin embargo es la única intervención que recuerdo porque me llegó al alma, pues con sus gestos, frases entrecortadas, saltos de la alegría a la tristeza, esa muchacha me estaba hablando con el corazón en la mano. Ahí no había falsedad, es imposible fingir eso.

Desde que vi a esa joven me pregunté muchas veces que era lo qué ella conocía y me quería transmitir. Lo encontré cuando leí el libro que antes os dije. Lo que ella me contó con el corazón me llevó a buscarlo y descubrirlo con la cabeza.

Lo anterior demuestra que hemos de relatar nuestras vivencias aunque nos cueste hacerlo, aunque pensemos que ya otros lo hacen muy bien, aunque no nos apetezca, aunque nos creamos torpes para conseguirlo… Somos únicos, nuestra experiencia también lo es y con ella siempre explicamos algo que puede hacer bien a quien esté predispuesto a entender lo que sólo nosotros podemos contarle. Por eso y a pesar de todo yo entro en esta Web y escribo.

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Experiencia En La Secta (VI)

febrero 9, 2007

Steven Hassan.

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8. Altibajos emocionales

La vida en la secta es como un viaje en una montaña rusa. El adepto oscila entre la felicidad extrema de experimentar la «verdad» junto a una élite privilegiada, y el aplastante peso de la culpa, el miedo y la vergüenza. Los problemas son siempre debidos a su incapacidad, no a la del grupo. Es el eterno culpable por no alcanzar las metas. Si plantea objeciones, se le aplicará el «tratamiento de silencio» o se le trasladará a otra parte del grupo.

Estos extremos imponen una pesada carga en la capacidad de la persona para funcionar. Cuando los miembros están «arriba», pueden convertir su celo en una gran productividad y capacidad de persuasión. Pero cuando caen, se transforman en unos completos inútiles.

La mayoría de las sectas no permiten que los «bajones» duren demasiado tiempo. Un procedimiento habitual consiste en someterlo nuevamente al adoctrinamiento para que vuelva a funcionar. No es raro que alguien reciba un adoctrinamiento formal varias veces al año. Algunos de los miembros más antiguos se queman sin llegar a renunciar. Estos individuos ya no pueden soportar por más tiempo la carga o la presión para que rindan, y comienzan a señalar las incongruencias en la política del grupo. Se les puede enviar a que realicen tareas manuales en lugares alejados donde no molesten, y se espera que permanezcan allí durante el resto de su vida; o si se convierten en una carga, se les pide (o se les ordena) que se marchen. A uno de mis clientes le habían enviado de vuelta con su familia, después de diez años en la secta, porque había comenzado a solicitar que le trataran mejor y que le dejaran dormir un poco más (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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La Confidencia En El Opus Dei

enero 27, 2007

Ivan de ExOpus

La dirección espiritual en el Opus Dei (confidencia) se hace habitualmente con un laico: tu director inmediato, y no es algo elegido por ti sino que te es impuesto (a pesar de las disposiciones eclesiásticas en contra).

Esa costumbre reúne las siguientes características:

1. Como el director no es elegido por ti, no es frecuente que a priori se dé empatía entre ambos.

2. La persona que conoce todo, todo, todo, sobre ti y tus circunstancias es alguien de quien tú no sabes nada, nada, nada (pues aunque él quisiera no te lo puede contar, ya que las intimidades sólo se le manifiestan al director).

3. Con esa persona luego convives y además es quien te manda.

4. Te cargan con la culpabilidad de que sí no eres salvajemente sincero con él estás ofendiendo a Dios.

5. Sí no vas puntualmente a hacer la confidencia (cada semana, a la hora del día previsto) eres perseguido por el director para que la hagas y por retrasarla además te acusa de «no ser delicado con Dios».

La carencia afectiva provocada por esa relación despótica, unilateral y servil, unida a la violación de tus derechos (que aunque no lo percibes racionalmente, sí en tu interior) va provocando un rechazo paulatino y visceral hacia tu director y a la materialización de cada una de esas confidencias.

En los medios de formación del Opus Dei se repite hasta la saciedad que tener miedo a los directores es una tentación diabólica grave. Y eso se predica porque es habitual que ocurra. Pero ligar al demonio algo normal y saludable provoca un estado permanente de culpabilidad y neurotización.

Contemplando la praxis del Opus Dei con la objetividad que da la distancia, en muchas ocasiones me pregunto cómo es posible que no estén enfermos todos los numerarios y agregados de la Obra. Y los hechos responden a mi pregunta viendo como conforme pasan los años van cayendo uno a uno en depresión, esquizofrenia, enfermedades psicosomáticas (úlceras de estómago por estrés, colon irritable, crisis de ansiedad, insomnio rebelde, dermatitis incurables hasta que se deja el Opus Dei, columna vertebral deformada por las tensiones musculares inconscientes a las que se la somete).

Sí eres de la Obra y me estás leyendo, medita mis palabras y contrástalas con lo que ves a tu alrededor. Quizás descubras que hay mucha verdad en lo que digo, lo que te puede llevar a comprender que no es por odio ni por rencor al Opus Dei por lo que escribo aquí sino para ayudarte, de la misma manera que en su día lo hizo conmigo Steven Hassan.

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