Consejos A Padres Con Hijos En El Opus Dei

abril 16, 2007

Carta de una lectora (Montserrat) a una madre atribulada por tener a una hija en el Opus Dei. Publicado el 13-4-2007 en ExOpus.Net.

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Te diré lo que de todo corazón pienso. Tengo 33, ex agregada española felizmente casada (niños aún no han llegado pero estoy ansiosa ya), y sé por qué lares anda tu hija. Por razones evidentes prefiero no revelar mi identidad, y es la primera vez que escribo algo respecto a mi experiencia.

Déjala libre. Llegará un momento en que ella misma verá incongruencias. Si ahora ve tu rechazo extremo, como pasó en mi caso con mi familia, a la hora de la vuelta la vergüenza de un fracaso propio advertido puede ser de hecho un obstáculo para que se decida finalmente a ver que no es lo suyo. Aunque no lo creas, aún nunca dejando de vivir en casa, el salirse de la Obra es una vuelta a casa. ¿Vives realmente en una casa? ¡Si estás más tiempo fuera que dentro!¡Tienes siempre por dentro ese sentimiento de no pertenecer a ningún lado! Ni a un centro, donde solo hay numerarias la mayor parte de las veces (excepciones las hay siempre).

Ella sola verá con el tiempo… y tiempo es relativo: puede ser un año, pueden ser 40. Entonces necesitará una madre que la acoja con todo el amor, y no un severo “te lo dije”. Cuando sales te vas con el alma hecha pedazos, muy perdida. Lo entregaste todo para luego resultar que nunca hubo nada. Eso es muy duro.

Eso si, y en eso le doy a mi madre la razón de lo que hizo aunque en el momento pensé me hizo rabiar: ¿te crees lo suficientemente responsable para tomar estas decisiones? ¿Ya te casaste? (Si, CASARTE. Hacerte agregada, al igual que numeraria, tiene la misma responsabilidad que un matrimonio) Hala, a vivir por tu cuenta. ¿No tienes medios? Muy bien, la Obra es tu nueva familia (le dirán una y otra vez que tú eres su familia de sangre, su verdadera familia es la Obra, pero solo en praxis y vademécum. Cuando lleguen momentos duros de vida, normal en toda joven sin ubicarse profesionalmente o que no tenga una familia adinerada de supernumerarios, ese es otro cantar, ahí verá donde está su verdadera familia) A vivir por tu cuenta, en tu piso, con tu dinero, y tú, chavalina, te pagas TODO menos la matrícula de la universidad (y eso mi mamá me lo pagó porque veía que era un daño perjudicial no hacerlo y era su deber como madre). Las madres siempre son sabias.

Especialmente la cuestión económica le hará ver cuán buena familia son. De ahí su capital importancia. No se trata de familia “numerosa y pobre”, se trata de tratos preferenciales. ¿Menor sueldo? No tienes porque aspirar aquello ni lo otro.

Siendo mayor de edad, y una mujer casada, que asuma responsabilidades.

Y cuando vaya a visitarte, lo hará si es buena hija, esmérate en esos pequeños detalles que solo en una verdadera casa puede tener: regalos no costosos, pero si exactamente aquello que de verdad quieres sin importar su “rango de aportación”, esmeradamente decorado, su comida favorita, UNA PELICULA QUE LE ENCANTE, un viaje a algún sitio que quiera. En esos detalles de cariño desvívete en ella, te necesita y eres su madre. Eso si: dinero, aportaciones de algún tipo, NADA. Y cuidado con lo que te pida, si ves por ejemplo que te pide una película que sabes que jamás le gustaría, no lo dudes: la dará al centro y es que quieren esa. No te prestes. No le regales ropa, no le regales zapatos, no le regales nada que ella se pueda llevar, NI UN CEPILLO DE DIENTES, NI MAQUILLAJE, porque no los usará ella, es regla de desprendimiento. Regálale algo que use frente a ti. Ejemplo: comida, flores para su mesa de noche (y de ahí no se irán), tener en su clóset una buena tv con películas de su preferencia. Olores para la tina en tu casa, una bicicleta para pasear cuando esté en tu casa, juegos de mesa (otra cosa que se extraña), buenos libros, es que no sé que tipo sea tu hija. Ni siquiera le hagas aportaciones para cosas médicas: la Obra es su nueva familia, recuérdalo. Que asuma responsabilidad como un marido lo haría con ella. Puede parecerte duro, pero es así. Y no se entiende, de ser verdaderamente cierto, que luego en los problemas te vayan a decir que ya no tienes vocación, porque eso hacen siempre que desaparece la pasta. Mejor que vea la cruda verdad temprano que a los 40. Un matrimonio, una entrega verdadera, es hasta que la muerte los separe, no hasta que las circunstancias cambien.

