¡A Por Las 500 Vocaciones Para El Opus Dei!

abril 4, 2007

(Nota del Vicario de una región a los delegados de san Rafael, con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud en Colonia)

12 de agosto de 2005

Antes de que salgas para Colonia quiero hacerte llegar estas líneas para que sepas que os acompañamos con mucha oración y penitencia para que sean abundantes los frutos en el viaje, allí en Colonia y al regreso.

El Padre nos ha pedido que recemos mucho por los frutos de la JMJ, con lo que es seguro que toda la Delegación se volcará y os acompañará muy unidos al Padre, viviendo todos así un verdadero compelle intrare.

Es importantísimo que todos los de Casa tengan muy claro, cada día -añadiría aún más: cada mañana y cada tarde- sus objetivos de apostolado personal con los chicos que van.

Una especialísima atención requerirán aquellos que den esperanza de vocación: los que puedan pedir la Admisión allí y todos a los que se les puede plantear -con hondura- la entrega.

Encomendamos de modo particular las vocaciones. Podemos dar un salto de las 500. En resumen, es ésta, una vez más, una carta pidiendo cartas.

Un abrazo muy fuerte,

Ramón.

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Un Opus Dei Que No Es El Opus Dei (II)

marzo 27, 2007

(Una respuesta de Heidi Berger a lo que cuenta Pacífica, publicada el 21-3-2007 en Opus Libros. También la añado al final de Un Opus Dei Que No Es El Opus Dei.)

No nos tomes el pelo

Queridísima Pacífica:

Acabo de colgar el teléfono -¡casi una hora estuvimos hablando!- y ya sabes lo que pienso y dejo de pensar de tu correo. Por eso no quiero repetirme, además de que serian cosas demasiado personales y ya te las he dicho. Me siento obligada a escribir y a contestarte, y te lo pido de todo corazón: no nos tomes el pelo. Ya me lo tomaste bastante los años que pasamos juntas (te conozco 14 años de los 18 que pase en la obra) y me entiendes, sabes que no te lo digo enfadada y sabes lo que significa cuando escribo de todo corazón.

Maja, has causado una hecatombe en la Web. Pienso en cada uno de los que te contestó, alucinando, de lo bien que te ha ido la vida en la obra y lo booooniita que ha sido tu salida…. vaya, a mi no, sabemos que no es así! No voy a hacerte el favor de traducir tu correo, a mi tu opinión personal, lo pasas a alguna de esas Web oficiales —en Alemania claro que también tienen una— y quizá te lo publican: sabes que en serio se toman lo que tu escribes. Prueba. Quizá esta vez si tengas suerte.

Nos cuentas que no has dormido en tabla. Después, le contestas al bueno de Supo en alemán (Supo, no se que tal tus aptitudes hacia esta lengua… je je je) que claro, la mayoría del tiempo has vivido en residencias universitarias. Y mira por donde van las cosas, coincidimos algún tiempo en la misma casa. Tranquilo Supo, tranquila Mercy, tranquilos todos…. las normalitas que dormíamos en habitaciones normalitas no teníamos tabla: es que las residentes pasaban mucho tiempo con nosotras y hubiese resultado chocante. Las pobres del consejo local, si, a la tabla, y a las que por la razón que fuere no lo hacíamos se nos pedía una mortificación extraordinaria que remplazara ésta. Puede ser que a ti, Pacifica, no te lo hayan dicho, pero sinceramente no lo creo. Y no lo creo porque vivimos en la misma casa y teníamos las mismas directoras. Quizá pasaste en el momento que te lo comentaron, pero hay que ser valiente y decir las cosas como han sido. Muy bien también lo que contestas de las mortificaciones corporales: ;-)

Como se te ocurre contestarle a Supo (queridísimo, “Supo”-ngo nuevamente que esto del alemán te tendrá….) cuando cuestiona el tema del manejo del dinero que lo normal en una familia, en una pareja, es que se maneje de manera conjunta? Y no le cuentas que tú no pasabas tu dinero al centro, que por las razones que sean no lo hacías, no dejabas tu tarjeta de débito en la caja del centro mientras que todas las otras que trabajábamos y cotizábamos “normal” si lo hacíamos??? Sabes cómo deje yo la obra y cómo la han dejado algunos otros y mira que casualidad, la Web esta llena de historias similares…. por qué no cuentas que te fuiste a tu piso bien puesto gracias al dinero que te habías ahorrado no pasándolo al centro???. No es que sea abogado de Supo, pero no contestes por favor así a gente que conoce la obra también muy de cerca y se esfuerzan por entender lo que intentas explicarnos.

Te enredas un poco con Asunta y el síndrome de Estocolmo. Yo lo supere recién leyendo esta pagina y te recomiendo la misma terapia. Yo tuve mis caminos, tu tendrás los tuyos… pero créeme, hace muy bien. Te llama la atención que tu te hayas ido tan bien y nosotros no?…. ya te dije que no conozco numeraria en la región que se haya pegado el vidorrio que tu te pegaste, y menos una que se haya ido en plan super guay y “ven a las meditaciones de san miguel cuando te parezca”, como nos cuentas! Y lo peor, cuando te pregunte por algún alma gemela allí adentro o aquí afuera…. no supiste nombrarme ni una. Entonces ….????

