Cartas de Maria del Carmen Tapia al Vaticano

julio 10, 2007

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(Cartas enviadas por Mª del Carmen Tapia al Vaticano antes de la beatificación de Josemaría Escrivá, contenidas en el Anexo nº 24 de su libro Tras el Umbral y no incluidas en otras ediciones digitales.)

ÍNDICE

Carta al Cardenal Ángel Sodano, 2 de agosto de 1991

Carta a Juan-Pablo II, 2 de agosto de 1991, con documento adjunto.

Carta al Cardenal Ángel Sodano, 24 de septiembre de 1991

Carta a Juan-Pablo II, 24 de septiembre de 1991

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Santa Bárbara, 2 de agosto de 1991

Su Eminencia Ilustrísima

Cardenal Angel Sodano

Secretaria de Estado

Ciudad del Vaticano

DE CONCIENCIA

Eminencia:

Me permito adjuntarle este material “Secreto y de conciencia” con el ruego ferviente de que lo ponga directa y personalmente en las manos de nuestro Beatísimo Padre, Su Santidad Juan Pablo II.

Le ruego, Eminencia, en nombre de Dios, que dada la importancia de su contenido no confíe este material en manos de ningún intermediario, sino que sea su Eminencia quien lo entregue al Santo Padre directa y personalmente.

Abusando de su caridad, le rogaría me enviase igualmente una breve nota, a la dirección abajo indicada, notificándome, para mi paz dé conciencia, la fecha en que el documento le fue directamente entregado a Su Santidad.

Con toda gratitud y respeto, le pide su bendición,

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María del Carmen Tapia

980 Hot Springs Road

SANTA BARBARA, California, 93108-1111 (U.S.A.)

Phone: Residencia: (805) 969-0090

Universidad: (805) 893-3075

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Santa Bárbara, 2 de agosto de 1991

Su Santidad Juan-Pablo II

Ciudad del Vaticano

Beatísimo Padre:

Tras seria meditación me decido a escribirle para abrirle mi alma y manifestarle ante Dios y la Iglesia lo que para mi supone un deber hondo de conciencia: el que la vida de Monseñor José-María Escrivá de Balaguer, de la que fui testigo muchos años, no fue admirable y mucho menos imitable. Su proceso de beatificación haría mucho daño a la Iglesia y a las almas, ya que además ello implicaría el considerar como ejemplar la forma en que vivió la doctrina del Opus Dei por él fundado.

Conozco al Opus Dei muy bien porque fui Numeraria durante casi veinte años (1948-1966), de los cuales seis viví en Roma (1952­-1956) y (1965-1966). Fui secretaria personal de Monseñor Escrivá y Superiora Mayor en el Gobierno central de la Sección femenina del Opus Dei. Fue Monseñor Escrivá quien recibió mis votos perpetuos al Opus Dei. También fui la primera directora de la imprenta que el Opus Dei tiene en la casa central de Roma y asimismo estaba especialmente encargada, cuando Monseñor Escrivá iba a la casa de mujeres, de anotar, para la posteridad, cuantas cosas le oyera decir. En 1956 me enviaron a Venezuela como Directora de la Sección de mujeres en ese país, donde adquirí la nacionalidad venezolana que conservo. Dejé Venezuela en 1965 llamada por Monseñor Escrivá a Roma donde permanecí hasta mi salida del Opus Dei en 1966.

Veo ahora cómo los Superiores del Opus Dei están precipitando los hechos de esta beatificación, agotando todos los medios humanos, sociales, políticos y financieros a su alcance, porque consideran que si ello no sucede durante su Pontificado, Beatísimo Padre, pasarán, siglos quizás, antes de lograrlo. El Opus Dei no tiene otra meta ni objetivo, después de haber conseguido de la iglesia su cambio jurídico de Instituto Secular en Prelatura Personal, que el hacer de su fundador un santo.

Quise declarar a su tiempo en este proceso de Monseñor Escrivá, y no me dejaron hacerlo. Es más, me indicaron expresamente en Madrid, en octubre de 1981, y través del Presbítero Don Joaquin Aznar Cleofás, a quien fui a visitar, porque era un “advocatus diaboli”, que no me permitían hacerlo.

Dada la extrema importancia y repercusión de este posible suceso, y comprendiendo que mi testimonio puede ser crucial, estoy dispuesta, Beatísimo Padre, a ser interrogada directamente por Su Santidad en la forma que tenga a bien indicarme, yendo a Roma el día y hora que se me indicase.

Es bien conocida, de todos y desde siempre, la forma de actuar del Opus Dei y sus múltiples influencias y maniobras dentro de la Curia Vaticana. Pero especialmente, y por desdicha, desde el principio del proceso de beatificación de Monseñor Escrivá, en el órgano institucional para las Causas de los Santos donde S.E. el Cardenal Pietro Palazzini hiciera cabeza. Por ello le suplicaría, Beatísimo Padre, que si Su Santidad personalmente no pudiera escucharme en causa tan importante para la salud de la Iglesia y de las almas, tuviera a bien designar para mi audición un juez de su estricta y personal confianza, que ni de cerca ni de lejos, tuviera relación alguna con el Opus Dei.

Si el Opus Dei intuyera mi deseo de declarar ante Su Santidad, yo no descartaría, Beatísimo Padre, la posibilidad de que intentaran interferir en mi declaración, bien impidiendo de alguna manera mi presencia física en el Vaticano o bien mediante un sutil o no tan sutil descrédito personal que pudiera sembrar dudas de mi integridad moral; esta no sería la primera vez que recurren a este proceder, como lo pone en evidencia varios de los materiales qué tengo en mi poder. Por esta razón, me he visto obligada a poner en varios lugares diversos y seguros, con garantías jurídicas, el material original de información que poseo. Material que, en caso extremo, saldría todo a la luz pública, incluso si yo faltara.

He añorado durante largo tiempo el poder hablarle directamente y, como una hija a su padre, abrirle mi corazón que sufre ante este posible hecho y poder también responder a cualquier pregunta suya, pero desdichadamente nunca pude llegar a Su Santidad a pesar de mis previos viajes a Roma.

Es mi ardiente ruego, Santo Padre, que en esta hora, por el bien de la Iglesia universal y de las almas todas, se prolongue esto proceso de beatificación — que tan precipitadamente quiere el Opus Dei acelerar y acortar– cuanto sea necesario. De esta forma, se evitaría el escándalo, se daría amplio tiempo para investigar a fondo el caso y, se podrían recibir, junto a las declaraciones ya conocidas de aquellas personas que unilateralmente fueron presentadas por miembros o superiores del Opus Dei, aquellas otras de quienes conociendo muy de cerca a Monseñor Escrivá, y habiendo pasado más de quince, veinte o treinta años en el Opus Dei, hubieran querido declarar, pero no se les llamó ni permitió hacerlo, por el hecho de haber dejado de pertenecer al mismo.

Los Superiores del Opus Dei temen esas declaraciones porque saldrían de manifiesto hechos verdaderos, pero no queridos por ellos, que reflejarían una luz diferente en el retrato que tratan de proyectar de la vida de Monseñor Escrivá. Por ello, hacen cuanto está a su alcance a fin de que se consideren como testigos no idóneos o de fiar a aquellas personas cuyos puntos de vista no coinciden con los que ellos quieren hacer prevalecer.

Le adjunto con esta carta, Beatísimo Padre, como pinceladas, una serie de hechos presenciados, oídos y vividos por mí durante mis años dentro del Opus Dei. Hechos que, aunque no son todos los que conozco, pueden brindarle a Su Santidad una perspectiva diferente de la vida real de Monseñor Escrivá. Podría agregar otros hechos, mucho más serios aún y concretamente documentados, sobre mi experiencia personal con Monseñor Escrivá, que estoy dispuesta a exponer en presencia de Su Santidad.

Igualmente le incluyo un borrador, tal cual lo tengo, de un trabajo que preparé comentado el documento elevado por el Opus Dei a la Santa Sede con la petición de cambio de Instituto Secular en Prelatura Personal. Puedo asegurarle, Beatísimo Padre, que mis comentarios a cada uno de los puntos reflejan la verdad.

