El Avaro Y El Pobre En El Opus Dei

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Iván de ExOpus

Introducción

Este escrito se origina como respuesta al siguiente comentario:

Yo viví en muchos centros del Opus Dei. Ninguno un palacio de oro como dices. Viví por un tiempo en la Asesoría Regional, allí se vivía con mucha sobriedad y nunca vi nada lujoso sino cosas puestas con buen gusto. Tal vez hay una confusión entre lo que es vivir apegado a las cosas y vivir desprendido de ellas. ¿Las vestimentas almidonadas? Las únicas que vi fueron las que aplanche diariamente todas las noches para la Santa Misa del día siguiente. Tal vez la riqueza es mucha para algunos cuando se trata de las cosas usadas en el sacrificio de la Santa Misa.

En el que se utilizan algunos de los clichés con los que la Obra justifica los excesos en lo material y que los suyos repiten una y otra vez, incluso con las mismas palabras.

Lo que comenzó como una breve contestación a ese comentario fue creciendo hasta transformarse en este escrito de 10 apartados.

En Internet se valora mucho lo conciso por lo que habitualmente fragmento mis trabajos en varias entradas para así ayudar su lectura. Hay veces en las que no veo conveniente hacerlo, y ésta es una de ellas, ya que la unidad de lo que se cuenta obliga a colocarlo todo en el mismo grupo. No obstante, pongo un índice con enlaces para poder ser leído cómodamente en varias sesiones.

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ÍNDICE

Introducción

I – Tipos De Pobreza

II – La Pobreza Institucional Del Opus Dei

III – Las Castas Del Opus Dei

IV – Las Normas De Conducta Para Ser Pobres En El Opus Dei

V – Las Justificaciones Para Vivir como Ricos Llamándose Pobres

VI – La Espiritualidad Del Opus Dei

VII – El Gran Descubrimiento Del Opus Dei

VIII – El Trinomio De La Salvación

IX – Resumen

X – Artículos Relacionados

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I – Tipos De Pobreza

De vez en cuando aparece en los medios de comunicación la noticia de que alguien que llevaba una vida miserable (vestía andrajos, recogía basura por la calle, sin electricidad en su casa, etc.) había fallecido y al inspeccionar los servicios públicos su vivienda se llevan la tremenda sorpresa de encontrarse con una fortuna (más de 800.000 € en el último caso que recuerdo).

Con este ejemplo extremo que hemos visto se comprueba como un avaro vive austeramente, su comida es frugal, pasa frío, no se permite ningún capricho, etc., y todo ello lo hace para ahorrar, para así disponer de más dinero en sus cuentas bancarias, bajo el colchón de su cama o invertido en inmuebles.

Aunque tanto un pobre como un avaro viven con la misma austeridad lo que los diferencia es que el primero lo hace porque no tiene otra opción mientras que el segundo porque ama mucho al dinero y quiere tener más.

Académicamente podemos distinguir dos tipos de pobreza: la de espíritu y la física; y dentro de esta última: la obligada y la elegida.

Pobreza física obligada es la del que carece por necesidad, porque la vida le ha llevado a no poseer recursos materiales. Pobreza física elegida es la de quien renuncia voluntariamente al uso y dominio de los bienes. Recordemos que las dos son físicas, tangibles, que a quien se encuentra bajo la órbita de cualquiera de ellas se le puede aplicar el dicho de que “no tiene donde caerse muerto”.

Pobre de espíritu es aquel que vive desapegado de los bienes materiales, según explica muy bien el punto 632 de Camino:

No consiste la verdadera pobreza en no tener, sino en estar desprendido: en renunciar voluntariamente al dominio sobre las cosas.

—Por eso hay pobres que realmente son ricos. Y al revés.

La teoría es muy sencilla, ¿pero cómo se puede discernir en la práctica quién es un verdadero pobre de espíritu y quién un avaro que emplea la falsa justificación de no tener el corazón apegado a las riquezas que caen bajo su uso para hacerse parecer como un pobre?

Aunque Jesucristo llama bienaventurados a los pobres de espíritu (Cfr. Mt. 5,3), a la hora de materializar este tipo de pobreza exige que vaya acompañada de la física, veámoslo en su encuentro con el joven rico:

Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme.»

Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes (Mt. 19, 21-22).

Estoy seguro de que ese joven habría formado parte de la comitiva de los que seguían al Maestro, inmediatamente, si en vez de lo anterior se le hubiera pedido: haz un acto de desapego de todo cuanto posees y luego sígueme. Mas Jesús sabía que la pobreza de espíritu es una cualidad invisible tanto para el propio sujeto como para el resto de los mortales por lo que es muy fácil utilizarla como excusa para justificar el amor a las riquezas, y por eso le exige que vaya acompañada de tirar por la borda todo cuanto se posee.