El camino hacia el corazón -y pasar por el síndrome de Estocolmo es una etapa de este camino- me hizo acordar a un libro que lei hace poco (creo que en el index de la obra tendría por lo menos un 7 u 8, o sea, tan terrible que ni clasificación tendría) Es la historia de una chica que cae en una relación tortuosa con un hombre un poco mayor y como intenta salir de ello. Y sabes cuando lo logra? Cuando se da cuenta que “el dependía de mi dependencia, necesita mi necesidad” (Er war von meiner Abhängigkeit abhängig, sagt sie, brauchte dass ich ihn brauchte!) Ese es el sistema nocivo de la obra: mientras espiritualmente dependas de ellos (y mira que los hilos son muy sutiles…) pues bieeeen, mirad que gusto las que se van en buen plan. Pero ya sabes lo que nos pasa a las que nos vamos plantando la cara.

Le dices a EBE que no esperas conversión de la obra, sino de sus miembros. Y cuentas de la directora con la que vas a merendar …. en fin!!! En esta pagina se ha escrito mucho sobre este tema. Es el espíritu o son las personas??? Son las personas que viven ese espíritu! Además, me has comentado que lo del espíritu que a ti no te iba, pues lo dejabas… O sea que al final eran cosas del espíritu (que siiiii, que tenias tu filosofía para vivirlo…) Esto no queda muy claro en tu escrito pero tampoco intentes aclararlo que ya sabemos -tu y yo- donde terminamos.

Y después cuentas que tu contacto con los sacerdotes, los mails, las cartas con tus amigos hombres… Siempre te gusto poner a prueba los limites, ver hasta donde llegabas…. pero sabes que allí las cosas “se viven” de otra manera…. que tu no??? Nuevamente, doy fe de ello, pero fuiste siempre la excepción y tuviste la frescura de hacer lo que te daba la reverendísima gana.

Bueno, me quedo un poco largo…

A ti Pacifica, bienvenida a la pagina y a la vida. Pero ya sabes… aquí cada uno a lo suyo, esta el que es divertido en sus escritos, el sistemático, el que lo analiza, el que nos cuenta “aneldotas”, el historiador (y cada vez que pongo “el” me refiero también a “la”), el filosofo…. cada uno tiene su sitio. Pero nos debemos el respeto mutuo, un feroz amor a la verdad y el compromiso personal de ser muy sinceros con nosotros mismos.

Heidi Berger (21-3-2007).

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Un Opus Dei Que No Es El Opus Dei

marzo 15, 2007

Algunas Cosas Que Han Cambiado.

Pacífica.

Querido Iván, he leído tu carta sobre el delito de violar la correspondencia. Puede ser que hayas vivido todo esto, igual que yo. Pero no te niegues en aceptar que algunas cosas han cambiado o están cambiando:

—Los últimos diez años ya no se abren las cartas, ni la gente las entrega a los directores. Cada uno tiene su correo electrónico y se esta escribiendo con las personas que quiere, con amigos y amigas, sacerdotes…

—En los últimos diez años (he sido numeraria de mayo 1986 hasta enero 2007) no me tocó ni una vez dormir en una tabla (tengo 37 años).

—Todas las numerarias de mi centro tenían su propia cuenta corriente.

—En los últimos cinco años no me preguntó nadie en la charla fraterna si utilizo el cilicio o las disciplinas, ni hablé yo del tema.

Recibí la dispensa del Padre el 2 de enero de este año y ahora intento vivir bien mi vocación de cooperadora. Tengo mi circulo y mi retiro mensual en el centro donde he vivido ocho años y me encanta encontrarme con todas las numerarias y supernumerarias y cada lunes me confieso en el centro. Disfruto de mi propio apartamento donde entran y salen muchas personas de casa [del Opus Dei] y muchas ex-numerarias. Me niego a hacer separaciones, pues todas, mis amigas de casa y mis amigas ya no de casa son parte de mi vida.

Un saludo a todos

Pacifica

—oOo—

Ivan de ExOpus

Estimada Pacífica:

Cuentas que tu experiencia en la Obra es la de que «en los últimos diez años ya no se abren las cartas, ni la gente las entrega a los directores. Cada uno tiene su correo electrónico y se esta escribiendo con las personas que quiere, con amigos y amigas, sacerdotes…» y que «en los últimos diez años (he sido numeraria de mayo 1986 hasta enero 2007) no me tocó ni una vez dormir en una tabla (tengo 37 años)» y que «todas las numerarias de mi centro tenían su propia cuenta corriente» y que «en los últimos cinco años no me preguntó nadie en la charla fraterna si utilizo el cilicio o las disciplinas, ni hablé yo del tema».

Ese Opus Dei que citas no sólo es desconocido para mí y para la inmensa mayoría de los que te leen, sino también para el propio Opus Dei, ya que en lo que respecta a lo que escribí sobre la violación de la correspondencia a que tú haces referencia (lo mismo cabe aplicar para el resto de lo que cuentas, mas lo dejo para otra ocasión y no hacer así excesivamente larga mi respuesta) te repito las palabras textuales de las normativas oficiales de la Prelatura sobre este tema (que son de obligado cumplimiento):

“Los Directores, por su parte, tienen el derecho y el deber de evitar que lleguen a los miembros de la Obra escritos, cartas, etc., que, de algún modo, puedan causar daño a quienes las reciben, vengan de donde vengan. Por esto, entregar una carta abierta, o haberla leído antes, no constituye nunca una prueba de desconfianza: manifiesta sólo el deseo de evitar un perjuicio, una razón ascética o una medida práctica de ayuda en la labor de formación espiritual. […] “Quienes llevan poco tiempo en la Obra agradecen que los miembros del Consejo local se preocupen con cariño -es parte de la tarea de formación- de leer las cartas que reciban: para poder orientarles, y darles el oportuno consejo espiritual o apostólico.

