Los Derechos Humanos Fundamentales en el Opus Dei

octubre 23, 2008

Iván de ExOpus

NOTA PREVÍA: A lo largo de este escrito aparece en diversas ocasiones el verbo “pitar”. En el lenguaje interno de la Obra tal palabra significa el momento en el que se escribe una carta para pedir la admisión al Opus Dei.

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¿Se Respetan En El Opus Dei Los Derechos Humanos Fundamentales?

julio 20, 2007

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Iván de ExOpus

Reedición del publicado en Opus Libros el 27 de junio y 4 de julio de 2004

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El hombre es hijo de sus obras.

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

Respondo a quienes intentan demostrar la bondad del Opus Dei porque ellos son muy felices dentro:

Me alegro mucho por vosotros de que hayáis llevado una vida tan feliz en el Opus Dei, pero desgraciadamente eso vale de muy poco para saber lo que en realidad es la Obra (ser muy feliz en un grupo no sirve como criterio de bondad para ninguna institución) puesto que miembros felices los hay hasta en la sociedades más depravadas. ¿O acaso creéis que entre los asesinos de los campos de exterminio no hubo algunos que fueron muy dichosos por formar parte de esa institución? Seguro que los hubo.

Una sociedad no es buena porque algunos (o muchos o casi la totalidad) de sus miembros estén contentos en ella; a una sociedad se la puede empezar a considerar como buena cuando institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

Lo que escribo a continuación no lo hablo por otros, ni por lo que he oído o leído, sino que es fruto de mi propia experiencia durante casi 35 años dentro de la Obra.

Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta.

Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no.

Utilizan lo que llaman la “corrección fraterna” como medio muy eficaz para mantener el dominio sobre sus miembros. La fundamentan, como verdad externa, en la frase de Jesús según la cual si ves un pecado en tu hermano debes corregirle. Ese medio es en apariencia una buena práctica, pero veamos como se utiliza, para conocer otra realidad oculta.

Una vez vista una falta en otro miembro, algo que te parece no estar de acuerdo con el espíritu de la Obra, has de contárselo a su director quien tiene la última palabra para que le corrijas o no. Es decir:

1 – Casi nunca corriges pecados normales (los que todo el mundo entiende por pecado) sino que se utiliza sobre todo para aquello que no es afín al espíritu de la Obra (que previamente te han mentalizado cual es).

2 – Bajo la verdad externa de que se consulta al director de la otra persona, para que sea él quien juzgue la procedencia de esa corrección, subyace otra realidad que es que así los directores siempre pueden mantener un control de la conducta de sus dirigidos al estar permanentemente informados sobre lo que hacen y dicen que pueda ser disonante con la Obra. Con la corrección fraterna los ojos de todos los miembros de la Prelatura se convierten en los de tu director inmediato, quien a su vez, si procede, informa al director superior (por lo que de una falta que cometas hoy, el Prelado puede tener mañana un informe sobre la mesa de su despacho).

Voy a poner un par de ejemplos de correcciones fraternas tomadas de mi propia vida.

En una ocasión comenté ante varios que me gustaba mucho el libro “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach. Un par de horas más tarde me hicieron una triple corrección fraterna: Porque no había mirado ese título en el índice interno de libros que la Obra lleva, puesto que allí se indica que no se puede leer. En segundo lugar, por haberlo leído sin las prevenciones oportunas de conocer antes si podía hacerlo, lo que podría haber perjudicado a mi alma. Por último, por escándalo a los demás, por la publicidad dañina que hice de él ante quienes no deben leerlo y a los que mis palabras les podrían llevar a pensar que era bueno, dando ellos por supuesto que yo lo había comprobado previamente (en ese índice).

Otro caso. Los agregados teníamos una meditación un día fijo a la semana, seguida de una tertulia durante la cual el sacerdote (el designado para nosotros) nos iba confesando sucesivamente (íbamos a él según el orden de colocación en la tertulia). Pues bien, en una ocasión no me confesé allí en dos semanas consecutivas. Nada más terminar la tertulia del segundo día, me vino uno para hacerme la corrección fraterna de que había que confesarse semanalmente con el sacerdote establecido y que si en alguna ocasión, por motivos de fuerza mayor, lo hacía en otro lugar, que después de la meditación, cuando me llegara el turno, me pasara a saludar al sacerdote (aunque no me confesara) para así no causar escándalo en el resto, que se daban cuenta de que yo no me había confesado.

La gente entra en la Obra sin saber los términos específicos de su entrega; después, poco a poco, se les crea una tupida red de miedos, culpas, fobias y temores (sobre todo a perder la felicidad temporal y eterna si dejas el Opus Dei) lo que permite enajenarles con facilidad de muchos derechos fundamentales. Por ese medio, a grandes rasgos, a los miembros del Opus Dei (en especial a los numerarios y agregados) se les expolian los siguientes derechos:

1 – Derecho a la libre información y a su intimidad personal: Diciéndoles lo que pueden de leer o no, los programas de televisión que pueden ver o no; les leen la correspondencia que reciben y envían, etc.

2 – Derecho al pensamiento libre: Obligándoles a no tener la mínima duda sobre su vocación: “De la vocación no se puede dudar, es intocable”, te repiten desde que pitas. A suprimir cualquier crítica sobre la Obra o sus directores (por ejemplo, es algo grave y que atenta contra la unidad del Opus Dei comentarle a otro que te agradaba más el director anterior que el actual), etc.

3 – Derecho a la conducta libre: Controlándoles amistades, esparcimiento, adónde pueden ir o no; impidiéndoles asistir a espectáculos públicos; exigiéndoles confesarse semanalmente (con o sin pecados) con el sacerdote del centro, imponiéndoles el director espiritual (que es un laico independiente del confesor), obligando a que esa dirección espiritual sea cada semana (porque te buscan, persiguen y fuerzan a tenerla si tú no vas dócilmente a ella), imponiendo que a ese laico le cuentes todo, todo, todo, y en especial y en primer lugar lo que te molestaría contar (aunque ello sea algo tan tonto como que has deseado entrar en un cine a ver Heidi), etc.