Conozco varias personas que aún temen represalias por parte del Opus Dei y, con gran conflicto de conciencia, se callan. Estas personas sólo hablarían a instancias de Su Santidad. Y sus testimonios, que serían importantes, y que podrían gravitar especialmente en el juicio decisivo de Su Santidad, no saldría de otra forma a la luz. Tengo a la disposición de Su Santidad, por ejemplo, el nombre de una de ellas, Numeraria por treinta años en el Opus Dei, que pidió su dimisión hace solamente dos años y quien, me ha asegurado, que de no hablar con Su Santidad, no hablaría jamás con nadie por miedo, a posibles represalias del Opus Dei.

Creo en el Espíritu Santo y confiando en su intercesión, espero que Su Santidad escuche mi ruego.

Con toda humildad, pide su bendición, su hija en Nuestro Señor,

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Anexos: 11 páginas con relatos y

un folleto azul, borrador

de 53 páginas.

Maria del Carmen Tapia

980 Hot Springs Road

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Teléfonos: Residencia: – de 16:00 a 6:30 horas -(805) 969-0090

Universidad:- de 7:00 a 15:00 horas -(805) 893-3075

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DOCUMENTO ADJUNTO­­

I. Algunos hechos sobre la conducta de Monseñor Escrivá con respecto a la Iglesia, a los sacerdotes en general y, a las religiosas; doctrina que imponía a sus miembros del Opus Dei, y que refleja, por una parte, su actitud general de segregación, elitismo y doctrina y por otra, como pinceladas, su carácter:

l.- “Yo querría señalaros una vez más cual es el espíritu nuestro en un medio maravilloso de santificación, en un medio que está instituido por Jesucristo, porque es sacramento: la confesión”

¿Sabéis quien es para mis ovejas el Buen Pastor? El que tiene Misión dada por mí. Y yo la doy ordinariamente a los Directores y a los sacerdotes de la Obra. Gente que no conoce el Opus Dei no está dispuesta para ser el pastor de mis ovejas, aunque sean pastores de otras ovejas, aunque sean santos.”

“Conviene que os confeséis con los sacerdotes que están designados. Y está dispuesto que, al menos, hay que ir a ellos para recibir la bendición. Podéis ir a confesaros con cualquier sacerdote que tenga licencias del ordinario. De esta manera, yo defiendo la libertad, pero con sentido común. Todos mis hijos tienen libertad para confesarse con cualquier otro sacerdote aprobado por el Ordinario. Y no está obligado a decir a los Directores de la Obra que lo ha hecho. ¿Uno que haga esto peca? ¡No! ¿Tiene buen espíritu? ¡No! Está en camino de escuchar la voz del Mal pastor.”

“Si fuésemos a una persona que sólo puede curarnos superficialmente la herida…, es porque seriamos cobardes, porque no seríamos buenas ovejas, porque iríamos a ocultar la verdad, en daño nuestro. Y haciéndonos este mal, buscando a un médico de ocasión, que no puede dedicarnos más que unos segundos, que no puede meter el bisturí y cauterizar la herida, también estaríamos haciendo un mal a la Obra. Si tú hicieras esto, tendrías mal espíritu, serías un desgraciado. Por ese acto no pecarías, pero ¡av de ti!, habrías comenzado a_ errar, a_ equivocarte, habrías comenzado a oír la voz del mal pastor, al no querer curarte, al no querer poner los medios. Y estarías haciendo un daño a los demás.”

Tú conoces la doctrina del Cuerpo Místico, de la Comunión de los santos. Pues estarías haciendo daño a tus hermanos, y a los que están por venir, y a ti mismo, al cuerpo entero de la Obra. Porque además aquel mal pastor no venía a buscarte, habrías sido tú el responsable. Porque ese otro que no es Buen pastor, no viene sino para robar y matar y hacer estrago. Nosotros necesitamos tener un espíritu determinado y concreto. Nuestro espíritu está muy claro: nuestra ascética, nuestra mística, clarísima, y todo lo que sea deformar este espíritu, es robar y matar.

Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor sacrifica la vida por sus ovejas. Hace todos los sacrificios. Y vosotros debéis estar dispuestos a hacerlos todos también. Y el primero es éste: no ejercitar aquel derecho —porque el derecho lo tenemos— si lo podemos evitar siempre o casi siempre. Propósito firme: el primer sacrificio es no olvidar, en la vida, lo que expresan en Castilla de un modo muy gráfico: que la ropa sucia se lava en casa. La primera manifestación de que os dáis, es no tener la cobardía de ir a lavar fuera de la Obra la ropa sucia. Si es que queréis ser santos; si no, estáis de más. (1)

(1) Ref.: Cuadernos – 3. “Vivir en Cristo”, Roma (Apud Collegii Romana Sactae Crucis – 1973, pp.131-132-133.

(Este texto, de una de las publicaciones del Opus Dei “ad usum nostrorum” que tengo en mi poder, muestra claramente, por una parte, la presión moral que Monseñor Escrivá empleó siempre con los miembros del Opus Dei quitándoles la libertad de confesarse con sacerdotes ajenos a la Obra aunque tuvieran licencias ministeriales. Y, por otra parte, la soberbia de considerarse como el único Buen Pastor, por encima de miembros legítimos de la Iglesia e incluso de la doctrina concreta del Código de Derecho Canónico. He subrayado algunas frases que considero de relevante importancia y que a mi siempre me dañó oírlas al considerar a los otros sacerdotes de la Iglesia como “malos pastores”.)

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2.- Como ejemplo concreto, consecuencia de lo anterior, narro lo siguiente:

Recuerdo una vez en Venezuela cuando el grupo de Superioras Regionales hacia los ejercicios espirituales, quisimos confesarnos con el sacerdote del Opus Dei que los dirigía y, que de acuerdo con las normas oficiales del Opus Dei estaba permitido hacerlo así. Cuando a través de una hojita conocida por “lista de confesiones” (es costumbre en las casas del Opus Dei entregar al sacerdote que confiesa una lista con los nombres de las personas que van a confesarse y que entran al confesionario por ese orden) Don José-María Félix, confesor ordinario de esta casa, y miembro también del gobierno regional de mujeres, se enteró de que las Superioras del Opus Dei nos queríamos confesar con ese otro sacerdote, vino a la casa, me mandó llamar ya que yo era la Directora del país, y me dijo: “Tú eres idiota. ¿Cómo es posible que des el mal ejemplo de quererte confesar tú y las demás con Don Alberto Genty cuando él no es el confesor ordinario?” Yo le referí al rescripto existente sobre esto y me contestó: “confesaros con Don Alberto Genty es como confesaros con el párroco de la esquina”. Yo le indiqué que al ser un sacerdote del Opus Dei no podía ser considerado como mal pastor. Y él me subrayó que “todo aquel que no era confesor ordinario u extraordinario de una casa era mal pastor según la doctrina del Padre.”

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3.- Muy sutilmente con su típica frase de “tenis que tener la picardía de” le oí decir a Monseñor Escrivá que las Directoras tenían que enterarse si alguien se había ido a confesar fuera de la casa. Con este criterio la directora de cualquier casa estaba obligada a reportar a la superiora de la Región si alguien se había ido a confesar fuera. Y esta superiora, ordinariamente, estaba obligada también a comunicarlo al Consiliario (ahora vicario Regional) y a los miembros del gobierno regional en una de las sesiones.

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4.- Su visión de la Iglesia era como de un organismo del que no se puede prescindir, pero ineficaz. Su convencimiento era de que el Opus Dei estaba muy por encima de la Iglesia en santidad, en formación doctrinal y en todo. Especialmente cuando hablaba de los sacerdotes del Opus Dei solía decir “que eran su corona” (de él).

