¿Se Respetan En El Opus Dei Los Derechos Humanos Fundamentales?

julio 20, 2007

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Iván de ExOpus

Reedición del publicado en Opus Libros el 27 de junio y 4 de julio de 2004

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El hombre es hijo de sus obras.

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

Respondo a quienes intentan demostrar la bondad del Opus Dei porque ellos son muy felices dentro:

Me alegro mucho por vosotros de que hayáis llevado una vida tan feliz en el Opus Dei, pero desgraciadamente eso vale de muy poco para saber lo que en realidad es la Obra (ser muy feliz en un grupo no sirve como criterio de bondad para ninguna institución) puesto que miembros felices los hay hasta en la sociedades más depravadas. ¿O acaso creéis que entre los asesinos de los campos de exterminio no hubo algunos que fueron muy dichosos por formar parte de esa institución? Seguro que los hubo.

Una sociedad no es buena porque algunos (o muchos o casi la totalidad) de sus miembros estén contentos en ella; a una sociedad se la puede empezar a considerar como buena cuando institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

Lo que escribo a continuación no lo hablo por otros, ni por lo que he oído o leído, sino que es fruto de mi propia experiencia durante casi 35 años dentro de la Obra.

Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta.

Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.

Utilizan lo que llaman la “corrección fraterna” como medio muy eficaz para mantener el dominio sobre sus miembros. La fundamentan, como verdad externa, en la frase de Jesús según la cual si ves un pecado en tu hermano debes corregirle. Ese medio es en apariencia una buena práctica, pero veamos como se utiliza, para conocer otra realidad oculta.

Una vez vista una falta en otro miembro, algo que te parece no estar de acuerdo con el espíritu de la Obra, has de contárselo a su director quien tiene la última palabra para que le corrijas o no. Es decir:

1 – Casi nunca corriges pecados normales (los que todo el mundo entiende por pecado) sino que se utiliza sobre todo para aquello que no es afín al espíritu de la Obra (que previamente te han mentalizado cual es).

2 – Bajo la verdad externa de que se consulta al director de la otra persona, para que sea él quien juzgue la procedencia de esa corrección, subyace otra realidad que es que así los directores siempre pueden mantener un control de la conducta de sus dirigidos al estar permanentemente informados sobre lo que hacen y dicen que pueda ser disonante con la Obra. Con la corrección fraterna los ojos de todos los miembros de la Prelatura se convierten en los de tu director inmediato, quien a su vez, si procede, informa al director superior (por lo que de una falta que cometas hoy, el Prelado puede tener mañana un informe sobre la mesa de su despacho).

Voy a poner un par de ejemplos de correcciones fraternas tomadas de mi propia vida.

En una ocasión comenté ante varios que me gustaba mucho el libro “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach. Un par de horas más tarde me hicieron una triple corrección fraterna: Porque no había mirado ese título en el índice interno de libros que la Obra lleva, puesto que allí se indica que no se puede leer. En segundo lugar, por haberlo leído sin las prevenciones oportunas de conocer antes si podía hacerlo, lo que podría haber perjudicado a mi alma. Por último, por escándalo a los demás, por la publicidad dañina que hice de él ante quienes no deben leerlo y a los que mis palabras les podrían llevar a pensar que era bueno, dando ellos por supuesto que yo lo había comprobado previamente (en ese índice).

Otro caso. Los agregados teníamos una meditación un día fijo a la semana, seguida de una tertulia durante la cual el sacerdote (el designado para nosotros) nos iba confesando sucesivamente (íbamos a él según el orden de colocación en la tertulia). Pues bien, en una ocasión no me confesé allí en dos semanas consecutivas. Nada más terminar la tertulia del segundo día, me vino uno para hacerme la corrección fraterna de que había que confesarse semanalmente con el sacerdote establecido y que si en alguna ocasión, por motivos de fuerza mayor, lo hacía en otro lugar, que después de la meditación, cuando me llegara el turno, me pasara a saludar al sacerdote (aunque no me confesara) para así no causar escándalo en el resto, que se daban cuenta de que yo no me había confesado.

La gente entra en la Obra sin saber los términos específicos de su entrega; después, poco a poco, se les crea una tupida red de miedos, culpas, fobias y temores (sobre todo a perder la felicidad temporal y eterna si dejas el Opus Dei) lo que permite enajenarles con facilidad de muchos derechos fundamentales. Por ese medio, a grandes rasgos, a los miembros del Opus Dei (en especial a los numerarios y agregados) se les expolian los siguientes derechos:

1 – Derecho a la libre información y a su intimidad personal: Diciéndoles lo que pueden de leer o no, los programas de televisión que pueden ver o no; les leen la correspondencia que reciben y envían, etc.

2 – Derecho al pensamiento libre: Obligándoles a no tener la mínima duda sobre su vocación: “De la vocación no se puede dudar, es intocable”, te repiten desde que pitas. A suprimir cualquier crítica sobre la Obra o sus directores (por ejemplo, es algo grave y que atenta contra la unidad del Opus Dei comentarle a otro que te agradaba más el director anterior que el actual), etc.

3 – Derecho a la conducta libre: Controlándoles amistades, esparcimiento, adónde pueden ir o no; impidiéndoles asistir a espectáculos públicos; exigiéndoles confesarse semanalmente (con o sin pecados) con el sacerdote del centro, imponiéndoles el director espiritual (que es un laico independiente del confesor), obligando a que esa dirección espiritual sea cada semana (porque te buscan, persiguen y fuerzan a tenerla si tú no vas dócilmente a ella), imponiendo que a ese laico le cuentes todo, todo, todo, y en especial y en primer lugar lo que te molestaría contar (aunque ello sea algo tan tonto como que has deseado entrar en un cine a ver Heidi), etc.