4 – En lo económico te fuerzan a un estado de indigencia total: En vez de agradecerte el dinero que das al Opus Dei, te dicen que el sueldo que cobras, desde antes de recibirlo, ya no es tuyo sino de la Obra, quien como “buena madre” vela por ti y te da lo que necesitas para subsistir (que ella previamente ha aprobado). Has de apuntar todos los gastos que realizas, hasta el más mínimo, y entregárselos al director en los cinco primeros días de cada mes. Con cualquier bien mueble (el coche) o inmueble que ha de figurar a tu nombre has de firmar un contrato de venta en blanco (sin datos del comprador ni fecha de venta) para que en cualquier momento ellos puedan rellenar esos datos y cambiarlo de dueño (lo hacen así para no cargar fiscalmente a la Obra, porque si no directamente te quitarían su propiedad). ¡Buen truco para que ante los de fuera parezca que tienes algo! Y cuando dejas la Obra te marchas sin nada (cuando lo haces no te dan ni para el metro). ¡Buen truco para mantenerte atado dentro!

5 – Derecho a los sentimientos libres: Sólo puedes poner el corazón en la Obra y en lo que a ella le conviene. Por ejemplo, has de amar al Prelado (a quien te hacen llamarle Padre, lo que sustituye en ti al que te dio la vida), a quien nunca has tratado, con el mismo cariño humano que sientes por tu propio padre o madre, etc.

6 – Derecho a una madurez humana y psicológica equilibrada: En el trato personal con el resto de los miembros has de evitar las fricciones, siempre has de sonreir, has de mantener una máscara de felicidad permanente. Si algo te molesta de otro has de hablarlo con el director y si procede recurrir a la corrección fraterna, nunca al planteamiento personal directo. Eso te lleva a vivir una intimidad de “invernadero”, ficticia, que notas muy claramente cuando sales de la Obra y has de crear una relación de pareja, en la que te sientes como un extraterrestre.

Por otra parte, dependes de ellos hasta en lo más mínimo. Has de comprar ropa acompañado de otro. Todos tus gastos te los han de aprobar antes de recibir tú el dinero. Has de consultarlo todo (te dicen que el director tiene gracia de estado por lo que tú nunca te equivocas obedeciendo) lo que te hace ser un dependiente psicológico. En la obra te permiten desarrollar facetas intelectuales (que no choquen con ellos) pero no los sentimientos y la independencia psicológica.

7 – Derecho a tener amigos dentro de la Obra y a continuar la amistad con los que lo eran tus amigos antes de incorporarse a ella: En el Opus Dei está establecido institucionalmente que no han de existir amistades particulares. Lo que ellos llaman amistad particular es lo que todo el mundo entiende como amistad a secas. No puedes tener un amigo de la Obra en quien confiar lo que tú desees y pensar que después te guardara el secreto, puesto que la corrección fraterna, de la que hablé antes, lo impide. Cualquier cosa que cuentes a otro puede acabar en el director y si es algo sobre discrepancias con la institución (aún mínimas) o dudas de vocación, seguro que acaba siendo escuchado por el director.

Cuando un amigo tuyo pita has de dejar de ser amigo de él. Como suena, por decreto tenéis que dejar de ser amigos porque hay que emplear esas energías en buscar otros amigos para acercarlos a la Obra. Para facilitarlo os separan cuanto antes, trasladando a uno de los dos a otro centro. A ese expolio de la amistad ellos lo llaman entregar los amigos a Dios, pero en realidad lo que busca es que su poder de manipulación no se diluya. Al no poder comunicar con nadie de dentro tus inquietudes (y menos con los de fuera), siempre estarás al arbitrio de lo que los directores te digan. Las cosas íntimas se consultan con el director, te dicen, y de esa manera se aseguran que recibas sólo las campanadas que ellos tañen. (Por lo mismo, tampoco pueden estar en el mismo centro dos hermanos de sangre, si ambos son de la Obra.)

La amistad en la Obra es sólo un instrumento para captar a la gente. Nunca para el enriquecimiento personal de sus miembros. Por eso los que pensabas que eran tus amigos en cuanto te vas de la Obra te ignoran: porque en realidad nunca han sido tus amigos.

Si eres de la Obra y quieres mantener un amigo, has de evitar que pite.

8 – Derecho a elegir la vocación a la Obra: Tú no eliges a la Obra, es ella quien te elige a ti. Te acercas a la Obra en busca de espiritualidad y por el buen ambiente humano que allí se respira y cuando menos te lo esperas aparece el numerario de quien eres amigo y que te llevó allí, el director, el cura y quien imparte los círculos (un medio de formación) y todos a una te plantean que tienes una vocación que tú no acabas de ver clara y terminas pitando, más que nada, para descansar de esa presión psicológica.

Es imposible que una persona elija su vocación a la Obra porque ellos no la muestran en sus detalles importantes; a ti tan sólo te cuentan que por Dios has de entregarlo todo y que se materializará tal y como ellos te dirán después (pero nunca piensas que en ese “todo” que das se incluyen derechos inviolables). Por lo tanto, si tú no puedes saberlo han de ser ellos quienes vean si les sirves o no y en caso afirmativo quienes te empujen adentro.

9 – Derecho a elegir salirte de la Obra: En realidad, la expoliación de todos los derechos enumerados en los otros apartados buscan este fin. Lo único que a la Obra le importa es llenarse de gente que les sea útil y que les duren hasta la muerte. Para conseguirlo hacen lo que haga falta, incluyendo que el fin justifique los medios.

10 – Derecho al dialógo sobre la Obra: Parece como si para ellos el Opus Dei además de traducirse como “La Obra de Dios” también significara “La Obra es Dios”, puesto que dialogar lo entienden como dar las vueltas que haga falta y durante el tiempo que sea preciso hasta lograr que el otro termine aceptando totalmente lo dicho por ella, sin ellos ceder un ápice ni reconocer un error.

