Ricardo De La Cierva Se Olvida Del Marquesado De Peralta

noviembre 22, 2008

Los años mentidos, Ricardo de la Cierva

Iván de ExOpus

Siempre he sentido una gran admiración por el historiador Ricardo de la Cierva. Es una persona de gran valor, capaz de escribir sobre cualquier tema que descubre, sin importarle el escozor que puedan provocar sus escritos. Así, a pesar de tener familiares y amigos del Opus Dei no le tembló el pulso para sacar a la luz la falsificación del Marquesado de Peralta por parte del fundador de esa institución. Y crea la editorial Fénix para evitar la censura que otras le imponían a sus libros. Además, para mantener esa libertad, declina una cantidad importante de dinero que el Opus Dei le ofrecía para dicha empresa editorial.

Por estas razones Ricardo de la Cierva no ha sido un escritor aceptado por el Opus Dei. Cuando estaba en la Obra recuerdo que en el índice de libros que no se podían leer se encontraban gran parte de los suyos. Y eso le ha provocado problemas en su carrera, como él cuenta en el prólogo a la primera edición del libro Los años mentidos: «He experimentado las caricias, coces más bien, de la censura por parte […] del Opus Dei».

Ricardo de la Cierva publica en 1993 el libro del que hablamos en el párrafo anterior, Los años mentidos, en el que incluye, en el capítulo X, la citada la falsificación del Marquesado de Peralta. Yo tengo un ejemplar de esa edición que llevaba mucho tiempo agotada. Ayer descubro en una librería la reedición del citado libro, y sin más lo compro para regalárselo a un amigo.

Cual no fue mi sorpresa al llegar a casa y hojearle al descubrir que el capítulo X lo encabeza Las falsificaciones contra Franco: “Los años vividos” y la historia de los enanos. Busco por todo el libro y allí no aparece por ninguna parte La falsificación del Marquesado de Peralta. Sencillamente, ha sido suprimido.

Leo el prólogo para obtener una respuesta a esta importante supresión y me encuentro con que dice que «este libro es la nueva edición del primero publicada por Fénix en 1993, hace ya quince años […] Contiene el texto íntegro de aquella edición, con varias modificaciones menores y dos adiciones importantes; el ensayo, con documentos definitivos sobre la conversión de D. Manuel Azaña, y un estudio sobre los intelectuales en la guerra de España.»

Un texto íntegro, tal y como dice Ricardo de la Cierva que es la nueva edición de su libro, es aquel que está completo, que no tiene mutilaciones sustanciales. Por otra parte nos habla de las adiciones importantes y que hace modificaciones menores, mas no de las supresiones importantes, y es una supresión importante eliminar todo un capítulo, que además es de magna importancia por ser una de las grandes investigaciones de su vida: la de demostrar que hicieron beato (y después santo) a Josemaría Escrivá de Balaguer a pesar de haber cometido la formidable corrupción que supone falsificar para su beneficio nada menos que un marquesado que no le correspondía y del que disfrutó por más de cuatro años.

De la Cierva no sólo ha eliminado ese capítulo del libro sino que al no hacer la mínima referencia a él parece que quiere hacernos creer que tampoco existió en la primera edición.

Me resulta difícil aceptar que Ricardo de la Cierva se haya plegado a las presiones del Opus Dei para tapar esa importante corrupción del fundador de la Institución.

Pero también es cierto que torres más altas han caído y es conocida la intensa y extensa santa coacción que los de la Obra ejercen para callar a quienes les estorban.

En fin, aquí están los datos. Que sea el lector quien los juzgue.

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Cartas de Maria del Carmen Tapia al Vaticano

julio 10, 2007

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(Cartas enviadas por Mª del Carmen Tapia al Vaticano antes de la beatificación de Josemaría Escrivá, contenidas en el Anexo nº 24 de su libro Tras el Umbral y no incluidas en otras ediciones digitales.)

ÍNDICE

Carta al Cardenal Ángel Sodano, 2 de agosto de 1991

Carta a Juan-Pablo II, 2 de agosto de 1991, con documento adjunto.

Carta al Cardenal Ángel Sodano, 24 de septiembre de 1991

Carta a Juan-Pablo II, 24 de septiembre de 1991

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Santa Bárbara, 2 de agosto de 1991

Su Eminencia Ilustrísima

Cardenal Angel Sodano

Secretaria de Estado

Ciudad del Vaticano

DE CONCIENCIA

Eminencia:

Me permito adjuntarle este material “Secreto y de conciencia” con el ruego ferviente de que lo ponga directa y personalmente en las manos de nuestro Beatísimo Padre, Su Santidad Juan Pablo II.

Le ruego, Eminencia, en nombre de Dios, que dada la importancia de su contenido no confíe este material en manos de ningún intermediario, sino que sea su Eminencia quien lo entregue al Santo Padre directa y personalmente.

Abusando de su caridad, le rogaría me enviase igualmente una breve nota, a la dirección abajo indicada, notificándome, para mi paz dé conciencia, la fecha en que el documento le fue directamente entregado a Su Santidad.

Con toda gratitud y respeto, le pide su bendición,

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María del Carmen Tapia

980 Hot Springs Road

SANTA BARBARA, California, 93108-1111 (U.S.A.)

Phone: Residencia: (805) 969-0090

Universidad: (805) 893-3075

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—oOo—

Santa Bárbara, 2 de agosto de 1991

Su Santidad Juan-Pablo II

Ciudad del Vaticano

Beatísimo Padre:

Tras seria meditación me decido a escribirle para abrirle mi alma y manifestarle ante Dios y la Iglesia lo que para mi supone un deber hondo de conciencia: el que la vida de Monseñor José-María Escrivá de Balaguer, de la que fui testigo muchos años, no fue admirable y mucho menos imitable. Su proceso de beatificación haría mucho daño a la Iglesia y a las almas, ya que además ello implicaría el considerar como ejemplar la forma en que vivió la doctrina del Opus Dei por él fundado.

Conozco al Opus Dei muy bien porque fui Numeraria durante casi veinte años (1948-1966), de los cuales seis viví en Roma (1952­-1956) y (1965-1966). Fui secretaria personal de Monseñor Escrivá y Superiora Mayor en el Gobierno central de la Sección femenina del Opus Dei. Fue Monseñor Escrivá quien recibió mis votos perpetuos al Opus Dei. También fui la primera directora de la imprenta que el Opus Dei tiene en la casa central de Roma y asimismo estaba especialmente encargada, cuando Monseñor Escrivá iba a la casa de mujeres, de anotar, para la posteridad, cuantas cosas le oyera decir. En 1956 me enviaron a Venezuela como Directora de la Sección de mujeres en ese país, donde adquirí la nacionalidad venezolana que conservo. Dejé Venezuela en 1965 llamada por Monseñor Escrivá a Roma donde permanecí hasta mi salida del Opus Dei en 1966.

Veo ahora cómo los Superiores del Opus Dei están precipitando los hechos de esta beatificación, agotando todos los medios humanos, sociales, políticos y financieros a su alcance, porque consideran que si ello no sucede durante su Pontificado, Beatísimo Padre, pasarán, siglos quizás, antes de lograrlo. El Opus Dei no tiene otra meta ni objetivo, después de haber conseguido de la iglesia su cambio jurídico de Instituto Secular en Prelatura Personal, que el hacer de su fundador un santo.

Quise declarar a su tiempo en este proceso de Monseñor Escrivá, y no me dejaron hacerlo. Es más, me indicaron expresamente en Madrid, en octubre de 1981, y través del Presbítero Don Joaquin Aznar Cleofás, a quien fui a visitar, porque era un “advocatus diaboli”, que no me permitían hacerlo.

Dada la extrema importancia y repercusión de este posible suceso, y comprendiendo que mi testimonio puede ser crucial, estoy dispuesta, Beatísimo Padre, a ser interrogada directamente por Su Santidad en la forma que tenga a bien indicarme, yendo a Roma el día y hora que se me indicase.

Es bien conocida, de todos y desde siempre, la forma de actuar del Opus Dei y sus múltiples influencias y maniobras dentro de la Curia Vaticana. Pero especialmente, y por desdicha, desde el principio del proceso de beatificación de Monseñor Escrivá, en el órgano institucional para las Causas de los Santos donde S.E. el Cardenal Pietro Palazzini hiciera cabeza. Por ello le suplicaría, Beatísimo Padre, que si Su Santidad personalmente no pudiera escucharme en causa tan importante para la salud de la Iglesia y de las almas, tuviera a bien designar para mi audición un juez de su estricta y personal confianza, que ni de cerca ni de lejos, tuviera relación alguna con el Opus Dei.

Si el Opus Dei intuyera mi deseo de declarar ante Su Santidad, yo no descartaría, Beatísimo Padre, la posibilidad de que intentaran interferir en mi declaración, bien impidiendo de alguna manera mi presencia física en el Vaticano o bien mediante un sutil o no tan sutil descrédito personal que pudiera sembrar dudas de mi integridad moral; esta no sería la primera vez que recurren a este proceder, como lo pone en evidencia varios de los materiales qué tengo en mi poder. Por esta razón, me he visto obligada a poner en varios lugares diversos y seguros, con garantías jurídicas, el material original de información que poseo. Material que, en caso extremo, saldría todo a la luz pública, incluso si yo faltara.

He añorado durante largo tiempo el poder hablarle directamente y, como una hija a su padre, abrirle mi corazón que sufre ante este posible hecho y poder también responder a cualquier pregunta suya, pero desdichadamente nunca pude llegar a Su Santidad a pesar de mis previos viajes a Roma.

