¿Se Respetan En El Opus Dei Los Derechos Humanos Fundamentales?

julio 20, 2007

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Iván de ExOpus

Reedición del publicado en Opus Libros el 27 de junio y 4 de julio de 2004

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El hombre es hijo de sus obras.

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

Respondo a quienes intentan demostrar la bondad del Opus Dei porque ellos son muy felices dentro:

Me alegro mucho por vosotros de que hayáis llevado una vida tan feliz en el Opus Dei, pero desgraciadamente eso vale de muy poco para saber lo que en realidad es la Obra (ser muy feliz en un grupo no sirve como criterio de bondad para ninguna institución) puesto que miembros felices los hay hasta en la sociedades más depravadas. ¿O acaso creéis que entre los asesinos de los campos de exterminio no hubo algunos que fueron muy dichosos por formar parte de esa institución? Seguro que los hubo.

Una sociedad no es buena porque algunos (o muchos o casi la totalidad) de sus miembros estén contentos en ella; a una sociedad se la puede empezar a considerar como buena cuando institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

Lo que escribo a continuación no lo hablo por otros, ni por lo que he oído o leído, sino que es fruto de mi propia experiencia durante casi 35 años dentro de la Obra.

Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta.

Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.

Utilizan lo que llaman la “corrección fraterna” como medio muy eficaz para mantener el dominio sobre sus miembros. La fundamentan, como verdad externa, en la frase de Jesús según la cual si ves un pecado en tu hermano debes corregirle. Ese medio es en apariencia una buena práctica, pero veamos como se utiliza, para conocer otra realidad oculta.

Una vez vista una falta en otro miembro, algo que te parece no estar de acuerdo con el espíritu de la Obra, has de contárselo a su director quien tiene la última palabra para que le corrijas o no. Es decir:

1 – Casi nunca corriges pecados normales (los que todo el mundo entiende por pecado) sino que se utiliza sobre todo para aquello que no es afín al espíritu de la Obra (que previamente te han mentalizado cual es).

2 – Bajo la verdad externa de que se consulta al director de la otra persona, para que sea él quien juzgue la procedencia de esa corrección, subyace otra realidad que es que así los directores siempre pueden mantener un control de la conducta de sus dirigidos al estar permanentemente informados sobre lo que hacen y dicen que pueda ser disonante con la Obra. Con la corrección fraterna los ojos de todos los miembros de la Prelatura se convierten en los de tu director inmediato, quien a su vez, si procede, informa al director superior (por lo que de una falta que cometas hoy, el Prelado puede tener mañana un informe sobre la mesa de su despacho).

Voy a poner un par de ejemplos de correcciones fraternas tomadas de mi propia vida.

En una ocasión comenté ante varios que me gustaba mucho el libro “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach. Un par de horas más tarde me hicieron una triple corrección fraterna: Porque no había mirado ese título en el índice interno de libros que la Obra lleva, puesto que allí se indica que no se puede leer. En segundo lugar, por haberlo leído sin las prevenciones oportunas de conocer antes si podía hacerlo, lo que podría haber perjudicado a mi alma. Por último, por escándalo a los demás, por la publicidad dañina que hice de él ante quienes no deben leerlo y a los que mis palabras les podrían llevar a pensar que era bueno, dando ellos por supuesto que yo lo había comprobado previamente (en ese índice).

Otro caso. Los agregados teníamos una meditación un día fijo a la semana, seguida de una tertulia durante la cual el sacerdote (el designado para nosotros) nos iba confesando sucesivamente (íbamos a él según el orden de colocación en la tertulia). Pues bien, en una ocasión no me confesé allí en dos semanas consecutivas. Nada más terminar la tertulia del segundo día, me vino uno para hacerme la corrección fraterna de que había que confesarse semanalmente con el sacerdote establecido y que si en alguna ocasión, por motivos de fuerza mayor, lo hacía en otro lugar, que después de la meditación, cuando me llegara el turno, me pasara a saludar al sacerdote (aunque no me confesara) para así no causar escándalo en el resto, que se daban cuenta de que yo no me había confesado.

La gente entra en la Obra sin saber los términos específicos de su entrega; después, poco a poco, se les crea una tupida red de miedos, culpas, fobias y temores (sobre todo a perder la felicidad temporal y eterna si dejas el Opus Dei) lo que permite enajenarles con facilidad de muchos derechos fundamentales. Por ese medio, a grandes rasgos, a los miembros del Opus Dei (en especial a los numerarios y agregados) se les expolian los siguientes derechos:

1 – Derecho a la libre información y a su intimidad personal: Diciéndoles lo que pueden de leer o no, los programas de televisión que pueden ver o no; les leen la correspondencia que reciben y envían, etc.

2 – Derecho al pensamiento libre: Obligándoles a no tener la mínima duda sobre su vocación: “De la vocación no se puede dudar, es intocable”, te repiten desde que pitas. A suprimir cualquier crítica sobre la Obra o sus directores (por ejemplo, es algo grave y que atenta contra la unidad del Opus Dei comentarle a otro que te agradaba más el director anterior que el actual), etc.

3 – Derecho a la conducta libre: Controlándoles amistades, esparcimiento, adónde pueden ir o no; impidiéndoles asistir a espectáculos públicos; exigiéndoles confesarse semanalmente (con o sin pecados) con el sacerdote del centro, imponiéndoles el director espiritual (que es un laico independiente del confesor), obligando a que esa dirección espiritual sea cada semana (porque te buscan, persiguen y fuerzan a tenerla si tú no vas dócilmente a ella), imponiendo que a ese laico le cuentes todo, todo, todo, y en especial y en primer lugar lo que te molestaría contar (aunque ello sea algo tan tonto como que has deseado entrar en un cine a ver Heidi), etc.