“Toda institución en la que intervienen los hombres es imperfecta”, decía el Fundador del Opus Dei refiriéndose a la Iglesia, y tenía toda la razón del mundo, por eso la Iglesia se abre al diálogo. ¿Y la Obra no es imperfecta?

11 – Como haré ver más adelante con un aspecto muy significativo, para el Opus Dei los derechos adquiridos por sus miembros a través de la Prelatura sólo existen mientras benefician a la Obra (directamente y exclusivamente) y les son enajenados en cuanto no es así, sin temblarle el pulso por el perjuicio que ello produce en el individuo, en la sociedad y en la Iglesia Universal.

Muchos numerarios y agregados hemos aprobado dentro de la Obra los estudios eclesiásticos oficiales de la Iglesia (menos una asignatura menor que la Obra no te deja cursar excepto en el caso de que te vayas a ordenar como sacerdote de la Prelatura).

En el mes de permiso anual del trabajo los agregados se desplazan a los lugares que les asignan los directores para permanecer durante 25 días en lo que se llama internamente como “curso anual”, porque allí se cursan asignaturas de filosofía y teología. Mientras que el resto de sus compañeros, que no son del Opus Dei descansan, los de la Obra continúan trabajando, en este caso estudiando y con intensidad.

Esas asignaturas son idénticas a las que la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra imparte públicamente en sus aulas de Pamplona; universidad que es de la Iglesia y de la que la Iglesia es la última responsable por ser “suya”. Por supuesto, esas clases son dictadas por profesores cualificados por la citada universidad.

En esos cursos anuales, conforme los alumnos van cursando las asignaturas, se realizan los exámenes pertinentes en los que hay que obtener una calificación de notable o sobresaliente para superarlas. Esa es la única diferencia que existe con los exámenes que se realizan en las aulas públicas de Pamplona en donde a los alumnos matriculados allí les basta con obtener la nota mínima de aprobado para pasar cada materia.

Esa diferencia con los miembros de la Prelatura radica en el empeño que el Fundador del Opus Dei tenía de que los de la Obra estuviéramos más cualificados que los demás en esas materias, por lo que estableció que en todas las asignaturas eclesiásticas que cursara un miembro de la Obra debían obtenerse calificaciones de notable o sobresaliente para considerarlas como superadas.

Al final de cada curso anual se realizan las actas oficiales de cada materia en donde figuran aquellos alumnos que las han rendido, son firmadas por los respectivos profesores y se remiten a la Universidad de Navarra (en algunas ocasiones yo he escrito a máquina esas actas, en las que están en latín tanto el texto como todos los nombres incluidos en ellas, y se las he pasado después a los profesores para que las firmen).

En determinadas ciudades también se cursan esas asignaturas durante el resto del año (hablo de España).

De esa manera, poco a poco, año tras año, finalicé esa carrera universitaria. Son unos estudios tan, tan, tan oficiales que de un día para otro me podría haber ordenado sacerdote dentro de la Obra (en lo que respecta a los estudios que la Iglesia exige para ello, puesto que esa asignatura menor que me faltaba por terminar, de la que antes hable, se rinde en menos de una semana de estudio).

O sea, que sí me voy a ordenar como sacerdote del Opus Dei hay una universidad con reconocimiento público (civil y ante la Iglesia) que es la Universidad de Navarra que admite que yo he realizado todos los estudios eclesiásticos que ella imparte, puesto que me ha examinado de todas las asignaturas que componen esa licenciatura y en las cuales la nota mínima que he obtenido ha sido de notable.

Veamos lo que ocurrió cuando me fui de la Obra. Solicité un certificado de esos estudios y me respondieron que no me lo podían dar porque son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra”.

Hay una realidad: Yo tengo aprobadas las asignaturas de la licenciatura eclesiástica en filosofía y teología por la Universidad de Navarra.

Ante este hecho la Obra aplica dos “verdades”:

1 – Que ese derecho existe para ordenarte sacerdote dentro de la Prelatura (con lo que admiten que lo poseo).

2 – Y la otra, una “verdad falsa” de que son “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” (que la Obra quiere hacer pasar como verdadera con el subterfugio mental de crear unas palabras que sustituyan a la realidad), lo que, sin temblarles el pulso, les permite enajenarte de un bien únicamente tuyo y arduamente adquirido con un esfuerzo continuado durante muchos años (en el tiempo en que los que no son de la Obra, como antes dije, descansaban de su trabajo habitual).

Hay que considerar que el expolio de ese bien produce los siguientes perjuicios:

1 – A las personas damnificadas. Puede servir para incluirlo en su currículum profesional para mejorarlo y poder obtener puestos de trabajo más cualificados. Al ser un título universitario te priva de los beneficios de su ejercicio, como puede ser dar clases de filosofía o religión. Hay muchos agregados sin otra titulación universitaria y de esa manera se les priva de ser universitarios de grado superior, etc.

2 – A la sociedad civil, puesto que la priva del bien que puede obtener de personas poseedoras de esa cualificación.

3 – A la Iglesia Universal, al expoliarla del beneficio que sus hijos pueden revertir en ella si disponen de esa titulación (a la que esas personas tienen derecho, todo el derecho del mundo) cómo puede ser, además de lo anteriormente visto para la sociedad civil, disponer de la capacidad de ordenarse sacerdote en cualquier diócesis del mundo sin necesidad de tener que realizar de nuevo esos estudios. Tengo constancia de que un exmiembro de la Prelatura decidió ordenarse como sacerdote en una diócesis de España y tras reiteradas instancias a la Obra por parte de su obispo le fue entregado un certificado de los estudios eclesiásticos cursados por él mientras perteneció al Opus Dei (con lo cual se ratifica todo lo que estoy diciendo aquí: que dicha persona había realizado esos estudios y que hasta ese momento la Obra se negaba a reconocerlo); esa situación que la Obra hace ser excepcional se corresponde, por el contrario, con un derecho inalienable de las personas que no puede ser manipulado por nadie.

