Inmadurez Espiritual

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OPUS DEI: UNA FÁBRICA DE INMADUROS

X – Inmadurez Espiritual

Iván de ExOpus

De la misma manera que ni los escribas, ni los fariseos, ni los romanos, ni nadie fue capaz de mangonear a Jesucristo; tampoco se puede hacer con alguien que alcanza la madurez espiritual que lleva a ser uno con Él. Como vimos antes, el Fundador de la Obra sólo buscó que los de su grupo se identificaran con su persona, que fueran unos clónicos suyos, lo que a todas luces es incompatible con la madurez espiritual propia de los verdaderos santos. Esta es precisamente la gran estafa del Opus Dei: proclamar que es un medio para alcanzar la santidad en medio del mundo cuando lo que en realidad hace es crear las condiciones precisas para que los sujetos les sean unos títeres a quienes no permiten alcanzar la madurez espiritual necesaria para ser independientes. Para no alargar en exceso este escrito os expongo someramente los puntos más importantes en los que el Opus Dei se apoya para realizarlo (y también porque cada uno de ellos da píe a un artículo independiente):

1 – Para dar el pego sustituye el encuentro personal con Dios por un pietismo rígido consistente en cumplir fríamente un cúmulo de normas igual para todos y que su fundador identifica como único medio para alcanzar la plenitud espiritual.

Para ser fieles, basta cumplir Nuestras Normas (José María Escrivá, A Solas con Dios, 312).

El Opus Dei que yo conocí muy profundamente […] era otro Opus Dei, no distinto sino opuesto a lo que es hoy, cuyo objeto no es la santificación del trabajo ordinario, como esencia, sino el cumplimiento de unas “normas”, cuyo desarrollo yo conocí personalmente, que no dejan de ser unas rutinas de piedad, unidas a unas mortificaciones medievales y anacrónicas, nada cristianas, que en lugar de amor producen soberbia, y unas actuaciones sociales de verdadera secta secreta, de hecho. Eso sí, con mucho dinero y mucho poder (Carta De Miguel Fisac A Un Miembro De La Obra).

2 – Sustituye el discernimiento espiritual que lleva a obrar en conciencia por la obediencia ciega y universal a los directores.

Para fundamentar que el Opus Dei no busca que los suyos sean libres sino una suerte de esclavos de los directores basta comprobar como el libro Camino no contiene ni una sola vez la palabra libertad y sí en muchas ocasiones las de obediencia y coacción. (Camino es el único texto público fundacional del Opus Dei ya que del resto han retrasado su publicación todo lo necesario para barnizarlos lo más posible hasta poder presentarlos como algo espiritualmente correcto.)

Este aspecto es tratado en el artículo de J. M. Castillo La Anulación Del Discernimiento, al que emplazo al lector que desee profundizar en el tema.

3 – Reinterpreta los Textos Sagrados para presentarlos como escritos sólo para la Institución con lo que convierten a Dios en el dios del Opus Dei.

Esto se consigue fundamentalmente por el sistema que llamo de alternancia de textos consistente en que citan un fragmento de las Escrituras e inmediatamente detrás se cambian los protagonistas del primero por aquellos a los que le interesan al Opus Dei con lo que en el subconsciente de quienes lo escuchan quedan asociados como si se tratara de lo mismo.

El siguiente ejemplo del uso de este método lo tomo del punto 41 de la carta de fecha 19 de marzo de 1992 del entonces Prelado del Opus Dei Álvaro del Portillo. Pongo entre corchetes: “[]”, mis aclaraciones; en itálica y negrita las referencias bíblicas y en itálica y subrayado las extrapolaciones que hace de ellas para transferirlas a la Obra:

Porque nos queremos de veras, sobrenatural y humanamente, y estamos unidos, notamos como un desgarrón en el alma si alguien no persevera en la vocación. Nos hace sufrir, pero no tambalear. El mismo Jesucristo experimentó la amargura de la traición de Judas, y ese dolor, ofrecido a Dios Padre, fue también medio para redimirnos. Sigamos nosotros su ejemplo y curemos la herida de la infidelidad con el bálsamo de nuestra entrega.

Judas era un Apóstol, había recibido esa vocación y Jesús no se equivocó al llamarle, pero aquel hombre prefirió la infidelidad. Traiciona al Señor con un beso; él, que había recibido el beso de una llamada divina. ¡Qué trágica mentira cuando la infidelidad se pretende camuflar bajo apariencia de amor! Judas traicionó al Señor por dinero. Demás abandonó a San Pablo por los placeres de esta vida… en el fondo, siempre es el egoísmo, la soberbia, es el yo desorbitado el que impide la fidelidad.. Para nosotros, la fidelidad a nuestra llamada significa fidelidad a la vocación cristiana: al Amor de Dios [se refiere a la vocación al Opus Dei]. Se entienden por eso las palabras fuertes de nuestro Padre: si alguno de mis hijos se abandona y deja de guerrear, o vuelve la espalda, que sepa que nos hace traición a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos en la Obra, a todas las almas. Detrás de las tentaciones contra la fidelidad, siempre se cela alguna de las concupiscencias, o las tres, que el diablo trata de aprovechar para que cambiemos la perla preciosa de la vocación por cualquier baratija. De ordinario, tras la resistencia a seguir al Señor al ritmo de nuestra entrega, no hay más que eso: concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. Se ha puesto el corazón en los encantos de una vida mundana, y en lugar de servir, se ansia sólo triunfar; en lugar de darse, tener; en lugar de Amor, egoísmo; y al fin, en lugar de negarse a uno mismo, se niega a Dios. Entonces, donde había entusiasmo y alegría, aparecen el aburrimiento y la tristeza mala, porque se ha olvidado que quienes son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias.

