Los Ocho Criterios De Lifton Sobre El Control Mental

abril 9, 2007

Rober J. Lifton & Steven Hassan

El siguiente extracto del libro de Rober J. Lifton titulado The Future of Inmortality and Other Essays for a Nuclear Age (“El futuro de la inmortalidad y otros ensayos para una era nuclear”) (Nueva York, Basic Books, 1987), es una amplia explicación de los ocho criterios que establece Lifton para definir el control mental. A pesar de que en el texto se los menciona entrecomillados, a continuación incluyo una lista para facilitar su identificación:

1. «milieu control»

2. «manipulación mística» (o «espontaneidad planeada»)

3. «exigencia de pureza»

4. «culto a la confesión»

5. «sacralización de la ciencia»

6. «la carga del lenguaje»

7. «doctrina sobre la persona»

8. «dispensación de la existencia»

El ensayo del que ha sido tomada esta selección se titula: «Sectas: el totalismo religioso y las libertades civiles». En el mismo, Lifton enmarca sus comentarios en relación a lo que él llama el «totalismo ideológico», o el entorno en el cual los chinos practicaban la modificación del pensamiento, tal y como él lo conoció a partir de la guerra de Corea.

El totalismo ideológico

La fenomenología que utilicé cuando escribí sobre el totalismo ideológico todavía me resulta útil, a pesar de que escribí aquel libro en 1960. La primera característica es el «milieu control», que consiste esencialmente en el control de la comunicación dentro de un entorno. Si el control es muy intenso, se convierte en un control internalizado, un intento para dominar la comunicación interior del individuo. Esto no se puede conseguir jamás de forma total, pero se puede llegar muy lejos. Es lo que a veces se llama «la visión del ojo de Dios» o la convicción de que la realidad es una posesión exclusiva del grupo. Resulta evidente que este tipo de proceso crea conflictos con respecto a la autonomía del individuo; si se busca o se consigue en un entorno semejante, la autonomía se convierte en una amenaza al «milieu control». El «milieu control», dentro de las sectas, tiende a ser mantenido y expresado de diversas maneras: el proceso del grupo, el aislamiento de las otras personas, la presión psicológica, la distancia geográfica o no disponibilidad de transporte y, algunas veces, la presión física. A menudo, hay una secuencia de acontecimientos, tales como seminarios, conferencias y reuniones de grupo, que cada vez son más intensas y más aisladas, haciendo extremadamente difícil, tanto física como psicológicamente, que uno pueda abandonar la secta.

Estas sectas difieren de los patrones del totalismo en otras sociedades. Por ejemplo, los centros de reformas que se utilizaban en China estaban, más o menos, de acuerdo con el ethos de la sociedad tal como evolucionaba en aquel momento y, por lo tanto, cuando uno se marchaba o entraba y salía de esos centros, además encontraba un reforzamiento en el entorno. Las sectas, en cambio, tienden a convertirse en islas de totalismo dentro de una sociedad más grande que, en su conjunto, se opone a estas islas. Esta situación puede crear una dinámica propia, y, en tanto que se debe mantener el «milieu control», los requerimientos se magnifican por esa situación estructural. Los líderes de las sectas a menudo deben profundizar su control y manipular el entorno de forma sistemática y, algunas veces, con mayor intensidad, para poder mantener la isla de totalismo dentro del mundo exterior, que es su antagonista.

La imposición de un intenso «milieu control» está muy vinculada al proceso de cambio. (Esto explica en parte por qué puede producirse un súbito abandono de la identidad sectaria cuando una persona joven, que ha estado en la secta por algún tiempo, entra bruscamente en contacto con las influencias alternativas del exterior). Uno casi puede observar el proceso en algunos jóvenes que sufren un cambio dramático en su identidad anterior, cualquiera que ésta fuera, para abrazar el sistema de creencias de la secta y la estructura del grupo. Yo lo considero como una forma de doblaje: se forma un segundo yo que vive codo a codo con el yo primitivo, aunque en cierta forma autónomo. Como es obvio, debe existir algún elemento de conexión para integrar un yo con el otro. De no ser así, la persona en su conjunto no podría funcionar -aunque la autonomía de cada yo es impresionante-. Cuando se elimina el «milieu control» al apartar, por el medio que sea, al adepto del entorno totalista, vuelve a afirmarse algo del primitivo yo. El abandono puede ser voluntario o por la fuerza (o como ocurrió durante un juicio, en que el miembro de la secta se colocó al otro lado de la mesa, apartándose de los demás adeptos). Los dos yo pueden existir simultáneamente y entremezclados durante un tiempo considerable, y podría ser que estos períodos de transición fueran los más intensos y dolorosos psicológicamente, y potencialmente los más perjudiciales.

