Uno Del Opus Se Muere (Cuento)

septiembre 25, 2008

Uno del Opus se muere.

De repente se encuentra rodeado de todos los difuntos de la Obra escuchando embelesados a su Fundador.

Así trascurren los días, las semanas, los meses… del entusiasmo inicial pasa al hastío, y de ahí a la desesperación cuando se da cuenta de que está en el Infierno, de que todos están en el Infierno, condenados eternamente a escuchar a su Fundador.

Jaime

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El Cristo (Cuento)

septiembre 7, 2007

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Félix

El Cristo de aquel pueblo era muy admirado por todos. Era una imagen con fama de ser muy milagrosa por lo que iban a rezarle peregrinos de todo el mundo.

Un buen día el Cristo se bajó de la cruz y la dejó sola. El párroco de la iglesia en donde estaba la talla buscó por todas partes al Crucificado, sin lograr dar con él. Cuando al fin, cansado de tanta búsqueda, se fue a su casa, ante su sorpresa se encontró en su cocina al Cristo tomándose un piscolabis con la madre del sacerdote.

-¿Qué haces aquí, cuando tu sitio es estar clavado en la cruz?- Le preguntó el cura a Jesús, quien (todo sea dicho de paso) se lo estaba pasando en grande contándole parábolas y cuentos a la madre del clérigo.

-Pues ya ves, le contestó el Nazareno, que ya estoy cansado de permanecer tantos siglos colgado de una cruz. Me descendieron de ella al poco de crucificarme y vosotros, erre que erre, empeñados en tenerme enganchado en esos dos palos con esa postura tan incómoda y dolorosa. Por eso me he bajado de la cruz y ya no vuelvo a clavarme en ella. Así que ya lo sabes, estoy resucitado y no vuelvo más a la iglesia.

Por muchos razonamientos que le hizo el clérigo no hubo manera de convencer al Cristo de que volviera a la cruz; y allí siguió, sentado en la cocina, departiendo alegremente con la anciana señora madre del eclesiástico.

El cura se fue asustado a contarle al alcalde todo lo ocurrido. Ante tan anormal suceso se hizo un pleno urgente en el Ayuntamiento para tratar entre todos esa inconcebible situación.

-Esto no puede ser – dijeron los hosteleros-, y más ahora, antes de Semana Santa, cuando tenemos reservadas todas las habitaciones de los hoteles para dar albergue a la multitud de peregrinos que vienen a ver al Cristo. Y si ven la cruz sola, vacía, ya no vendrá nadie al pueblo y nos arruinaremos.

Entonces habló el boticario: -Yo me he gastado una fortuna en comprar antibióticos, gasas, desinfectantes, esparadrapo, pomadas, vacunas antitetánicas y otros cientos de productos que después me solicitan los miles de penitentes que se destrozan las piernas y enferman cuando hacen arrodillados la romería al Cristo. Y si no hay Crucificado ya no vendrán romeros y perderé todo ese dinero…

Y así, uno a uno, todos los habitantes del pueblo fueron manifestando el perjuicio económico que les suponía a cada uno de ellos que el Cristo no estuviera en la cruz. Lo hicieron los dueños de las gasolineras en donde repostan combustible la multitud de autocares y coches particulares que paran en el pueblo para rezarle; también dijeron lo suyo los panaderos y los tenderos y los vendedores de estampas y los que suministraban exvotos religiosos y los dueños de los restaurantes y los administradores de fondas y las amas de casa (que estaban muy angustiadas temiendo que sus maridos no pudieran llevar dinero al hogar). Y uno a uno hablaron todos. Al final llegaron a la unánime conclusión de que, fuera como fuese, el Cristo tenía que volver a su cruz.

La solución la encontró alguien. Quién fue nunca se ha podido saber, ya que en el mismo instante de pronunciarla todos se adhirieron a ella y la aprobaron por unanimidad. Por esa razón ha sido considerada como el desenlace glorioso del que todo el pueblo es padre.