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5.- Respecto a S.S. Pío XII y durante mi estancia en Roma, del 1952 al 1956, especialmente en el año 1952 cuando María-Luisa Moreno de Vega (también Numeraria del Opus Dei) trabajábamos como secretarias personales de Monseñor Escrivá para toda la sección femenina del Opus Dei en el mundo le oí decir en varias ocasiones, con una rabia llena de impotencia refiriéndose a Pío XII: “este hombre no nos entiende y me tiene aquí encerrado. No me puedo mover. No puedo salir” Nos dejó muy clara la idea de que el Papa no le dejaba salir de Roma. Más de una vez le oí decir a Monseñor Escrivá refiriéndose a S.S. Pío XII: “Este santo varón, que Dios nos haría un gran favor si se lo llevara al cielo, pero cuanto antes.”

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6.- Con respecto a S.S. Juan XXIII su frase más suave hacia él fue decir que era “un patán”. Cualquier miembro del Opus Dei puede dar este testimonio de una manera más viva. (Tengo varias personas que sólo puedo mencionar los nombres ante Su Santidad, y que darían clara cuenta de este hecho).

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7.- Con respecto a S. Santidad Paulo VI mis vivencias son directas durante mi estancia en Roma de 1965 a 1966. Más de una vez le oí decir a Monseñor Escrivá sobre S.S. Paulo VI cosas semejantes a las que dijo de Pío XII: “A ver si de una vez nos deja en paz y Dios nuestro Señor en su infinita misericordia, se lo lleva al Cielo.” Si a S.S. Juan XXIII lo consideraba “un patán” a Pablo VI lo consideraba “un jesuitón”.

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8.- Cuando S.S. Paulo VI entregó la parroquia del Tiburtino al Opus Dei, en Noviembre de 1965 el Padre nos dijo a las mayores: “Hijas mías decidles a vuestras hermanas pequeñas (así llamaba a las sirvientas) que yo ya sé que me quieren mucho, pero que por esta vez, cuando llegue el Papa al Tiburtino le aplaudan más a él que a mí.”

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9.- Le oí decir muchas veces a Monseñor Escrivá: “En mi vida he conocido varios Papas, cardenales muchos, Obispos, un montón, pero Fundadores sólo uno y Fundadores del Opus Dei: sólo yo.” Después solía agregar: “Dios os pedirá estricta cuenta de haberme conocido”. Y sabiendo que yo copiaba las cosas que él decía, me buscaba entre el grupo donde estábamos varias Numerarias y algunas veces con las sirvientas y preguntaba “A ver, donde está ésa”. Y cuando yo le respondía “estoy aquí, Padre”, él agregaba: “escribe esto para que quede”. “Sí, Padre, ya lo he escrito”, le respondía yo. Otras veces, cuando decía algo que no era positivo para alguien, especialmente de la Iglesia o persona pública, solía dirigirse a mi diciéndome: “No se te ocurra escribir eso, porque esto os lo digo yo a vosotras, pero si me enterase que una hija mía repite esto que yo he dicho, pensaría que es tonta. Y yo hijas tontas, no quiero. ¡Listas y muy listas! ¡Ala!”.

De forma oficialmente impresa esta idea quedó plasmada de la siguiente manera:

“Hijos míos, os tengo que hacer una consideración que, cuando era joven, no me atrevía ni a pensar ni a manifestar; y me parece que ahora debo decírosla: En mi vida, he conocido ya a varios Papas; cardenales muchos; obispos, una multitud; ¡Fundadores del Opus Dei, en cambio, no hay más que uno! aunque sea un pobre pecador como soy yo; bien persuadido de que el Señor escogió lo peor que encontró, para que así se viera más claramente que la Obra es suya. Pero Dios os pedirá cuenta de haber estado cerca de mí, porque me ha confiado el espíritu del Opus Dei, y yo os lo he transmitido.

“Os pedirá cuenta por haber conocido a aquel pobre sacerdote que estaba con vosotros, y que os quería tanto, tanto, ¡más que vuestras madres! Yo pasaré, y los que vengan después os mirarán con envidia, como si fuerais una reliquia: no por mí que soy —insisto— ­un pobre hombre, un pecador que ama a Jesucristo con locura; sino por haber aprendido el espíritu de la Obra de labios del Fundador” (1).

(1) Ref. Cuadernos – 3 “Vivir con Cristo”, Roma (Apud Collegii Romani Sanctae Crucis, 1973, p.86.

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10.- “Prefiero mil veces que una hija mía muera sin recibir los Santos Sacramentos, antes de que le sean administrados por un Jesuita”.

(Esto se lo oí yo decir a Monseñor Escrivá en Roma repetidas veces. Delante estaba casi siempre Álvaro del Portillo, Encarnita Ortega y alguna otra Superiora mayor, creo recordar que María-José Monterde. Era bien conocido por los miembros mayores de la Obra la hostilidad que Monseñor Escrivá sentía hacia la Compañía de Jesús. Siempre nos dejó ver que la Compañía de Jesús le había hecho mucho mal a la obra. Siempre que hablaba de los Jesuitas les llamaba “los de siempre”.)

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11.- Es un punto muy curioso a considerar que, en el Opus Dei, lo usual es que la primera vocación de miembros Numerarios sea ordenado sacerdote. Los sacerdotes se ordenan para servir a la Obra, no para servir a la Iglesia como dicen. (Tengo testimonio de un sacerdote del Opus Dei) La forma de ordenar sacerdotes era poco menos que “a dedo”. Le oí contar a Monseñor Escrivá cómo, al acercarse el día de su santo, le preguntaban los Numerarios en Roma que estaban en el Colegio Romano de la Santa Cruz, qué regalo querría para su santo y él contestó que (un número concreto) de hijos suyos sacerdotes. Esto originaba, por lo visto cierta conmoción ambiental ya que los varones no entran al Opus Dei para ser sacerdotes. Nos relataba Monseñor Escrivá cómo después de está petición suya y aprovechando la oscuridad, durante la proyección de una película, en el aula magna de la casa central, se le acercaba algún Numerario y le decía: Padre, estoy dispuesto a ser sacerdote. El (Monseñor Escrivá) se hacia el sordo y le decía “Hijo mío habla más alto que no te oigo” Y el muchacho iba alzando más y más la voz porque Escrivá le decía que seguía sin oírle. Y, cuando por fin, le oía le decía: “Muy bien, hijo mío, pues habla con tu Director”. Mientras nos contaba esto Monseñor Escrivá se reía y nos decía: “Yo lo que quería es que le oyeran los demás.”

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12.- Su falta de respeto a los obispos y de tono humano personal era notoria. Por ejemplo, cuando en la visita “ad limina” de alguno de los obispos que estaban en una ciudad o país donde el Opus Dei pensaba abrir una casa, Monseñor Escrivá, a través de Álvaro del Portillo, le invitaba a comer a la casa central, y a nosotras, —yo le oí directamente decir esto a Monseñor Escrivá— nos hacia advertencias de este tipo: “A este hombre le gusta comer mucho. O sea hijas mías prepararle una comida que se la pueda tocar con los dedos” (Y abriendo Monseñor Escrivá la boca se metía los dedos para indicarnos hasta donde le tendría que llegar la comida a aquel obispo).

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13.- “Las nuestras no tendrán que responder a ninguna nota o carta que puedan llegar de los Obispos ni de la Comisiones episcopales. Se las entregarán al Consiliario para que él me las haga llegar a mí”.

(Existen en el Opus Dei una serie de notas y rescriptos llegados de Roma en la que nos indicaban la prohibición tajante de que las mujeres nos relacionáramos con la Jerarquía eclesiástica y mucho menos con las religiosas o los miembros de cualquier otro Instituto secular.)

Sólo nos estaba permitido, por indicación expresa de Monseñor Escrivá, visitar al ordinario del lugar y al Nuncio por Pascua Florida y por su onomástico. Las visitas estaban estipuladas que tenían que ser:

a) hechas por dos Superioras;

b) las conversaciones con el Obispo o con el Nuncio tenían que reducirse a “contarles solamente cosas simpáticas o anecdóticas de nuestras sirvientas”;

c) no se les debía decir cuantas vocaciones habíamos tenido (mujeres, claro) al Opus Dei:

d) tampoco se les debía decir si Monseñor Escrivá estaba de viaje. Cuando nos preguntaban por él sistemáticamente había que decirles que estaba en Roma;

e) después de realizada la visita había que escribir una ficha de 4″x6″ relatando exactamente la conversación [que se había] tenido con el Obispo o Nuncio;

f) esta ficha se mandaba en el primer correo a Roma, al Gobierno central de mujeres, quienes se la entregaban a Monseñor Escrivá.

