El Cooperador Orgánico

mayo 24, 2007

Félix

CUENTO

…mientras espero me viene a la cabeza que hoy viernes 8 de mayo de 2020 hace diez años que me incorporé al Locus Christi como cooperador orgánico… ya lo quise hacer desde tiempo atrás pero el cura me salía con eso de que hasta que no cumpliera los 18 no podía realizar contratos ni elecciones importantes y cuando tengo la edad me viene con que primero se lo diga a mis padres ya que sin su bendición no me incorporaría habida cuenta de que lo mismo puedo ser cristiano en mi casa como con ellos puesto que no hay una vocación especifica para ser cooperador orgánico sino la misma de cualquier bautizado y seguía con lo de que el Locus Christi era un camino más entre tantos posibles para acercarse a Dios y que no pasaba nada de nada si uno no se unía a él… se lo dije a mi familia y mi padre preguntó a curas conocidos a asociaciones de prevención sectaria a amigos… y todos le dijeron que el Locus Christi era un nuevo movimiento católico pero que a diferencia de otros habían cuidado mucho que no tuviera rasgos sectarios… que no promovía una dependencia obligada y artificial a él por lo que yo sería el mismo de siempre… que no es de boquilla que no fuerzan a nadie ni a entrar ni a salir… vamos… que era un sitio muy bueno… lo que es la verdad de la verdad… mis padres me autorizaron y hoy hace diez años que me uní al Grupo… nada menos que diez años y se me han pasado como un soplo… que tardonas son las mujeres hace casi dos horas que se fue a la peluquería y en el mismo día que tenemos que ir a la celebración que me hacen por mi décimo aniversario de incorporación al Locus Christi… entiendo que haya una crisis de vocaciones en la Iglesia y no es como algunos te cuentan de que el mundo se aleja de Dios porque está muy corrompido sino porque los cristianos no tienen la vitalidad de Cristo y han dejado de atraer a las gentes… pues yo me digo que más corrompida que estaba Roma no lo está la sociedad de ahora pero entonces los cristianos si que tenían caridad y al amor nadie se le resiste y por eso convirtieron a quien hizo falta ya que solitos se acercaban a Jesús atraídos por sus discípulos… es una pena que tantas instituciones de la Iglesia de hoy con sus fríos preceptos y rígidas normas sigan siendo como las medievales cuando te forzaban a ser cristiano porque si no te aplicaban tormentos… pero ahora la sociedad civil ha logrado libertades para los suyos y al romperse los barrotes muchos cristianos han salido corriendo de la Iglesia… que don de Dios tan inmenso ha sido que me encontrara con el Locus Christi donde el plato fuerte es enseñarte las mil formas de hacer oración y el ayudarte a vivir en cada momento la que más te conviene… lo cierto es que cuando te encuentras de verdad con Dios no puedes por menos que amarle y ser amigo de cuantos te rodean y visitar a los enfermos a los presos a los marginados ayudar con tu dinero y lo que haga falta porque te sale de dentro sin que nadie te lo imponga y si no te surge te cuentan que debes estar tranquilo porque indica que la unión con Dios todavía no ha llegado a su punto y que ya ocurrirá… espero un rato más y si Teresa no llega me voy a por ella… y cuanta libertad hay en el Locus Christi donde sin necesidad de asfixiantes normas mandadas vivimos lo mismo pero por amor… y en las reuniones todos votamos… Teresa es otro de los grandes dones que Dios me ha dado… eran sobre las 6 de la tarde del lunes 14 de Agosto de hace tres años cuando el metro se para entre las estaciones de Bilbao y Tribunal lo que fue por una falta de energía eléctrica según contaron por los altavoces y ella que estaba sentada a mi lado para matar el tiempo va y me pregunta por el libro que yo estaba leyendo que era el del fundador del Locus Christi que tiene por título las palabras de san Agustín Ama y haz lo que quieras y empezamos a charlar y los diez o quince minutos que duró la avería se pasaron como un soplo… arranca el metro y entonces la misma voz de Dios que me movía a atender a los pobres y a los presos y a dar catequesis… esa misma voz del Amor con mayúsculas va y me dice Ésta es la mujer de tu vida si Teresa no viene en cinco minutos me marcho a la peluquería a por ella… nada más volver al centro se lo conté al director espiritual y a varios amigos de mi grupo quienes me animaron a seguir tratando a Teresa y a vivir a la vez lo que allí nos enseñaban de que todo lo importante ha de realizarse sin violentarnos porque lo debe realizar Dios a través de nosotros después del número de horas de oración que hagan falta… creo que es una falta de caridad hacer perder el tiempo a los otros por nuestra impuntualidad por lo que me voy a la peluquería ya que hay que cruzar todo Madrid y la eucaristía empieza dentro de dos horasen finme calmo y esperaré otro poco porque la verdad es que aún podemos llegar… por dónde iba… ah… que entonces me puse a orar y cada vez lo veía más claro y por fin un día después de la cena les dije a todos los del grupo que me iba a casar y la reacción de ellos fue una mezcla de tristeza porque pasaba a cooperador externo y dejaba de vivir en el centro y de alegría porque era lo mejor para mí… y a los seis meses nos casó el presbítero del centro con la asistencia de todos los de mi grupo y de muchos amigos del Locus Christi… oigo abrir la puertaes Teresa

