Filiación Al Padre (Monseñor Escrivá)

enero 3, 2009

rey-ajedrez

El Opus Dei. Anexo A Una Historia. Cap. 9.

María Angustias Moreno

Siempre he sido poco dada a las imposiciones “por las buenas”. Creo que para no dejarse arrastrar por el mal hay que no dejarse arrastrar por nada. Hay que profundizar, hay que discernir, hay que ser consciente. Hay que decidir siempre y en todo, en uso de una responsabilidad inalienable que, sin embargo, no deberá ser tachada de anarquía. Una orquesta, por ejemplo, no puede ser anárquica para ser armónica. Mover el palito (batuta) y moverlo con energía (dirigir bien) es fundamental. Pero a la vez que lo es la aportación de los instrumentos más variados. ¿Qué sería de una orquesta si por organizada y bien dirigida hubiera que hacer los mismos movimientos para tocar el violín, el trombón o los platillos? No se trata, por tanto, de defender individualismos anárquicos. Como tampoco de plantear desconfianzas. Se puede y se debe confiar. Confiar desde luego en aquello que de antemano ha sido objeto de ese personal y responsable discernimiento. Porque la confianza, entiendo yo (y es a lo que voy), no se impone, se inspira. La confianza, como la verdad, sólo puede imponerse por sí misma.

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Los Hijos Desobedientes Del Opus Dei

enero 19, 2007

Ivan de ExOpus

Reedición corregida del original publicado en Opuslibros el 18 de julio de 2004.

Quiero dejar claro que la Iglesia Católica obliga a creer a píes juntillas tan sólo lo que ella ha definido como dogmas de fe. Exceptuando eso, todo lo demás incluidas personas e instituciones son opinables, juzgables y criticables. Obtuve muy buenos testimonios sobre esa realidad de san Josemaría, quien no dejaba títere con cabeza a la hora de ejercer ese derecho. Puedo poner muchos ejemplos al respecto pero tan sólo me voy a centrar en una frase suya que por su importancia los resume todos y que nos comenzó a contar tras el Concilio Vaticano II: «Hijos míos, el demonio se ha metido en la Iglesia y lo ha hecho por la Cúpula del Vaticano.» Cuando el Fundador hablaba de la «Cúpula del Vaticano» no se estaba refiriendo precisamente a que el diablo se había metido en la Iglesia a través del obrero de mantenimiento que arreglaba los desperfectos del tejado de la Santa Sede. No. Se refería a otra persona mucho más importante.

Por no ser verdades de fe —e imitando a san Josemaría— cualquiera puede opinar sobre su canonización, sobre la Obra y sobre su historia, sin que por ello deje ni un instante de ser un fiel hijo de la Iglesia.

En repetidas ocasiones el Fundador del Opus Dei nos contaba que la historia de la Obra se escribiría cuando todos los que intervinieron en ella hubieran fallecido, para que así nadie de quienes actuaron en contra de ella se pudieran sentir dolidos. Ésa es la razón que él daba para hacer ver ante todos su inmensa caridad con el prójimo. Pero como es habitual en el Opus Dei hay que buscar otra razón oculta, la genuina, que en este caso es escribir esa historia cuando todos estén muertos es para que así no haya nadie que pueda pararles los píes testificando contra las falsedades que ellos quieren hacer pasar por ciertas.

Cuando murió el Fundador los dirigentes de la Obra infravaloraron esa razón oculta por sentirse fascinados ante la tentación de canonizarle muy pronto (lo que conllevaba escribir la historia de la Obra). Le desobedecieron y escribieron la historia del Opus Dei mientras aún vivían multitud de personas que la conocían de primera mano.

Según la manera de la Obra para escribir sus biografías todos podemos ser santos si ella se lo propone. Basta con suprimir lo que desdice de alguien y aumentar lo que le beneficia para que —con tan sólo eso y nada más que con eso— Judas ya sea santo. Si a Judas le quitamos una pequeña parte de su vida, aquella en la que vende a Jesús por treinta monedas, se transforma en alguien tan santo o más que cualquiera de los otros apóstoles.