Una segunda característica general de los entornos totalísticos es lo que yo llamo «manipulación mística» o «espontaneidad planeada». Se trata de un proceso sistemático, planeado y dirigido desde arriba (por los líderes) pero que, en apariencia, surge de modo espontáneo dentro del entorno. Es necesario que este proceso no sea percibido como una manipulación, lo que plantea interrogantes filosóficos de mucha importancia. Algunos aspectos, como el ayuno, los cánticos y las vigilias, tienen una cierta tradición y han sido practicados por los grupos religiosos durante siglos. Ahora existe en las sectas un patrón por el cual, al ser humano convertido en el «elegido» se le considera como el salvador o como fuente de salvación. La manipulación mística puede tener una cualidad especial en estas sectas, porque sus líderes se convierten en portavoces de Dios. Los principios centrados en Dios son proclamados como argumentos irrebatibles y exclusivos, de tal forma que la secta y sus creencias se convierten en el único camino verdadero hacia la salvación. Eso puede otorgar intensidad a la manipulación mística y una justificación a los que se encargan de promulgaría y, en muchos casos, a los que son sus receptores.

En la medida en que hay un individuo especifico, un líder, que se convierte en el centro de la manipulación mística (o la persona en cuyo nombre se realiza), se produce un proceso que tiene dos vertientes. El líder puede ser algunas veces más real que un dios abstracto y, en consecuencia, más atractivo para los miembros de la secta. Por el otro lado, esta persona también puede ser motivo de desilusión. Si uno cree, como se ha dicho, que Sun Myung Moon (fundador de la Iglesia de la Unificación, y cuyos seguidores son conocidos comúnmente como los «Moonies») tiene vinculaciones con la Agencia Central de Inteligencia Coreana y esta información llega a conocimiento de los miembros de la Iglesia de la Unificación, su relación con la Iglesia puede verse amenazada por la desilusión que se experimenta respecto al líder. Nunca es así de sencillo, no se trata sólo de un patrón causa-efecto, pero estoy sugiriendo que este estilo de liderazgo tiene tantas ventajas como desventajas en cuanto a la lealtad sectaria.

Mientras que la manipulación mística conduce (a los adeptos) hacia lo que yo denomino la psicología del peón, también puede abarcar una legitimación del engaño (de los ajenos), el «engaño divino» de la Iglesia de la Unificación, aunque existen patrones análogos en los entornos de otras sectas. Si uno no ha visto la luz, y no está en el reino de la secta, uno se encuentra en el reino del mal y, en consecuencia, puede ser engañado justificadamente para cumplir con unos objetos más elevados. Por ejemplo, cuando los miembros de algunas sectas salen a recoger fondos, se considera correcto que nieguen su pertenencia a la secta cuando se les pregunta por ello. Se han dado casos de jóvenes que han pasado un tiempo en los centros de una secta sin que se les dijera de qué secta se trataba. La ideología totalista puede justificar, y a menudo justifica tales engaños.

Las otras dos características del totalismo, la «exigencia de pureza» y el «culto de la confesión» son habituales. La exigencia de pureza puede crear una cualidad maniquea en las sectas, al igual que en otros grupos religiosos y políticos. Esta exigencia requiere una separación radical entre lo puro y lo impuro, entre el bien y el mal, en el seno de un entorno y en uno mismo. La purificación absoluta es un proceso continuo. A menudo está institucionalizada, y, como fuente de estimulación de la culpa y la vergüenza, está ligada con el proceso de la confesión. Los movimientos ideológicos, cualquiera que sea su nivel, se apropian de los mecanismos de culpa y vergüenza del individuo para conseguir una influencia considerable sobre los cambios que él o ella sufre. Esto se consigue dentro de un proceso de confesión que tiene su propia estructura. Las sesiones en las que uno confiesa sus propios pecados van acompañadas de críticas y autocríticas, se realizan en el seno de pequeños grupos y motivan un activo y dinámico estímulo hacia el cambio personal.

Se podría hablar mucho más sobre la ambigüedad y complejidad de este proceso, y como Camus ha dicho: «Los autores de confesiones las escriben con el único fin de evitar la confesión, de no decir nada de lo que saben». Camus pudo haber exagerado, pero tenía razón al sugerir que las confesiones son una mezcla de lo que se revela y lo que se oculta. Una persona joven que confiesa los pecados anteriores a la secta o a su existencia preinstitucional puede, al mismo tiempo, creer en sus pecados y estar ocultando otras ideas y sentimientos de los que él o ella no es consciente o que no desea discutir. En algunos casos, estos pecados incluyen una continua identificación con la existencia anterior, como si tal identificación no hubiera sido totalmente desacreditada por el proceso de confesión. Las continuas confesiones son, muy a menudo, una expresión de arrogancia extrema en nombre de una aparente humildad. Cito una vez más a Camus:

«Yo practico la profesión de la penitencia con el propósito de acabar siendo juez» y «cuanto más me acuso a mí mismo, más derecho tengo a juzgar a los demás». Este es el tema central en cualquier proceso de confesión continuo, especialmente cuando se practica dentro de un grupo cerrado.