Enviaron a los niños para que sacaran al Cristo de la casa del cura con la idea de llevarle a jugar con ellos. Jesús se enterneció ante la inocencia de los pequeñines y se fue presto a retozar con ellos. Los chicos condujeron al Hombre Dios junto a una de las altas paredes de la iglesia y, aleccionados por sus padres, le dijeron que les esperara allí mientras ellos iban a sus casas a buscar las peonzas, las canicas y otros artilugios con los que poder jugar con él. El Salvador accedió encantado a esperarles. Los niños salieron corriendo dejando al Nazareno solo. Cuando el Cristo estaba sin nadie junto a él, apoyado en la pared de la iglesia, esperando la vuelta de las tiernas criaturas, doce guardias que estaban armados hasta los dientes, escondidos y apostados en puntos estratégicos del pueblo, aprovecharon el momento de soledad de Cristo y le dispararon al unísono, y no pararon de apretar los gatillos hasta vaciar los cargadores de sus armas.

Toda la figura de Jesús se convirtió en una extensa llaga. El cuerpo quedó irreconocible, hecho jirones, un boquete en el pecho sustituía al corazón, la cárcava en la que se transformó la parte derecha de su cara, con el ojo colgando fuera de su sitio, le daba al rostro un aspecto repugnante, casi diabólico…

Los ejecutores de tal acto, al no tener ninguna duda de que aquel Hombre estaba bien muerto, le llevaron al interior de la iglesia y le volvieron clavar en la cruz.

Desde ese momento cada vez han sido más y más los peregrinos que han ido a rezarle al Cristo, ya que entre los fieles se ha corrido la creencia (suscitada por los habitantes del pueblo) de que la multitud de heridas sangrantes que aquel día le aparecieron al Cristo por todo el cuerpo son un signo milagroso de que concede todas las peticiones que se le hacen.

Y los habitantes de ese pueblo son felices porque gracias a ellos los fieles creen en lo que quieren creer. Y están seguros de que Dios les ha premiado haciéndoles millonarios por mantener al Cristo muerto y clavado en la cruz. Y dos de sus habitantes, por riguroso turno, vigilan noche y día para asegurarse de que permanezca colgado y muerto, como siempre lo ha estado, y como siempre lo estará.