Trágate la ira y las durezas. Trátala con dulzura cuando venga a tu casa. Necesitará saber lo que es un verdadero hogar. Necesitará sobre todo el mucho cariño humano que en la Obra es imposible, aunque por fuera reflejen lo contrario, hallar.

Espero haberte ayudado. Y te recomiendo mucho la página www.opuslibros.org. No hay lamentablemente un testimonio como el de Aquilina, que relata planamente la vida de una numeraria, sobre las agregadas. Sería buenísimo que las madres también pudieran ver la vida “plana” de una agregada, que es más dura que la de una numeraria (si, menos controladas, pero todo mucho más incierto). Lee también vademécums que tratan a San Miguel, para que sepas que espera la Obra de ella.

A veces pienso que podrían saber mi correo (los de la Obra) aún si escribiera en privado. ¿Y si es un disfraz para saber quienes son los supuestos traidores? No es que les tengas miedo, pero te pueden hacer la vida cuadros en todo, porque tienen influencias hasta donde no te lo imaginas. Si escribo aquí es porque tu reclamo de madre, al imaginarme la mía en mi momento, me ha conmovido, y he decidido arriesgarme. Pero no creas, mas de una vez he querido escribir, aun estando dentro, especialmente a Opuslibros. Es difícil encontrar quien te comprenda, mucho más dentro de la obra, en esos momentos. A la vez el miedo te impide hacer muchas cosas. Además me consta que mucha gente de la Obra lee Opuslibros (ufffffff de eso si vi yo mucho), y alguien podría reconocerme. Soy de las clasificadas “de buena tinta”.

Dicho sea de paso, una supernumeraria también lo puede pasar muy mal. Pero las agregadas al estar en el centro (centro me refiero en el medio), tienen presión de ambos lados: el ver como una super la pasa con su marido, y el ver como la numeraria la pasa en su centro, con su comida siempre hecha y toda la vida arreglada. Una agregada, sin tener la vida arreglada, tiene que hacer lo mismo que la numeraria.

Acerca de hacer algo gordo, no te lo recomiendo. Ya te digo: no cierres las puertas que podrá necesitar después.

Ahora que tengo edad de ser mamá, aunque aún no lo soy, me doy cuenta del dolor inmenso que provoqué en mi madre. No dejo de pedirle perdón y darle gracias por siempre, a pesar de su firmeza, dejar las puertas y el corazón abierto de par en par.

Ahora que me acuerdo, otra cosa que se extraña mucho: celebra sus cumpleaños de verdad. Con cena en familia, con un ambiente cálido. Probablemente no querrá ir ese mismo día por estar con las de su centro, pero si no lo hace celébralo en cuanto llegue. No esperes solo a los 40 para celebrar como se debe. Hazle ver que vivir es toda una aventura. Recógela cuando vuelva si no puede volver por su propio pie. Esto es lo más duro: a pesar de que proporcionalmente son los más los que se van, no les importa curar las heridas que ellos mismos provocaron. Bonita familia.

He escogido el nombre de Montserrat por una razón muy clara. Leyendo su biografía, te das cuenta de lo que la Obra pudo ser, y hoy al menos no es.

¡Besos!

Montserrat

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A Los Padres Cuyos Hijos/Hijas Están En Colegios Del Opus Dei (o Puedan Estarlo)

abril 10, 2007

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¡Hola Iván! Me encanta vuestra página. Yo he vivido en una familia del Opus y he estado hasta los 16 años en un colegio del Opus. Me gustaría saber cómo publicar mi experiencia. Para que aquellos padres que deslumbrados por los medios que exhiben los del Opus eviten a sus hijos/hijas caer en sus manos y que así puedan ahorrarles pasar por la travesía en el desierto que yo tuve que pasar.

Gracias y un saludo.