Observemos una circunstancia muy significativa en la que ahondaremos después: el Señor no le dice a ese joven que venda todo cuanto tiene y se lo dé a Él para meterlo en la bolsa en la que Judas administraba los bienes del grupo sino que lo reparta entre los pobres. Y, ¿qué importancia puede tener esta distinción? Muy sencilla, porque si le hubiera pedido que se lo diera a Él habría podido entenderse que Jesús era un avaro que expoliaba los bienes ajenos usando el arma de la espiritualidad.

En la mayoría de las ocasiones las personas no pueden desprenderse físicamente de todos sus bienes ya que se lo impiden las responsabilidades familiares o de otro tipo. Entonces el criterio para discernir la pobreza de espíritu se da cuando el rico pierde o dona gran parte o toda su fortuna y a pesar del hecho permanece igual de impasible que cuando la tenía, señal inequívoca de que estaba desprendido de ella.

Sigamos con otro ejemplo evangélico:

Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.

Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.»

Se apresuró a bajar y le recibió con alegría.

Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.»

Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.»

Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.» (Lc. 19, 1-10).

En este caso, además de comprobar la pobreza de espíritu de Zaqueo, observamos lo mismo visto en el caso del joven rico: el dinero es entregado a los pobres y no a Jesús ni a sus acompañantes.

Ciertamente que Jesús acepta donativos, pero siempre dados de manera espontánea, sin que Él los pida. Leamos un ejemplo:

Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.

Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?»

Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.

Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre tendréis.» (Jn. 12, 1-8).

Contrasta la postura del Maestro, que acepta y agradece lo que voluntariamente le dan, con el disgusto de Judas que deseaba rapiñar el regalo para su beneficio.

Esta conducta de Jesús nos da un criterio de discernimiento sobre la autentica pobreza de espíritu: cuando una persona o institución se queda con el dinero que incita a donar para Dios, es fraudulenta. En caso contrario, digna de encomio.

II – La Pobreza Institucional Del Opus Dei

El Opus Dei aplica los criterios de Jesús sobre la pobreza materializándolo en que los laicos numerarios y agregados se desprendan de todos sus bienes y los supernumerarios y cooperadores externos de una parte de ellos.

En principio todo está bien, concuerda con la doctrina evangélica, pero hay una circunstancia que no debemos pasar por alto: es el Opus Dei quien recibe todos los bienes de aquellos a los que mueve a hacerse pobres según su espíritu.

Según las enseñanzas de Cristo que vimos antes el Opus Dei actúa como una institución fraudulenta puesto que lo que en realidad busca es enriquecerse a costa de empobrecer a los demás utilizando una especie de atraco espiritual en el que emplea la sofisticada y falsa arma de hacer creer a la gente que pide en nombre y para Dios cuando en realidad lo hace para él.

En el caso de los célibes les pide dar todo su capital a la Obra: el que tenían antes de hacerse de ella y el que adquieran en adelante por su trabajo, porque lo que hereden o por otra razón.

En la práctica, cada numerario y agregado entrega al secretario de su centro el sueldo íntegro que gana y de ahí saca la cantidad que necesita para sus gastos, que previamente ha sido aprobada por los directores. Tanto lo que ingresa como lo que retira se hace sin que el interesado reciba documento alguno que lo justifique.

La expoliación de la libertad por parte del Opus Dei sobre el uso del dinero es tal que se cuenta en los medios de formación que no se puede gastar nada de lo ganado antes de entregarlo en el centro, que no puedes comprar algo que no esté previamente aprobado por la Obra y cuyo dinero no te lo haya dado el secretario, ya que —te dicen— desde el momento en el que nos hicimos de la Obra todo lo nuestro es de ella, lo que significa que el sueldo que recibimos por nuestro trabajo no es nuestro sino del Opus Dei, por lo que no podemos emplear ni una parte de él ya que eso supondría quitárselo a la Obra.

En el Opus Dei se predica que la pobreza de espíritu que Dios les pide se tiene que sentir, que hay que echar en falta cosas que disfrutan otros del mismo entorno ajenos a ella. Por eso no asisten a espectáculos públicos (al futbol, al cine, al teatro, no se pertenece a clubs salvo excepciones en caso de que el proselitismo lo necesite), no se hacen regalos entre ellos, etc. Pero lo que ahorran de todo cuanto se privan va a parar a las arcas del Opus Dei.