4 – En lo económico te fuerzan a un estado de indigencia total: En vez de agradecerte el dinero que das al Opus Dei, te dicen que el sueldo que cobras, desde antes de recibirlo, ya no es tuyo sino de la Obra, quien como “buena madre” vela por ti y te da lo que necesitas para subsistir (que ella previamente ha aprobado). Has de apuntar todos los gastos que realizas, hasta el más mínimo, y entregárselos al director en los cinco primeros días de cada mes. Con cualquier bien mueble (el coche) o inmueble que ha de figurar a tu nombre has de firmar un contrato de venta en blanco (sin datos del comprador ni fecha de venta) para que en cualquier momento ellos puedan rellenar esos datos y cambiarlo de dueño (lo hacen así para no cargar fiscalmente a la Obra, porque si no directamente te quitarían su propiedad). ¡Buen truco para que ante los de fuera parezca que tienes algo! Y cuando dejas la Obra te marchas sin nada (cuando lo haces no te dan ni para el metro). ¡Buen truco para mantenerte atado dentro!

5 – Derecho a los sentimientos libres: Sólo puedes poner el corazón en la Obra y en lo que a ella le conviene. Por ejemplo, has de amar al Prelado (a quien te hacen llamarle Padre, lo que sustituye en ti al que te dio la vida), a quien nunca has tratado, con el mismo cariño humano que sientes por tu propio padre o madre, etc.

6 – Derecho a una madurez humana y psicológica equilibrada: En el trato personal con el resto de los miembros has de evitar las fricciones, siempre has de sonreir, has de mantener una máscara de felicidad permanente. Si algo te molesta de otro has de hablarlo con el director y si procede recurrir a la corrección fraterna, nunca al planteamiento personal directo. Eso te lleva a vivir una intimidad de “invernadero”, ficticia, que notas muy claramente cuando sales de la Obra y has de crear una relación de pareja, en la que te sientes como un extraterrestre.

Por otra parte, dependes de ellos hasta en lo más mínimo. Has de comprar ropa acompañado de otro. Todos tus gastos te los han de aprobar antes de recibir tú el dinero. Has de consultarlo todo (te dicen que el director tiene gracia de estado por lo que tú nunca te equivocas obedeciendo) lo que te hace ser un dependiente psicológico. En la obra te permiten desarrollar facetas intelectuales (que no choquen con ellos) pero no los sentimientos y la independencia psicológica.

7 – Derecho a tener amigos dentro de la Obra y a continuar la amistad con los que lo eran tus amigos antes de incorporarse a ella: En el Opus Dei está establecido institucionalmente que no han de existir amistades particulares. Lo que ellos llaman amistad particular es lo que todo el mundo entiende como amistad a secas. No puedes tener un amigo de la Obra en quien confiar lo que tú desees y pensar que después te guardara el secreto, puesto que la corrección fraterna, de la que hablé antes, lo impide. Cualquier cosa que cuentes a otro puede acabar en el director y si es algo sobre discrepancias con la institución (aún mínimas) o dudas de vocación, seguro que acaba siendo escuchado por el director.

Cuando un amigo tuyo pita has de dejar de ser amigo de él. Como suena, por decreto tenéis que dejar de ser amigos porque hay que emplear esas energías en buscar otros amigos para acercarlos a la Obra. Para facilitarlo os separan cuanto antes, trasladando a uno de los dos a otro centro. A ese expolio de la amistad ellos lo llaman entregar los amigos a Dios, pero en realidad lo que busca es que su poder de manipulación no se diluya. Al no poder comunicar con nadie de dentro tus inquietudes (y menos con los de fuera), siempre estarás al arbitrio de lo que los directores te digan. Las cosas íntimas se consultan con el director, te dicen, y de esa manera se aseguran que recibas sólo las campanadas que ellos tañen. (Por lo mismo, tampoco pueden estar en el mismo centro dos hermanos de sangre, si ambos son de la Obra.)

La amistad en la Obra es sólo un instrumento para captar a la gente. Nunca para el enriquecimiento personal de sus miembros. Por eso los que pensabas que eran tus amigos en cuanto te vas de la Obra te ignoran: porque en realidad nunca han sido tus amigos.

Si eres de la Obra y quieres mantener un amigo, has de evitar que pite.

8 – Derecho a elegir la vocación a la Obra: Tú no eliges a la Obra, es ella quien te elige a ti. Te acercas a la Obra en busca de espiritualidad y por el buen ambiente humano que allí se respira y cuando menos te lo esperas aparece el numerario de quien eres amigo y que te llevó allí, el director, el cura y quien imparte los círculos (un medio de formación) y todos a una te plantean que tienes una vocación que tú no acabas de ver clara y terminas pitando, más que nada, para descansar de esa presión psicológica.

Es imposible que una persona elija su vocación a la Obra porque ellos no la muestran en sus detalles importantes; a ti tan sólo te cuentan que por Dios has de entregarlo todo y que se materializará tal y como ellos te dirán después (pero nunca piensas que en ese “todo” que das se incluyen derechos inviolables). Por lo tanto, si tú no puedes saberlo han de ser ellos quienes vean si les sirves o no y en caso afirmativo quienes te empujen adentro.

9 – Derecho a elegir salirte de la Obra: En realidad, la expoliación de todos los derechos enumerados en los otros apartados buscan este fin. Lo único que a la Obra le importa es llenarse de gente que les sea útil y que les duren hasta la muerte. Para conseguirlo hacen lo que haga falta, incluyendo que el fin justifique los medios.

10 – Derecho al dialógo sobre la Obra: Parece como si para ellos el Opus Dei además de traducirse como “La Obra de Dios” también significara “La Obra es Dios”, puesto que dialogar lo entienden como dar las vueltas que haga falta y durante el tiempo que sea preciso hasta lograr que el otro termine aceptando totalmente lo dicho por ella, sin ellos ceder un ápice ni reconocer un error.