Es mi ardiente ruego, Santo Padre, que en esta hora, por el bien de la Iglesia universal y de las almas todas, se prolongue esto proceso de beatificación — que tan precipitadamente quiere el Opus Dei acelerar y acortar– cuanto sea necesario. De esta forma, se evitaría el escándalo, se daría amplio tiempo para investigar a fondo el caso y, se podrían recibir, junto a las declaraciones ya conocidas de aquellas personas que unilateralmente fueron presentadas por miembros o superiores del Opus Dei, aquellas otras de quienes conociendo muy de cerca a Monseñor Escrivá, y habiendo pasado más de quince, veinte o treinta años en el Opus Dei, hubieran querido declarar, pero no se les llamó ni permitió hacerlo, por el hecho de haber dejado de pertenecer al mismo.

Los Superiores del Opus Dei temen esas declaraciones porque saldrían de manifiesto hechos verdaderos, pero no queridos por ellos, que reflejarían una luz diferente en el retrato que tratan de proyectar de la vida de Monseñor Escrivá. Por ello, hacen cuanto está a su alcance a fin de que se consideren como testigos no idóneos o de fiar a aquellas personas cuyos puntos de vista no coinciden con los que ellos quieren hacer prevalecer.

Le adjunto con esta carta, Beatísimo Padre, como pinceladas, una serie de hechos presenciados, oídos y vividos por mí durante mis años dentro del Opus Dei. Hechos que, aunque no son todos los que conozco, pueden brindarle a Su Santidad una perspectiva diferente de la vida real de Monseñor Escrivá. Podría agregar otros hechos, mucho más serios aún y concretamente documentados, sobre mi experiencia personal con Monseñor Escrivá, que estoy dispuesta a exponer en presencia de Su Santidad.

Igualmente le incluyo un borrador, tal cual lo tengo, de un trabajo que preparé comentado el documento elevado por el Opus Dei a la Santa Sede con la petición de cambio de Instituto Secular en Prelatura Personal. Puedo asegurarle, Beatísimo Padre, que mis comentarios a cada uno de los puntos reflejan la verdad.

Conozco varias personas que aún temen represalias por parte del Opus Dei y, con gran conflicto de conciencia, se callan. Estas personas sólo hablarían a instancias de Su Santidad. Y sus testimonios, que serían importantes, y que podrían gravitar especialmente en el juicio decisivo de Su Santidad, no saldría de otra forma a la luz. Tengo a la disposición de Su Santidad, por ejemplo, el nombre de una de ellas, Numeraria por treinta años en el Opus Dei, que pidió su dimisión hace solamente dos años y quien, me ha asegurado, que de no hablar con Su Santidad, no hablaría jamás con nadie por miedo, a posibles represalias del Opus Dei.

Creo en el Espíritu Santo y confiando en su intercesión, espero que Su Santidad escuche mi ruego.

Con toda humildad, pide su bendición, su hija en Nuestro Señor,

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Anexos: 11 páginas con relatos y

un folleto azul, borrador

de 53 páginas.

Maria del Carmen Tapia

980 Hot Springs Road

SANTA BARBARA, California, 93108-1111 (U.S.A.)

Teléfonos: Residencia: – de 16:00 a 6:30 horas -(805) 969-0090

Universidad:- de 7:00 a 15:00 horas -(805) 893-3075

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DOCUMENTO ADJUNTO­­

I. Algunos hechos sobre la conducta de Monseñor Escrivá con respecto a la Iglesia, a los sacerdotes en general y, a las religiosas; doctrina que imponía a sus miembros del Opus Dei, y que refleja, por una parte, su actitud general de segregación, elitismo y doctrina y por otra, como pinceladas, su carácter:

l.- “Yo querría señalaros una vez más cual es el espíritu nuestro en un medio maravilloso de santificación, en un medio que está instituido por Jesucristo, porque es sacramento: la confesión”

¿Sabéis quien es para mis ovejas el Buen Pastor? El que tiene Misión dada por mí. Y yo la doy ordinariamente a los Directores y a los sacerdotes de la Obra. Gente que no conoce el Opus Dei no está dispuesta para ser el pastor de mis ovejas, aunque sean pastores de otras ovejas, aunque sean santos.”

“Conviene que os confeséis con los sacerdotes que están designados. Y está dispuesto que, al menos, hay que ir a ellos para recibir la bendición. Podéis ir a confesaros con cualquier sacerdote que tenga licencias del ordinario. De esta manera, yo defiendo la libertad, pero con sentido común. Todos mis hijos tienen libertad para confesarse con cualquier otro sacerdote aprobado por el Ordinario. Y no está obligado a decir a los Directores de la Obra que lo ha hecho. ¿Uno que haga esto peca? ¡No! ¿Tiene buen espíritu? ¡No! Está en camino de escuchar la voz del Mal pastor.”

“Si fuésemos a una persona que sólo puede curarnos superficialmente la herida…, es porque seriamos cobardes, porque no seríamos buenas ovejas, porque iríamos a ocultar la verdad, en daño nuestro. Y haciéndonos este mal, buscando a un médico de ocasión, que no puede dedicarnos más que unos segundos, que no puede meter el bisturí y cauterizar la herida, también estaríamos haciendo un mal a la Obra. Si tú hicieras esto, tendrías mal espíritu, serías un desgraciado. Por ese acto no pecarías, pero ¡av de ti!, habrías comenzado a_ errar, a_ equivocarte, habrías comenzado a oír la voz del mal pastor, al no querer curarte, al no querer poner los medios. Y estarías haciendo un daño a los demás.”

Tú conoces la doctrina del Cuerpo Místico, de la Comunión de los santos. Pues estarías haciendo daño a tus hermanos, y a los que están por venir, y a ti mismo, al cuerpo entero de la Obra. Porque además aquel mal pastor no venía a buscarte, habrías sido tú el responsable. Porque ese otro que no es Buen pastor, no viene sino para robar y matar y hacer estrago. Nosotros necesitamos tener un espíritu determinado y concreto. Nuestro espíritu está muy claro: nuestra ascética, nuestra mística, clarísima, y todo lo que sea deformar este espíritu, es robar y matar.

Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor sacrifica la vida por sus ovejas. Hace todos los sacrificios. Y vosotros debéis estar dispuestos a hacerlos todos también. Y el primero es éste: no ejercitar aquel derecho —porque el derecho lo tenemos— si lo podemos evitar siempre o casi siempre. Propósito firme: el primer sacrificio es no olvidar, en la vida, lo que expresan en Castilla de un modo muy gráfico: que la ropa sucia se lava en casa. La primera manifestación de que os dáis, es no tener la cobardía de ir a lavar fuera de la Obra la ropa sucia. Si es que queréis ser santos; si no, estáis de más. (1)

(1) Ref.: Cuadernos – 3. “Vivir en Cristo”, Roma (Apud Collegii Romana Sactae Crucis – 1973, pp.131-132-133.

(Este texto, de una de las publicaciones del Opus Dei “ad usum nostrorum” que tengo en mi poder, muestra claramente, por una parte, la presión moral que Monseñor Escrivá empleó siempre con los miembros del Opus Dei quitándoles la libertad de confesarse con sacerdotes ajenos a la Obra aunque tuvieran licencias ministeriales. Y, por otra parte, la soberbia de considerarse como el único Buen Pastor, por encima de miembros legítimos de la Iglesia e incluso de la doctrina concreta del Código de Derecho Canónico. He subrayado algunas frases que considero de relevante importancia y que a mi siempre me dañó oírlas al considerar a los otros sacerdotes de la Iglesia como “malos pastores”.)

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2.- Como ejemplo concreto, consecuencia de lo anterior, narro lo siguiente:

Recuerdo una vez en Venezuela cuando el grupo de Superioras Regionales hacia los ejercicios espirituales, quisimos confesarnos con el sacerdote del Opus Dei que los dirigía y, que de acuerdo con las normas oficiales del Opus Dei estaba permitido hacerlo así. Cuando a través de una hojita conocida por “lista de confesiones” (es costumbre en las casas del Opus Dei entregar al sacerdote que confiesa una lista con los nombres de las personas que van a confesarse y que entran al confesionario por ese orden) Don José-María Félix, confesor ordinario de esta casa, y miembro también del gobierno regional de mujeres, se enteró de que las Superioras del Opus Dei nos queríamos confesar con ese otro sacerdote, vino a la casa, me mandó llamar ya que yo era la Directora del país, y me dijo: “Tú eres idiota. ¿Cómo es posible que des el mal ejemplo de quererte confesar tú y las demás con Don Alberto Genty cuando él no es el confesor ordinario?” Yo le referí al rescripto existente sobre esto y me contestó: “confesaros con Don Alberto Genty es como confesaros con el párroco de la esquina”. Yo le indiqué que al ser un sacerdote del Opus Dei no podía ser considerado como mal pastor. Y él me subrayó que “todo aquel que no era confesor ordinario u extraordinario de una casa era mal pastor según la doctrina del Padre.”

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3.- Muy sutilmente con su típica frase de “tenis que tener la picardía de” le oí decir a Monseñor Escrivá que las Directoras tenían que enterarse si alguien se había ido a confesar fuera de la casa. Con este criterio la directora de cualquier casa estaba obligada a reportar a la superiora de la Región si alguien se había ido a confesar fuera. Y esta superiora, ordinariamente, estaba obligada también a comunicarlo al Consiliario (ahora vicario Regional) y a los miembros del gobierno regional en una de las sesiones.

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4.- Su visión de la Iglesia era como de un organismo del que no se puede prescindir, pero ineficaz. Su convencimiento era de que el Opus Dei estaba muy por encima de la Iglesia en santidad, en formación doctrinal y en todo. Especialmente cuando hablaba de los sacerdotes del Opus Dei solía decir “que eran su corona” (de él).

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5.- Respecto a S.S. Pío XII y durante mi estancia en Roma, del 1952 al 1956, especialmente en el año 1952 cuando María-Luisa Moreno de Vega (también Numeraria del Opus Dei) trabajábamos como secretarias personales de Monseñor Escrivá para toda la sección femenina del Opus Dei en el mundo le oí decir en varias ocasiones, con una rabia llena de impotencia refiriéndose a Pío XII: “este hombre no nos entiende y me tiene aquí encerrado. No me puedo mover. No puedo salir” Nos dejó muy clara la idea de que el Papa no le dejaba salir de Roma. Más de una vez le oí decir a Monseñor Escrivá refiriéndose a S.S. Pío XII: “Este santo varón, que Dios nos haría un gran favor si se lo llevara al cielo, pero cuanto antes.”

