En el Opus Dei: ¿Medios de Formación o de Deformación?

mayo 9, 2007
Iván de ExOpus

«Durante mi época de centro de estudios comenzaba el día con media hora de oración, por lo que se entendía un señor sacerdote predicando en el oratorio. Durante la mañana había que escuchar las clases en la Facultad. Tampoco me interesaban; pero no me permitían dejar de asistir a ellas. Luego llegaba la tertulia, que también consistía en que un señor tomaba la palabra sobre un tema y hablaba él solo. Por la tarde eran las clases de filosofía propias del centro de estudios: lógica formal, lógica material, crítica, metafísica, etc. Y al atardecer aparecían los eventos culturales, que consistían en conferencias de un ilustre conferenciante que hablaba de cosas así como, “España hoy”, “De la entelequia al ostracismo”, “La ruta de los maquiavélicos”, “La geografía del mañana”, etc. Al cabo del día había sumado 12 horas de escuchar. Tengo que agradecer a esa formación que me dio el Opus Dei mi capacidad de abstracción. Actualmente soy capaz de asistir a una conferencia, a una obra de teatro, a un meeting político a un sermón dominical sin enterarme de nada de lo que se ha dicho» (La sola doctrina. Gervasio, 7 de mayo de 2007).

¿Qué es lo que el Opus Dei pretende con tantos medios de formación, tan aburridos, en los que siempre se repite los mismo, en los que no hay ni una sola aportación creativa por parte de quienes los dan (salvo, al principio, la de encontrar sinónimos para decir lo mismo que el Fundador, lo que hace tiempo que ya se agotó), en donde la habilidad más apreciada por parte los oyentes es la capacidad de dormirse con los ojos semiabiertos, aparentando estar despierto?

Creo que el Fundador no veía ese aburrimiento mortal de los medios de formación del Opus Dei como un defecto (porque si no lo habría evitado, en su mano estaba), sino como una cualidad muy querida por él, ya que con esa somnolencia forzada y forzosa en la que cae quien asiste a ellos se consigue anular su espíritu crítico (por lo que se “tragan” lo que les echen) e impregnar el subconsciente con lo que se repite sin cesar.

El Opus Dei no funciona por razonamientos sino por etiquetas prefabricadas por los de arriba (que siguen a píes juntillas los pensamientos del Fundador) y la mejor manera de aprenderlas de memoria es repetirlas sin cesar, y el método más eficaz para que la persona se crea que son de él y no implantadas es la de escucharlas dormido o medio dormido, pues así la idea queda dentro pero no se es consciente de donde ha venido, por lo que se considera propia y se llega a “matar” por defenderla.

Como consecuencia de lo anterior, el mejor antídoto para liberar el pensamiento de la esclavitud ajena consiste en cuestionárselo todo y no aceptar solución alguna que no hayamos descubierto por nosotros mismos.

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Los Ocho Criterios De Lifton Sobre El Control Mental

abril 9, 2007

Rober J. Lifton & Steven Hassan

El siguiente extracto del libro de Rober J. Lifton titulado The Future of Inmortality and Other Essays for a Nuclear Age (“El futuro de la inmortalidad y otros ensayos para una era nuclear”) (Nueva York, Basic Books, 1987), es una amplia explicación de los ocho criterios que establece Lifton para definir el control mental. A pesar de que en el texto se los menciona entrecomillados, a continuación incluyo una lista para facilitar su identificación:

1. «milieu control»

2. «manipulación mística» (o «espontaneidad planeada»)

3. «exigencia de pureza»

4. «culto a la confesión»

5. «sacralización de la ciencia»

6. «la carga del lenguaje»

7. «doctrina sobre la persona»

8. «dispensación de la existencia»

El ensayo del que ha sido tomada esta selección se titula: «Sectas: el totalismo religioso y las libertades civiles». En el mismo, Lifton enmarca sus comentarios en relación a lo que él llama el «totalismo ideológico», o el entorno en el cual los chinos practicaban la modificación del pensamiento, tal y como él lo conoció a partir de la guerra de Corea.

