Artículos Sobre Sectas Y Opus Dei

diciembre 10, 2008

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Iván de ExOpus

Como muchos afines al Opus Dei que entran aquí no buscan la verdad sino repetir lo que les cuentan en la Obra, sus comentarios están siempre basados en los mismos clichés sin preocuparse lo más mínimo en encontrar la respuesta leyendo el contenido del Blog.

Me cansa y me da una pereza tremenda estar contestando siempre lo mismo.

Ahora voy a centrarme sobre el tema del Opus Dei y las técnicas  sectarias que emplea. Los eslóganes oficiales del grupo son que no puede ser secta una institución aprobada por la Iglesia, que hay gente que vive contenta en ella, que allí la puerta siempre está abierta para irse, que es una falta de respeto para la Iglesia afirmar que lo aprobado por ella es una secta, que los fanáticos son los que están fuera de ella y no los de dentro, etc.

Como os decía, estoy cansado de repetir los mismos argumentos por lo que he decidido agrupar algunas de las entradas que dan respuesta a esas falacias para así poder poner un vínculo a ellas en los comentarios futuros de quienes toquen el tema.

Por último, si para mí hay algo claro sobre el Opus Dei es que utiliza los mismos métodos que emplean las sectas destructivas no cristianas ya que el hecho de leer un libro sobre ellas fue lo que me permitió descubrirlo y marcharme de allí.

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El Libro Que Me Permitió Salir Del Opus Dei

¿Cómo Es Posible Que Gente Con inteligencia Y Un Nivel Cultural Medio Alto Acepte La Esclavitud De Una Secta?

Los Derechos Humanos Fundamentales en el Opus Dei

Mito 1. El Opus Dei Es La Iglesia Y La Iglesia El Opus Dei

Mito 2. El Opus Dei Es Bueno Porque Personas Importantes Hablan Bien De Él

La Opinión De Un Papa No Está Por Encima De La Verdad

Son Secta Por Sus Obras

Sectas En La Iglesia Católica

Diversas Formas De Contemplar Al Opus Dei

Los Malditos Según El Opus Dei.

Reflexiones Sobre La Verdad

Caminar En Falsedad

¿Hasta Cuándo Mentirán?

Sobre El Fundamentalismo Del Opus Dei.

Autotest Sobre Sectas

Mi Realización Del Test Sobre Sectas

Reflexiones Sobre El Opus Dei Y Las Sectas (I)

Reflexiones Sobre El Opus Dei Y Las Sectas (II)

Reflexiones Sobre El Opus Dei Y Las Sectas (III).

Reflexiones Sobre El Opus Dei Y Las Sectas (IV).

El Peligro De Las Sectas

El Opus Dei Incluido En Estudios Sobre Sectas Destructivas

Tengo Un Familiar En Una Secta, ¿Qué Puedo Hacer?

Experiencia En La Secta (I)

Experiencia En La Secta (II)

Experiencia En La Secta (III)

Experiencia En La Secta (IV)

Experiencia En La Secta (V)

Experiencia En La Secta (VI)

Los Ocho Criterios De Lifton Sobre El Control Mental

Fundamentalismo Cristiano

¿Es Justo Manipular A Un Adolescente?

La Gran Empresa Sobrenatural Del Opus Dei

Nuevas Herejías, Capítulo I

La Muerte Civil De Quienes Dejan El Opus Dei

Los Monstruos Imponen El ‘Camino’

Algunos Principios Básicos De Psicología Social Y Dinámica De Grupo

Una Muestra Del Fanatismo Proselitista Del Opus Dei

La técnica sectaria del proselitismo del Opus Dei. comentario al punto 295 de su catecismo de 2003

El Opus Dei Sólo Tiene De Dios El Nombre

A Erika Ortiz, La Hermana De La Futura Reina

Los Mil Y Un Opus Dei

Los Entresijos Del Opus Dei

La Esencia del Fanatismo,

La Amnesia Histórica Del Opus Dei

El Opus Dei: Integrismo católico

Captado A Los 13 Años Por El Opus Dei

Sólo Les Interesa El Dinero

Los dilemas de la Iglesia Católica tras la muerte de Juan Pablo II

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¿Es Correcto Que El Opus Dei Sea Una Prelatura Personal?

julio 4, 2008

La Voz De Los Que Disienten

Isabel de Armas (“La voz de los que disienten”, páginas 159 a 165).

De mentalidad y formación germánica, como especialista en Ciencias Jurídicas y profundo conocedor del Opus Dei, en amigable charla me habla acerca de la conveniencia de cuestionarse si, desde el punto de vista del Derecho Canónico, es correcto o no que la Obra sea una prelatura personal de la Iglesia, ya que en la actualidad hay competentes especialistas, según los cuales el Opus no se ajusta jurídicamente a la noción ni a la finalidad de las prelaturas personales. Éste es el caso de Heribert Schmitz, catedrático emérito de Derecho Canónico de la Universidad de Munich y miembro del Senado de Baviera (8). Seguidamente, mi interlocutor pasa a comentar, con pelos y señales, lo que este maestro escribe en el Manual del Derecho Canónico católico.

