Adoptar Perros

noviembre 20, 2008

Aunque no tiene nada que ver con el Opus Dei, he recibido por e-mail el mensaje que os adjunto, y le doy la máxima publicidad que puedo incluyéndolo aquí.

Iván de ExOpus

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Aunque no podáis adoptar uno, pasadlo a todo el mundo por favor, entre todos saldrá alguien que pueda adoptarlos.

Han cerrado una perrera y hay que ayudar, que las noches son muy duras para estos cachorros….

Por favor, llamad al 629-27-82-38 y preguntad por Mónica.

Gracias

Un saludo

Perros a adoptar

Perros a adoptar 1

Perros a adoptar

Perros a adoptar 2

Perros a adoptar

Perros a adoptar 3

Perros a adoptar

Perros a adoptar 4

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Jose Antonio Novais, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

agosto 16, 2008

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

JOSE ANTONIO NOVAIS Periodista Corresponsal de «Le Monde» Madrid.

En un nivel moral no soy socio del Opus porque pre­fiero la justicia a la eficacia y porque no creo que el fin justifica los medios. A nivel privado, no soy socio del Opus Dei como tampoco soy socio del Real Madrid Club de Fútbol o de la Asociación de antiguos alumnos del Instituto San Isidro.

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¿Es Correcto Que El Opus Dei Sea Una Prelatura Personal?

julio 4, 2008

La Voz De Los Que Disienten

Isabel de Armas (“La voz de los que disienten”, páginas 159 a 165).

De mentalidad y formación germánica, como especialista en Ciencias Jurídicas y profundo conocedor del Opus Dei, en amigable charla me habla acerca de la conveniencia de cuestionarse si, desde el punto de vista del Derecho Canónico, es correcto o no que la Obra sea una prelatura personal de la Iglesia, ya que en la actualidad hay competentes especialistas, según los cuales el Opus no se ajusta jurídicamente a la noción ni a la finalidad de las prelaturas personales. Éste es el caso de Heribert Schmitz, catedrático emérito de Derecho Canónico de la Universidad de Munich y miembro del Senado de Baviera (8). Seguidamente, mi interlocutor pasa a comentar, con pelos y señales, lo que este maestro escribe en el Manual del Derecho Canónico católico.

El profesor Schmitz, en plena sintonía con otros especialistas como Winfried Aymans, Lamberto de Echevarría, Oscar Stoffel, Peter Kaiser, Klaus Steger, etc., ofrece un estudio magistral de lo que es jurídicamente una prelatura personal, para luego compararla con la realidad del Opus Dei. Concluye así que la Obra no se aviene con la naturaleza jurídica de las prelaturas personales.

Según los cánones 294-297 del Código de Derecho Canónico, las prelaturas personales son agrupaciones de clérigos pertenecientes al clero secular, las cuales son erigidas por la Sede Apostólica para el cumplimiento de peculiares tareas apostólicas bajo una propia dirección, la del prelado personal, y con unos propios estatutos; a ellas también pueden pertenecer laicos, pero no es estrictamente necesaria la pertenencia de éstos. Tampoco es preceptivo que el prelado sea obispo; basta con que sea presbítero.

Los derechos y deberes de ese prelado se derivan del carácter de la prelatura personal como agrupación de clérigos en ella incardinados. El prelado, por tanto, tiene el derecho de formar a sus sacerdotes para la realización del concreto objetivo pastoral de esa prelatura y tiene el deber de velar por el sustento económico de aquéllos. Puede erigir un seminario sacerdotal (cánones 237-264), incardinar clérigos a la prelatura personal (cánones 265-272) y hacerlos ordenar al servicio de ella (cánones 1015-1023). En el caso de que algunos laicos pertenezcan a la prelatura con el fin de colaborar en los objetivos pastorales de ésta, sus derechos y obligaciones tienen que especificarse en los estatutos de cada prelatura. En esos estatutos también se han de normativizar las relaciones de la prelatura personal con los obispos de las iglesias particulares en que esa prelatura ejerza su ejercicio pastoral o misionero; eso sí, el obispo diocesano siempre debe dar su previo consentimiento a la actuación de una prelatura personal en el territorio de su diócesis. Las prelaturas personales no están exentas de la autoridad

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(8). LISTL y H. SCHMITZ (eds.), Handbucch des katholischen Kirchenrechtr, Rarisbona, Vedarg Friedrich Puster, 1999, pp. 650-655.

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de los obispos diocesanos, a diferencia de las «diócesis personales» y de las «prelaturas nullius», figuras jurídicas que, aun siendo semejantes a las «prelaturas personales», sí disfrutan de esa exención y dependen directamente de la autoridad del Papa.