El totalismo ideológico

La fenomenología que utilicé cuando escribí sobre el totalismo ideológico todavía me resulta útil, a pesar de que escribí aquel libro en 1960. La primera característica es el «milieu control», que consiste esencialmente en el control de la comunicación dentro de un entorno. Si el control es muy intenso, se convierte en un control internalizado, un intento para dominar la comunicación interior del individuo. Esto no se puede conseguir jamás de forma total, pero se puede llegar muy lejos. Es lo que a veces se llama «la visión del ojo de Dios» o la convicción de que la realidad es una posesión exclusiva del grupo. Resulta evidente que este tipo de proceso crea conflictos con respecto a la autonomía del individuo; si se busca o se consigue en un entorno semejante, la autonomía se convierte en una amenaza al «milieu control». El «milieu control», dentro de las sectas, tiende a ser mantenido y expresado de diversas maneras: el proceso del grupo, el aislamiento de las otras personas, la presión psicológica, la distancia geográfica o no disponibilidad de transporte y, algunas veces, la presión física. A menudo, hay una secuencia de acontecimientos, tales como seminarios, conferencias y reuniones de grupo, que cada vez son más intensas y más aisladas, haciendo extremadamente difícil, tanto física como psicológicamente, que uno pueda abandonar la secta.

Estas sectas difieren de los patrones del totalismo en otras sociedades. Por ejemplo, los centros de reformas que se utilizaban en China estaban, más o menos, de acuerdo con el ethos de la sociedad tal como evolucionaba en aquel momento y, por lo tanto, cuando uno se marchaba o entraba y salía de esos centros, además encontraba un reforzamiento en el entorno. Las sectas, en cambio, tienden a convertirse en islas de totalismo dentro de una sociedad más grande que, en su conjunto, se opone a estas islas. Esta situación puede crear una dinámica propia, y, en tanto que se debe mantener el «milieu control», los requerimientos se magnifican por esa situación estructural. Los líderes de las sectas a menudo deben profundizar su control y manipular el entorno de forma sistemática y, algunas veces, con mayor intensidad, para poder mantener la isla de totalismo dentro del mundo exterior, que es su antagonista.

La imposición de un intenso «milieu control» está muy vinculada al proceso de cambio. (Esto explica en parte por qué puede producirse un súbito abandono de la identidad sectaria cuando una persona joven, que ha estado en la secta por algún tiempo, entra bruscamente en contacto con las influencias alternativas del exterior). Uno casi puede observar el proceso en algunos jóvenes que sufren un cambio dramático en su identidad anterior, cualquiera que ésta fuera, para abrazar el sistema de creencias de la secta y la estructura del grupo. Yo lo considero como una forma de doblaje: se forma un segundo yo que vive codo a codo con el yo primitivo, aunque en cierta forma autónomo. Como es obvio, debe existir algún elemento de conexión para integrar un yo con el otro. De no ser así, la persona en su conjunto no podría funcionar -aunque la autonomía de cada yo es impresionante-. Cuando se elimina el «milieu control» al apartar, por el medio que sea, al adepto del entorno totalista, vuelve a afirmarse algo del primitivo yo. El abandono puede ser voluntario o por la fuerza (o como ocurrió durante un juicio, en que el miembro de la secta se colocó al otro lado de la mesa, apartándose de los demás adeptos). Los dos yo pueden existir simultáneamente y entremezclados durante un tiempo considerable, y podría ser que estos períodos de transición fueran los más intensos y dolorosos psicológicamente, y potencialmente los más perjudiciales.

Una segunda característica general de los entornos totalísticos es lo que yo llamo «manipulación mística» o «espontaneidad planeada». Se trata de un proceso sistemático, planeado y dirigido desde arriba (por los líderes) pero que, en apariencia, surge de modo espontáneo dentro del entorno. Es necesario que este proceso no sea percibido como una manipulación, lo que plantea interrogantes filosóficos de mucha importancia. Algunos aspectos, como el ayuno, los cánticos y las vigilias, tienen una cierta tradición y han sido practicados por los grupos religiosos durante siglos. Ahora existe en las sectas un patrón por el cual, al ser humano convertido en el «elegido» se le considera como el salvador o como fuente de salvación. La manipulación mística puede tener una cualidad especial en estas sectas, porque sus líderes se convierten en portavoces de Dios. Los principios centrados en Dios son proclamados como argumentos irrebatibles y exclusivos, de tal forma que la secta y sus creencias se convierten en el único camino verdadero hacia la salvación. Eso puede otorgar intensidad a la manipulación mística y una justificación a los que se encargan de promulgaría y, en muchos casos, a los que son sus receptores.