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El Cooperador Orgánico

mayo 24, 2007

Félix

CUENTO

…mientras espero me viene a la cabeza que hoy viernes 8 de mayo de 2020 hace diez años que me incorporé al Locus Christi como cooperador orgánico… ya lo quise hacer desde tiempo atrás pero el cura me salía con eso de que hasta que no cumpliera los 18 no podía realizar contratos ni elecciones importantes y cuando tengo la edad me viene con que primero se lo diga a mis padres ya que sin su bendición no me incorporaría habida cuenta de que lo mismo puedo ser cristiano en mi casa como con ellos puesto que no hay una vocación especifica para ser cooperador orgánico sino la misma de cualquier bautizado y seguía con lo de que el Locus Christi era un camino más entre tantos posibles para acercarse a Dios y que no pasaba nada de nada si uno no se unía a él… se lo dije a mi familia y mi padre preguntó a curas conocidos a asociaciones de prevención sectaria a amigos… y todos le dijeron que el Locus Christi era un nuevo movimiento católico pero que a diferencia de otros habían cuidado mucho que no tuviera rasgos sectarios… que no promovía una dependencia obligada y artificial a él por lo que yo sería el mismo de siempre… que no es de boquilla que no fuerzan a nadie ni a entrar ni a salir… vamos… que era un sitio muy bueno… lo que es la verdad de la verdad… mis padres me autorizaron y hoy hace diez años que me uní al Grupo… nada menos que diez años y se me han pasado como un soplo… que tardonas son las mujeres hace casi dos horas que se fue a la peluquería y en el mismo día que tenemos que ir a la celebración que me hacen por mi décimo aniversario de incorporación al Locus Christi… entiendo que haya una crisis de vocaciones en la Iglesia y no es como algunos te cuentan de que el mundo se aleja de Dios porque está muy corrompido sino porque los cristianos no tienen la vitalidad de Cristo y han dejado de atraer a las gentes… pues yo me digo que más corrompida que estaba Roma no lo está la sociedad de ahora pero entonces los cristianos si que tenían caridad y al amor nadie se le resiste y por eso convirtieron a quien hizo falta ya que solitos se acercaban a Jesús atraídos por sus discípulos… es una pena que tantas instituciones de la Iglesia de hoy con sus fríos preceptos y rígidas normas sigan siendo como las medievales cuando te forzaban a ser cristiano porque si no te aplicaban tormentos… pero ahora la sociedad civil ha logrado libertades para los suyos y al romperse los barrotes muchos cristianos han salido corriendo de la Iglesia… que don de Dios tan inmenso ha sido que me encontrara con el Locus Christi donde el plato fuerte es enseñarte las mil formas de hacer oración y el ayudarte a vivir en cada momento la que más te conviene… lo cierto es que cuando te encuentras de verdad con Dios no puedes por menos que amarle y ser amigo de cuantos te rodean y visitar a los enfermos a los presos a los marginados ayudar con tu dinero y lo que haga falta porque te sale de dentro sin que nadie te lo imponga y si no te surge te cuentan que debes estar tranquilo porque indica que la unión con Dios todavía no ha llegado a su punto y que ya ocurrirá… espero un rato más y si Teresa no llega me voy a por ella… y cuanta libertad hay en el Locus Christi donde sin necesidad de asfixiantes normas mandadas vivimos lo mismo pero por amor… y en las reuniones todos votamos… Teresa es otro de los grandes dones que Dios me ha dado… eran sobre las 6 de la tarde del lunes 14 de Agosto de hace tres años cuando el metro se para entre las estaciones de Bilbao y Tribunal lo que fue por una falta de energía eléctrica según contaron por los altavoces y ella que estaba sentada a mi lado para matar el tiempo va y me pregunta por el libro que yo estaba leyendo que era el del fundador del Locus Christi que tiene por título las palabras de san Agustín Ama y haz lo que quieras y empezamos a charlar y los diez o quince minutos que duró la avería se pasaron como un soplo… arranca el metro y entonces la misma voz de Dios que me movía a atender a los pobres y a los presos y a dar catequesis… esa misma voz del Amor con mayúsculas va y me dice Ésta es la mujer de tu vida si Teresa no viene en cinco minutos me marcho a la peluquería a por ella… nada más volver al centro se lo conté al director espiritual y a varios amigos de mi grupo quienes me animaron a seguir tratando a Teresa y a vivir a la vez lo que allí nos enseñaban de que todo lo importante ha de realizarse sin violentarnos porque lo debe realizar Dios a través de nosotros después del número de horas de oración que hagan falta… creo que es una falta de caridad hacer perder el tiempo a los otros por nuestra impuntualidad por lo que me voy a la peluquería ya que hay que cruzar todo Madrid y la eucaristía empieza dentro de dos horasen finme calmo y esperaré otro poco porque la verdad es que aún podemos llegar… por dónde iba… ah… que entonces me puse a orar y cada vez lo veía más claro y por fin un día después de la cena les dije a todos los del grupo que me iba a casar y la reacción de ellos fue una mezcla de tristeza porque pasaba a cooperador externo y dejaba de vivir en el centro y de alegría porque era lo mejor para mí… y a los seis meses nos casó el presbítero del centro con la asistencia de todos los de mi grupo y de muchos amigos del Locus Christi… oigo abrir la puertaes Teresa

——–

NOTA DEL AUTOR: Este relato es del todo ficticio y hasta donde ha llegado mi investigación el título “Locus Christi” no pertenece a ningún grupo o movimiento actual. No obstante, si existiera, su asociación con este escrito no ha sido deseada y por tanto no guarda relación con él.

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Un Hogar Especial

abril 7, 2007

Félix (13-6-04).