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6.- Con respecto a S.S. Juan XXIII su frase más suave hacia él fue decir que era “un patán”. Cualquier miembro del Opus Dei puede dar este testimonio de una manera más viva. (Tengo varias personas que sólo puedo mencionar los nombres ante Su Santidad, y que darían clara cuenta de este hecho).

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7.- Con respecto a S. Santidad Paulo VI mis vivencias son directas durante mi estancia en Roma de 1965 a 1966. Más de una vez le oí decir a Monseñor Escrivá sobre S.S. Paulo VI cosas semejantes a las que dijo de Pío XII: “A ver si de una vez nos deja en paz y Dios nuestro Señor en su infinita misericordia, se lo lleva al Cielo.” Si a S.S. Juan XXIII lo consideraba “un patán” a Pablo VI lo consideraba “un jesuitón”.

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8.- Cuando S.S. Paulo VI entregó la parroquia del Tiburtino al Opus Dei, en Noviembre de 1965 el Padre nos dijo a las mayores: “Hijas mías decidles a vuestras hermanas pequeñas (así llamaba a las sirvientas) que yo ya sé que me quieren mucho, pero que por esta vez, cuando llegue el Papa al Tiburtino le aplaudan más a él que a mí.”

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9.- Le oí decir muchas veces a Monseñor Escrivá: “En mi vida he conocido varios Papas, cardenales muchos, Obispos, un montón, pero Fundadores sólo uno y Fundadores del Opus Dei: sólo yo.” Después solía agregar: “Dios os pedirá estricta cuenta de haberme conocido”. Y sabiendo que yo copiaba las cosas que él decía, me buscaba entre el grupo donde estábamos varias Numerarias y algunas veces con las sirvientas y preguntaba “A ver, donde está ésa”. Y cuando yo le respondía “estoy aquí, Padre”, él agregaba: “escribe esto para que quede”. “Sí, Padre, ya lo he escrito”, le respondía yo. Otras veces, cuando decía algo que no era positivo para alguien, especialmente de la Iglesia o persona pública, solía dirigirse a mi diciéndome: “No se te ocurra escribir eso, porque esto os lo digo yo a vosotras, pero si me enterase que una hija mía repite esto que yo he dicho, pensaría que es tonta. Y yo hijas tontas, no quiero. ¡Listas y muy listas! ¡Ala!”.

De forma oficialmente impresa esta idea quedó plasmada de la siguiente manera:

“Hijos míos, os tengo que hacer una consideración que, cuando era joven, no me atrevía ni a pensar ni a manifestar; y me parece que ahora debo decírosla: En mi vida, he conocido ya a varios Papas; cardenales muchos; obispos, una multitud; ¡Fundadores del Opus Dei, en cambio, no hay más que uno! aunque sea un pobre pecador como soy yo; bien persuadido de que el Señor escogió lo peor que encontró, para que así se viera más claramente que la Obra es suya. Pero Dios os pedirá cuenta de haber estado cerca de mí, porque me ha confiado el espíritu del Opus Dei, y yo os lo he transmitido.

“Os pedirá cuenta por haber conocido a aquel pobre sacerdote que estaba con vosotros, y que os quería tanto, tanto, ¡más que vuestras madres! Yo pasaré, y los que vengan después os mirarán con envidia, como si fuerais una reliquia: no por mí que soy —insisto— ­un pobre hombre, un pecador que ama a Jesucristo con locura; sino por haber aprendido el espíritu de la Obra de labios del Fundador” (1).

(1) Ref. Cuadernos – 3 “Vivir con Cristo”, Roma (Apud Collegii Romani Sanctae Crucis, 1973, p.86.

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10.- “Prefiero mil veces que una hija mía muera sin recibir los Santos Sacramentos, antes de que le sean administrados por un Jesuita”.

(Esto se lo oí yo decir a Monseñor Escrivá en Roma repetidas veces. Delante estaba casi siempre Álvaro del Portillo, Encarnita Ortega y alguna otra Superiora mayor, creo recordar que María-José Monterde. Era bien conocido por los miembros mayores de la Obra la hostilidad que Monseñor Escrivá sentía hacia la Compañía de Jesús. Siempre nos dejó ver que la Compañía de Jesús le había hecho mucho mal a la obra. Siempre que hablaba de los Jesuitas les llamaba “los de siempre”.)

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11.- Es un punto muy curioso a considerar que, en el Opus Dei, lo usual es que la primera vocación de miembros Numerarios sea ordenado sacerdote. Los sacerdotes se ordenan para servir a la Obra, no para servir a la Iglesia como dicen. (Tengo testimonio de un sacerdote del Opus Dei) La forma de ordenar sacerdotes era poco menos que “a dedo”. Le oí contar a Monseñor Escrivá cómo, al acercarse el día de su santo, le preguntaban los Numerarios en Roma que estaban en el Colegio Romano de la Santa Cruz, qué regalo querría para su santo y él contestó que (un número concreto) de hijos suyos sacerdotes. Esto originaba, por lo visto cierta conmoción ambiental ya que los varones no entran al Opus Dei para ser sacerdotes. Nos relataba Monseñor Escrivá cómo después de está petición suya y aprovechando la oscuridad, durante la proyección de una película, en el aula magna de la casa central, se le acercaba algún Numerario y le decía: Padre, estoy dispuesto a ser sacerdote. El (Monseñor Escrivá) se hacia el sordo y le decía “Hijo mío habla más alto que no te oigo” Y el muchacho iba alzando más y más la voz porque Escrivá le decía que seguía sin oírle. Y, cuando por fin, le oía le decía: “Muy bien, hijo mío, pues habla con tu Director”. Mientras nos contaba esto Monseñor Escrivá se reía y nos decía: “Yo lo que quería es que le oyeran los demás.”

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12.- Su falta de respeto a los obispos y de tono humano personal era notoria. Por ejemplo, cuando en la visita “ad limina” de alguno de los obispos que estaban en una ciudad o país donde el Opus Dei pensaba abrir una casa, Monseñor Escrivá, a través de Álvaro del Portillo, le invitaba a comer a la casa central, y a nosotras, —yo le oí directamente decir esto a Monseñor Escrivá— nos hacia advertencias de este tipo: “A este hombre le gusta comer mucho. O sea hijas mías prepararle una comida que se la pueda tocar con los dedos” (Y abriendo Monseñor Escrivá la boca se metía los dedos para indicarnos hasta donde le tendría que llegar la comida a aquel obispo).

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13.- “Las nuestras no tendrán que responder a ninguna nota o carta que puedan llegar de los Obispos ni de la Comisiones episcopales. Se las entregarán al Consiliario para que él me las haga llegar a mí”.

(Existen en el Opus Dei una serie de notas y rescriptos llegados de Roma en la que nos indicaban la prohibición tajante de que las mujeres nos relacionáramos con la Jerarquía eclesiástica y mucho menos con las religiosas o los miembros de cualquier otro Instituto secular.)

Sólo nos estaba permitido, por indicación expresa de Monseñor Escrivá, visitar al ordinario del lugar y al Nuncio por Pascua Florida y por su onomástico. Las visitas estaban estipuladas que tenían que ser:

a) hechas por dos Superioras;

b) las conversaciones con el Obispo o con el Nuncio tenían que reducirse a “contarles solamente cosas simpáticas o anecdóticas de nuestras sirvientas”;

c) no se les debía decir cuantas vocaciones habíamos tenido (mujeres, claro) al Opus Dei:

d) tampoco se les debía decir si Monseñor Escrivá estaba de viaje. Cuando nos preguntaban por él sistemáticamente había que decirles que estaba en Roma;

e) después de realizada la visita había que escribir una ficha de 4″x6″ relatando exactamente la conversación [que se había] tenido con el Obispo o Nuncio;

f) esta ficha se mandaba en el primer correo a Roma, al Gobierno central de mujeres, quienes se la entregaban a Monseñor Escrivá.

Siendo Nuncio Apostólico de S.S. en Venezuela Monseñor Dadaglio, con quien personalmente siempre guardé una relación personal muy sincera, me preguntó, en una de las visitas oficiales que yo le hice, acompañada de otra Numeraria, cuantas vocaciones habíamos tenido aquel año. De la manera más espontánea yo le dije el número. Esta ficha llegó a Roma. El Consiliario del Opus Dei en Venezuela, Don Roberto Salvat Romero, me hizo llegar, “de parte del Padre” (Monseñor Escrivá) la indicación de que “había sido muy indiscreta con el Nuncio, porque a la Jerarquía de la Iglesia no había que darles explicaciones de ninguna clase respecto a la Obra”. Cuando yo pregunté el por qué, la respuesta fue “porque lo ha dicho el Padre y basta”.

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14.- Cuando Monseñor Escrivá hablaba ante un grupo de Numerarias y sirvientas, dejaba ver muy claro su desprecio hacia las monjas. Fueron muchas las veces que le oí decir: “Hijas mías no me seáis bobicas como las monjas” y al decir esto hacía la mímica con las manos pegadas a la cara y remedando con la voz una persona bobalicona.

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15.- Oí bastantes veces decir a Monseñor Escrivá que “las monjas eran tontas” y agregaba que él la única monja que visitaba era Sor Lucia de Portugal, “no porque haya visto a la Virgen, sino porque nos quiere mucho”, y agregaba: que Sor Lucia era “un poco tontucia pero una buena mujer”.