En la medida en que hay un individuo especifico, un líder, que se convierte en el centro de la manipulación mística (o la persona en cuyo nombre se realiza), se produce un proceso que tiene dos vertientes. El líder puede ser algunas veces más real que un dios abstracto y, en consecuencia, más atractivo para los miembros de la secta. Por el otro lado, esta persona también puede ser motivo de desilusión. Si uno cree, como se ha dicho, que Sun Myung Moon (fundador de la Iglesia de la Unificación, y cuyos seguidores son conocidos comúnmente como los «Moonies») tiene vinculaciones con la Agencia Central de Inteligencia Coreana y esta información llega a conocimiento de los miembros de la Iglesia de la Unificación, su relación con la Iglesia puede verse amenazada por la desilusión que se experimenta respecto al líder. Nunca es así de sencillo, no se trata sólo de un patrón causa-efecto, pero estoy sugiriendo que este estilo de liderazgo tiene tantas ventajas como desventajas en cuanto a la lealtad sectaria.

Mientras que la manipulación mística conduce (a los adeptos) hacia lo que yo denomino la psicología del peón, también puede abarcar una legitimación del engaño (de los ajenos), el «engaño divino» de la Iglesia de la Unificación, aunque existen patrones análogos en los entornos de otras sectas. Si uno no ha visto la luz, y no está en el reino de la secta, uno se encuentra en el reino del mal y, en consecuencia, puede ser engañado justificadamente para cumplir con unos objetos más elevados. Por ejemplo, cuando los miembros de algunas sectas salen a recoger fondos, se considera correcto que nieguen su pertenencia a la secta cuando se les pregunta por ello. Se han dado casos de jóvenes que han pasado un tiempo en los centros de una secta sin que se les dijera de qué secta se trataba. La ideología totalista puede justificar, y a menudo justifica tales engaños.

Las otras dos características del totalismo, la «exigencia de pureza» y el «culto de la confesión» son habituales. La exigencia de pureza puede crear una cualidad maniquea en las sectas, al igual que en otros grupos religiosos y políticos. Esta exigencia requiere una separación radical entre lo puro y lo impuro, entre el bien y el mal, en el seno de un entorno y en uno mismo. La purificación absoluta es un proceso continuo. A menudo está institucionalizada, y, como fuente de estimulación de la culpa y la vergüenza, está ligada con el proceso de la confesión. Los movimientos ideológicos, cualquiera que sea su nivel, se apropian de los mecanismos de culpa y vergüenza del individuo para conseguir una influencia considerable sobre los cambios que él o ella sufre. Esto se consigue dentro de un proceso de confesión que tiene su propia estructura. Las sesiones en las que uno confiesa sus propios pecados van acompañadas de críticas y autocríticas, se realizan en el seno de pequeños grupos y motivan un activo y dinámico estímulo hacia el cambio personal.

Se podría hablar mucho más sobre la ambigüedad y complejidad de este proceso, y como Camus ha dicho: «Los autores de confesiones las escriben con el único fin de evitar la confesión, de no decir nada de lo que saben». Camus pudo haber exagerado, pero tenía razón al sugerir que las confesiones son una mezcla de lo que se revela y lo que se oculta. Una persona joven que confiesa los pecados anteriores a la secta o a su existencia preinstitucional puede, al mismo tiempo, creer en sus pecados y estar ocultando otras ideas y sentimientos de los que él o ella no es consciente o que no desea discutir. En algunos casos, estos pecados incluyen una continua identificación con la existencia anterior, como si tal identificación no hubiera sido totalmente desacreditada por el proceso de confesión. Las continuas confesiones son, muy a menudo, una expresión de arrogancia extrema en nombre de una aparente humildad. Cito una vez más a Camus:

«Yo practico la profesión de la penitencia con el propósito de acabar siendo juez» y «cuanto más me acuso a mí mismo, más derecho tengo a juzgar a los demás». Este es el tema central en cualquier proceso de confesión continuo, especialmente cuando se practica dentro de un grupo cerrado.