“Estas mismas orientaciones se siguen con las cartas que envían los Numerarios y Agregados, fuera del ámbito de su tarea profesional: excepto las que escriban directamente al Padre, al Consiliario y al Delegado Regional, se entregan al Director abiertas.”. (Del capítulo titulado Correspondencia, de las “Glosas sobre la Obra de San Miguel”.)

Cuentas también que «tengo mi circulo y mi retiro mensual en el centro donde he vivido ocho años y me encanta encontrarme con todas las numerarias y supernumerarias y cada lunes me confieso en el centro. Disfruto de mi propio apartamento donde entran y salen muchas personas de casa [del Opus Dei] y muchas ex-numerarias. Me niego a hacer separaciones, pues todas, mis amigas de casa y mis amigas ya no de casa son parte de mi vida».

Esa confraternidad que viven los de la Prelatura con quienes habéis dejado el Opus Dei va en contra de lo que está mandado por la Obra, tal y como expongo en «Los Malditos Según El Opus Dei».

Visto lo anterior, sólo se puede entender que el Opus Dei que tú nos cuentas es una corrupción del genuino (pervertido por los de tu lugar), puesto que incumple los taxativos mandatos de la Institución.

Querida Pacífica, tu testimonio tiene muy poco valor a nivel general (aunque según tu experiencia sea cierto, cosa que no discuto) ya que lo invalidan los documentos oficiales de la Prelatura.

Iván.

—oOo—

(Una respuesta de Heidi Berger a lo que cuenta Pacífica, publicada el 21-3-2007 en Opus Libros).

No nos tomes el pelo

Queridísima Pacífica:

Acabo de colgar el teléfono -¡casi una hora estuvimos hablando!- y ya sabes lo que pienso y dejo de pensar de tu correo. Por eso no quiero repetirme, además de que serian cosas demasiado personales y ya te las he dicho. Me siento obligada a escribir y a contestarte, y te lo pido de todo corazón: no nos tomes el pelo. Ya me lo tomaste bastante los años que pasamos juntas (te conozco 14 años de los 18 que pase en la obra) y me entiendes, sabes que no te lo digo enfadada y sabes lo que significa cuando escribo de todo corazón.

Maja, has causado una hecatombe en la Web. Pienso en cada uno de los que te contestó, alucinando, de lo bien que te ha ido la vida en la obra y lo booooniita que ha sido tu salida…. vaya, a mi no, sabemos que no es así! No voy a hacerte el favor de traducir tu correo, a mi tu opinión personal, lo pasas a alguna de esas Web oficiales —en Alemania claro que también tienen una— y quizá te lo publican: sabes que en serio se toman lo que tu escribes. Prueba. Quizá esta vez si tengas suerte.

Nos cuentas que no has dormido en tabla. Después, le contestas al bueno de Supo en alemán (Supo, no se que tal tus aptitudes hacia esta lengua… je je je) que claro, la mayoría del tiempo has vivido en residencias universitarias. Y mira por donde van las cosas, coincidimos algún tiempo en la misma casa. Tranquilo Supo, tranquila Mercy, tranquilos todos…. las normalitas que dormíamos en habitaciones normalitas no teníamos tabla: es que las residentes pasaban mucho tiempo con nosotras y hubiese resultado chocante. Las pobres del consejo local, si, a la tabla, y a las que por la razón que fuere no lo hacíamos se nos pedía una mortificación extraordinaria que remplazara ésta. Puede ser que a ti, Pacifica, no te lo hayan dicho, pero sinceramente no lo creo. Y no lo creo porque vivimos en la misma casa y teníamos las mismas directoras. Quizá pasaste en el momento que te lo comentaron, pero hay que ser valiente y decir las cosas como han sido. Muy bien también lo que contestas de las mortificaciones corporales: ;-)

Como se te ocurre contestarle a Supo (queridísimo, “Supo”-ngo nuevamente que esto del alemán te tendrá….) cuando cuestiona el tema del manejo del dinero que lo normal en una familia, en una pareja, es que se maneje de manera conjunta? Y no le cuentas que tú no pasabas tu dinero al centro, que por las razones que sean no lo hacías, no dejabas tu tarjeta de débito en la caja del centro mientras que todas las otras que trabajábamos y cotizábamos “normal” si lo hacíamos??? Sabes cómo deje yo la obra y cómo la han dejado algunos otros y mira que casualidad, la Web esta llena de historias similares…. por qué no cuentas que te fuiste a tu piso bien puesto gracias al dinero que te habías ahorrado no pasándolo al centro???. No es que sea abogado de Supo, pero no contestes por favor así a gente que conoce la obra también muy de cerca y se esfuerzan por entender lo que intentas explicarnos.