——–

NOTA DEL AUTOR: Este relato es del todo ficticio y hasta donde ha llegado mi investigación el título “Locus Christi” no pertenece a ningún grupo o movimiento actual. No obstante, si existiera, su asociación con este escrito no ha sido deseada y por tanto no guarda relación con él.

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Un Hogar Especial

abril 7, 2007

Félix (13-6-04).

-Pero hombre, ¿otra vez aquí? ¿Por qué? -Pregunta extrañado el alcaide.

En ese momento suena el teléfono y el funcionario lo responde antes de que Obdulio conteste. Luego se levanta de la silla y se disculpa:

-He de salir a resolver un asunto. Vuelvo enseguida.

Obdulio se queda solo.

Obdulio ingresó en prisión a los 18 años. Estaba en una cafetería con Mónica, su novia, cuando el hijo del cacique del lugar comenzó a importunar a la chica. La situación llegó a las manos entre los dos hombres y una infortunada caída desnucó al oponente de Obdulio. El poder y odio del padre del chico hizo el resto: Obdulio fue condenado a cadena perpetua por asesinato. Hace seis meses, cuando llevaba cumplidos 37 años de prisión (a sus 55 años) una amnistía general le concedió la libertad (con la que él llevaba soñando desde que fue encerrado) y ahora, mientras espera a que el alcaide vuelva, recapacita en silencio…