Los otros tres patrones que describo en relación al totalismo ideológico son la «sacralización de la ciencia», «la carga del lenguaje» y el principio de la «doctrina sobre la persona». Estas denominaciones casi se explican por si mismas. Yo pondría un énfasis especial en la sacralización de la ciencia, porque en nuestra era, algo tiene que ser científico además de espiritual para tener un efecto substancial sobre la gente. La sacralización de la ciencia puede ofrecer una gran seguridad a los jóvenes porque simplifica, en gran medida, el mundo. La Iglesia de la Unificación es un buen ejemplo, aunque no el único, de la necesidad contemporánea de combinar una serie de principios dogmáticos sagrados con la proclamación de una ciencia que encarna la verdad sobre el comportamiento y la psicología humana. En el caso de la Iglesia de la Unificación, su pretensión de ofrecer una ciencia humana irrebatible se refuerza con la invitación a destacados científicos e intelectuales (que, por lo general, cobran abultadas dietas) para que participen en simposios en los cuales se destaca la importancia de la unificación del pensamiento; los participantes expresan libremente sus opiniones, pero lo que interesa es su presencia, que contribuye a dar una apariencia de legitimidad intelectual.

La expresión «carga del lenguaje» se refiere a la literalización del lenguaje, y a las palabras o imágenes que se convierten en Dios. Un lenguaje muy simplificado puede parecer que está cargado de frases hechas, pero tiene un enorme atractivo y poder psicológico en su propia simplificación. Debido a que todos los problemas, y los jóvenes tienen muchos y muy complicados, pueden ser reducidos a unas frases que poseen una coherencia interior, uno puede decir y sentir que ha alcanzado la verdad. Hay respuestas para todas las preguntas. Lionel Trilling lo ha designado como el «lenguaje de no-pensar», porque siempre hay una frase hecha o un lema al cual se pueden reducir las preguntas más difíciles y complejas.

El patrón de la doctrina sobre la persona se presenta cuando existe un conflicto entre lo que uno siente que experimenta y lo que la doctrina o el dogma dice que uno deberla experimentar. El mensaje internalizado en un entorno totalístico dice que uno debe buscar la verdad del dogma y someter su propia experiencia a esta verdad. A menudo, experimentar esta contradicción, o el hecho de admitir que ha existido, puede ser inmediatamente asociado con la culpa, o bien (con el propósito de mantener a una persona sometida a la doctrina) puede uno verse condenado por los demás de una manera que lleva rápidamente a la asociación con la culpa. Se le hace sentir que las dudas son un reflejo de la propia maldad. Sin embargo, las dudas siguen planteándose, y cuando el conflicto se hace muy intenso, las personas se marchan. Esta es la dificultad más frecuente en muchas sectas: mantener la afiliación es un problema más grave que el dinero.

Por último, la octava, y quizás la más general y significativa de estas características, es la que yo llamo «dispensación de la existencia». Este principio es habitualmente una metáfora. Pero si uno tiene una visión absoluta o totalística de la verdad, entonces aquellos que no han visto la luz, que no han abrazado la verdad, que de alguna manera están en las sombras, están inmersos en el mal, son impuros y, por lo tanto, no tienen derecho a la existencia. Aquí entra en juego una dicotomía: «el ser versus la nada».

Los impedimentos para legitimar el ser deben ser apartados o destruidos. El que esté ubicado en la segunda categoría, el que no tiene derecho a existir, puede experimentar psicológicamente un miedo tremendo a la extinción interior. Sin embargo, cuando uno es aceptado, puede sentir una gran satisfacción al considerarse como parte de una elite. En condiciones más malignas, la dispensación de la existencia, la ausencia del derecho a existir, puede llegar a ser literal; se puede matar a la gente por sus carencias doctrinarias, como ha sucedido en demasiados lugares, incluyendo la Unión Soviética o la Alemania nazi. En el suicidio en masa ocurrido en el Templo de la Gente, en Guyana, un único líder pudo disponer de la dispensación de a existencia, o mejor dicho, la no existencia, por medio de una mística suicida que él mismo había integrado en la ideología del grupo. (Los informes posteriores basados en los resultados de las autopsias revelaron que se cometieron tantos asesinatos como suicidios.) El impulso totalístico de trazar una clara línea divisoria entre los que tienen derecho a existir y los demás, aunque pueden darse una serie de grados, puede ser un enfoque mortal para resolver los problemas humanos fundamentales. Y todos los enfoques relacionados con el totalismo o el fundamentalismo son doblemente peligrosos en la era nuclear.