Te enredas un poco con Asunta y el síndrome de Estocolmo. Yo lo supere recién leyendo esta pagina y te recomiendo la misma terapia. Yo tuve mis caminos, tu tendrás los tuyos… pero créeme, hace muy bien. Te llama la atención que tu te hayas ido tan bien y nosotros no?…. ya te dije que no conozco numeraria en la región que se haya pegado el vidorrio que tu te pegaste, y menos una que se haya ido en plan super guay y “ven a las meditaciones de san miguel cuando te parezca”, como nos cuentas! Y lo peor, cuando te pregunte por algún alma gemela allí adentro o aquí afuera…. no supiste nombrarme ni una. Entonces ….????

El camino hacia el corazón -y pasar por el síndrome de Estocolmo es una etapa de este camino- me hizo acordar a un libro que lei hace poco (creo que en el index de la obra tendría por lo menos un 7 u 8, o sea, tan terrible que ni clasificación tendría) Es la historia de una chica que cae en una relación tortuosa con un hombre un poco mayor y como intenta salir de ello. Y sabes cuando lo logra? Cuando se da cuenta que “el dependía de mi dependencia, necesita mi necesidad” (Er war von meiner Abhängigkeit abhängig, sagt sie, brauchte dass ich ihn brauchte!) Ese es el sistema nocivo de la obra: mientras espiritualmente dependas de ellos (y mira que los hilos son muy sutiles…) pues bieeeen, mirad que gusto las que se van en buen plan. Pero ya sabes lo que nos pasa a las que nos vamos plantando la cara.

Le dices a EBE que no esperas conversión de la obra, sino de sus miembros. Y cuentas de la directora con la que vas a merendar …. en fin!!! En esta pagina se ha escrito mucho sobre este tema. Es el espíritu o son las personas??? Son las personas que viven ese espíritu! Además, me has comentado que lo del espíritu que a ti no te iba, pues lo dejabas… O sea que al final eran cosas del espíritu (que siiiii, que tenias tu filosofía para vivirlo…) Esto no queda muy claro en tu escrito pero tampoco intentes aclararlo que ya sabemos -tu y yo- donde terminamos.

Y después cuentas que tu contacto con los sacerdotes, los mails, las cartas con tus amigos hombres… Siempre te gusto poner a prueba los limites, ver hasta donde llegabas…. pero sabes que allí las cosas “se viven” de otra manera…. que tu no??? Nuevamente, doy fe de ello, pero fuiste siempre la excepción y tuviste la frescura de hacer lo que te daba la reverendísima gana.

Bueno, me quedo un poco largo…

A ti Pacifica, bienvenida a la pagina y a la vida. Pero ya sabes… aquí cada uno a lo suyo, esta el que es divertido en sus escritos, el sistemático, el que lo analiza, el que nos cuenta “aneldotas”, el historiador (y cada vez que pongo “el” me refiero también a “la”), el filosofo…. cada uno tiene su sitio. Pero nos debemos el respeto mutuo, un feroz amor a la verdad y el compromiso personal de ser muy sinceros con nosotros mismos.

Heidi Berger (21-3-2007).
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En Nombre De Dios

marzo 13, 2007

Luis Rojas Marcos

Jueves, 25 de abril de 2002

(Psiquiatra y ex presidente del Sistema de Sanidad y Hospitales Públicos de Nueva York.)

Desde que los terroristas islámicos suicidas, al grito de ‘¡Alá es bueno!’, estrellaron los aviones comerciales repletos de pasajeros contra miles de almas inocentes, en Nueva York y Washington, el pasado 11 de septiembre, el nombre de Dios se ha convertido en consigna de atrocidades.

En Oriente Próximo, jóvenes palestinos, libro del Corán en mano, explosionan en nombre de Dios bombas asesinas amarradas a sus cuerpos, en restaurantes y autobuses abarrotados de gente corriente. Soldados israelíes disparan sus tanques con ensañamiento contra hombres, mujeres y niños indefensos en sus propias casas. Unos alegan la promesa de Yahveh a Moisés de dar tierra al pueblo elegido; otros, más prosaicos, dicen simplemente que están saldando cuentas de acuerdo con el consejo bíblico de ‘lavarse los pies en la sangre del malvado’. Y hace unos días, cuando un periodista le preguntó al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, qué hacía para aliviar la presión de la guerra devastadora en Afganistán y las masacres diarias en Oriente Próximo, el jefe supremo del Ejército más poderoso del mundo respondió, en primer lugar, que ‘¡Rezar!’.

Lo espeluznante de esta divinización de la violencia moderna es que quienes enarbolan el nombre de Dios para exterminar a sus rivales ‘infieles’, tienen menos reparos a la hora de matar sin piedad y al por mayor. No les preocupa la opinión pública, ni tienen un programa político que promover. Además, en la mente de estos devotos, matar o morir por la causa divina o en una ‘guerra santa’ da un generoso beneficio: la garantía de gozar de una vida eterna, placentera y feliz en el más allá.

En estos días, cuando aún no hemos tenido tiempo de comprender la incongruencia y superar la confusión que nos produce tanto violento fanático que emplea el nombre de Dios, ha salido a la luz pública, en Estados Unidos y algunos países de Europa, la existencia de un ejército de sacerdotes pederastas. Durante años, estos clérigos perversos se han aprovechado de su ministerio sagrado para seducir y obtener el placer sexual con niños que a menudo no han cumplido los 12 años de edad.