-Pero hombre, ¿otra vez aquí? ¿Por qué? -Pregunta extrañado el alcaide.

En ese momento suena el teléfono y el funcionario lo responde antes de que Obdulio conteste. Luego se levanta de la silla y se disculpa:

-He de salir a resolver un asunto. Vuelvo enseguida.

Obdulio se queda solo.

Obdulio ingresó en prisión a los 18 años. Estaba en una cafetería con Mónica, su novia, cuando el hijo del cacique del lugar comenzó a importunar a la chica. La situación llegó a las manos entre los dos hombres y una infortunada caída desnucó al oponente de Obdulio. El poder y odio del padre del chico hizo el resto: Obdulio fue condenado a cadena perpetua por asesinato. Hace seis meses, cuando llevaba cumplidos 37 años de prisión (a sus 55 años) una amnistía general le concedió la libertad (con la que él llevaba soñando desde que fue encerrado) y ahora, mientras espera a que el alcaide vuelva, recapacita en silencio…

¡No te digo! Claro, es muy fácil decir otra vez aquí. Después de toda una vida en la cárcel esta es mi casa, ya me conozco todos los recovecos, los funcionarios me aprecian, los internos ven en mí al decano de todos y me respetan demasiado porque me sé todas las triquiñuelas de la cárcel; aquí pierdes los deseos, los amores de fuera ya están muertos y tengo, si no amigos, conocidos con quien distraerme y cuatro paredes para dormir. En la calle todo es muy duro, me encuentro perdido. ¿A dónde voy a pedir trabajo con 55 años y con mis antecedentes penales? Nadie se fía de mí. ¡Qué triste fue ver otra vez a Mónica luego de 37 años sin echármela a la cara!, y lo vieja que está, con la imagen de chica joven que conservaba de ella, tan elegante y guapa y ahora gorda como una marsopa, con tres hijos y dos nietos que tiene y con esas bolsas de piel por todos lados; pero además ni me permitió entrar en su casa, ¡Dios mío!, por ella he perdido mi vida entera y ahora ni me deja pasar al zaguán. Que si su marido es muy celoso por aquí, que no se quería complicar vida por allá, el caso es que ni un centímetro traspasé el umbral de su casa. Papá, por suerte para ti estabas ya muerto cuando pasó todo aquello y mamá, la pobre, que el disgusto de verme en prisión la llevó a la tumba hace cinco años y mi hermana no me lo perdona, voy a verla y me dice que ya somos unos extraños, que después de haberla hecho una infeliz porque ella era ante todos la hermana de un criminal y que ahora te presentas a joderme lo que me queda de vida cuando ya me había olvidado del delincuente de mi hermano y además mataste a mamá a sofocos y de todo lo que lloró por las noches. Pero es que no sé cómo desenvolverme en la calle, con lo fácil que son las cosas aquí en la cárcel en la que todo te lo dan hecho, te pones enfermo pues médicos que te curan, que te dicen como has de hacerlo todo, no tienes que preocuparte ni por el horario, ni por hacer la comida, ni por nada de nada; y afuera ¡qué horror! y yo que pensaba que la libertad era algo grande, pero como la tranquilidad de esta cárcel no la hay en ningún lugar del mundo y aunque la hubiera no me veo con fuerzas para empezar una nueva vida. Así que me lo pensé muy bien y me dije ¡ya está! compro una pistola en el mercado negro y me fui a ver al Rijas, porque otra cosa no será pero los que han pasado por la prisión me aprecian mucho, y el Rijas me la vendió por cuatro perras y con ella me metí en pleno día en centro comercial ese del centro y ¡hala! que me dieran todo lo que tenían en la caja. Y jajaja cómo me rió cuando pienso en la dependienta que me sale con aquello de ¿está usted loco?, le van a detener en dos minutos, no ve la seguridad que tenemos aquí; claro ella no podía entender que yo no soporto la libertad y que lo que quería precisamente era asegurar que me detuvieran y así fue; se presentaron de pronto siete polis nada menos y yo no opuse ninguna resistencia y mientras me esposaban me dice la cajera que por la cara de felicidad que puse parecía que me llevaban al cielo en vez de a la cárcel y es que para mí la prisión es precisamente eso: el Cielo; porque aquí estoy acostumbrado a esta vida y no la cambio ya por la libertad; por nada del mundo vuelvo a ser libre. Y el resto fue fácil, un abogado de oficio al que le conté que lo que pretendía era volver a la cárcel y que si él hacía algo por librarme y lo conseguía la siguiente vez mataba a una persona, porque la paz de las cuatro paredes de ésta, mi casa, mi hogar, la prisión, no la cambio por nada del mundo y aquí estoy de nuevo y por muchos años. Además si me soltaran ya me conozco el truco: basta con delinquir y a casita de nuevo. Y como las mujeres para mi edad ya son algo secundario, bueno, tampoco es eso, pero me lo paso tranquilo sin ellas; porque hay que ver lo complicado que es tratar con las mujeres cuando durante 37 años no lo has hecho y es que además son muy raras ¡Qué leche! ¡Son rarísimas!