“Toda institución en la que intervienen los hombres es imperfecta”, decía el Fundador del Opus Dei refiriéndose a la Iglesia, y tenía toda la razón del mundo, por eso la Iglesia se abre al diálogo. ¿Y la Obra no es imperfecta?

11 – Como haré ver más adelante con un aspecto muy significativo, para el Opus Dei los derechos adquiridos por sus miembros a través de la Prelatura sólo existen mientras benefician a la Obra (directamente y exclusivamente) y les son enajenados en cuanto no es así, sin temblarle el pulso por el perjuicio que ello produce en el individuo, en la sociedad y en la Iglesia Universal.

Muchos numerarios y agregados hemos aprobado dentro de la Obra los estudios eclesiásticos oficiales de la Iglesia (menos una asignatura menor que la Obra no te deja cursar excepto en el caso de que te vayas a ordenar como sacerdote de la Prelatura).

En el mes de permiso anual del trabajo los agregados se desplazan a los lugares que les asignan los directores para permanecer durante 25 días en lo que se llama internamente como “curso anual”, porque allí se cursan asignaturas de filosofía y teología. Mientras que el resto de sus compañeros, que no son del Opus Dei descansan, los de la Obra continúan trabajando, en este caso estudiando y con intensidad.

Esas asignaturas son idénticas a las que la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra imparte públicamente en sus aulas de Pamplona; universidad que es de la Iglesia y de la que la Iglesia es la última responsable por ser “suya”. Por supuesto, esas clases son dictadas por profesores cualificados por la citada universidad.

En esos cursos anuales, conforme los alumnos van cursando las asignaturas, se realizan los exámenes pertinentes en los que hay que obtener una calificación de notable o sobresaliente para superarlas. Esa es la única diferencia que existe con los exámenes que se realizan en las aulas públicas de Pamplona en donde a los alumnos matriculados allí les basta con obtener la nota mínima de aprobado para pasar cada materia.

Esa diferencia con los miembros de la Prelatura radica en el empeño que el Fundador del Opus Dei tenía de que los de la Obra estuviéramos más cualificados que los demás en esas materias, por lo que estableció que en todas las asignaturas eclesiásticas que cursara un miembro de la Obra debían obtenerse calificaciones de notable o sobresaliente para considerarlas como superadas.

Al final de cada curso anual se realizan las actas oficiales de cada materia en donde figuran aquellos alumnos que las han rendido, son firmadas por los respectivos profesores y se remiten a la Universidad de Navarra (en algunas ocasiones yo he escrito a máquina esas actas, en las que están en latín tanto el texto como todos los nombres incluidos en ellas, y se las he pasado después a los profesores para que las firmen).

En determinadas ciudades también se cursan esas asignaturas durante el resto del año (hablo de España).

De esa manera, poco a poco, año tras año, finalicé esa carrera universitaria. Son unos estudios tan, tan, tan oficiales que de un día para otro me podría haber ordenado sacerdote dentro de la Obra (en lo que respecta a los estudios que la Iglesia exige para ello, puesto que esa asignatura menor que me faltaba por terminar, de la que antes hable, se rinde en menos de una semana de estudio).

O sea, que sí me voy a ordenar como sacerdote del Opus Dei hay una universidad con reconocimiento público (civil y ante la Iglesia) que es la Universidad de Navarra que admite que yo he realizado todos los estudios eclesiásticos que ella imparte, puesto que me ha examinado de todas las asignaturas que componen esa licenciatura y en las cuales la nota mínima que he obtenido ha sido de notable.

Veamos lo que ocurrió cuando me fui de la Obra. Solicité un certificado de esos estudios y me respondieron que no me lo podían dar porque son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra”.

Hay una realidad: Yo tengo aprobadas las asignaturas de la licenciatura eclesiástica en filosofía y teología por la Universidad de Navarra.

Ante este hecho la Obra aplica dos “verdades”:

1 – Que ese derecho existe para ordenarte sacerdote dentro de la Prelatura (con lo que admiten que lo poseo).

2 – Y la otra, una “verdad falsa” de que son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” (que la Obra quiere hacer pasar como verdadera con el subterfugio mental de crear unas palabras que sustituyan a la realidad), lo que, sin temblarles el pulso, les permite enajenarte de un bien únicamente tuyo y arduamente adquirido con un esfuerzo continuado durante muchos años (en el tiempo en que los que no son de la Obra, como antes dije, descansaban de su trabajo habitual).

Hay que considerar que el expolio de ese bien produce los siguientes perjuicios:

1 – A las personas damnificadas. Puede servir para incluirlo en su currículum profesional para mejorarlo y poder obtener puestos de trabajo más cualificados. Al ser un título universitario te priva de los beneficios de su ejercicio, como puede ser dar clases de filosofía o religión. Hay muchos agregados sin otra titulación universitaria y de esa manera se les priva de ser universitarios de grado superior, etc.

2 – A la sociedad civil, puesto que la priva del bien que puede obtener de personas poseedoras de esa cualificación.

3 – A la Iglesia Universal, al expoliarla del beneficio que sus hijos pueden revertir en ella si disponen de esa titulación (a la que esas personas tienen derecho, todo el derecho del mundo) cómo puede ser, además de lo anteriormente visto para la sociedad civil, disponer de la capacidad de ordenarse sacerdote en cualquier diócesis del mundo sin necesidad de tener que realizar de nuevo esos estudios. Tengo constancia de que un exmiembro de la Prelatura decidió ordenarse como sacerdote en una diócesis de España y tras reiteradas instancias a la Obra por parte de su obispo le fue entregado un certificado de los estudios eclesiásticos cursados por él mientras perteneció al Opus Dei (con lo cual se ratifica todo lo que estoy diciendo aquí: que dicha persona había realizado esos estudios y que hasta ese momento la Obra se negaba a reconocerlo); esa situación que la Obra hace ser excepcional se corresponde, por el contrario, con un derecho inalienable de las personas que no puede ser manipulado por nadie.