Debo decir que, a pesar de estos problemas, ninguno de estos procesos es irrefutable. Uno de mis objetivos al escribir sobre ellos es contrarrestar la tendencia de nuestra cultura a negar que estas cosas existan; otro propósito es desmitificarlas, para que podamos comprenderlas en función de nuestros conocimientos sobre el comportamiento humano (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Apéndice A).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Algunos Principios Básicos De Psicología Social Y Dinámica De Grupo

marzo 5, 2007

La experiencia política de la segunda guerra mundial, en la que miles de individuos en apariencia normales tomaron parte en proyectos tales como el mantenimiento de los campos de concentración donde millones de seres humanos fueron asesinados, despertó un considerable interés entre los psicólogos. ¿Cómo fue posible que gente que llevaba una vida ordinaria antes de que Adolf Hitler se hiciera con el poder de Alemania, participara en un intento deliberado de exterminar a todo un grupo humano? Desde el final de aquel conflicto, se han realizado miles de experimentos de psicología social que han permitido descubrir las diversas maneras de influir en las personas, ya sea en grupos o individualmente. El resultado neto de estos estudios ha sido la bien comprobada demostración del enorme poder de las técnicas de modificación del comportamiento, la conformidad generalizada y la obediencia a la autoridad. Estos tres factores son conocidos en términos psicológicos como «procesos de influencia». Uno de los descubrimientos más notables de la psicología social es que en nuestros intentos por encontrar la respuesta más apropiada a la situación social, a veces respondemos con información que recibimos de forma inconsciente.

Por ejemplo, una clase de estudiantes de psicología «conspiró» para emplear las técnicas de modificación de comportamiento con su profesor. Mientras éste les dictaba la clase, los estudiantes sonreían y se mostraban atentos cuando él se movía hacia la izquierda de la habitación. Cuando se movía hacia la derecha, adoptaban un aire de aburrimiento y de falta de atención. Al cabo de poco, el profesor comenzó a desplazarse siempre hacia la izquierda, y después de unas cuantas clases daba sus explicaciones apoyado en la pared izquierda.

Y ahora llegamos al punto clave: cuando los estudiantes hicieron partícipe de la broma al profesor, éste insistió en que nada de esto había sucedido, que le estaban tomando el pelo. No le parecía extraño que se apoyara en la pared, y declaró enojado que era su estilo personal de dar las clases, algo que había escogido por su propia voluntad. Era del todo inconsciente de cómo había sido influido.

Desde luego, en circunstancias normales, la gente de nuestro entorno no está conspirando en secreto para hacernos algo. Simplemente actúan más o menos de la forma en que han sido culturalmente condicionados a actuar, lo que a su vez nos condiciona a nosotros. Ésta es la manera, después de todo, en que una cultura se perpetúa a sí misma. En una secta destructiva, sin embargo, el proceso de modificación del comportamiento se monta alrededor de los nuevos reclutas, que por supuesto no tienen ni la menor idea de lo que está pasando.

Si las técnicas de modificación del comportamiento son poderosas, también lo son las influencias de conformidad y obediencia a la autoridad. Un conocido experimento de conformidad realizado por el doctor Solomon Asch demostró que los individuos dudan de sus propias percepciones si son colocados en una situación social donde parece que las personas en las que más confía el grupo dan la respuesta equivocada a una pregunta. Otro psicólogo, Stanley Milgram, descubrió en unas pruebas de obediencia a la autoridad que más del 90 % de los sujetos examinados obedecían las órdenes aunque creyeran que al hacerlo causarían así sufrimientos físicos a otra persona. Milgram escribió: «La esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona llega a verse a sí misma como el instrumento que realiza los deseos de otra persona, y en consecuencia no se considera ya responsable de sus propias acciones» (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 4).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Experiencia En La Secta (VI)

febrero 9, 2007

Steven Hassan.