Se abre la puerta. El alcaide entra de nuevo y distraídamente pregunta: -¿De qué estábamos hablando, Obdulio?

-Me preguntaba usted, extrañado, que por qué estaba aquí otra vez y le respondo que porque no hay libertad, que por eso es el sitio en donde mejor se vive de todo el mundo.

-¿Quéééé?

-Pues lo que le digo… y no le quepa la menor duda de que ustedes, los libres, no saben lo que se pierden no estando presos: lo maravilloso que es que le gobiernen a uno hasta en los más mínimos detalles. Y para mí va a ser así hasta el final de mi vida. ¡En la cárcel por siempre!

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Historia De Una Vida

abril 1, 2007

Félix (9-2-2005)

Antes de ser quien soy tuve que sufrir una intensa metamorfosis. En un principio era libre, caminaba adonde quería, el mundo entero era mi casa. A pesar de mis lentos pasos a ras del suelo (como después me echó en cara la Voz) consideraba como mías cada una de las moreras del bosque en donde nací, el césped que rodeaba la casa del capataz, las montañas lejanas cuyas cumbres el sol incendiaba al anochecer… era mío todo el espacio que abarcaba mi vista. En aquel tiempo fui muy feliz…

Pero entonces surgió la Voz. Al principio como un susurro: “¡Deja de arrastrarte!”. Luego su intensidad aumentó: “Ten miras más altas, abandónate a la esclavitud que la Vida te pide”. Su tormento sobre mí crecía: “Si no sigues el Camino que tienes trazado serás un infeliz. Más vale ser un esclavo de lo Supremo que libre en el Infierno que te espera. Ponte de una vez en manos de la gran Obra de tu salvación”…

Por un tiempo me resistí, pero al final no pude soportar más la presión de la Voz y me abandoné a la esclavitud que ella me proponía. Al hacerlo sentí alegría.

La Voz me fue dirigiendo y a ella me entregué en cuerpo y alma. Sé que de mí surgieron los hilos sutiles que en aquella cárcel me esclavizaron, pero no pude hacer nada para impedirlo, la Voz los dirigía y yo fui fiel a sus normas. Al final quedé constreñido en un espacio miserable. La oscuridad y tristeza en la que se confinó mi vida fue en aumento. “No te preocupes” -afirmaba siempre la Voz-, “tu perfección exige este sacrificio”. Y en aquel ataúd permanecí tanto tiempo que ahora me parece una eternidad.