No es justo tener que suplicar a otros la limosna de un bien que por derecho nos corresponde (y que se niega a entregar).

Analicemos lo que ese comportamiento de la Obra nos dice sobre sí misma:

1 – Que no les importan los derechos de las personas, tan sólo existen los derechos de su institución. 2 – Que no les importa el bienestar de las personas, tan sólo existe el bienestar de su institución.

3 – Que no les importa el bien de la Iglesia Universal, tan sólo existe el bien de su iglesia particular.

4 – Que fuerzan a que una universidad pública (como la de Navarra) tenga un “sótano”, oculto a la mirada de todos, en el que se guardan los expedientes de los estudios realizados por los miembros de la Prelatura, para poder utilizarlos ellos a su gusto como si fueran de la Obra en vez de quien los estudió.

5 – Como la Iglesia es la última responsable de esa universidad (por ser una universidad de la Iglesia) con esa expoliación de derechos adquiridos por las personas están haciendo que sea la Iglesia Universal quien cometa ese atropello.

6 – Que no les importa el bien de la sociedad, mientras que no sean ellos quien les suministre ese “bien” y manufacturado a su capricho.

7 – Que se demuestra, una vez más, que para el Opus Dei el fin justifica los medios.

8 – Que ante los talentos de sus miembros la Obra dice: “O para mí o para nadie”.

Por supuesto, todo lo dicho con anterioridad es válido también para aquellos que hayan realizado esos estudios parcialmente (que hayan aprobado diez, veinte o tan sólo una asignatura) ya que el derecho del que hablamos es el mismo en todos los casos.

Una idea repetida en las meditaciones y charlas que se dan dentro de la Obra es que la vocación al Opus Dei es tan importante y tan grande que muy posiblemente Dios no nos habría creado si no hubiera sido porque nos iba a conceder esa vocación; y consecuentemente a ese pensamiento actúan cuando te marchas del Opus Dei: Cómo te vas –parecen decirte con sus obras–, te retiramos la existencia de todo aquello que está en nuestra mano porque así actuaría Dios en nuestro lugar.

Si yo no hubiera sido del Opus Dei y alguien me cuenta lo que estoy escribiendo, sin darme el nombre de la sociedad que actúa así, sin dudarlo habría dicho que se trataba de una estructura comunista, puesto que en las entrañas de la filosofía del comunismo está que las personas carecen de derechos individuales a costa de la institución que las gobierna, que los posee todos y en exclusiva.

Imaginemos que al Fundador del Opus Dei le hubiera dado porque todos los numerarios y la mayoría de los agregados estudiaran en la Universidad de Navarra, además de la carrera Eclesiástica, las de Derecho y Medicina con una nota mínima de notable en cada asignatura y que muchos hubiéramos finalizado las tres carreras. Al salirnos de la Obra habríamos tenido que dejar también de ser abogados y médicos, profesiones que pudimos ejercer durante el tiempo que estuvimos dentro del Opus Dei pero no al marcharnos puesto que al ser “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” en el momento de dejarla nos habrían negado esos títulos universitarios. ¡Y entonces a trabajar solamente como picapedreros en las minas de carbón!

12 – Otro derecho humano vulnerado (que lo pongo al final no por considerarlo el menos importante sino porque alguno ha de cerrar la exposición) es que aplican esa violencia espiritual y psicológica en jóvenes que por su inmadurez están incapacitados para discernir y reaccionar. A partir de los 14 años y medio pueden pedirte pitar. Yo tenía 15 años cuando pité. (Para más información leer mi carta de fecha 16 junio de 2004 en donde ahondo en alguno de estos temas.)

Termino repitiendo la idea del principio: Encontrarse muy feliz en un grupo no es indicativo de su bondad, para saberlo hay que comprobar si ese colectivo institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

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Los Que Están Con Nosotros

julio 6, 2007

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Iván de ExOpus

Cuando conocemos mucho sobre un tema se puede caer en la tentación de ser intransigentes con quienes lo tratan con una profundidad menor a la que empleamos nosotros.

Para quien ha gastado 30 años de su vida investigando la adolescencia de Carlos V le parecerá muy pobre y frívolo un artículo de prensa de un folio de extensión sobre el monarca en el que se omita hablar de su pubertad.

Pero hay que entender que no todo el mundo se encuentra en las condiciones idóneas para comprender una materia a nivel de especialista, por eso existen textos divulgativos, generales, otros más profundos y así hasta llegar a los superiores.

Con el Opus Dei ocurre lo mismo. Hay quienes escriben ensayos de tipo teológico o canónico, o artículos testimoniales o divulgativos; unos con gran precisión lingüística y otros más superficiales, con profusión de referencias o con pocas o ninguna, con algunos errores accidentales o sin ellos…, y no podemos menospreciar a ninguno, porque cada uno cumple la función de explicar el Opus Dei a un sector del público, el que está capacitado para entenderlo.

Con este Blog busco difundir toda la verdad del Opus Dei y no sólo las facetas «maravillosas» que sus directores nos muestran.

Y siguiendo la sabiduría de Jesús:

Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no va con nosotros; y se lo hemos prohibido, porque no nos seguía. Pero Jesús les dijo: No se lo prohibáis; porque nadie que haga milagros en mi nombre puede después hablar mal de mí. Porque quien no está contra nosotros, con nosotros está (Mc 9, 38-40).