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16.- Estando en Roma se le contaban al Padre la actuación de las monjas, ridiculizándolas, cuando en el aeropuerto un grupo grande de una orden o congregación esperaban la llegada de la Madre General y gritaban las monjitas “Nuestra Madre, Nuestra Madre”. Monseñor Escrivá se reía a carcajadas. Es curioso, qué aquello que tanto le hacia reír a Monseñor Escrivá se repitiera años más tarde en su persona.

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17.- No quería que tuviéramos trato alguna con las religiosas y esto era bien conocido por todas las Numerarias como me lo comentaba en mi última visita a Caracas Sor Isabel de la Trinidad, (Trina Gordils). Sor Isabel de la Trinidad era Carmelita descalza, y falleció este año en Caracas. Era abogado y periodista y fue la primera Oblata del Opus Dei (ahora llamadas Agregadas). Se salió del Opus Dei para entrar al Carmelo porque quería llevar una vida contemplativa y pobre. Esta religiosa tenía un gran sentido del humor, que siempre conservó. Me contaba, a propósito del proceso de beatificación de Monseñor Escrivá: “Niña, antes ni se ocupaban de nosotras, (refiriéndose al Opus Dei); pero desde que se murió el Padre, pululan por aquí (el Carmelo) todos sus curas: el Don Roberto y el otro y el otro para que pidamos por la beatificación de Monseñor. Y nos dan estampitas y toda la parafernalia”. Cuando yo la preguntaba: —Trina, ¿tú realmente crees que el Padre era santo?”, ella me respondió: “¡No, niña! ¡Qué va a ser santo ese hombre después de todo lo que te hizo a ti en Roma! Y ‘el de Arriba’ (como ella siempre llamaba a Nuestro Señor) lo sabe igualito que nosotras. Y si sale será por un apaño humano o porque el Espíritu Santo se tomó vacaciones.”

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18.- Monseñor Escrivá tenía a mi entender un poco de manía persecutoria: siempre desconfiaba de la Iglesia. Esto lo reflejaba de muy diversas maneras: con dichos como “cuando yo llegué a Roma perdí la inocencia” (refiriéndose a la llamada ‘política vaticana’. Confiaba, sin embargo, en el hecho de que Álvaro del Portillo y Salvador Canals tuvieran responsabilidades dentro del Vaticano para poder estar “al tanto de las cosas que pasan por dentro”, nos dijo en más de una ocasión a algunas de las Superioras mayores en Roma. Y anhelaba el día en que muchos de los miembros del Opus Dei estuvieran esparcidos dentro del Vaticano “y entonces nos van a oír” decía.

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19.- Tenía total convencimiento de que iba a ser santo. Y preparó todo en vida en este sentido: desde su tumba en la casa central con la indicación a las superioras de: “Pero no me dejéis aquí mucho tiempo. Que me lleven luego a una iglesia pública para que os dejen en paz y podáis trabajar.”

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20.- Se guardaba en todas las casas la ropa personal que desechaba para las reliquias futuras; se marcaba por debajo las sillas donde se sentaba; las flores que adornaban el altar se hacían cuadros y las cosas que él daba: crucifijos, tijeras de uñas que no funcionaban ya bien, lapiceros, fotografías suyas, eran propiedad de la persona que las recibía. Las cosas dadas por el Padre no entraban en el ‘espolio’ anual, ni ningún director las podía quitar.

21.- La pila donde le bautizaron la llevaron a Roma porque él indicó que se hiciera así. Lo mismo que quiso que su hermana se enterrase en la casa de Roma y que los cadáveres de sus padres se los llevaran a la casa del Opus Dei de Diego de León en Madrid. Todo esto lo dispuso en vida. Quería siempre rodear de una aureola especial a su familia. No es cierto lo que dicen sus biografías de que su hermana Carmen cuando supo que se moría ofreció todo por la Obra y por el Padre. Su hermana quiso morir en España y Monseñor Escrivá no la dejó ir. Me contó Lourdes Toranzo que “les costó mucho” que aceptase el morirse en Roma y se empeñaron en que “hiciera ese sacrificio por su hermano el Padre”.

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22.- Le gustaba el poder y la grandeza aunque lo recubría de palabras como “soy un pobre burro sarnoso”, pero luego nos agregaba que Dios Nuestro Señor le había dicho un burro fue mi trono en Jerusalén.”

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23.- En uno de los Congresos Generales, cuando Antonio Pérez Tenessa estaba en el Opus Dei, le dijo que propusiera en ese Congreso el que al Presidente General se le saludase con la rodilla izquierda en el suelo. Cosa que quedó establecida desde entonces. Cuando Monseñor Escrivá nos lo contaba a nosotras, Superioras del Opus Dei nos agregaba: “Hijas mías no es por mi, porque sé que me queréis mucho y me respetáis. Yo lo hago por el pobrecico que me siga.”

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24.- Cuando se erigió oficialmente el Estudio General de Navarra, organizó las cosas para que se le eligiera “Gran Canciller” y desde entonces empezó a hacer sus apariciones en lugares públicos como teatros, aulas magnas, etc., etc. Cuando iba a una de estas ciudades las preguntas que se le hacían estaban, la mayoría preparadas y consultadas con los respectivos superiores antes de serle hechas en público. Y en muchos casos, consultadas también con él previamente.

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25.- Cuando Monseñor Escrivá invitaba a almorzar a algún Cardenal en alguna casa del Opus Dei, las Numerarias teníamos que preparar a las doncellas para que empezaran a servir a la vez a Monseñor Escrivá y al Cardenal invitado: a nadie se le podía servir antes que a Monseñor Escrivá.

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26.- Si algo le gustaba en alguna casa que visitaba, indicaba a las superioras que le dijeran a esas personas que dieran aquel cuadro o tapiz para la Obra. (Ejemplo: Álvarez de Toledo en Madrid). Como pertenecía al patrimonio familiar, esta señora dijo que no se lo podía dar, pero a cambio le dio más de un millón de pesetas. En Sevilla se antojó de un biombo que pertenecía a una señora de la aristocracia española y sucedió lo mismo que el ejemplo anterior.

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27.- Un sacerdote que llegó a Madrid de Roma, en 1967, le dijo a una Supernumeraria, Maite Sánchez-Ocaña, que Monseñor Escrivá les había dicho que “si cuando a él le concibieron sus padres no le hubieran deseado, los hubiera escupido en su tumba.”

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28.- Era tal el culto que se le daba en vida a Monseñor Escrivá, que él mismo consideraba de buen espíritu si alguien de la obra, Supernumerarias o Cooperadoras, mandaban flores por avión para la misa que iba a celebrar en un lugar determinado, aunque este avión viniera a veces de país distinto donde él celebraba la Misa.

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29.- En Roma, los quesos tenían que ser suizos y concretamente “el de la florecita” como él nos dijo una vez. Era un queso de porciones con un ‘edelweis’, que nos costó caminarnos toda Roma para encontrarlo. Como eran quesitos de porciones, se compraban varias cajas ya que en cada una sólo había uno con florecita.

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30.- El champagne en la mesa de Monseñor Escrivá, cuando había invitados, tenía que ser ‘rosé’. Sus cubiertos eran siempre de plata. La ropa que usaba de hilo. Y los zapatos con hebillas de plata. Aunque a él le gustaba hablar de sus “zapatos viejos”.

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31.- Cuando le otorgaron la cruz de San Raimundo de Peñafort (era de plata sobredorada muy bonita) se la entregó Antonio Pérez Tenessa; Monseñor Escrivá la consideró muy pobre y dijo que tenía que ser una con brillantes, que se la hicieron, como él quería.

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32.- Para el compromiso matrimonial de su hermano Santiago, le aconsejaron los sacerdotes de la Obra que debería ir a Zaragoza a pedir él la mano. Monseñor Escrivá dijo que solamente iría si se alojaba en Zaragoza en el Palacio de Cogullada y en la misma habitación donde se alojó Franco, el jefe de Gobierno en España. Y que si no era allí, no iba. Los miembros de la obra tuvieron que hacer muchas gestiones, pero al final lo lograron y se alojó allí.

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33.- Fueron conocidas las gestiones que se hicieron para que le nombraran “Caballero de la Orden de Malta”, pero nunca se lo concedieron. En cambio logró que uno de los miembros de la obra, en un puesto clave en España, pudieran conseguir comprar para él el titulo nobiliario de “Marqués de Peralta”.

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34.- Su lenguaje era muchas veces vulgar. Fui testigo, un domingo de Pascua en Roma de lo siguiente: A las Numerarias del gobierno central nos habían dicho que podíamos subir al comedor de la Villa Vecchia, después de su almuerzo para felicitarle la Pascua. Cuando llegamos al comedor Don Álvaro estaba fumando con su acostumbrada boquilla de marfil. Monseñor Escrivá, por una ventana abierta de par en par al jardín de la Villa, hablaba con un grupo de Numerarios y les decía entre grandes risotadas: “Beberos el cognac que os he mandado, pero eso sí, no hagáis como ese Monseñor Galindo, paisano mío, que calentaba la copa en la bragueta”. Todas le oímos perfectamente y Don Álvaro le llamaba, tratando de advertirle que habíamos llegado, pero no le oía. Cuando se dio cuenta, cerró la ventana de un golpe seco y nos dijo: “Hijas mías, Dios os bendiga.” Esto nos lo prohibieron comentar después.

(Monseñor Don Pascual Galindo era el Rector de la Iglesia del Espíritu Santo en Madrid).

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35.- Era destemplado en su carácter. Las “broncas” del Padre eran conocidas muy bien por los miembros todos de la Obra. “Monseñor Escrivá, en incoherencia, le faltaba el sentido de caridad más básico: sabía muy bien mostrar la faceta de santo frente a las multitudes, incluso llamándose pecador, pero era capaz de insultar de la manera más terrible cualquier persona por el motivo más nimio: por ejemplo si un huevo frito no estaba frito como a él le gustaba, por ello, podía lanzarle una bronca a una directora. Si un mantel de altar no se planchaba exactamente a los centímetros del suelo que él tenía estipulados, era capaz de lanzarle un ex-abrupto igualmente a la Directora. O porque en la cocina se hacía ruidos al fregar los cacharros, etc. etc. En el diario de la casa no se podía escribir que “el Padre se enfadó o lanzó una bronca”, sino que había que decir: “El Padre nos enseñó hoy tal o cual cosa”.