El profesor Schmitz, en plena sintonía con otros especialistas como Winfried Aymans, Lamberto de Echevarría, Oscar Stoffel, Peter Kaiser, Klaus Steger, etc., ofrece un estudio magistral de lo que es jurídicamente una prelatura personal, para luego compararla con la realidad del Opus Dei. Concluye así que la Obra no se aviene con la naturaleza jurídica de las prelaturas personales.

Según los cánones 294-297 del Código de Derecho Canónico, las prelaturas personales son agrupaciones de clérigos pertenecientes al clero secular, las cuales son erigidas por la Sede Apostólica para el cumplimiento de peculiares tareas apostólicas bajo una propia dirección, la del prelado personal, y con unos propios estatutos; a ellas también pueden pertenecer laicos, pero no es estrictamente necesaria la pertenencia de éstos. Tampoco es preceptivo que el prelado sea obispo; basta con que sea presbítero.

Los derechos y deberes de ese prelado se derivan del carácter de la prelatura personal como agrupación de clérigos en ella incardinados. El prelado, por tanto, tiene el derecho de formar a sus sacerdotes para la realización del concreto objetivo pastoral de esa prelatura y tiene el deber de velar por el sustento económico de aquéllos. Puede erigir un seminario sacerdotal (cánones 237-264), incardinar clérigos a la prelatura personal (cánones 265-272) y hacerlos ordenar al servicio de ella (cánones 1015-1023). En el caso de que algunos laicos pertenezcan a la prelatura con el fin de colaborar en los objetivos pastorales de ésta, sus derechos y obligaciones tienen que especificarse en los estatutos de cada prelatura. En esos estatutos también se han de normativizar las relaciones de la prelatura personal con los obispos de las iglesias particulares en que esa prelatura ejerza su ejercicio pastoral o misionero; eso sí, el obispo diocesano siempre debe dar su previo consentimiento a la actuación de una prelatura personal en el territorio de su diócesis. Las prelaturas personales no están exentas de la autoridad

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(8). LISTL y H. SCHMITZ (eds.), Handbucch des katholischen Kirchenrechtr, Rarisbona, Vedarg Friedrich Puster, 1999, pp. 650-655.

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de los obispos diocesanos, a diferencia de las «diócesis personales» y de las «prelaturas nullius», figuras jurídicas que, aun siendo semejantes a las «prelaturas personales», sí disfrutan de esa exención y dependen directamente de la autoridad del Papa.

El profesor Schmitz observa que la fórmula jurídica de la prelatura personal es tan amplia, que pueden incluirse en ese marco asociaciones con fines muy diversos. Hasta ahora sólo existe una prelatura personal, la «Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei», que fue erigida mediante la Constitución apostólica Ut sit del 28 de noviembre de 1982; pero en el futuro podrán sumarse a esa figura jurídica otras instituciones. Al mismo tiempo Schmitz advierte que, por muy amplias que sean las posibilidades ofrecidas por esta figura jurídica, no sería correcto organizar como prelatura personal a cualquier institución, si no se salvaguarda la esencia y la estructura propias de la prelatura personal, establecidas por los cánones 294-297 del Código.

A partir de estos presupuestos, Schmitz pasa a comparar la noción general de prelatura personal con la realidad concreta, estructural y espiritual del Opus Dei. Éste no estaba satisfecho cuando, desde 1947 hasta 1982, era un instituto secular, ya que esta figura jurídica no se correspondía debidamente con la espiritualidad laical y secular del Opus. Pero sucede que la adopción de la nueva figura jurídica de prelatura personal también plantea cuestiones controvertidas que se enraízan, por un lado, en la esencia y estructura de la prelatura personal y, por otro lado, en la del propio Opus. Sigamos con detalle la argumentación de Schmitz.

Según establece la legislación eclesiástica, la prelatura personal es, por su propia naturaleza y finalidad, una agrupación sacerdotal orientada a la resolución de tareas apostólicas «peculiares», algo así como un equipo de sacerdotes especialistas (como una patrulla de bomberos, por poner un gráfico ejemplo proveniente de la sociedad civil). En cambio, el Opus Dei no se concibe a sí mismo de esa manera, sino, por el contrario, como un camino para que los cristianos normales y corrientes logren la santidad ejerciendo el apostolado en medio del mundo, sin que esos cristianos estén marcados por ninguna peculiaridad. ¡Cuántas veces repitió el fundador de la Obra que sus hijos e hijas nunca forman un grupo peculiar, sino que actúan apostólicamente en medio del mundo como el «fermento en la masa»!