Por eso aplaudo cualquier iniciativa que vaya en esa dirección: quien concuerda con la línea de ExOpus no está contra él, con ExOpus está, y sólo por eso hay que difundir su trabajo.

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Sectas En La Iglesia Católica

julio 2, 2007

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Alberto Moncada

(Ponencia al Congreso de la Asociación Internacional para el Estudio de las Sectas, [ICSA], Bruselas, junio 2007.)

A mediados de los años ochenta, la Iglesia Católica comenzó a producir documentos e iniciar actividades para contrarrestar la actuación de movimientos religiosos populares, la mayoría protestantes, que están captando a un gran número de católicos, especialmente en América Latina. De hecho, el Vaticano pidió al gobierno mexicano que actuara contra ellos a lo que México se negó. Las autoridades mexicanas estaban más bien preocupadas por la influencia pronorteamericana de algunos de esos grupos. El primer viaje trasatlántico del papa Ratzinger ha sido precisamente a Brasil, donde los movimientos religiosos populares se están haciendo crecientemente con clientelas católicas. La escasez del clero y las actividades benéficas de los nuevos grupos explican su creciente influencia…

Pero para defenderse de su competencia el Vaticano eligió la descalificación, al caracterizarlos como sectas utilizando la terminología sociológica al uso. El último documento, del Arzobispo de Viena Monseñor Christoph Schönborn, (L,Osservatore Romano, 13 Agosto, 1997), después de analizar las características de las sectas, afirma que no existe ninguna organización católica sectaria pero, en vez de argüir sociológicamente, concluye que basta la aprobación de la Iglesia para garantizar el carácter no sectario de las organizaciones bajo disciplina eclesiástica.

Muy al contrario, varios grupos católicos, y principalmente el Opus Dei y los Legionarios de Cristo presentan en su configuración grupal características claramente sectarias, expuestas tanto por la literatura sociológica especializada como por los reportajes periodísticos y en particular por las páginas Web en las que ex miembros relatan sus experiencias (http://opuslibros.org/, http://odan.org, http://opuslivre.org/, http://exlcesp.com/).

El perfil híbrido del sectarismo católico refleja la tensión histórica entre milenarismo y activismo en el seno de la Iglesia. La historia del cristianismo presenta un primer momento de milenarismo, que la predicación de Cristo subraya claramente. “El reino de los cielos está cerca”, “mi reino no es de este mundo” “hay que vivir desprendidos”. Había entre los primeros cristianos como una cierta certeza de que el mundo se iba a acabar pronto. Pero no lo hizo y la Iglesia se fue consolidando como organización y participa en política desde el Imperio romano en adelante. Como fruto de aquel milenarismo siempre hubo cristianos que se apartaban del mundo y renunciaban a casarse, al dinero, a la vida social. Aquello se tradujo en la formulación de los tres consejos evangélicos que asumieron las órdenes y congregaciones religiosas, como símbolo y expresión de su separación del mundo. Para el conocido teólogo alemán, Ernst Troeltsch, el primer significado teológico de la palabra secta, sectario se refiere precisamente a la huída del mundo de los que eligen separarse de él para mejor vivir la fe. Pero el Vaticano empezó a manipular las órdenes y congregaciones religiosas, a utilizarlas en sus luchas políticas. A los dominicos contra la reforma protestante, a los jesuitas para el control ideológico. Ahí empezó la transformación de las organizaciones religiosas en instrumentos de la política eclesiástica, con las lógicas contradicciones que la llegada de la democracia hizo más patentes. No se puede renunciar al mundo y al mismo tiempo pretender dirigirlo desde arriba, como élite designada. Y no se puede hacer compatible la condición de ciudadano hacia fuera con la de súbdito hacia dentro, un súbdito que recibe instrucciones de sus jefes para su propia acción ciudadana. Fue especialmente notoria la transformación del voto evangélico de obediencia, usado por los que se apartaban del mundo como fórmula de desprendimiento espiritual y guía ascética y que se convirtió en una herramienta de poder para subordinar las conciencias a las aventuras temporales de los líderes eclesiásticos. Así nace el sectarismo católico agresivo, militante, excluyente que cristaliza, durante el papado de Juan Pablo II, en cinco o seis organizaciones de carácter fundamentalista, populista, algunas como Comunión y Liberación muy politizadas, que se añaden al Opus y a los Legionarios, y que representan una versión católica de las sectas de origen oriental que, como la secta Moon, también proliferan en el mundo occidental. La sociología ha elaborado un perfil del sectarismo precisamente a partir de la fenomenología religiosa, pero ya de aplicación general a grupos cerrados, dogmáticos y antidemocráticos, especialmente en su estructura interna. Sin embargo, algunos grupos protestantes, como los Amish en Estados Unidos, mantienen el significado original de la palabra secta, al abandonar el mundo y adoptar un estilo de vida ascético.

Paralelamente, y coincidiendo con la implantación del sistema democrático en Europa se intentó generalizar entre los católicos laicos una estrategia de manipulación de dicho sistema con el que el Vaticano nunca se ha sentido cómodo. Se hizo a la vez con un movimiento popular, la Acción Católica y con un partido político confesional, la Democracia Cristiana. En España hubo una versión propia, la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, que jugó un papel importante primero en la segunda República y luego en el franquismo. Fue en su Escuela de Periodismo madrileña donde el fundador del Opus aprendió esa ideología del catolicismo beligerante que rezuma su libro guía: “Camino”. La intolerancia y el dogmatismo doctrinal de la Iglesia, sobre todo a partir de la declaración de la infalibilidad papal, contribuyen también a esa predisposición al sectarismo de un sistema de creencias y un modo de disciplina grupal que, con harta frecuencia, desemboca en el fanatismo, la intolerancia y la fabricación de enemigos ideológicos. Y al lado de una Iglesia caritativa, abierta al diálogo con el mundo civil, convive esa otra Iglesia llena de desconfianzas, dueña del Vaticano, cerrada en si misma que se manifiesta singularmente en esos grupos y grupúsculos sectarios en los que habitan gentes con fuertes déficit de personalidad y escasas convicciones democráticas.