Siendo Nuncio Apostólico de S.S. en Venezuela Monseñor Dadaglio, con quien personalmente siempre guardé una relación personal muy sincera, me preguntó, en una de las visitas oficiales que yo le hice, acompañada de otra Numeraria, cuantas vocaciones habíamos tenido aquel año. De la manera más espontánea yo le dije el número. Esta ficha llegó a Roma. El Consiliario del Opus Dei en Venezuela, Don Roberto Salvat Romero, me hizo llegar, “de parte del Padre” (Monseñor Escrivá) la indicación de que “había sido muy indiscreta con el Nuncio, porque a la Jerarquía de la Iglesia no había que darles explicaciones de ninguna clase respecto a la Obra”. Cuando yo pregunté el por qué, la respuesta fue “porque lo ha dicho el Padre y basta”.

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14.- Cuando Monseñor Escrivá hablaba ante un grupo de Numerarias y sirvientas, dejaba ver muy claro su desprecio hacia las monjas. Fueron muchas las veces que le oí decir: “Hijas mías no me seáis bobicas como las monjas” y al decir esto hacía la mímica con las manos pegadas a la cara y remedando con la voz una persona bobalicona.

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15.- Oí bastantes veces decir a Monseñor Escrivá que “las monjas eran tontas” y agregaba que él la única monja que visitaba era Sor Lucia de Portugal, “no porque haya visto a la Virgen, sino porque nos quiere mucho”, y agregaba: que Sor Lucia era “un poco tontucia pero una buena mujer”.

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16.- Estando en Roma se le contaban al Padre la actuación de las monjas, ridiculizándolas, cuando en el aeropuerto un grupo grande de una orden o congregación esperaban la llegada de la Madre General y gritaban las monjitas “Nuestra Madre, Nuestra Madre”. Monseñor Escrivá se reía a carcajadas. Es curioso, qué aquello que tanto le hacia reír a Monseñor Escrivá se repitiera años más tarde en su persona.

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17.- No quería que tuviéramos trato alguna con las religiosas y esto era bien conocido por todas las Numerarias como me lo comentaba en mi última visita a Caracas Sor Isabel de la Trinidad, (Trina Gordils). Sor Isabel de la Trinidad era Carmelita descalza, y falleció este año en Caracas. Era abogado y periodista y fue la primera Oblata del Opus Dei (ahora llamadas Agregadas). Se salió del Opus Dei para entrar al Carmelo porque quería llevar una vida contemplativa y pobre. Esta religiosa tenía un gran sentido del humor, que siempre conservó. Me contaba, a propósito del proceso de beatificación de Monseñor Escrivá: “Niña, antes ni se ocupaban de nosotras, (refiriéndose al Opus Dei); pero desde que se murió el Padre, pululan por aquí (el Carmelo) todos sus curas: el Don Roberto y el otro y el otro para que pidamos por la beatificación de Monseñor. Y nos dan estampitas y toda la parafernalia”. Cuando yo la preguntaba: —Trina, ¿tú realmente crees que el Padre era santo?”, ella me respondió: “¡No, niña! ¡Qué va a ser santo ese hombre después de todo lo que te hizo a ti en Roma! Y ‘el de Arriba’ (como ella siempre llamaba a Nuestro Señor) lo sabe igualito que nosotras. Y si sale será por un apaño humano o porque el Espíritu Santo se tomó vacaciones.”

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18.- Monseñor Escrivá tenía a mi entender un poco de manía persecutoria: siempre desconfiaba de la Iglesia. Esto lo reflejaba de muy diversas maneras: con dichos como “cuando yo llegué a Roma perdí la inocencia” (refiriéndose a la llamada ‘política vaticana’. Confiaba, sin embargo, en el hecho de que Álvaro del Portillo y Salvador Canals tuvieran responsabilidades dentro del Vaticano para poder estar “al tanto de las cosas que pasan por dentro”, nos dijo en más de una ocasión a algunas de las Superioras mayores en Roma. Y anhelaba el día en que muchos de los miembros del Opus Dei estuvieran esparcidos dentro del Vaticano “y entonces nos van a oír” decía.

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19.- Tenía total convencimiento de que iba a ser santo. Y preparó todo en vida en este sentido: desde su tumba en la casa central con la indicación a las superioras de: “Pero no me dejéis aquí mucho tiempo. Que me lleven luego a una iglesia pública para que os dejen en paz y podáis trabajar.”

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20.- Se guardaba en todas las casas la ropa personal que desechaba para las reliquias futuras; se marcaba por debajo las sillas donde se sentaba; las flores que adornaban el altar se hacían cuadros y las cosas que él daba: crucifijos, tijeras de uñas que no funcionaban ya bien, lapiceros, fotografías suyas, eran propiedad de la persona que las recibía. Las cosas dadas por el Padre no entraban en el ‘espolio’ anual, ni ningún director las podía quitar.

21.- La pila donde le bautizaron la llevaron a Roma porque él indicó que se hiciera así. Lo mismo que quiso que su hermana se enterrase en la casa de Roma y que los cadáveres de sus padres se los llevaran a la casa del Opus Dei de Diego de León en Madrid. Todo esto lo dispuso en vida. Quería siempre rodear de una aureola especial a su familia. No es cierto lo que dicen sus biografías de que su hermana Carmen cuando supo que se moría ofreció todo por la Obra y por el Padre. Su hermana quiso morir en España y Monseñor Escrivá no la dejó ir. Me contó Lourdes Toranzo que “les costó mucho” que aceptase el morirse en Roma y se empeñaron en que “hiciera ese sacrificio por su hermano el Padre”.

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22.- Le gustaba el poder y la grandeza aunque lo recubría de palabras como “soy un pobre burro sarnoso”, pero luego nos agregaba que Dios Nuestro Señor le había dicho un burro fue mi trono en Jerusalén.”

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23.- En uno de los Congresos Generales, cuando Antonio Pérez Tenessa estaba en el Opus Dei, le dijo que propusiera en ese Congreso el que al Presidente General se le saludase con la rodilla izquierda en el suelo. Cosa que quedó establecida desde entonces. Cuando Monseñor Escrivá nos lo contaba a nosotras, Superioras del Opus Dei nos agregaba: “Hijas mías no es por mi, porque sé que me queréis mucho y me respetáis. Yo lo hago por el pobrecico que me siga.”

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24.- Cuando se erigió oficialmente el Estudio General de Navarra, organizó las cosas para que se le eligiera “Gran Canciller” y desde entonces empezó a hacer sus apariciones en lugares públicos como teatros, aulas magnas, etc., etc. Cuando iba a una de estas ciudades las preguntas que se le hacían estaban, la mayoría preparadas y consultadas con los respectivos superiores antes de serle hechas en público. Y en muchos casos, consultadas también con él previamente.

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25.- Cuando Monseñor Escrivá invitaba a almorzar a algún Cardenal en alguna casa del Opus Dei, las Numerarias teníamos que preparar a las doncellas para que empezaran a servir a la vez a Monseñor Escrivá y al Cardenal invitado: a nadie se le podía servir antes que a Monseñor Escrivá.

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26.- Si algo le gustaba en alguna casa que visitaba, indicaba a las superioras que le dijeran a esas personas que dieran aquel cuadro o tapiz para la Obra. (Ejemplo: Álvarez de Toledo en Madrid). Como pertenecía al patrimonio familiar, esta señora dijo que no se lo podía dar, pero a cambio le dio más de un millón de pesetas. En Sevilla se antojó de un biombo que pertenecía a una señora de la aristocracia española y sucedió lo mismo que el ejemplo anterior.

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27.- Un sacerdote que llegó a Madrid de Roma, en 1967, le dijo a una Supernumeraria, Maite Sánchez-Ocaña, que Monseñor Escrivá les había dicho que “si cuando a él le concibieron sus padres no le hubieran deseado, los hubiera escupido en su tumba.”

