¿Se Respetan En El Opus Dei Los Derechos Humanos Fundamentales?

julio 20, 2007

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Iván de ExOpus

Reedición del publicado en Opus Libros el 27 de junio y 4 de julio de 2004

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El hombre es hijo de sus obras.

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

Respondo a quienes intentan demostrar la bondad del Opus Dei porque ellos son muy felices dentro:

Me alegro mucho por vosotros de que hayáis llevado una vida tan feliz en el Opus Dei, pero desgraciadamente eso vale de muy poco para saber lo que en realidad es la Obra (ser muy feliz en un grupo no sirve como criterio de bondad para ninguna institución) puesto que miembros felices los hay hasta en la sociedades más depravadas. ¿O acaso creéis que entre los asesinos de los campos de exterminio no hubo algunos que fueron muy dichosos por formar parte de esa institución? Seguro que los hubo.

Una sociedad no es buena porque algunos (o muchos o casi la totalidad) de sus miembros estén contentos en ella; a una sociedad se la puede empezar a considerar como buena cuando institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

Lo que escribo a continuación no lo hablo por otros, ni por lo que he oído o leído, sino que es fruto de mi propia experiencia durante casi 35 años dentro de la Obra.

Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta.

Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.

Utilizan lo que llaman la “corrección fraterna” como medio muy eficaz para mantener el dominio sobre sus miembros. La fundamentan, como verdad externa, en la frase de Jesús según la cual si ves un pecado en tu hermano debes corregirle. Ese medio es en apariencia una buena práctica, pero veamos como se utiliza, para conocer otra realidad oculta.

Una vez vista una falta en otro miembro, algo que te parece no estar de acuerdo con el espíritu de la Obra, has de contárselo a su director quien tiene la última palabra para que le corrijas o no. Es decir:

1 – Casi nunca corriges pecados normales (los que todo el mundo entiende por pecado) sino que se utiliza sobre todo para aquello que no es afín al espíritu de la Obra (que previamente te han mentalizado cual es).

2 – Bajo la verdad externa de que se consulta al director de la otra persona, para que sea él quien juzgue la procedencia de esa corrección, subyace otra realidad que es que así los directores siempre pueden mantener un control de la conducta de sus dirigidos al estar permanentemente informados sobre lo que hacen y dicen que pueda ser disonante con la Obra. Con la corrección fraterna los ojos de todos los miembros de la Prelatura se convierten en los de tu director inmediato, quien a su vez, si procede, informa al director superior (por lo que de una falta que cometas hoy, el Prelado puede tener mañana un informe sobre la mesa de su despacho).

Voy a poner un par de ejemplos de correcciones fraternas tomadas de mi propia vida.

En una ocasión comenté ante varios que me gustaba mucho el libro “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach. Un par de horas más tarde me hicieron una triple corrección fraterna: Porque no había mirado ese título en el índice interno de libros que la Obra lleva, puesto que allí se indica que no se puede leer. En segundo lugar, por haberlo leído sin las prevenciones oportunas de conocer antes si podía hacerlo, lo que podría haber perjudicado a mi alma. Por último, por escándalo a los demás, por la publicidad dañina que hice de él ante quienes no deben leerlo y a los que mis palabras les podrían llevar a pensar que era bueno, dando ellos por supuesto que yo lo había comprobado previamente (en ese índice).

Otro caso. Los agregados teníamos una meditación un día fijo a la semana, seguida de una tertulia durante la cual el sacerdote (el designado para nosotros) nos iba confesando sucesivamente (íbamos a él según el orden de colocación en la tertulia). Pues bien, en una ocasión no me confesé allí en dos semanas consecutivas. Nada más terminar la tertulia del segundo día, me vino uno para hacerme la corrección fraterna de que había que confesarse semanalmente con el sacerdote establecido y que si en alguna ocasión, por motivos de fuerza mayor, lo hacía en otro lugar, que después de la meditación, cuando me llegara el turno, me pasara a saludar al sacerdote (aunque no me confesara) para así no causar escándalo en el resto, que se daban cuenta de que yo no me había confesado.

La gente entra en la Obra sin saber los términos específicos de su entrega; después, poco a poco, se les crea una tupida red de miedos, culpas, fobias y temores (sobre todo a perder la felicidad temporal y eterna si dejas el Opus Dei) lo que permite enajenarles con facilidad de muchos derechos fundamentales. Por ese medio, a grandes rasgos, a los miembros del Opus Dei (en especial a los numerarios y agregados) se les expolian los siguientes derechos:

1 – Derecho a la libre información y a su intimidad personal: Diciéndoles lo que pueden de leer o no, los programas de televisión que pueden ver o no; les leen la correspondencia que reciben y envían, etc.

2 – Derecho al pensamiento libre: Obligándoles a no tener la mínima duda sobre su vocación: “De la vocación no se puede dudar, es intocable”, te repiten desde que pitas. A suprimir cualquier crítica sobre la Obra o sus directores (por ejemplo, es algo grave y que atenta contra la unidad del Opus Dei comentarle a otro que te agradaba más el director anterior que el actual), etc.

3 – Derecho a la conducta libre: Controlándoles amistades, esparcimiento, adónde pueden ir o no; impidiéndoles asistir a espectáculos públicos; exigiéndoles confesarse semanalmente (con o sin pecados) con el sacerdote del centro, imponiéndoles el director espiritual (que es un laico independiente del confesor), obligando a que esa dirección espiritual sea cada semana (porque te buscan, persiguen y fuerzan a tenerla si tú no vas dócilmente a ella), imponiendo que a ese laico le cuentes todo, todo, todo, y en especial y en primer lugar lo que te molestaría contar (aunque ello sea algo tan tonto como que has deseado entrar en un cine a ver Heidi), etc.

4 – En lo económico te fuerzan a un estado de indigencia total: En vez de agradecerte el dinero que das al Opus Dei, te dicen que el sueldo que cobras, desde antes de recibirlo, ya no es tuyo sino de la Obra, quien como “buena madre” vela por ti y te da lo que necesitas para subsistir (que ella previamente ha aprobado). Has de apuntar todos los gastos que realizas, hasta el más mínimo, y entregárselos al director en los cinco primeros días de cada mes. Con cualquier bien mueble (el coche) o inmueble que ha de figurar a tu nombre has de firmar un contrato de venta en blanco (sin datos del comprador ni fecha de venta) para que en cualquier momento ellos puedan rellenar esos datos y cambiarlo de dueño (lo hacen así para no cargar fiscalmente a la Obra, porque si no directamente te quitarían su propiedad). ¡Buen truco para que ante los de fuera parezca que tienes algo! Y cuando dejas la Obra te marchas sin nada (cuando lo haces no te dan ni para el metro). ¡Buen truco para mantenerte atado dentro!