En el proceso de beatificación del Fundador, María Angustias Moreno, María del Carmen Tapia, Miguel Fisac y muchos otros protagonistas directos en la vida de la Obra reclaman su derecho a mostrar la realidad tal y como ellos la han vivido; recurren al tribunal que va a juzgar la santidad del Fundador. No se les permite testificar a pesar del empeño que ellos ponen en hacerlo y de la grave obligación que tiene ese tribunal de escucharles. Para no dejarles declarar alegan unas razones que darían risa leerlas si no fuera porque acarrean tanta gravedad.

Ese tribunal eclesiástico se niega a oír a testigos esenciales, por lo que allí no se juzga la beatificación de Escrivá de Balaguer, sino que se impone. Al actuar contra las normas más elementales del derecho que obligan a escuchar todos los testimonios se ha provocado en la Iglesia uno de los escándalos más graves de su historia.

Porque con esa canonización, lograda a la fuerza por la selección estudiada de los testigos, ha sido atacada nada más y nada menos que la credibilidad en la beatitud de los santos de la Iglesia Católica.

Si un fiel de buena voluntad, por lo tanto no mediatizado, sigue el proceso de canonización de Escrivá y comprueba los atropellos en los que ha incurrido, inmediatamente reflexionará algo parecido a lo siguiente: «Ese juicio de beatificación es una pantomima, por lo que es nulo. Mas sí hoy tengo la posibilidad de ver como la Iglesia suprime testigos para forzar a que este hombre llegue a los altares, ante la mirada atónita del mundo y con toda impunidad, ¿qué no habrá hecho con los santos de otra época de quienes no puedo comprobarlo? Desde esté momento me es imposible saber si san Francisco de Asís era un amante de los animales, como me hacen creer, o en realidad fue un sádico matarife del que la Iglesia ha eliminado a los testigos que podrían contarme sus crueldades. ¡Ya no creo en ningún santo de los que la Iglesia me propone!».

Y ese fiel deja de creer en lo que la Iglesia cuenta sobre sus santos. Es muy fácil que junto a la perdida de credibilidad en los santos haga lo mismo con los dogmas de fe. Y como consecuencia puede acabar perdiendo la fe en la Iglesia y en todo. Yo he oído contar a gente frases parecidas a «después del tejemaneje que han hecho con el marques Escrivá yo ya no me creo nada de lo que la Iglesia me cuenta».

Con lo fácil que les habría sido a los mandamás de la Obra obedecer a su Fundador y esperar a que estuvieran muertos todos los que han protagonizado su historia. Entonces, sin disonancias, Josemaría habría sido canonizado sin que nadie pudiera decir ni mú en su contra. No habrían dejado sus testimonios (por escrito y para la posteridad) ni Miguel Fisac, ni María Angustias Moreno, ni María del Carmen Tapia… y nadie escribiría en esta Web, puesto que no se habría creado…

Además, al no quedar ningún testimonio escrito en contra, tampoco existiría la posibilidad de que el fundador de la Obra pueda ser oficialmente descanonizado algún día por culpa de las irregularidades que le llevaron a los altares. Es algo muy difícil, mas no imposible.

¡Con lo bien atado que lo dejó el Fundador y que todo se les pueda venir abajo por unos hijos tan desobedientes!

Pero es que Dios sabe mucho más y se ha servido de esos hijos desobedientes para que el mundo pueda conocer toda la verdad sobre el Opus Dei, la que el Fundador y su Obra quieren mutilar.

