Inmadurez Por Baja Autoestima

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OPUS DEI: UNA FÁBRICA DE INMADUROS

XI – Inmadurez Por Baja Autoestima

Iván de ExOpus

Dentro de los factores que llevan a la madurez humana, la autoestima, la valoración positiva y objetiva que cada uno se da a si mismo, es una cualidad fundamental que todo educador debe potenciar. Gracias a ella el individuo conoce su valía, los límites, capacidades y potenciales propios, lo que le es imprescindible para el desarrollo de la personalidad y de cada una de las facetas humanas.

A diferencia de otras cualidades, la autoestima se forja en la imagen que los demás dan de nosotros. Vivimos y actuamos sin ser muy conscientes de nuestro valor, mas los que nos rodean emiten juicios y reacciones, de signo positivo o negativo, sobre nosotros que fomentan o destruyen nuestra autoestima (al principio los padres y hermanos, luego los compañeros, amigos, jefes, colegas, etc.). En la Obra nunca se admiran o alaban las cualidades de nadie, ni siquiera lo hacen en privado los directores ya que el punto de partida de su visión espiritual es la de que el hombre no es nada (es «una mierda pinchada en un palo», en imagen gráfica del argot castizo español ante lo inútil) y que lo bueno que hay en él es debido tan sólo a Dios.

No olvides que eres… el depósito de la basura. —Por eso, si acaso el Jardinero divino echa mano de ti, y te friega y te limpia… y te llena de magníficas flores…, ni el aroma ni el color, que embellecen tu fealdad, han de ponerte orgulloso.

—Humíllate: ¿no sabes que eres el cacharro de los desperdicios? (José María Escrivá, Camino, 592.)

Si eres tan miserable, ¿cómo te extraña que los demás tengan miserias? (Ibíd., 446.)

Si te conocieras, te gozarías en el desprecio, y lloraría tu corazón ante la exaltación y la alabanza (Ibíd., 595).

Cuando te veas como eres, ha de parecerte natural que te desprecien (Ibíd., 593).

Eres polvo sucio y caído. —Aunque el soplo del Espíritu Santo te levante sobre las cosas todas de la tierra y haga que brille como oro, al reflejar en las alturas con tu miseria los rayos soberanos del Sol de Justicia, no olvides la pobreza de tu condición.

Un instante de soberbia te volvería al suelo, y dejarías de ser luz para ser lodo (Ibíd., 599).

Con todo, si alguna vez, las exigencias del trabajo o de nuestra pobreza nos impiden descansar lo debido, no nos inquietemos ni nos sintamos víctimas ni pensemos que hacemos un favor al Señor o a la Obra. Hay muchas gentes que, por motivos humanos, llevan una vida dura de trabajo y de esfuerzo. No vamos a ser nosotros menos. Es el momento de decir: servi inutiles sumus; quod debuimus facere, fecimus (Luc. XVII, 10), somos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos obligación de hacer (José María Escrivá, Carta 29-IX-1954, n. 40).

Después que hubiereis hecho todas las cosas que os han mandado, habéis de decir: somos siervos inútiles: no hemos hecho más que lo que teníamos obligación de hacer (Cuadernos 3: Vivir en Cristo).

Ante esa imagen tan despreciable del hombre cualquier muestra de excelencia es interpretada en el Opus Dei como una exaltación a la soberbia.

Poca autoestima puede tener quien lo máximo que pueda realizar es considerado por los demás como no haber hecho más que lo que tenía obligación de hacer. Y de hecho, en la práctica, ni los directores ni nadie te valoran lo positivo que haces, guardan silencio, lo consideran como lo normal; y por el contrario ponen mucho hincapié en lo negativo, por pequeño que sea.