5 – Derecho a los sentimientos libres: Sólo puedes poner el corazón en la Obra y en lo que a ella le conviene. Por ejemplo, has de amar al Prelado (a quien te hacen llamarle Padre, lo que sustituye en ti al que te dio la vida), a quien nunca has tratado, con el mismo cariño humano que sientes por tu propio padre o madre, etc.

6 – Derecho a una madurez humana y psicológica equilibrada: En el trato personal con el resto de los miembros has de evitar las fricciones, siempre has de sonreir, has de mantener una máscara de felicidad permanente. Si algo te molesta de otro has de hablarlo con el director y si procede recurrir a la corrección fraterna, nunca al planteamiento personal directo. Eso te lleva a vivir una intimidad de “invernadero”, ficticia, que notas muy claramente cuando sales de la Obra y has de crear una relación de pareja, en la que te sientes como un extraterrestre.

Por otra parte, dependes de ellos hasta en lo más mínimo. Has de comprar ropa acompañado de otro. Todos tus gastos te los han de aprobar antes de recibir tú el dinero. Has de consultarlo todo (te dicen que el director tiene gracia de estado por lo que tú nunca te equivocas obedeciendo) lo que te hace ser un dependiente psicológico. En la obra te permiten desarrollar facetas intelectuales (que no choquen con ellos) pero no los sentimientos y la independencia psicológica.

7 – Derecho a tener amigos dentro de la Obra y a continuar la amistad con los que lo eran tus amigos antes de incorporarse a ella: En el Opus Dei está establecido institucionalmente que no han de existir amistades particulares. Lo que ellos llaman amistad particular es lo que todo el mundo entiende como amistad a secas. No puedes tener un amigo de la Obra en quien confiar lo que tú desees y pensar que después te guardara el secreto, puesto que la corrección fraterna, de la que hablé antes, lo impide. Cualquier cosa que cuentes a otro puede acabar en el director y si es algo sobre discrepancias con la institución (aún mínimas) o dudas de vocación, seguro que acaba siendo escuchado por el director.

Cuando un amigo tuyo pita has de dejar de ser amigo de él. Como suena, por decreto tenéis que dejar de ser amigos porque hay que emplear esas energías en buscar otros amigos para acercarlos a la Obra. Para facilitarlo os separan cuanto antes, trasladando a uno de los dos a otro centro. A ese expolio de la amistad ellos lo llaman entregar los amigos a Dios, pero en realidad lo que busca es que su poder de manipulación no se diluya. Al no poder comunicar con nadie de dentro tus inquietudes (y menos con los de fuera), siempre estarás al arbitrio de lo que los directores te digan. Las cosas íntimas se consultan con el director, te dicen, y de esa manera se aseguran que recibas sólo las campanadas que ellos tañen. (Por lo mismo, tampoco pueden estar en el mismo centro dos hermanos de sangre, si ambos son de la Obra.)

La amistad en la Obra es sólo un instrumento para captar a la gente. Nunca para el enriquecimiento personal de sus miembros. Por eso los que pensabas que eran tus amigos en cuanto te vas de la Obra te ignoran: porque en realidad nunca han sido tus amigos.

Si eres de la Obra y quieres mantener un amigo, has de evitar que pite.

8 – Derecho a elegir la vocación a la Obra: Tú no eliges a la Obra, es ella quien te elige a ti. Te acercas a la Obra en busca de espiritualidad y por el buen ambiente humano que allí se respira y cuando menos te lo esperas aparece el numerario de quien eres amigo y que te llevó allí, el director, el cura y quien imparte los círculos (un medio de formación) y todos a una te plantean que tienes una vocación que tú no acabas de ver clara y terminas pitando, más que nada, para descansar de esa presión psicológica.

Es imposible que una persona elija su vocación a la Obra porque ellos no la muestran en sus detalles importantes; a ti tan sólo te cuentan que por Dios has de entregarlo todo y que se materializará tal y como ellos te dirán después (pero nunca piensas que en ese “todo” que das se incluyen derechos inviolables). Por lo tanto, si tú no puedes saberlo han de ser ellos quienes vean si les sirves o no y en caso afirmativo quienes te empujen adentro.

9 – Derecho a elegir salirte de la Obra: En realidad, la expoliación de todos los derechos enumerados en los otros apartados buscan este fin. Lo único que a la Obra le importa es llenarse de gente que les sea útil y que les duren hasta la muerte. Para conseguirlo hacen lo que haga falta, incluyendo que el fin justifique los medios.

10 – Derecho al dialógo sobre la Obra: Parece como si para ellos el Opus Dei además de traducirse como “La Obra de Dios” también significara “La Obra es Dios”, puesto que dialogar lo entienden como dar las vueltas que haga falta y durante el tiempo que sea preciso hasta lograr que el otro termine aceptando totalmente lo dicho por ella, sin ellos ceder un ápice ni reconocer un error.

“Toda institución en la que intervienen los hombres es imperfecta”, decía el Fundador del Opus Dei refiriéndose a la Iglesia, y tenía toda la razón del mundo, por eso la Iglesia se abre al diálogo. ¿Y la Obra no es imperfecta?

11 – Como haré ver más adelante con un aspecto muy significativo, para el Opus Dei los derechos adquiridos por sus miembros a través de la Prelatura sólo existen mientras benefician a la Obra (directamente y exclusivamente) y les son enajenados en cuanto no es así, sin temblarle el pulso por el perjuicio que ello produce en el individuo, en la sociedad y en la Iglesia Universal.

Muchos numerarios y agregados hemos aprobado dentro de la Obra los estudios eclesiásticos oficiales de la Iglesia (menos una asignatura menor que la Obra no te deja cursar excepto en el caso de que te vayas a ordenar como sacerdote de la Prelatura).

En el mes de permiso anual del trabajo los agregados se desplazan a los lugares que les asignan los directores para permanecer durante 25 días en lo que se llama internamente como “curso anual”, porque allí se cursan asignaturas de filosofía y teología. Mientras que el resto de sus compañeros, que no son del Opus Dei descansan, los de la Obra continúan trabajando, en este caso estudiando y con intensidad.

Esas asignaturas son idénticas a las que la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra imparte públicamente en sus aulas de Pamplona; universidad que es de la Iglesia y de la que la Iglesia es la última responsable por ser “suya”. Por supuesto, esas clases son dictadas por profesores cualificados por la citada universidad.

En esos cursos anuales, conforme los alumnos van cursando las asignaturas, se realizan los exámenes pertinentes en los que hay que obtener una calificación de notable o sobresaliente para superarlas. Esa es la única diferencia que existe con los exámenes que se realizan en las aulas públicas de Pamplona en donde a los alumnos matriculados allí les basta con obtener la nota mínima de aprobado para pasar cada materia.