Cuando el Código de Derecho Canónico establece que las prelaturas personales tienen como finalidad «peculiares obras pastorales o misionales a favor de varias regiones o diversos grupos sociales» (canon 294), los legisladores de la Iglesia piensan en problemas pastorales que, por estar cargados de una peculiar dificultad, no suelen ser bien cubiertos por el clero diocesano normal; entonces puede convenir que unos sacerdotes especializados en una peculiar tarea se incardinen en una prelatura personal para intentar abordar mejor esos difíciles retos. Pongamos unos ejemplos: la atención pastoral de sordomudos, de gitanos, de inmigrantes, de obreros, etc. Ya el papa Pío XII

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hizo erigir en 1952 la «Mission de France» a modo de una prelatura nullius para que los sacerdotes incardinados en ella ejercieran su peculiar tarea pas­toral orientada a los obreros (aquéllos fueron conocidos como los «sacerdotes obreros»); la «Mission de France» fue, pues, un precedente de la actual figura jurídica de la prelatura personal. Esta serie de dificultades pastorales de diversos grupos sociales (sordomudos, gitanos, inmigrantes, etc.) suelen ser cubiertas en la actualidad mediante la fórmula de «delegación episcopal» o la de «capellanías» específicas o la de la «parroquia personal»; es decir, un obispo diocesano nombra a uno de sus sacerdotes «delegado episcopal para la pastoral gitana», o «delegado episcopal para los emigrantes», o «capellán de una determinada prisión», o «párroco personal para los sordomudos de una ciudad o zona», etc.; pero, si una o varias conferencias episcopales así lo determinasen, podrían solicitar a la Sede Apostólica de Roma la erección de una prelatura personal, nacional o internacional, para que los sacerdotes incardinados en ésta cubrieran algunos de esos objetivos peculiares bajo la dirección de un prelado personal, sabiendo que la autoridad de ese prelado no estaría exenta de la autoridad de los obispos diocesanos, a cuyo servicio trabajaría esa prelatura personal.

Para completar este panorama de actuales y posibles formas de gobierno jerárquico personal en la Iglesia, no debemos olvidar que el mundo militar o castrense suele ser atendido pastoralmente mediante fórmulas jurídicas como la diócesis personal castrense (éste es el caso de países como España o Argentina) o el ordinariato castrense. De todos modos, según la autorizada opinión de mi interlocutor -quien me advierte que esto no está dicho expresamente en el estudio de Schmitz-, las figuras jurisdiccionales de gobierno personal (diócesis personales, prelaturas nullius, ordinariatos castrenses) y las asociativas que se asemejan a las anteriores (prelaturas personales) han de ser en la Iglesia más bien excepcionales. El principio básico de organización eclesiástica es el «territorial» (y no el personal); lo normal en la Iglesia ha sido siempre que una iglesia particular sea gobernada por un obispo diocesano que está al frente de una porción del pueblo de Dios delimitada en un territorio concreto, el de la «diócesis territorial». Si abundaran en exceso las diócesis personales o las prelaturas personales, podría fácilmente originarse entre los creyentes la actitud de querer «apuntarse» a la estructura personal que a cada uno le complaciera más: «Prefiero pertenecer a tal o cual diócesis o prelatura personal porque su obispo me gusta más que el obispo de mi diócesis territorial». Evidentemente, esta forma de comportamiento, consistente en elegir un obispo a la carta, contravendría el sentido cristiano más elemental. Por eso, la prudencia aconseja que las diócesis y las prelaturas personales sean excepcionales.

El profesor Schmitz concluye con acierto que el Opus Dei no responde en absoluto a esa definición de prelatura personal como asociación de clérigos destinada a la resolución de específicas y peculiares tareas apostólicas

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de una región o de un grupo social. El propio Opus no se entiende a sí mismo como un grupo social, sino como la vivencia de un carisma que impulsa, sobre todo a laicos, a llegar a la santidad en medio del mundo de acuerdo a la espiritualidad vivida y enseñada por san Josemaría Escrivá.

Un segundo argumento aportado por Schmitz se centra en que una prelatura personal es estructuralmente una agrupación de «clérigos» a la que no siempre han de pertenecer laicos; en cambio, el Opus Dei es estructuralmente, a partir de su carisma fundacional, una asociación de «laicos» a la que también pertenecen clérigos. Los sacerdotes de la Obra sirven sacramental y espiritualmente a sus hermanos y hermanas seglares para ayudarlos a vivir la espiritualidad del Opus; ésa es la misma finalidad pastoral que tienen los sacerdotes de cualquier orden religiosa, de cualquier instituto secular y de cualquier otra asociación, también laical, de fieles cristianos. En cambio, la finalidad de los sacerdotes seculares de una prelatura personal es la de especializarse para cubrir «peculiares obras pastorales o misionales» (canon 294) y no es la de vivir -ni ayudar a vivir- un carisma concreto.