La mayoría de los bienes que la Obra recolecta están ocultos al fisco. El dinero que los suyos ganan u obtienen por donativos lo entregan en metálico. Si las empresas en donde trabajan se lo ingresan en un banco, lo sacan de él y después se lo llevan al secretario quien lo mete en la caja fuerte y, como antes dijimos, sin dar ningún recibo a quien se lo entrega. De lo recaudado en el centro éste se queda con lo que tiene aprobado por los directores de la Delegación para los gastos previstos y el resto se lo envían a ellos, quienes siguen el mismo procedimiento con la Comisión, y esta con el gobierno central de Roma. Según vemos el dinero sufre un bombeo desde el nivel inferior al más elevado de la Obra y todo ello sin que haya papeles que lo justifiquen, sin dejar rastro alguno por el cual lo puedan intervenir las haciendas de los países en los que trabajan, ni reclamarles nada documentalmente quienes lo entregaron, lo que es muy importante si algún día dejan la Obra.

Ocultan el capital de sus inversiones a través de sociedades interpuestas cuyos socios son numerarios y agregados a quienes les hacen firmar un contrato de compraventa con la fecha y el comprador en blanco (vendí) de aquellas acciones que figuran a su nombre, siempre sin que el interesado reciba copia. Este sistema también lo emplea con los bienes que han de tener un dueño, por ejemplo los coches que utilizan o los pisos en los que viven los agregados; los directores regionales tienen de todos ellos un vendí en blanco. Si dejas el Opus Dei, en los contratos de compra venta que poseen de lo que tú firmaste le ponen una fecha que les conviene y como nuevo titular a otro de la Obra, y todo resuelto. Además, para no tener problemas con el fisco esas sociedades declaran no generar beneficios y así sus titulares no tienen que exponer ningún ingreso por este concepto en las declaraciones anuales de la renta.

Para rizar el rizo, y que no se les escape ni el mínimo céntimo, obligan a todos los suyos a testar los bienes que pudieran tener a la hora de su muerte a favor de sociedades cuyo dueño real es la Obra.

Y el Opus Dei no da nada a nadie ajeno a ella misma. Todos sus servicios los cobra con creces: cursos de retiros, convivencias, son muy caras las plazas en sus colegios, etc. Se puede hacer correr mucha tinta para mostrar como el Opus Dei es un agujero negro que sólo arrastra para si mismo todo cuanto cae bajo su fuerza de gravedad.

Todos los pertenecientes a la Obra sabíamos que ésta era una finalidad en sí misma. Nunca oí hablar en términos universales de la Iglesia ni de servicio a los pobres ni de los problemas de la humanidad. La Obra al ser perfecta no tenía necesidad de mejorar en nada ni se tenía que reformar jamás. Aquí estaba todo atado y bien atado (Proselitismo feroz. Blanca Ortiz de las Heras).

Mas para verlo con claridad bastará con observar como la Obra no es capaz ni siquiera de dar la mínima ayuda económica a quienes se salen de la institución, aún tras haber estado décadas ingresando sin justificante alguno todo cuanto ganaron y heredaron. Pero mejor leámoslo en los documentos internos del Opus Dei, que son de obligado cumplimiento para los suyos:

Quien por cualquier razón abandone la Prelatura o sea dimitido por ella, no puede exigir nada de ésta por los servicios prestados a ella, ni por aquello que, bien por trabajo o por el ejercicio de la profesión, o por cualquier otro título o medio, le haya dado en compensación (Los estatutos del Opus Dei, 1982, IV, 34).

No sólo no los ayudan económicamente sino que llegan a tratarlos con crueldad:

En cualquier caso, los Directores han de tomar las medidas —dictadas por la caridad y por la prudencia— para que no se perturbe el buen espíritu de los demás, ni se creen confusiones o situaciones equívocas. Se perturbaría o se confundiría, por ejemplo, si mientras no transcurran muchos años, se les permitiera que fuesen por nuestros Centros con demasiada frecuencia y confianza, o se les invitara a comer allí; si se tuviera con ellos una excesiva familiaridad, en el trato y en las conversaciones; si se les contaran cosas de la vida en familia, o si se les hiciera intervenir prematuramente y con cierta autoridad y responsabilidad en actos o en trabajos relacionados con la Obra y que, por ser públicos, pudieran tener una cierta difusión. Tampoco resulta oportuno, de ordinario acudir a su boda, al bautizo de los hijos, etc. (Vademécum Del Gobierno Local, Capítulo IIIPerseverancia En La Obra, apartado 5.)

Y para colmo:

No resulta tampoco oportuno que, después de abandonar su camino, comiencen a colaborar con personas de la Obra en trabajos profesionales de los que obtengan un beneficio material [por lo tanto si que pueden trabajar con ellos mientras lo hagan gratis]. (Ibíd.)

Pero eso si, siempre están prestos para no hacerle ascos al dinero:

La mejor manera de manifestar su buena disposición [la de quienes dejan la Obra] es que ayuden generosamente con sus limosnas —según su capacidad— en las labores de apostolado, al menos durante bastante tiempo. (Ibíd.)