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Y Entonces Llegó Internet

enero 11, 2007

Ivan de ExOpus

La Existencia Del Opus Dei Se Da Gracias A La Siguiente Praxis:

1. Enmudecer ante las acusaciones de que es objeto sobre las malas prácticas institucionales (tema tratado en El Silencio Del Opus Dei (I), (II) y (III)

2. Mentir (ver un ejemplo en el siguiente punto).

3. Amordazar a quienes les acusan.

Escribe Agustina López de los Mozos, creadora de Opuslibros:

«Al respecto de lo que dice Nasius, hace aproximadamente un año [sobre abril de 2004] recibimos un correo de Santiago Mata (como yo digo mi nombre puedo decir el suyo). Se trataba de un correo que enviaba a la empresa que entonces nos alojaba en Internet, con copia a nosotros. En ese correo instaba, conminaba, exigía, amenazaba, a dicha empresa a que nos descolgara inmediatamente de Internet porque estaba siendo cómplice de delitos que —a su entender—, nosotros estábamos cometiendo. Los supuestos delitos consistían en que hablábamos sobre el Opus Dei a base de injurias, falsedades, mentiras, etc. Lo más curioso era que Santiago Mata, añadía: “yo no tengo nada que ver con el Opus Dei, les comunico esto por su propio bien”. Estábamos Maque y yo actualizando la web y le comento: “Maque, hay un correo de un tal Santiago Mata…” y antes de que me diera tiempo a terminar la frase, me corta y me pregunta: ¿de cuál, padre o hijo? Maque hacía muy pocos años que se había ido de la Obra y les conocía a los dos, uno supernumerario, el otro, numerario. Y como broche de oro, Santiago Mata —supongo que hijo, el numerario—, olvida que escribe desde su lugar de trabajo y tras decir que “no tiene nada que ver con el Opus Dei”, aparece la dirección completa, calle, teléfonos, etc., desde donde escribe: ACEPRENSA. Maque y yo nos sonreímos y seguimos actualizando la web. Y este amigo, Santiago Mata, es el que hace la web ‘antiopuslibros’ a la que Nasius se refiere» (La página ‘antiopuslibros’ ya existe. Nasius).

4. Copar los medios de comunicación.

Leámoslo en el siguiente artículo:

«Hace diez años, la prensa hervía. Sólo en la revista Tiempo se publicaron nada menos que doce reportajes, desde enero de 1992 hasta junio (la ceremonia de beatificación fue el 17 de mayo), sacando los colores de la secta de Monse [el fundador del Opus Dei]. Salieron a la luz, entre nuevos títulos y reediciones, docena y media de libros críticos con El Padre (que así se hacía llamar, como Dios), desde el insuperable trabajo de Luis Carandell (Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer) hasta obras tremendas de María Angustias Moreno, Alberto Moncada, Carlos Albás (sobrino de Monse), María del Carmen Tapia, yo qué sé… En el fenecido diario El Independiente, un jovencísimo Luis Algorri, todavía delgado, publicó un tremendo serial de 30 capítulos (30 dobles páginas centrales del periódico, día tras día, que se dice pronto) durante todo el mes de julio de 1991, con el título Un altar para Escrivá; fue un trabajo que sacó de sus casillas, literalmente, a los jerifaltes de la Obra de Monse en España.

«¿Y hoy? [5-10-2002]

«Nada.

«La Prensa está callada… por la cuenta que le tiene. Los presidentes, líderes y dueños de los grandes grupos de comunicación de este país; los más poderosos empresarios de la comunicación de España, han recibido las oportunas llamadas telefónicas. No les llamaban los siniestros y bien amaestrados responsables de Prensa del Opus, desde el anciano Luis Gordon al eficaz Antonio Hernández Deus. No. Al teléfono estaban poderosísimos banqueros de la Obra, como Luis Valls Taberner, del Banco Popular.

«Incitatus sabe esto de primerísima mano. “Convendría que…” “Sería mejor si vosotros…” “En bien de todos, deberíais…” Es como el chiste del dentista: el paciente se tumba en el sillón y, cuando el estomatólogo pone en marcha el torno fatídico, el paciente agarra firmísimamente al doctor por sus partes más queridas, que tiene tan a mano, y le dice: “No nos vamos a hacer daño, ¿verdad que no?”