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28.- Era tal el culto que se le daba en vida a Monseñor Escrivá, que él mismo consideraba de buen espíritu si alguien de la obra, Supernumerarias o Cooperadoras, mandaban flores por avión para la misa que iba a celebrar en un lugar determinado, aunque este avión viniera a veces de país distinto donde él celebraba la Misa.

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29.- En Roma, los quesos tenían que ser suizos y concretamente “el de la florecita” como él nos dijo una vez. Era un queso de porciones con un ‘edelweis’, que nos costó caminarnos toda Roma para encontrarlo. Como eran quesitos de porciones, se compraban varias cajas ya que en cada una sólo había uno con florecita.

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30.- El champagne en la mesa de Monseñor Escrivá, cuando había invitados, tenía que ser ‘rosé’. Sus cubiertos eran siempre de plata. La ropa que usaba de hilo. Y los zapatos con hebillas de plata. Aunque a él le gustaba hablar de sus “zapatos viejos”.

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31.- Cuando le otorgaron la cruz de San Raimundo de Peñafort (era de plata sobredorada muy bonita) se la entregó Antonio Pérez Tenessa; Monseñor Escrivá la consideró muy pobre y dijo que tenía que ser una con brillantes, que se la hicieron, como él quería.

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32.- Para el compromiso matrimonial de su hermano Santiago, le aconsejaron los sacerdotes de la Obra que debería ir a Zaragoza a pedir él la mano. Monseñor Escrivá dijo que solamente iría si se alojaba en Zaragoza en el Palacio de Cogullada y en la misma habitación donde se alojó Franco, el jefe de Gobierno en España. Y que si no era allí, no iba. Los miembros de la obra tuvieron que hacer muchas gestiones, pero al final lo lograron y se alojó allí.

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33.- Fueron conocidas las gestiones que se hicieron para que le nombraran “Caballero de la Orden de Malta”, pero nunca se lo concedieron. En cambio logró que uno de los miembros de la obra, en un puesto clave en España, pudieran conseguir comprar para él el titulo nobiliario de “Marqués de Peralta”.

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34.- Su lenguaje era muchas veces vulgar. Fui testigo, un domingo de Pascua en Roma de lo siguiente: A las Numerarias del gobierno central nos habían dicho que podíamos subir al comedor de la Villa Vecchia, después de su almuerzo para felicitarle la Pascua. Cuando llegamos al comedor Don Álvaro estaba fumando con su acostumbrada boquilla de marfil. Monseñor Escrivá, por una ventana abierta de par en par al jardín de la Villa, hablaba con un grupo de Numerarios y les decía entre grandes risotadas: “Beberos el cognac que os he mandado, pero eso sí, no hagáis como ese Monseñor Galindo, paisano mío, que calentaba la copa en la bragueta”. Todas le oímos perfectamente y Don Álvaro le llamaba, tratando de advertirle que habíamos llegado, pero no le oía. Cuando se dio cuenta, cerró la ventana de un golpe seco y nos dijo: “Hijas mías, Dios os bendiga.” Esto nos lo prohibieron comentar después.

(Monseñor Don Pascual Galindo era el Rector de la Iglesia del Espíritu Santo en Madrid).

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35.- Era destemplado en su carácter. Las “broncas” del Padre eran conocidas muy bien por los miembros todos de la Obra. “Monseñor Escrivá, en incoherencia, le faltaba el sentido de caridad más básico: sabía muy bien mostrar la faceta de santo frente a las multitudes, incluso llamándose pecador, pero era capaz de insultar de la manera más terrible cualquier persona por el motivo más nimio: por ejemplo si un huevo frito no estaba frito como a él le gustaba, por ello, podía lanzarle una bronca a una directora. Si un mantel de altar no se planchaba exactamente a los centímetros del suelo que él tenía estipulados, era capaz de lanzarle un ex-abrupto igualmente a la Directora. O porque en la cocina se hacía ruidos al fregar los cacharros, etc. etc. En el diario de la casa no se podía escribir que “el Padre se enfadó o lanzó una bronca”, sino que había que decir: “El Padre nos enseñó hoy tal o cual cosa”.

Santa Bárbara, 31 de julio de 1991.

 

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Santa Bárbara, 24 de septiembre de 1991

Su Eminencia Ilustrísima

Cardenal Angel Sodano

Secretaría de Estado

Ciudad del Vaticano

DE CONCIENCIA

Eminencia:

Con renovada confianza le adjunto este nuevo material “Secreto y de conciencia” con el ruego de que igualmente al anterior lo ponga directa y personalmente en las manos de nuestro Santo Padre, Su Santidad Juan Pablo II.

A este punto es obvio insistirle en la importancia del material adjunto y que por ello, abusando de su bondad, sea Vd. quien lo entregue directa y personalmente al Santo Padre.

Le agradecería en el alma me hiciera llegar una breve nota asegurándome que tanto el material enviado para el Santo Padre a través de Su Eminencia con fecha 2 de agosto de 1991, como este de hoy le ha sido entregado personalmente a Su Santidad. Se con seguridad, a través del correo utilizado que el material le llegó a S. Eminencia; sin embargo, no he recibido todavía confirmación de S.E. de haber entregado el material al Santo Padre.

En espera de sus noticias, con toda gratitud y respeto, le pide su bendición,

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P.D. Quiero ratificarle, Eminencia, que estoy dispuesta a desplazarme a Roma a la primera llamada del Santo Padre.

María del Carmen Tapia

980 Hot Springs Road

SANTA BARBARA, California, 93108-1111 (U.S.A.)

Phone: Residencia: (805) 969-0090

Universidad: (805) 893-3075

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Santa Bárbara 24 de septiembre de 1991

A Su Santidad Juan-Pablo II

Ciudad del Vaticano

Beatísimo Padre:

Mientras espero recibir de Su Santidad la oportuna notificación para ser interrogada respecto a la causa de beatificación de Monseñor José-María Escrivá de Balaguer y, como continuación a mi carta del 2 de agosto de 1991, (que de acuerdo con el correo oficial fue recibida en su Secretaria de Estado con fecha 9 de agosto de 1991) me permito incluirle, como addenda, la siguiente relación de hechos que considero de gran importancia:

1. Actuación personal de Monseñor Escrivá en mi proceso personal de dimisión del Opus Dei.

2. Como consecuencia de lo anterior, fotocopias de la carta que enviaron a mi padre, por indicación directa y precisa de Monseñor Escrivá, así como de las cartas enviadas por mi padre a Monseñor Escrivá.

3. Fotocopias de las cartas enviadas por indicación de Monseñor Escrivá a diversas autoridades universitarias y diplomáticas negando los estudios de Filosofía y Teología que yo realicé en el Opus Dei. Hay que tener en cuenta que dichas cartas en el Opus Dei sólo pueden escribirse por indicación directa y precisa del Presidente General, en aquel entonces, Monseñor Escrivá. En esencia, lo que trataba de negarse era no solamente los estudios que yo realicé, sino que yo hubiera pertenecido a la institución. De hecho, S.E. el Cardenal Tavera, q.e.p.d., trató de ayudarme con ese motivo y nunca alcanzó a entender la falta de caridad y justicia en la actuación de Monseñor Escrivá.

Es obvio, Beatísimo Padre, que estoy dispuesta a ampliar estos hechos de palabra ante Su Santidad o como le dije en mi anterior carta y le ratifico ahora, ante el juez de su estricta y personal confianza que, que ni de cerca ni de lejos, tenga relación alguna con el Opus Dei. Igualmente estoy dispuesta a ratificar todo ello bajo juramento.

Se que varias personas que estuvieron durante muchísimos años en el Opus Dei acaban también de escribirle nuevamente, ya que la correspondencia enviada previamente parece que nunca llegó a las manos de Su Santidad.

El asunto es tan grave en su conjunto, Beatísimo Padre, que más que nunca confío plenamente en el Espíritu Santo para que ilumine a Su Santidad, y le mueva, precisamente por el sentido de justicia inherente como Pontífice, a escuchar a cuantos de sus hijos lo hemos solicitado de corazón como hijos también de la Iglesia y por el bien de las almas.