La explotación sexual de criaturas es una de esas formas de violencia que la sociedad considera ‘increíble’, quizá porque todavía no está preparada para hacer frente decididamente a este gran problema, tan chocante como real. La sospecha popular es que los abusadores de niños son personas anormales, obnubiladas por la psicosis, las drogas o la ignorancia. Sin embargo, los pederastas suelen ser hombres que no muestran ningún rasgo o comportamiento aparente que nos pueda ayudar a identificarlos. Se caracterizan por vivir secretamente obsesionados con el abuso sexual de menores. Son incorregibles y no sienten remordimiento por sus ultrajes deliberados ni compasión hacia sus víctimas.

Todos los pederastas que he conocido practican una dialéctica cargada de sangre fría y clichés simplistas. A pesar de sus violaciones premeditadas y la crueldad de sus métodos, disculpan sus crímenes con fantasías románticas absurdas. Todos destilan excusas irracionales del inmenso mar de sufrimiento que ahoga a las víctimas de sus persuasiones egoístas.

Los pequeños atrapados en estas relaciones explotadoras se encuentran completamente desarmados ante el cura abusador que, en virtud de su oficio, está encargado de su cuidado espiritual. Adoptan una actitud de entrega, claudican y se desconectan mentalmente de la aterradora realidad. Pronto, estos niños no tienen más remedio que fabricar un sistema de explicaciones que les permita justificar el abuso. Inevitablemente concluyen culpándose a sí mismos. Con el tiempo se deprimen, se aíslan y pierden su autoestima y su identidad. Durante años revivirán las penosas y humillantes experiencias como si estuvieran ocurriendo en el presente. Los detalles más degradantes de los actos sexuales se entrometerán en su vida cotidiana y transformarán su existencia en una interminable pesadilla.

Son días oscuros en muchas diócesis del mundo. Incluyendo en la Santa Sede, donde parece preocupar más el daño a la imagen de la Iglesia que el trauma de las víctimas. Porque, según demuestran los casos que conocemos, no pocos prelados han tolerado, encubierto y protegido durante décadas a estos curas criminales y a sus superiores cómplices, en lugar de denunciarlos, decir la verdad y buscar sinceramente la causa y el remedio de este escándalo.

Pocos dudan de que a medida que se tira de la manta y los afligidos vencen el miedo a delatar a sus verdugos se harán más evidentes y alarmantes las dimensiones epidémicas del terrible mal. Esperemos que no sea necesario que se continúen acumulando las víctimas y el sufrimiento llegue a niveles insostenibles antes de que la sociedad reconozca abiertamente lo que no se puede ignorar más y comience a tomar medidas. Si bien todas las formas de violencia marcan la faz de la humanidad con cicatrices indelebles de dolor, desesperanza y odio, la violencia más nefasta es la mutilación del espíritu de un niño, pues socava el principio vital de la confianza, sin el cual no es posible la supervivencia de la especie humana.

Pienso que en estos tiempos tan tormentosos e inciertos, muchos hombres y mujeres buscamos ávidamente una fuente de paz, serenidad y esperanza. Pero justo cuando más necesitamos el refugio sosegado de la religión, más tenemos que huir de ella y buscar otra tabla de salvación. Desafortunadamente, grupos de violentos y pervertidos han conseguido la metamorfosis de credos de amor y respeto por la dignidad humana en doctrinas de odio y atropello. Quizá, por eso cada día somos más las personas que alimentamos la espiritualidad de nuestras propias voces internas y las convertimos en una fuente de ilusión y de consuelo. Tenemos fe en algo superior que está fuera de nosotros, pero que no llamamos Dios. Es algo que nos ayuda a configurar una perspectiva más amplia, optimista y aceptable de las adversidades y tragedias.

En cuanto a Dios, creo que ha llegado el momento de pedirle que nos salve de sus ministros, portavoces y creyentes.

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El Delito De Violar La Correspondencia

marzo 13, 2007

Ivan de ExOpus

El pasado 9 de marzo LULA trató en Opus Libros el tema tan importante de la violación de la correspondencia por parte del Opus Dei. Sus sentimientos la primera vez que le ocurrió fueron iguales a los míos. Él escribe:

La anécdota que recuerdo fue en mi primer Curso Anual (de vocaciones recientes). Mis padres me enviaron una carta la cual ME LA ENTREGARON ABIERTA!!!. El impacto, recuerdo, fue desconcertante… tremendo. No lo podía creer. Mi primer movimiento fue “rajarme” (disparar) ahí mismo.

Hizo falta charlas y explicaciones del director de turno…”la entrega total” de los afectos también, Bueno… con trabajo me calmé e intenté entender… y cambié mi modo por el otro modo… Pero recuerdo que a partir de ahí… y los años siguientes les pedía a mis padres que “mejor no me escriban” que hablaríamos por teléfono en todo caso…

Y lo que yo conté hace tres años:

Julissa, afirmas que “antes de entrar al Opus Dei, te dicen todo”.