El profesor Schmitz observa que la fórmula jurídica de la prelatura personal es tan amplia, que pueden incluirse en ese marco asociaciones con fines muy diversos. Hasta ahora sólo existe una prelatura personal, la «Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei», que fue erigida mediante la Constitución apostólica Ut sit del 28 de noviembre de 1982; pero en el futuro podrán sumarse a esa figura jurídica otras instituciones. Al mismo tiempo Schmitz advierte que, por muy amplias que sean las posibilidades ofrecidas por esta figura jurídica, no sería correcto organizar como prelatura personal a cualquier institución, si no se salvaguarda la esencia y la estructura propias de la prelatura personal, establecidas por los cánones 294-297 del Código.

A partir de estos presupuestos, Schmitz pasa a comparar la noción general de prelatura personal con la realidad concreta, estructural y espiritual del Opus Dei. Éste no estaba satisfecho cuando, desde 1947 hasta 1982, era un instituto secular, ya que esta figura jurídica no se correspondía debidamente con la espiritualidad laical y secular del Opus. Pero sucede que la adopción de la nueva figura jurídica de prelatura personal también plantea cuestiones controvertidas que se enraízan, por un lado, en la esencia y estructura de la prelatura personal y, por otro lado, en la del propio Opus. Sigamos con detalle la argumentación de Schmitz.

Según establece la legislación eclesiástica, la prelatura personal es, por su propia naturaleza y finalidad, una agrupación sacerdotal orientada a la resolución de tareas apostólicas «peculiares», algo así como un equipo de sacerdotes especialistas (como una patrulla de bomberos, por poner un gráfico ejemplo proveniente de la sociedad civil). En cambio, el Opus Dei no se concibe a sí mismo de esa manera, sino, por el contrario, como un camino para que los cristianos normales y corrientes logren la santidad ejerciendo el apostolado en medio del mundo, sin que esos cristianos estén marcados por ninguna peculiaridad. ¡Cuántas veces repitió el fundador de la Obra que sus hijos e hijas nunca forman un grupo peculiar, sino que actúan apostólicamente en medio del mundo como el «fermento en la masa»!

Cuando el Código de Derecho Canónico establece que las prelaturas personales tienen como finalidad «peculiares obras pastorales o misionales a favor de varias regiones o diversos grupos sociales» (canon 294), los legisladores de la Iglesia piensan en problemas pastorales que, por estar cargados de una peculiar dificultad, no suelen ser bien cubiertos por el clero diocesano normal; entonces puede convenir que unos sacerdotes especializados en una peculiar tarea se incardinen en una prelatura personal para intentar abordar mejor esos difíciles retos. Pongamos unos ejemplos: la atención pastoral de sordomudos, de gitanos, de inmigrantes, de obreros, etc. Ya el papa Pío XII

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hizo erigir en 1952 la «Mission de France» a modo de una prelatura nullius para que los sacerdotes incardinados en ella ejercieran su peculiar tarea pas­toral orientada a los obreros (aquéllos fueron conocidos como los «sacerdotes obreros»); la «Mission de France» fue, pues, un precedente de la actual figura jurídica de la prelatura personal. Esta serie de dificultades pastorales de diversos grupos sociales (sordomudos, gitanos, inmigrantes, etc.) suelen ser cubiertas en la actualidad mediante la fórmula de «delegación episcopal» o la de «capellanías» específicas o la de la «parroquia personal»; es decir, un obispo diocesano nombra a uno de sus sacerdotes «delegado episcopal para la pastoral gitana», o «delegado episcopal para los emigrantes», o «capellán de una determinada prisión», o «párroco personal para los sordomudos de una ciudad o zona», etc.; pero, si una o varias conferencias episcopales así lo determinasen, podrían solicitar a la Sede Apostólica de Roma la erección de una prelatura personal, nacional o internacional, para que los sacerdotes incardinados en ésta cubrieran algunos de esos objetivos peculiares bajo la dirección de un prelado personal, sabiendo que la autoridad de ese prelado no estaría exenta de la autoridad de los obispos diocesanos, a cuyo servicio trabajaría esa prelatura personal.