Recapitulemos. Dejando aparte las razones de justicia que deberían tener con quienes han colaborado con sus vidas y dinero en el desarrollo de la Institución, esas personas tendrían que ser a las que más amarán los del Opus Dei. Y si son capaces de tratarlos con la crueldad que hemos visto, mucho peor aún se comportarán con los demás. Si no ayudan económicamente al que ha estado con ellos años y años siendo uno de los suyos, ni le tratan con familiaridad, ni le invitan a comer a sus centros, ni acuden a su boda, ni al bautizo de sus hijos, ni a otras celebraciones familiares; ni permiten que le faciliten trabajo remunerado y encima le califican de estar en buena disposición si les da limosnas generosas…

Tras lo visto, ¿alguien puede creerse que el Opus Dei ame a alguien? ¿Qué dé algo gratis?

Así, por ejemplo, cuando el Opus Dei nos cuenta en su propaganda oficial que ha inaugurado una escuela para campesinas en un país del tercer mundo, en realidad hay que entenderlo como que les faltan numerarias auxiliares, esto es, chicas que mantengan el servicio doméstico de sus centros en un régimen de dedicación total, por lo que montan esa iniciativa para obtenerlas de allí.

La ausencia de caridad y ser el destinatario de los bienes que donan quienes se le acercan nos lleva a considerar que la pobreza institucional que el Opus Dei afirma tener es en realidad una avaricia encubierta.

III – Las Castas Del Opus Dei

La doctrina del Opus Dei indica que uno de los suyos no se debe distinguir en lo externo de cualquier compañero o amigo de su entorno social.

Su fundador estratificó las vocaciones del Opus Dei en algo muy parecido a las castas de la India en las que hay separación total entre una y otra.

Así, por poner algún ejemplo, las numerarias tienen una tertulia sólo para ellas y otra separada para las numerarias auxiliares (las del servicio doméstico), y es algo tan rígido que en un día de Navidad sólo quedó una numeraria auxiliar en un centro, ya que el resto del servicio eran contratadas y se fueron con sus padres y hermanos, pues bien, en vez de unirla a la tertulia de las numerarias, una de éstas se fue con la solitaria para que no estuviera sin nadie mientras el resto tenía su reunión aparte. Otra muestra: los agregados viven fuera de los centros de la Obra y los numerarios en ellos. Esto es lo que los diferencia y es lo suficiente para que tengan círculos breves (un medio de formación semanal) separados. Durante unos meses yo fui el único agregado en la ciudad en donde temporalmente tuve que estar por motivos de trabajo. Un numerario me daba un círculo a mí sólo y justo después tenían el suyo el resto de los del centro. Una vez no apareció el que me lo daba a mí. Estuve esperando hasta que unos minutos antes de comenzar el de los del centro fui al director y le expliqué lo sucedido. Intenté arreglarlo sugiriendo que podía unirme al de ellos y entonces me contestó: no, mejor ven mañana a las 8 y te lo doy yo.

En la cima del estrato vocacional del Opus Dei están los numerarios. La Obra los forma haciéndoles creer que son tocados por el Altísimo, lo más grande del mundo, una especie de dioses lanzados a la Tierra, unos héroes nacidos para gobernar al resto del Opus Dei y a todos los mortales, gente para quien el fin justifica los medios siempre que beneficie a la Obra… Y estas personas no pueden vestir, ni comer, ni vivir en un sitio cualquiera sino en algo congruente con su estatus de superelegidos. Eso lleva a que utilicen mejor ropa que la de los de su entorno, que tengan un servicio doméstico principesco, que habiten en centros del mayor nivel posible del sitio en donde están, que sus casas se remocen cada año (cambiando la tapicería de los sillones, o las cortinas, o la pintura de las paredes…), etc.

Todo lo visto en este capítulo es un preámbulo para comprender que es muy difícil que los numerarios puedan vivir la pobreza de espíritu rodeados de ambientes tan refinados y lujosos. En la Obra, para salvar las apariencias y hacer creer a la sociedad y a los suyos que son pobres tienen lo que llamo “las normas de conducta para ser pobres en el Opus Dei”.

IV – Las Normas De Conducta Para Ser Pobres En El Opus Dei

El Opus Dei es un especialista en trasladar la religiosidad del corazón a la cabeza, en transformar lo genuino en fatuo. Así, sustituyen el actuar en conciencia por la obediencia, la caridad que surge del fondo del alma por el pietismo de unas normas rígidas, el santo discernimiento cristiano por la sumisión ciega al criterio de los directores… Y como no podía ser de otra manera también cambian la genuina pobreza de espíritu que sale de lo más profundo del ser por su apariencia a través de unas normas y rituales establecidos con ese fin por los superiores.