4 – En lo económico te fuerzan a un estado de indigencia total: En vez de agradecerte el dinero que das al Opus Dei, te dicen que el sueldo que cobras, desde antes de recibirlo, ya no es tuyo sino de la Obra, quien como “buena madre” vela por ti y te da lo que necesitas para subsistir (que ella previamente ha aprobado). Has de apuntar todos los gastos que realizas, hasta el más mínimo, y entregárselos al director en los cinco primeros días de cada mes. Con cualquier bien mueble (el coche) o inmueble que ha de figurar a tu nombre has de firmar un contrato de venta en blanco (sin datos del comprador ni fecha de venta) para que en cualquier momento ellos puedan rellenar esos datos y cambiarlo de dueño (lo hacen así para no cargar fiscalmente a la Obra, porque si no directamente te quitarían su propiedad). ¡Buen truco para que ante los de fuera parezca que tienes algo! Y cuando dejas la Obra te marchas sin nada (cuando lo haces no te dan ni para el metro). ¡Buen truco para mantenerte atado dentro!

5 – Derecho a los sentimientos libres: Sólo puedes poner el corazón en la Obra y en lo que a ella le conviene. Por ejemplo, has de amar al Prelado (a quien te hacen llamarle Padre, lo que sustituye en ti al que te dio la vida), a quien nunca has tratado, con el mismo cariño humano que sientes por tu propio padre o madre, etc.

6 – Derecho a una madurez humana y psicológica equilibrada: En el trato personal con el resto de los miembros has de evitar las fricciones, siempre has de sonreir, has de mantener una máscara de felicidad permanente. Si algo te molesta de otro has de hablarlo con el director y si procede recurrir a la corrección fraterna, nunca al planteamiento personal directo. Eso te lleva a vivir una intimidad de “invernadero”, ficticia, que notas muy claramente cuando sales de la Obra y has de crear una relación de pareja, en la que te sientes como un extraterrestre.

Por otra parte, dependes de ellos hasta en lo más mínimo. Has de comprar ropa acompañado de otro. Todos tus gastos te los han de aprobar antes de recibir tú el dinero. Has de consultarlo todo (te dicen que el director tiene gracia de estado por lo que tú nunca te equivocas obedeciendo) lo que te hace ser un dependiente psicológico. En la obra te permiten desarrollar facetas intelectuales (que no choquen con ellos) pero no los sentimientos y la independencia psicológica.

7 – Derecho a tener amigos dentro de la Obra y a continuar la amistad con los que lo eran tus amigos antes de incorporarse a ella: En el Opus Dei está establecido institucionalmente que no han de existir amistades particulares. Lo que ellos llaman amistad particular es lo que todo el mundo entiende como amistad a secas. No puedes tener un amigo de la Obra en quien confiar lo que tú desees y pensar que después te guardara el secreto, puesto que la corrección fraterna, de la que hablé antes, lo impide. Cualquier cosa que cuentes a otro puede acabar en el director y si es algo sobre discrepancias con la institución (aún mínimas) o dudas de vocación, seguro que acaba siendo escuchado por el director.

Cuando un amigo tuyo pita has de dejar de ser amigo de él. Como suena, por decreto tenéis que dejar de ser amigos porque hay que emplear esas energías en buscar otros amigos para acercarlos a la Obra. Para facilitarlo os separan cuanto antes, trasladando a uno de los dos a otro centro. A ese expolio de la amistad ellos lo llaman entregar los amigos a Dios, pero en realidad lo que busca es que su poder de manipulación no se diluya. Al no poder comunicar con nadie de dentro tus inquietudes (y menos con los de fuera), siempre estarás al arbitrio de lo que los directores te digan. Las cosas íntimas se consultan con el director, te dicen, y de esa manera se aseguran que recibas sólo las campanadas que ellos tañen. (Por lo mismo, tampoco pueden estar en el mismo centro dos hermanos de sangre, si ambos son de la Obra.)

La amistad en la Obra es sólo un instrumento para captar a la gente. Nunca para el enriquecimiento personal de sus miembros. Por eso los que pensabas que eran tus amigos en cuanto te vas de la Obra te ignoran: porque en realidad nunca han sido tus amigos.

Si eres de la Obra y quieres mantener un amigo, has de evitar que pite.

8 – Derecho a elegir la vocación a la Obra: Tú no eliges a la Obra, es ella quien te elige a ti. Te acercas a la Obra en busca de espiritualidad y por el buen ambiente humano que allí se respira y cuando menos te lo esperas aparece el numerario de quien eres amigo y que te llevó allí, el director, el cura y quien imparte los círculos (un medio de formación) y todos a una te plantean que tienes una vocación que tú no acabas de ver clara y terminas pitando, más que nada, para descansar de esa presión psicológica.

Es imposible que una persona elija su vocación a la Obra porque ellos no la muestran en sus detalles importantes; a ti tan sólo te cuentan que por Dios has de entregarlo todo y que se materializará tal y como ellos te dirán después (pero nunca piensas que en ese “todo” que das se incluyen derechos inviolables). Por lo tanto, si tú no puedes saberlo han de ser ellos quienes vean si les sirves o no y en caso afirmativo quienes te empujen adentro.

9 – Derecho a elegir salirte de la Obra: En realidad, la expoliación de todos los derechos enumerados en los otros apartados buscan este fin. Lo único que a la Obra le importa es llenarse de gente que les sea útil y que les duren hasta la muerte. Para conseguirlo hacen lo que haga falta, incluyendo que el fin justifique los medios.

10 – Derecho al dialógo sobre la Obra: Parece como si para ellos el Opus Dei además de traducirse como “La Obra de Dios” también significara “La Obra es Dios”, puesto que dialogar lo entienden como dar las vueltas que haga falta y durante el tiempo que sea preciso hasta lograr que el otro termine aceptando totalmente lo dicho por ella, sin ellos ceder un ápice ni reconocer un error.

“Toda institución en la que intervienen los hombres es imperfecta”, decía el Fundador del Opus Dei refiriéndose a la Iglesia, y tenía toda la razón del mundo, por eso la Iglesia se abre al diálogo. ¿Y la Obra no es imperfecta?

11 – Como haré ver más adelante con un aspecto muy significativo, para el Opus Dei los derechos adquiridos por sus miembros a través de la Prelatura sólo existen mientras benefician a la Obra (directamente y exclusivamente) y les son enajenados en cuanto no es así, sin temblarle el pulso por el perjuicio que ello produce en el individuo, en la sociedad y en la Iglesia Universal.

Muchos numerarios y agregados hemos aprobado dentro de la Obra los estudios eclesiásticos oficiales de la Iglesia (menos una asignatura menor que la Obra no te deja cursar excepto en el caso de que te vayas a ordenar como sacerdote de la Prelatura).