Por ejemplo, a mí antes de hacerme de la Obra jamás me contaron que debía renunciar al derecho inviolable a la intimidad de la correspondencia. Cuando llevaba unos meses dentro (y ya me habían mentalizado lo suficiente de que la palabra del Padre era Vox Dei y de que lo que llegaba de él había que recibirlo de rodillas), durante mi primera convivencia me entregaron las cartas abiertas y me dijeron que las que escribiera se las tenía que dar al director sin cerrar; pregunto el porqué y “es una norma del Padre” y a obedecer o marcharse, lo que implicaba caer en el terrorismo espiritual antes expuesto de que el Padre dice que no da un duro por el alma de un hijo suyo que con vocación deje la Obra, de que el que deja la Obra además de perder la felicidad temporal casi seguro que pierde la eterna, de que prefería que le dijeran de un hijo suyo que se había muerto antes de que había dejado el Opus Dei, etc.; y eso cuando yo aún no había cumplido los 16 años. Y tragué en ese tema. ¿Cómo iba a dejar la Obra y ser infeliz eternamente a causa de algo tan insignificante como que el director pueda leer que mi madre me dice en una carta que el día anterior hizo unas rosquillas que estaban muy ricas?… Y así actuaron con todo lo demás, siempre poco a poco, presentándome paulatinamente cada nueva exigencia (que yo desconocía al pitar), apretando las tuercas sin descanso hasta conseguir hacer de mí alguien a quien se le pudiera pedir lo que fuera… Y así, pasito a pasito, permanecí atrapado durante casi 35 años hasta que providencialmente un día lo vi claro y me marché.

Con respecto al derecho inviolable a la intimidad de la correspondencia, no voy a ser yo quien “mienta” sobre como se vive en la Obra, dejemos que sea la propia Prelatura quien nos lo cuente:

“Los Directores, por su parte, tienen el derecho y el deber de evitar que lleguen a los miembros de la Obra escritos, cartas, etc., que, de algún modo, puedan causar daño a quienes las reciben, vengan de donde vengan. Por esto, entregar una carta abierta, o haberla leído antes, no constituye nunca una prueba de desconfianza: manifiesta sólo el deseo de evitar un perjuicio, una razón ascética o una medida práctica de ayuda en la labor de formación espiritual. […] “Quienes llevan poco tiempo en la Obra agradecen que los miembros del Consejo local se preocupen con cariño -es parte de la tarea de formación- de leer las cartas que reciban: para poder orientarles, y darles el oportuno consejo espiritual o apostólico.

“Estas mismas orientaciones se siguen con las cartas que envían los Numerarios y Agregados, fuera del ámbito de su tarea profesional: excepto las que escriban directamente al Padre, al Consiliario y al Delegado Regional, se entregan al Director abiertas.”. (Del capítulo titulado Correspondencia, de las “Glosas sobre la Obra de San Miguel.)

LULA también toca el aspecto del perjuicio a terceros que implica está política del Opus Dei, ya que quienes no son de la Obra y escriben a los de la Institución no saben que sus cartas van a ser leídas por unos desconocidos. Cuando una lectora de Opus Libros, Macodsa, quedó “asustada” al enterarse que esta práctica se había empleado con ella, hice una recopilación de los escritos en los que se le contestaba.

Todo esto nos lleva a que la violación de la correspondencia que se vive en la Obra se sale del ámbito intragrupal para transformarse en un delito contra toda la sociedad (ya que el que personas ajenas lean lo que cada cual escribe o recibe está tipificado como delito en los códigos penales de los estados en los que trabaja la Prelatura), a lo que se añade que para lograrlo ejerce una gran violencia (espiritual y psicológica) sobre los suyos; por lo que no sería extraño que en cualquier momento el aparato judicial de alguno de estos países actuara contra el Opus Dei —bien de oficio o por denuncia de algún afectado—, tal y como ha ocurrido con la multa de 60.000 euros que se le ha impuesto por mandar propaganda no solicitada.

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Las Etiquetas Del Opus Dei

febrero 19, 2007

Ivan de ExOpus

En las sectas totalísticas […] el adepto no necesita pensar por su cuenta porque la doctrina piensa por él. Es habitual que una secta destructiva cuente con su propio «lenguaje simplificado» de palabras y expresiones. Dado que el lenguaje suministra los símbolos que utilizamos para pensar, controlar ciertas palabras ayuda a controlar el pensamiento. Muchos grupos sintetizan situaciones complejas, las etiquetan, y después las convierten en frases hechas de la secta. Estas etiquetas, que son la expresión verbal del lenguaje simplificado, gobiernan la manera de pensar en cualquier situación.

En los Moonies, por ejemplo, siempre que uno tenía dificultades para relacionarse con alguien que estuviera por encima o por debajo en la jerarquía de la secta, se decía que era un «problema Caín-Abel». No importaba quién estuviera involucrado o de qué problema se tratara, era simplemente un «problema Caín-Abel».

El término en sí mismo dictaba cómo debía resolverse el problema. Caín tenía que obedecer a Abel y seguirle, en vez de asesinarle como estaba escrito en el Antiguo Testamento. Caso cerrado. Pensar de otra manera habría sido obedecer el deseo de Satanás de que el malvado Caín prevaleciera sobre el honrado Abel. Un pensamiento critico acerca de un mal paso del líder no podía atravesar este bloqueo en la mente de un buen adepto (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

Una de las funciones de los medios de formación del Opus Dei es la de repetir incansablemente etiquetas del tipo de las descritas arriba por Steven Hassan para resolver con ellas cualquier realidad a la que el sujeto tenga que enfrentarse, evitando así que razone.