Los otros tres patrones que describo en relación al totalismo ideológico son la «sacralización de la ciencia», «la carga del lenguaje» y el principio de la «doctrina sobre la persona». Estas denominaciones casi se explican por si mismas. Yo pondría un énfasis especial en la sacralización de la ciencia, porque en nuestra era, algo tiene que ser científico además de espiritual para tener un efecto substancial sobre la gente. La sacralización de la ciencia puede ofrecer una gran seguridad a los jóvenes porque simplifica, en gran medida, el mundo. La Iglesia de la Unificación es un buen ejemplo, aunque no el único, de la necesidad contemporánea de combinar una serie de principios dogmáticos sagrados con la proclamación de una ciencia que encarna la verdad sobre el comportamiento y la psicología humana. En el caso de la Iglesia de la Unificación, su pretensión de ofrecer una ciencia humana irrebatible se refuerza con la invitación a destacados científicos e intelectuales (que, por lo general, cobran abultadas dietas) para que participen en simposios en los cuales se destaca la importancia de la unificación del pensamiento; los participantes expresan libremente sus opiniones, pero lo que interesa es su presencia, que contribuye a dar una apariencia de legitimidad intelectual.

La expresión «carga del lenguaje» se refiere a la literalización del lenguaje, y a las palabras o imágenes que se convierten en Dios. Un lenguaje muy simplificado puede parecer que está cargado de frases hechas, pero tiene un enorme atractivo y poder psicológico en su propia simplificación. Debido a que todos los problemas, y los jóvenes tienen muchos y muy complicados, pueden ser reducidos a unas frases que poseen una coherencia interior, uno puede decir y sentir que ha alcanzado la verdad. Hay respuestas para todas las preguntas. Lionel Trilling lo ha designado como el «lenguaje de no-pensar», porque siempre hay una frase hecha o un lema al cual se pueden reducir las preguntas más difíciles y complejas.

El patrón de la doctrina sobre la persona se presenta cuando existe un conflicto entre lo que uno siente que experimenta y lo que la doctrina o el dogma dice que uno deberla experimentar. El mensaje internalizado en un entorno totalístico dice que uno debe buscar la verdad del dogma y someter su propia experiencia a esta verdad. A menudo, experimentar esta contradicción, o el hecho de admitir que ha existido, puede ser inmediatamente asociado con la culpa, o bien (con el propósito de mantener a una persona sometida a la doctrina) puede uno verse condenado por los demás de una manera que lleva rápidamente a la asociación con la culpa. Se le hace sentir que las dudas son un reflejo de la propia maldad. Sin embargo, las dudas siguen planteándose, y cuando el conflicto se hace muy intenso, las personas se marchan. Esta es la dificultad más frecuente en muchas sectas: mantener la afiliación es un problema más grave que el dinero.

Por último, la octava, y quizás la más general y significativa de estas características, es la que yo llamo «dispensación de la existencia». Este principio es habitualmente una metáfora. Pero si uno tiene una visión absoluta o totalística de la verdad, entonces aquellos que no han visto la luz, que no han abrazado la verdad, que de alguna manera están en las sombras, están inmersos en el mal, son impuros y, por lo tanto, no tienen derecho a la existencia. Aquí entra en juego una dicotomía: «el ser versus la nada».

Los impedimentos para legitimar el ser deben ser apartados o destruidos. El que esté ubicado en la segunda categoría, el que no tiene derecho a existir, puede experimentar psicológicamente un miedo tremendo a la extinción interior. Sin embargo, cuando uno es aceptado, puede sentir una gran satisfacción al considerarse como parte de una elite. En condiciones más malignas, la dispensación de la existencia, la ausencia del derecho a existir, puede llegar a ser literal; se puede matar a la gente por sus carencias doctrinarias, como ha sucedido en demasiados lugares, incluyendo la Unión Soviética o la Alemania nazi. En el suicidio en masa ocurrido en el Templo de la Gente, en Guyana, un único líder pudo disponer de la dispensación de a existencia, o mejor dicho, la no existencia, por medio de una mística suicida que él mismo había integrado en la ideología del grupo. (Los informes posteriores basados en los resultados de las autopsias revelaron que se cometieron tantos asesinatos como suicidios.) El impulso totalístico de trazar una clara línea divisoria entre los que tienen derecho a existir y los demás, aunque pueden darse una serie de grados, puede ser un enfoque mortal para resolver los problemas humanos fundamentales. Y todos los enfoques relacionados con el totalismo o el fundamentalismo son doblemente peligrosos en la era nuclear.

Debo decir que, a pesar de estos problemas, ninguno de estos procesos es irrefutable. Uno de mis objetivos al escribir sobre ellos es contrarrestar la tendencia de nuestra cultura a negar que estas cosas existan; otro propósito es desmitificarlas, para que podamos comprenderlas en función de nuestros conocimientos sobre el comportamiento humano (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Apéndice A).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Algunos Principios Básicos De Psicología Social Y Dinámica De Grupo

marzo 5, 2007

La experiencia política de la segunda guerra mundial, en la que miles de individuos en apariencia normales tomaron parte en proyectos tales como el mantenimiento de los campos de concentración donde millones de seres humanos fueron asesinados, despertó un considerable interés entre los psicólogos. ¿Cómo fue posible que gente que llevaba una vida ordinaria antes de que Adolf Hitler se hiciera con el poder de Alemania, participara en un intento deliberado de exterminar a todo un grupo humano? Desde el final de aquel conflicto, se han realizado miles de experimentos de psicología social que han permitido descubrir las diversas maneras de influir en las personas, ya sea en grupos o individualmente. El resultado neto de estos estudios ha sido la bien comprobada demostración del enorme poder de las técnicas de modificación del comportamiento, la conformidad generalizada y la obediencia a la autoridad. Estos tres factores son conocidos en términos psicológicos como «procesos de influencia». Uno de los descubrimientos más notables de la psicología social es que en nuestros intentos por encontrar la respuesta más apropiada a la situación social, a veces respondemos con información que recibimos de forma inconsciente.