En el mes de permiso anual del trabajo los agregados se desplazan a los lugares que les asignan los directores para permanecer durante 25 días en lo que se llama internamente como “curso anual”, porque allí se cursan asignaturas de filosofía y teología. Mientras que el resto de sus compañeros, que no son del Opus Dei descansan, los de la Obra continúan trabajando, en este caso estudiando y con intensidad.

Esas asignaturas son idénticas a las que la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra imparte públicamente en sus aulas de Pamplona; universidad que es de la Iglesia y de la que la Iglesia es la última responsable por ser “suya”. Por supuesto, esas clases son dictadas por profesores cualificados por la citada universidad.

En esos cursos anuales, conforme los alumnos van cursando las asignaturas, se realizan los exámenes pertinentes en los que hay que obtener una calificación de notable o sobresaliente para superarlas. Esa es la única diferencia que existe con los exámenes que se realizan en las aulas públicas de Pamplona en donde a los alumnos matriculados allí les basta con obtener la nota mínima de aprobado para pasar cada materia.

Esa diferencia con los miembros de la Prelatura radica en el empeño que el Fundador del Opus Dei tenía de que los de la Obra estuviéramos más cualificados que los demás en esas materias, por lo que estableció que en todas las asignaturas eclesiásticas que cursara un miembro de la Obra debían obtenerse calificaciones de notable o sobresaliente para considerarlas como superadas.

Al final de cada curso anual se realizan las actas oficiales de cada materia en donde figuran aquellos alumnos que las han rendido, son firmadas por los respectivos profesores y se remiten a la Universidad de Navarra (en algunas ocasiones yo he escrito a máquina esas actas, en las que están en latín tanto el texto como todos los nombres incluidos en ellas, y se las he pasado después a los profesores para que las firmen).

En determinadas ciudades también se cursan esas asignaturas durante el resto del año (hablo de España).

De esa manera, poco a poco, año tras año, finalicé esa carrera universitaria. Son unos estudios tan, tan, tan oficiales que de un día para otro me podría haber ordenado sacerdote dentro de la Obra (en lo que respecta a los estudios que la Iglesia exige para ello, puesto que esa asignatura menor que me faltaba por terminar, de la que antes hable, se rinde en menos de una semana de estudio).

O sea, que sí me voy a ordenar como sacerdote del Opus Dei hay una universidad con reconocimiento público (civil y ante la Iglesia) que es la Universidad de Navarra que admite que yo he realizado todos los estudios eclesiásticos que ella imparte, puesto que me ha examinado de todas las asignaturas que componen esa licenciatura y en las cuales la nota mínima que he obtenido ha sido de notable.

Veamos lo que ocurrió cuando me fui de la Obra. Solicité un certificado de esos estudios y me respondieron que no me lo podían dar porque son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra”.

Hay una realidad: Yo tengo aprobadas las asignaturas de la licenciatura eclesiástica en filosofía y teología por la Universidad de Navarra.

Ante este hecho la Obra aplica dos “verdades”:

1 – Que ese derecho existe para ordenarte sacerdote dentro de la Prelatura (con lo que admiten que lo poseo).

2 – Y la otra, una “verdad falsa” de que son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” (que la Obra quiere hacer pasar como verdadera con el subterfugio mental de crear unas palabras que sustituyan a la realidad), lo que, sin temblarles el pulso, les permite enajenarte de un bien únicamente tuyo y arduamente adquirido con un esfuerzo continuado durante muchos años (en el tiempo en que los que no son de la Obra, como antes dije, descansaban de su trabajo habitual).

Hay que considerar que el expolio de ese bien produce los siguientes perjuicios:

1 – A las personas damnificadas. Puede servir para incluirlo en su currículum profesional para mejorarlo y poder obtener puestos de trabajo más cualificados. Al ser un título universitario te priva de los beneficios de su ejercicio, como puede ser dar clases de filosofía o religión. Hay muchos agregados sin otra titulación universitaria y de esa manera se les priva de ser universitarios de grado superior, etc.

2 – A la sociedad civil, puesto que la priva del bien que puede obtener de personas poseedoras de esa cualificación.

3 – A la Iglesia Universal, al expoliarla del beneficio que sus hijos pueden revertir en ella si disponen de esa titulación (a la que esas personas tienen derecho, todo el derecho del mundo) cómo puede ser, además de lo anteriormente visto para la sociedad civil, disponer de la capacidad de ordenarse sacerdote en cualquier diócesis del mundo sin necesidad de tener que realizar de nuevo esos estudios. Tengo constancia de que un exmiembro de la Prelatura decidió ordenarse como sacerdote en una diócesis de España y tras reiteradas instancias a la Obra por parte de su obispo le fue entregado un certificado de los estudios eclesiásticos cursados por él mientras perteneció al Opus Dei (con lo cual se ratifica todo lo que estoy diciendo aquí: que dicha persona había realizado esos estudios y que hasta ese momento la Obra se negaba a reconocerlo); esa situación que la Obra hace ser excepcional se corresponde, por el contrario, con un derecho inalienable de las personas que no puede ser manipulado por nadie.

No es justo tener que suplicar a otros la limosna de un bien que por derecho nos corresponde (y que se niega a entregar).

Analicemos lo que ese comportamiento de la Obra nos dice sobre sí misma:

1 – Que no les importan los derechos de las personas, tan sólo existen los derechos de su institución. 2 – Que no les importa el bienestar de las personas, tan sólo existe el bienestar de su institución.

3 – Que no les importa el bien de la Iglesia Universal, tan sólo existe el bien de su iglesia particular.

4 – Que fuerzan a que una universidad pública (como la de Navarra) tenga un “sótano”, oculto a la mirada de todos, en el que se guardan los expedientes de los estudios realizados por los miembros de la Prelatura, para poder utilizarlos ellos a su gusto como si fueran de la Obra en vez de quien los estudió.

5 – Como la Iglesia es la última responsable de esa universidad (por ser una universidad de la Iglesia) con esa expoliación de derechos adquiridos por las personas están haciendo que sea la Iglesia Universal quien cometa ese atropello.