La conclusión de Schmitz es clara: «La nueva forma jurídica que el Opus Dei se ha hecho dar no corresponde a la esencia ni a la estructura de esa asociación, y por eso hay que buscar en adelante una mejor solución»9.

Schmitz no se pregunta por las causas que llevaron a la Sede Apostólica a erigir en 1982 como prelatura personal al Opus Dei, a pesar de que éste no respondiera a la finalidad pastoral ni a la estructura jurídica de las prelaturas personales. «Yo sí me atrevo a formular tal pregunta -afirma mi interlocutor- y, además, respondo que esa flagrante contradicción se explica con bastante probabilidad como un do ut des de intereses creados entre el Opus y la línea dominante del pontificado de Juan Pablo II. Puesto que resulta penoso que, años después de la celebración del Concilio Vaticano II, todavía se actúe en la Iglesia católica con un voluntarismo tan caciquil, es deseable que un futuro pontífice romano revise de nuevo el status jurídico del Opus para ponerlo en su lugar justo; y es también deseable que así sea, en favor del prestigio mismo de la Iglesia».

Pero, a pesar de esas serias objeciones, el profesor Schmitz concede que la forma jurídica de prelatura personal puede contribuir a que la actividad del Opus, al estar introducido en una estructura jurídica claramente precisada en sus estatutos y siempre sometida a una cierta tutela de los obispos diocesanos (canon 297), pueda volverse más transparente.

También en este punto ha acertado el profesor Schmitz, pues el Opus Dei, desde que el 28 de noviembre de 1982 fue erigido prelatura personal, se esfuerza por dar la imagen de una mayor transparencia ante la sociedad y, especialmente, ante los obispos, y demás eclesiásticos. Al tratar este tema con un sacerdote ex numerario del Opus Dei, me dice que son,

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9 J. Listl y H. Schmitz, op. cit., p. 654.

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al menos, cuatro los motivos que explican esa mayor transparencia de la Obra en los dos últimos decenios de su historia reciente:

1) Uno o dos años después del 28 de noviembre de 1982, Álvaro del Portillo pidió explícitamente a los sacerdotes de la recién erigida prelatura personal que cambiaran de actitud en sus relaciones con los presbíteros y obispos diocesanos y con los monseñores de la curia vaticana (10). Hasta esa fecha los sacerdotes del Opus eran críticos y distantes, incluso algo agresivos, con aquellos sacerdotes diocesanos abiertos a las tendencias renovadoras del Concilio Vaticano II. Pero, a partir de 1982, Álvaro del Portillo se esforzó porque sus hijos clérigos menguaran un poco el talante «lefebvriano» o reaccionario para aproximarse con espíritu fraterno a todos los sacerdotes diocesanos, manteniendo con éstos unas relaciones cordiales, amistosas y serviciales. Y así ha sido. Además, previa autorización del obispo prelado de la Obra, algunos sacerdotes de la prelatura son nombrados oficialmente por el obispo de una diócesis para que desempeñen en ella un cargo como, por ejemplo, miembro de un tribunal diocesano o profesor en el Seminario, etcétera. Por eso, actualmente, muchos obispos y sacerdotes ven el comportamiento de los miembros de la Obra con más transparencia que antes.

2) Alvaro del Portillo y su sucesor, Javier Echevarría, han autorizado a los laicos de la prelatura -cosa que antes de 1982 estaba casi prohibida y era muy infrecuente- a que colaboren en tareas o iniciativas diocesanas, prestando así un servicio a distintas necesidades pastorales o funcionales de una diócesis. Por eso, no es extraño encontrar a algún supernumerario e incluso numerario del Opus como asesor o gestor en la resolución de dificultades económicas, técnicas o jurídicas de una diócesis. Esta actitud de colaboración contribuye, sin duda, a dar más transparencia al Opus Dei.

3) Desde que el Opus Dei es prelatura personal, publica dos veces al año un boletín informativo, simultáneamente en varias ediciones (castellana,

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10. Uno de los grandes logros de los años en que Álvaro del Portillo estuvo al frente de la obra (1975-1994) fue el establecimiento de unas sólidas relaciones entre la sede central del Opus Dei y la curia vaticana, ambas ubicadas en Roma. La potente inteligencia de del Portillo, su delicada habilidad en el trato personal con los monseñores del Vaticano, sus maduros conocimientos del Derecho Canónico y su eficaz mentalidad de ingeniero (pues fue la carrera de ingeniería la que estudió en su juventud madrileña) se plasmaron en la construcción de un sólido «puente» que desde entonces enlaza el Opus con el Vaticano. Y así ambas instituciones pueden intercambiarse cómodamente servicios y dones de todo tipo. Además, a los directores del Opus les haría ilusión que «puentes» de ese tipo de levantaran en todas las diócesis de la Iglesia en las que trabajan sacerdotes de la prelatura Opus Dei; pero puede suceder con frecuencia o que esos sacerdotes no sean buenos ingenieros o que esas diócesis no quieran soportar un «puente» así; y, por tanto, las relaciones entre la prelatura del Opus Dei y las diócesis no son, algunas veces, tan fluidas como a los directores del Opus les convendría (aunque otras veces sí lo son, porque todo depende de quién sea el obispo diocesano).