No es justo tener que suplicar a otros la limosna de un bien que por derecho nos corresponde (y que se niega a entregar).

Analicemos lo que ese comportamiento de la Obra nos dice sobre sí misma:

1 – Que no les importan los derechos de las personas, tan sólo existen los derechos de su institución. 2 – Que no les importa el bienestar de las personas, tan sólo existe el bienestar de su institución.

3 – Que no les importa el bien de la Iglesia Universal, tan sólo existe el bien de su iglesia particular.

4 – Que fuerzan a que una universidad pública (como la de Navarra) tenga un “sótano”, oculto a la mirada de todos, en el que se guardan los expedientes de los estudios realizados por los miembros de la Prelatura, para poder utilizarlos ellos a su gusto como si fueran de la Obra en vez de quien los estudió.

5 – Como la Iglesia es la última responsable de esa universidad (por ser una universidad de la Iglesia) con esa expoliación de derechos adquiridos por las personas están haciendo que sea la Iglesia Universal quien cometa ese atropello.

6 – Que no les importa el bien de la sociedad, mientras que no sean ellos quien les suministre ese “bien” y manufacturado a su capricho.

7 – Que se demuestra, una vez más, que para el Opus Dei el fin justifica los medios.

8 – Que ante los talentos de sus miembros la Obra dice: “O para mí o para nadie”.

Por supuesto, todo lo dicho con anterioridad es válido también para aquellos que hayan realizado esos estudios parcialmente (que hayan aprobado diez, veinte o tan sólo una asignatura) ya que el derecho del que hablamos es el mismo en todos los casos.

Una idea repetida en las meditaciones y charlas que se dan dentro de la Obra es que la vocación al Opus Dei es tan importante y tan grande que muy posiblemente Dios no nos habría creado si no hubiera sido porque nos iba a conceder esa vocación; y consecuentemente a ese pensamiento actúan cuando te marchas del Opus Dei: Cómo te vas –parecen decirte con sus obras–, te retiramos la existencia de todo aquello que está en nuestra mano porque así actuaría Dios en nuestro lugar.

Si yo no hubiera sido del Opus Dei y alguien me cuenta lo que estoy escribiendo, sin darme el nombre de la sociedad que actúa así, sin dudarlo habría dicho que se trataba de una estructura comunista, puesto que en las entrañas de la filosofía del comunismo está que las personas carecen de derechos individuales a costa de la institución que las gobierna, que los posee todos y en exclusiva.

Imaginemos que al Fundador del Opus Dei le hubiera dado porque todos los numerarios y la mayoría de los agregados estudiaran en la Universidad de Navarra, además de la carrera Eclesiástica, las de Derecho y Medicina con una nota mínima de notable en cada asignatura y que muchos hubiéramos finalizado las tres carreras. Al salirnos de la Obra habríamos tenido que dejar también de ser abogados y médicos, profesiones que pudimos ejercer durante el tiempo que estuvimos dentro del Opus Dei pero no al marcharnos puesto que al ser “estudios internos que sólo sirven dentro de la Obra” en el momento de dejarla nos habrían negado esos títulos universitarios. ¡Y entonces a trabajar solamente como picapedreros en las minas de carbón!

12 – Otro derecho humano vulnerado (que lo pongo al final no por considerarlo el menos importante sino porque alguno ha de cerrar la exposición) es que aplican esa violencia espiritual y psicológica en jóvenes que por su inmadurez están incapacitados para discernir y reaccionar. A partir de los 14 años y medio pueden pedirte pitar. Yo tenía 15 años cuando pité. (Para más información leer mi carta de fecha 16 junio de 2004 en donde ahondo en alguno de estos temas.)

Termino repitiendo la idea del principio: Encontrarse muy feliz en un grupo no es indicativo de su bondad, para saberlo hay que comprobar si ese colectivo institucionalmente respeta todos los derechos humanos fundamentales.

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A Los Padres Cuyos Hijos/Hijas Están En Colegios Del Opus Dei (o Puedan Estarlo)

abril 10, 2007

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¡Hola Iván! Me encanta vuestra página. Yo he vivido en una familia del Opus y he estado hasta los 16 años en un colegio del Opus. Me gustaría saber cómo publicar mi experiencia. Para que aquellos padres que deslumbrados por los medios que exhiben los del Opus eviten a sus hijos/hijas caer en sus manos y que así puedan ahorrarles pasar por la travesía en el desierto que yo tuve que pasar.

Gracias y un saludo.

J.D. (10-4-2007)

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A LOS PADRES CUYOS HIJOS/HIJAS ESTÁN EN COLEGIOS DEL OPUS DEI (O PUEDAN ESTARLO)

Queridos papás me metisteis en un colegio de la Obra toda mi infancia y parte de la adolescencia. Han pasado 25 años desde que salí de él. Ahora que yo también soy padre comprendo que siempre se quiere lo mejor para los hijos. Os diré queridos papás que no os guardo rencor sino comprensión y tolerancia. Pero quiero que sepas papá el daño tan grande que hicieron en mi mente. Afortunadamente no hay ni rastro del Opus ni en mi espíritu, ni en mi mente, ni en mi cuerpo. Mi liberación ha sido total y plena desde hace muchos años. Pero el sufrimiento y el mal rollo que tuve que pasar no se lo deseo a nadie.