6 – Que no les importa el bien de la sociedad, mientras que no sean ellos quien les suministre ese “bien” y manufacturado a su capricho.

7 – Que se demuestra, una vez más, que para el Opus Dei el fin justifica los medios.

8 – Que ante los talentos de sus miembros la Obra dice: “O para mí o para nadie”.

Por supuesto, todo lo dicho con anterioridad es válido también para aquellos que hayan realizado esos estudios parcialmente (que hayan aprobado diez, veinte o tan sólo una asignatura) ya que el derecho del que hablamos es el mismo en todos los casos.

Una idea repetida en las meditaciones y charlas que se dan dentro de la Obra es que la vocación al Opus Dei es tan importante y tan grande que muy posiblemente Dios no nos habría creado si no hubiera sido porque nos iba a conceder esa vocación; y consecuentemente a ese pensamiento actúan cuando te marchas del Opus Dei: Cómo te vas –parecen decirte con sus obras–, te retiramos la existencia de todo aquello que está en nuestra mano porque así actuaría Dios en nuestro lugar.

Si yo no hubiera sido del Opus Dei y alguien me cuenta lo que estoy escribiendo, sin darme el nombre de la sociedad que actúa así, sin dudarlo habría dicho que se trataba de una estructura comunista, puesto que en las entrañas de la filosofía del comunismo está que las personas carecen de derechos individuales a costa de la institución que las gobierna, que los posee todos y en exclusiva.

Imaginemos que al Fundador del Opus Dei le hubiera dado porque todos los numerarios y la mayoría de los agregados estudiaran en la Universidad de Navarra, además de la carrera Eclesiástica, las de Derecho y Medicina con una nota mínima de notable en cada asignatura y que muchos hubiéramos finalizado las tres carreras. Al salirnos de la Obra habríamos tenido que dejar también de ser abogados y médicos, profesiones que pudimos ejercer durante el tiempo que estuvimos dentro del Opus Dei pero no al marcharnos puesto que al ser “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” en el momento de dejarla nos habrían negado esos títulos universitarios. ¡Y entonces a trabajar solamente como picapedreros en las minas de carbón!

12 – Otro derecho humano vulnerado (que lo pongo al final no por considerarlo el menos importante sino porque alguno ha de cerrar la exposición) es que aplican esa violencia espiritual y psicológica en jóvenes que por su inmadurez están incapacitados para discernir y reaccionar. A partir de los 14 años y medio pueden pedirte pitar. Yo tenía 15 años cuando pité. (Para más información leer mi carta de fecha 16 junio de 2004 en donde ahondo en alguno de estos temas.)

Termino repitiendo la idea del principio: Encontrarse muy feliz en un grupo no es indicativo de su bondad, para saberlo hay que comprobar si ese colectivo institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

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En el Opus Dei: ¿Medios de Formación o de Deformación?

mayo 9, 2007
Iván de ExOpus

«Durante mi época de centro de estudios comenzaba el día con media hora de oración, por lo que se entendía un señor sacerdote predicando en el oratorio. Durante la mañana había que escuchar las clases en la Facultad. Tampoco me interesaban; pero no me permitían dejar de asistir a ellas. Luego llegaba la tertulia, que también consistía en que un señor tomaba la palabra sobre un tema y hablaba él solo. Por la tarde eran las clases de filosofía propias del centro de estudios: lógica formal, lógica material, crítica, metafísica, etc. Y al atardecer aparecían los eventos culturales, que consistían en conferencias de un ilustre conferenciante que hablaba de cosas así como, “España hoy”, “De la entelequia al ostracismo”, “La ruta de los maquiavélicos”, “La geografía del mañana”, etc. Al cabo del día había sumado 12 horas de escuchar. Tengo que agradecer a esa formación que me dio el Opus Dei mi capacidad de abstracción. Actualmente soy capaz de asistir a una conferencia, a una obra de teatro, a un meeting político a un sermón dominical sin enterarme de nada de lo que se ha dicho» (La sola doctrina. Gervasio, 7 de mayo de 2007).

¿Qué es lo que el Opus Dei pretende con tantos medios de formación, tan aburridos, en los que siempre se repite los mismo, en los que no hay ni una sola aportación creativa por parte de quienes los dan (salvo, al principio, la de encontrar sinónimos para decir lo mismo que el Fundador, lo que hace tiempo que ya se agotó), en donde la habilidad más apreciada por parte los oyentes es la capacidad de dormirse con los ojos semiabiertos, aparentando estar despierto?

Creo que el Fundador no veía ese aburrimiento mortal de los medios de formación del Opus Dei como un defecto (porque si no lo habría evitado, en su mano estaba), sino como una cualidad muy querida por él, ya que con esa somnolencia forzada y forzosa en la que cae quien asiste a ellos se consigue anular su espíritu crítico (por lo que se “tragan” lo que les echen) e impregnar el subconsciente con lo que se repite sin cesar.

El Opus Dei no funciona por razonamientos sino por etiquetas prefabricadas por los de arriba (que siguen a píes juntillas los pensamientos del Fundador) y la mejor manera de aprenderlas de memoria es repetirlas sin cesar, y el método más eficaz para que la persona se crea que son de él y no implantadas es la de escucharlas dormido o medio dormido, pues así la idea queda dentro pero no se es consciente de donde ha venido, por lo que se considera propia y se llega a “matar” por defenderla.

Como consecuencia de lo anterior, el mejor antídoto para liberar el pensamiento de la esclavitud ajena consiste en cuestionárselo todo y no aceptar solución alguna que no hayamos descubierto por nosotros mismos.

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Un Opus Dei Que No Es El Opus Dei (II)

marzo 27, 2007

(Una respuesta de Heidi Berger a lo que cuenta Pacífica, publicada el 21-3-2007 en Opus Libros. También la añado al final de Un Opus Dei Que No Es El Opus Dei.)

No nos tomes el pelo

Queridísima Pacífica:

Acabo de colgar el teléfono -¡casi una hora estuvimos hablando!- y ya sabes lo que pienso y dejo de pensar de tu correo. Por eso no quiero repetirme, además de que serian cosas demasiado personales y ya te las he dicho. Me siento obligada a escribir y a contestarte, y te lo pido de todo corazón: no nos tomes el pelo. Ya me lo tomaste bastante los años que pasamos juntas (te conozco 14 años de los 18 que pase en la obra) y me entiendes, sabes que no te lo digo enfadada y sabes lo que significa cuando escribo de todo corazón.

