El Infantilismo En el Opus Dei

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OPUS DEI: UNA FÁBRICA DE INMADUROS

III – El Infantilismo En el Opus Dei

Iván de ExOpus

Uno de los pilares de la doctrina del Opus Dei es el de la infancia espiritual que comienza porque han de llamar «Nuestro Padre» al Fundador y «Padre» al prelado de turno lo que inconscientemente lleva a las personas que los pronuncian a considerarse como «niños» ante ellos. Y después se les forma para que se mantengan como niños frente a Dios (a quien no ven) y ante sus directores (a quienes si que ven y oyen muy bien).

Esta infancia mental, de la que hablaba en otro escrito, es una característica esencial del Opus, sin la cual se desintegraría. El Opus no puede apoyarse en individuos con criterio propio, con libertad de espíritu, con sentido critico, con un espíritu independiente. El Opus funciona con hijos obedientes, con niños aplicados que se amoldan a lo que el Opus quiere y que adoptan como propias todas las cosas que el Opus les inculca (Los hijos que no han pasado por la crisis de la adolescencia. Atomito).

La idea de hacerse o sentirse niños delante de Dios está expuesta de una manera amable en el principal libro del fundador del Opus Dei (Josemaria Escrivá: Camino). Desgraciadamente, todo lo que propone para Dios, la Obra intenta utilizarlo en beneficio propio. Para ellos “hacerse niños delante de Dios” es lo mismo que “hacerse niños delante del Opus”. Por eso, sus miembros no actúan bajo su propia responsabilidad y dejan todas las cuestiones importantes en manos del Opus, como hacen los niños con sus padres (Preguntas Y Respuestas Sobre El Opus Dei 5.1. ¿Qué significa “hacerse niños delante de Dios”?).

Ser pequeños, lo que podríamos llamar “razonablemente pequeños”, en la Obra, no es, como debería ser, poner la razón al servicio de sus fines y de la propia vocación. Es anular la razón misma al servicio de la Obra, de su “razón única”. Siendo, dice Monseñor, como niños de dos años, que no ven más allá de lo que quieren sus padres (El Opus Dei – Anexo A Una Historia. María Angustias Moreno. Cap. 17).

Características de la infancia espiritual que predica el Opus Dei

1 – Se debe poner un gran esfuerzo en que el infantilismo no se note, lo que es imprescindible para ocultar la inmadurez en la que en realidad viven.

Ser niño no es ser afeminado. (José María Escrivá, Camino, 888).

Cuando te llamo “niño bueno” no pienses que te imagino encogido, apocado. —Si no eres varonil y… normal, en lugar de ser un apóstol serás una caricatura que dé risa (Ibíd., 877).

Niño, con Dios: y, por serlo, hombre muy viril en todo lo demás. —¡Ah!: y deja esas mañas de perro faldero (Ibíd., 858).

La recia virilidad de la vida de infancia (Ibíd., 883).

La infancia espiritual no es memez espiritual, ni “blandenguería”: es camino cuerdo y recio (Ibíd., 855).

¿Has visto algo más tonto que un chiquillo “hombreando”, o un hombre “niñoide”? (Ibíd., 858).

2 – Para identificarse con el Fundador se exige la entrega total a los directores de la inteligencia:La infancia espiritual exige la sumisión del entendimiento (Ibíd., 856)—; de la voluntad: La infancia espiritual exige […] un continuo ejercicio de la voluntad, que niega, como niega a la carne, una y otra vez y siempre, dándose, por consecuencia, la paradoja de que quien sigue el “Caminito de infancia”, para hacerse niño, necesita robustecer y virilizar su voluntad (Ibíd., 856)—, que exige docilidad (Ibíd., 871); de toda la intimidad: Niño bobo: el día que ocultes algo de tu alma al Director, has dejado de ser niño, porque habrás perdido la sencillez (Ibíd., 862); Hijos, en el principio de todo descamino hay una resistencia a referir algo que humilla, se esconde una falta de sencillez. En el principio de toda ruptura con el afán de seguir al Señor con alegría, está siempre la tristeza de no haber hablado a tiempo (José María Escrivá, carta 14.02.1974, n. 22).

3 – Todo ello va en contra del proceso de maduración. Remar contra esa fuerte corriente es algo muy costoso y en la Obra previenen que la gente se espabile preparándolos con mensajes de apariencia espiritual para que así no sospechen de su antinaturalidad cuando el cuerpo se resista a seguir:

Camino de infancia. —Abandono. —Niñez espiritual. —Todo esto no es una bobería, sino una fuerte y sólida vida cristiana (José María Escrivá, 853).

Si en algún momento —ante el esfuerzo, ante la aridez— pasa por vuestra cabeza el pensamiento de que hacemos comedia, hemos de reaccionar así: ha llegado la hora maravillosa de hacer una comedia humana con un espectador divino. / No podemos abandonar nuestra vida de piedad, nuestra vida de sacrificio, nuestra vida de amor. Hacer la comedia delante de Dios, por amor, por agradar a Dios, cuando se vive a contrapelo, es ser juglar de Dios. Es hermoso —no lo dudes— hacer comedia por Amor, con sacrificio, sin ninguna satisfacción personal, por dar gusto al Señor, que juega con nosotros. […] Hay que cumplir con el deber, no porque nos guste, sino porque tenemos obligación. No hemos de trabajar porque tengamos ganas, sino porque Dios lo quiere: y entonces habremos de trabajar con buena voluntad. El amor gustoso, que hace feliz al alma, está fundamentado en el dolor, en la alegría de ir contra nuestras inclinaciones, por hacer un servicio al Señor y a su Santa Iglesia (José María Escrivá, carta Videns eos, 24.03.1931, nn. 18-19).

¿Cómo pueden adquirir madurez quienes son forzados a un estado de infantilismo perpetuo?

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