Esa diferencia con los miembros de la Prelatura radica en el empeño que el Fundador del Opus Dei tenía de que los de la Obra estuviéramos más cualificados que los demás en esas materias, por lo que estableció que en todas las asignaturas eclesiásticas que cursara un miembro de la Obra debían obtenerse calificaciones de notable o sobresaliente para considerarlas como superadas.

Al final de cada curso anual se realizan las actas oficiales de cada materia en donde figuran aquellos alumnos que las han rendido, son firmadas por los respectivos profesores y se remiten a la Universidad de Navarra (en algunas ocasiones yo he escrito a máquina esas actas, en las que están en latín tanto el texto como todos los nombres incluidos en ellas, y se las he pasado después a los profesores para que las firmen).

En determinadas ciudades también se cursan esas asignaturas durante el resto del año (hablo de España).

De esa manera, poco a poco, año tras año, finalicé esa carrera universitaria. Son unos estudios tan, tan, tan oficiales que de un día para otro me podría haber ordenado sacerdote dentro de la Obra (en lo que respecta a los estudios que la Iglesia exige para ello, puesto que esa asignatura menor que me faltaba por terminar, de la que antes hable, se rinde en menos de una semana de estudio).

O sea, que sí me voy a ordenar como sacerdote del Opus Dei hay una universidad con reconocimiento público (civil y ante la Iglesia) que es la Universidad de Navarra que admite que yo he realizado todos los estudios eclesiásticos que ella imparte, puesto que me ha examinado de todas las asignaturas que componen esa licenciatura y en las cuales la nota mínima que he obtenido ha sido de notable.

Veamos lo que ocurrió cuando me fui de la Obra. Solicité un certificado de esos estudios y me respondieron que no me lo podían dar porque son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra”.

Hay una realidad: Yo tengo aprobadas las asignaturas de la licenciatura eclesiástica en filosofía y teología por la Universidad de Navarra.

Ante este hecho la Obra aplica dos “verdades”:

1 – Que ese derecho existe para ordenarte sacerdote dentro de la Prelatura (con lo que admiten que lo poseo).

2 – Y la otra, una “verdad falsa” de que son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” (que la Obra quiere hacer pasar como verdadera con el subterfugio mental de crear unas palabras que sustituyan a la realidad), lo que, sin temblarles el pulso, les permite enajenarte de un bien únicamente tuyo y arduamente adquirido con un esfuerzo continuado durante muchos años (en el tiempo en que los que no son de la Obra, como antes dije, descansaban de su trabajo habitual).

Hay que considerar que el expolio de ese bien produce los siguientes perjuicios:

1 – A las personas damnificadas. Puede servir para incluirlo en su currículum profesional para mejorarlo y poder obtener puestos de trabajo más cualificados. Al ser un título universitario te priva de los beneficios de su ejercicio, como puede ser dar clases de filosofía o religión. Hay muchos agregados sin otra titulación universitaria y de esa manera se les priva de ser universitarios de grado superior, etc.

2 – A la sociedad civil, puesto que la priva del bien que puede obtener de personas poseedoras de esa cualificación.

3 – A la Iglesia Universal, al expoliarla del beneficio que sus hijos pueden revertir en ella si disponen de esa titulación (a la que esas personas tienen derecho, todo el derecho del mundo) cómo puede ser, además de lo anteriormente visto para la sociedad civil, disponer de la capacidad de ordenarse sacerdote en cualquier diócesis del mundo sin necesidad de tener que realizar de nuevo esos estudios. Tengo constancia de que un exmiembro de la Prelatura decidió ordenarse como sacerdote en una diócesis de España y tras reiteradas instancias a la Obra por parte de su obispo le fue entregado un certificado de los estudios eclesiásticos cursados por él mientras perteneció al Opus Dei (con lo cual se ratifica todo lo que estoy diciendo aquí: que dicha persona había realizado esos estudios y que hasta ese momento la Obra se negaba a reconocerlo); esa situación que la Obra hace ser excepcional se corresponde, por el contrario, con un derecho inalienable de las personas que no puede ser manipulado por nadie.

No es justo tener que suplicar a otros la limosna de un bien que por derecho nos corresponde (y que se niega a entregar).

Analicemos lo que ese comportamiento de la Obra nos dice sobre sí misma:

1 – Que no les importan los derechos de las personas, tan sólo existen los derechos de su institución. 2 – Que no les importa el bienestar de las personas, tan sólo existe el bienestar de su institución.

3 – Que no les importa el bien de la Iglesia Universal, tan sólo existe el bien de su iglesia particular.

4 – Que fuerzan a que una universidad pública (como la de Navarra) tenga un “sótano”, oculto a la mirada de todos, en el que se guardan los expedientes de los estudios realizados por los miembros de la Prelatura, para poder utilizarlos ellos a su gusto como si fueran de la Obra en vez de quien los estudió.

5 – Como la Iglesia es la última responsable de esa universidad (por ser una universidad de la Iglesia) con esa expoliación de derechos adquiridos por las personas están haciendo que sea la Iglesia Universal quien cometa ese atropello.

6 – Que no les importa el bien de la sociedad, mientras que no sean ellos quien les suministre ese “bien” y manufacturado a su capricho.

7 – Que se demuestra, una vez más, que para el Opus Dei el fin justifica los medios.

8 – Que ante los talentos de sus miembros la Obra dice: “O para mí o para nadie”.

Por supuesto, todo lo dicho con anterioridad es válido también para aquellos que hayan realizado esos estudios parcialmente (que hayan aprobado diez, veinte o tan sólo una asignatura) ya que el derecho del que hablamos es el mismo en todos los casos.

Una idea repetida en las meditaciones y charlas que se dan dentro de la Obra es que la vocación al Opus Dei es tan importante y tan grande que muy posiblemente Dios no nos habría creado si no hubiera sido porque nos iba a conceder esa vocación; y consecuentemente a ese pensamiento actúan cuando te marchas del Opus Dei: Cómo te vas –parecen decirte con sus obras–, te retiramos la existencia de todo aquello que está en nuestra mano porque así actuaría Dios en nuestro lugar.

Si yo no hubiera sido del Opus Dei y alguien me cuenta lo que estoy escribiendo, sin darme el nombre de la sociedad que actúa así, sin dudarlo habría dicho que se trataba de una estructura comunista, puesto que en las entrañas de la filosofía del comunismo está que las personas carecen de derechos individuales a costa de la institución que las gobierna, que los posee todos y en exclusiva.