Por ejemplo, una clase de estudiantes de psicología «conspiró» para emplear las técnicas de modificación de comportamiento con su profesor. Mientras éste les dictaba la clase, los estudiantes sonreían y se mostraban atentos cuando él se movía hacia la izquierda de la habitación. Cuando se movía hacia la derecha, adoptaban un aire de aburrimiento y de falta de atención. Al cabo de poco, el profesor comenzó a desplazarse siempre hacia la izquierda, y después de unas cuantas clases daba sus explicaciones apoyado en la pared izquierda.

Y ahora llegamos al punto clave: cuando los estudiantes hicieron partícipe de la broma al profesor, éste insistió en que nada de esto había sucedido, que le estaban tomando el pelo. No le parecía extraño que se apoyara en la pared, y declaró enojado que era su estilo personal de dar las clases, algo que había escogido por su propia voluntad. Era del todo inconsciente de cómo había sido influido.

Desde luego, en circunstancias normales, la gente de nuestro entorno no está conspirando en secreto para hacernos algo. Simplemente actúan más o menos de la forma en que han sido culturalmente condicionados a actuar, lo que a su vez nos condiciona a nosotros. Ésta es la manera, después de todo, en que una cultura se perpetúa a sí misma. En una secta destructiva, sin embargo, el proceso de modificación del comportamiento se monta alrededor de los nuevos reclutas, que por supuesto no tienen ni la menor idea de lo que está pasando.

Si las técnicas de modificación del comportamiento son poderosas, también lo son las influencias de conformidad y obediencia a la autoridad. Un conocido experimento de conformidad realizado por el doctor Solomon Asch demostró que los individuos dudan de sus propias percepciones si son colocados en una situación social donde parece que las personas en las que más confía el grupo dan la respuesta equivocada a una pregunta. Otro psicólogo, Stanley Milgram, descubrió en unas pruebas de obediencia a la autoridad que más del 90 % de los sujetos examinados obedecían las órdenes aunque creyeran que al hacerlo causarían así sufrimientos físicos a otra persona. Milgram escribió: «La esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona llega a verse a sí misma como el instrumento que realiza los deseos de otra persona, y en consecuencia no se considera ya responsable de sus propias acciones» (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 4).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Experiencia En La Secta (VI)

febrero 9, 2007

Steven Hassan.

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8. Altibajos emocionales

La vida en la secta es como un viaje en una montaña rusa. El adepto oscila entre la felicidad extrema de experimentar la «verdad» junto a una élite privilegiada, y el aplastante peso de la culpa, el miedo y la vergüenza. Los problemas son siempre debidos a su incapacidad, no a la del grupo. Es el eterno culpable por no alcanzar las metas. Si plantea objeciones, se le aplicará el «tratamiento de silencio» o se le trasladará a otra parte del grupo.

Estos extremos imponen una pesada carga en la capacidad de la persona para funcionar. Cuando los miembros están «arriba», pueden convertir su celo en una gran productividad y capacidad de persuasión. Pero cuando caen, se transforman en unos completos inútiles.

La mayoría de las sectas no permiten que los «bajones» duren demasiado tiempo. Un procedimiento habitual consiste en someterlo nuevamente al adoctrinamiento para que vuelva a funcionar. No es raro que alguien reciba un adoctrinamiento formal varias veces al año. Algunos de los miembros más antiguos se queman sin llegar a renunciar. Estos individuos ya no pueden soportar por más tiempo la carga o la presión para que rindan, y comienzan a señalar las incongruencias en la política del grupo. Se les puede enviar a que realicen tareas manuales en lugares alejados donde no molesten, y se espera que permanezcan allí durante el resto de su vida; o si se convierten en una carga, se les pide (o se les ordena) que se marchen. A uno de mis clientes le habían enviado de vuelta con su familia, después de diez años en la secta, porque había comenzado a solicitar que le trataran mejor y que le dejaran dormir un poco más (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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El Opus Dei No Busca La Santidad De Los Suyos

enero 2, 2007

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Ivan de ExOpus

No hay máquinas para fabricar santos en serie, clones pétreos hechos con recetas genéricas. Por el contrario, cada persona ha de ser tratada con esmero, como una pieza única en manos de quien la dirige espiritualmente.

Esto lo entiende muy bien san Josemaría cuando nos cuenta en el punto 60 de su libro Camino:

Si no levantarías sin un arquitecto una buena casa para vivir en la tierra, ¿cómo quieres levantar sin Director el alcázar de tu santificación para vivir eternamente en el cielo?

El que desea levantar un «alcázar» de ninguna manera le confía el proyecto al primer maestro de obras que aparezca, y se rebelará con todas sus fuerzas si además se lo pretenden imponer. Para un edificio de esa categoría se precisa un arquitecto experimentado y que sintonice con el dueño de la construcción. Y es de sentido común que ese arquitecto sea elegido por quien construye.