Con respecto al Opus, el ideario de la institución proclama que sus miembros son ciudadanos corrientes, pero las reglas para la observancia de los numerarios se han ido haciendo cada vez más estrictas y detallistas y más que una organización religiosa el Opus es hoy una extraña secta civil que controla a sus miembros solteros hasta límites inverosímiles. Los numerarios viven en comunidad, entregan todo el dinero que ganan, dan cuenta al céntimo de sus gastos corrientes y necesitan permiso para casi todo, por ejemplo para leer la prensa, no van a espectáculos públicos, cine, deportes, evitan el trato y la solidaridad con la propia familia y su vida entera está reglamentada hasta extremos ridículos. Los numerarios son generalmente reclutados a edad muy temprana, la mayoría de ellos, lejos del objetivo fundacional de la santificación del trabajo en el mundo, se dedica a mantener la infraestructura educativa y administrativa propia y viven en una especie de burbuja existencial donde dejan de pensar por su cuenta y se convierten en “robots” infantilizados. Muchos desarrollan problemas físicos y psíquicos y los que logran darse cuenta de su situación y tienen medios para marcharse, lo hacen. Renunciando a su origen, la organización se está clericalizando y, para colmo, está incurriendo en graves violaciones de las leyes y la moral eclesiásticas, según se deduce de la denuncia que en su día hicieron al Vaticano cuarenta y cinco exsocios. El índice actual de abandono de numerarios, laicos y sacerdotes, excede con mucho al de nuevos ingresos.

El Opus secta se convierte en Opus mafia cuando sus miembros se alían para conseguir determinados fines que mantienen ocultos, incluyendo la conspiración política, la manipulación de actividades mercantiles, la violación de leyes fiscales, tan patentemente documentados hoy en varios países y que explican la mala fama que tiene el grupo en bastantes ambientes. Tanto el Opus como los Legionarios se dirigen preferentemente a reclutar gentes adineradas y poderosas, en el segundo caso por encargo específico del Papa Pío XII, que los aprobó. En sus numerosos centros universitarios para la formación de empresarios el Opus defiende un capitalismo puro y duro, un conservadurismo económico, paralelo al conservadurismo político, social y teológico que le caracteriza.

Una consecuencia de la presión que la autoridad ejerce sobre los súbditos es el resentimiento e incluso la beligerancia que algunos miembros del Opus manifiestan contra la organización cuando salen de ella, al contrario de la conducta habitual de los que abandonan órdenes o congregaciones religiosas o el sacerdocio. Esta beligerancia se produce cuando, ya desde fuera, los ex socios se dan cuenta de que, más que en preservar el conservadurismo de la doctrina, más que en la pretensión de poder político, eclesiástico, educativo, en lo que verdaderamente son especialistas los directivos es en hacer desagradable la vida a los numerarios, en descabezar cualquier intento de autonomía personal, en procurar que tengan mal concepto de sí mismos. Parece que mandar en el opus requiere una cierta dosis de sadomasoquismo.

Durante el papado de Juan Pablo II las reclamaciones contra el sectarismo católico no eran tenidas en cuenta, algo que ha cambiado cuando el nuevo Pontífice ha castigado levemente al padre Marciel, fundador y jefe de los Legionarios de Cristo, por conducta sexual gravemente delictiva y parece que también quiere meter en vereda a los Kikos. En todo caso, instituciones civiles como los Parlamentos belga y francés, y el europeo, están empezando a tomar en consideración las muchas denuncias de familias que se quejan de la persecución de menores que practican las organizaciones sectarias, un modo de “pederastía espiritual”, similar a los muchos casos de violaciones y abusos contra menores por parte del clero católico, silenciados por el Vaticano hasta que la justicia civil ha intervenido.

Esa actuación ocultista y opaca tan propia de las sectas católicas, que el Vaticano protege, se traduce también en el secretismo. El Opus Dei no suele proporcionar información sobre sus reglas internas. Se limita a entregar una copia de sus Constituciones, en latín, a los obispos en cuyo territorio se establece. Pero hay más de treinta documentos secretos (*), que no conoce la Iglesia ni siquiera la mayoría de sus miembros que regulan minuciosamente la vida de éstos, conculcan gravemente sus derechos humanos y pueden consultarse en la página web: http://opuslibros.org/, bajo la rúbrica “índice de documentos internos”).

(*) Nota de Iván: Hay más documentos secretos, ya que esos treinta y pico a los que se refiere Alberto Moncada son la parte del total que hasta ahora ha salido a la luz.

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Para Dejar el Opus Dei No Es Necesaria la Dispensa de su Prelado

junio 17, 2007

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Iván de ExOpus, 12 de agosto de 2005

El pasado día 20 de julio [2005] AC escribió una carta a Opus Libros, que a continuación extracto:

[…] Mi pregunta es: ¿qué vinculación jurídica tiene realmente un miembro con el Opus Dei, ya sea numerario, supernumerario, etc.? Es decir, si un numerario, de pronto, se marcha a vivir por su cuenta, sin dar más explicaciones y sin escribir ninguna carta y hace un nuevo testamento sin contárselo a nadie, o si le es denegada la dispensa, o sencillamente solicita la dispensa pero la respuesta se demora: ¿cuál es su situación jurídica? ¿Tiene algún tipo de responsabilidad civil hacia el Opus Dei? ¿Puede ser obligado a regresar? Formulándolo al revés: ¿qué responsabilidades y compromisos legales se adquiere con el Opus Dei al ser aceptado como miembro, prestar los juramentos, etc.? Pregunto por la situación jurídica y civil, y no por la situación religiosa, porque yo creo que Dios está por encima de toda “burocracia espiritual”.