Un numerario puede vestir ropas de marca, usar un buen coche, vivir en una casa de alto nivel con servicio doméstico pleno, como el de un hotel de lujo, del que él ni se ocupa ni se preocupa, etc.; mas a pesar de todos los bienes que le rodean para el Opus Dei será pobre de espíritu si es un neurótico en el cuidado de las cosas pequeñas de lo material, tal y como apagar las luces nada más salir de un cuarto, no apoyar la cabeza en el respaldo de los sillones para no ensuciarlos, cerrar las puertas moviendo el picaporte para que no lo hagan con brusquedad, llevar siempre los zapatos abrillantados, no arrastrar las sillas al levantarse, usar una vez al mes el transporte público en vez del coche… En una ocasión me hicieron una corrección fraterna por falta de pobreza porque llevaba el escapulario del Carmen, que es de tela, por debajo de la camiseta en vez de entre ella y la camisa, ya que de esta manera —según me dijeron— dura más al no ser afectado por el sudor.

Veamos algún testimonio sobre el tema:

Una revista nacional publicó, en 1974, una reseña alusiva al tema, muy significativa. Su autora, una de tantas -una más, no me cabe duda- de las que nos ha tocado palpar la realidad de la decepcionante comedia a que en la Obra se lleva de modo tan general, entre otras cosas, la pobreza. Decía:

“¡Oh, qué angustia renunciar a la pequeña ciruela después de un almuerzo con carne, pescado y mariscos! Pero aquella ciruela era lo que te hacía sentirte pobre.

“No olvidaré jamás aquel día que me encapriché con un modelito de 12.000 pesetas. ¿Acaso no sabes que eres pobre?, me recriminó una hermana. Sí, aunque parezca mentira lo había olvidado. ¡Renuncia!, gritó mi conciencia, y yo, valientemente, renuncié: me compré un modelo de 11.000 pesetas. La hermana que me había recriminado me miró emocionada.

“Aquella hermosa mansión, donde todas vivíamos en amor y pobreza, rodeadas de bellos cuadros y hermosas porcelanas, era nuestro sonriente calvario. Yo, por ejemplo, en vez de sentarme en un mullido diván de terciopelo, hacía un esfuerzo y me sentaba en la mecedora de rejilla.

“No tener nada, no poseer nada ¡qué alegría tan grande! Usabas la ropa, los salones, las bibliotecas, pero nada era tuyo, ni siquiera el dinero que gastabas.

“Éramos tan pobres, que teníamos que pedir. Y mientras tomábamos el té con las marquesas, las diplomáticas y las millonarias, exponíamos el problema. Y eran tan buenas, que sólo bastaba insinuarlo, y con la delicadeza propia de nuestro espíritu, ellas metían un cheque en un sobre perfumado. ¡Qué hermoso gesto de caridad el suyo, y qué hermoso gesto de pobreza el nuestro!

“Pero un mal día me cegó Satanás y decidí abandonar la lucha y la pobreza, y abandoné la mansión del sacrificio, y abandoné a mis hermanas. Y entonces perdí mi trabajo, mi ropa, mi alimento, me quedé en la calle sola y triste. Y encima dejé de ser santa.”

¿Se trata de una caricatura o se trata de una realidad? Si por caricatura se entiende resaltar los detalles más sobresalientes de aquello que se caricaturiza, sí puede ser caricatura; si se entiende por caricatura exageración, no, no es caricatura. Nada de ello exagera nada, es la pura realidad; y como siempre, no toda. Quizá redactado algo jocosamente; lastimosamente, diría yo. (Capítulo 18 del libro: El Opus Dei – Anexo a una historia, Mª Angustias Moreno.)

Diré que me alegro de haber estado dentro y viviendo en un centro de numerarias un año porque me enteré realmente de lo que es el Opus Dei, si estás fuera no lo sabes porque ellos silencian todo. Vivíamos como una “familia numerosa y pobre”, ¡qué gracia!, nosotras, “las señoritas” teníamos criadas (numerarias auxiliares) que te servían con toda diligencia al sonido de la campanilla si faltaba algo en la mesa. Yo personalmente me sentía fatal (Me alegro de haber estado y mucho más de haberme ido. Agonzale).

Un colectivo genera hipocresía social cuando juzga sobre la bondad o maldad de la gente a través actos tipificados ya que incita a crear un divorcio entre lo íntimo de la persona (sus pensamientos, sentimientos, conducta privada, etc.) y lo que manifiesta de puertas afuera para obtener la bendición de los demás.