«La Prensa se ha doblegado pecuariamente ante el tremendo poder de los chicos de Monse. Ha sido terrible ver esto. La excelente pero poco exitosa revista La Clave, que dirige Manuel Soriano (bueno, el director de nombre es José Luis Balbín, pero estamos hablando en serio, ya conocemos todos las capacidades periodísticas de Balbín, ese director de Comunicación del Museo del Prado que pasa por su despacho tan sólo cada vez que se aproxima a la Tierra el cometa Halley), publicó un trabajo de seis páginas, con honores de portada, que firmaba nada menos que ¡Alberto Moncada! El gran crítico, el gran flagelador, se mandó un texto de una suavidad y de una corrección política que daba pena leerlo. No podía hacer más… ¡No le dejaban! Tiempo, la más importante revista de información política y económica de España, bastión tradicional de los defensores de la libertad de expresión contra las insidias de la “santa mafia”, despachó el asunto con tres páginas de lo más florentino en las que, eso sí, se anunciaba algo sensacional: la intención de la Obra de que este tiberio mediático-político-económico no acabe con la canonización de Monse. Quieren ir más allá (Fragmento del artículo» La Fiesta De ‘Monse’. Incitatus).

5. Embeber a los de dentro de la falacia vivencial de que el Opus Dei es Dios.

6. Controlar los pensamientos de los suyos, los sentimientos, la información que reciben, su economía y toda su conducta. Para lo que se valen, entre otros medios, de infundirles miedos, fobias y temores subconscientes a que serán unos infelices si abandonan la Obra.

Pero en 1995 surge Internet y con él la posibilidad de que cualquiera pueda manifestarse públicamente con una libertad de expresión casi en estado puro.

Como no se le pueden poner puertas al campo, algunos de los que tenemos algo que decir que difiere con lo que oficialmente afirma la Prelatura nos hemos puesto a contarlo.

Con ello no hay ningún ataque a nadie.

Mas hacer publicidad de la verdad daña mucho al mentiroso.

La gran difusión de la Red y la facilidad de su acceso hace que algunos de la Obra lleguen a leernos, sin tener que dar cuenta de ello a los directores (ya que muchas veces la utilizan por razones de trabajo). El choque brusco con la visión cruda de la realidad que les presentamos escandaliza a una parte. Pero la semilla de la verdad cae en su seno… ya fructificará… y estoy seguro de que al final muchos de ellos serán libres. Otros comprueban que lo que afirmamos coincide en todo con sus vivencias. Y de estos últimos son legión los que abandonan la Obra.

También se informan los que se acercan por primera vez al Opus Dei, los que frecuentan sus clubes, los que son conminados a pitar (pedir la admisión a la Obra)… por lo que todos ellos reciben por Internet el antídoto preciso que les librará de muchas pesadillas que otros hemos tenido que soportar cuando no se disponía de tal medicina.

Los padres descubren el carácter dañino para la libertad que se vive dentro del Opus Dei, al que ellos inocentemente habían confiado a sus hijos, y muchos los sacan de allí, en alguna ocasión con brusquedad.

Personas indiferentes al Opus Dei curiosean nuestros escritos con lo que sin saberlo quedan prevenidos y además establecen con quienes se comunican una opinión pública acorde con lo que es el verdadero Opus Dei.

Y los miembros de la Iglesia, incluida su Jerarquía, descubren de la mano de quienes han sido del Opus Dei la realidad que él les oculta (aunque en muchas ocasiones tan sólo les certifica lo que ya sospechaban).

La Red está logrando que la Prelatura se quede sin los pilares de sustentación que tan arduamente había conseguido

Con esto no contaban los diseñadores del Opus Dei.

¡Dios bendiga a quienes han hecho y hacen posible Internet!

Iván

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