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italiana e inglesa), acerca de las principales actividades oficiales del prelado y de obras corporativas de la prelatura. Ese boletín se edita en Roma, donde el Opus tiene su sede central, y se titula Romana. Boletín de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. Además, el Opus Dei difunde también por internet mucha información oficial acerca de sus actividades.

4) En los últimos años, relevantes teólogos y canonistas del Opus han publicado libros científicos e históricos en los que exponen, siempre desde el punto de vista oficial y al servicio de los intereses de su prelatura, las novedades teológicas y jurídicas que, según ellos, ha aportado a la vida de la Iglesia la erección del Opus Dei como prelatura personal. Entre esos libros destacan los dos siguientes: P. RoDRíGUEZ, F. OCÁRIZ y J. L. ILLANES-TRAD, El Opus Dei en la Iglesia: introducción eclesiológica a la vida y al apostolado del Opus Dei, Madrid, Rialp, 1993; A. FUENMAYOR, V. GÓMEZ IGLES-TRADIAS y J. L. ILLANES-TRAD, El itinerario jurídico del Opus Dei: historia y defensa de un carisma, Pamplona, Eunsa, 1990. Este último libro contiene en uno de sus anexos el texto latino de los estatutos de la «Prelatura Personal de la Santa Cruz y Opus Dei».

A la vista de estos cuatro datos escuetamente mencionados y de otros similares, tiene algo de razón el profesor Schmitz cuando afirma que el Opus Dei se ha vuelto en los últimos años más transparente. Sin embargo, me permito matizar la afirmación de Schmitz recordando dos ideas que, de forma generalizada, me recuerdan quienes han vivido de cerca el tema:

1) Ese cambio de imagen que el Opus Dei ofrece de sí mismo no pasa de ser una hábil estrategia de «política exterior», perfectamente calibrada y diseñada por los directores del Opus. A éstos les interesa transmitir la idea de que la Sede Apostólica de Roma acertó de lleno al otorgar al Opus Dei un «traje a medida» como fue la prelatura personal; por tanto, además de sentirse infinitamente agradecidos al Papa y a las conferencias episcopales, los miembros de la Obra tienen que estar ahora más serenos, más contentos y felices que antes de 1982, e irradiar más transparencia que nunca. Pero, en realidad, todo el mundo sabe que, en lo referente a la información e imagen, la Obra nunca informa públicamente acerca de sus facetas comprometidas, como son, entre otras, sus fuentes de financiación económica o el elevado número de vocaciones que ha perdido desde que estrenó su nuevo traje a medida. Todo esto, así como el mucho dinero con el que el Opus ha apoyado el pontificado de Juan Pablo II y el modo con que este papa se lo ha gratificado, queda excluido de la versión oficial que el Opus da de sí mismo y permanece en la quietud del silencio.

2) La vida interna de la Obra sigue estando dotada, en la actualidad, del mismo integrismo religioso que ya tenía antes de 1982. Los cambios de «política exterior», esto es, de imagen y de relaciones públicas, apenas han tenido correlato en el seno íntimo de esa institución, en la que todo se sigue practicando como siempre. Es cierto que el Opus Dei se rige por los «estatutos» de la actual prelatura personal y que esos «estatutos» garantizan

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en el plano teórico el carácter supuestamente laical de la Obra. Pero no debe olvidarse, al mismo tiempo, que los «estatutos» se complementan en la vida interna y en el funcionamiento práctico de esa institución con una serie de normas, indicaciones, costumbres y experiencias, que, recogidas en libros de uso exclusivamente privado de los directores y directoras, reciben el nombre de «praxis». Pues bien, esa «praxis» de gobierno -y no tanto los fríos «estatutos»- es lo que moldea realmente el pensamiento y el estilo concreto de vida que adoptan los miembros de la Obra. Y es en este nivel de actuación práctica donde el funcionamiento existencial de la gente del Opus se asemeja bastante al de los religiosos y religiosas de antaño; y es también en este nivel donde afloran el integrismo y el talante elitista de esa institución. La «praxis» apenas se modificó después de que el Opus, en noviembre de 1982, estrenara su nuevo traje a medida, teóricamente etiquetado con mentalidad laical; al contrario, esa «praxis» interna quedó así aún más prestigiada y ratificada.

Ha sido para mí muy interesante leer a fondo ese trabajo del catedrático Heribert Schmitz, ayudada por los ilustrados comentarios de un experto que me han llevado a entender y comprender. Y comparto el deseo de ambos de que en un futuro se busque alguna solución para que la Obra reciba la forma jurídica que mejor le corresponda en la Iglesia y que mejor encaje en su verdadera «praxis» de gobierno y de actuación.