Cuando afortunadamente salí de ese colegio para ir a un instituto mixto, estaba como en otra galaxia. No entendía nada del mundo normal. Se rompió en mil pedazos el mundo que me enseñaron en el colegio del Opus y la educación recibida. Ahí estaba yo con 16 años que veía a las mujeres como fuente de pecado o como fuente de santidad como la “Virgen María”. Ahí estaba yo pensando que todos los que sacaban buenas notas eran de la Obra porque santificaban su trabajo y que los que sacaban malas notas eran otra cosa. Ahí estaba yo pensado que un hombre se bebe un güisqui, fuma tabaco, es simpático, es deportista, es casto, va a misa, reza el rosario y es la leche porque está en gracia de Dios. Ahí estaba yo pensando que el mundo se creo según ordena y manda el Génesis y que Darwin no existía. Ahí estaba yo con los conceptos imbuidos sobre el matrimonio, el divorcio, el aborto, la eutanasia, la pena de muerte, el sexo, la religión, la droga, la culpabilidad, la superpoblación en el planeta Tierra, la idea de ser un elegido por Dios, etc. Mi mente entera era un prejuicio total, era como un frontón, y mi corazón enmarañado en la retórica bien aprendida de los complejos de culpabilidad. Pero a pesar de eso decidí romper los cimientos que otros habían puesto por mí. Y como explicarte querido papá que me encontraba siendo un adolescente de 16 años y con los cimientos derribados. Me hallé absolutamente solo, perdido, sin identidad, intentando hacer mi nueva estructura sin saber ni arquitectura ni albañilería, fueron años de caminar por el desierto. Pero fue gracias al amor y la comprensión de una chica compañera de instituto, que estuvo conmigo cerca de tres años, lo que me ayudó a reconstruirme a pesar de que cada vez que tenía relaciones sexuales con ella me sentía sucio, pecaminoso y obsceno. Ella comprendió lo incomprensible. ¿Cómo puede uno sentirse sucio cuando amas a una persona? Pues de una forma muy clara y sencilla: si desde pequeño en el colegio tu preceptor todas las semanas, que es quien supuestamente vela por tu rendimiento académico, y en vez de eso su mayor preocupación es saber como andas de pureza, si te masturbas, solo o acompañado, cuántas veces. Si el cura que te confiesa todas las semanas está con la misma cantinela. Pues pasa lo que pasa: Te programan la mente.

Queridos papás ya sé que el colegio de la Obra es muy bueno: tiene unas magníficas instalaciones, unos magníficos profesionales de la enseñanza, un nivel altísimo en el deporte, unas estupendas actividades extraescolares, una gran disciplina y un aprobado sensacional en selectividad. Quiero que sepas papá que todo eso lo pagas en el recibo que el colegio te pasa todos los meses a tu cuenta bancaria. ¿Pero de qué vale todo eso si te roban lo más importante: SER TU MISMO y SER PERSONA? ¿De qué vale todo eso si hacen de tu hijo un extraño y se lo llevan a su guarida? ¿De qué vale todo eso si yo sólo he sido un medio utilizado para que ellos crezcan?

Por favor Papá antes de elegir que no te deslumbren y busca la verdad.

J.D.

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Sobre La Libertad De Pertenecer Al Opus Dei

enero 29, 2007

Ivan de ExOpus

El acoso al que son sometidos quienes se acercan a la Obra y la inmadurez por poca edad de la mayoría hacen que se carezca de la libertad esencial para algo tan importante como es entregar toda tu vida al celibato, a la pobreza y a la obediencia que se exige en el Opus Dei (que se resume en lo que allí cantan: que nadie me robe el derecho de no tener ya nunca ningún derecho).

Y después, nada más pitar (pedir la admisión al Opus Dei), te explican que es una falta grave cualquier diálogo con la tentación en materias de fe (en los directores, en la santidad del Opus Dei, en que no has de fiarte de tu juicio sino del de los que mandan, etc.), de pureza (lo que transforma a los de la Obra en unos auténticos neuróticos sexuales. Pongo un ejemplo de una situación que varios me contaron en la dirección espiritual y con un final distinto para cada uno: «estaba sentado en el metro / autobús y a mi lado lo hizo una joven lo que me perturbó tanto que [fin de la narración del primer grupo] me tuve que levantar inmediatamente, [fin de la narración del segundo grupo] me hace pensar que he pecado por no levantarme, [fin de la narración del tercer grupo] me ha llevado después a tener tentaciones de pureza»), y de vocación (has de rechazar cualquier pensamiento, sentimiento, trato con quienes te indiquen algo que no coincida con lo de ellos, no has de leer nada que pueda llevarte a dudar de tu camino, sólo debes confesarte con sacerdotes de la prelatura, etc.).

A la poca libertad que tuviste para hacerte del Opus Dei (que sí se tratara de un matrimonio recibiría ipso facto la nulidad) se le une el que no puedes replantearte nunca más el acierto o no de aquella decisión o la posibilidad de salirte (tentaciones gravísimas contra la vocación), lo que transforma al Opus Dei en una inmensa cárcel de invisibles barrotes psicológicos y espirituales pero mucho más eficaces que los de acero, ya que te han hecho creer que pertenecen a Dios, son íntimos, van siempre contigo y no necesitan de ningún otro guardián.

Cuando te encuentras mal y planteas alguna duda vocacional, el director de turno saca la etiqueta prefabricada para este caso de que «es una obligación grave para los directores echar de la Obra a quien carece de vocación, por lo que sí te decimos que la tienes es porque la vemos en ti. Tus dudas sólo son una tentación. ¡No te dejes llevar por tu juicio y confía en los directores!». Y más de la misma esclavitud. Para tu vocación no existes en el Opus Dei, solamente hay cabida allí para los que te mandan.

Ante esta falta de esa libertad práctica (que paradójicamente el Opus Dei tanto predica como existente) la única posibilidad de abandonar la Institución es por una fuerza externa a ti que te arranque de ella.

Aunque profundizaré en escritos posteriores quiero finalizar exponiendo las fuerzas principales que sacan de la Obra, que a su vez son las que dan origen a los prototipos de ex Opus Dei.

La gente es arrancada del Opus Dei por el corazón (lo más frecuente), porque se enamoran de alguien o porque tienen un «calentón» con los de dentro al ser llevados al límite de lo soportable; por la cabeza, cuando descubren el lado oscuro del Opus Dei; por enfermedad; y porque la Obra les echa.

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El Opus Dei No Busca La Santidad De Los Suyos

enero 2, 2007

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Ivan de ExOpus

No hay máquinas para fabricar santos en serie, clones pétreos hechos con recetas genéricas. Por el contrario, cada persona ha de ser tratada con esmero, como una pieza única en manos de quien la dirige espiritualmente.