¡Dios mío, cuántos continúan aún presos en esas mortajas! Pero yo no fui uno de ellos. Un día me rebelé. Tapé mis oídos a los clamores de la Voz y a dentelladas me abrí un túnel hacía la libertad… y escapé… y ahora doy por bien pasado todo cuanto padecí porque sé que lo que la Voz amaba era la obediencia en la inmadurez y la rebeldía cuando alcanzara el criterio. Si no hubiera seguido a la Voz continuaría siendo un gusano, y si en su momento no le hubiera dicho que no, estaría condenado a permanecer como una eterna y amojamada crisálida. Pero no ocurrió de esa manera. Supe obedecer y desobedecer a tiempo, por lo que soy una gran mariposa, libre, hermosa y envidiada por todos cuantos aman la belleza y la libertad.

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La Cerveza Es Mejor Que Una Secta Religiosa

marzo 23, 2007

Félix.

  1. Nadie te presiona a tomar cerveza para agradar a Dios.
  2. Cuando tienes una cerveza no vas de aquí para allá obsesionado con que otros la beban también.
  3. La cerveza no te prohíbe ingerir otras bebidas.
  4. No se acosa a quienes critican la cerveza.
  5. La cerveza no se le impone a menores que aún no pueden elegir por sí mismos.
  6. Hay leyes que prohíben que las etiquetas de la cerveza mientan.
  7. No tienes que esperar años para descubrir lo que es la cerveza.
  8. Se sabe que sacrificar la vida por la cerveza es malo para la salud.
  9. No se te coacciona con que serás un infeliz en esta vida y en la eterna si abandonas la cerveza.
  10. Si has consagrado tu existencia a la cerveza, hay instituciones públicas y privadas que te ayudan a vencer la adicción.

—oOo—

MÁS ENTRADAS SOBRE AFORISMOS

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Sobre El Amor Y La Amistad: El Principito Y El Zorro

marzo 12, 2007

Capítulo XXI de «El Principito». Antoine de Saint-Exupéry.

Apareció entonces el zorro.

-Buenos días -saludó el zorro.

-Buenos días -contestó amablemente el Principito que al darse vuelta en dirección a la voz no vio a nadie.

-Si me buscas, aquí estoy -aclaró el zorro- debajo del manzano.

-Pero…, ¿quién eres tú? -preguntó el Principito-. Eres muy hermoso.

-Soy un zorro -dijo el zorro.

-Acércate…, ven a jugar conmigo -propuso el Principito- ¡Estoy tan triste!.

-¿Jugar contigo? No…, no puedo -dijo el zorro-. Aún no estoy domesticado.

-¡Ah! Perdón -se excusó el Principito.

Interrogó, luego de meditar un instante:

-¿Has dicho “domesticar”? ¿Qué significa “domesticar”?

-Tú no eres de aquí -afirmó el zorro- ¿Puedes decirme qué es lo que buscas?

-Busco a los hombres -respondió el Principito- Dime, ¿qué significa “domesticar”?

-Los hombres -intentó explicar el zorro- poseen fusiles y cazan. Eso es bien molesto. Crían también gallinas; es su único interés. Tú buscas gallinas, ¿verdad?

-No -dijo el Principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”?

-¡Ah!…, es una cosa muy olvidada -respondió el zorro-. Significa “crear lazos”.

-¿Crear lazos?-preguntó el Principito.

-Así es -confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un jovencito semejante a cien mil muchachitos. Además, no te necesito. Tampoco tú a mí. No soy para ti más que un zorro parecido a cien mil zorros. En cambio, si me domesticas…, sentiremos necesidad uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo.

-Creo que empiezo a entender -dijo el Principito-. Hay una flor… Creo que me ha domesticado.

-Es probable- contestó el zorro- ¡En este planeta, en la Tierra, pueden ocurrir todo tipo de cosas!

-¡Oh! No es en la Tierra -se apresuró a decir el Principito.

El zorro se quedó no menos que intrigado.

-¿Acaso en otro planeta?

-Sí.

-¿Puedes decirme si hay cazadores en ese planeta?

-¡Oh, no! No los hay.

-Me está resultando muy interesante. ¿Hay gallinas?

-No.

-No existe nada que sea perfecto -dijo el zorro suspirando.