¡No te digo! Claro, es muy fácil decir otra vez aquí. Después de toda una vida en la cárcel esta es mi casa, ya me conozco todos los recovecos, los funcionarios me aprecian, los internos ven en mí al decano de todos y me respetan demasiado porque me sé todas las triquiñuelas de la cárcel; aquí pierdes los deseos, los amores de fuera ya están muertos y tengo, si no amigos, conocidos con quien distraerme y cuatro paredes para dormir. En la calle todo es muy duro, me encuentro perdido. ¿A dónde voy a pedir trabajo con 55 años y con mis antecedentes penales? Nadie se fía de mí. ¡Qué triste fue ver otra vez a Mónica luego de 37 años sin echármela a la cara!, y lo vieja que está, con la imagen de chica joven que conservaba de ella, tan elegante y guapa y ahora gorda como una marsopa, con tres hijos y dos nietos que tiene y con esas bolsas de piel por todos lados; pero además ni me permitió entrar en su casa, ¡Dios mío!, por ella he perdido mi vida entera y ahora ni me deja pasar al zaguán. Que si su marido es muy celoso por aquí, que no se quería complicar vida por allá, el caso es que ni un centímetro traspasé el umbral de su casa. Papá, por suerte para ti estabas ya muerto cuando pasó todo aquello y mamá, la pobre, que el disgusto de verme en prisión la llevó a la tumba hace cinco años y mi hermana no me lo perdona, voy a verla y me dice que ya somos unos extraños, que después de haberla hecho una infeliz porque ella era ante todos la hermana de un criminal y que ahora te presentas a joderme lo que me queda de vida cuando ya me había olvidado del delincuente de mi hermano y además mataste a mamá a sofocos y de todo lo que lloró por las noches. Pero es que no sé cómo desenvolverme en la calle, con lo fácil que son las cosas aquí en la cárcel en la que todo te lo dan hecho, te pones enfermo pues médicos que te curan, que te dicen como has de hacerlo todo, no tienes que preocuparte ni por el horario, ni por hacer la comida, ni por nada de nada; y afuera ¡qué horror! y yo que pensaba que la libertad era algo grande, pero como la tranquilidad de esta cárcel no la hay en ningún lugar del mundo y aunque la hubiera no me veo con fuerzas para empezar una nueva vida. Así que me lo pensé muy bien y me dije ¡ya está! compro una pistola en el mercado negro y me fui a ver al Rijas, porque otra cosa no será pero los que han pasado por la prisión me aprecian mucho, y el Rijas me la vendió por cuatro perras y con ella me metí en pleno día en centro comercial ese del centro y ¡hala! que me dieran todo lo que tenían en la caja. Y jajaja cómo me rió cuando pienso en la dependienta que me sale con aquello de ¿está usted loco?, le van a detener en dos minutos, no ve la seguridad que tenemos aquí; claro ella no podía entender que yo no soporto la libertad y que lo que quería precisamente era asegurar que me detuvieran y así fue; se presentaron de pronto siete polis nada menos y yo no opuse ninguna resistencia y mientras me esposaban me dice la cajera que por la cara de felicidad que puse parecía que me llevaban al cielo en vez de a la cárcel y es que para mí la prisión es precisamente eso: el Cielo; porque aquí estoy acostumbrado a esta vida y no la cambio ya por la libertad; por nada del mundo vuelvo a ser libre. Y el resto fue fácil, un abogado de oficio al que le conté que lo que pretendía era volver a la cárcel y que si él hacía algo por librarme y lo conseguía la siguiente vez mataba a una persona, porque la paz de las cuatro paredes de ésta, mi casa, mi hogar, la prisión, no la cambio por nada del mundo y aquí estoy de nuevo y por muchos años. Además si me soltaran ya me conozco el truco: basta con delinquir y a casita de nuevo. Y como las mujeres para mi edad ya son algo secundario, bueno, tampoco es eso, pero me lo paso tranquilo sin ellas; porque hay que ver lo complicado que es tratar con las mujeres cuando durante 37 años no lo has hecho y es que además son muy raras ¡Qué leche! ¡Son rarísimas!

Se abre la puerta. El alcaide entra de nuevo y distraídamente pregunta: -¿De qué estábamos hablando, Obdulio?

-Me preguntaba usted, extrañado, que por qué estaba aquí otra vez y le respondo que porque no hay libertad, que por eso es el sitio en donde mejor se vive de todo el mundo.

-¿Quéééé?

-Pues lo que le digo… y no le quepa la menor duda de que ustedes, los libres, no saben lo que se pierden no estando presos: lo maravilloso que es que le gobiernen a uno hasta en los más mínimos detalles. Y para mí va a ser así hasta el final de mi vida. ¡En la cárcel por siempre!

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Historia De Una Vida

abril 1, 2007

Félix (9-2-2005)

Antes de ser quien soy tuve que sufrir una intensa metamorfosis. En un principio era libre, caminaba adonde quería, el mundo entero era mi casa. A pesar de mis lentos pasos a ras del suelo (como después me echó en cara la Voz) consideraba como mías cada una de las moreras del bosque en donde nací, el césped que rodeaba la casa del capataz, las montañas lejanas cuyas cumbres el sol incendiaba al anochecer… era mío todo el espacio que abarcaba mi vista. En aquel tiempo fui muy feliz…

Pero entonces surgió la Voz. Al principio como un susurro: “¡Deja de arrastrarte!”. Luego su intensidad aumentó: “Ten miras más altas, abandónate a la esclavitud que la Vida te pide”. Su tormento sobre mí crecía: “Si no sigues el Camino que tienes trazado serás un infeliz. Más vale ser un esclavo de lo Supremo que libre en el Infierno que te espera. Ponte de una vez en manos de la gran Obra de tu salvación”…

Por un tiempo me resistí, pero al final no pude soportar más la presión de la Voz y me abandoné a la esclavitud que ella me proponía. Al hacerlo sentí alegría.