Siguiendo el símil del Fundador del Opus Dei lo mismo ha de aplicarse al Director espiritual: para algo tan importante como es la santidad, lo mínimo que se debe dar es la libertad para elegirle.

—oOo—

¿Por qué entonces en el Opus Dei el Director espiritual es impuesto?

Leámoslo en la última edición del Catecismo del Opus Dei (el subrayado es mío):

215. -¿Quiénes ejercen la dirección espiritual personal, en cuanto a las disposiciones interiores?

Ejercen la dirección espiritual personal, en cuanto a las disposiciones interiores, los Directores y los sacerdotes de la Obra. […] Para comprender lo anterior, ha de tenerse presente que es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual, y nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla. Por tanto, quienes no han recibido esa misión del Padre o de los Directores Regionales, no pueden ser buenos pastores.

Por eso, en la Obra la dirección espiritual personal existe sólo in actu: cuando el Director escucha la Confidencia, y cuando el sacerdote confiesa o atiende charlas de dirección espiritual.

Si son muchos los miembros adscritos al Centro, los Directores pueden servirse, por indicación o con permiso del Vicario Regional, de otros miembros experimentados, para que les ayuden en su trabajo espiritual de dirigir a los demás.

221. -Estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, ¿será conveniente que las tengan entre sí algunas veces los fieles del Opus Dei?

Nunca será conveniente que los fieles del Opus Dei tengan entre sí estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora – o la persona que los Directores determinen – y el sacerdote designado.

Además, si no se evitasen esas confidencias con otras personas, se podría dar lugar a grupos o amistades particulares, y se podría fomentar en algunos una curiosidad indebida sobre asuntos que no les incumben.

Los fieles pueden abrir libre y espontáneamente su alma al Director local y a la persona con la que hacen la Confidencia. Más aún, se recomienda vivamente esta Costumbre, en la que tanto insistió siempre nuestro Fundador, que todos han de cuidar fidelísimamente y que denota buen espíritu: pues es interés de cada miembro hablar con su Director, para obtener de su prudencia, fortalecida por la gracia del cargo, consejo y dirección en sus dudas y en la lucha ascética, y así adquirir y practicar las virtudes cristianas y progresar en la vida interior.

—oOo—

Ahí queda claro que el Director espiritual les es impuesto a los del Opus Dei por la Institución. Y eso es así porque es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual, y nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla. Eso implica que el Opus Dei, contra toda norma de sentido común, y mandato de la Iglesia, expropia a los suyos del derecho inalienable de elegir al Director espiritual. Y cierra cualquier puerta para hacerlo de otra manera ya que nunca será conveniente que los fieles del Opus Dei tengan entre sí estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora.

¿No es un contrasentido que el Opus Dei predique de sí mismo que es un camino de santificación para después hacerlo muy difícil al imponerles a los suyos al Director espiritual? ¿Qué sentido puede tener esa exigencia antiespiritual?

La explicación nos la da ese mismo catecismo de la Obra en su punto 217:

¿Cuál es el objeto de la Confidencia?

El objeto de la Confidencia [Dirección espiritual], llena de sinceridad, que periódicamente debe tener cada miembro con el Director local o con la persona designada por los Directores, es identificar su espíritu con el de la Obra y mejorar sus actividades apostólicas.

—oOo—

CONCLUSIONES:

1) Con la Dirección espiritual el Opus Dei no busca la santidad de las personas (levantar el alcázar de su santificación para vivir eternamente en el cielo).

2) Sino hacer de los suyos unos clones de su Fundador al llevarles a identificar su espíritu con el de la Obra.

3) Y unos esclavos de los mandatos de quienes están en el vértice de su estructura porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora -o la persona que los Directores determinen- y el sacerdote designado; y quienes no han recibido esa misión del Padre o de los Directores Regionales, no pueden ser buenos pastores.

4) Y para implantarlo se inventan que no es la persona concreta quien imparte la Dirección espiritual ya que nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla.

5) Sino la Obra cuando se apropia esa facultad al ordenar que es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual.

Iván

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Nuevo Boletín Mensual

diciembre 30, 2006

Nombre del Boletín: «ExOpus: Los Otros Del Opus Dei».

Dirección del Grupo: www.domeus.es/groups/exopus

Descripción: Boletín mensual para difundir el índice de los libros y escritos importantes sobre el «Otro» Opus Dei (con una breve reseña) aparecidos en Internet durante el mes anterior (no sólo los de ExOpus).

Con una periodicidad variable se mandarán números extraordinarios con objeto de que al final quede reseñado todo lo existente sobre el tema (añadiéndose de esta manera al primer envío, poco a poco, lo publicado con anterioridad a él).

No se descarta en el futuro la ampliación a otro tipo de noticias y servicios.

Para suscribirse por e-mail: exopus-subscribe@domeus.es

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3. Por las fechas navideñas en que nos encontramos, y en espera de tener un número suficiente de suscriptores, el primer Boletín conteniendo las novedades de diciembre se enviará el día 7 de enero de 2007 a las 20:00 horas de España. Los siguientes se mandarán el día 1 de cada mes a las 07:00 horas.