Esto lo entiende muy bien san Josemaría cuando nos cuenta en el punto 60 de su libro Camino:

Si no levantarías sin un arquitecto una buena casa para vivir en la tierra, ¿cómo quieres levantar sin Director el alcázar de tu santificación para vivir eternamente en el cielo?

El que desea levantar un «alcázar» de ninguna manera le confía el proyecto al primer maestro de obras que aparezca, y se rebelará con todas sus fuerzas si además se lo pretenden imponer. Para un edificio de esa categoría se precisa un arquitecto experimentado y que sintonice con el dueño de la construcción. Y es de sentido común que ese arquitecto sea elegido por quien construye.

Siguiendo el símil del Fundador del Opus Dei lo mismo ha de aplicarse al Director espiritual: para algo tan importante como es la santidad, lo mínimo que se debe dar es la libertad para elegirle.

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¿Por qué entonces en el Opus Dei el Director espiritual es impuesto?

Leámoslo en la última edición del Catecismo del Opus Dei (el subrayado es mío):

215. -¿Quiénes ejercen la dirección espiritual personal, en cuanto a las disposiciones interiores?

Ejercen la dirección espiritual personal, en cuanto a las disposiciones interiores, los Directores y los sacerdotes de la Obra. […] Para comprender lo anterior, ha de tenerse presente que es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual, y nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla. Por tanto, quienes no han recibido esa misión del Padre o de los Directores Regionales, no pueden ser buenos pastores.

Por eso, en la Obra la dirección espiritual personal existe sólo in actu: cuando el Director escucha la Confidencia, y cuando el sacerdote confiesa o atiende charlas de dirección espiritual.

Si son muchos los miembros adscritos al Centro, los Directores pueden servirse, por indicación o con permiso del Vicario Regional, de otros miembros experimentados, para que les ayuden en su trabajo espiritual de dirigir a los demás.

221. -Estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, ¿será conveniente que las tengan entre sí algunas veces los fieles del Opus Dei?

Nunca será conveniente que los fieles del Opus Dei tengan entre sí estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora – o la persona que los Directores determinen – y el sacerdote designado.

Además, si no se evitasen esas confidencias con otras personas, se podría dar lugar a grupos o amistades particulares, y se podría fomentar en algunos una curiosidad indebida sobre asuntos que no les incumben.

Los fieles pueden abrir libre y espontáneamente su alma al Director local y a la persona con la que hacen la Confidencia. Más aún, se recomienda vivamente esta Costumbre, en la que tanto insistió siempre nuestro Fundador, que todos han de cuidar fidelísimamente y que denota buen espíritu: pues es interés de cada miembro hablar con su Director, para obtener de su prudencia, fortalecida por la gracia del cargo, consejo y dirección en sus dudas y en la lucha ascética, y así adquirir y practicar las virtudes cristianas y progresar en la vida interior.

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Ahí queda claro que el Director espiritual les es impuesto a los del Opus Dei por la Institución. Y eso es así porque es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual, y nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla. Eso implica que el Opus Dei, contra toda norma de sentido común, y mandato de la Iglesia, expropia a los suyos del derecho inalienable de elegir al Director espiritual. Y cierra cualquier puerta para hacerlo de otra manera ya que nunca será conveniente que los fieles del Opus Dei tengan entre sí estas confidencias de vida interior o de preocupaciones personales, porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora.

¿No es un contrasentido que el Opus Dei predique de sí mismo que es un camino de santificación para después hacerlo muy difícil al imponerles a los suyos al Director espiritual? ¿Qué sentido puede tener esa exigencia antiespiritual?

La explicación nos la da ese mismo catecismo de la Obra en su punto 217:

¿Cuál es el objeto de la Confidencia?

El objeto de la Confidencia [Dirección espiritual], llena de sinceridad, que periódicamente debe tener cada miembro con el Director local o con la persona designada por los Directores, es identificar su espíritu con el de la Obra y mejorar sus actividades apostólicas.

—oOo—

CONCLUSIONES:

1) Con la Dirección espiritual el Opus Dei no busca la santidad de las personas (levantar el alcázar de su santificación para vivir eternamente en el cielo).

2) Sino hacer de los suyos unos clones de su Fundador al llevarles a identificar su espíritu con el de la Obra.

3) Y unos esclavos de los mandatos de quienes están en el vértice de su estructura porque quienes cuentan con la gracia especial, para atender y ayudar a los miembros de la Obra, son el Director o la Directora -o la persona que los Directores determinen- y el sacerdote designado; y quienes no han recibido esa misión del Padre o de los Directores Regionales, no pueden ser buenos pastores.

4) Y para implantarlo se inventan que no es la persona concreta quien imparte la Dirección espiritual ya que nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla.

5) Sino la Obra cuando se apropia esa facultad al ordenar que es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual.

Iván

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Nuevo Boletín Mensual

diciembre 30, 2006

Nombre del Boletín: «ExOpus: Los Otros Del Opus Dei».

Dirección del Grupo: www.domeus.es/groups/exopus

Descripción: Boletín mensual para difundir el índice de los libros y escritos importantes sobre el «Otro» Opus Dei (con una breve reseña) aparecidos en Internet durante el mes anterior (no sólo los de ExOpus).

Con una periodicidad variable se mandarán números extraordinarios con objeto de que al final quede reseñado todo lo existente sobre el tema (añadiéndose de esta manera al primer envío, poco a poco, lo publicado con anterioridad a él).

No se descarta en el futuro la ampliación a otro tipo de noticias y servicios.

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5. El que tenga intención de suscribirse, que lo haga cuanto antes.

Ivan de ExOpus

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Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (VI)

diciembre 16, 2006

Iván.

(La siguiente carta fue enviada por Tomás Castañeda como comentario a «Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (II)». A continuación va mi respuesta.)