Ésta es la causa del puritanismo farisaico de los ambientes protestantes con respecto a su menor impacto en los de los fieles al Papa. A veces nos extraña a los católicos cómo puede ser que le hundan la carrera a un gobernador de Estados Unidos porque se descubre que diez años atrás mantuvo un romance de una sola noche con su secretaria, o que la gente oculte las bebidas alcohólicas (como puede ser la cerveza) en bolsas de papel para poder consumirlas por la calle sin ser detenidos por la policía… Y esto es así porque al separarse los protestantes de Roma suprimieron la confesión con el sacerdote, y al carecer sus comunidades de un medio para conocer y fiscalizar la salud de las almas se centraron en controlar determinados indicadores de la conducta de la gente. Por ejemplo, Calvino quemaba públicamente a los que encontraban borrachos por la calle. Lo que llevó a la hipocresía de que la gente consumiera güisqui hasta caer en coma, pero siempre encerrados a cal y canto en sus casas para no ser vistos, y horas después de que se les pasara la resaca presidían, con gran convencimiento, la cremación de un pobre infeliz que tuvo la desgracia de tomarse un litro de cerveza que le sentó mal y le llevó a caerse ebrio en la vía pública.

Al poner el Opus Dei el centro de gravedad de la pobreza de los suyos en las normas antedichas, lo único que ha conseguido es que los de la Obra caigan en el mismo calvinismo hipócrita del que acabamos de hablar.

V – Las Justificaciones Para Vivir como Ricos Llamándose Pobres

Como es lógico esta forma tan sui generis de vivir la pobreza es incomprensible para el resto de los mortales.

Ahora una anécdota. El hermano de un buen amigo mío está muy relacionado y ocupa un puesto importante, tanto es así que estando en Roma fue invitado a comer en la Casa Generalizia del Opus Dei. Naturalmente le enseñaron las principales dependencias, mostrándole en especial las «reliquias» del Fundador. La comida fue exquisita, magníficamente servida por eficientes criadas uniformadas, candelabros y cubertería de plata, vajilla Rosenthal, cristalería de Bohemia, etc.; todo lo necesario para tratar de epatar al invitado. Al despedirse, Álvaro del Portillo le preguntó qué le había parecido lo que había visto; el hermano de mi amigo le contestó: «Si esto es el voto de pobreza, ¡cómo debe ser el de castidad!» Se non è vero, è ben trovato! El caso es nunca más le han dirigido la palabra (Opus Dei, La Santa Coacción. Fernando de Orbaneja, págs 63-64).

El Fundador del Opus Dei se encargó de troquelar una serie de slogans y justificaciones que les evitan rectificar conductas poco rectas al hacerlas aparentar como santas. Las hay para todo, como ya traté en un artículo anterior del que extraigo aquellas que tiene que ver con la pobreza:

«Como un padre de familia numerosa y pobre». Con esta fórmula queda resuelta toda la problemática económica. Si pides cambiar de coche, pues no, hay que aguantar un año más con el viejo porque somos padres de familia numerosa y pobre y los tales mantienen su coche hasta que se les cae a cachos. Si haces un gasto extraordinario, como tomar un taxi en un imprevisto, entonces te cuentan que hay que prever las situaciones, porque somos padres de familia numerosa y pobre

«Cuando los enamorados se regalen trozos de cemento y lingotes de hierro nosotros haremos lo mismo con el Señor», para justificar los gastos, a veces faraónicos, en objetos de culto en vez de emplearlos en las acuciantes necesidades humanas. Este tema lo trato con más profundidad en la entrada «Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (VI)»

«Hogares luminosos y alegres», «En nuestros centros no hay lujo sino buen gusto» y «Nuestras casas se construyen con los mejores materiales por pobreza, para que así duren». Y con esas palabras anestesian las conciencias y dan material para contrarrestar a quienes acusan a los del Opus Dei de vivir en centros lujosos (que lo son).

«Cuando pitamos [pedir la admisión al Opus Dei] le entregamos todo a Dios por lo que nuestro sueldo ya no es nuestro, es de la Obra antes de que lo cobremos, y por eso no lo podemos tocar». De esa forma tan chusca enajenan de raciocinio, voluntad y libertad para actualizar su generosidad al laico cooperador orgánico numerario o agregado del Opus Dei.

El Fundador justificaba todos los excesos por el bien de la Obra o para la gloria de Dios. Él tenía que usar un coche de la más alta gama no por mí, que iría en borrico, sino porque represento a la Obra y a ella hay que ponerla en lo más alto.

La Sede Central de Roma es de una riqueza incluso excesiva para el buen gusto. Por ejemplo su oratorio unipersonal (sólo para uso y disfrute de Escrivá) es de una riqueza estridente y disparatada. Se consagra en 1957 con un sagrario en forma de paloma de oro y platino, de tamaño natural, con las alas extendidas y una puerta en el pecho. Se encontraba colgado del baldaquín que cubre el altar.