Cito alguno de esos clichés.

«Como un padre de familia numerosa y pobre». Con esta fórmula queda resuelta toda la problemática económica. Si pides cambiar de coche, pues no, hay que aguantar un año más con el viejo porque somos padres de familia numerosa y pobre y los tales mantienen su coche hasta que se les cae a cachos. Si haces un gasto extraordinario, como tomar un taxi en un imprevisto, entonces te cuentan que hay que prever las situaciones, porque somos padres de familia numerosa y pobre

Para contrarrestar su fragante secretismo: «La Obra es una familia y en toda familia hay cosas que no se airean, algunas que sólo conocen los padres, otras que comparten los hijos mayores, y muchas que son desconocidas por los más pequeños». Y también: «A un niño se le empieza dando leche, luego papillas y así hasta que puede comer de todo». Pero es que ante la sociedad civil y eclesiástica el Opus Dei no es una familia, sino una institución pública.

«Cuando los enamorados se regalen trozos de cemento y lingotes de hierro nosotros haremos lo mismo con el Señor», para justificar los gastos, a veces faraónicos, en objetos de culto en vez de emplearlos en las acuciantes necesidades humanas. Este tema lo trato con más profundidad en la entrada «Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (VI)»

«Hogares luminosos y alegres», «En nuestros centros no hay lujo sino buen gusto» y «Nuestras casas se construyen con los mejores materiales por pobreza, para que así duren». Y con esas palabras anestesian las conciencias y dan material para contrarrestar a quienes acusan a los del Opus Dei de vivir en centros lujosos (que lo son).

«Es una conspiración más contra Dios, contra la Iglesia y contra la Obra» y «Los que atacan a la Obra son los mismos que atacan a la Iglesia» para neutralizar (sin analizar) la verdad o no que hay en las acusaciones de las que el Opus Dei pueda ser objeto.

«No se tiene trato con los que dejan la Obra por lo mismo que no se relacionan los que se divorcian». Y así se cargan toda la doctrina cristiana de la caridad y de la justicia para poder tratar como perros a aquellos que han dado sus energías y gran parte de sus vidas por el Opus Dei (ver Los Malditos Según El Opus Dei).

«Cuando pitamos [pedir la admisión al Opus Dei] le entregamos todo a Dios por lo que nuestro sueldo ya no es nuestro, es de la Obra antes de que lo cobremos, y por eso no lo podemos tocar». De esa forma tan chusca enajenan de raciocinio, voluntad y libertad para actualizar su generosidad al laico cooperador orgánico numerario o agregado del Opus Dei.

Nos cuentan que «es la contradicción de los buenos» cuando nuestros seres más queridos se ponen de uñas al conocer alguna de las anticristianas servidumbres de la Obra.

«Descansar no es no hacer nada sino cambiar de actividad» para justificar el secuestro al que eres sometido todos los veranos cuando en vez de reponer energías con el reposo (como hacen tus compañeros) te mandan el mes de vacaciones a ser mentalizado en una convivencia (muchos además estudian filosofía y teología) con un horario de tipo castrense

«Nadie va a una farmacia y se pone a tragar sin ton ni son las píldoras que se encuentra» es la fórmula que aplican para que sólo recibamos la información que la Obra quiera (control de lecturas, televisión, amistades, etc.).

Por último, pongo algunas etiquetas «universales» ya que el Opus Dei las usa en todo tiempo, circunstancia y lugar. Como botón de muestra, hace poco un ex numerario amigo que presenta un síndrome de fibromialgia (*) no diagnosticado mientras estuvo en la Obra me comentó que se las aplicaban a él cuando se quejaba de que no podía aguantar más:

«Tienes que pensar menos en ti mismo y darte más a los demás».

«En la Obra nuestro único derecho es no tener derechos».

«Te falta fe en los directores».

«Cuando pitamos le entregamos todo a Dios».

«En la Obra se puede mandar todo».

(*) El Síndrome de Fibromialgia imita la artritis, pero la diferencia es que no hay inflamación del espacio de las articulaciones. En cambio, es un estado muy doloroso con sensibilidad del tejido blando que conecta nuestras articulaciones, incluyendo los ligamentos, los tendones y los músculos. Comúnmente asociado con síntomas que incluyen: fatiga, somnolencia y dificultad para concentrarse. Pueden haber síntomas asociados de ansiedad o depresión.exopus-tomates-72.jpg


La Flojera En Los Del Opus Dei

febrero 5, 2007

Ivan de ExOpus

En determinados momentos de la estancia en la Obra —normalmente de forma cíclica— pueden aparecer en el sujeto los siguientes síntomas:

1. Desgana general, pero sobre todo para cumplir las normas del plan de vida.

2. No poner en práctica lo tratado en la confidencia (dirección espiritual).

3. Olvido a lo largo de la jornada de los propósitos de los exámenes de conciencia.

4. Dejarse sin hacer un número de normas del plan de vida, que con frecuencia no son las mismas de un día para otro.

5. Rechazo profundo a hacer la confidencia.

La raíz de la poca autoestima de los de la Obra se debe en gran parte a que no se le valora al sujeto lo mucho positivo que tiene, sino lo poco negativo (cada semana te atormentan por la vez que no hiciste la lectura espiritual y por los dos días que has retrasado la visita al Santísimo y nunca te motivan por las siete horas de oración mental, por el mismo número de rosarios, de misas, porque has entregado todo tu sueldo del mes, etc.). Eso supone que cada una de las confidencias de quienes padecen el síndrome del que hablamos vaya acompañada de una bronca por parte del director, que en vez de elevar la moral del sujeto, le hunde aún más.