Imaginemos que al Fundador del Opus Dei le hubiera dado porque todos los numerarios y la mayoría de los agregados estudiaran en la Universidad de Navarra, además de la carrera Eclesiástica, las de Derecho y Medicina con una nota mínima de notable en cada asignatura y que muchos hubiéramos finalizado las tres carreras. Al salirnos de la Obra habríamos tenido que dejar también de ser abogados y médicos, profesiones que pudimos ejercer durante el tiempo que estuvimos dentro del Opus Dei pero no al marcharnos puesto que al ser “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” en el momento de dejarla nos habrían negado esos títulos universitarios. ¡Y entonces a trabajar solamente como picapedreros en las minas de carbón!

12 – Otro derecho humano vulnerado (que lo pongo al final no por considerarlo el menos importante sino porque alguno ha de cerrar la exposición) es que aplican esa violencia espiritual y psicológica en jóvenes que por su inmadurez están incapacitados para discernir y reaccionar. A partir de los 14 años y medio pueden pedirte pitar. Yo tenía 15 años cuando pité. (Para más información leer mi carta de fecha 16 junio de 2004 en donde ahondo en alguno de estos temas.)

Termino repitiendo la idea del principio: Encontrarse muy feliz en un grupo no es indicativo de su bondad, para saberlo hay que comprobar si ese colectivo institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

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La Vida, Muerte Y Salvación Materna De Un Adolescente En El Opus Dei

febrero 25, 2007
Energía.

Hola a tod@s:

Yo también quiero contar mi experiencia con el Opus Dei, supuesta obra de Dios, mal gestionada por la mano del hombre.

Para poneros en antecedente, decir que mis padres eran empleados de una empresa de la que eran propietarios miembros de “la obra”, mis padres son católicos por costumbre, y por aparente creencia, no obstante son muy mayores para justificar por qué creen en Dios, es lo que se les ha inculcado desde muy pequeños y punto.

Soy el pequeño de cuatro maravillosos hermanos, todos ellos muy currantes, pero que a ninguno le gustó en su vida estudiar, uno de ellos convive con su pareja desde hace 18 años, pero nunca se casaron, viven en pecado, además ella es divorciada, por lo que están condenados al fuego eterno, ese es el más pequeño de mis tres hermanos, y al que siempre me he sentido más unido, tal vez por la cercanía de edad, tal vez por nuestra similitud de carácter, no lo sé.

Mi historia comienza cuando mis padres empiezan a trabajar para esta empresa de “la obra”, yo ya era el último de mis hermanos viviendo con mis padres, ya que por un despiste de la naturaleza, nos llevamos muchos años entre mi hermano mayor y yo (podría ser mi padre) y también nos llevamos muchos años entre el más pequeño de mis hermanos mayores y yo, en definitiva, que no recuerdo haber vivido con mis hermanos.

Con 6 añitos, y debido a la nueva cercanía de mis padres al opus dei, entré en un colegio privado del opus dei, ya que sería una gran oportunidad para mí, en vez de el colegio público al que asistía, cosa que en su mayor parte agradezco, ya que veo como han acabado muchos de mis antiguos compañeros del colegio público y veo como comienzan las vidas de otros muchos del colegio del opus (no es por desprestigiar la educación pública, que también está muy bien, pero hay que ver los condicionantes sociales del entorno y demás para poder juzgar).

Pues en definitiva, mas o menos fui un niño feliz en mi nueva escuela, aunque me costó adaptarme, mi nivel social era bastante inferior al de mis compañeros, yo llevaba al colegio mochilas de segunda mano mientras ellos llevaban lo último en cuánto a material, estuches, mochilas, recuerdo que un año llevé una mochila rosa chicle que heredé de mi prima, eso sí que era hacer un “Vía Crucis”.

Llegamos a cuarto de EGB y ahí comenzó nuestro perpetuo acercamiento a Dios con los campamentos organizados por uno de sus clubs juveniles, al que iba todos los fines de semana durante el año escolar y por supuesto a los diversos campamentos, y salidas y viajes que se hacían en los periodos vacacionales, pero en octavo, plena edad del pavo, no tuve ninguna gana de pasarme por allí, me ví enredado en una serie de problemas personales: falta de confianza con mis amigos, desplantes, malas jugadas, probablemente debidas a mi condición social, yo no era digno para salir con ellos, ellos llevaban camisetas y vaqueros de marca y tenían dinero para gastar en lo que quisieran, yo llevaba el dinero para el bus, y veinte duros por si tenía que llamar por teléfono o algo.

En 1º de BUP al comenzar el curso las cosas no marchaban bien en casa, mi madre amenazaba con “irse de casa con los pies por delante” y sufría una depresión importante que a mi padre le costó encajar, y yo, machanguito de 14 años me estaba chupando toda la problemática que rodeaba a mis padres y comencé a coger confianza con un profesor del colegio, que casualmente era miembro numerario del opus dei, y la verdad es que él me sugería una confianza, una paz interior que hizo que me acercara a él tanto que se convirtió en mi mejor amigo, hasta que un día me dijo: “¿Por qué no te vienes por el club? hace mucho que no vienes, ya verás, hemos arreglado muchas cosas, y seguro que hay mucha gente que se alegra de verte por allí”, esa fue mi escapatoria perfecta del entorno de mis padres, salía del colegio a las 4 de la tarde y me iba directo al club, dónde hacía mis deberes y estudiaba en su sala de estudio, era perfecto porque venía llegando a casa a eso de las 10 de la noche, por lo que duchita y a la cama, no hacía vida familiar, pero sin yo saberlo, me había convertido en un “pitable”, y pité en 1995.

Al principio todo fue muy bien, intentaba seguir, como buen adscrito, las normas de piedad a raja tabla, pero mis amigos volvieron a acercarse a mi, y me invitaban a fiestas de cumpleaños con chicas a las que yo iba sin consultar a mi director espiritual y ni al director del centro, de hecho a una de ellas fui directamente desde el centro, y me preguntaron que a dónde iba y les conteste con total naturalidad que iba a la fiesta de cumpleaños de una amiga a lo que contestaron que yo no debía ir, pero aún así fui ya que me estaban esperando y no tenía modo de ponerme en contacto con ellos para decir que no podía ir.

Por supuesto al siguiente día, en el club, me llamó el director del centro para hacerme una corrección fraterna que a mi no me pareció justa, yo se lo argumenté diciendo que el que yo hiciera vida social con chicos y chicas no influía en mi decisión con respecto a seguir a Dios como numerario, pero mis argumentos no sirvieron de nada, a partir de ahí me mantenían ocupado al máximo, ayudando con los más pequeños del club, de modo que ya no tenía nada de vida social fuera del club, les recuerdo en todo caso que estamos hablando de un chaval de unos 15 años.