Le pide con humildad la bendiga, su hija en Nuestro Señor,

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Anexos:*

1. Actuación personal de Monseñor José-María Escrivá en mi proceso personal de dimisión del Opus Dei (18 páginas)

2. Correspondencia entre Monseñor Escrivá y mi padre (3 cartas).

3. Correspondencia entre el Decano de Estudiantes extranjeros de la Universidad de California, Dr. K. M. Matthew y Monseñor José­-María Escrivá (3 cartas).

4. Correspondencia entre el Decano de Estudiantes extranjeros de la Universidad de California, Dr. K. M. Matthew y el Consiliario de Venezuela, Roberto Salvat, a través del Nuncio Apostólico en Venezuela, Monseñor del Judice (3 cartas).

5. Carta de la Administrative Assistant del Decano de Estudiantes extranjeros, Mrs. Muriel E. Engle a la Secretaria Regional de Venezuela, Sofía Pilo.

6. Carta del Abogado Dr. Carlos Hernández Bitter al Consiliario de Venezuela, Roberto Salvat.

7. Correspondencia entre el Chairman del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de California, Professor G. J. Larson, y Mr. William K. Braun, Attaché Cultural de la Embajada de los Estados Unidos en Roma (4 cartas).

8. Correspondencia entre María del Carmen Tapia y S. E. el Cardenal Arturo Tavera (2 cartas).

9. Declaración del Dr. Faustino Castro, abogado y sacerdote.

10. Correspondencia entre el Chairman del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de California, Professor G. J. Larson y Monseñor José-María Escrivá (2 cartas).

11. Certificado de Estudios expedido por un sacerdote Numerario del Opus Dei.

* Los textos de los anexos aquí indicados no se incluyen ahora porque, al estar ya incluidos en capítulos anteriores, resultaría repetitivos.

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Un Silencio Incomprensible

marzo 13, 2007

Ivan de ExOpus

Antonio Pérez Tenessa pidió la admisión en el Opus Dei en 1939, fue ordenado sacerdote en 1948. Desde 1950 desarrolló el cargo de Secretario General del Opus Dei (el que más mandaba después del Fundador) y en 1956 fue nombrado Consiliario Regional de España (cargo equivalente al actual Vicario Regional). En 1965 abandonó la institución.

Según Mª del Carmen Tapia a él se debe la creación de la Universidad de Navarra, el proyecto de Prelatura personal que ahora disfruta la Obra, la adquisición del Marquesado de Peralta para el Fundador del Opus Dei… Se tuvo que exiliar voluntariamente a México para evitar ser atrapado por la Obra. Y todo lo que narra de su estancia y salida del Opus Dei son estas palabras:

Desde que abandoné el Opus Dei, he mantenido un respetuoso silencio acerca de esa institución en la que gasté honradamente los mejores años de mi vida; en parte, porque así me lo exigió, en nombre de monseñor Escrivá, Pedro Casciaro cuando me localizó en México; y en parte por lealtad conmigo mismo y con los juramentos promisorios que me obligaron a hacer en el Opus Dei. Nadie me habrá oído nunca hablar mal de esa institución, me he negado sistemáticamente a aceptar entrevistas periodísticas de tono crítico, y aprovecho ahora la oportunidad para desautorizar a cualquier persona que haya utilizado mi nombre dando a entender lo contrario. A pesar de que esta lealtad mía no ha sido siempre correspondida, no pienso cambiar mi línea de conducta, ni siquiera al enterarme de la publicación de ciertos documentos en los que las dos más altas jerarquías del Instituto vierten insidiosas acusaciones contra mí, cuya falsedad puedo probar documentalmente. No considero elegante enzarzarme en disputas de patio de vecindad.

Yo no he pedido en ningún momento testificar en la causa de beatificación de monseñor Escrivá de Balaguer -ni en pro ni en contra-, y me parece una iniquidad que esas dos personas se atrevan a descalificarme de antemano tergiversando los hechos, y que el tribunal eclesiástico lo dé todo por bueno sin más averiguaciones.

Lo único completamente cierto de todo lo que dicen -y lo único importante para el proceso de beatificación- es que monseñor Escrivá, mientras pertenecí al Opus Dei y le serví lealmente, me trató siempre con un gran cariño, mucho más de lo que ya merecía (luego, dijo de mí mil perrerías), rezó mucho por mí, con poco fruto, y puso todo su empeño, que era grande, para evitar que yo abandonase el Instituto. Esto es lo positivo, lo que había que declarar en el proceso. Lo demás es chismorrería y pura maledicencia. Por cierto que el señor Echevarría no me conoce más que de vista o de oídas, porque él era un mequetrefe cuando yo estaba en el Opus.

Soy creyente, pero no me interesa ni ésta ni ninguna otra beatificación. No quiero entrar en la polémica que ha levantado este proceso. Me basta con aclarar que yo fui “pescado por la cabeza”, como dicen ellos, mas no por el corazón. Nunca me encontré a gusto dentro del Opus Dei, pero mientras estuve allí lo serví con toda mi entrega. Siempre me quise marchar; lo saben ellos. Me opuse a la ordenación hasta donde pude (le consta a Pedro Casciaro, que era entonces secretario general), pero todo fue inútil. Salirse de la Obra era poco menos que imposible y no me parecía correcto hacerlo mientras ocupaba puestos de dirección. Cuando ya no los tuve, me fui, de mala manera, huyendo como un malhechor, con lo que llevaba puesto. Pero no había otra salida. Yo sabía la triste suerte que me esperaba en Roma si me hubiera retrasado 24 horas en escapar. Cuando me vi libre, respiré, empecé a sentirme persona, di gracias a Dios y se las sigo dando. No tengo resentimientos contra nadie, no culpo de nada a la institución -muy respetable-, en la que cuento aún con grandes amigos que deseo perseveren en su camino.

Digo sencillamente que aquello no era para mí. Ése fue el error del padre Escrivá conmigo, como lo fue el de predecir la fecha de su muerte [el Fundador del Opus Dei predijo su muerte para siete años después de cuando en realidad murió]; también los grandes hombres y aun los santos se equivocan. Lo cual nada tiene que ver con su proceso de beatificación. Lo que no entiendo es que para enaltecer las virtudes del siervo de Dios haya que recurrir al mito, a la falsedad y a la maledicencia.

Deseo al Opus Dei los mayores éxitos, como imagen visible de la Iglesia triunfante, y solamente les pido una cosa: que me dejen en paz. Yo vivo muy contento con mis hijos y no cambio un solo día de mi vida actual por todos los años -muy interesantes, pero de pesadilla- que pasé en el Opus (No Hablaré Mal De La Obra. Antonio Pérez-Tenessa. El País – Sociedad – 13-04-1992).

¿Qué ocurrió con Tenessa en la Obra para que, tras haber fallecido, hasta sus biógrafos se salten a la torera su estancia en el Opus Dei?

Copio una de esas biografías:

ANTONIO PEREZ-TENESSA HERNANDEZ

CONSEJERO PERMANENTE DE ESTADO

IN MEMORIAM

Ha fallecido en Madrid, silenciosamente, como fue su vida, uno de los juristas más completos que hemos tenido en los últimos años, Antonio Pérez-Tenessa Hernández. Afincado en su niñez y juventud en la ciudad de Daroca (Zaragoza), estudió en el Colegio de los Escolapios, que ya había dado la lumbrera de otro estadista, Mariano Navarro Rubio. Fue muy destacado alumno, y era el encargado, desde el púlpito, de dirigir las oraciones, o devociones cotidianas religiosas en la formación integral que ofrecían las Escuelas Pías. Creó en 1936 un batallón de “Pelayos”, del que fuimos nosotros Jefe de Tambores. Esto ocurría en los años de 1930 a 1940. Como su padre, buen cristiano y carlista –como el nuestro y muy amigos– era habitual su presencia en la Adoración Nocturna, y en la naciente Juventud de Acción Católica, cosa no fácil entonces. Trasladado el padre, empleado de una entidad bancaria, con cinco hijos procedentes de dos matrimonios, marchó a Valencia, en donde terminó la carrera de Derecho, con sobresaliente y premio extraordinario. Miembro de las primeras Promociones de la Milicia Universitaria, estuvo de Alférez, en el periodo de prácticas en uno de los Regimientos de Montaña dedicados a contener a los “maquis” en el Pirineo. Este servicio, procuró contabilizarlo con su preparación de Letrado del Consejo de Estado. Se especializó en el llamado entonces “recurso de agravios” –publicó varios estudios– en materia de personal, venia a representar un procedimiento de revisión “miniconstitucional”, para actos administrativos, y que había de decidir el Jefe del Estado, en Consejo de Ministros. (Por los años 1960, fue “famoso” el promovido por Don José Valenzuela Soler, Catedrático en excedencia de Derecho Administrativo, y que había sido en el Gobierno de Lerroux, Director General de Obras Públicas, cuando había solicitado la cátedra de aquélla disciplina en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, en la que coincidieron otros dos administrativistas aragoneses: Royo Villanova, que estaba en Ciencias Políticas: y Jordana de Pozas, en la 2ª. cátedra. El informe del Consejo de Estado, siendo ponente Pérez-Tenessa, fue decisivo en una larga deliberación por el Consejo de Ministros, con la decisión del Jefe del Estado “de conformidad con el Consejo de Estado”, a favor de Valenzuela Soler).

Después de unos años en Méjico, volvió al Consejo de Estado, siendo Letrado Mayor, Secretario General, y ya jubilado nombrado Consejero Permanente de Estado. Sus dictámenes eran un arsenal de Ciencia Jurídica, y de alta “visión de la Función Publica”. En el solemne funeral en la Basílica Castrense, con asistencia del Consejo de Estado en pleno, el también Consejero Permanente de dicho Consejo, Antonio Sánchez del Corral, al final de la Eucaristía, le dedicó un poema, cuyos dos últimos versos rezaban así. “Recio ejemplar del Aragón Hispano / fueron verdad v justicia tu cimiento. / Surgia la flor donde tocó tu mano…Cuanto a ti se confío no lo fue en vano / Te halló firme y en pie mientras tuviste aliento / Antonio, compañero, amigo, hermano”. A sus hijos, Alejandro, Diego, Luis y Javier, nuestra condolencia. Descanse en Paz, el Ilustre Jurista, silencioso y brillante (Jesús López Medel).

¡Ni una sola palabra sobre los 27 años de su estancia en Obra!

Qué tuvieron que meterle en el cuerpo a Tenessa para no hablar con nadie sobre sus vivencias en la Obra, ni siquiera con sus compañeros y amigos más íntimos, hasta el punto de que tras su muerte sean incapaces de contar ni una sola palabra sobre su permanencia en el Opus Dei.

Sea por lo que fuere, lo que ahora le deseamos de todo corazón es que descanse en paz.

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Reflexiones Sobre El Opus Dei Y Las Sectas (III)

febrero 26, 2007

Varios autores.

Selección realizada por Ivan de ExOpus.

Por regla general, cuando a la gente le hablas de la opus se le cambia la expresión de la cara, digamos que el semblante se le vuelve más agresivo y hostil. No digamos ya si se te ocurre decir algo en defensa de la opus: se te tiran a la yugular directamente.

La opus siempre ha tenido mala prensa, muy mala prensa. ¿Por qué?

La inmensa mayoría de la peña que echa pestes de la opus no sabe decirte ni concretarte la razón ni el porqué de esa aversión visceral y rabiosa: “que si es una secta, que si son mala gente, que si todo por la pasta, etc, etc, etc.”, pero sin conseguir argumentar nunca una crítica lógica y coherente.

Vosotros, al menos, habláis con razón de causa: por eso os leo, por eso os escucho (Fuente. Ogrini).

Situémonos en una parroquia barcelonesa pastoreada por un mosén carismático de mediana edad, de esos que se criaron a los pechos del Concilio Vaticano II. Dicha parroquia, como ocurre con tantas otras de las diócesis catalanas, no pasa por sus mejores momentos en cuanto a asistencia de fieles a misa y número de bodas y comuniones. El mosén rector de la parroquia, aun no estando ni de lejos próximo al carisma del Opus Dei, aceptó el año pasado los servicios como catequista de una señora de la Obra que se ofreció “graciosamente” a dar catequesis a los nenes, misión que ella realizó adecuadamente y sin mayores problemas. Pero hete aquí que este año, al empezar la nueva temporada de catequesis, no aparecieron ni los niños ni la catequista de los niños.

¿Qué había ocurrido? Como siempre ocurre en estos casos, la verdad no llegó de boca de la interesada sino de uno de los nenes. Resulta que la señora no ha tenido mejor idea que intentar llevarse a todos los muchachos, y algunos de sus padres, a otra parroquia y a la Obra. Por supuesto, sin decir nada al párroco que confió en ella ni mucho menos al arcipreste encargado de esas parroquias. Oigan ustedes, igualito a lo que hacen algunas sectas (Fuente. Luis Fernando Pérez Bustamante).

Hola a todos: no soy una asidua a esta web aunque desde que la descubrí hace dos días prácticamente la he devorado. Llevo dos noches en vela leyendo sin parar y sin poder dar crédito a lo que leía. Fui del Opus Dei (OD) hace muchos años pero por poco tiempo. No he vuelto a tener contacto con el OD a pesar de que mi salida fue airosa y amistosa. Reconozco que fue una suerte salirse de forma amistosa del OD, después de haber leído los escalofriantes testimonios de gente a los que se les destrozó la vida tanto dentro como fuera. No me quito de la cabeza el testimonio de Carmen Tapia. Me impresiona especialmente porque al poco de irme del OD circulaba su libro por casa de mis padres y me lo leí. En aquel entonces pensé que era una exagerada y que escribía desde el odio. Nada de lo que dijo me impactó pero hoy me lo creo todo. Estoy seriamente indignada porque ahora que estoy fuera me entero de que formé parte de una sectaaaa!! de que fui manipulada y de que toda mi intimidad fue ventilada en esas fichitas o en esos informes que salen de la confidencialidad de la charla. Lo peor de todo es que me imagino que todavía mi fichita queda guardada en algún archivo de la obra. Estoy de acuerdo con algunos testimonios, creo que todos lo estamos, en que en la Obra hay gente muy buena y también hay mucha gente, como fue mi caso, que no saben ni donde están y ni son conscientes de la manipulación que están sufriendo (Fuente. Conversa).

He estado leyendo el “Vademecum del gobierno local” y en su apartado de admisión e incorporación he encontrado un párrafo en el que, creo, se resumen muchos de los problemas del Opus Dei. Lo he leído y me ha dado miedo.

“Los fieles de la Prelatura tienen la obligación de conciencia de cultivar y defender, en todo momento, las características divinas de la Obra: su naturaleza y sus fines sobrenaturales, su régimen, su unidad, los modos apostólicos queridos por el Señor, el Derecho propio —santo, perpetuo e inviolable— que nuestro amadísimo Fundador, por Voluntad divina, estableció para siempre, y la Santa Sede ha sancionado”.

El subrayado es mío (las negritas no), y las frases me han hecho ver como la Obra se juzga a sí misma. Es la primera vez que leo una frase que positiva y directamente liga la voluntad de Dios a la acción del fundador sin posibilidad de duda, caracterizando el derecho propio de la institución como “santo, perpetuo e inviolable” vamos, como si la Obra fuera una nueva alianza entre Dios y los hombres y justificando sus modos de hacer al presentar el beneplacito de la Santa Sede para convencer al que no lo estuviera ya e imposibilitando cualquier tipo de crítica o duda porque ni Dios ni la Iglesia se equivocan (silogismo falaz con el que se alimenta las cabezas de “la aristocracia de la inteligencia”).

Sinceramente creo que la divinización de la institución es el problema básico del Opus Dei y la causa del mal que produce a su alrededor (como a mí me produjo ) y aunque haga bien a muchos (como a mí me lo hizo). Es la única institución u organización de la Iglesia que se adjudica la seguridad y certeza absoluta de tener un contacto directo con el Altísimo, parece que estuvieramos hablando de la mismísima fundación de la Santa Iglesia. Por eso no admite la crítica, ni siquiera la constructiva.