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8. Altibajos emocionales

La vida en la secta es como un viaje en una montaña rusa. El adepto oscila entre la felicidad extrema de experimentar la «verdad» junto a una élite privilegiada, y el aplastante peso de la culpa, el miedo y la vergüenza. Los problemas son siempre debidos a su incapacidad, no a la del grupo. Es el eterno culpable por no alcanzar las metas. Si plantea objeciones, se le aplicará el «tratamiento de silencio» o se le trasladará a otra parte del grupo.

Estos extremos imponen una pesada carga en la capacidad de la persona para funcionar. Cuando los miembros están «arriba», pueden convertir su celo en una gran productividad y capacidad de persuasión. Pero cuando caen, se transforman en unos completos inútiles.

La mayoría de las sectas no permiten que los «bajones» duren demasiado tiempo. Un procedimiento habitual consiste en someterlo nuevamente al adoctrinamiento para que vuelva a funcionar. No es raro que alguien reciba un adoctrinamiento formal varias veces al año. Algunos de los miembros más antiguos se queman sin llegar a renunciar. Estos individuos ya no pueden soportar por más tiempo la carga o la presión para que rindan, y comienzan a señalar las incongruencias en la política del grupo. Se les puede enviar a que realicen tareas manuales en lugares alejados donde no molesten, y se espera que permanezcan allí durante el resto de su vida; o si se convierten en una carga, se les pide (o se les ordena) que se marchen. A uno de mis clientes le habían enviado de vuelta con su familia, después de diez años en la secta, porque había comenzado a solicitar que le trataran mejor y que le dejaran dormir un poco más (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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La Flojera En Los Del Opus Dei

febrero 5, 2007

Ivan de ExOpus

En determinados momentos de la estancia en la Obra —normalmente de forma cíclica— pueden aparecer en el sujeto los siguientes síntomas:

1. Desgana general, pero sobre todo para cumplir las normas del plan de vida.

2. No poner en práctica lo tratado en la confidencia (dirección espiritual).

3. Olvido a lo largo de la jornada de los propósitos de los exámenes de conciencia.

4. Dejarse sin hacer un número de normas del plan de vida, que con frecuencia no son las mismas de un día para otro.

5. Rechazo profundo a hacer la confidencia.

La raíz de la poca autoestima de los de la Obra se debe en gran parte a que no se le valora al sujeto lo mucho positivo que tiene, sino lo poco negativo (cada semana te atormentan por la vez que no hiciste la lectura espiritual y por los dos días que has retrasado la visita al Santísimo y nunca te motivan por las siete horas de oración mental, por el mismo número de rosarios, de misas, porque has entregado todo tu sueldo del mes, etc.). Eso supone que cada una de las confidencias de quienes padecen el síndrome del que hablamos vaya acompañada de una bronca por parte del director, que en vez de elevar la moral del sujeto, le hunde aún más.

Causas.

Ya hemos visto en otro lugar como la mayoría entra en el Opus Dei por la inmadurez de su edad, por la confianza en los directores cuando te dicen que tienes vocación y por el acoso sucesivo al que te han sometido y al que te acabas acostumbrando. Primero te importunan sin descanso para que vayas al centro, luego a las meditaciones, después para que te confieses con el cura de allí, y así hasta que te ven maduro para el asalto final: plantearte que lo dejes todo para el Opus Dei (aunque te dicen que es para Dios, mas como en la Obra hay tanta falta de respeto a los derechos humanos y a las leyes de la Iglesia, no me creo que el Opus Dei sea muy de Dios).

Una vez que estás dentro es una falta grave dudar de la vocación por lo que con esta culpabilidad que inculcan el Opus Dei cierra el cepo que desde un principio te había preparado. A lo anterior se suma el que te embeben en la creencia de que fuera de la Obra no hay felicidad alguna para ti (como ejemplo nuevo: en los medios de formación no es raro oír que si no hubiera sido por nuestra vocación al Opus Dei, muy posiblemente Dios no nos habría creado).

Con el tiempo esa esclavitud psicológica y espiritual hace que el único gozo que recibas por tu actuar sea el derivado de complacer a los directores, el de satisfacerles en la confidencia, el de evitar que te acosen más; lo que te va quitando poco a poco las ganas de vivir.