Luego vino la parte de la dirección espiritual semanal, en la que yo le comentaba a mi director espiritual las cosas “malas” que había hecho, y él siempre, siempre me preguntaba: “¿y no te masturbas? no hay que tener miedo de contarlo todo”, yo, a pesar de tener 15 años y estar en plena pubertad, no había descubierto la masturbación, no sé por qué, simplemente aún no había tenido curiosidad, y semana tras semana surgía la misma pregunta a la que yo contestaba negativamente y mi director espiritual insinuaba falta de sinceridad por mi parte, hasta que una vez decidí contestarle que sí (sin haberlo experimentado) para ver si dejaba de dar la plasta con el tema, y su respuesta fue nada más y nada menos que: “¡¡Menos mal!! ¡¡Ya pensaba que ibas a ser mariquita!!”. Yo no sé si llegáis a imaginar como se puede sentir un chaval de 15 años, cuando está en pleno proceso de maduración, de reconocimiento de sí mismo, cuando la persona a la que le confía sus más íntimos secretos le confirma que es mariquita por no haberse masturbado nunca, claro que él no sabía que me estaba confirmando que yo era mariquita, y les recuerdo que ya desde pequeño llevaba una mochila rosa chicle al colegio, cosa que me creó bastantes problemas entre mis compañeros, por lo tanto éste personaje que dirigía mi vida espiritualmente me acababa de confirmar lo que mis compañeros del colegio decían “soy mariquita”.

Gracias a Dios, siempre tuve muy buena comunicación con mi madre, y a pesar de que ellos me dijeron que no contara que había pitado, que era posible que mis padres no lo entendieran, y que ante todo tenía que defender mi vocación pues yo se lo conté y mi madre lo único que me dijo fue que no me preocupara que siguiera adelante si era lo que yo quería y un dicho que ella dice muy a menudo “abre el ojo y esparrama la vista”.

El tema de mariquita quedó bastante dentro de mi, además, a partir de ahí comencé a alejarme de mi madre y a hacer anotaciones en mi “agenda espiritual” de mis sentimientos, además de el examen de conciencia diario, la confusión era muy amplia, además a mi me habían enseñado en el colegio que la homosexualidad era una enfermedad y un pecado grave. Además lo triste de esto, es que alguna vez me sentí atraído por un tío, no a modo sexual, pero sí de llamarme la atención su mirada, o decir ese tío es guapo, sin embargo es muy distinto a lo que puedo sentir por una mujer y es que la fórmula química hombre-mujer también funciona en mi interior, por lo tanto en ese momento de mi vida ya no sólo tengo una enfermedad mental, sino que soy un degenerado !!me gusta todo!!

En resumidas cuentas, que esto se va haciendo largo, una noche mi madre me pilló llorando y dándome cabezazos contra la pared de mi habitación, se asustó bastante, según dice parecía que estaba fuera de mi, ya que la coronilla sangraba y yo seguía en mis trece, golpeando la pared, y ese fue el momento en que mi madre se dio cuenta de que algo grave pasaba.

Después de pasar toda la noche intentando calmarme, consiguió sonsacarme el problema, y al día siguiente no fui al colegio, me llevó a su psiquiatra, les recuerdo que mi madre sufre de depresiones y crisis de ansiedad, y estuve acudiendo durante casi dos años, aquélla semana no fui al colegio ni al club, mi madre había dicho que estaba enfermo en cama; mi padre no se enteró de nada de lo ocurrido hasta hace unos pocos meses, mi madre se las ingenió para que, ayudada por el psiquiatra todo saliera bien, estuve medicado durante mucho tiempo (viva el Ribotril); mi madre me decía que las cosas había que hacerlas bien, ya que hacerlas mal podría implicar un cambio drástico en mis notas e incluso en la situación laboral de ellos, así que yo seguí acudiendo al club, pero faltaba bastante a los círculos, tanto a los de los adscritos como a los de san Rafael, acudía a alguna meditación, pero cada vez pasaba menos tiempo por allí, hasta que un día me dijeron que me sentara a hacer oración en el oratorio, y que le preguntara a Dios si realmente esa era mi vocación, y fue justo ahí cuando vi mi liberación después de, no media hora, sino una hora sentado en el oratorio imaginando mi nuevo comienzo y la alegría que le daría a mi madre, salí directo a dirección y le dije al director que efectivamente él tenía razón, que esa no era mi vocación.

A mi me quedaba ese año para terminar 3º de bachillerato y al año siguiente COU, mi madre se empeñó en que yo tenía que acabar mis estudios en ese colegio aún habiendo visto lo que había vivido, pero ella pensó que ya estaba a salvo, así que seguí escolarizado hasta finalizar COU con 5 suspensos en junio y 3 en septiembre, aún habiendo visto mi madre que me “partí el culo” a estudiar, tendría que repetir COU, pero estaba claro que ellos no me querían allí, y yo tampoco les quería a ellos, por cierto, mi padre perdió su puesto de trabajo durante este periodo de transición, en 1998, yo acabé mi escolarización en septiembre de 1999.

A partir de ahí me desgané con los estudios así que hice el COU a distancia, que por cierto aprobé con bastante buena nota, conseguí un trabajo de camarero, y a pesar de estar dedicándole poco tiempo debido a mi jornada laboral, decidí que no haría la selectividad porque no quería estudiar más.

Ahora trabajo para una empresa en la que el propietario es cooperador de la obra, acude a círculos y me invita a cursos de retiro, meditaciones, además la mayor parte de mis compañeros son numerarios, agregados, en fin hay de todo un poco, de hecho trabajo con aquél que se conviritió en mi mejor amigo y por el que pité, sin embargo nunca me atreví a contarle a él la trama de mi vida, y sigo viendo como a mi alrededor se hace daño a gente que no lo sabe, que los hilos que manejan esta tela son muy fuertes, y que a pesar de lo que he vivido con ellos, y lo que sé de ellos, sigo dependiendo de ellos, porque ahora mis padres están jubilados, yo aún vivo con ellos, y además tengo una hipoteca que pagar. Cierto es que me gustaría alejarme todo lo posible, pero también es cierto que están en todas partes, y manejan gran parte del cotarro.

Siento que la historia no esté lo suficientemente bien redactada, hay muchos detalles que contar, pero uno no sabe como colocarlos, en fin, yo estoy en un lugar en el que podría evitar muchas cosas, pero no soy lo suficientemente valiente como para moverme del sitio en su contra por pura y dura conveniencia económica. Actualmente vuelvo a estar con ansiolíticos (viva el Alapril), aunque algo mas suaves que el Ribotril, pero me despierto todas las noches, no sé porqué a las 4 de la madrugada, con pesadillas absurdas, porque si las cuentas la gente no entiende dónde estás la pesadilla, pero son sueños angustiosos que hacen que te despiertes con taquicardias y que consiguen que, aún dopado de Alapril, no vuelvas a conciliar bien el sueño durante lo que queda de noche, mi carácter está cada vez más agrio, y me siento como culpable de algo, es una sensación que tampoco sé explicar, pero que no le deseo a nadie.