Algunas apreciaciones pues veo que son la mar de objetivos:

1. Si no son capaces de entender que lo máximo que podamos entregar al culto de Dios es nada comparado con Dios y Ustedes lo traspolan a una falta de pobreza, a las claras, marca sin duda que no hay fe en ustedes para adorar la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

2. Asomen la cara a ver el arte sacro en Perú, en las catedrales antiguas de México, en Europa y por favor no vayan a decir que también fue iniciativa del fundador del Opus Dei,

3. Es simple cuestión de enfoques: para ir a una cena de gala, debo ir con traje de gala, si soy consciente de ello, iré con un buen traje de gala, si es solo un trámite, rentaré el traje de gala y lo regresaré terminada la función, si en el caso que les preocupa tanto, es un insulto a la pobreza, vamos Ticos, vamos, dejen que los demás lo pasen bien. Entiendo que el Fundador del Opus Dei murió en 1975, he estado ante sus restos rezando, ya ven, soy así de mocho, y no veo que haya nada de lujo, sí hay buen gusto y muuuuucho cuidado por el local, que no para de atender peregrinos o visitas: el mármol es material corriente en Italia, los almohadones del presbiterio son de factura corriente, las bancas igual: ¿pero el oratorio del Padre?

4. Para una persona con fe, quiso que se hiciera lo mejor de lo mejor, ese quiso ser el legado a los que venimos detrás: amar con obras, lo bueno es que todavía no son Ustedes mayoría que se regalan sacos de cemento para expresar su amor, cuando lo hagan, cambiaremos nosotros, pero eso sí, mayoría.

5. Ánimo ticos queridos, levanten la cara y olviden lo amargo que fue para Ustedes una etapa de su vida, los queremos mucho, de verdad y les deseamos lo mejor de lo mejor en las Navidades.

Un fuerte abrazo,

Tomás

Espero respuestas, ojalá….

—oOo—

Aquí van mis respuestas, las que usted dice que espera:

a) La Fe en Cristo nos lleva a verle, no sólo en la Eucaristía, sino sobre todo en cada uno de los hombres, tal y como nos enseñan las Sagradas Escrituras, por ejemplo en estos versículos:

Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y te fuimos a visitar? Y respondiendo el Rey, les dirá: En verdad os digo que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt. 25: 37-40).

Y Jesús llamando a sus discípulos, dijo: Tengo lástima de la gente, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos ayunos no quiero, porque no desmayen en el camino (Mt, 15,32).

Si alguno dice, Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve? (1Jn. 4, 20).

Olvidarse de eso y cargar las tintas en emplear el dinero en el culto, de forma faraónica, justificándolo con que se hace por Fe en la Eucaristía… es sencillamente una excusa para vivir a espaldas de las necesidades del prójimo, para comportarse como un rico egoísta que quiere hacer creer a lo demás que es un santo (y además pobre).

Le expongo un testimonio reciente, de los muchos que hay, sobre como el Opus Dei desatiende las necesidades de los suyos cuando hay gastos de por medio:

El motivo de la venta del anillo es por el penoso e injusto trato que sufrí en los difíciles momentos de mi permanencia en la institución, el injusto trato durante mi salida, y porque las directoras no permitieron firmarme el paro; salí sin ningún dinero con 33 años [permaneció dentro 19 años, desde los 14] para enfrentarme con el mundo, y sin fondos para abrirme paso. Como el tratamiento antidepresivo debía suprimirse escalonadamente, no estaba en condiciones para trabajar.

Me acogieron mis padres, quienes repararon mi dentadura inferior, pues por un accidente de la infancia perdí cuatro dientes de la mandíbula. La ortodoncia fue muy cara, motivo por el que durante toda mi vida en la Prelatura no consintieron pagarme una prótesis, tal vez porque, según ellos, si tu familia carece de medios económicos para afrontar un asunto personal, la Obra tampoco lo hace. Sin embargo, no tuvieron en cuenta que el amor va más allá de la clase social a la que una pertenece, pues quien ama da sin límites («Fuente»).

Siguiendo las palabras de Jesús, Él no dice de nadie que se vaya a salvar por el dinero que empleó en los objetos sagrados, mas sí por lo que gastó en dar de comer al hambriento, de beber al sediento, ropa al desnudo, hospedaje al sin techo, medicinas al enfermo… y podemos añadir que también los que emplean el dinero en arreglar la dentadura y ayudar económicamente a una chica a quien captaron cuando era una niña de 14 años y que tuvieron trabajando como una esclava en labores domésticas durante los 19 siguientes, hasta que muy enferma y agotada tuvo que marcharse.

Los tópicos que usted me pone en su carta son parte del elenco de clichés que se dan en las charlas de formación de la Obra para que contestemos con ellas, como autómatas, a quienes nos pregunten, evitando así que podamos pensar por nosotros mismos (hace 40 años me las contaron a mí y, por verlas entonces como dogmas de Fe, se las repetía como un loro a la gente; tal y como usted hace ahora conmigo).

Por tanto, le respondo rescribiendo su frase: Si no es capaz de entender que lo máximo que podemos entregar a Dios lo es a través de sus hijos, ayudándoles en sus necesidades, y lo extrapola a una falta de fe en Dios porque ese dinero no se emplea en objetos de culto, a las claras, marca sin duda que no hay en usted fe en el verdadero mensaje de Cristo.

b) Hasta cierto punto uno puede hacer lo que quiera con su dinero, con el que ha ganado en un trabajo noble, o el que ha recibido en herencias. Porque es suyo y no ha de dar cuentas de él a nadie. Y si alguien desea emplear esos bienes en objetos de culto, pues me parece muy bien, ya que su decisión no afecta a terceros. Ahora, lo que considero intolerable es que mientras los de la Obra malvivían en una España de posguerra, y que además hacían cuestaciones económicas con quienes pillaban por delante, explicándoles que era para el desarrollo del Opus Dei, y que muchas de esas personas dieron dinero pensando que con él cubrirían las necesidades básicas de los de la Obra… y que entonces vaya el Fundador y emplee millones de esos dólares en un oratorio exclusivo para él, y muchos más millones para construirse un alcázar faraónico en donde vivir y del que nada tienen que envidiar las capillas y palacios de los reyes del Bizancio más esplendoroso, y todo eso a espaldas de quienes dieron el dinero. ¡Eso sí que no es de recibo!