J.D. (10-4-2007)

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A LOS PADRES CUYOS HIJOS/HIJAS ESTÁN EN COLEGIOS DEL OPUS DEI (O PUEDAN ESTARLO)

Queridos papás me metisteis en un colegio de la Obra toda mi infancia y parte de la adolescencia. Han pasado 25 años desde que salí de él. Ahora que yo también soy padre comprendo que siempre se quiere lo mejor para los hijos. Os diré queridos papás que no os guardo rencor sino comprensión y tolerancia. Pero quiero que sepas papá el daño tan grande que hicieron en mi mente. Afortunadamente no hay ni rastro del Opus ni en mi espíritu, ni en mi mente, ni en mi cuerpo. Mi liberación ha sido total y plena desde hace muchos años. Pero el sufrimiento y el mal rollo que tuve que pasar no se lo deseo a nadie.

Cuando afortunadamente salí de ese colegio para ir a un instituto mixto, estaba como en otra galaxia. No entendía nada del mundo normal. Se rompió en mil pedazos el mundo que me enseñaron en el colegio del Opus y la educación recibida. Ahí estaba yo con 16 años que veía a las mujeres como fuente de pecado o como fuente de santidad como la “Virgen María”. Ahí estaba yo pensando que todos los que sacaban buenas notas eran de la Obra porque santificaban su trabajo y que los que sacaban malas notas eran otra cosa. Ahí estaba yo pensado que un hombre se bebe un güisqui, fuma tabaco, es simpático, es deportista, es casto, va a misa, reza el rosario y es la leche porque está en gracia de Dios. Ahí estaba yo pensando que el mundo se creo según ordena y manda el Génesis y que Darwin no existía. Ahí estaba yo con los conceptos imbuidos sobre el matrimonio, el divorcio, el aborto, la eutanasia, la pena de muerte, el sexo, la religión, la droga, la culpabilidad, la superpoblación en el planeta Tierra, la idea de ser un elegido por Dios, etc. Mi mente entera era un prejuicio total, era como un frontón, y mi corazón enmarañado en la retórica bien aprendida de los complejos de culpabilidad. Pero a pesar de eso decidí romper los cimientos que otros habían puesto por mí. Y como explicarte querido papá que me encontraba siendo un adolescente de 16 años y con los cimientos derribados. Me hallé absolutamente solo, perdido, sin identidad, intentando hacer mi nueva estructura sin saber ni arquitectura ni albañilería, fueron años de caminar por el desierto. Pero fue gracias al amor y la comprensión de una chica compañera de instituto, que estuvo conmigo cerca de tres años, lo que me ayudó a reconstruirme a pesar de que cada vez que tenía relaciones sexuales con ella me sentía sucio, pecaminoso y obsceno. Ella comprendió lo incomprensible. ¿Cómo puede uno sentirse sucio cuando amas a una persona? Pues de una forma muy clara y sencilla: si desde pequeño en el colegio tu preceptor todas las semanas, que es quien supuestamente vela por tu rendimiento académico, y en vez de eso su mayor preocupación es saber como andas de pureza, si te masturbas, solo o acompañado, cuántas veces. Si el cura que te confiesa todas las semanas está con la misma cantinela. Pues pasa lo que pasa: Te programan la mente.

Queridos papás ya sé que el colegio de la Obra es muy bueno: tiene unas magníficas instalaciones, unos magníficos profesionales de la enseñanza, un nivel altísimo en el deporte, unas estupendas actividades extraescolares, una gran disciplina y un aprobado sensacional en selectividad. Quiero que sepas papá que todo eso lo pagas en el recibo que el colegio te pasa todos los meses a tu cuenta bancaria. ¿Pero de qué vale todo eso si te roban lo más importante: SER TU MISMO y SER PERSONA? ¿De qué vale todo eso si hacen de tu hijo un extraño y se lo llevan a su guarida? ¿De qué vale todo eso si yo sólo he sido un medio utilizado para que ellos crezcan?

Por favor Papá antes de elegir que no te deslumbren y busca la verdad.

J.D.

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El Trigo Y La Cizaña

febrero 15, 2007
Publicado inicialmente en Opus Libros el 14 de julio de 2004

Iván.

Me encontré frente a un muro

y en el muro un letrero:

“Aquí empieza a tu futuro.

Apuntes del insomnio. Octavio Paz.