Por supuesto, mi nombre es un pseudónimo, y tal vez he dado demasiados datos demasiado explícitos, aunque lo he evitado en todo lo que he podido.

Por cierto, también recalcar que por triste que parezca, aquél director espiritual se fue a Roma y actualmente es sacerdote, hace unos años le escribí una carta a Bruno Buozzi recriminándole sus actos para conmigo, nunca recibí respuesta, y la verdad es que nunca supe si él llegó a recibir la carta, pero espero que Dios le dé la sabiduría suficiente para que sepa poner las palabras de un modo adecuado y no destroce la vida de ningún pobre adolescente.

Actualmente soy casi todo lo contrario a aquél niño, que pitó en 1995, tengo que agradecerles mucho, gracias a ellos actualmente como, pago mi hipoteca y ayudo algo a mis padres, aunque por culpa de ellos la idea del suicidio pasó por mi cabeza siendo un niño, mi segunda vida se la tengo que agradecer a mi madre que a mí me dió a luz dos veces. Trabajo con ellos y no puedo dejar mi trabajo hasta que aparezca otro que me dé la misma aparente seguridad que tengo en este, pero sigo buscando y no voy a dejar de hacerlo, a veces pienso que padezco algo del Síndrome de Estocolmo, porque ni con ellos ni sin ellos.

También les tengo que agradecer que socialmente me he abierto mucho y tengo muchos muchísimos amigos, pero que soy incapaz de intentar buscar a la mujer de mi vida por miedo a hacerle daño, por miedo a manejarla como ellos en principio manejaron mi vida y la de los míos, por miedo a que me puedan manejar, por miedo a hacer daño o a que me lo hagan.

Actualmente ante ellos simulo estar en perfecto estado, pero no lo estoy.

Acabo de darle hacia arriba al cursor y he visto que he escrito bastante, así que ya tengo el primer capítulo de “La vida, muerte y salvación materna de un adolescente en el Opus Dei”, que pena que no sea buen redactor.

Gracias por leerme, me ha venido muy bien desahogarme del todo y, por cierto, si alguien conoce algún trabajo medianamente bien remunerado de administrativo que me avise ;)

Energía.

——oOo——

NOTAS DEL EDITOR:

1. Puedes anunciar tu solicitud trabajo en el Blog ExOpus.Net.

2. Esta carta vino acompañada con un comentario al que podéis acceder pulsando aquí.

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Sobre La Libertad De Pertenecer Al Opus Dei

enero 29, 2007

Ivan de ExOpus

El acoso al que son sometidos quienes se acercan a la Obra y la inmadurez por poca edad de la mayoría hacen que se carezca de la libertad esencial para algo tan importante como es entregar toda tu vida al celibato, a la pobreza y a la obediencia que se exige en el Opus Dei (que se resume en lo que allí cantan: que nadie me robe el derecho de no tener ya nunca ningún derecho).

Y después, nada más pitar (pedir la admisión al Opus Dei), te explican que es una falta grave cualquier diálogo con la tentación en materias de fe (en los directores, en la santidad del Opus Dei, en que no has de fiarte de tu juicio sino del de los que mandan, etc.), de pureza (lo que transforma a los de la Obra en unos auténticos neuróticos sexuales. Pongo un ejemplo de una situación que varios me contaron en la dirección espiritual y con un final distinto para cada uno: «estaba sentado en el metro / autobús y a mi lado lo hizo una joven lo que me perturbó tanto que [fin de la narración del primer grupo] me tuve que levantar inmediatamente, [fin de la narración del segundo grupo] me hace pensar que he pecado por no levantarme, [fin de la narración del tercer grupo] me ha llevado después a tener tentaciones de pureza»), y de vocación (has de rechazar cualquier pensamiento, sentimiento, trato con quienes te indiquen algo que no coincida con lo de ellos, no has de leer nada que pueda llevarte a dudar de tu camino, sólo debes confesarte con sacerdotes de la prelatura, etc.).

A la poca libertad que tuviste para hacerte del Opus Dei (que sí se tratara de un matrimonio recibiría ipso facto la nulidad) se le une el que no puedes replantearte nunca más el acierto o no de aquella decisión o la posibilidad de salirte (tentaciones gravísimas contra la vocación), lo que transforma al Opus Dei en una inmensa cárcel de invisibles barrotes psicológicos y espirituales pero mucho más eficaces que los de acero, ya que te han hecho creer que pertenecen a Dios, son íntimos, van siempre contigo y no necesitan de ningún otro guardián.

Cuando te encuentras mal y planteas alguna duda vocacional, el director de turno saca la etiqueta prefabricada para este caso de que «es una obligación grave para los directores echar de la Obra a quien carece de vocación, por lo que sí te decimos que la tienes es porque la vemos en ti. Tus dudas sólo son una tentación. ¡No te dejes llevar por tu juicio y confía en los directores!». Y más de la misma esclavitud. Para tu vocación no existes en el Opus Dei, solamente hay cabida allí para los que te mandan.

Ante esta falta de esa libertad práctica (que paradójicamente el Opus Dei tanto predica como existente) la única posibilidad de abandonar la Institución es por una fuerza externa a ti que te arranque de ella.

Aunque profundizaré en escritos posteriores quiero finalizar exponiendo las fuerzas principales que sacan de la Obra, que a su vez son las que dan origen a los prototipos de ex Opus Dei.

La gente es arrancada del Opus Dei por el corazón (lo más frecuente), porque se enamoran de alguien o porque tienen un «calentón» con los de dentro al ser llevados al límite de lo soportable; por la cabeza, cuando descubren el lado oscuro del Opus Dei; por enfermedad; y porque la Obra les echa.

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La Confidencia En El Opus Dei

enero 27, 2007

Ivan de ExOpus

La dirección espiritual en el Opus Dei (confidencia) se hace habitualmente con un laico: tu director inmediato, y no es algo elegido por ti sino que te es impuesto (a pesar de las disposiciones eclesiásticas en contra).

Esa costumbre reúne las siguientes características:

1. Como el director no es elegido por ti, no es frecuente que a priori se dé empatía entre ambos.

2. La persona que conoce todo, todo, todo, sobre ti y tus circunstancias es alguien de quien tú no sabes nada, nada, nada (pues aunque él quisiera no te lo puede contar, ya que las intimidades sólo se le manifiestan al director).

3. Con esa persona luego convives y además es quien te manda.

4. Te cargan con la culpabilidad de que sí no eres salvajemente sincero con él estás ofendiendo a Dios.

5. Sí no vas puntualmente a hacer la confidencia (cada semana, a la hora del día previsto) eres perseguido por el director para que la hagas y por retrasarla además te acusa de «no ser delicado con Dios».