Causas.

Ya hemos visto en otro lugar como la mayoría entra en el Opus Dei por la inmadurez de su edad, por la confianza en los directores cuando te dicen que tienes vocación y por el acoso sucesivo al que te han sometido y al que te acabas acostumbrando. Primero te importunan sin descanso para que vayas al centro, luego a las meditaciones, después para que te confieses con el cura de allí, y así hasta que te ven maduro para el asalto final: plantearte que lo dejes todo para el Opus Dei (aunque te dicen que es para Dios, mas como en la Obra hay tanta falta de respeto a los derechos humanos y a las leyes de la Iglesia, no me creo que el Opus Dei sea muy de Dios).

Una vez que estás dentro es una falta grave dudar de la vocación por lo que con esta culpabilidad que inculcan el Opus Dei cierra el cepo que desde un principio te había preparado. A lo anterior se suma el que te embeben en la creencia de que fuera de la Obra no hay felicidad alguna para ti (como ejemplo nuevo: en los medios de formación no es raro oír que si no hubiera sido por nuestra vocación al Opus Dei, muy posiblemente Dios no nos habría creado).

Con el tiempo esa esclavitud psicológica y espiritual hace que el único gozo que recibas por tu actuar sea el derivado de complacer a los directores, el de satisfacerles en la confidencia, el de evitar que te acosen más; lo que te va quitando poco a poco las ganas de vivir.

Un inciso. En la Obra se acaban haciendo las cosas no por Dios, sino por la presión humana a que te someten los directores. Por eso cuando cesa ese acoso, al dejar el Opus Dei (con la cabeza y no sólo físicamente), lo normal es que se dejen de cumplir las normas del plan de vida que te enseñaron allí, y que tan sólo permanezcan las que vivías antes de acercarte a la Obra, las que adquiriste por una elección voluntaria y no por coacción.

Volvamos al tema. Las reacciones inconscientes para sacarte de ese estado son tres, que habitualmente se dan mezcladas: el fanatismo, llevar una doble vida (compensaciones) y caer en un estado de tristeza vital.

Para aliviar esa tensión a la que el sujeto está sometido, y de la que no ve salida, hay algunos que se vuelven más papistas que el papa. Son los fanáticos extremos (el resto sólo lo es en un grado relativo) que para no sufrir dejan de pensar por si mismos, aceptan a píes juntillas lo que les predican los directores y se dedican a defender al Opus Dei de forma irracional y desmedida. Con los fanáticos absolutos es imposible razonar.

Para el resto —aquellos que no consienten en transformarse en unos irracionales completos— va pasando el tiempo, y las contradicciones entre la teoría y la práctica del Opus Dei, la sensación de sentirse en una trampa de la que no pueden salir, el agotamiento proselitista, etc., llevan al estado predepresivo antes visto, que el Opus Dei designa como de pereza y falta de visión sobrenatural.

Cuando aparece antes de hacer la fidelidad (incorporación definitiva al Opus Dei), lo que el cuerpo está pidiendo a gritos es que los directores te echen de la Obra, que vean que eres un flojo, que no les vales, y que por ello te pidan que el próximo 19 de marzo no renueves.

Es admirable la sabiduría del cuerpo. Estás mal en la Obra, cada vez peor, no puedes irte voluntariamente porque eso sería tu perdición temporal y eterna, por lo que desde lo profundo se desarrolla en ti la estrategia de transformarte en alguien inútil para el Opus Dei, para que así sean ellos los responsables de tu salida de la Obra, por lo que al no ser una decisión voluntaria tuya esos anatemas de desgracias ya no te ocurrirán.

¡Cuantísimos habrán sido echados del Opus Dei gracias a esta inteligencia subconsciente!

La vida en la Obra es como estar en un carrusel afectivo: a unos momentos de euforia extrema les siguen otros de profunda tristeza.

Si tras hacer la fidelidad es cada vez mayor la duración e intensidad de los periodos con este síndrome de flojera, y si el sujeto no los amortigua llevando una hipócrita doble vida (con compensaciones no permitidas que liberan las tensiones) o dejando el Opus Dei, se termina irremisiblemente en una enfermedad. La más frecuente es la depresión, pero también paranoia, eccemas, úlceras de estómago, alteraciones en la columna vertebral, etc.

Lo anterior explica el porqué muchas enfermedades con años de evolución desaparecen casi milagrosamente al poco de dejar el Opus Dei.

Mas si se sale de la Obra, la condición imprescindible para curarse es que se le abandone con la cabeza y no sólo con el corazón y con el cuerpo. Poco se gana si la persona sigue creyendo y sintiendo que va a ser una desgraciada por haber tirado por la borda el don inefable y único para su felicidad de la vocación al Opus Dei, sin el cual Dios no la habría creado.exopus.jpg