En 1959 aparece en Roma otra paloma idéntica pero enriquecida con —atención— 4800 piedras preciosas. 3000 diamantes dispuestos en las alas y la cola y sujetos con garras de modo que la luz, al atravesar la superficie calada, arrancara todos los destellos de las piedras. Las 1800 piedras restantes son: esmeraldas, zafiros, rubíes, ónices, etc. La puerta de cristal de roca con el sello de la obra tallado. Se ve que a nuestro hombre la Columba de oro y platino de 1957 le pareció poco y encargó otra. La Columba de 1957 ahora está en el oratorio del vicario general.

Todas la pareces del oratorio están forradas de ónice de Circeo, columnas de mármoles valiosísimos (como el mármol africano), el suelo de cosmatesco con teselas de piedras semipreciosas como el lapislázuli, la malaquita, las ágatas, pórfidos y mármoles antiguos actualmente imposibles de encontrar y de precio elevadísimo. En las paredes laterales 4 relieves de mármol de Carrara, la puerta de bronce dorado enriquecida con esmaltes de colores y sobre ella la tribuna a la que se accede por el despacho privado de Escrivá. El retablo en mármol de Carrara y bronce dorado, el crucifijo, de gran tamaño, de marfil. La mesa de altar también de Carrara y cosmatesco, con incrustaciones de oro y plata, sobre ella, 6 candelabros antiguos de plata y 5 arquetas de oro con esmaltes y piedras preciosas. El baldaquino de pórfido rojo y bronce dorado. Una parte del techo (sobre el baldaquino) de mosaico de oro y piedras semipreciosas de colores, a modo bizantino, el resto del oratorio se cubre con una cúpula enriquecida con estrellas doradas y forradas de mármoles y jaspes escogidos. Las escenas del Via Crucis de esmalte y plata. 30 ángeles de Carrara revolotean por el oratorio…

Y eso es así porque Dios se lo merece todo y hay que dárselo, buena excusa, ya que solamente era Escrivá quien lo disfrutaba.

VI – La Espiritualidad Del Opus Dei

Antes de seguir tratando el tema de la pobreza vamos a tocar someramente la espiritualidad que el Opus Dei difunde, lo que los suyos han de hacer para ser santos.

Todos los de la Obra tienen grabadas a fuego las palabras de su Fundador de que si me cumplís las normas seréis santos, lo que cada día les mantiene inquietos para hacerlas en el momento exacto so pena de recibir una bronca, ya que los numerarios y agregados cada semana, y cada dos los supernumerarios, han de rendir cuentas en la dirección espiritual sobre su estricto cumplimiento.

En más de treinta años que permanecí dentro del Opus Dei ningún sacerdote ni director han indagado sobre como vivía la justicia social o la caridad con mis subordinados y colegas sino sobre lo que había hecho para llevarlos a la Obra, para hacerlos del Opus Dei o para sacarles dinero para la Institución; y ante todo sobre como cumplía las rígidas normas de piedad del plan de vida que la Prelatura impone a los suyos.

Lo refleja muy bien Miguel Fisac, ex numerario de la Obra (de 1936 a 1955): El Opus Dei que yo conocí muy profundamente […] era otro Opus Dei, no distinto sino opuesto a lo que es hoy, cuyo objeto no es la santificación del trabajo ordinario, como esencia, sino el cumplimiento de unas “normas”, cuyo desarrollo yo conocí personalmente, que no dejan de ser unas rutinas de piedad, unidas a unas mortificaciones medievales y anacrónicas, nada cristianas, que en lugar de amor producen soberbia, y unas actuaciones sociales de verdadera secta secreta, de hecho. Eso sí, con mucho dinero y mucho poder.

Con el paso del tiempo descubres que no haces las normas de piedad por amor a Dios sino para satisfacer las altas expectativas de los directores sobre su cumplimiento. Es más, quien tiene una gran experiencia espiritual previa a su acercamiento a la Obra corre el riesgo de perderla. Leamos un testimonio de ello, que puedo suscribir al píe de la letra porque también ocurrió en mi caso:

Antes de empezar a ir [a un club del Opus Dei], mi vida interior y mi relación con Dios eran muy ricas y muy cercanas y durante aquellos dos años había empeorado por tanto sentimiento de culpabilidad por no poder cumplir con las muchas exigencias que me imponían. En vez de facilitarme las cosas me las estaban empeorando y puedo decir que ese es el mayor daño que me produjo, el que sufrió mi vida interior (Como se fragua un suicidio y, de paso, mi historia. Fein).