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Niñas Bien Mentalizadas Por El Opus Dei

junio 12, 2008

En el documental «Opus Dei, Una Cruzada Silenciosa», entrevistan a unas niñas que muestran la mentalización a que han sido sometidas a favor del Opus Dei.

Ver vídeo.


Opus Dei – Una Cruzada Silenciosa

junio 6, 2008

Documental en vídeo.

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX


Heidi y el Opus Dei

junio 5, 2008

Entrevistas en video.

I – ¿Por qué dejaste el Opus Dei?

II- Mi mensaje para el Papa.

>

III- A todos los inseguros.


Nuevas Herejías, Capítulo I

mayo 30, 2008

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NUEVAS HEREJÍAS

Iván de ExOpus, 4 de mayo de 2008

INTODUCCIÓN A LA PRESENTE EDICIÓN

La primera publicación de este libro se hizo en la Web Opuslibros en el transcurso de un año (del 22 de julio de 2004 hasta el 27 de junio de 2005).

Hago ahora su reedición por encontrar todavía comentarios semejantes a los que motivaron escribirlo (ejemplo: Tal vez éste escrito suene un poco informal pero seré muy breve: no nos equivoquemos, el Opus Dei no comete errores) que me llevan a pensar que el contenido de Nuevas Herejías le es desconocido a algunos. Por otra parte, para hacerme eco de las palabras del Fundador del Opus Dei a quien le oí decir por primera vez en octubre de 1967 que tenemos que repetir una y otra vez lo mismo hasta que se acaben por enterar todos. Pues eso, ¡a repetir una y otra vez las mismas verdades!

Para facilitar su lectura pausada lo presentaré en capítulos independientes. Si lo veo conveniente suprimiré, modificaré o aumentaré algunas partes del original. También añado un breve resumen al principio de cada entrega.

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CAPÍTULO I

Resumen: Ante expresiones continuadas por parte de algunos afines al Opus Dei del tipo quienes atacan al Opus Dei atacan a la Iglesia, o el visto antes de no nos equivoquemos, el Opus Dei no comete errores (observemos que han transcurrido nada menos que cuatro años entre estas dos aserciones que pongo de ejemplo); en este capítulo se demuestra como afirmaciones semejantes no sólo están equivocadas, sino que además son heréticas.

1—El gran anatema.

Siempre que leo en la página de inicio de Opuslibros: “¡Ojo! No es una web contra la Iglesia, ésta es una web sobre el Opus Dei.”, recuerdo una tertulia, cuando yo era de la Obra, en la que un director de Comisión (máximo órgano de gobierno del Opus Dei en cada región) nos contó que alguien importante de la Obra le había dicho al Papa actual, en una entrevista que por aquel entonces tuvo con él, algo parecido a: Santo Padre, todos lo que nos atacan [al Opus Dei] son los mismos que atacan a la Iglesia.

Imagino que por esa línea de pensamiento de algunos afines a la Obra es por lo que la Web Opuslibros ha colocado en su primera página esa nota aclaratoria que he entrecomillado al principio.

En lógica hay dos axiomas (principios tan claros y evidentes que no necesitan demostración) que dicen: “La parte es menor que el todo” y “La parte no es el todo”. Con ello la lógica, como disciplina del pensar de forma correcta, no hace más que definir algo innegable, que nadie puede poner en duda.

Por lo anterior se deduce que quien opina sobre una parte, o la juzga, o la critica; circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar de esa parte, no está opinando, juzgando ni criticando al todo (puesto que si no fuera así la parte y el todo serían lo mismo). Podemos decir de un coche que es muy confortable en todo menos el volante que es muy incómodo (sólo juzgamos el volante) o de nuestra casa que está recién pintada excepto el cuarto trastero (el único sin pintar), etc.

Algo muy distinto es cuando opinamos, juzgamos o criticamos en un miembro algo que pertenece al Todo porque en ese caso lo estamos haciendo sobre los dos. Si opino que el hábito franciscano debería ser azul marino en vez de pardo, con ello me refiero solamente a esa Orden ya que me circunscribo a algo peculiar suyo; pero si lo hago sobre que ellos afirman la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía y expongo mis dudas al respecto, eso es doctrina del Todo, por lo que a la vez que opino sobre los franciscanos también lo estoy haciendo sobre la Iglesia.

Dentro de lo que la Iglesia nos exige creer a los católicos (verdades de Fe) se encuentra que la Iglesia es “Una”. Esto es algo tan fundamental que está impreso en todos los catecismos oficiales de la Iglesia.

Si la Iglesia es “Una” ello implica que no hay dos Iglesias verdaderas. Esto es doctrina de Fe, por lo que ha de creerse.