No me es nada grato escribir en esta página [Opus Libros]. Antes de entrar aquí por primera vez se me pasaban días y días sin recordar a la Obra y meses en los que cuando alguna vez pensaba en ella era de forma superficial. Descubrí esta Web a principios de año, desde entonces la visitaba con una frecuencia variable, que sobre todo dependía de mi estado de sensibilidad ante ella. Me explico, a veces cuando grandes heridas cicatrizan se vuelven dolorosas al tacto; eso me ocurría a mí con respecto a las heridas ya cicatrizadas de la Obra: cada vez que entraba en esta web una parte de esas “cicatrices” eran “apretadas”, por lo que según el dolor que me producía entraba en ella con una mayor o menor frecuencia.

En mi historia, el corazón fue el primero en meterse en la Obra, luego lo hizo la cabeza cuando me la llenaron de una fe sin fundamento en que lo que me decían los directores era la “Inapelable Palabra de Dios”. Desde el momento en que pedí la admisión al Opus Dei las contradicciones que iba encontrando dentro hicieron marcharse al corazón, pero la cabeza seguía incrustada y la posibilidad de sacarla me fue cerrada por la inadmisible violencia psicológica y espiritual que la Obra aplica. Con esa tensión interior estuve allí durante casi 35 años hasta que un día (no es una metáfora porque fue un día concreto) tuve acceso al conocimiento gracias a un libro que trataba sobre el tema de instituciones psicológicamente tóxicas que esclavizan la personalidad (en las que ni se mencionaba a la Obra, porque si hubiera sido así instantáneamente habría cerrado ese libro por la mentalización tan fuerte que me habían impuesto de que cualquier lectura que supusiera una tentación a la vocación al Opus Dei había que apartarla inmediatamente de nuestra vida). Desde ese momento supe sobre la función esclavizante de la personalidad y psicológicamente tóxica de la confesión semanal obligatoria y con un sacerdote impuesto, de la dirección espiritual forzada con un laico que ellos eligen y que informa a los superiores de lo que le cuentas; de la corrección fraterna (tal y como se vive en el Opus Dei); de la lectura previa que hacen de la correspondencia particular enviada y recibida por los miembros, de impedirte leer determinados libros, de que la Obra sea quien te elige a ti y no tú a ella, etc.

Antes de empezar la lectura de ese libro mi confusión mental era la misma que había tenido durante tantísimos años anteriores, pero en el momento que lo acabé poseía todas las claves para marcharme del Opus Dei (y por voluntad de Dios, no contra Él como me habían hecho creer en la Obra que pasaba si la dejaba). Cuando terminé el libro mi cabeza se desincrustó del Opus Dei y lo hizo de golpe. La verdad te hace libre y te concede una energía increíble por lo que aunque en muchas cosas tuviera que empezar de cero y aunque no supiera lo que me esperaba fuera y aunque tuviera que aprender a relacionarme por primera vez con una mujer cuando los de mi edad ya tenían nietos… nada de eso tuvo importancia y al día siguiente fui al director para solicitar mi salida de la Obra, marcha que nadie pudo impedir, aunque bien que lo intentaron. Pero esa gran determinación no fue merito mío, ya que una vez vista toda la verdad me era imposible seguir dentro.

La esencia de lo que entonces descubrí, concretado para la Obra, ampliado con investigaciones posteriores y madurado durante años, lo tenéis en lo que hasta ahora he escrito y sobre todo en “¿Se respetan los Derechos Fundamentales? y “Reflexiones Sobre la Verdad”.”

Jesús nos cuenta en la parábola del trigo y la cizaña:

“El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los hombres dormían vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.” (Mt 13, 24 – 30)

La Obra es un campo sembrado de trigo y cizaña que ella quiere hacer ver como compuesto solamente por trigo. La lectura de aquel libro dio en mí comienzo a la siega de ese campo y desde entonces tengo perfectamente separados el “trigo” a mi derecha y la “cizaña” a mi izquierda de todo aquello que compone el Opus Dei. Cuando leo u oigo algo sobre la Obra inmediatamente sé a que “montón” se corresponde lo que me permite analizarlo en profundidad.