La carencia afectiva provocada por esa relación despótica, unilateral y servil, unida a la violación de tus derechos (que aunque no lo percibes racionalmente, sí en tu interior) va provocando un rechazo paulatino y visceral hacia tu director y a la materialización de cada una de esas confidencias.

En los medios de formación del Opus Dei se repite hasta la saciedad que tener miedo a los directores es una tentación diabólica grave. Y eso se predica porque es habitual que ocurra. Pero ligar al demonio algo normal y saludable provoca un estado permanente de culpabilidad y neurotización.

Contemplando la praxis del Opus Dei con la objetividad que da la distancia, en muchas ocasiones me pregunto cómo es posible que no estén enfermos todos los numerarios y agregados de la Obra. Y los hechos responden a mi pregunta viendo como conforme pasan los años van cayendo uno a uno en depresión, esquizofrenia, enfermedades psicosomáticas (úlceras de estómago por estrés, colon irritable, crisis de ansiedad, insomnio rebelde, dermatitis incurables hasta que se deja el Opus Dei, columna vertebral deformada por las tensiones musculares inconscientes a las que se la somete).

Sí eres de la Obra y me estás leyendo, medita mis palabras y contrástalas con lo que ves a tu alrededor. Quizás descubras que hay mucha verdad en lo que digo, lo que te puede llevar a comprender que no es por odio ni por rencor al Opus Dei por lo que escribo aquí sino para ayudarte, de la misma manera que en su día lo hizo conmigo Steven Hassan.

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El Opus Dei No Busca La Santidad De Los Suyos

enero 2, 2007

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Ivan de ExOpus

No hay máquinas para fabricar santos en serie, clones pétreos hechos con recetas genéricas. Por el contrario, cada persona ha de ser tratada con esmero, como una pieza única en manos de quien la dirige espiritualmente.

Esto lo entiende muy bien san Josemaría cuando nos cuenta en el punto 60 de su libro Camino:

Si no levantarías sin un arquitecto una buena casa para vivir en la tierra, ¿cómo quieres levantar sin Director el alcázar de tu santificación para vivir eternamente en el cielo?

El que desea levantar un «alcázar» de ninguna manera le confía el proyecto al primer maestro de obras que aparezca, y se rebelará con todas sus fuerzas si además se lo pretenden imponer. Para un edificio de esa categoría se precisa un arquitecto experimentado y que sintonice con el dueño de la construcción. Y es de sentido común que ese arquitecto sea elegido por quien construye.

Siguiendo el símil del Fundador del Opus Dei lo mismo ha de aplicarse al Director espiritual: para algo tan importante como es la santidad, lo mínimo que se debe dar es la libertad para elegirle.

—oOo—

¿Por qué entonces en el Opus Dei el Director espiritual es impuesto?

Leámoslo en la última edición del Catecismo del Opus Dei (el subrayado es mío):

215. -¿Quiénes ejercen la dirección espiritual personal, en cuanto a las disposiciones interiores?

Ejercen la dirección espiritual personal, en cuanto a las disposiciones interiores, los Directores y los sacerdotes de la Obra. […] Para comprender lo anterior, ha de tenerse presente que es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual, y nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla. Por tanto, quienes no han recibido esa misión del Padre o de los Directores Regionales, no pueden ser buenos pastores.

Por eso, en la Obra la dirección espiritual personal existe sólo in actu: cuando el Director escucha la Confidencia, y cuando el sacerdote confiesa o atiende charlas de dirección espiritual.

Si son muchos los miembros adscritos al Centro, los Directores pueden servirse, por indicación o con permiso del Vicario Regional, de otros miembros experimentados, para que les ayuden en su trabajo espiritual de dirigir a los demás.

221. -Estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, ¿será conveniente que las tengan entre sí algunas veces los fieles del Opus Dei?

Nunca será conveniente que los fieles del Opus Dei tengan entre sí estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora – o la persona que los Directores determinen – y el sacerdote designado.

Además, si no se evitasen esas confidencias con otras personas, se podría dar lugar a grupos o amistades particulares, y se podría fomentar en algunos una curiosidad indebida sobre asuntos que no les incumben.

Los fieles pueden abrir libre y espontáneamente su alma al Director local y a la persona con la que hacen la Confidencia. Más aún, se recomienda vivamente esta Costumbre, en la que tanto insistió siempre nuestro Fundador, que todos han de cuidar fidelísimamente y que denota buen espíritu: pues es interés de cada miembro hablar con su Director, para obtener de su prudencia, fortalecida por la gracia del cargo, consejo y dirección en sus dudas y en la lucha ascética, y así adquirir y practicar las virtudes cristianas y progresar en la vida interior.

—oOo—

Ahí queda claro que el Director espiritual les es impuesto a los del Opus Dei por la Institución. Y eso es así porque es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual, y nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla. Eso implica que el Opus Dei, contra toda norma de sentido común, y mandato de la Iglesia, expropia a los suyos del derecho inalienable de elegir al Director espiritual. Y cierra cualquier puerta para hacerlo de otra manera ya que nunca será conveniente que los fieles del Opus Dei tengan entre sí estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora.

¿No es un contrasentido que el Opus Dei predique de sí mismo que es un camino de santificación para después hacerlo muy difícil al imponerles a los suyos al Director espiritual? ¿Qué sentido puede tener esa exigencia antiespiritual?

La explicación nos la da ese mismo catecismo de la Obra en su punto 217:

¿Cuál es el objeto de la Confidencia?

El objeto de la Confidencia [Dirección espiritual], llena de sinceridad, que periódicamente debe tener cada miembro con el Director local o con la persona designada por los Directores, es identificar su espíritu con el de la Obra y mejorar sus actividades apostólicas.

—oOo—

CONCLUSIONES:

1) Con la Dirección espiritual el Opus Dei no busca la santidad de las personas (levantar el alcázar de su santificación para vivir eternamente en el cielo).

2) Sino hacer de los suyos unos clones de su Fundador al llevarles a identificar su espíritu con el de la Obra.

3) Y unos esclavos de los mandatos de quienes están en el vértice de su estructura porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora -o la persona que los Directores determinen- y el sacerdote designado; y quienes no han recibido esa misión del Padre o de los Directores Regionales, no pueden ser buenos pastores.

4) Y para implantarlo se inventan que no es la persona concreta quien imparte la Dirección espiritual ya que nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla.

5) Sino la Obra cuando se apropia esa facultad al ordenar que es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual.

Iván

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Nuevo Boletín Mensual

diciembre 30, 2006

Nombre del Boletín: «ExOpus: Los Otros Del Opus Dei».

Dirección del Grupo: www.domeus.es/groups/exopus

Descripción: Boletín mensual para difundir el índice de los libros y escritos importantes sobre el «Otro» Opus Dei (con una breve reseña) aparecidos en Internet durante el mes anterior (no sólo los de ExOpus).