Para completar este panorama de actuales y posibles formas de gobierno jerárquico personal en la Iglesia, no debemos olvidar que el mundo militar o castrense suele ser atendido pastoralmente mediante fórmulas jurídicas como la diócesis personal castrense (éste es el caso de países como España o Argentina) o el ordinariato castrense. De todos modos, según la autorizada opinión de mi interlocutor -quien me advierte que esto no está dicho expresamente en el estudio de Schmitz-, las figuras jurisdiccionales de gobierno personal (diócesis personales, prelaturas nullius, ordinariatos castrenses) y las asociativas que se asemejan a las anteriores (prelaturas personales) han de ser en la Iglesia más bien excepcionales. El principio básico de organización eclesiástica es el «territorial» (y no el personal); lo normal en la Iglesia ha sido siempre que una iglesia particular sea gobernada por un obispo diocesano que está al frente de una porción del pueblo de Dios delimitada en un territorio concreto, el de la «diócesis territorial». Si abundaran en exceso las diócesis personales o las prelaturas personales, podría fácilmente originarse entre los creyentes la actitud de querer «apuntarse» a la estructura personal que a cada uno le complaciera más: «Prefiero pertenecer a tal o cual diócesis o prelatura personal porque su obispo me gusta más que el obispo de mi diócesis territorial». Evidentemente, esta forma de comportamiento, consistente en elegir un obispo a la carta, contravendría el sentido cristiano más elemental. Por eso, la prudencia aconseja que las diócesis y las prelaturas personales sean excepcionales.

El profesor Schmitz concluye con acierto que el Opus Dei no responde en absoluto a esa definición de prelatura personal como asociación de clérigos destinada a la resolución de específicas y peculiares tareas apostólicas

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de una región o de un grupo social. El propio Opus no se entiende a sí mismo como un grupo social, sino como la vivencia de un carisma que impulsa, sobre todo a laicos, a llegar a la santidad en medio del mundo de acuerdo a la espiritualidad vivida y enseñada por san Josemaría Escrivá.

Un segundo argumento aportado por Schmitz se centra en que una prelatura personal es estructuralmente una agrupación de «clérigos» a la que no siempre han de pertenecer laicos; en cambio, el Opus Dei es estructuralmente, a partir de su carisma fundacional, una asociación de «laicos» a la que también pertenecen clérigos. Los sacerdotes de la Obra sirven sacramental y espiritualmente a sus hermanos y hermanas seglares para ayudarlos a vivir la espiritualidad del Opus; ésa es la misma finalidad pastoral que tienen los sacerdotes de cualquier orden religiosa, de cualquier instituto secular y de cualquier otra asociación, también laical, de fieles cristianos. En cambio, la finalidad de los sacerdotes seculares de una prelatura personal es la de especializarse para cubrir «peculiares obras pastorales o misionales» (canon 294) y no es la de vivir -ni ayudar a vivir- un carisma concreto.

La conclusión de Schmitz es clara: «La nueva forma jurídica que el Opus Dei se ha hecho dar no corresponde a la esencia ni a la estructura de esa asociación, y por eso hay que buscar en adelante una mejor solución»9.

Schmitz no se pregunta por las causas que llevaron a la Sede Apostólica a erigir en 1982 como prelatura personal al Opus Dei, a pesar de que éste no respondiera a la finalidad pastoral ni a la estructura jurídica de las prelaturas personales. «Yo sí me atrevo a formular tal pregunta -afirma mi interlocutor- y, además, respondo que esa flagrante contradicción se explica con bastante probabilidad como un do ut des de intereses creados entre el Opus y la línea dominante del pontificado de Juan Pablo II. Puesto que resulta penoso que, años después de la celebración del Concilio Vaticano II, todavía se actúe en la Iglesia católica con un voluntarismo tan caciquil, es deseable que un futuro pontífice romano revise de nuevo el status jurídico del Opus para ponerlo en su lugar justo; y es también deseable que así sea, en favor del prestigio mismo de la Iglesia».

Pero, a pesar de esas serias objeciones, el profesor Schmitz concede que la forma jurídica de prelatura personal puede contribuir a que la actividad del Opus, al estar introducido en una estructura jurídica claramente precisada en sus estatutos y siempre sometida a una cierta tutela de los obispos diocesanos (canon 297), pueda volverse más transparente.

También en este punto ha acertado el profesor Schmitz, pues el Opus Dei, desde que el 28 de noviembre de 1982 fue erigido prelatura personal, se esfuerza por dar la imagen de una mayor transparencia ante la sociedad y, especialmente, ante los obispos, y demás eclesiásticos. Al tratar este tema con un sacerdote ex numerario del Opus Dei, me dice que son,

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9 J. Listl y H. Schmitz, op. cit., p. 654.