Un inciso. En la Obra se acaban haciendo las cosas no por Dios, sino por la presión humana a que te someten los directores. Por eso cuando cesa ese acoso, al dejar el Opus Dei (con la cabeza y no sólo físicamente), lo normal es que se dejen de cumplir las normas del plan de vida que te enseñaron allí, y que tan sólo permanezcan las que vivías antes de acercarte a la Obra, las que adquiriste por una elección voluntaria y no por coacción.

Volvamos al tema. Las reacciones inconscientes para sacarte de ese estado son tres, que habitualmente se dan mezcladas: el fanatismo, llevar una doble vida (compensaciones) y caer en un estado de tristeza vital.

Para aliviar esa tensión a la que el sujeto está sometido, y de la que no ve salida, hay algunos que se vuelven más papistas que el papa. Son los fanáticos extremos (el resto sólo lo es en un grado relativo) que para no sufrir dejan de pensar por si mismos, aceptan a píes juntillas lo que les predican los directores y se dedican a defender al Opus Dei de forma irracional y desmedida. Con los fanáticos absolutos es imposible razonar.

Para el resto —aquellos que no consienten en transformarse en unos irracionales completos— va pasando el tiempo, y las contradicciones entre la teoría y la práctica del Opus Dei, la sensación de sentirse en una trampa de la que no pueden salir, el agotamiento proselitista, etc., llevan al estado predepresivo antes visto, que el Opus Dei designa como de pereza y falta de visión sobrenatural.

Cuando aparece antes de hacer la fidelidad (incorporación definitiva al Opus Dei), lo que el cuerpo está pidiendo a gritos es que los directores te echen de la Obra, que vean que eres un flojo, que no les vales, y que por ello te pidan que el próximo 19 de marzo no renueves.

Es admirable la sabiduría del cuerpo. Estás mal en la Obra, cada vez peor, no puedes irte voluntariamente porque eso sería tu perdición temporal y eterna, por lo que desde lo profundo se desarrolla en ti la estrategia de transformarte en alguien inútil para el Opus Dei, para que así sean ellos los responsables de tu salida de la Obra, por lo que al no ser una decisión voluntaria tuya esos anatemas de desgracias ya no te ocurrirán.

¡Cuantísimos habrán sido echados del Opus Dei gracias a esta inteligencia subconsciente!

La vida en la Obra es como estar en un carrusel afectivo: a unos momentos de euforia extrema les siguen otros de profunda tristeza.

Si tras hacer la fidelidad es cada vez mayor la duración e intensidad de los periodos con este síndrome de flojera, y si el sujeto no los amortigua llevando una hipócrita doble vida (con compensaciones no permitidas que liberan las tensiones) o dejando el Opus Dei, se termina irremisiblemente en una enfermedad. La más frecuente es la depresión, pero también paranoia, eccemas, úlceras de estómago, alteraciones en la columna vertebral, etc.

Lo anterior explica el porqué muchas enfermedades con años de evolución desaparecen casi milagrosamente al poco de dejar el Opus Dei.

Mas si se sale de la Obra, la condición imprescindible para curarse es que se le abandone con la cabeza y no sólo con el corazón y con el cuerpo. Poco se gana si la persona sigue creyendo y sintiendo que va a ser una desgraciada por haber tirado por la borda el don inefable y único para su felicidad de la vocación al Opus Dei, sin el cual Dios no la habría creado.exopus.jpg


Nuevo Boletín Mensual

diciembre 30, 2006

Nombre del Boletín: «ExOpus: Los Otros Del Opus Dei».

Dirección del Grupo: www.domeus.es/groups/exopus

Descripción: Boletín mensual para difundir el índice de los libros y escritos importantes sobre el «Otro» Opus Dei (con una breve reseña) aparecidos en Internet durante el mes anterior (no sólo los de ExOpus).

Con una periodicidad variable se mandarán números extraordinarios con objeto de que al final quede reseñado todo lo existente sobre el tema (añadiéndose de esta manera al primer envío, poco a poco, lo publicado con anterioridad a él).

No se descarta en el futuro la ampliación a otro tipo de noticias y servicios.