Como podemos comprobar hay una alternancia de textos sagrados y su exclusiva aplicación a los fines de la Obra. Con lo que con esa única interpretación es como si se hicieran de nuevo las Sagradas Escrituras, ahora escritas tan sólo para el Opus Dei. Del fragmento que hemos leído se desprende que Judas, el apóstol traidor, y alguien que deja el Opus Dei son una misma persona.

Este sistema, empleado un día y otro y el siguiente…, durante años y sin dejar hueco alguno para otra interpretación, usando los mismos fragmentos bíblicos y sus asociaciones con lo que la Obra quiere falsear, termina por provocar su reinterpretación total según la conveniencia del Opus Dei. Así, para el ejemplo visto cada vez que alguien de la Prelatura oye hablar de Judas inmediatamente piensa en aquellos que dejaron el Opus Dei.

Esta reinterpretación de la Biblia produce otros daños colaterales. Uno es que al cabo de los años de ser aplicado incapacita para descubrir otros mensajes espirituales de esos textos que sean distintos a los que tan machaconamente le han implantado. Esto se nota mucho cuando dejas el Opus Dei porque entonces buscas otras interpretaciones, olvidarte de tanta falsedad que te han inculcado, y se te hace muy difícil conseguirlo. Otro perjuicio es el de aislarte del resto de los católicos (cristianos y en general cualquier ser humano abierto a lo que Dios desea decirle a través de la Biblia), pues no puedes comprender los mensajes universales de los Textos Sagrados sino exclusivamente aquellos que la propaganda oficial de la Obra ha querido introducir. Por último, y como consecuencia de lo anterior, cuando dejas la Obra sientes un rechazo a leer la Palabra de Dios por su intensa asociación a lo que te evocan. Por ello muchos abandonan su lectura, y en general cualquier práctica espiritual, por los recuerdos que le llevan a como el Opus Dei los mangoneaba a su través.

4 – Sustituyen la verdadera dirección espiritual con un director elegido por el sujeto, confidencial, de persona a persona, cuya meta es la identificación con Dios; por una pantomima al obligar a contar toda la vida íntima a alguien impuesto por los directores, que no es confidencial porque se informa de cuanto se dice a los superiores y que no busca la identificación con Dios sino con el Opus Dei.

Si se entiende bien que quien imparte la dirección espiritual es el Opus Dei, fácilmente se comprende que no tendría sentido, por ejemplo, que al hacer la charla fraterna [dirección espiritual] alguien pusiera como condición, para tratar un tema determinado, que quien la recibe se comprometiera a “no contar a nadie” lo que va a decirle; o que éste último, pensando facilitar la sinceridad, equivocadamente dijera al que hace la charla: “cuéntamelo todo y no te preocupes, porque no se lo voy a decir a nadie más”. En estos casos hipotéticos, la persona que recibiera la charla dejaría de ser instrumento para hacer llegar la ayuda de la Obra: esa conversación no sería una charla fraterna de dirección espiritual (Experiencias sobre el modo de llevar charlas fraternas. Roma, 19-III-2001, IV, núm. 65).

Y en el punto 215 de la última edición del Catecismo del Opus Dei (el subrayado es mío):

Ejercen la dirección espiritual personal, en cuanto a las disposiciones interiores, los Directores y los sacerdotes de la Obra. […] Para comprender lo anterior, ha de tenerse presente que es el mismo Opus Dei el que imparte la dirección espiritual, y nadie puede atribuirse el derecho exclusivo de ejercerla. Por tanto, quienes no han recibido esa misión del Padre o de los Directores Regionales, no pueden ser buenos pastores.

Por eso, en la Obra la dirección espiritual personal existe sólo in actu: cuando el Director escucha la Confidencia, y cuando el sacerdote confiesa o atiende charlas de dirección espiritual.

5 – Te fuerzan a confesarte semanalmente, con pecados o sin ellos, con el sacerdote que te imponen y te coaccionan lo indecible para que no ejerzas la libertad que concede la Iglesia de poder acudir a otro elegido por ti.

Como botón de muestra de las presiones increíbles que padecen los del Opus Dei para no confesarse con otros sacerdotes basta leer la meditación del Fundador El Buen Pastor, de 12-III-1961; en donde él se pone en el lugar del único Buen Pastor para los de la Obra y de los sacerdotes ajenos llega a afirmar que los que no son el buen pastor, resultan ladrones y salteadores.

6 – El sentimiento de culpabilidad que te inculcan enfría la relación directa con Dios.

Queda muy bien resumido por el siguiente testimonio, que suscribo al cien por cien:

Antes de empezar a ir [a un club del Opus Dei], mi vida interior y mi relación con Dios eran muy ricas y muy cercanas y durante aquellos dos años había empeorado por tanto sentimiento de culpabilidad por no poder cumplir con las muchas exigencias que me imponían. En vez de facilitarme las cosas me las estaban empeorando y puedo decir que ese es el mayor daño que me produjo, el que sufrió mi vida interior (Como se fragua un suicidio y, de paso, mi historia. Fein).

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