4. Los suscritos pueden acceder a los envíos a través de la Web del Grupo en Domeus (antes hay que completar la inscripción allí), también se puede elegir leerlo (o descargarlo) en ese lugar y no recibirlo por e-mail.

5. El que tenga intención de suscribirse, que lo haga cuanto antes.

Ivan de ExOpus

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Dios No Castiga Por Dejar El Opus Dei

diciembre 23, 2006

Consuelo & Ivan de ExOpus

Fui numeraria hace mas de 25 años entre al opus a los 14 años como muchos testimonios mi esposo me saco de las garras de ellos después de 2 años. Me case a los 20 años y mi matrimonio fue MUY DIFÍCIL y siempre creí que Dios se había enojado conmigo mi esposo era alcohólico drogadicto, siempre hubo problemas legales problemas económicos , infidelidades pero yo aguantaba porque a parte que mi amor era grande le pedía a Dios que el recapacitara por nuestros hijos que son 3 adolescentes de 17-15-12 años. Después de mucho rogar de muchas oraciones Dios escucho mis ruegos y hace 2 años 4 meses mi esposo entro a una clínica para rehabilitarse de sus adicciones, la vida parecía mejorar, hace 3 meses mataron a mi esposo y ahora soy viuda…..se fue el amor de mi vida y con el las ganas de vivir… mi pregunta DIOS SE ENOJO CONMIGO… no lo entiendo un día de los muchos que me quedo sola en casa esto de la computadora no se me da mucho di con la pagina de testimonios de opus pero aunque me parecen muy triste ninguno se parece a mi tragedia, aunque pienso que yo a la vida vine a sufrir, si me hubiera quedado en el opus hubiera sido muy muy triste como muchos testimonios pero como quiera ha SIDO MUY DIFÍCIL… me pregunto porque mis hijos tenían ellos que sufrir, los problemas con el alcohol y las drogas de mi esposo también me siento culpable… le pido oraciones por mi y mis hijos… les deseo feliz navidad aunque yo estoy destrozada y con ganas de quitarme la vida pero no puedo… DESDE MÉXICO CONSUELO

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Estimada Consuelo:

Los del Opus Dei tienen por dogma de fe las palabras de su Fundador sobre el futuro de aquellos que dejan la Institución cuando repiten sus palabras de que no daba un duro por el alma de aquel que tuviera vocación y dejara la Obra, que quien dejaba la Obra además de perder la felicidad temporal casi seguro que también perdía la eterna, que si no pasábamos por su cabeza y por su corazón no llegaríamos a Dios, que prefería que le dijeran de un hijo suyo que se había muerto antes de que había dejado el Opus Dei, cuando nos pedía que rezáramos para que Dios permitiera que muriéramos antes que dejar la Obra, etc. Con esa mentalización tan profunda el Opus Dei provoca en las personas un daño muy intenso, subconsciente y hondo; ya que te hacen creer a píes juntillas que él y su fundador son Dios, por lo que si se les dejas te quedas por siempre sin el auxilio divino, sin el cual eres un candidato perfecto para llevar una vida infeliz y condenarte después de muerto.

Mientras estás en el Opus Dei eso se traduce por la forma que se tienes de interpretar los males ajenos. Por ejemplo, si a un supernumerario del Opus Dei se le muere un hijo en accidente, eso es visto por los de dentro como un don de Dios que bendice a esa persona con la Cruz. Lo mismo para un ex-numerario supone un castigo de Dios por haber dejado la Obra. Esa interpretación tan dispar es fruto de la mentalización de la que hemos hablado antes.

Consuelo, ¿no será que usted aún no ha abandonado esas falsas creencias?

Reconoce que salir del Opus Dei fue bueno para usted: mi esposo me saco de las garras de ellos. Pero ante las dificultades de su vida siempre creí que Dios se había enojado conmigo. Y esa creencia es tan fuerte en usted que mi pregunta [es sí] DIOS SE ENOJO CONMIGO… Aunque al reconsiderar lo malo que era estar en la Obra se debate en dudas. Reconoce que aunque pienso que yo a la vida vine a sufrir, pero por otra parte si me hubiera quedado en el opus hubiera sido muy muy triste como muchos testimonios pero como quiera ha SIDO MUY DIFÍCIL…

Se da cuenta de que AÚN NO HA ABANDONADO LAS FALSAS CREENCIAS CON LAS QUE FUE METALIZADA POR EL OPUS DEI.

Es frecuente que quien es arrancado del Opus Dei por el corazón, el que se va por amor a una persona, lo haga con un fuerte complejo de culpabilidad ya que con su salida no abandona la mentalización de la que hemos hablado. Es más, muchos esperan ser castigados por Dios por haber sido un Judas para Él, que es lo que se afirma en los medios de formación de la Obra de aquellos que voluntariamente la abandonan.

Para estas personas la vida es mucho más dura que para el resto de los mortales. Sí las cosas les van bien se encuentran a la expectativa del momento en el que les “vendrá el castigo”, por lo que no las disfrutan. Cuando les van mal ven en ello la mano justiciera de Dios con la que aplasta su insolencia de haber sido un apóstata al dejarle cuando se salió del Opus Dei.