Para suscribirse por e-mail: exopus-subscribe@domeus.es

AVISO: Se ha de confirmar la suscripción reenviando el e-mail que recibes para ese fin. A veces se pierde el mensaje original porque hay servidores que lo consideran spam y lo filtran. Por tanto, sí en un plazo prudencial no recibís dicho e-mail (10 minutos, por ejemplo), lo mejor es que vayáis a la Web de Domeus y os inscribáis allí ya que a las 24 horas el servidor destruye automáticamente los mensajes no confirmados (sí pasa ese plazo os tenéis que inscribir de nuevo).

Para suscribirse a través de la Web o para consultas:

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Para enviar mensajes al Grupo: exopus@domeus.es

Los mensajes que mandéis no se publican (ya que sólo se hace con el Boletín), pero son un medio para contactar con los administradores.

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NOTAS:

1. El e-mail que recibáis lleva adjunto el Boletín en formato de libro electrónico (puede verse como una página Web en cualquier ordenador, sin necesidad de ningún otro programa). Para leerlo basta con hacer doble clic sobre él.

2. Los datos que aportéis en la inscripción (dirección de correo, nombre, etc.) son «absolutamente» confidenciales.

3. Por las fechas navideñas en que nos encontramos, y en espera de tener un número suficiente de suscriptores, el primer Boletín conteniendo las novedades de diciembre se enviará el día 7 de enero de 2007 a las 20:00 horas de España. Los siguientes se mandarán el día 1 de cada mes a las 07:00 horas.

4. Los suscritos pueden acceder a los envíos a través de la Web del Grupo en Domeus (antes hay que completar la inscripción allí), también se puede elegir leerlo (o descargarlo) en ese lugar y no recibirlo por e-mail.

5. El que tenga intención de suscribirse, que lo haga cuanto antes.

Ivan de ExOpus

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La Muerte Civil De Quienes Dejan El Opus Dei

diciembre 26, 2006

Ivan de ExOpus

Una manifestación de cómo el Opus Dei se considera inconscientemente como Dios se halla en lo que se ha denominado «la muerte civil» de los que dejan la Prelatura. Si Dios es la fuente de la vida el que le abandona ha de morir, desaparecer de la existencia. Siguiendo esa tónica en el Opus Dei borran cualquier rastro de quienes se salen de su «divino seno». Trascribo dos testimonios sobre el tema. El primero es de una ex-numeraria y el segundo de Miguel Fisac, famoso arquitecto, y numerario desde 1936 hasta 1955.

El tema de la famosa muerte civil: así le denominó alguien en Opuslibros, y se refiere a que uno cuando sale no solamente deja de ser miembro o familia. Sencillamente ya no es, nunca fue. Un ejemplo lo viví en carne propia. Había pedido la llamada en ese entonces dispensa de vida en familia. Es decir que temporalmente viviría con mis padres mientras pensaba las cosas, pero sin dejar de tener mis compromisos con la Obra. Pues resulta que contra la costumbre de los centros, en los que está prohibido tener fotografías de los miembros (claro porque luego se les van y ocurre lo que ocurrió), en la sala de tertulias había una foto con las habitantes del último año. Y tal foto estuvo ahí por meses hasta que me fui con mis padres. ¿Cuál sería mi sorpresa y dolor de que, apenas a 1 semana de haberme ido, al volver al centro para tener mi círculo, la tan querida fotografía de la familia había desaparecido? Claro, yo era ya un mal recordatorio (recordatorio de infidelidad) para el resto de las habitantes.

Pero uno no desaparece únicamente de las fotos. Desaparece de la guía telefónica, desaparece del centro (porque incluso me obligaron a irme en un momento en que no estuviera ninguna otra numeraria fuera del consejo local y las mayores), desaparece de las conversaciones (es como poseer un nombre maldito, impronunciable), y casi como una orden soterrada termina desapareciendo del pensamiento de los que sí son fieles (Confrontación De Versiones Sobre La Salida De La Obra. Mar).

Yo creía que él [el fundador del Opus Dei] y todos los demás me tenían un gran cariño y por eso me dolía coger la puerta y marcharme. Yo les quería de verdad y los sigo queriendo, aunque no he encontrado esa reciprocidad en ellos. Pues para el que se va de allí, la norma es que no existe ya, se ha muerto, o como si fuera un enemigo al que hay que perseguir (Nunca Le Oí Hablar Bien De Nadie. Miguel Fisac).

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