c) «Esta custodia se encuentra en Roma en la sede central y se sigue utilizando en las bendiciones de la Iglesia Prelaticia. Escrivá viajó a Pamplona en 1960 para no sé qué acto de la Universidad y para pasar un poco la mano por el lomo a la familia que había puesto la pasta y las joyas y, acto seguido, exigió que se la mandaran a él. La única solución que quedaba era sustituir la original por una copia, con piedras falsas… porque el padre se había encaprichado de la pieza. Y así hasta hoy: en Aralar se encuentra la copia y en Roma la original» (Fuente). Si el Fundador empleara ese dinero por Fe en la Eucaristía, por darle lo más que se pudiera a Dios, como usted indica, entonces le habría dado lo mismo que se le rindiera ese culto en Pamplona, en Burgos, en Lima o en Roma. ¡Pero no!, él se encapricha de esa joya y se la lleva para su contemplación exclusiva. Y no sólo no se conforma con rapiñarla de la Universidad de Navarra, con el desconocimiento de quienes habían puesto la pasta y las joyas para que estuviera allí, sino que les engaña y a sus espaldas sustituye la original por una copia, con piedras falsas, para que cuando fueran a verla se creyeran que era la que ellos donaron. ¿Actuar así es propio de un hombre con Fe en la Eucaristía, o más bien de un estafador que emplea el santo nombre de Dios para lograr sus caprichos personales?

Le dejo a usted la contestación a esa pregunta.

d) Dice en su escrito: Asomen la cara a ver el arte sacro en Perú, en las catedrales antiguas de México, en Europa y por favor no vayan a decir que también fue iniciativa del fundador del Opus Dei. Lo que hicieran con sus vidas los que realizaron esos gastos en el culto en vez de emplearlos en promocionar y ayudar a los hombres en sus necesidades, es algo entre ellos y Dios. Pero es que lo que hagan los demás nunca es un criterio para obrar rectamente. Si nos dieran el dato de que el 90% de las mujeres han abortado alguna vez en su vida, eso no puede mover a una joven a “santificar” que le practiquen a ella un aborto. Por lo mismo, no podemos justificar el comportamiento del Fundador del Opus Dei comparándolo con lo que otros han hecho.

e) Usted ha dado en el clavo cuando dice que es simple cuestión de enfoques: para ir a una cena de gala, debo ir con traje de gala, si soy consciente de ello, iré con un buen traje de gala, si es solo un trámite, rentaré el traje de gala y lo regresaré terminada la función. Esa es la clave: no son de recibo esos gastos suntuosos en un oratorio para el uso exclusivo de una persona (vea también el testimonio sobre el oratorio del Padre), mas quizás si que lo sean para una catedral utilizada por miles de personas.

f) Todavía no son Ustedes mayoría que se regalan sacos de cemento para expresar su amor, cuando lo hagan, cambiaremos nosotros, pero eso sí, mayoría. Tiene usted toda la razón, no son mayoría los que regalan sacos de cemento a quienes aman, pero tampoco lo son quienes emplean en suntuosos presentes el dinero con el que deben alimentar a sus hijos. Lo habitual y en eso si que somos una inmensa mayoría es que de lo sobrante de los gastos familiares necesarios (colegio de los niños, alimentación, electricidad, etc.) es de donde tomamos el dinero para agasajar con joyas a quienes amamos; mas no al revés, como hizo san Josemaría.

Y si en su visita a Roma no vio lujo en los centros de la Obra, pues entonces vuelva y mírelo de nuevo. Por ejemplo pida que le enseñen toda la casa central del Opus Dei… y después me cuenta si hay o no lujo en ella.

J) Ánimo ticos queridos, levanten la cara y olviden lo amargo que fue para Ustedes una etapa de su vida, los queremos mucho, de verdad y les deseamos lo mejor de lo mejor en las Navidades. Pues muchas gracias por su cariño, pero no es extensivo a los del Opus Dei con quienes conviví durante 35 años. Por ejemplo, uno de ellos, a quien conocía desde los 16, con quien estuve en el mismo centro 25, dueño de la empresa en donde trabajé durante mis últimos 10 años en la Obra (tiempo en el que él me decía que estaba encantado con mi trabajo); pues bien, dejo el Opus Dei y a los cuatro meses me echa de la empresa, sin la mínima compensación económica, sin explicaciones, sin darme píe a rectificar en el caso de que no estuviera de acuerdo con mi conducta profesional, aprovechando el momento en el que un familiar mío se hallaba gravísimamente enfermo y por lo que yo no tenía ni la suficiente fuerza física ni mental para responder… y eso lo hizo uno del Opus Dei que dice que se santifica en los deberes ordinarios del cristiano, que hace una hora de oración al día, que se confiesa semanalmente, que reza las tres partes del rosario, que asiste a misa cada mañana… alguien para quien yo era su prójimo (próximo) y del que yo pensaba que era mi amigo. Y eso porque me fui de la Obra. Y los directores del Opus Dei a quienes recurrí se lavaron las manos como Pilatos aduciendo que en los asuntos profesionales de los de la Obra ellos no se meten. ¿Cómo puede ser que en asuntos de justicia y caridad se inhiban los directores de una empresa que en teoría se proclama de Cristo y buscadora de la santidad en medio del mundo? Y como dice el refrán: entre todos la mataron, y ella sola se murió.

En fin, Tomás, me alegro mucho de que usted no sea así. Yo también le deseo de todo corazón mucha felicidad en las Navidades y en el resto de su vida. De hecho, si no buscara su felicidad y la de aquellos del Opus Dei que me puedan leer, la de sus padres, la de quienes se acercan a la Obra…, no gastaría ni mi tiempo ni mis energías escribiendo aquí.

Iván

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