Santa Bárbara, 31 de julio de 1991.

 

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Santa Bárbara, 24 de septiembre de 1991

Su Eminencia Ilustrísima

Cardenal Angel Sodano

Secretaría de Estado

Ciudad del Vaticano

DE CONCIENCIA

Eminencia:

Con renovada confianza le adjunto este nuevo material “Secreto y de conciencia” con el ruego de que igualmente al anterior lo ponga directa y personalmente en las manos de nuestro Santo Padre, Su Santidad Juan Pablo II.

A este punto es obvio insistirle en la importancia del material adjunto y que por ello, abusando de su bondad, sea Vd. quien lo entregue directa y personalmente al Santo Padre.

Le agradecería en el alma me hiciera llegar una breve nota asegurándome que tanto el material enviado para el Santo Padre a través de Su Eminencia con fecha 2 de agosto de 1991, como este de hoy le ha sido entregado personalmente a Su Santidad. Se con seguridad, a través del correo utilizado que el material le llegó a S. Eminencia; sin embargo, no he recibido todavía confirmación de S.E. de haber entregado el material al Santo Padre.

En espera de sus noticias, con toda gratitud y respeto, le pide su bendición,

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P.D. Quiero ratificarle, Eminencia, que estoy dispuesta a desplazarme a Roma a la primera llamada del Santo Padre.

María del Carmen Tapia

980 Hot Springs Road

SANTA BARBARA, California, 93108-1111 (U.S.A.)

Phone: Residencia: (805) 969-0090

Universidad: (805) 893-3075

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Santa Bárbara 24 de septiembre de 1991

A Su Santidad Juan-Pablo II

Ciudad del Vaticano

Beatísimo Padre:

Mientras espero recibir de Su Santidad la oportuna notificación para ser interrogada respecto a la causa de beatificación de Monseñor José-María Escrivá de Balaguer y, como continuación a mi carta del 2 de agosto de 1991, (que de acuerdo con el correo oficial fue recibida en su Secretaria de Estado con fecha 9 de agosto de 1991) me permito incluirle, como addenda, la siguiente relación de hechos que considero de gran importancia:

1. Actuación personal de Monseñor Escrivá en mi proceso personal de dimisión del Opus Dei.

2. Como consecuencia de lo anterior, fotocopias de la carta que enviaron a mi padre, por indicación directa y precisa de Monseñor Escrivá, así como de las cartas enviadas por mi padre a Monseñor Escrivá.

3. Fotocopias de las cartas enviadas por indicación de Monseñor Escrivá a diversas autoridades universitarias y diplomáticas negando los estudios de Filosofía y Teología que yo realicé en el Opus Dei. Hay que tener en cuenta que dichas cartas en el Opus Dei sólo pueden escribirse por indicación directa y precisa del Presidente General, en aquel entonces, Monseñor Escrivá. En esencia, lo que trataba de negarse era no solamente los estudios que yo realicé, sino que yo hubiera pertenecido a la institución. De hecho, S.E. el Cardenal Tavera, q.e.p.d., trató de ayudarme con ese motivo y nunca alcanzó a entender la falta de caridad y justicia en la actuación de Monseñor Escrivá.

Es obvio, Beatísimo Padre, que estoy dispuesta a ampliar estos hechos de palabra ante Su Santidad o como le dije en mi anterior carta y le ratifico ahora, ante el juez de su estricta y personal confianza que, que ni de cerca ni de lejos, tenga relación alguna con el Opus Dei. Igualmente estoy dispuesta a ratificar todo ello bajo juramento.

Se que varias personas que estuvieron durante muchísimos años en el Opus Dei acaban también de escribirle nuevamente, ya que la correspondencia enviada previamente parece que nunca llegó a las manos de Su Santidad.

El asunto es tan grave en su conjunto, Beatísimo Padre, que más que nunca confío plenamente en el Espíritu Santo para que ilumine a Su Santidad, y le mueva, precisamente por el sentido de justicia inherente como Pontífice, a escuchar a cuantos de sus hijos lo hemos solicitado de corazón como hijos también de la Iglesia y por el bien de las almas.

Le pide con humildad la bendiga, su hija en Nuestro Señor,

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Anexos:*

1. Actuación personal de Monseñor José-María Escrivá en mi proceso personal de dimisión del Opus Dei (18 páginas)

2. Correspondencia entre Monseñor Escrivá y mi padre (3 cartas).

3. Correspondencia entre el Decano de Estudiantes extranjeros de la Universidad de California, Dr. K. M. Matthew y Monseñor José­-María Escrivá (3 cartas).

4. Correspondencia entre el Decano de Estudiantes extranjeros de la Universidad de California, Dr. K. M. Matthew y el Consiliario de Venezuela, Roberto Salvat, a través del Nuncio Apostólico en Venezuela, Monseñor del Judice (3 cartas).

5. Carta de la Administrative Assistant del Decano de Estudiantes extranjeros, Mrs. Muriel E. Engle a la Secretaria Regional de Venezuela, Sofía Pilo.

6. Carta del Abogado Dr. Carlos Hernández Bitter al Consiliario de Venezuela, Roberto Salvat.

7. Correspondencia entre el Chairman del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de California, Professor G. J. Larson, y Mr. William K. Braun, Attaché Cultural de la Embajada de los Estados Unidos en Roma (4 cartas).

8. Correspondencia entre María del Carmen Tapia y S. E. el Cardenal Arturo Tavera (2 cartas).

9. Declaración del Dr. Faustino Castro, abogado y sacerdote.

10. Correspondencia entre el Chairman del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de California, Professor G. J. Larson y Monseñor José-María Escrivá (2 cartas).

11. Certificado de Estudios expedido por un sacerdote Numerario del Opus Dei.

* Los textos de los anexos aquí indicados no se incluyen ahora porque, al estar ya incluidos en capítulos anteriores, resultaría repetitivos.

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Reflexiones En Torno Al Niño Desaparecido Yeremi José Vargas

marzo 22, 2007

 yeremi-jose-vargas.jpgLa noticia de la desaparición del niño de 7 años Yeremi José Vargas desde el pasado 10 de marzo tiene conmocionada a España entera. Se han movilizado en su busca los habitantes de la Isla de Gran Canaria, su lugar de residencia: buscan al niño dentro de los contenedores de basura, por si estuviera dentro; todos los miembros de los servicios de emergencia de su localidad están buscándole; el alcalde de Vecindario ha hecho un llamamiento “a continuar esta labor de búsqueda”.

Y la mayoría de los medios de comunicación se hacen eco de la noticia. Su fotografía ha sido difundida por la prensa escrita, canales de televisión y medios virtuales, a los que ahora nos unimos nosotros. La familia cree que se lo pudieron llevar porque “es un niño tímido y asustadizo” por lo que todo apunta hacia un secuestro ya que, según afirma la portavoz de la familia Milagros Suárez, “él sabe muy bien dónde está la casa; si estuviera perdido él puede llegar a la casa perfectamente “.

Nos ponemos en el lugar de sus padres y familiares y se nos rompe el corazón. ¡Cuanta desesperación! ¡Que sufrimiento al sentir a su hijo perdido para siempre!

Deseamos que pronto sea encontrado.

La importancia que todos le damos a esta noticia contrasta con la indiferencia ante la llamada angustiosa de socorro que hace una madre a la que de otra manera han “secuestrado” a su hija. Copio su llamamiento:

Vivo en Pamplona ayudadme a desenmascarar al OPUS DEI por corromper las mentes de niños, niñas, como es mi hija, que ahora tiene 19 años pero que el año pasado me dijo que se había hecho agregada de esta obra corrupta, no empleo palabras bruscas porque ustedes no dejan pero me salen del alma. Les pido ayuda para que esta gente no siga actuando bajo el paraguas de la iglesia. Si de aquí a cinco años mi hija se mete en esta secta, haré algo gordo, gracias.

Feliciana.

Fuente: ¡Ayudadme! Mi hija se ha hecho Agregada del Opus Dei.

¿Y qué hacen la sociedad y las autoridades civiles y eclesiásticas por solucionar esta situación?

NADA de NADA.

¿Por qué?

Pues porque las cadenas que atrapan a esta muchacha son invisibles, a diferencia de la físicas que retienen a Yeremi, y precisamente por eso son mucho más eficaces, pues al no ser vistas eluden la acción social en contra de ellas.

Mañana cualquiera de nosotros se puede encontrar con un hijo / hija atrapado en un grupo que emplea técnicas sectarias. Y para evitarlo hay que actuar cuanto antes, con urgencia.

¡Cuantos Yeremi hay en el Opus Dei!

Niños a quienes sus padres permiten que vayan a clubes de la Obra confiando en que allí recibirán una buena formación, sin que sospechen que a muchos de ellos luego les van a coaccionar lo indecible psicológicamente y espiritualmente para que se hagan del Opus Dei, prohibiéndoles además que les cuenten a sus padres que se han hecho de la Obra. Así ocurrió conmigo, y mi caso no es la excepción sino la regla.

Pienso en las numerarias auxiliares de la Obra a quienes sus humildes familias depositan en manos de la Prelatura para que las promocionen, y en vez de eso las hacen unas autenticas esclavas, dedicándolas a barrer, limpiar, fregar y cocinar para los señoriítos / señoritas del Opus Dei; controlándoles sus gastos al milímetro, sin darles promoción social alguna (excepto enseñarlas a leer y poco más).