Luego prosiguió:

-Mi vida es algo aburrida. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen como también los hombres se parecen entre sí. Francamente me aburro un poco. Estoy seguro que…, si me domesticas mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me llamará fuera de la madriguera, como una música. ¡Mira! ¿Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. ¡Es triste! Pero tú tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo…

El zorro en silencio, miró por un gran rato al Principito.

-Por favor… ¡Domestícame! -suplicó.

-Lo haría, pero… no dispongo de mucho tiempo -contestó el Principito-. Quisiera encontrar amigos y conocer muchas cosas.

-¿Sabes…? Sólo se conocen las cosas que se domestican -afirmó el zorro-. Los hombres carecen ya de tiempo. Compran a los mercaderes cosas ya hechas. Y… como no existen mercaderes de amigos, es muy simple, los hombres ya no tienen amigos. Si realmente deseas un amigo, domestícame!

-Y… ¿Qué es lo que debo hacer? -preguntó el Principito.

-Debes tener suficiente paciencia -respondió el zorro- En un principio, te sentarás a cierta distancia, algo lejos de mi sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra suele ser fuente de malentendidos. Cada día podrás sentarte un poco más cerca.

Al otro día el Principito volvió:

-Lo mejor es venir siempre a la misma hora -dijo el zorro- Si sé que vienes a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. A medida que se acerque la hora más feliz me sentiré. A las cuatro estaré agitado e inquieto; comenzaré a descubrir el precio de la felicidad. En cambio, si vienes a distintas horas, no sabré nunca en qué momento preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.

-¿Qué son los ritos? -preguntó el Principito.

-Se trata también de algo bastante olvidado -contestó el zorro-. Es aquello que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de las otras horas. Te daré un ejemplo. Entre los cazadores hay un rito. Todos los jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Para mí el jueves es un día maravilloso, ya que paseo hasta la viña. Si los cazadores no tuvieran un día fijo para su baile, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones.

Fue así como el Principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora de la partida:

-¡Ah!-dijo el zorro- Voy a llorar.

-No es mi culpa -repuso el Principito-. Tú quisiste que te domesticara, no fue mi intención hacerte daño.

-Sí, yo quise que me domesticaras -dijo el zorro.

-Pero dices que llorarás.

-Sí -confirmó el zorro.

-¿Ganas algo entonces? -preguntó el Principito.

-Gano -aseguró el zorro- por el color del trigo.

Luego sugirió al Principito:

-Vuelve y observa una vez más el jardín de rosas. Ahora comprenderás que tu rosa es única en el mundo. Cuando vuelvas para decirme adiós, yo te regalaré un secreto.

Se dirigió el Principito nuevamente a la rosas:

-En absoluto os parecéis a mi rosa. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Así era mi zorro antes, semejante a cien mil otros. Al hacerlo mi amigo, ahora es único en el mundo.

Las rosas se mostraron ciertamente molestas.

-Sois bellas, pero aún estáis vacías -agregó-. Todavía nadie puede morir por vosotras. Es probable que una persona común crea que mi rosa se os parece. Ella siendo sólo una, es sin duda más importante que todas vosotras, pues es ella la rosa a quien he regado, a quien he puesto bajo un globo; es la rosa que abrigué con el biombo. Ella es la rosa cuyas orugas maté (excepto unas pocas que se hicieron mariposas). Ella es a quien escuché quejarse, alabarse y aún algunas veces, callarse. Ella es mi rosa…

Regresó hacia donde estaba el zorro:

-Adiós- dijo.

-Adiós- dijo el zorro-. Mi secreto es muy simple: no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.

-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el Principito a fin de acordarse.

-El tiempo que dedicaste a tu rosa, es lo que hace que ella sea tan importante para ti.

-El tiempo que dediqué a mi rosa… -repitió el Principito para no olvidar.

-Los hombres ya no recuerdan esta verdad -dijo el zorro-. En cambio tú, por favor…, no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…

-Soy responsable de mi rosa… -dijo en voz alta el Principito a fin de recordar…

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