Puedes entregar 100.000 € al mes de los que sólo retiras 10 para tus gastos, puedes haber hecho siete horas de oración en la semana que impresionaron tanto a los arcángeles divinos que en un baile de aleluyas elevaron el asiento en donde estabas sentado hasta el techo del oratorio; puedes haber asistido a las misas diarias con una piedad tal que hasta san Onofre bendito las envidió profiriendo gritos inenarrables que llegaron a la Capilla Sixtina; puedes haber rezado las veintiuna partes del rosario semanales tan unido a los misterios que hasta uno de los pastores del Belén te regaló un queso…; y tras narrar todas esas maravillas, el director a quien se lo cuentas no moverá ni una ceja en signo de aprobación. Mas como se te ocurra añadir que para probarlo te has comido una cuña de aquel queso místico sin haberlo antes entregado al secretario del centro caerán sobre ti toda suerte de admoniciones por tu falta de pobreza al utilizar sin permiso ese bien, de falta de mortificación por haber comido fuera de horas, de ausencia de amor al Padre (al Prelado) por no habérselo mandado íntegro a él para que se lo comiera junto a los directores de la Casa Central de Roma en la festividad de san Josemaría… Y saldrás de esa dirección espiritual hecho polvo, sintiéndote como un grandísimo desgraciado que tan sólo sirve para desbaratar la acción del Espíritu Santo en el mundo.

Una de las máximas para educar en autoestima consiste en no exigir más de lo que la persona puede dar, que las expectativas de lo que se le pide sean objetivas, que siempre se valoren los éxitos y fracasos en su grado preciso. Pero en la Obra se practica justo lo opuesto: Al que pueda hacer como cinco, hay que pedirle como ocho: si no, se pierden (José María Escrivá. Instrucción para los Directores. 31-V-1936, n. 84).

Lo normal en el Opus Dei es hacer las cosas en grado perfecto, y si no: están mal. Entre los miles de ejemplos que se pueden citar os cuento uno del que fui protagonista. En una ocasión vino el Fundador de Roma a España y quiso reunirse con unos cuantos de la Obra en la casa de retiros y convivencias que tienen en Molinoviejo (Segovia). Cuando entró en la sala de estar todos nos levantamos y le miramos con la admiración y actitud de culto que tan bien supo inculcarnos. Entonces pasó algo increíble, imperdonable y surrealista cuando se observa estando fuera: como único saludo nos echó una bronca de las que hacen época porque una de las contraventanas de madera de la sala de estar solo había sido cerrada con el pestillo de abajo dejando el superior sin echar. Y finalizó su perorata con: Hijos míos, me habéis dado un gran disgusto. Si no cuidáis las cosas pequeñas ahora que estoy con vosotros, ¿qué no haréis cuando ya no esté aquí? ¡Me voy! ¡¡¡Y se marchó y no volvió!!! ¡¡¡Por esa gilipollez fue capaz de abandonar a la centena de personas llegadas de todas partes sólo para estar con él!!! Huelga decir el silencio, disgusto, sentimiento de impotencia y de malos hijos que nos dejó en el cuerpo, de los que creo que nunca nos recuperamos. Los protagonistas de este tipo de historias después se las contábamos a los demás, pero no para indicar con ellas la falta de respeto, caridad y amor que el ahora san Josemaría nos tenía, ni para hacer ver su neurosis manifestada en esas tonterías, sino como muestra de su gran fidelidad hacia el cuidado de las cosas pequeñas.

Cuando solamente existe el 10, y un 9 es una mala nota, y un 8 malísima, y un 7 algo totalmente inaceptable…, la persona siempre se encuentra frustrada ya que obtener un 10 no le provoca alegría (es lo que debe ser) y de ahí para abajo todo le supone pena, tristeza y sensación de inutilidad. Al poco tiempo de permanecer en la Obra tu autoestima es inexistente y te transformas en un dependiente total de los superiores.

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One Response to Inmadurez Por Baja Autoestima

  1. Manuel DLM dice:

    Qué valiente y objetivo lo del INFANTILISMO ESPIRITUAL.
    De hecho, parece que este sistema enfermizo prevalece en muchas organizaciones religiosas y en la tradición de muchos cristianos. No acaban de comprender que a quien se debe “pleitesía” es únicamente a JESÚS; y no a las personas que ocupan un puesto jerárquico, creando mitos acerca de ellas o se les lleva a los altares por asunto político-religioso.(Qué bueno que fueron congruentes con su compromiso cristiano… Son un ejemplo, pero !hasta ahí!).
    CREO QUE HACE FALTA LA RECTA FORMACIÓN DE CONCIENCIA Y DEL PENSAMIENTO CRÍTICO, PARA PODER SER LIBRES.

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