Mi mujer fue agregada y nos conocimos poco después de que ella le hubiera escrito al Prelado la carta de dispensa y antes de recibir contestación suya. En previsión de que esa dispensa no llegara antes de la fecha de nuestra boda, le comentamos esa inquietud al sacerdote amigo (no del Opus Dei) que nos iba a casar, y su respuesta fue la siguiente:

Obtened de la parroquia en donde os bautizasteis vuestro respectivo certificado de bautismo. Ese es el único documento oficial de la Iglesia para cada fiel y en él figura la situación jurídica de cada católico con respecto ella. Si en ese certificado no aparece ningún impedimento por parte de la Iglesia para que os podáis casar, yo os caso al día siguiente, con la dispensa del Prelado del Opus Dei o sin ella; porque la Iglesia está por encima del Opus Dei y de su Prelado, y si en ese documento la Iglesia me dice que no tenéis carga alguna con respecto a ella que os impida contraer matrimonio (como puede ser estar ya casados, haber hecho votos públicos, ser sacerdote, etc.), el Prelado del Opus Dei no pinta nada en este asunto y podéis casaros cuando os dé la gana…

Sacamos esos certificados y, en efecto, en ninguno de los dos aparecía dato alguno de pertenencia (pasada o presente) al Opus Dei, por lo que no había ningún impedimento para contraer matrimonio; y nos habríamos casado sin la dispensa del Prelado del Opus Dei si no hubiera sido porque él se nos adelantó y antes de la boda le concedió a mi mujer la dichosa dispensa.

Pero, ¿eso por qué es así? ¿Por qué la Iglesia no pone impedimentos a un numerario/a o agregado/a (célibes del Opus Dei) para que puedan casarse?

Creo que la respuesta a esa pregunta la encontramos en el canon 294 del Código de Derecho Canónico:

Con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales, la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular.

Es decir, que los diáconos y presbíteros de la Prelatura Personal del Opus Dei son los únicos miembros de ella que reconoce la Iglesia como tales, y en el certificado de bautismo de ellos si que figurará que son miembros del Opus Dei.

Y al resto de las personas del Opus Dei (numerarios/as, agregados/as y supernumerarios/as) ¿qué estatus jurídico les concede la Iglesia en relación con la Prelatura?

Para responder a la pregunta anterior leamos lo que la propia Iglesia dice en el canon 296 de su Código de Derecho Canónico:

Mediante acuerdos establecidos con la prelatura, los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de la prelatura personal; pero han de determinarse adecuadamente en los estatutos el modo de cooperación orgánica y los principales deberes y derechos anejos a ella.

Los estatutos, que nombra ese canon, son de categoría inferior al Código de Derecho Canónico por lo que no pueden contradecirle. Así pues:

1 –La Iglesia permite que los laicos puedan dedicarse al Opus Dei

2 –como simples cooperadores (cooperación)

3 –mediante contratos (acuerdos ) establecidos entre ambas partes.

Dicho de otra manera, aquello que el Fundador del Opus Dei decía de que la vocación a la Obra es la gracia más grande que Dios puede concederle a un mortal y que sólo se halla por encima de ella el don de la fe, es posible que la Iglesia le dé la razón, pero sólo aplicado a los clérigos (presbíteros y diáconos) de la Obra, pero no para el resto de los laicos de la Prelatura. Según la Iglesia los laicos del Opus Dei son simples cooperadores que no han recibido otra gracia de Dios fuera de la del bautismo, por el cual se hallan habilitados para cooperar con los clérigos en las obras apostólicas que ellos promuevan. Por ello, según el gusto de cada uno, se puede cooperar con los jesuitas, con los agustinos, con la parroquia… o con el Opus Dei, sin que la Iglesia encuentre diferencia alguna entre ninguno de esos tipos de cooperación..

Como un contrato de cooperación dura hasta que una de las partes decide romperlo, basta que el agregado/a, numerario/a o supernumerario/a, comunique a su director/a que rompe el acuerdo con el Opus Dei para que en ese mismo momento la relación contractual quede disuelta, sin que para ello sea precisa dispensa alguna por parte del Prelado.

Esto lo sabe muy bien el Opus Dei cuando es él quien rompe la relación: Te dice que te echa ¡y ya está!, empuja al sujeto hacia la calle obligándole a que se vaya con una mano atrás y otra alante, sin que para ello sea preciso esperar a que la persona echada le conceda al Prelado del Opus Dei la dispensa de su vínculo contractual con él.

Para la Iglesia no hay diferencia entre la señora jubilada que ayuda tres horas a la semana a los clérigos de su parroquia llevándoles la contabilidad, con el numerario director de un centro que ayuda con dedicación completa (veinticuatro horas al día durante todos los días de su vida, con celibato incluido) a los clérigos del Opus Dei (únicos miembros de derecho de esa prelatura), porque para la Iglesia tanto esa señora jubilada como el numerario son simples cooperadores de entidades clericales (diócesis y prelatura personal, respectivamente). Y por ser ambos simples cooperadores de sacerdotes es por lo que en el certificado de bautismo de ninguno de los dos aparece referencia alguna a su cooperación, pues para la Iglesia es algo jurídicamente tan insignificante que carece de entidad para ser reseñado en un documento oficial suyo. Y si esa señora jubilada un buen día le dice a su párroco: “A partir de mañana no vengo más a ayudarles porque tengo que atender a mis nietos”, desde entonces ya no vuelve más, sin que la Iglesia penalice a esa señora, y sin que haya necesidad de que el obispo de su diócesis tenga que concederle a esa buena mujer dispensa alguna de su contrato de cooperación; de la misma manera, el numerario director del centro puede decirle al sacerdote superior más cercano (director de su Delegación, si ese es el caso): “A partir mañana no vengo más a cooperar con vosotros porque no me da la gana hacerlo” y desde entonces no vuelve más, sin que la Iglesia le penalice, y sin que tampoco haya necesidad de que el Prelado del Opus Dei tenga que concederle a ese buen católico, antes numerario y director de un centro, dispensa alguna de su cooperación con la Prelatura.