Maja, has causado una hecatombe en la Web. Pienso en cada uno de los que te contestó, alucinando, de lo bien que te ha ido la vida en la obra y lo booooniita que ha sido tu salida…. vaya, a mi no, sabemos que no es así! No voy a hacerte el favor de traducir tu correo, a mi tu opinión personal, lo pasas a alguna de esas Web oficiales —en Alemania claro que también tienen una— y quizá te lo publican: sabes que en serio se toman lo que tu escribes. Prueba. Quizá esta vez si tengas suerte.

Nos cuentas que no has dormido en tabla. Después, le contestas al bueno de Supo en alemán (Supo, no se que tal tus aptitudes hacia esta lengua… je je je) que claro, la mayoría del tiempo has vivido en residencias universitarias. Y mira por donde van las cosas, coincidimos algún tiempo en la misma casa. Tranquilo Supo, tranquila Mercy, tranquilos todos…. las normalitas que dormíamos en habitaciones normalitas no teníamos tabla: es que las residentes pasaban mucho tiempo con nosotras y hubiese resultado chocante. Las pobres del consejo local, si, a la tabla, y a las que por la razón que fuere no lo hacíamos se nos pedía una mortificación extraordinaria que remplazara ésta. Puede ser que a ti, Pacifica, no te lo hayan dicho, pero sinceramente no lo creo. Y no lo creo porque vivimos en la misma casa y teníamos las mismas directoras. Quizá pasaste en el momento que te lo comentaron, pero hay que ser valiente y decir las cosas como han sido. Muy bien también lo que contestas de las mortificaciones corporales: ;-)

Como se te ocurre contestarle a Supo (queridísimo, “Supo”-ngo nuevamente que esto del alemán te tendrá….) cuando cuestiona el tema del manejo del dinero que lo normal en una familia, en una pareja, es que se maneje de manera conjunta? Y no le cuentas que tú no pasabas tu dinero al centro, que por las razones que sean no lo hacías, no dejabas tu tarjeta de débito en la caja del centro mientras que todas las otras que trabajábamos y cotizábamos “normal” si lo hacíamos??? Sabes cómo deje yo la obra y cómo la han dejado algunos otros y mira que casualidad, la Web esta llena de historias similares…. por qué no cuentas que te fuiste a tu piso bien puesto gracias al dinero que te habías ahorrado no pasándolo al centro???. No es que sea abogado de Supo, pero no contestes por favor así a gente que conoce la obra también muy de cerca y se esfuerzan por entender lo que intentas explicarnos.

Te enredas un poco con Asunta y el síndrome de Estocolmo. Yo lo supere recién leyendo esta pagina y te recomiendo la misma terapia. Yo tuve mis caminos, tu tendrás los tuyos… pero créeme, hace muy bien. Te llama la atención que tu te hayas ido tan bien y nosotros no?…. ya te dije que no conozco numeraria en la región que se haya pegado el vidorrio que tu te pegaste, y menos una que se haya ido en plan super guay y “ven a las meditaciones de san miguel cuando te parezca”, como nos cuentas! Y lo peor, cuando te pregunte por algún alma gemela allí adentro o aquí afuera…. no supiste nombrarme ni una. Entonces ….????

El camino hacia el corazón -y pasar por el síndrome de Estocolmo es una etapa de este camino- me hizo acordar a un libro que lei hace poco (creo que en el index de la obra tendría por lo menos un 7 u 8, o sea, tan terrible que ni clasificación tendría) Es la historia de una chica que cae en una relación tortuosa con un hombre un poco mayor y como intenta salir de ello. Y sabes cuando lo logra? Cuando se da cuenta que “el dependía de mi dependencia, necesita mi necesidad” (Er war von meiner Abhängigkeit abhängig, sagt sie, brauchte dass ich ihn brauchte!) Ese es el sistema nocivo de la obra: mientras espiritualmente dependas de ellos (y mira que los hilos son muy sutiles…) pues bieeeen, mirad que gusto las que se van en buen plan. Pero ya sabes lo que nos pasa a las que nos vamos plantando la cara.

Le dices a EBE que no esperas conversión de la obra, sino de sus miembros. Y cuentas de la directora con la que vas a merendar …. en fin!!! En esta pagina se ha escrito mucho sobre este tema. Es el espíritu o son las personas??? Son las personas que viven ese espíritu! Además, me has comentado que lo del espíritu que a ti no te iba, pues lo dejabas… O sea que al final eran cosas del espíritu (que siiiii, que tenias tu filosofía para vivirlo…) Esto no queda muy claro en tu escrito pero tampoco intentes aclararlo que ya sabemos -tu y yo- donde terminamos.

Y después cuentas que tu contacto con los sacerdotes, los mails, las cartas con tus amigos hombres… Siempre te gusto poner a prueba los limites, ver hasta donde llegabas…. pero sabes que allí las cosas “se viven” de otra manera…. que tu no??? Nuevamente, doy fe de ello, pero fuiste siempre la excepción y tuviste la frescura de hacer lo que te daba la reverendísima gana.

Bueno, me quedo un poco largo…

A ti Pacifica, bienvenida a la pagina y a la vida. Pero ya sabes… aquí cada uno a lo suyo, esta el que es divertido en sus escritos, el sistemático, el que lo analiza, el que nos cuenta “aneldotas”, el historiador (y cada vez que pongo “el” me refiero también a “la”), el filosofo…. cada uno tiene su sitio. Pero nos debemos el respeto mutuo, un feroz amor a la verdad y el compromiso personal de ser muy sinceros con nosotros mismos.

Heidi Berger (21-3-2007).

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Un Opus Dei Que No Es El Opus Dei

marzo 15, 2007

Algunas Cosas Que Han Cambiado.

Pacífica.

