Vicente de Pines, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

VICENTE DE PINES Abogado Madrid.

No era lógico que me sintiera atraído por el Opus; la educación que recibí, liberal y religiosa, me hacía ver con recelo a toda organización oculta o secreta, cu­yos reglamentos o constituciones no estuvieran desde un principio a mi alcance, y cuyos fines y los medios para conseguirlos no fueran conocidos por parte de todos.

Desde muy joven me atrajo la política, y una de mis mayores ilusiones era la de dedicarme intensivamente a ella. Quedaron frustradas esas ilusiones por la gue­rra y el totalitarismo que la sucedió. Más tarde, y a pesar de la indudable apertura que supuso el Opus, quedé insatisfecho, no sólo por el recelo inicial de que acabo de hablar, sino también porque soy contrario a todo confesionalismo en política, y todavía mucho más en las finanzas. Los resultados de la gestión pública de la Obra, están a la vista de todos, y realmente no son muy aleccionadores. Lástima que el nombre que uti­lizan resulte tan terriblemente ambicioso: Opus Dei. Olvidando que son hombres los que han de realizar la obra y que ya un barbastrino ilustre terminaba uno de sus sonetos más conocidos con la pregunta de: «Ciego, ¿es la Tierra el centro de las almas?»

Para terminar, quiero transcribir dos números de las Constituciones del Opus. Las he podido leer en el libro de Jesús Ynfante, editado por Ruedo Ibérico, que, al parecer, contiene muchos errores, pero nadie, ni siquiera en el reciente artículo que «ABC» le ha dedica­do, se ha podido decir que fueran falsas las Constitu­ciones que figuran en su apéndice IV. Los dos puntos son:

«58. Para que mejor se observe en el Instituto la vida espiritual, todos los socios, Numerarios y Supernu­merarios, inmediatamente después de pronunciada la Fidelidad, tocando los Santos Evangelios e invocando el nombre de Cristo, con juramento que confirma la obli­gación de conciencia según la gravedad del mismo bajo vínculo de temor religioso, deben prometer lo que si­gue de la manera más abajo descrita:

1……

2°……..

3.° En cuanto a mí mismo: consultaré con mi Su­perior Mayor inmediato, o con el Supremo, según la gravedad del caso o la seguridad o eficacia de la deci­sión, cualesquiera cuestiones profesionales, sociales u otras, aun cuando no constituyan materia directa del voto de obediencia, sin pretender transferir a dicho su­perior la obligación de responder de ello.

193. Estas Constituciones, las instrucciones publicadas y las que puedan en lo futuro publicarse, así como los demás documentos, no han de divulgarse; más aún, sin licencia del Padre, aquellos de dichos do­cumentos que estuvieren escritos en lengua latina, ni siquiera han de traducirse a las lenguas vulgares.»

Si en algún momento -cosa que, insisto, no ha ocu­rrido- hubiera tenido dudas sobre si debía aproxi­marme al Opus, me hubiera bastado conocer sus Cons­tituciones, para comprender que no podía aceptar obli­gaciones impuestas por textos desconocidos para mí, ni mucho menos revelar cuestiones de las que yo tu­viera conocimiento por razón de mi profesión.

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