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al menos, cuatro los motivos que explican esa mayor transparencia de la Obra en los dos últimos decenios de su historia reciente:

1) Uno o dos años después del 28 de noviembre de 1982, Álvaro del Portillo pidió explícitamente a los sacerdotes de la recién erigida prelatura personal que cambiaran de actitud en sus relaciones con los presbíteros y obispos diocesanos y con los monseñores de la curia vaticana (10). Hasta esa fecha los sacerdotes del Opus eran críticos y distantes, incluso algo agresivos, con aquellos sacerdotes diocesanos abiertos a las tendencias renovadoras del Concilio Vaticano II. Pero, a partir de 1982, Álvaro del Portillo se esforzó porque sus hijos clérigos menguaran un poco el talante «lefebvriano» o reaccionario para aproximarse con espíritu fraterno a todos los sacerdotes diocesanos, manteniendo con éstos unas relaciones cordiales, amistosas y serviciales. Y así ha sido. Además, previa autorización del obispo prelado de la Obra, algunos sacerdotes de la prelatura son nombrados oficialmente por el obispo de una diócesis para que desempeñen en ella un cargo como, por ejemplo, miembro de un tribunal diocesano o profesor en el Seminario, etcétera. Por eso, actualmente, muchos obispos y sacerdotes ven el comportamiento de los miembros de la Obra con más transparencia que antes.

2) Alvaro del Portillo y su sucesor, Javier Echevarría, han autorizado a los laicos de la prelatura -cosa que antes de 1982 estaba casi prohibida y era muy infrecuente- a que colaboren en tareas o iniciativas diocesanas, prestando así un servicio a distintas necesidades pastorales o funcionales de una diócesis. Por eso, no es extraño encontrar a algún supernumerario e incluso numerario del Opus como asesor o gestor en la resolución de dificultades económicas, técnicas o jurídicas de una diócesis. Esta actitud de colaboración contribuye, sin duda, a dar más transparencia al Opus Dei.

3) Desde que el Opus Dei es prelatura personal, publica dos veces al año un boletín informativo, simultáneamente en varias ediciones (castellana,

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10. Uno de los grandes logros de los años en que Álvaro del Portillo estuvo al frente de la obra (1975-1994) fue el establecimiento de unas sólidas relaciones entre la sede central del Opus Dei y la curia vaticana, ambas ubicadas en Roma. La potente inteligencia de del Portillo, su delicada habilidad en el trato personal con los monseñores del Vaticano, sus maduros conocimientos del Derecho Canónico y su eficaz mentalidad de ingeniero (pues fue la carrera de ingeniería la que estudió en su juventud madrileña) se plasmaron en la construcción de un sólido «puente» que desde entonces enlaza el Opus con el Vaticano. Y así ambas instituciones pueden intercambiarse cómodamente servicios y dones de todo tipo. Además, a los directores del Opus les haría ilusión que «puentes» de ese tipo de levantaran en todas las diócesis de la Iglesia en las que trabajan sacerdotes de la prelatura Opus Dei; pero puede suceder con frecuencia o que esos sacerdotes no sean buenos ingenieros o que esas diócesis no quieran soportar un «puente» así; y, por tanto, las relaciones entre la prelatura del Opus Dei y las diócesis no son, algunas veces, tan fluidas como a los directores del Opus les convendría (aunque otras veces sí lo son, porque todo depende de quién sea el obispo diocesano).

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italiana e inglesa), acerca de las principales actividades oficiales del prelado y de obras corporativas de la prelatura. Ese boletín se edita en Roma, donde el Opus tiene su sede central, y se titula Romana. Boletín de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. Además, el Opus Dei difunde también por internet mucha información oficial acerca de sus actividades.

4) En los últimos años, relevantes teólogos y canonistas del Opus han publicado libros científicos e históricos en los que exponen, siempre desde el punto de vista oficial y al servicio de los intereses de su prelatura, las novedades teológicas y jurídicas que, según ellos, ha aportado a la vida de la Iglesia la erección del Opus Dei como prelatura personal. Entre esos libros destacan los dos siguientes: P. RoDRíGUEZ, F. OCÁRIZ y J. L. ILLANES-TRAD, El Opus Dei en la Iglesia: introducción eclesiológica a la vida y al apostolado del Opus Dei, Madrid, Rialp, 1993; A. FUENMAYOR, V. GÓMEZ IGLES-TRADIAS y J. L. ILLANES-TRAD, El itinerario jurídico del Opus Dei: historia y defensa de un carisma, Pamplona, Eunsa, 1990. Este último libro contiene en uno de sus anexos el texto latino de los estatutos de la «Prelatura Personal de la Santa Cruz y Opus Dei».