Creo que en esta situación se encuentra usted. Abandonó físicamente el Opus Dei hace 25 años, pero aún viven en su interior las mentiras que allí le imbuyeron.

Por otra parte, como dice el refrán: en todas partes cuecen habas y en mi pueblo a calderadas. El sufrimiento es un ingrediente que acompaña a la vida. En la oración de la Salve todos cuantos la rezan, sean del Opus Dei o no, de España o de México o de Rusia o de donde sea, todos dicen a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas porque nadie se escapa de regar el mundo con sus llantos.

Sus penalidades han sido muy grandes pero ha de ver que nadie escapa a ellas. Sin ir más lejos yo. Por dejar la Obra me echaron del trabajo; al poco tiempo se murieron mis padres y me vinieron algunas desgracias más; por lo que me quedé solo, sin trabajo, y para rematarlo caí en una profunda depresión en la que solamente deseaba morirme.

Los noticiarios están preñados de sufrimientos: una madre que en un accidente de tráfico pierde a sus tres hijos, una bomba terrorista que deja huérfanos a dos niños, un autocar que vuelca y mueren siete personas, una rata que se come la mano a un lactante, y sería interminable la enumeración de casos.

Quizás por un cierto pudor todos procuramos mostrar en público nuestras facetas más agradables, de tal manera que cuando paseamos por la calle da la impresión de que todo el mundo es feliz. Pero no es así. Antes o después la vida de cada persona se sumerge en el baño del dolor .

Le cuento esto para que comprenda que usted no es la única que pasa o ha pasado por grandes penalidades.

Nadie es capaz de quitarle de golpe el dolor por la muerte de su esposo, eso es algo que tan sólo el tiempo remedia. Pero si que puede aliviarse, y mucho, si ve con claridad que DIOS NO TIENE QUE CASTIGARLA POR HABER DEJADO EL OPUS DEI, entre otras razones porque las practicas anticristianas e inhumanas que la Obra utiliza son incompatibles con Él.

Para Dios no hay hijos de primera y de segunda categoría. Él es Amor y con independencia de defectos, pecados o debilidades la ama a usted tanto como al Papa, al Presidente del gobierno, a Hitler, al fundador del Opus Dei, a san Francisco de Asís o a mí. En los momentos de dolor apóyese en esta verdad. En que Dios la ama sin mirar sus defectos, y que por ello no la abandona nunca. Y con esta visión llénese de la esperanza de que le van a venir momentos mejores.

Pero sobre todo, Consuelo, ¡POR EL AMOR DE DIOS APARTE DE SU CABEZA DE UNA VEZ POR TODAS QUE HIZO ALGO MALO CUANDO SE FUE DEL OPUS DEI!

Le propongo un ejercicio mental. Cada vez que le ronde por la cabeza algo malo de su vida afirme con convicción y seguridad: ESTO OCURRIÓ PORQUE TENÍA QUE OCURRIR, NO COMO UN CASTIGO POR HABER DEJADO EL OPUS DEI. Y cuando recuerde algo grato de su existencia fuera de la Obra haga lo mismo diciéndose DOY GRACIAS A DIOS POR HABERME SACADO DEL OPUS DEI, YA QUE SI NO HUBIERA SIDO ASÍ ESTO NO ME HABRÍA PASADO.

Por último, sumando las fechas a las que hace referencia, usted debe tener 42 o 43 años. Con tres hijos. CONSUELO, TIENE POR DELANTE OTRA VIDA QUE VIVIR. Piense en la felicidad que le espera cuando encuentre una nueva pareja (sí es lo que quiere), la de ver a sus hijos casados y por fin contentos, la de agarrar entre los brazos a sus nietos… y que esas realidades sean el motor que la hagan abandonar los sentimientos de querer morirse.

Quedo a su disposición. No piense que me molesta el que me escriba, pues intentar aliviar a los que lo pasan mal por culpa del Opus Dei es una de las razones por las que abrí este sitio.

Por supuesto que rezo y rezaré por usted. Y, unido a la seguridad de que estos malos momentos van a arreglarse, yo también le deseo una Feliz Navidad.

Iván

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Experiencia En La Secta (IV)

diciembre 20, 2006

Steven Hassan & Iván.

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5. La obediencia total: imitación del líder

Al nuevo miembro se le induce muy a menudo a que abandone sus antiguos patrones de comportamiento y se convierta en un «dedicado», mediante el aparejamiento con otro miembro más antiguo de la secta que será el modelo que deberá imitar. Se urge al recién llegado a que sea esa otra persona. También se incita a los líderes de nivel medio a que copien a sus superiores, siendo el mismísimo líder supremo el modelo final que todos deberán imitar.

Una razón para que hasta al más ingenuo de los observadores le resulten algo raros los miembros de una secta es que todos tienen los mismo modales, usan prendas muy similares y hablan de la misma manera. Lo que el observador está viendo es la personalidad del líder transmitida a través de varias etapas de modelado.

6. La felicidad a través del buen rendimiento

Una de las más atractivas cualidades de la vida en las sectas es el sentido de comunidad que inspira. Al principio el amor parece ser incondicional e ilimitado, y los nuevos miembros se ven arrastrados a una luna de miel llena de alabanzas y atenciones. Pero al cabo de unos meses, conforme el adepto se involucra más en la secta, las alabanzas y las atenciones se vuelcan hacia los nuevos reclutas. El miembro de la secta aprende que el amor no es incondicional, sino que depende de su buen rendimiento.