Y una vez dentro te infunden miedos, culpas, fobias y temores irracionales inventados por su Fundador para que no te vayas, tales como que la vocación al Opus Dei es el don más grande que Dios te ha dado después del de la Fe, o que dejar la Obra es condenarse a la infelicidad temporal y eterna, o que prefiero que me digan de un hijo mío que ha muerto antes que ha perdido la vocación, o que no doy ni cinco céntimos por el alma de quien haya dejado el Opus Dei, o rezad para que Dios os permita morir antes que dejar la Obra…, y toda esta mentalización te provoca una intensa angustia cuando piensas en marcharte, lo que te imposibilita contemplar la salida como una solución viable. Y cuando planteas que el Opus Dei no es lo tuyo se reactiva y multiplica el acoso para impedír que te vayas. Por ejemplo con cursos de retiro especiales, en donde sin que tú lo sepas el sacerdote tiene una ficha que le facilitan tus directores en la que se explica con pelos y señales tu estado, por lo que te quedas conmocionado y con el propósito de “perseverar” cuando crees que es el Espíritu Santo quien a través de su boca “da en el clavo” sobre lo que a ti te pasa. Y la misma presión se da en las charlas y medios de formación colectivos e individuales que recibes. Y no paran hasta que consiguen de ti que retrases para más adelante irte de la Obra.

Con estos y otros medios igual de sofisticados logran que mes a mes, año a año, década a década, vayas posponiendo dejar el Opus Dei.

Y así es como yo estuve 35 años dentro. Desde el principio planteé una y otra vez que allí no era feliz, que creía que no era lo mío. Confiaba plenamente en los directores quienes invariablemente me contaban que ellos si que veían en mí una clara vocación a la Obra, que todo era por culpa mía, por no ser generoso, por no identificarme lo suficiente con el Padre (el fundador del Opus Dei, no Dios), por carecer de visión sobrenatural… y ese acoso espiritual y psicológico se repetió una y otra vez durante 35 largos años; hasta que de golpe descubrí que el Opus Dei carece de toda credibilidad porque sus técnicas son contrarias a Dios, y entonces me fui.

¡Por el amor de Dios, pongámonos las lentes necesarias para ver las cadenas invisibles que emplea el Opus Dei y rompámoslas para que nadie tenga que repetir mi experiencia y la de tantísimos otros!

¡Hasta cuando tendremos que contemplar la inhibición generalizada ante la infinidad de Yeremi que se encuentran tras los muros de instituciones en apariencia respetables!

Ivan de ExOpus.
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Sobre La Vocación Del Laico Al Opus Dei

enero 26, 2007

Ivan de ExOpus

Es bueno insistir en la idea de que los laicos sólo cooperan (orgánicamente) con el Opus Dei, ya que una de las mentiras que la Prelatura inculca, con gran eficacia, es la de que tanto clérigos como seglares pertenecen a la Obra de igual manera.

El Código de Derecho Canónico (CIC) es claro al respecto.

(En adelante todos los subrayados son míos.)

Con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales, la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular. (CIC, Canon 294).

No olvidemos que el CIC es la máxima autoridad legislativa de la Iglesia, y que sí él ordena que las prelaturas personales (Opus Dei) consten de presbíteros y diáconos del clero secular, es que ésa es su única constitución posible.

Mediante acuerdos establecidos con la prelatura, los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de la prelatura personal; pero han de determinarse adecuadamente en los estatutos el modo de cooperación orgánica y los principales deberes y derechos anejos a ella. (Ibíd., Canon 296).

Los laicos incorporados a la Prelatura [del Opus Dei] no modifican su propia condición personal, teológica o canónica, de comunes fieles laicos, Y como tales se comportan en toda su actuación y, concretamente, en su apostolado. (Apartado II-B, de la Declaración «Prelaturae Personales»).

Los laicos -hombres y mujeres, solteros o casados, de todas las profesiones y condiciones sociales- que se dedican al cumplimiento del fin apostólico propio de la Prelatura [del Opus Dei] asumiendo unos compromisos serios y cualificados, lo hacen mediante un vínculo contractual bien definido, y no en virtud de unos votos. (Ibíd., Apartado I–C).

La jurisdicción de la Prelatura personal se extiende a los clérigos en ella incardinados, así como también sólo en lo referente al cumplimiento de las obligaciones peculiares asumidas por el vínculo jurídico, mediante convención con la Prelatura a los laicos que se dedican a las tareas apostólicas de la Prelatura: unos y otros, clérigos y laicos, dependen de la autoridad del Prelado para la realización de la tarea pastoral de la Prelatura. a tenor de lo establecido en el artículo precedente. (Juan Pablo II, Constitución Apostólica «Ut Sit»).

Aunque la forma de cooperación que la Iglesia dice de esos laicos es «orgánica», no olvidemos (como la Obra pretende) que el adjetivo nunca destruye al sustantivo. Así como un gato negro no deja de ser gato por ser negro, tampoco un cooperador orgánico deja de ser cooperador por el hecho de ser orgánico.

Lo visto arriba significa, traducido al román paladín, que para la Iglesia un laico del Opus Dei es lo mismo que el sacristán de una parroquia, puesto que ambos son seglares que colaboran con sacerdotes por medio de un acuerdo contractual.

Y para la Iglesia las cosas son así, por mucho que les pueda doler a los directores de la Obra.

Y tanto les duele a los dirigentes del Opus Dei que en la formación interna que dan a los suyos desobedecen esa realidad y enseñan algo muy distinto.

Los textos de abajo están tomados de la última edición del Catecismo del Opus Dei (que no ha sido presentado a la Iglesia, ni por tanto aprobado por ella), documento con tanta importancia dentro de la Obra que su Fundador recomendaba que fuera aprendido de memoria.

4. -¿Cómo está constituida la Prelatura del Opus Dei?

La Prelatura del Opus Dei está constituida por sacerdotes y por seglares –tanto hombres como mujeres, de las más variadas condiciones sociales, estados civiles y profesiones-, bajo el régimen de su propio Prelado.

16.¿Los fieles del Opus Dei que son sacerdotes forman una categoría aparte?

Los fieles del Opus Dei que son sacerdotes no forman una categoría aparte. En la Obra todos –seglares y sacerdotes- constituyen una misma clase. (Vínculo al Catecismo del Opus Dei )

Lo que contradice al CIC, en donde vimos que explica como las Prelaturas constan [exclusivamente] de presbíteros y diáconos del clero secular. Por lo que según la Iglesia hay dos clases o categorías dentro del Opus Dei: la de sus sacerdotes (miembros de pleno derecho) y la de los seglares (cooperadores por contrato).

Los dirigentes del Opus Dei confunden a los suyos porque necesitan que los laicos se crean que su vocación es algo colosal, inmenso, el don más grande que Dios les ha dado después del de la Fe, como afirmaba su Fundador, para que así, una vez que se lo crean, puedan retenerles artificialmente por el temor a las maldiciones que san Josemaría dejo dichas de que dejar la Obra es condenarse a la infelicidad temporal y eterna, o que prefiero que me digan de un hijo mío que ha muerto antes que ha perdido su vocación, o que no doy cinco céntimos por el alma de quien haya dejado el Opus Dei, o rezad para que Dios os permita morir antes que dejar la Obra… que carecen de todo poder en el caso de que se descubra la realidad de las cosas, cuando se ve que esa inflada vocación no es superior a la del sacristán de la parroquia de al lado.

Lo ideal es que el Opus Dei rectifique, que deje de sembrar confusión, que acate sin restricciones lo que se le ordena, que se conforme con lo que es… mas sí no está dispuesto a obedecer a la Iglesia, pues que se separe de ella. Pero ante todo que deje de vivir en la hipocresía de aparentar hacia afuera que es muy fiel a la Jerarquía, mientras que de puertas para adentro la desobedece.

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Algunas Mentiras Del Opus Dei (II) – Sobre El Marquesado De Peralta

enero 19, 2007

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Ricardo de la Cierva

VIGESIMO NOVENA MENTIRA [así figura en el original]: El título de marqués de Peralta pertenecía al padre de monseñor Escrivá; al morir éste, sólo el primogénito —o sea, él— podía reclamarlo. Pues bien, consultó a compañeros de la Obra, consultó a la secretaría de Estado del Vaticano y después de mucha reflexión resolvió pedirlo. A las veinticuatro horas lo había traspasado a su hermano. ¿Dónde está su ambición? Todo lo que quiso fue restituir a su familia lo que le pertenecía y sólo él podía proporcionarle, lo que por otra parte, además de un derecho, era una compensación por todas las privaciones que habían, pasado ayudándole en su Obra”. (Padre Rafael Pérez, O.S.A., nonagenario aragonés, juez del proceso de beatificación de monseñor Escrivá, declaraciones en la revista EPOCA, 10 de febrero de 1992).

Por su avanzadísima edad, el padre Rafael Pérez incurre en una serie de lapsus que subjetivamente no deseo calificar como mentira -seguramente llegó a creerse personalmente esta especie de versión oficiosa del Opus Dei sobre el famoso marquesado de Peralta- pero que objetivamente equivalen a toda una sarta de falsedades que voy a analizar en el resto de este capítulo.

Vayamos, ante todo, a los hechos. Según la publicación del ministerio de Justicia (Madrid, Centro de publicaciones, 1988) Grandezas y títulos del Reino, guía oficial, el marquesado de Peralta fue concedido el 14 de marzo de 1718 a don Tomás de Peralta, secretario de Estado de Guerra y Justicia del reino de Nápoles. No se hace mención alguna de la rehabilitación del título a favor de monseñor Escrivá, sino que figura como titular, según carta expedida en 17 de noviembre de 1972, el hermano del fundador del Opus Dei don Santiago Escrivá de Balaguer y Albás.