A la vista de estos cuatro datos escuetamente mencionados y de otros similares, tiene algo de razón el profesor Schmitz cuando afirma que el Opus Dei se ha vuelto en los últimos años más transparente. Sin embargo, me permito matizar la afirmación de Schmitz recordando dos ideas que, de forma generalizada, me recuerdan quienes han vivido de cerca el tema:

1) Ese cambio de imagen que el Opus Dei ofrece de sí mismo no pasa de ser una hábil estrategia de «política exterior», perfectamente calibrada y diseñada por los directores del Opus. A éstos les interesa transmitir la idea de que la Sede Apostólica de Roma acertó de lleno al otorgar al Opus Dei un «traje a medida» como fue la prelatura personal; por tanto, además de sentirse infinitamente agradecidos al Papa y a las conferencias episcopales, los miembros de la Obra tienen que estar ahora más serenos, más contentos y felices que antes de 1982, e irradiar más transparencia que nunca. Pero, en realidad, todo el mundo sabe que, en lo referente a la información e imagen, la Obra nunca informa públicamente acerca de sus facetas comprometidas, como son, entre otras, sus fuentes de financiación económica o el elevado número de vocaciones que ha perdido desde que estrenó su nuevo traje a medida. Todo esto, así como el mucho dinero con el que el Opus ha apoyado el pontificado de Juan Pablo II y el modo con que este papa se lo ha gratificado, queda excluido de la versión oficial que el Opus da de sí mismo y permanece en la quietud del silencio.

2) La vida interna de la Obra sigue estando dotada, en la actualidad, del mismo integrismo religioso que ya tenía antes de 1982. Los cambios de «política exterior», esto es, de imagen y de relaciones públicas, apenas han tenido correlato en el seno íntimo de esa institución, en la que todo se sigue practicando como siempre. Es cierto que el Opus Dei se rige por los «estatutos» de la actual prelatura personal y que esos «estatutos» garantizan

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en el plano teórico el carácter supuestamente laical de la Obra. Pero no debe olvidarse, al mismo tiempo, que los «estatutos» se complementan en la vida interna y en el funcionamiento práctico de esa institución con una serie de normas, indicaciones, costumbres y experiencias, que, recogidas en libros de uso exclusivamente privado de los directores y directoras, reciben el nombre de «praxis». Pues bien, esa «praxis» de gobierno -y no tanto los fríos «estatutos»- es lo que moldea realmente el pensamiento y el estilo concreto de vida que adoptan los miembros de la Obra. Y es en este nivel de actuación práctica donde el funcionamiento existencial de la gente del Opus se asemeja bastante al de los religiosos y religiosas de antaño; y es también en este nivel donde afloran el integrismo y el talante elitista de esa institución. La «praxis» apenas se modificó después de que el Opus, en noviembre de 1982, estrenara su nuevo traje a medida, teóricamente etiquetado con mentalidad laical; al contrario, esa «praxis» interna quedó así aún más prestigiada y ratificada.

Ha sido para mí muy interesante leer a fondo ese trabajo del catedrático Heribert Schmitz, ayudada por los ilustrados comentarios de un experto que me han llevado a entender y comprender. Y comparto el deseo de ambos de que en un futuro se busque alguna solución para que la Obra reciba la forma jurídica que mejor le corresponda en la Iglesia y que mejor encaje en su verdadera «praxis» de gobierno y de actuación.

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Mariano Moreno, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

junio 25, 2008

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

MARIANO MORENO Médico Madrid.

En primer lugar me gustaría saber concretamente qué es el Opus Dei, qué fines persigue, cuáles son sus metas y si entre ellas está el mejoramiento de la so­ciedad en general y del pueblo español en particular.

Si mi madre -a quien adoro- y mi abuela -a la que idolatré en vida- no consiguieron hacerme sacer­dote a los once años, difícilmente ingresaría en el Opus Dei a más de los sesenta, después de lo que la vida me enseñó.

Nunca me gustaron las sectas, ni he entendido a los masones. Como el Opus Dei -pienso yo- es algo pa­recido a esto, está perfectamente claro el porqué de que no pueda ser militante de estas sociedades secre­tas. Me encanta la luz.

Tampoco soy del Opus Dei porque las decisiones im­portantes que he tomado en mi vida, y las que pueda tomar en el futuro, las tomo yo mismo, y sin permitir, sea a quien sea, ingerencias extrañas. Mi vida me per­tenece y sólo yo dispongo de ella, para bien o para mal, y apechugaré con las consecuencias. Soy -así lo pienso- un hombre sociable y respetuoso para con los demás, y siempre escogí a los amigos; nunca permitiré que me los impongan. Hice, y sigo haciendo, todo el bien posible a los que me rodean como hombre y como profesional, sin dar explicaciones a nadie, a mi mane­ra, y sin exigirles que sean, piensen o actúen como yo.