Los comportamientos son controlados a través de las recompensas y castigos. Se utiliza la competencia para estimular y avergonzar a los miembros a fin de que sean más productivos. Si las cosas no van bien -se consiguen pocos reclutas, ataques de la prensa, deserciones- es una falta personal del miembro, y su ración de «felicidad» le será retenida hasta que el problema sea solucionado. En algunas sectas piden a los individuos que confiesen sus pecados para tener garantizada la «felicidad» y, en caso de que no recuerden ninguno, que se los inventen. Al final llegan a creer que de verdad han cometido los pecados inexistentes

Las buenas amistades representan un riesgo, y son desalentadas con disimulo por los líderes. El compromiso emocional del miembro de una secta debe ser vertical (hacia el líder), no horizontal (hacia sus iguales). Los amigos son peligrosos, en parte porque si un miembro abandona la secta podría llevarse a otros con él. Cuando alguien deja el grupo, por supuesto el «amor» que se le dirigía se convierte en irritación, odio y burla.

Las relaciones dentro de estos grupos son por lo general superficiales, porque se desaconseja activamente compartir sentimientos íntimos, sobre todo los negativos. Esta característica de la vida en una secta, prevalece incluso cuando el adepto siente que está unido a sus camaradas como nunca lo ha estado con cualquier otra persona. Cuando pasan vicisitudes (al recaudar fondos en el crudo invierno o bajo el tórrido sol del verano) o son perseguidos (la policía los arresta por infracciones de la ley o son molestados por personas extrañas), tienen una excepcional sensación de profunda camaradería y de compartir el martirio. Pero ya que la única fidelidad real es hacia el líder, una observación más profunda demuestra que tales lazos en el fondo son débiles, y a veces producto de la fantasía (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

—oOo—

Tras haber editado ese fragmento, no puedo resistirme a añadir como se vive la amistad en el Opus Dei (que guardaba para un siguiente envío, pero que creo es mejor ponerlo aquí). Comprobamos como es exacto a lo descrito arriba.

Reproducción el punto 212 de la última edición (2003) del Catecismo del Opus Dei, volumen que resume los mandatos de la Obra para los suyos:

212. -Estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, ¿será conveniente que las tengan entre sí algunas veces los fieles del Opus Dei?

Nunca será conveniente que los fieles del Opus Dei tengan entre sí estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora – o la persona que los Directores determinen – y el sacerdote designado.

Además, si no se evitasen esas confidencias con otras personas, se podría dar lugar a grupos o amistades particulares, y se podría fomentar en algunos una curiosidad indebida sobre asuntos que no les incumben.

Los fieles pueden abrir libre y espontáneamente su alma al Director local y a la persona con la que hacen la Confidencia. Más aún, se recomienda vivamente esta Costumbre, en la que tanto insistió siempre nuestro Fundador, que todos han de cuidar fidelísimamente y que denota buen espíritu: pues es interés de cada miembro hablar con su Director, para obtener de su prudencia, fortalecida por la gracia del cargo, consejo y dirección en sus dudas y en la lucha ascética, y así adquirir y practicar las virtudes cristianas y progresar en la vida interior.

—oOo—

Esa anulación y control de la amistad no sólo es contraria al Espíritu de Cristo (y condenada por la Iglesia), sino que también, como podemos ver comparándolo con lo recogido arriba del libro de Hassan, un método empleado por las sectas para despersonalizar y esclavizar a quienes caen en sus redes.

Iván

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Experiencia En La Secta (III)

diciembre 16, 2006

Steven Hassan.

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4. La voluntad del grupo sobre la voluntad individual

En todas las sectas destructivas, el individuo deberá someterse al grupo. La «intención total» debe ser el foco; la «intención personal» debe quedar subordinada. En cualquier grupo definido como secta destructiva, pensar en sí mismo o para sí mismo está mal. El grupo es lo primero. La obediencia absoluta a los superiores es uno de los puntos en que coinciden la práctica totalidad de las sectas. El individualismo es el mal. La conformidad, el bien.

Todo el sentido de la realidad de un adepto se basa en referencias externas: aprende a ignorar su ser interior y confía en la figura autoritaria exterior. Aprende a mirar a los demás en busca de guía y significados. He observado que los miembros de base, sin excepción, tienen dificultades para tomar decisiones, tal vez por el excesivo énfasis puesto en las referencias externas. En este estado de extrema dependencia, los adeptos necesitan que alguien les diga qué deben pensar, sentir y hacer.

Los líderes de las diferentes sectas utilizan tácticas muy similares para fortalecer la dependencia. Con mucha frecuencia, envían a los miembros a nuevos lugares que éstos desconocen, les cambian los trabajos, los ascienden y degradan a su capricho, con el único fin de mantenerles desequilibrados. Otra técnica consiste en asignarles metas imposibles del alcanzar. Les aseguran que si son «puros» tendrán éxito, y les obligan a confesar que son «impuros» cuando fracasan (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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