Sin embargo en el archivo del ministerio de Justicia puede comprobarse que el marquesado de Peralta fue rehabilitado a petición de don José María Escrivá de Balaguer en 3 de agosto de 1968, de acuerdo con la solicitud formulada por el interesado el 25 de enero del mismo año; el título se concedió con inusitada rapidez, como parece ser norma en los grandes honores que antes y después de su muerte obtuvo el fundador del Opus Dei. Por lo tanto, como según la citada Guía (que en esta fecha no se equivoca aunque sí en otra muy esencial) don Santiago Escrivá no sucedió a su hermano en el título hasta el 13 de noviembre de 1972 resulta que monseñor Escrivá lo disfrutó durante más de cuatro años, y no “lo traspasó en veinticuatro horas” como afirma el padre Pérez. Eso sí; no consta que monseñor Escrivá utilizase el título públicamente, aunque sí lo hizo, según fuentes romanas que luego concretaré un tanto, de forma reservada para uno de los fines de su estrategia religiosa. Queda pues desenmascarada la primera falsedad sobre el marquesado.

LAS RAZONES DEL MARQUESADO

¿Por qué el marquesado? Hasta el beato Escrivá los nobles titulados habían renunciado generalmente a sus títulos y honores cuando decidían abrazar el estado de perfección; el caso más notorio es el de san Francisco de Borja, duque de Gandía y marqués de Lombay, que dejó sus títulos al ingresar en la Compañía de Jesús. Yo no conozco un solo caso de un miembro de una institución religiosa, menos que nadie un fundador, que pidiese y obtuviese para sí un título nobiliario. Tampoco creo que el padre Escrivá lo pidiera por vanidad y ostentación. ¿Cuáles fueron entonces las razones?

En el fondo fondo algo de lo que dice el padre Rafael Pérez es verdad. El padre Escrivá provenía posiblemente de una familia hidalga del Alto Aragón, donde la hidalguía – que es un grado menor, pero auténtico, de nobleza- se valora todavía muchísimo. La familia, que había disfrutado de posición acomodada, luego vino a menos, tuvo que abandonar su solar de Barbastro y su posición independiente; el padre de monseñor se colocó corno dependiente en una casa comercial de Logroño. Es cierto que la familia hizo verdaderos sacrificios para poder dar estudios superiores al futuro fundador, quien deseaba recompensarles por ello. Pero hay una razón más profunda. Venir a menos crea siempre en una familia hidalga un complejo mayor o menor de inferioridad, una nostalgia humanamente muy explicable. Incorporar a su familia nada menos que un marquesado suponía para ella toda una rehabilitación histórica. El padre Escrivá estaba muy unido a su familia, gozaba en los años sesenta de una extraordinaria influencia política y social en España dada la posición preeminente de varios miembros de la Obra en el régimen de Franco (ruego a mis amigos del Opus que no rezonguen al oir estas verdades que son evidentes) y solicitó el marquesado. La decisión no fue muy ortodoxa según la historia de la santidad pero humanamente resulta explicable y comprensible. Ya antes del marquesado el padre Escrivá, que se llamaba solamente Escrivá, obtuvo legalmente la ampliación de su apellido a la forma mucho más solemne de Escrivá de Balaguer. Otro recurso para vencer el complejo de inferioridad; otras personas lo han hecho desde siempre en España, véase el caso del hijo del carretero de Granátula que ha pasado a la Historia con el sonoro nombre de Baldomero Espartero, que no era el suyo. No me parece mal que cada uno se haga llamar como quiera.

Antes aludí a una razón estratégica. La expliqué en el primer ensayo de mi libro Misterios de la Historia, segunda serie (Planeta 1992) sobre la Orden de Malta. El Papa Pío XII estaba muy preocupado con la situación de la Orden de Malta, religiosa y nobiliaria, que data del tiempo de las Cruzadas, desde la fundación de su gran hospital de San Juan en Jerusalén. Se trata de una Orden religiosa plena, aunque en trance de extinción por el número decreciente de profesas; y que a lo largo de los siglos había degenerado en lo que hoy es, un muestrario de vanidades, plumeros y cosas peores, aunque en algunas naciones -las antiguas Lenguas- mantiene encomiables obras de asistencia y caridad; entre esas naciones no se encuentra España, por desgracia. El padre Escrivá, según parece por indicación de la propia Santa Sede, pensó en la posibilidad de hacerse con la Orden de Malta (que con sus cincuenta y tantas representaciones y valijas diplomáticas es además un importante centro de poder mundial) para reconducirla a sus antiguas finalidades espirituales, ahora muy abandonadas. Según informaciones que me fueron facilitadas en Roma, a esto se debe que varios miembros del Opus Dei hayan ingresado en las diversas clases de la Orden de Malta, como algunos Caballeros de Obediencia en España y el propio prelado del Opus Dei, monseñor Alvaro del Portillo, que figura en los catálogos sanjuanistas como caballero de honor y devoción con el número 160 en la Lengua de España. Las mismas fuentes romanas me indicaron que monseñor del Portillo, noble por los cuatro costados, ingresó sin dificultad pero la solicitud del padre Escrivá fue denegada por falta de pruebas de nobleza. Tal vez a ello se debiera la obtención del marquesado de Peralta, aunque ello supondría un cierto desconocimiento del padre Escrivá sobre los mecanismos y rigideces nobiliarias de la Orden de San Juan. Yo desde luego prefiero que la venerable y degradada Orden de Malta caiga en manos del Opus Dei y eluda así las infiltraciones y amagos de la masonería y de la mafia que, como he probado documentalmente, la acechan; registro este episodio como un hecho, no como una crítica. La Orden de Malta se rige por un sistema de patronato, prelatura y soberanía que seguramente ha inspirado al Opus Dei para su configuración actual.

La verdad es que si éstas fueron las razones del padre Escrivá para solicitar el marquesado de Peralta pueden resultar comprensibles, aunque todo ello sigue sin convencerme desde el punto de vista de la tradición religiosa. Sin embargo esto no es lo grave. Lo grave es que, después de estudiar muy a fopdo el problema, he llegado a la conclusión de que el marquesado de Peralta se concedió al padre Escrivá en virtud de una falsificación. Decir esto me resulta terriblemente enojoso pero me debo a la verdad y voy a probarla.

UN DEFENSOR DE LA REHABILITACION

La verdad es que si éstas fueron las razones del padre Escrivá para solicitar el marquesado de Peralta pueden resultar comprensibles, aunque todo ello sigue sin convencerme desde el punto de vista de la tradición religiosa. Sin embargo esto no es lo grave. Lo grave es que, después de estudiar muy a fnpdo el problema, he llegado a la conclusión de que el marquesado de Peralta se concedió al padre Escrivá en virtud de una falsificación. Decir esto me resulta terriblemente enojoso pero me debo a la verdad y voy a probarla.

El recuerdo -casi se trata de un culto- de los títulos nobiliarios españoles en la antigua América española sigue produciendo en las antiguas Indias notables expertos en genealogía, entre los que destacan los miembros de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas, que publican una acreditada revista cuyos números 30-31, de octubre de 1987 (año 34) tengo delante. En su portada figuran varios apellidos de la más rancia nobleza española allí afincada, entre ellos el de Volio, que me resulta familiar porque es el que lleva mi distinguida amiga Marina Volio, que fue ministra de Cultura en su patria durante el año 1980; tuve el honor de recibirla en nombre del gobierno de España en aquel año. Otro de los linajes nobles trasplantados de España a Costa Rica, que figura en la misma portada, es el de Peralta. Si combinamos los datos de esta revista en el citado número con los obtenidos por uno de mis colaboradores, que es además un experto genealogista, en el archivo del ministerio de Justicia los resultados son explosivos y los voy a analizar inmediatamente.

Pero antes debo referir las conclusiones a que llegó don Adolfo Castillo Genzor, experto genealogista español de Zaragoza, ya fallecido según creo, sobre el marquesado de Peralta aplicado a monseñor Escrivá de Balaguer ya que el señor Castillo Genzor fue uno de los técnicos que colaboró en la rehabilitación. El artículo se titula Nobiliario general de Aragón, el marquesado de Peralta y fue publicado en El Noticiero de Zaragoza el día 6 de agosto de 1968, es decir tres días después de la rehabilitación en favor del padre Escrivá.

Ante todo el señor Castillo Genzor defiende la vigencia de la nobleza y se apoya en la ley de 4 de marzo de 1948. El autor señala que el marquesado de Peralta fue creado por el archiduque Carlos de Austria en su condición de Pretendiente al trono de España (debiera decir en su condición de presunto Rey Carlos III de España) “según Real Cédula datada en la ciudad de Viena con fecha 4 de marzo de 1718”. Esta es precisamente la fecha que sigue aceptando en 1988 la Guía Oficial del ministerio de Justicia. Añade Genzor que Felipe V, mediante la ratificación del tratado de Utrecht (mejor sería decir el Tratado de Viena) en 18 de julio de 1725, reconoció las mercedes otorgadas hasta esa fecha por el Pretendiente, convertido en Emperador Carlos VI de Austria. Uno de los caballeros qué acompañaron a don Carlos a su patria cuando perdió la guerra de sucesión española fue, según Castillo Genzor, “cierto caballero hidalgo aragonés llamado don Tomas de Peralta”, del que no ofrece más apellidos aunque le cree “de linaje oscense”. Al marcharse dejó establecido en la ciudad de Barbastro a su hermano don Diego de Peralta, también sin más apellidos, extraña cosa en un genealogista. Sin embargo el marquesado de Peralta no sería reconocido por la Casa de Borbón, según Castillo Genzor, hasta Fernando VI, “en la persona del sobrino carnal del concesionario, don Manuel de Peralta” según Real Cédula de 4 de diciembre de 1758. Castillo reconoce, pues, que el marquesado no fue aceptado por Felipe V, y que tras el reconocimiento de Fernando VI el concesionario no lo utilizó aunque “dejó expedito el camino a su descendencia”. Todo muy extraño.