Finalmente, no soy del Opus Dei porque su irrumpi­miento en la vida política y económica española, en la forma y circunstancias en que sus militantes se nos co­laron de rondón, a mi juicio, no es de fiar. Me gusta -e insisto en ello- la claridad y la sinceridad. Las ti­nieblas no me son gratas, y mucho menos la «tenebro­sidad».

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Ex Numeraria Chilena Habla Sobre El Opus Dei

junio 7, 2008

(Trascripción del testimonio presentado en el documental Opus Dei, Una Cruzada Silenciosa. El vídeo se encuentra al final del texto.)

Carmen

El testimonio te lo tengo que dar a rostro cubierto porque el Opus Dei es una institución muy poderosa. Tiene muchos poderes políticos, económicos, muchas relaciones a nivel empresarial.

Los métodos que utiliza cuando hay gente que no está de acuerdo, cuando hay gente que habla en contra de ellos, es la de difamarla. Y yo la verdad que… que no me quiero arriesgar a eso, sobre todo a nivel profesional.

El comienzo, los primeros años, yo creo que fui feliz dentro del Opus Dei, dentro de una especie de castillo de cristal en el que vives, pero cuando tú te haces numeraria te comprometes de por vida a muchas cosas que no sabes, que nadie te ha dicho, como a firmar un cheque en blanco.

De lo que ingresas, y sin que te des cuenta, el Opus te va moldeando, te va lavando el cerebro paulatinamente. Y si hay cosas de las que no estás de acuerdo siempre la equivocada eres tú, porque dentro del concepto del Opus Dei la Obra es perfecta porque es Obra de Dios.

Y en este contexto hubo cosas con las que yo no estuve de acuerdo. Por ejemplo, con la coacción que había que ejercer con las jóvenes, o de la niñas que iban a las casas, para que pidieran ser numerarias; siendo que muchas no querían serlo y prácticamente se les chantajeaba y se les presionaba en el nombre de Dios.

No estaba de acuerdo y no estoy de acuerdo, por supuesto, ahora es con esta casilla de esclavitud que es las numerarias auxiliares y este concepto que tiene el Opus Dei de que no hay que sacar a nadie de su sitio, o sea, si tú naciste obrera te tienes que morir obrera. Ellos dicen que es ahí donde Dios te quiere, y habría que preguntarse si es donde Dios te quiere o si es donde a ellos les conviene.


Opus Dei – Una Cruzada Silenciosa

junio 6, 2008

Documental en vídeo.

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX


El Follonero Descubre Nuestro Sitio

junio 5, 2008

Heidi y el Opus Dei

junio 5, 2008

Entrevistas en video.

I – ¿Por qué dejaste el Opus Dei?

II- Mi mensaje para el Papa.

>

III- A todos los inseguros.


Tengo Un Familiar En Una Secta, ¿Qué Puedo Hacer?

junio 3, 2008

Tengo un hijo en la secta

Sectas: La Amenaza En La Sombra

Antonio Luis Moyano

Editorial Nowtilus

Capítulo Tercero

Tengo Un Familiar En Una Secta, ¿Qué Puedo Hacer?

Me querían asesinar, y todo por mezclar problemas familiares con mis creencias. Si yo estuviera equivocado, que no lo estoy, no se me habría tratado con la violencia, sino con la lógica de los hechos.

El melodrama no pertenece al protagonista de una novela de Kafka. Es el testimonio extraído de una carta que recibí hace ya algunos años de un Testigo de Jehová. Sus palabras, aunque rayanas en lo hilarante, resumen la problemática situación emocio­nal en la que se encuentra cualquier adepto que se enfrenta a un entorno familiar incapaz de comprenderle.

Frente al desconocimiento de su problemática, la familia del adep­to suele dejarse arrastrar por un comprensible pero absurdo extremismo que no hace sino agravar aun más la situación. Sin embargo, antes de señalar con el dedo a la secta como origen de todos los males habidos y por haber, sería recomendable abordar los problemas que han arras­trado a la persona hasta el grupo sectario. Quizás ahí esté la llave para recuperar la armonía familiar.

Con la lectura de este libro usted encontrará las claves necesarias para comprender el por qué y el cómo una persona ingresa en una secta, lo que le propiciará el marco más eficaz para iniciar un diálogo abier­to que le permita decidir en libertad.