Lo que me motivó a vencer mi silencio en esta web y transmitir mis experiencias (por lo que antes conté sobre las cicatrices dolorosas) fue la carta que una joven de la Obra, Julissa, envió el 14 de junio y con quien me identifiqué completamente: podría haber sido yo quien la hubiera escrito cuando era de la Obra y confundía el envoltorio (Opus Dei) con el contenido del paquete (gracias y dones que el Espíritu Santo concede a quien con rectitud de intención aplica los medios universales recomendados por la Iglesia para acercar al hombre a Dios), confusión que entonces me mantenía preso dentro de la caja porque me hacían creer a píes juntillas que ningún otro envoltorio podría darme ese contenido. Leí a Julissa antes de acostarme, me mantuve desvelado durante horas en las que se proyectaron ante mí, como si de una película se tratara, todas mis vivencias en la Obra y también sentía como muy mías las de aquellos que ahora están dentro sin posibilidad de separar el “trigo” de la “cizaña”, tal y como yo lo estuve durante 35 años. Al día siguiente se lo comenté a un sacerdote muy amigo quien me aconsejó hacer públicas mis experiencias para beneficio de otros, aunque ello me supusiera un esfuerzo. Lo medité y seguí su consejo. Esa es la razón por la que el día 16 de junio contesté a Julissa, y también del resto de lo que he escrito desde entonces

Os aseguro que por mi gusto no escribiría nada. He hablado de cicatrices que me son dolorosas cuando leo esta página y voy a ahondar en ello. Lo que me produce dolor es rememorar mi vida al verla en otros, comprobar como el trigo y la cizaña están todavía mezclados en la mente de muchos, leer como se muestran todos los síntomas que padece la Obra sin que los que deben hacerlo le diagnostiquen la enfermedad y le pongan tratamiento, descubrir que esos errores producen tanto dolor en tantos, saber que a quienes están en la Obra se les imposibilita el acceso a donde pueden encontrar otras verdades complementarias a las que ella da, comprobar como los de la Obra siguen poniendo todo su interés en conocer quienes escriben aquí en vez de solucionar lo que dicen, como si fuera más importante saber quienes son los que dan el grito de “¡Fuego!” en vez de ir a apagar el incendio…

Entre las definiciones de alucinación está la de alteración subjetiva del juicio de la realidad. Es de día y el alucinado juzga que es de noche; un coche toca el claxon y él deduce que es porque le persiguen, etc. Pues la Obra, con la manipulación a sus miembros de los pensamientos, los sentimientos y la conducta les lleva a un estado artificial de alteración subjetiva del juicio de la realidad:

— Los que no opinan en todo igual a ellos son sus enemigos.

— “Sólo hay un camino para llegar a Dios: el que pasa por mi cabeza y por mi corazón” o “Hijos míos, si no pasáis por mi cabeza y por mi corazón no llegaréis a Dios” (afirmó con carácter fundacional san Josemaría refiriéndose a él y dirigido a los de la Obra, y después se quedó tan tranquilo).

— Sí se abandona el Opus Dei se pierde la felicidad temporal y casi seguro que la eterna (como ya no pasas por la cabeza y el corazón del Fundador sólo te queda condenarte).

— Sí obedeces no te equivocas nunca (aunque pueda equivocarse el que te manda, tú no).

— No puedes ir a la casa o a celebraciones de parejas no casadas por la Iglesia. No sé cómo se vive ahora esta norma, en mi época era así incluso para familiares de primer grado: no podías ir a una comida de navidad con tu hermano sí él estaba en esa situación; Jesucristo no podría haber sido nunca de la Obra puesto que comía con publicanos y pecadores y contra todo lo previsto en el Opus Dei una prostituta le derramó perfume en los píes y se los besó.

— Sin matices intermedios la humanidad se divide en tres grandes bloques: los que pueden aportar algo a la Obra, ¡a por ellos!; los que no, ¡ni acercarse!; y los que dicen algo que no les gusta ¡a destruirlos!

— Con su actuar parece decirnos que sus miembros han de considerar (porque mirar, ¡qué ni se les ocurra!) a los del otro sexo como entes incorpóreos a los que Dios ha cometido el error de darles un cuerpo, quizás para probar la virtud de los de la Obra…

Cuentan que en una ocasión san Agustín meditaba sobre Dios al borde del mar. Mientras tanto un niño echaba agua del océano en un hoyo que había hecho en la arena de la playa. San Agustín iba a lo suyo y el niño a lo de él. Hasta que en determinado momento el santo bajó de la esfera celestial en el que se encontraba, se percató de lo que el infante hacía y le pregunto el porqué. El niño le respondió: “Quiero meter el mar en este agujero”. Agustín se echo a reír y le explicó que eso era imposible, pero como quien ríe el último ríe mejor, la criatura le contestó que más difícil todavía que eso le era a él poder meter a Dios en su cabeza.