Querido Iván, he leído tu carta sobre el delito de violar la correspondencia. Puede ser que hayas vivido todo esto, igual que yo. Pero no te niegues en aceptar que algunas cosas han cambiado o están cambiando:

—Los últimos diez años ya no se abren las cartas, ni la gente las entrega a los directores. Cada uno tiene su correo electrónico y se esta escribiendo con las personas que quiere, con amigos y amigas, sacerdotes…

—En los últimos diez años (he sido numeraria de mayo 1986 hasta enero 2007) no me tocó ni una vez dormir en una tabla (tengo 37 años).

—Todas las numerarias de mi centro tenían su propia cuenta corriente.

—En los últimos cinco años no me preguntó nadie en la charla fraterna si utilizo el cilicio o las disciplinas, ni hablé yo del tema.

Recibí la dispensa del Padre el 2 de enero de este año y ahora intento vivir bien mi vocación de cooperadora. Tengo mi circulo y mi retiro mensual en el centro donde he vivido ocho años y me encanta encontrarme con todas las numerarias y supernumerarias y cada lunes me confieso en el centro. Disfruto de mi propio apartamento donde entran y salen muchas personas de casa [del Opus Dei] y muchas ex-numerarias. Me niego a hacer separaciones, pues todas, mis amigas de casa y mis amigas ya no de casa son parte de mi vida.

Un saludo a todos

Pacifica

—oOo—

Ivan de ExOpus

Estimada Pacífica:

Cuentas que tu experiencia en la Obra es la de que «en los últimos diez años ya no se abren las cartas, ni la gente las entrega a los directores. Cada uno tiene su correo electrónico y se esta escribiendo con las personas que quiere, con amigos y amigas, sacerdotes…» y que «en los últimos diez años (he sido numeraria de mayo 1986 hasta enero 2007) no me tocó ni una vez dormir en una tabla (tengo 37 años)» y que «todas las numerarias de mi centro tenían su propia cuenta corriente» y que «en los últimos cinco años no me preguntó nadie en la charla fraterna si utilizo el cilicio o las disciplinas, ni hablé yo del tema».

Ese Opus Dei que citas no sólo es desconocido para mí y para la inmensa mayoría de los que te leen, sino también para el propio Opus Dei, ya que en lo que respecta a lo que escribí sobre la violación de la correspondencia a que tú haces referencia (lo mismo cabe aplicar para el resto de lo que cuentas, mas lo dejo para otra ocasión y no hacer así excesivamente larga mi respuesta) te repito las palabras textuales de las normativas oficiales de la Prelatura sobre este tema (que son de obligado cumplimiento):

“Los Directores, por su parte, tienen el derecho y el deber de evitar que lleguen a los miembros de la Obra escritos, cartas, etc., que, de algún modo, puedan causar daño a quienes las reciben, vengan de donde vengan. Por esto, entregar una carta abierta, o haberla leído antes, no constituye nunca una prueba de desconfianza: manifiesta sólo el deseo de evitar un perjuicio, una razón ascética o una medida práctica de ayuda en la labor de formación espiritual. […] “Quienes llevan poco tiempo en la Obra agradecen que los miembros del Consejo local se preocupen con cariño -es parte de la tarea de formación- de leer las cartas que reciban: para poder orientarles, y darles el oportuno consejo espiritual o apostólico.

“Estas mismas orientaciones se siguen con las cartas que envían los Numerarios y Agregados, fuera del ámbito de su tarea profesional: excepto las que escriban directamente al Padre, al Consiliario y al Delegado Regional, se entregan al Director abiertas.”. (Del capítulo titulado Correspondencia, de las “Glosas sobre la Obra de San Miguel”.)

Cuentas también que «tengo mi circulo y mi retiro mensual en el centro donde he vivido ocho años y me encanta encontrarme con todas las numerarias y supernumerarias y cada lunes me confieso en el centro. Disfruto de mi propio apartamento donde entran y salen muchas personas de casa [del Opus Dei] y muchas ex-numerarias. Me niego a hacer separaciones, pues todas, mis amigas de casa y mis amigas ya no de casa son parte de mi vida».

Esa confraternidad que viven los de la Prelatura con quienes habéis dejado el Opus Dei va en contra de lo que está mandado por la Obra, tal y como expongo en «Los Malditos Según El Opus Dei».

Visto lo anterior, sólo se puede entender que el Opus Dei que tú nos cuentas es una corrupción del genuino (pervertido por los de tu lugar), puesto que incumple los taxativos mandatos de la Institución.

Querida Pacífica, tu testimonio tiene muy poco valor a nivel general (aunque según tu experiencia sea cierto, cosa que no discuto) ya que lo invalidan los documentos oficiales de la Prelatura.

Iván.

—oOo—

(Una respuesta de Heidi Berger a lo que cuenta Pacífica, publicada el 21-3-2007 en Opus Libros).

No nos tomes el pelo

Queridísima Pacífica:

Acabo de colgar el teléfono -¡casi una hora estuvimos hablando!- y ya sabes lo que pienso y dejo de pensar de tu correo. Por eso no quiero repetirme, además de que serian cosas demasiado personales y ya te las he dicho. Me siento obligada a escribir y a contestarte, y te lo pido de todo corazón: no nos tomes el pelo. Ya me lo tomaste bastante los años que pasamos juntas (te conozco 14 años de los 18 que pase en la obra) y me entiendes, sabes que no te lo digo enfadada y sabes lo que significa cuando escribo de todo corazón.

Maja, has causado una hecatombe en la Web. Pienso en cada uno de los que te contestó, alucinando, de lo bien que te ha ido la vida en la obra y lo booooniita que ha sido tu salida…. vaya, a mi no, sabemos que no es así! No voy a hacerte el favor de traducir tu correo, a mi tu opinión personal, lo pasas a alguna de esas Web oficiales —en Alemania claro que también tienen una— y quizá te lo publican: sabes que en serio se toman lo que tu escribes. Prueba. Quizá esta vez si tengas suerte.