Como “la parte no es el todo”, eso quiere decir que una parte de la Iglesia (persona, cargo o institución) no es la Iglesia. Esto también es de Fe.

Se ha expuesto antes que quien opina sobre una parte, o la juzga, o la critica; circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar de esa parte, no está opinando, ni juzgando ni criticando al todo. Del conjunto de lo visto se deduce que quien opina, juzga o critica a persona, cargo o institución de la Iglesia, circunscribiéndose a hacerlo tan sólo sobre lo peculiar de esa persona, ese cargo o esa institución; no está opinando, juzgando ni criticando a toda la Iglesia. (Sí yo digo que mi párroco no reza no estoy afirmando por ello que toda la Iglesia no reza, puesto que juzgo a esa persona centrándome sólo en algo de ella.) Y por las razones antedichas en los párrafos precedentes esto también es de Fe (porque si no fuera así, siguiendo el ejemplo anterior, el párroco y la Iglesia serían lo mismo).

Como el Opus Dei es una institución de la Iglesia, de todo lo anterior se deduce que es un hereje quien diga de alguien que opina sobre el Opus Dei, o lo juzga, o lo critica (cuando lo hace circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar del Opus Dei), que esa persona está opinando sobre toda la Iglesia, o juzgándola, o criticándola.

Como los herejes son anatemas (excomulgados) y como al Fundador de la Obra le gustaba tanto el Concilio de Trento, basándome en lo anterior concluyo con una terminología muy propia de dicho concilio:

1 – Si alguien dijere que el Opus Dei es la Iglesia, sea anatema.

2 – Si de quien opina sobre el Opus Dei (cuando opina tan sólo sobre algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está opinando sobre toda la Iglesia, sea anatema.

3 – Si de quien juzga al Opus Dei (cuando juzga tan sólo sobre algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está juzgando a toda la Iglesia, sea anatema.

4 – Si de quien critica al Opus Dei (cuando critica tan sólo algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está criticando a toda la Iglesia, sea anatema.

2—La libertad de expresión.

Otra realidad muy distinta es que la opinión, el juicio o la critica que alguien le hace al Opus Dei repercuta o no sobre la Iglesia. Por supuesto que repercute, pero no porque ambas estén identificadas sino porque la Obra es una parte de la Iglesia, y lo que le atañe a un miembro está incidiendo sobre cuerpo.

Lo importante es saber si es cierto o no lo que se afirma de la parte. Precisamente para llegar a ese conocimiento ha de existir la libertad de expresión y además se ha de ejercer, pues sólo a través de ella puede esclarecerse la verdad.

Voy a intentar explicarlo con un ejemplo. Durante meses voy a la parroquia todos los días, a horas distintas, y nunca veo al párroco rezando. Unas veces da catequesis, otras está atendiendo a pobres, otras dando cursos prematrimoniales, etc. y de ello concluyo que ese hombre no reza nunca.

Si no hay libertad de expresión me quedaré siempre con esa idea para mí solito. Pero si encuentro una página Web de gentes de mi diócesis, abierta a la libertad de expresión, y lo cuento allí; quienes me leen reciben esa información y a su vez contestan (con la misma libertad de expresión). Imaginemos que un compañero de residencia de ese sacerdote lo lee y responde algo parecido a lo siguiente: “No tenéis ni idea de lo que estáis afirmando porque ese párroco de quien habláis nos tiene conmovidos a todos los que vivimos con él precisamente por su intensa vida de oración. Duerme sólo tres o cuatro horas y el resto de la noche se lo pasa rezando, porque él dice que durante el día no tiene el sosiego necesario para orar con calma por estar dedicado a una actividad muy intensa y que por eso lo hace por la noche.”

Ese testimonio lo cambia todo, pero lo importante para lo que nos ocupa es que se ha llegado a él a través del ejercicio de la libertad de expresión.

La libertad de expresión y el diálogo hacen posible llegar a la verdad, a veces opuesta a lo que en un principio parecía. La facultad de opinar, juzgar y criticar de unos y la respuesta de otros permite difundir, conocer y poder corregir la realidad de los hechos.

Cuando hay verdadera libertad de expresión no importa que alguien mienta o que se equivoque en sus opiniones, juicios o criticas, puesto que ya se encargarán de desmontar esas falsedades aquellos que tienen pruebas de la verdad. Sin embargo, la falta de esa libertad es el caldo de cultivo perfecto para los que obran el mal porque todo el mundo se halla incapacitado para desenmascararles.

De lo visto sobre la libertad de expresión se puede concluir que:

1 – Quienes callan ante las denuncias públicas de hechos graves de que se les acusa, con ese silencio otorgan como verdad todo cuanto se está afirmando sobre ellos porque si no responderían inmediatamente.

2 – Quienes luchan por acabar con la libertad de expresión de aquellos que hablan sobre ellos, con eso demuestran que no son claras sus intenciones, que hay algo torcido en su conducta.