La adjudicación del discernimiento de la voluntad de Dios es, sencillamente, la manera de obrar de las sectas y esto es lo que me parece pasa en la Obra y muestra el párrafo de arriba (Fuente. Jose_A).

Hola, me llamo Inés , tengo quince años y hace 5 meses que pite [pedir la admisión al Opus Dei]. La verdad es que no me gusta en parte lo que me piden, pero hay cosas que si; conmigo por lo menos hay muy buen clima y me llevo fenomenal con las otras adscritas. Pero en cierto modo necesito consejo, no quiero caer en la misma trampa que vosotros, ¡quiero salir! contestadme o contactar conmigo por favor. / Gracias (Fuente. Ines_dos).

(Fragmento de una respuesta a la carta anterior.)

Si estas muy desesperada, igual que has mandado un correo aquí, mándalo a alguna instancia oficial: oficina del defensor del menor, alguna oficina de protección contra las sectas. Te puedo asegurar que como se publicite el tema, te dejan en paz, ¡pero vamos, que si te dejan en paz!

Creo que tu misma comprendes que no estas en edad de tomar una decisión de esa trascendencia, para siempre, sin vuelta atrás. Estás en edad de empezar a conocer todas las cosas bellas de la vida, y sus sinsabores, de preocuparte por la ropa que te pones y de chatear con el móvil, de ponerte roja cuando ese niño que te hace tilín se te acerca, de ver lo tontos que son otros niños, todo ello sin necesidad de alejarte de Dios, que no tiene muchos caminos, sino infinitos, porque el es la infinitud. Es como si a los 14,5 años, como ya puedes procrear, como seguramente podrás, tuvieras que elegir a un hombre para toda la vida y empezar a tener hijos con él. Eso que, aunque no soy muy docto en la materia, creo que seria un delito, para entregar tu vida a una vocación tan exigente o mas que un matrimonio, no lo es… curioso ¿no? (Fuente. Interestfree).

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Los Hijos Desobedientes Del Opus Dei

enero 19, 2007

Ivan de ExOpus

Reedición corregida del original publicado en Opuslibros el 18 de julio de 2004.

Quiero dejar claro que la Iglesia Católica obliga a creer a píes juntillas tan sólo lo que ella ha definido como dogmas de fe. Exceptuando eso, todo lo demás incluidas personas e instituciones son opinables, juzgables y criticables. Obtuve muy buenos testimonios sobre esa realidad de san Josemaría, quien no dejaba títere con cabeza a la hora de ejercer ese derecho. Puedo poner muchos ejemplos al respecto pero tan sólo me voy a centrar en una frase suya que por su importancia los resume todos y que nos comenzó a contar tras el Concilio Vaticano II: «Hijos míos, el demonio se ha metido en la Iglesia y lo ha hecho por la Cúpula del Vaticano.» Cuando el Fundador hablaba de la «Cúpula del Vaticano» no se estaba refiriendo precisamente a que el diablo se había metido en la Iglesia a través del obrero de mantenimiento que arreglaba los desperfectos del tejado de la Santa Sede. No. Se refería a otra persona mucho más importante.

Por no ser verdades de fe —e imitando a san Josemaría— cualquiera puede opinar sobre su canonización, sobre la Obra y sobre su historia, sin que por ello deje ni un instante de ser un fiel hijo de la Iglesia.

En repetidas ocasiones el Fundador del Opus Dei nos contaba que la historia de la Obra se escribiría cuando todos los que intervinieron en ella hubieran fallecido, para que así nadie de quienes actuaron en contra de ella se pudieran sentir dolidos. Ésa es la razón que él daba para hacer ver ante todos su inmensa caridad con el prójimo. Pero como es habitual en el Opus Dei hay que buscar otra razón oculta, la genuina, que en este caso es escribir esa historia cuando todos estén muertos es para que así no haya nadie que pueda pararles los píes testificando contra las falsedades que ellos quieren hacer pasar por ciertas.

Cuando murió el Fundador los dirigentes de la Obra infravaloraron esa razón oculta por sentirse fascinados ante la tentación de canonizarle muy pronto (lo que conllevaba escribir la historia de la Obra). Le desobedecieron y escribieron la historia del Opus Dei mientras aún vivían multitud de personas que la conocían de primera mano.

Según la manera de la Obra para escribir sus biografías todos podemos ser santos si ella se lo propone. Basta con suprimir lo que desdice de alguien y aumentar lo que le beneficia para que —con tan sólo eso y nada más que con eso— Judas ya sea santo. Si a Judas le quitamos una pequeña parte de su vida, aquella en la que vende a Jesús por treinta monedas, se transforma en alguien tan santo o más que cualquiera de los otros apóstoles.

En el proceso de beatificación del Fundador, María Angustias Moreno, María del Carmen Tapia, Miguel Fisac y muchos otros protagonistas directos en la vida de la Obra reclaman su derecho a mostrar la realidad tal y como ellos la han vivido; recurren al tribunal que va a juzgar la santidad del Fundador. No se les permite testificar a pesar del empeño que ellos ponen en hacerlo y de la grave obligación que tiene ese tribunal de escucharles. Para no dejarles declarar alegan unas razones que darían risa leerlas si no fuera porque acarrean tanta gravedad.

Ese tribunal eclesiástico se niega a oír a testigos esenciales, por lo que allí no se juzga la beatificación de Escrivá de Balaguer, sino que se impone. Al actuar contra las normas más elementales del derecho que obligan a escuchar todos los testimonios se ha provocado en la Iglesia uno de los escándalos más graves de su historia.

Porque con esa canonización, lograda a la fuerza por la selección estudiada de los testigos, ha sido atacada nada más y nada menos que la credibilidad en la beatitud de los santos de la Iglesia Católica.

Si un fiel de buena voluntad, por lo tanto no mediatizado, sigue el proceso de canonización de Escrivá y comprueba los atropellos en los que ha incurrido, inmediatamente reflexionará algo parecido a lo siguiente: «Ese juicio de beatificación es una pantomima, por lo que es nulo. Mas sí hoy tengo la posibilidad de ver como la Iglesia suprime testigos para forzar a que este hombre llegue a los altares, ante la mirada atónita del mundo y con toda impunidad, ¿qué no habrá hecho con los santos de otra época de quienes no puedo comprobarlo? Desde esté momento me es imposible saber si san Francisco de Asís era un amante de los animales, como me hacen creer, o en realidad fue un sádico matarife del que la Iglesia ha eliminado a los testigos que podrían contarme sus crueldades. ¡Ya no creo en ningún santo de los que la Iglesia me propone!».

Y ese fiel deja de creer en lo que la Iglesia cuenta sobre sus santos. Es muy fácil que junto a la perdida de credibilidad en los santos haga lo mismo con los dogmas de fe. Y como consecuencia puede acabar perdiendo la fe en la Iglesia y en todo. Yo he oído contar a gente frases parecidas a «después del tejemaneje que han hecho con el marques Escrivá yo ya no me creo nada de lo que la Iglesia me cuenta».

Con lo fácil que les habría sido a los mandamás de la Obra obedecer a su Fundador y esperar a que estuvieran muertos todos los que han protagonizado su historia. Entonces, sin disonancias, Josemaría habría sido canonizado sin que nadie pudiera decir ni mú en su contra. No habrían dejado sus testimonios (por escrito y para la posteridad) ni Miguel Fisac, ni María Angustias Moreno, ni María del Carmen Tapia… y nadie escribiría en esta Web, puesto que no se habría creado…

Además, al no quedar ningún testimonio escrito en contra, tampoco existiría la posibilidad de que el fundador de la Obra pueda ser oficialmente descanonizado algún día por culpa de las irregularidades que le llevaron a los altares. Es algo muy difícil, mas no imposible.

¡Con lo bien atado que lo dejó el Fundador y que todo se les pueda venir abajo por unos hijos tan desobedientes!

Pero es que Dios sabe mucho más y se ha servido de esos hijos desobedientes para que el mundo pueda conocer toda la verdad sobre el Opus Dei, la que el Fundador y su Obra quieren mutilar.

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