Nos cuentas que no has dormido en tabla. Después, le contestas al bueno de Supo en alemán (Supo, no se que tal tus aptitudes hacia esta lengua… je je je) que claro, la mayoría del tiempo has vivido en residencias universitarias. Y mira por donde van las cosas, coincidimos algún tiempo en la misma casa. Tranquilo Supo, tranquila Mercy, tranquilos todos…. las normalitas que dormíamos en habitaciones normalitas no teníamos tabla: es que las residentes pasaban mucho tiempo con nosotras y hubiese resultado chocante. Las pobres del consejo local, si, a la tabla, y a las que por la razón que fuere no lo hacíamos se nos pedía una mortificación extraordinaria que remplazara ésta. Puede ser que a ti, Pacifica, no te lo hayan dicho, pero sinceramente no lo creo. Y no lo creo porque vivimos en la misma casa y teníamos las mismas directoras. Quizá pasaste en el momento que te lo comentaron, pero hay que ser valiente y decir las cosas como han sido. Muy bien también lo que contestas de las mortificaciones corporales: ;-)

Como se te ocurre contestarle a Supo (queridísimo, “Supo”-ngo nuevamente que esto del alemán te tendrá….) cuando cuestiona el tema del manejo del dinero que lo normal en una familia, en una pareja, es que se maneje de manera conjunta? Y no le cuentas que tú no pasabas tu dinero al centro, que por las razones que sean no lo hacías, no dejabas tu tarjeta de débito en la caja del centro mientras que todas las otras que trabajábamos y cotizábamos “normal” si lo hacíamos??? Sabes cómo deje yo la obra y cómo la han dejado algunos otros y mira que casualidad, la Web esta llena de historias similares…. por qué no cuentas que te fuiste a tu piso bien puesto gracias al dinero que te habías ahorrado no pasándolo al centro???. No es que sea abogado de Supo, pero no contestes por favor así a gente que conoce la obra también muy de cerca y se esfuerzan por entender lo que intentas explicarnos.

Te enredas un poco con Asunta y el síndrome de Estocolmo. Yo lo supere recién leyendo esta pagina y te recomiendo la misma terapia. Yo tuve mis caminos, tu tendrás los tuyos… pero créeme, hace muy bien. Te llama la atención que tu te hayas ido tan bien y nosotros no?…. ya te dije que no conozco numeraria en la región que se haya pegado el vidorrio que tu te pegaste, y menos una que se haya ido en plan super guay y “ven a las meditaciones de san miguel cuando te parezca”, como nos cuentas! Y lo peor, cuando te pregunte por algún alma gemela allí adentro o aquí afuera…. no supiste nombrarme ni una. Entonces ….????

El camino hacia el corazón -y pasar por el síndrome de Estocolmo es una etapa de este camino- me hizo acordar a un libro que lei hace poco (creo que en el index de la obra tendría por lo menos un 7 u 8, o sea, tan terrible que ni clasificación tendría) Es la historia de una chica que cae en una relación tortuosa con un hombre un poco mayor y como intenta salir de ello. Y sabes cuando lo logra? Cuando se da cuenta que “el dependía de mi dependencia, necesita mi necesidad” (Er war von meiner Abhängigkeit abhängig, sagt sie, brauchte dass ich ihn brauchte!) Ese es el sistema nocivo de la obra: mientras espiritualmente dependas de ellos (y mira que los hilos son muy sutiles…) pues bieeeen, mirad que gusto las que se van en buen plan. Pero ya sabes lo que nos pasa a las que nos vamos plantando la cara.

Le dices a EBE que no esperas conversión de la obra, sino de sus miembros. Y cuentas de la directora con la que vas a merendar …. en fin!!! En esta pagina se ha escrito mucho sobre este tema. Es el espíritu o son las personas??? Son las personas que viven ese espíritu! Además, me has comentado que lo del espíritu que a ti no te iba, pues lo dejabas… O sea que al final eran cosas del espíritu (que siiiii, que tenias tu filosofía para vivirlo…) Esto no queda muy claro en tu escrito pero tampoco intentes aclararlo que ya sabemos -tu y yo- donde terminamos.

Y después cuentas que tu contacto con los sacerdotes, los mails, las cartas con tus amigos hombres… Siempre te gusto poner a prueba los limites, ver hasta donde llegabas…. pero sabes que allí las cosas “se viven” de otra manera…. que tu no??? Nuevamente, doy fe de ello, pero fuiste siempre la excepción y tuviste la frescura de hacer lo que te daba la reverendísima gana.

Bueno, me quedo un poco largo…

A ti Pacifica, bienvenida a la pagina y a la vida. Pero ya sabes… aquí cada uno a lo suyo, esta el que es divertido en sus escritos, el sistemático, el que lo analiza, el que nos cuenta “aneldotas”, el historiador (y cada vez que pongo “el” me refiero también a “la”), el filosofo…. cada uno tiene su sitio. Pero nos debemos el respeto mutuo, un feroz amor a la verdad y el compromiso personal de ser muy sinceros con nosotros mismos.

Heidi Berger (21-3-2007).
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El Delito De Violar La Correspondencia

marzo 13, 2007

Ivan de ExOpus

El pasado 9 de marzo LULA trató en Opus Libros el tema tan importante de la violación de la correspondencia por parte del Opus Dei. Sus sentimientos la primera vez que le ocurrió fueron iguales a los míos. Él escribe:

La anécdota que recuerdo fue en mi primer Curso Anual (de vocaciones recientes). Mis padres me enviaron una carta la cual ME LA ENTREGARON ABIERTA!!!. El impacto, recuerdo, fue desconcertante… tremendo. No lo podía creer. Mi primer movimiento fue “rajarme” (disparar) ahí mismo.

Hizo falta charlas y explicaciones del director de turno…”la entrega total” de los afectos también, Bueno… con trabajo me calmé e intenté entender… y cambié mi modo por el otro modo… Pero recuerdo que a partir de ahí… y los años siguientes les pedía a mis padres que “mejor no me escriban” que hablaríamos por teléfono en todo caso…

Y lo que yo conté hace tres años:

Julissa, afirmas que “antes de entrar al Opus Dei, te dicen todo”.