La Voz me fue dirigiendo y a ella me entregué en cuerpo y alma. Sé que de mí surgieron los hilos sutiles que en aquella cárcel me esclavizaron, pero no pude hacer nada para impedirlo, la Voz los dirigía y yo fui fiel a sus normas. Al final quedé constreñido en un espacio miserable. La oscuridad y tristeza en la que se confinó mi vida fue en aumento. “No te preocupes” -afirmaba siempre la Voz-, “tu perfección exige este sacrificio”. Y en aquel ataúd permanecí tanto tiempo que ahora me parece una eternidad.

¡Dios mío, cuántos continúan aún presos en esas mortajas! Pero yo no fui uno de ellos. Un día me rebelé. Tapé mis oídos a los clamores de la Voz y a dentelladas me abrí un túnel hacía la libertad… y escapé… y ahora doy por bien pasado todo cuanto padecí porque sé que lo que la Voz amaba era la obediencia en la inmadurez y la rebeldía cuando alcanzara el criterio. Si no hubiera seguido a la Voz continuaría siendo un gusano, y si en su momento no le hubiera dicho que no, estaría condenado a permanecer como una eterna y amojamada crisálida. Pero no ocurrió de esa manera. Supe obedecer y desobedecer a tiempo, por lo que soy una gran mariposa, libre, hermosa y envidiada por todos cuantos aman la belleza y la libertad.

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La Cerveza Es Mejor Que Una Secta Religiosa

marzo 23, 2007

Félix.

  1. Nadie te presiona a tomar cerveza para agradar a Dios.
  2. Cuando tienes una cerveza no vas de aquí para allá obsesionado con que otros la beban también.
  3. La cerveza no te prohíbe ingerir otras bebidas.
  4. No se acosa a quienes critican la cerveza.
  5. La cerveza no se le impone a menores que aún no pueden elegir por sí mismos.
  6. Hay leyes que prohíben que las etiquetas de la cerveza mientan.
  7. No tienes que esperar años para descubrir lo que es la cerveza.
  8. Se sabe que sacrificar la vida por la cerveza es malo para la salud.
  9. No se te coacciona con que serás un infeliz en esta vida y en la eterna si abandonas la cerveza.
  10. Si has consagrado tu existencia a la cerveza, hay instituciones públicas y privadas que te ayudan a vencer la adicción.

—oOo—

MÁS ENTRADAS SOBRE AFORISMOS

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Un Cuento o Parábola

marzo 5, 2007

Félix

(Reedición corregida por el autor del original publicado en Opus Libros el 13-5-2004.)

Soy alguien muy distinto desde el momento en el que me seleccionaste entre tantos, en todo iguales, y después te metiste en mí. Los demás, que habías elegido antes, te alabaron mucho; me instaron a que te considerara como a un dios, a que obedeciera tus palabras, a que viera en ti mí plenitud… Y de tanto oírles lo acepté. A partir de entonces gobiernas mi vida, con perseverancia me imbuyes tus pensamientos, me inculcas lo que he de amar, has hecho que sea sordo a las voces que podrían llevar mis pasos por otros caminos, me obligas a vivir según tus normas… Y te soy dócil, no me importa lo que hurgas en mí interior, acepto tus costumbres sin juzgarlas. Además, exiges obediencia ciega a tus instrucciones, para que nada interfiriera con tus mandatos. Y yo te obedezco con toda mi maquinaria. Eres mi padre, no tengo otra voluntad ajena a la que me impones, soy tuyo del todo. Por otra parte, aunque quisiera, no puedo escapar de tu red informática puesto que eres el programador exclusivo de mis circuitos electrónicos. Por eso —y gracias a ti— en la actualidad soy el robot de más alto precio de los expuestos en la última feria a la que me has llevado.

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Las Etiquetas Del Opus Dei

febrero 19, 2007

Ivan de ExOpus

En las sectas totalísticas […] el adepto no necesita pensar por su cuenta porque la doctrina piensa por él. Es habitual que una secta destructiva cuente con su propio «lenguaje simplificado» de palabras y expresiones. Dado que el lenguaje suministra los símbolos que utilizamos para pensar, controlar ciertas palabras ayuda a controlar el pensamiento. Muchos grupos sintetizan situaciones complejas, las etiquetan, y después las convierten en frases hechas de la secta. Estas etiquetas, que son la expresión verbal del lenguaje simplificado, gobiernan la manera de pensar en cualquier situación.