3 – Quienes impiden a sus súbditos acceder a lugares en donde se ejerce la libertad de expresión sobre ellos, con eso tan sólo pretenden que estén bajo la ignorancia de lo que difunde su versión oficial, que presenta la verdad mutilada de partes esenciales a las que no quieren que tengan acceso sus miembros.

4 – Quienes hacen lo que dicen y desean mejorar lo que hacen, aman la libertad de expresión que sobre ellos se ejerce porque les permite conocer sus obras desde otras perspectivas, con lo que después pueden perfeccionarlas.

5 – Tan sólo aquellos que quieren a toda costa imponer su voluntad sobre el resto (dictaduras) odian la libertad de expresión, a quien ven como su gran enemiga.

Volviendo a la Iglesia. No sólo es una herejía afirmar que quien muestra la maldad de la parte (como parte) lo está haciendo sobre la Iglesia (como todo), sino que hacer públicos esos errores es una obligación grave para quienes los conocen; pues con ello se perfecciona la Iglesia al materializarse el mandato de Jesús de ser buen pastor de los demás, enseñándoles en donde los lobos se disfrazan de ovejas, para que así puedan escapar sin daño de sus colmillos.

Si aquellos de quienes afirmamos que son lobos responden a nuestro requerimiento con pruebas en contra o cambian su actitud, pues entonces todo el mundo se convencerá de que son ovejas. Pero si ante esas acusaciones ni contestan ni se enmiendan, entonces es que en verdad son lobos.

3—Una parábola bíblica sobre el Opus Dei.

Cambio de tema y te cuento un escarceo de esa loca de la casa que es la imaginación. Yo visualizo al Opus Dei como una figura gigante, sublime, y de gran rigidez; con valiosos intelectuales en su seno, que copa puestos claves de las más altas esferas civiles y religiosas, por lo que imagino que la cabeza de esa imagen es de oro fino; que machaca lo que haga falta por la férrea constitución de sus elementos, que están entrenados para conquistar cualquier meta por la fe incuestionable en que aquello que les dicen sus directores es la única palabra de Dios, y por eso veo que los miembros inferiores de esa figura son de hierro…; mas entre tanta grandeza yo le observo dos defectos que le transforman en un ser muy vulnerable: por una parte que no anda en la verdad y por otra que no quiere enmendar sus errores.

Y mira lo que Dios nos cuenta sobre un ser semejante:

Tú, oh rey, mirabas, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra se desprendió, no por mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como polvo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra. (Libro de Daniel, Capítulo 2, versículos 31 al 35.)

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Un Nuevo Obispo Del Opus Dei

mayo 1, 2008

Obispos

¿Hasta cuándo seguirá el Vaticano mirando para otro sitio? (Última frase del libro Sacerdotes Sin Vocación. Iván de ExOpus.)

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El Papa Nombra Obispo En Argentina A Un Sacerdote Del Opus Dei

Yahoo Argentina – Noticias

martes 22 de abril, 8:23 AM

El Papa Benedicto XVI ha nombrado al sacerdote argentino del Opus Dei Hugo Nicolás Barbaro nuevo obispo de la diócesis de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña (Argentina), según informó hoy la sala de prensa del Vaticano a través de un comunicado.

Hugo Nicolás Barbaro sustituirá en el cargo a monseñor José Lorenzo Sartori, que había presentado su renuncia por límite de edad después de cumplir 75 años en mayo del año pasado.

El nuevo obispo de San Roque nació el 12 de diciembre de 1950 en Vicente López, provincia de Buenos Aires. En 1974 se doctoró en Medicina en la Universidad de Buenos Aires y después de ejercer durante dos años esta profesión entró en el seminario internacional que dirige la prelatura personal del Opus Dei en Roma.

Recibió la ordenación sacerdotal el 15 de agosto de 1980 en el santuario español de Torreciudad (Huesca). Después de desempeñar algunos encargos junto al prelado del Opus Dei en Roma, volvió a Argentina, donde desarrolló su ministerio sacerdotal en Buenos Aires y Mendoza.

Entre los años 1982 y 1989 fue capellán del centro cultural ‘Las Barracas’ de San Isidro y la residencia universitaria ‘Carrizal’ (Mendoza). Posteriormente fue nombrado vicario regional de la prelatura en Bolivia entre 1992 y 1994. Desde 1994 hasta hoy desempeñó el cargo de director espiritual regional de la prelatura en Argentina.

La diócesis de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña está situada en la provincia de Chaco y fue creada por el Papa Pablo VI en 1963. Hugo Nicolás Barbaro se convierte en su cuarto obispo, después de monseñor Italo Severino Di Stéfano (1963-1980); monseñor Abelardo Francisco Silva (1981-1994); y monseñor José Lorenzo Sartori (1994-2008).