La Vida es tan inmensa y rica que es imposible meterla en el molde estrecho y artificial de normas rígidas, so pena de caer en una alteración del juicio de la realidad, en un estado alucinatorio de quienes actúen así.. Si vemos la trayectoria vital de Jesús podemos comprobar que era la encarnación de la “antinorma”. Todos sus quebraderos de cabeza e incluso su muerte fueron provocados por ir contra las normas asfixiantes y convencer al mundo de que en su lugar hay que dejar que el puro y directo Amor tome el mando de la persona.

Cuando salí de la Obra me fui liberando del estado alucinatorio al que ella me había inducido. Retorno a lo dicho más arriba sobre el porqué me cuesta entrar en esta web y le añado una nueva nota: Cada vez que abro esta página la memoria y con ella las vivencias de ese estado alucinatorio se reactivan.

Una noche del primer trimestre del año 1992, antes de la beatificación del Fundador, yo era de la Obra y al llegar a casa me encontré a toda la familia viendo un reportaje que daba la televisión sobre el acontecimiento y me incorporé a ellos (ya que no podía apagar el aparato o cambiarlo de canal sin provocar una hecatombe en la familia decidí conocer lo que ellos veían para poder contrarrestar lo que después me podían alegar). Como la Obra, desde el principio de acercarte a ella, prepara muy bien tu mente para que puedas anular cualquier realidad que a ellos no les conviene, todos los razonamientos disonantes de quienes allí exponían me entraron por un oído y me salieron por el otro.

(Hago un inciso y aclaro el párrafo anterior con un ejemplo, la Obra prevé que tus padres se van a oponer a la manipulación que ella ejerce sobre ti y no sólo te impiden que les digas que has pedido la admisión al Opus Dei sino que con ejemplos concretos te hablan hasta la saciedad de que las familias de los santos se opusieron a la vocación de sus hijos, lo que te afirman que es una muestra de predilección divina; y cuando tus padres se oponen de hecho a su manipulación, tú te dices: “Aquí está lo que en la Obra me han contado de los santos: Soy un predilecto de Dios y esta oposición de mis padres lo demuestra” y ya no sólo no les escuchas sino que todo cuanto te dicen o hacen en contra de la Obra te reafirma aún más en el Opus Dei.)

Ese bloqueo mental a lo que se decía en la televisión me duró hasta el momento en que intervino una muchacha muy joven, de veintipocos, en quien todo su discurso eran gestos, afirmaciones ilusionadas y vuelta a la tristeza al comprobar ella misma que eso no le podía llegar a los de la Obra porque estaban impedidos para recibirlo: “Por favor, si supierais lo hermoso que es estar fuera (alegría), poder amar, con lo bonito que es el amor, pero claro (tristeza) no me podéis entender y además ni me estaréis viendo porque no os dejan, pero si alguno me ve (alegría) deciros que lo penséis y por el amor de Dios marcharos cuanto antes, pero es inútil (tristeza) no podéis entenderme porque para eso hay que vivir libre y no os dejan vivirlo…”.

Cuando esa joven vio después la película pudo pensar que había hablado muy mal, que fue quien peor lo hizo de todos… y sin embargo es la única intervención que recuerdo porque me llegó al alma, pues con sus gestos, frases entrecortadas, saltos de la alegría a la tristeza, esa muchacha me estaba hablando con el corazón en la mano. Ahí no había falsedad, es imposible fingir eso.

Desde que vi a esa joven me pregunté muchas veces que era lo qué ella conocía y me quería transmitir. Lo encontré cuando leí el libro que antes os dije. Lo que ella me contó con el corazón me llevó a buscarlo y descubrirlo con la cabeza.

Lo anterior demuestra que hemos de relatar nuestras vivencias aunque nos cueste hacerlo, aunque pensemos que ya otros lo hacen muy bien, aunque no nos apetezca, aunque nos creamos torpes para conseguirlo… Somos únicos, nuestra experiencia también lo es y con ella siempre explicamos algo que puede hacer bien a quien esté predispuesto a entender lo que sólo nosotros podemos contarle. Por eso y a pesar de todo yo entro en esta Web y escribo.

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