En los Moonies, por ejemplo, siempre que uno tenía dificultades para relacionarse con alguien que estuviera por encima o por debajo en la jerarquía de la secta, se decía que era un «problema Caín-Abel». No importaba quién estuviera involucrado o de qué problema se tratara, era simplemente un «problema Caín-Abel».

El término en sí mismo dictaba cómo debía resolverse el problema. Caín tenía que obedecer a Abel y seguirle, en vez de asesinarle como estaba escrito en el Antiguo Testamento. Caso cerrado. Pensar de otra manera habría sido obedecer el deseo de Satanás de que el malvado Caín prevaleciera sobre el honrado Abel. Un pensamiento critico acerca de un mal paso del líder no podía atravesar este bloqueo en la mente de un buen adepto (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

Una de las funciones de los medios de formación del Opus Dei es la de repetir incansablemente etiquetas del tipo de las descritas arriba por Steven Hassan para resolver con ellas cualquier realidad a la que el sujeto tenga que enfrentarse, evitando así que razone.

Cito alguno de esos clichés.

«Como un padre de familia numerosa y pobre». Con esta fórmula queda resuelta toda la problemática económica. Si pides cambiar de coche, pues no, hay que aguantar un año más con el viejo porque somos padres de familia numerosa y pobre y los tales mantienen su coche hasta que se les cae a cachos. Si haces un gasto extraordinario, como tomar un taxi en un imprevisto, entonces te cuentan que hay que prever las situaciones, porque somos padres de familia numerosa y pobre

Para contrarrestar su fragante secretismo: «La Obra es una familia y en toda familia hay cosas que no se airean, algunas que sólo conocen los padres, otras que comparten los hijos mayores, y muchas que son desconocidas por los más pequeños». Y también: «A un niño se le empieza dando leche, luego papillas y así hasta que puede comer de todo». Pero es que ante la sociedad civil y eclesiástica el Opus Dei no es una familia, sino una institución pública.

«Cuando los enamorados se regalen trozos de cemento y lingotes de hierro nosotros haremos lo mismo con el Señor», para justificar los gastos, a veces faraónicos, en objetos de culto en vez de emplearlos en las acuciantes necesidades humanas. Este tema lo trato con más profundidad en la entrada «Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (VI)»

«Hogares luminosos y alegres», «En nuestros centros no hay lujo sino buen gusto» y «Nuestras casas se construyen con los mejores materiales por pobreza, para que así duren». Y con esas palabras anestesian las conciencias y dan material para contrarrestar a quienes acusan a los del Opus Dei de vivir en centros lujosos (que lo son).

«Es una conspiración más contra Dios, contra la Iglesia y contra la Obra» y «Los que atacan a la Obra son los mismos que atacan a la Iglesia» para neutralizar (sin analizar) la verdad o no que hay en las acusaciones de las que el Opus Dei pueda ser objeto.

«No se tiene trato con los que dejan la Obra por lo mismo que no se relacionan los que se divorcian». Y así se cargan toda la doctrina cristiana de la caridad y de la justicia para poder tratar como perros a aquellos que han dado sus energías y gran parte de sus vidas por el Opus Dei (ver Los Malditos Según El Opus Dei).

«Cuando pitamos [pedir la admisión al Opus Dei] le entregamos todo a Dios por lo que nuestro sueldo ya no es nuestro, es de la Obra antes de que lo cobremos, y por eso no lo podemos tocar». De esa forma tan chusca enajenan de raciocinio, voluntad y libertad para actualizar su generosidad al laico cooperador orgánico numerario o agregado del Opus Dei.

Nos cuentan que «es la contradicción de los buenos» cuando nuestros seres más queridos se ponen de uñas al conocer alguna de las anticristianas servidumbres de la Obra.

«Descansar no es no hacer nada sino cambiar de actividad» para justificar el secuestro al que eres sometido todos los veranos cuando en vez de reponer energías con el reposo (como hacen tus compañeros) te mandan el mes de vacaciones a ser mentalizado en una convivencia (muchos además estudian filosofía y teología) con un horario de tipo castrense

«Nadie va a una farmacia y se pone a tragar sin ton ni son las píldoras que se encuentra» es la fórmula que aplican para que sólo recibamos la información que la Obra quiera (control de lecturas, televisión, amistades, etc.).