Por ejemplo, a mí antes de hacerme de la Obra jamás me contaron que debía renunciar al derecho inviolable a la intimidad de la correspondencia. Cuando llevaba unos meses dentro (y ya me habían mentalizado lo suficiente de que la palabra del Padre era Vox Dei y de que lo que llegaba de él había que recibirlo de rodillas), durante mi primera convivencia me entregaron las cartas abiertas y me dijeron que las que escribiera se las tenía que dar al director sin cerrar; pregunto el porqué y “es una norma del Padre” y a obedecer o marcharse, lo que implicaba caer en el terrorismo espiritual antes expuesto de que el Padre dice que no da un duro por el alma de un hijo suyo que con vocación deje la Obra, de que el que deja la Obra además de perder la felicidad temporal casi seguro que pierde la eterna, de que prefería que le dijeran de un hijo suyo que se había muerto antes de que había dejado el Opus Dei, etc.; y eso cuando yo aún no había cumplido los 16 años. Y tragué en ese tema. ¿Cómo iba a dejar la Obra y ser infeliz eternamente a causa de algo tan insignificante como que el director pueda leer que mi madre me dice en una carta que el día anterior hizo unas rosquillas que estaban muy ricas?… Y así actuaron con todo lo demás, siempre poco a poco, presentándome paulatinamente cada nueva exigencia (que yo desconocía al pitar), apretando las tuercas sin descanso hasta conseguir hacer de mí alguien a quien se le pudiera pedir lo que fuera… Y así, pasito a pasito, permanecí atrapado durante casi 35 años hasta que providencialmente un día lo vi claro y me marché.

Con respecto al derecho inviolable a la intimidad de la correspondencia, no voy a ser yo quien “mienta” sobre como se vive en la Obra, dejemos que sea la propia Prelatura quien nos lo cuente:

“Los Directores, por su parte, tienen el derecho y el deber de evitar que lleguen a los miembros de la Obra escritos, cartas, etc., que, de algún modo, puedan causar daño a quienes las reciben, vengan de donde vengan. Por esto, entregar una carta abierta, o haberla leído antes, no constituye nunca una prueba de desconfianza: manifiesta sólo el deseo de evitar un perjuicio, una razón ascética o una medida práctica de ayuda en la labor de formación espiritual. […] “Quienes llevan poco tiempo en la Obra agradecen que los miembros del Consejo local se preocupen con cariño -es parte de la tarea de formación- de leer las cartas que reciban: para poder orientarles, y darles el oportuno consejo espiritual o apostólico.

“Estas mismas orientaciones se siguen con las cartas que envían los Numerarios y Agregados, fuera del ámbito de su tarea profesional: excepto las que escriban directamente al Padre, al Consiliario y al Delegado Regional, se entregan al Director abiertas.”. (Del capítulo titulado Correspondencia, de las “Glosas sobre la Obra de San Miguel.)

LULA también toca el aspecto del perjuicio a terceros que implica está política del Opus Dei, ya que quienes no son de la Obra y escriben a los de la Institución no saben que sus cartas van a ser leídas por unos desconocidos. Cuando una lectora de Opus Libros, Macodsa, quedó “asustada” al enterarse que esta práctica se había empleado con ella, hice una recopilación de los escritos en los que se le contestaba.

Todo esto nos lleva a que la violación de la correspondencia que se vive en la Obra se sale del ámbito intragrupal para transformarse en un delito contra toda la sociedad (ya que el que personas ajenas lean lo que cada cual escribe o recibe está tipificado como delito en los códigos penales de los estados en los que trabaja la Prelatura), a lo que se añade que para lograrlo ejerce una gran violencia (espiritual y psicológica) sobre los suyos; por lo que no sería extraño que en cualquier momento el aparato judicial de alguno de estos países actuara contra el Opus Dei —bien de oficio o por denuncia de algún afectado—, tal y como ha ocurrido con la multa de 60.000 euros que se le ha impuesto por mandar propaganda no solicitada.

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Los Forofos Supernumerarios Externos Del Opus Dei

febrero 3, 2007

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Me Da Vergüenza Haber Sido Parte Del Opus Dei

enero 3, 2007

Spider.

Querida Agustina y todos:

Hace casi exactamente un año caí “por casualidad” por estas paginas. Recuerdo que mi primera impresión no fue muy favorable hacia la web. Supongo que aun (aunque había salido hace casi diez años) todavía estaba “deslumbrado” por la imagen que durante 12 años recibí dentro de la obra constantemente.

[…]

Desde que salí de la obra, he tenido muchos sentimientos, algunas veces encontrados, sobre el hecho de haber estado en el opus dei tanto tiempo: orgullo, pena, tristeza, sensación de haber desperdiciado tiempo, sensación de no dar la talla….. etc. Me imagino que son los mismos que todos sentimos algún momento. Pero nunca, NUNCA, me sentí avergonzado de haber sido parte de la obra. Hasta hoy.

Acabo de terminar de leer el guión que les menciono [Guión orientativo para las clases de Catecismo de la Obra en las Convivencias de Supernumerarios de 2006], e inmediatamente escribo esto para poder expresar correctamente el sentimiento de profunda vergüenza que me embarga por haber sido parte de una institución que necesita casi veinte paginas para justificar una situación bastante difícil de hacer cuadrar, y encima lo hace de una manera tan ridícula y deleznable. Me avergüenza pensar el montón de veces que defendí convencidísimo argumentos tan ridículos como esos, de la misma manera ridícula de la que nos “mandaban” defenderlos. Me avergüenza haber tenido tan reducido el sentido común para no haber podido discernir y gritar !ESTO ES UNA TONTERIA¡ Me avergüenza pensar, que si siguiera dentro, cogería el dichoso guión, lo analizaría y lo explicaría con todas las trampas y tonterías que contiene, convencido de que servía a Dios, y lo peor de todo, sin darme cuenta del ridículo que hacía. Me avergüenza haber pertenecido a una institución en donde el sentido de lo intelectual y también el sentido común están tan por lo suelos.

Y como sé que para muchos de Uds. hay muchos otros temas mas trascendentes de los cuales avergonzarse, me explico: todas las aberraciones que se describen de la obra me entristecen, me entristece haber sido de parte de tanta iniquidad y no haber reaccionado. He tratado de reparar, en la medida de mis posibilidades, el daño causado. He pedido perdón a Dios muchas veces por haber sido tan ciego y haber faltado tanto a mis “hermanos y hermanas” mientras estuve dentro. Sentía (siento) tristeza y arrepentimiento. Pero ahora, al ver las tonterías que se argumentan y el modo de hacerlo, repito !ME DA VERGUENZA DE HABER SIDO PARTE DE ESO¡ (De una carta a Opuslibros de Spider.6-9-2006).

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