Si su familiar está en una secta, comience a preparar su propia es­trategia de acción. Coja papel y lápiz y subraye aquellas ideas que mejor se adecuen a su situación particular, y comience por la primera:

· Haga propósito de enmienda. Si su cónyuge o hijo/a ha ingresa­do en un grupo sectario, probablemente lo haya hecho para huir de un ambiente familiar que no es precisamente el cielo en la tie­rra. Analice las causas que han propiciado tal situación. No se limite a buscar información solamente sobre sectas. Consulte literatura so­bre otros asuntos que pueden haber desencadenado su situación: conflicto de pareja, crisis de la adolescencia, falta de diálogo… En cualquier librería puede encontrar excelentes libros que pueden ayu­darle a enfocar adecuadamente su problema.

· No se avergüence del problema con el que le ha tocado enfrentarse. Quien cae en las redes de una secta no es necesariamente un “bobo” o un ingenuo. En la mayoría de los casos, la persona que ingresa en una sec­ta reúne una serie de cualidades humanas que deben ser valoradas por su entorno familiar. Una adecuada canalización de esas potenciales in­ternas puede ser clave para ayudar al adepto a reintegrarse en la sociedad.

· Sin caer en la tacañería, controle con cuentagotas el dinero que pro­porciona al adepto. Algunas sectas, aunque no sea éste su principal objetivo, persiguen fines económicos para canalizarlos en “ofrenda espiritual” al líder, por lo que no escatimarán esfuerzos en aligerar su cuenta corriente.

· Evite iniciar trámites judiciales contra la secta. La mayoría de es­tas organizaciones son capaces de movilizar los resortes administrativos necesarios para encubrir sus actividades y evitar su ¡legalización. Recuerde que las actividades de muchas sectas están auspiciadas, des­de la sombra, por oscuros intereses gubernamentales.

· Evite adoptar posturas radicales. No trate de convertir su situación en una especie de cruzada personal contra la secta que sólo va a distanciarle aun más del adepto.

· Mantenga una postura abierta al diálogo. Invite al adepto a ex­poner “sus” ideas y ofrézcale otras respuestas alternativas para que las valore. En el proceso de adoctrinamiento, el adepto ha asumido de forma totalmente acrítica la Verdad Absoluta del líder, por lo que un paulatino proceso de racionalización puede producir un desen­ganche de la doctrina. El objetivo es agotar los “clichés” o pautas cognitivas que la secta ha inculcado al adepto.

· Trate de restablecer el círculo de amigos del adepto. Una de las características que acompañan al proceso manipulador de una sec­ta destructiva es la ruptura de los lazos afectivos.

· Ofrezca una alternativa que centre el interés del sectario. El adep­to sufre una dependencia psicológica del grupo. Romper ese “enganche” produce un vacío emocional equiparable a una especie de “mono psi­cológico” muy similar al que sufre un drogodependiente.

· Es curioso observar el hecho de que, en la mayoría de los matrimonios afectados por la problemática sectaria, sea la mujer quien, en mayor por­centaje de casos, ingresa en el grupo sectario. Cuando es el marido el que ingresa en una secta, suele arrastrar con él a toda la familia. Propiciar una situación de igualdad entre los miembros de la pareja puede ser una vacuna eficaz ante la problemática de la irracionalidad sectaria.

· En ocasiones puede ser recomendable el asesoramiento de un psi­cólogo. Pero infórmese bien antes de hacerlo. Aunque hay magníficos profesionales que no ahorrarán esfuerzos en ayudarle a superar su situación, también abundan los psicólogos que no están suficiente­mente cualificados para asesorarle.

· Dé tiempo al tiempo. Es probable que su familiar no abandone la secta antes de lo que usted espera. Mientras tanto, ármese de una pa­ciencia infinita y procure poner todo lo mejor de su parte. Créalo, si usted aporta todo su cariño y esfuerzo en ayudar al adepto, sus es­fuerzos se verán recompensados.

Recuerde siempre que la clave no está en “sacar” al adepto de la sec­ta sino en evitar que, dentro de su hogar, se propicien situaciones que alimenten la posibilidad de que su pareja o alguno de sus hijos pueda ser captado. Tenga en cuenta que, si usted prohíbe a alguno de sus familiares asistir a sus reuniones, está haciendo un favor a la secta, que instrumentalizará el hecho para argumentar la incom­prensión que reina en su familia y la necesidad de cubrir esas necesidades afectivas fuera de este ámbito. No caiga en la trampa de adoptar posturas intransigentes que sólo van a perjudicar su si­tuación. Que alguien de su entorno caiga en las redes de una secta no es un hecho del que haya que avergonzarse.