Para la Iglesia esto es así, tal y como hemos visto arriba, y en cuestiones eclesiales la voz de la Iglesia es la única que importa, no la de cualquier otro, aunque sea el máximo dirigente del Opus Dei.

Y si el Opus Dei complica y retuerce este asunto hasta la saciedad (haciendo ver que es necesaria su dispensa para poder dejarlo, o que quien no ha hecho la fidelidad tan sólo puede marcharse el 19 de marzo siguiente) es simplemente porque uno de los tres puntos que determinan el plano de la supuesta santidad del Opus Dei es “la santa coacción” (punto 387 de Camino), y se inventan la artimaña de que es necesario que el Prelado del Opus Dei te conceda la dispensa de tus compromisos para así poder aplicar a sus anchas esa coacción contigo durante los tres meses, el año o más tiempo aún, que tarda el Prelado en concederte esa dispensa innecesaria; o durante el lapso de tiempo que media desde que alguien se quiera ir hasta el 19 de marzo siguiente, en el caso de no haber hecho la fidelidad todavía.

A partir del momento en el que cualquiera de las dos partes contratantes (individuo o Prelatura) rompen su acuerdo, cesan los derechos y obligaciones mutuos. Esto lleva a que desde el instante en el que un numerario/a, agregado/a, supernumerario/a, comunica de forma verbal o por escrito su deseo de dejar la Obra queda ipso facto liberado de sus compromisos con ella.

Digo que esa comunicación de ruptura con la Obra puede ser también verbal porque esa es la manera en la que el Opus Dei lo hace siempre: nunca le da a nadie documento escrito alguno de su dispensa (ni de nada); y si una de las partes de la relación contractual actúa así, con ello permite implícitamente que la otra obre de igual manera, porque ambas partes contratantes deben tener los mismos derechos y obligaciones, cuanto menos, en los aspectos administrativos de su relación.

Un director del Opus Dei podría responderme a lo anterior con algo parecido a lo siguiente:

Es necesario que la comunicación de ruptura por parte del interesado con el Opus Dei se haga por escrito para evitar situaciones de confusión. Imaginemos que alguien dice que se va de la Obra y al cabo de un año vuelve contando que ha olvidado que en su momento rompió verbalmente con la Prelatura y que por ello sigue aún en ella. ¿Cómo resolver esa situación si no ha quedado un documento escrito de esa persona en el cual ella pide, de su puño y letra, que quiere dejar el Opus Dei? Si la decisión de abandonar el Opus Dei fuera verbal la gente estaría continuamente yéndose y después volviendo, a su antojo. Por eso ha de hacerse siempre por escrito.

Contesto:

1 –Desde el momento en el que el Opus Dei responde sólo verbalmente, y no por escrito, está autorizando también a que la otra parte actúe de la misma manera. Si quiere que no exista ese estado de confusión del que habla, lo que el Opus Dei tiene que hacer es responder también por escrito, mientras no lo haga así está facultando a la otra parte a poder romper del mismo modo: de forma verbal.

2 –Por otra parte, si según la Iglesia los laicos son tan sólo cooperadores del Opus Dei, ¿qué importancia tiene que dejen de cooperar durante un año y que entonces vuelvan a hacerlo de nuevo?, ¿por qué no admitirlos entonces?, ¿no tendría el Opus Dei que estar encantado de recibir de nuevo su ayuda?, ¿no supondrá una soberbia institucional el rechazar su contribución?

Si el Opus Dei niega al que deja de cooperar con ella como numerario/a, agregado/a o supernumerario/a que vuelva otra vez a ayudarle como tal, ese es un problema del Opus Dei del que posiblemente tendrá que rendir cuentas a Dios por el daño que esa actuación pueda significar para las almas que se beneficiarían de esa cooperación; pero eso no supone que quien deja de cooperar con el Opus Dei, como numerario/a, agregado/a o supernumerario/a, tenga que romper su contrato de forma escrita tan sólo para adaptarse a ese capricho institucional de la Prelatura.

Pienso que con todo lo anterior he dado una contestación global a las preguntas de AC que figuran al principio de este escrito, pero quiero finalizar respondiendo de manera concreta a una de ellas:

¿[Qué pasa] si un numerario, de pronto, se marcha a vivir por su cuenta, sin dar más explicaciones y sin escribir ninguna carta?

Contesto con un silogismo:

1 –Para la Iglesia es anecdótico, y por tanto carente de pena alguna, que un cooperador laico abandone a los clérigos a quienes antes ayudaba, aunque se marche sin darles explicaciones.

2 –Como el Opus Dei está compuesto sólo por clérigos (canon 294) y un numerario/a, agregado/a o supernumerario/a del Opus Dei es tan sólo un cooperador laico que ayuda a los clérigos de esa Prelatura, entonces:

3 –Para la Iglesia es anecdótico, y por tanto carente de pena alguna, que un numerario/a, agregado/a o supernumerario/a laico abandone a los clérigos del Opus Dei a quienes antes ayudaba, aunque se marche sin darles explicaciones.

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