Con una periodicidad variable se mandarán números extraordinarios con objeto de que al final quede reseñado todo lo existente sobre el tema (añadiéndose de esta manera al primer envío, poco a poco, lo publicado con anterioridad a él).

No se descarta en el futuro la ampliación a otro tipo de noticias y servicios.

Para suscribirse por e-mail: exopus-subscribe@domeus.es

AVISO: Se ha de confirmar la suscripción reenviando el e-mail que recibes para ese fin. A veces se pierde el mensaje original porque hay servidores que lo consideran spam y lo filtran. Por tanto, sí en un plazo prudencial no recibís dicho e-mail (10 minutos, por ejemplo), lo mejor es que vayáis a la Web de Domeus y os inscribáis allí ya que a las 24 horas el servidor destruye automáticamente los mensajes no confirmados (sí pasa ese plazo os tenéis que inscribir de nuevo).

Para suscribirse a través de la Web o para consultas:

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Los mensajes que mandéis no se publican (ya que sólo se hace con el Boletín), pero son un medio para contactar con los administradores.

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NOTAS:

1. El e-mail que recibáis lleva adjunto el Boletín en formato de libro electrónico (puede verse como una página Web en cualquier ordenador, sin necesidad de ningún otro programa). Para leerlo basta con hacer doble clic sobre él.

2. Los datos que aportéis en la inscripción (dirección de correo, nombre, etc.) son «absolutamente» confidenciales.

3. Por las fechas navideñas en que nos encontramos, y en espera de tener un número suficiente de suscriptores, el primer Boletín conteniendo las novedades de diciembre se enviará el día 7 de enero de 2007 a las 20:00 horas de España. Los siguientes se mandarán el día 1 de cada mes a las 07:00 horas.

4. Los suscritos pueden acceder a los envíos a través de la Web del Grupo en Domeus (antes hay que completar la inscripción allí), también se puede elegir leerlo (o descargarlo) en ese lugar y no recibirlo por e-mail.

5. El que tenga intención de suscribirse, que lo haga cuanto antes.

Ivan de ExOpus

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Experiencia En La Secta (IV)

diciembre 20, 2006

Steven Hassan & Iván.

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5. La obediencia total: imitación del líder

Al nuevo miembro se le induce muy a menudo a que abandone sus antiguos patrones de comportamiento y se convierta en un «dedicado», mediante el aparejamiento con otro miembro más antiguo de la secta que será el modelo que deberá imitar. Se urge al recién llegado a que sea esa otra persona. También se incita a los líderes de nivel medio a que copien a sus superiores, siendo el mismísimo líder supremo el modelo final que todos deberán imitar.

Una razón para que hasta al más ingenuo de los observadores le resulten algo raros los miembros de una secta es que todos tienen los mismo modales, usan prendas muy similares y hablan de la misma manera. Lo que el observador está viendo es la personalidad del líder transmitida a través de varias etapas de modelado.

6. La felicidad a través del buen rendimiento

Una de las más atractivas cualidades de la vida en las sectas es el sentido de comunidad que inspira. Al principio el amor parece ser incondicional e ilimitado, y los nuevos miembros se ven arrastrados a una luna de miel llena de alabanzas y atenciones. Pero al cabo de unos meses, conforme el adepto se involucra más en la secta, las alabanzas y las atenciones se vuelcan hacia los nuevos reclutas. El miembro de la secta aprende que el amor no es incondicional, sino que depende de su buen rendimiento.

Los comportamientos son controlados a través de las recompensas y castigos. Se utiliza la competencia para estimular y avergonzar a los miembros a fin de que sean más productivos. Si las cosas no van bien -se consiguen pocos reclutas, ataques de la prensa, deserciones- es una falta personal del miembro, y su ración de «felicidad» le será retenida hasta que el problema sea solucionado. En algunas sectas piden a los individuos que confiesen sus pecados para tener garantizada la «felicidad» y, en caso de que no recuerden ninguno, que se los inventen. Al final llegan a creer que de verdad han cometido los pecados inexistentes

Las buenas amistades representan un riesgo, y son desalentadas con disimulo por los líderes. El compromiso emocional del miembro de una secta debe ser vertical (hacia el líder), no horizontal (hacia sus iguales). Los amigos son peligrosos, en parte porque si un miembro abandona la secta podría llevarse a otros con él. Cuando alguien deja el grupo, por supuesto el «amor» que se le dirigía se convierte en irritación, odio y burla.

Las relaciones dentro de estos grupos son por lo general superficiales, porque se desaconseja activamente compartir sentimientos íntimos, sobre todo los negativos. Esta característica de la vida en una secta, prevalece incluso cuando el adepto siente que está unido a sus camaradas como nunca lo ha estado con cualquier otra persona. Cuando pasan vicisitudes (al recaudar fondos en el crudo invierno o bajo el tórrido sol del verano) o son perseguidos (la policía los arresta por infracciones de la ley o son molestados por personas extrañas), tienen una excepcional sensación de profunda camaradería y de compartir el martirio. Pero ya que la única fidelidad real es hacia el líder, una observación más profunda demuestra que tales lazos en el fondo son débiles, y a veces producto de la fantasía (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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Tras haber editado ese fragmento, no puedo resistirme a añadir como se vive la amistad en el Opus Dei (que guardaba para un siguiente envío, pero que creo es mejor ponerlo aquí). Comprobamos como es exacto a lo descrito arriba.

Reproducción el punto 212 de la última edición (2003) del Catecismo del Opus Dei, volumen que resume los mandatos de la Obra para los suyos:

212. -Estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, ¿será conveniente que las tengan entre sí algunas veces los fieles del Opus Dei?

Nunca será conveniente que los fieles del Opus Dei tengan entre sí estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora – o la persona que los Directores determinen – y el sacerdote designado.

Además, si no se evitasen esas confidencias con otras personas, se podría dar lugar a grupos o amistades particulares, y se podría fomentar en algunos una curiosidad indebida sobre asuntos que no les incumben.

Los fieles pueden abrir libre y espontáneamente su alma al Director local y a la persona con la que hacen la Confidencia. Más aún, se recomienda vivamente esta Costumbre, en la que tanto insistió siempre nuestro Fundador, que todos han de cuidar fidelísimamente y que denota buen espíritu: pues es interés de cada miembro hablar con su Director, para obtener de su prudencia, fortalecida por la gracia del cargo, consejo y dirección en sus dudas y en la lucha ascética, y así adquirir y practicar las virtudes cristianas y progresar en la vida interior.

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Esa anulación y control de la amistad no sólo es contraria al Espíritu de Cristo (y condenada por la Iglesia), sino que también, como podemos ver comparándolo con lo recogido arriba del libro de Hassan, un método empleado por las sectas para despersonalizar y esclavizar a quienes caen en sus redes.

Iván

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