Punto primordial y más importante: Reflexione seriamente acerca de las motivaciones que han arrastrado a esta persona a buscar en una sec­ta eso que no encuentra dentro del ámbito familiar. ¿Qué problemas existen en la relación de pareja? ¿Se ha estancado su relación en la monotonía? ¿Qué tiempo dedica usted a su pareja y a sus hijos? ¿Es us­ted capaz de ponerse en el lugar de la otra persona? ¿Escucha a su pareja o a sus hijos cuando tienen algo que decirle o prefiere estar viendo la televisión? Sólo una vez que usted haya encontrado las causas que han permitido dejar la puerta abierta a este problema y le manifieste a su pareja o hijo/a su intención expresa de cambiar estos aspectos habrá conquistado el 90% de su objetivo.

Después es cuando usted podrá mantener un debate con la otra per­sona para sugerirle que contemple desde fuera si el proceso que ha seguido en su integración en el grupo guarda ciertas semejanzas con las técnicas de persuasión descritas en este trabajo. (En ocasiones, en el seno familiar no es fácil abrir un canal de diálogo adecuado. En este caso, busque el apoyo de una persona de confianza que pueda mo­derar un posible debate y mantener un prisma de objetividad). No utilice nunca frases tan simplistas como “te están lavando el cerebro”, deje que sea la propia persona quien explique sus razones y escúche­la. Invítela a ser sincera y responder a las siguientes preguntas:

¿El grupo mantiene ciertos secretos que no pueden ser revelados al exterior? ¿Existe el debate en el seno de la comunidad o se acepta una “verdad revelada” únicamente interpretada por los dirigentes? ¿Se ad­quiere el compromiso de realizar determinadas tareas de proselitismo? ¿Qué argumentos utilizan los dirigentes para justificar este tipo de tareas? ¿Cómo se contemplan las “disidencias” dentro del grupo? Éstas y muchas otras preguntas que pueden ir surgiendo deben ponerse sobre la mesa y será la propia persona interesada quien, finalmente, tome la última decisión.

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Los Falsos Pecados Crean Fobias, Obsesiones y Depresión

mayo 31, 2008

Fuente: El Amor, el Amor. Emevecita.

Casi al final de mi carrera conocí a un chico un año mayor que yo, por quien todas las de mi clase suspiraban. El primer puesto de su promoción (coleccionista de primeros puestos), atractivo, inteligente, pedante (qué atractivos son los pedantes) y me enamoré platónicamente de él. Seguía siendo numeraria, pero tenía un “enamoramiento” que tenía que pasar (sabía que iba a pasar). Como es lógico (lógico para quien conoce el opus, si no lo conoces mira un poco AQUÍ) yo tenía la intención de ser numeraria hasta la muerte, así me tenga que morir joven para lograrlo (lavado de cerebro que le dicen).

Así que lo primero que hice fue ir a mis “Directoras” a decirles que estaba enamorada de este chico, que lo veía todos los días porque recibía clases en el salón del costado y que yo era muy grosera y pesada con él como para que no entre si yo estoy, pero así y todo me cruzaba con él y sentía que se me salía el corazón (adolescente tierna). Mi “Directora” (una jovenzuela de 21 ó 22 años en ese entonces) me dijo que ponga “más medios”, que si él entraba, yo saliera, que si el salía, yo entrara, que no hable con mis amigas si él estaba con ellas, que si él venía por la derecha yo huya por la izquierda.

Lo hice tal cual. El resultado: me obsesioné con él. Tanto así que deseaba no ser numeraria. (El chico no me había dicho ni media palabra, ni se me había insinuado.) Llegó el verano y con él las vacaciones y con ellas mi encierro anual para “estudiar doctrina”… del opus, claro. El encierro (llamado “semestre”) era en Lima (la capital) y allí viajamos.

Claro, viajamos las numerarias y viajaron nuestras amigas y sus amigos, porque Lima era el único sitio para hacer prácticas pre- profesionales. Y viajó “él”. Yo no sé si él lo sabe, pero me pasé todo el verano oyendo hablar de él a mis amigas y sabiendo casi exactamente qué había hecho todo ese tiempo. Una tortura.

Luego los del opus decidieron que me vaya. Me rompieron el alma y me fui. Así que cuando quise empezar a verle el lado positivo al asunto de ya no ser numeraria, se me ocurrió que lo único bueno era que podía acercarme a ese chico que tantos desvelos me había causado.

Me acerqué. No era pedante, es un ángel. Un chico buenísimo. El mejor de los amigos. Y me di cuenta que mi enamoramiento de todos estos meses pasados había sido unilateral. Él apenas sabía que yo existía y que era bastante odiosa con él (estrategia para alejarlo de mi) y nada más. Se me pasó el enamoramiento y nació una amistad grande, fuerte y sincera. Se me pasó como por arte de magia. Como quien despierta de un sueño.

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