VII – El Gran Descubrimiento Del Opus Dei

Volvemos al tema de este escrito. Hemos dejado en el aire la pobreza de espíritu del Opus Dei relacionada con aquellos que solamente donan una parte de sus bienes: los supernumerarios que dan una aportación mensual fija y en ocasiones otras extraordinarias; y los cooperadores que ayudan de diversa manera según sus circunstancias.

Como vimos, para una persona que no puede entregar todo lo que tiene, es la donación de parte de su dinero o de otros bienes lo que certifica que vive la pobreza de espíritu, y el Opus Dei lo aplica haciendo que sea a él a quien se lo den.

Y pienso que éste es uno de los grandes descubrimientos del Opus Dei por el que ha logrado triunfar en las esferas pudientes de la sociedad, ya que por una parte les anestesia el alma haciéndoles creer que son “pobres“, aún cuando estén forrados de dinero, porque les dicen que lo son “de espíritu”. Lo que como contrapartida lleva a que esos poderosos donen grandes sumas a la Obra para comprar con ellas el voto favorable que les permita seguir siendo ricos sin cargos de conciencia. Si esos millonarios no actúan así sus directores del Opus Dei les echan pronto en cara que están apegados a las riquezas ya que no son capaces de desprenderse de una parte de ellas para dárselas a Dios a través de la Obra, lo que les vuelve a intranquilizar la conciencia. Esto, unido a lo que vimos más arriba de que para ser santo según el Opus Dei basta con cumplir a rajatabla sus frías normas de piedad y el desapego de lo material tan sui generis que predica, hace que muchos ricos estén encantados con la Obra ya que se creen que cumpliéndolas pueden ser santos viviendo como siempre: con las injusticias sociales a las que están acostumbrados, sin preocuparse por nada ni nadie salvo por su soberbia y enriquecimiento personal, haciendo que el fin justifique los medios en sus actuaciones familiares, sociales, económicas, etc.

VIII – El Trinomio De La Salvación

Que nadie me malinterprete. No estoy diciendo que todos los altos ejecutivos y pudientes o supernumerarios que llevan su dirección espiritual en el Opus Dei caen en el esquema anterior. De ninguna manera. Tan sólo explico las razones psicológicas y espirituales por las que es muy fácil que cualquiera pueda seguir una conducta anticristiana mientras la supuesta espiritualidad del Opus Dei con el trinomio:

1- Cumplir sus normas de piedad y de desapego.

2– Dar un porcentaje de las ganancias a la Prelatura.

3– Acercar gente a la Obra.

Le calma cualquier intranquilidad interior al hacerle creer que no necesita más para ser por una parte pobre de espíritu y por otra un gran santo; cuando lo que en realidad ocurre es que les están convirtiendo en unos avaros sin remordimientos de conciencia.

IX – Resumen

Es el momento de recapitular las conclusiones a las que hemos llegado hasta ahora.

1 — Al ser el Opus Dei el único destinatario de los bienes de los que se desprenden los “pobres de espíritu” a los que trata, al no utilizarlos más que para su beneficio, al no rendir cuenta de ellos ni ante las autoridades civiles ni religiosas… Todo ello hace que el Opus Dei se transforme en un avaro que bajo la espiritualidad que predica en realidad esconde una sed insaciable por rapiñar la riqueza de los demás.

2 — El hecho de sustituir la caridad evangélica por el pietismo farisaico del cumplimiento a rajatabla de unas frías normas de piedad y una austeridad reglada como condición necesaria y suficiente para ser santos, lleva a que la privación de bienes que exige a los suyos no sea índice de una genuina pobreza de espíritu.

3 — Por los dos puntos anteriores, el Opus Dei anestesia la conciencia de los poderosos haciéndoles creer que son santos con sólo entregar a la Obra parte de su dinero y cumplir las rígidas normas de piedad que les indican.

X – Artículos Relacionados.

(Aparte de los reseñados a lo largo del escrito.)

Los Malditos Según El Opus Dei. Iván de ExOpus.

Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (I).

Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (II).

Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (III).

Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (IV).

Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (V).

Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (VI).

Una Forma Muy Curiosa De Ser Pobres (VII).

La pobreza en el Opus Dei. Gervasio.

Capítulo 18 del libro: El Opus Dei – Anexo a una historia, Mª Angustias Moreno.

ExOpus

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Una respuesta a El Avaro Y El Pobre En El Opus Dei

  1. DAN dice:

    SI SI EL POBRE ES EL QUE LE LAVÁIS LA CABEZA Y OS QUEDÁIS CON TODO SU DINERO. Y LOS RICO SON LOS CUATRO MANGANTE DEL OPUS QUE ESTÁN MILLONARIOS, HAY NO SE METE EL GOBIERNO HIJOS DE PU……….

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