Y así salta de golpe el técnico, sin más conexiones intermedias, hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando alaba a monseñor Escrivá de Balaguer por reclamar un título que le viene “por rigurosa herencia de sangre.” Y aquí paz y después gloria.

LA VERDADERA CASA DE PERALTA

Pero ni el señor Castillo Genzor, ni monseñor Escrivá de Balaguer, ni el gobierno español que rehabilitó el título, ni el general Franco que puso su firma en el decreto, dando por buena la obra de los expertos, podía imaginar que don Ricardo Fernández Peralta, fundador y presidente de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas, hidalgo a fuero de España, fuese realmente descendiente de la auténtica casa de Peralta y se dedicara certera y amorosamente a investigar y estudiar la auténtica historia de su familia, que publicó en el número citado del Boletín que nos sirve de referencia. Arranca -en su estudio de la que llama “rama andaluza” – de don Juan de Peralta y Bosque nacido en 1517, que obtuvo licencia en 1565 para pasar a Costa Rica aunque no lo hizo. Sigue la genealogía hasta el primer miembro de la familia Peralta que veo aparecer en América Central, don Francisco de Peralta y García de San Juan, capitán de navío de la Real Armada, que murió heroicamente frente a Panamá combatiendo a una flota pirata inglesa. Uno de sus hermanos, don José de Peralta y García de San Juan, caso con doña Juana Franco de Medina en 1697 y su primogénito, don Juan Tomas de Peralta y Franco de Medina, nacido el 30 de mayo de 1698, fue precisamente quien. al servicio del pretendiente austriaco don Carlos (llamado Carlos III de España) recibió de él el marquesado de Peralta el 19 de febrero de 1738, (no 1718) cuando don Carlos ya era emperador de Austria. Don Juan Tomás, que era natural de Jerez de la Frontera y no “de linaje oscense” casó en Viena en 1721, enviudó y regreso a España, donde murió en Jerez de la Frontera el 1 de mayo de 1743.

¿Qué valor puede tener una genealogía como la que sirvió para rehabilitar el marquesado en favor de monseñor Escrivá, una genealogía sin apellidos ni fechas, ni datos de nacimiento ni de muerte? ¿Por que el Peralta oscense del señor Castillo Genzor no utilizó su título nobiliario de l718? ¿Por qué no lo heredó su hermano que se había quedado en Barbastro, la ciudad natal del padre Escrivá, muy previsoramente? Muy sencillo; porque el título no se concedió hasta 1738, cuando ya el reconocimiento no era automático; porque se trataba de un título austriaco y no español; porque para convertido en título español hubo sencillamente que falsificar la fecha de concesión y convertirla en 1718, para que cayese antes de 1725, tope de los reconocimientos de los títulos del Pretendiente por el vencedor Felipe V.

El hermano del primer marqués de Peralta no se llamaba don Diego ni tuvo que ver con Barbastro; se llamaba don Esteban Francisco de Peralta y Franco de Medina y también era natural de Jerez de la Frontera. Uno de sus nietos, don José María de Peralta y de la Vega, nacido en Jaén en 1763, fue el fundador de la Casa de Peralta en Costa Rica. Fue un prócer de la Independencia, lo que explica que el titulo marquesal dejara de usarse en la familia, aunque nunca renunció a su calidad de tercer Señor del mayorazgo de Peralta, creado por el primer marqués.

La documentadísima genealogía costarricense continúa por todas sus ramas, frondosa pero clarísima, hasta desembocar en un singular personaje que nos interesa muy especialmente: don Manuel María de Peralta y Alfaro.

ALFONSO XII Y ALFONSO XIII ANTE EL MARQUESADO DE PERALTA

Ruego al lector que tenga delante. el documento del Ministerio de Gracia y Justicia expedido el 3 de septiembre de 1930 durante el reinado de don Alfonso XIII porque resulta esencial como prueba y lo reproducimos aquí en facsímil.

oficio_peraltaPie de foto: Documento del Ministerio de Justicia de don Alfonso XIII en 1930 en el que se reconoce la fecha auténtica de la concesión del marquesado de Peralta y la relabilitación de ese título por Alfonso XII. Este documento prueba que la rehabilitación del título por el padre Escrivá se basa en una falsificación.

En primer lugar reconoce que el marquesado de Peralta se concedió en 1738 y no en 1718 como dice la guía actual del Ministerio de Justicia a quien se le ha colado el interesado adelanto de la fecha, es decir la falsificación. En segundo lugar porque consta la verdadera rehabilitación del título por el Rey Alfonso XII en favor de don Manuel María de Peralta.

Este nuevo prócer costarricense de la familia Peralta era hijo natural de don Bernardino de Peralta y Alvarado y una descendiente de los conquistadores de América, doña Ana de Jesús Alfaro; pero su padre le reconoció ante el consulado de España en Costa Rica el 18 de marzo de 1881. Don Manuel, cargado de honores en su patria, desempeñó importantes misiones diplomáticas; una de ellas en España. El editor de la revista costarricense que nos sirve de guía hace las siguientes interesantísimas consideraciones:

“Don Manuel María de Peralta solicitó y obtuvo de don Alfonso XII la rehabilitación del título de marqués de Peralta por R.O. de 16 de agosto de 1883, (como se indica en el documento que reproducimos en este libro, n. del a.). No obstante hubo cierta reticencia de parte de la Administración española de aquellos tiempos, y fue así como le propusieron a don Manuel María que optara por un cambio de nacionalidad, a lo que él naturalmente se opuso con mucha discreción. Finalmente le sugirieron la intervención del Vaticano en la transmisión del título, cosa que tanto la Santa Sede como él aceptaron con la sola condición de parte de aquélla de que el título debía ser vaticano para no aparecer la Santa Sede como mera transmisora de dicha dignidad. Este es el origen de la duda sobre la nacionalidad del título de marqués de Peralta, que definitivamente es un título del Imperio Austriaco ya que como vimos más atrás, lo otorgó el emperador don Carlos VI de Austria a don Juan Tomas de Peralta, súbdito español, en Viena a 19 de febrero de 1738 es decir trece años después de estar vigente el llamado tratado de Viena (1725). Con dicho tratado quedaron reguladas las concesiones de dignidades a súbditos españoles por parte del otrora archiduque pretendiente, ya por entonces reconocido como emperador de Austria” .

Al referirse a la rehabilitación de Alfonso XII mi colaborador genealogista, que ha estudiado el caso en el archivo del ministerio de Justicia, añade: “El rehabilitador, en este caso, lo fue el embajador de Costa Rica en España, don Manuel María de Peralta y Alfaro, sobrino tataranieto del concesionario. Como en aquel entonces la rehabilitación fue impecable, no se falseó la fecha de creación del título, por cuya causa no podía rehabilitarse como título español. Se llegó a una fórmula original en la que intervinieron el Rey de España y Su Santidad el Papa, en nombre del Sacro Imperio. La fórmula consistió en que la rehabilitación se firmaba por el monarca español, una vez oído el parecer de Su Santidad, y siempre que la merced en cuestión se considerase de forma subsidiaria como título de la Iglesia. De esta manera se concedió un título de características muy especiales que en definitiva no era del todo español ni típicamente vaticano. El Rey de España puso como condición que el título de referencia no se insertase en la guía oficial de títulos de Castilla.”

“Llama la atención -continúa el autorizado editor- que la persona que “rehabilitó” -en España y en 1968- dicho título de marqués de Peralta se tomó el trabajo de alterar la fecha de la concesión original y dijera en la solicitud de rehabilitación que dirigió en su oportunidad al Ministerio de Justicia que dicho título le había sido concedido a don Tomas de Peralta el 12 de febrero de 1718. La alteración del día de la concesión aparentemente no tiene mayor importancia; lo que sí constituye un fraude es la alteración del año de la concesión cuando pone 1718 en vez de 1738. Vamos a explicar el porqué. Al poner el año de 1718 en la solicitud de rehabilitación incoada por el hermano del actual marqués de Peralta evidentemente quiso convertir el título austriaco en uno español, cosa que seguramente logró el buen señor cambiando simplemente un 3 por un 1 en cuanto al año de la concesión. La curioso fue que la Administración española de 1968, tan severa aparentemente en otros aspectos, esta vez cerró el ojo.

Como historiador y relativo conocedor del personaje yo creo estar seguro de que monseñor Escrivá, que naturalmente estaba de acuerdo con la rehabilitación del título y por supuesto la había promovido, firmó los papeles que le pusieron delante los expertos en quien confiaba y por eso yo no me atrevería en modo alguno a acusarle de la falsificación. Pero creo haber demostrado que la falsificación existió. El marquesado de Peralta ya se había rehabilitado en España. El primer concesionario y su familia no eran “de linaje oscense” sino de Jerez de la Frontera, de donde su linaje paso a Costa Rica. Una genealogía sin apellidos ni fechas ni documentación fehaciente no sirve para nada y en cambio la genealogía costarricense me parece completamente fundada, documentada y probada. En el expediente de rehabilitación de 1968 no se prueba en modo alguno el parentesco de monseñor Escrivá con los Peralta de Jerez, verdadero linaje del título. El autorizado Nobiliario en cuatro tomos publicado unos años antes de la rehabilitación por una comisión en la que figuran autoridades tan relevantes como el marqués de Siete Iglesias y don Vicente Cadenas da la razón a los Peralta de Costa Rica y no alude a los apellidos Escrivá y Albás como nobles. Con tantos títulos de posible rehabilitación monseñor Escrivá fue a estrellarse contra uno lleno de luz y taquígrafos. No me lo explico, no tiene explicación. El deseo de un marquesado por parte de monseñor Escrivá no me gusta pero me parece, dada la idiosincrasia del personaje, comprensible y hasta perdonable. Que el título se base en una falsificación me parece tristísimo e incluso gravísimo. Pero mi deber ante la Historia era decir la verdad y lo he cumplido (Capítulo X del libro: Los Años Mentidos. Ricardo de la Cierva. Editorial Fénix).

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