Por último, pongo algunas etiquetas «universales» ya que el Opus Dei las usa en todo tiempo, circunstancia y lugar. Como botón de muestra, hace poco un ex numerario amigo que presenta un síndrome de fibromialgia (*) no diagnosticado mientras estuvo en la Obra me comentó que se las aplicaban a él cuando se quejaba de que no podía aguantar más:

«Tienes que pensar menos en ti mismo y darte más a los demás».

«En la Obra nuestro único derecho es no tener derechos».

«Te falta fe en los directores».

«Cuando pitamos le entregamos todo a Dios».

«En la Obra se puede mandar todo».

(*) El Síndrome de Fibromialgia imita la artritis, pero la diferencia es que no hay inflamación del espacio de las articulaciones. En cambio, es un estado muy doloroso con sensibilidad del tejido blando que conecta nuestras articulaciones, incluyendo los ligamentos, los tendones y los músculos. Comúnmente asociado con síntomas que incluyen: fatiga, somnolencia y dificultad para concentrarse. Pueden haber síntomas asociados de ansiedad o depresión.exopus-tomates-72.jpg


El Banquete

febrero 15, 2007

Este escrito es una narración breve de sucesos ficticios y de carácter fantástico, hechos con fines didácticos o recreativos (que coincide con la definición que el diccionario Espasa da a la palabra “cuento”). El Autor.

Publicado originalmente en Opus Libros el 6-6-2004

Reeditado con las autorizaciones pertinentes.

Félix

En el país de Cercadeti hay un hombre importante que lleva dando un banquete, ininterrumpidamente, desde hace años. En esa comida siempre hay muchos invitados; las viandas que se sirven son de primerísima calidad: toda suerte de pescados frescos y sabrosos, las carnes, de las más caras que se pueden encontrar en el mercado; postres exóticos, frutas exquisitas… Los cocineros hacen una maravillosa obra de arte con todos esos alimentos, pues son de los mejores que hay en su oficio…

Mas el anfitrión, sin ser visto por nadie, se entretiene en echar un veneno muy potente en cada puchero, olla y sartén que se utiliza. Esa pócima carece de color, tampoco huele a nada y ni siquiera tiene sabor, por eso una vez disuelta en la comida nadie puede percatarse de ella.

En el ágape, algunos prueban una mínima cantidad de esos manjares, tienen mucha prisa en resolver otros asuntos importantes y, excusándose ante el anfitrión, se van de allí al poco de llegar. Por la minucia que han comido el tóxico no les hace efecto. Estos son los que divulgan a lo largo y ancho del mundo el refinamiento, la abundancia y la bondad de ese convite, del que se sienten grandes admiradores.

El resto de los comensales, conforme avanza la comida, se va encontrando cada vez peor por lo que una parte de ellos decide abandonar el agasajo. Ya repuestos, cuentan que ese banquete es una maravilla, pero que a ellos -dicen- les debió sentar mal algo de lo que comieron, quizás por una indisposición personal ante tan gran exquisitez, por una reacción alérgica o por cualquier otro tipo de circunstancia que, desde luego, no tiene nada que ver con los alimentos consumidos que de suyo son perfectos.

A determinadas personas esa droga les produce unas alucinaciones que les lleva a creerse iguales al anfitrión; estos son los que se van junto a él y se aplican, con entusiasmo, en echar en las viandas tanto o más veneno que quien les invitó.

Determinados comensales se llegan arrastras hasta la cocina y allí descubren como el jefe y sus fanáticos intoxican las comidas antes de servirlas. Hacen ímprobos esfuerzos y, a duras penas y maltrechos, consiguen evadirse de esa trampa. Desde que se van, como voz que clama en el desierto, intentan convencer a las autoridades y vecinos del daño que se está infringiendo en la mesa de ese aparente gran hombre. Pero… casi nadie les hace caso.

Los que siguen ingiriendo esa exquisita comida emponzoñada empeoran de tal manera que llega un momento en que carecen de fuerzas hasta para levantarse de la mesa. Permanecen dóciles en su sitio, sentados en la silla que les asignaron al llegar, comiendo las mismas viandas que “generosamente” les sigue procurando quien les invitó… y así perseveran, muriéndose a chorros, hasta que la vida les dice adiós.

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