Pedro Penalba Borras, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

PEDRO PENALBA BORRAS. Abogado. Escritor. Profesor adjunto de la Universidad de Barcelona.

Te agradezco mucho la pregunta. Al hacérmela po­nes de manifiesto tu creencia de que no pertenezco a la Obra. Lo cual me llena de satisfacción. Mi actitud, desde hace años viene siendo clara al respecto: apro­vecho, sin embargo, la oportunidad que me brindas para volver a manifestar públicamente mi no «mili­tancia» ni «simpatizancia» con esa organización, insti­tuto o unión, cuyo poder económico, social y político, aunque real en estos momentos, se me antoja un tanto falso. Fuera de algunas ciudades y -dentro de ellas en muy reducidos círculos, al Opus Dei no lo conoce nadie. Muchísimos españoles -y para cerciorarse de ello basta recorrer «los adentros» de España- igno­ran, por ahora, a la Obra por completo. Sobre todo en las zonas más pobres del país. Los dirigentes izquier­distas de la clase obrera no sólo desprecian al Opus Dei y lo que representa -organización rígida, obsesión por «influir» desde arriba, concepción, nacimiento y desarrollo dentro de la media y alta burguesía-, sino también la «miseria de su filosofía», si por filosofía debemos entender la realidad de esa «unión de esfuer­zos para conseguir sólo fines espirituales y apostóli­cos». Durante mis viajes y mis relaciones con la clase trabajadora he conocido a militantes de HOAC, HOC, FUDE, UED, JC, UJDC, FLP o del PC, pero a los del Opus no les he visto el pelo. Ni dando la cara «man­teniendo criterios personales propios», ni en lugares conflictivos por aquello de la «unión de esfuerzos». Pro­bablemente, nuestras clases trabajadoras no estén den­tro de sus fines: «únicamente espirituales o apostóli­cos». El «pan» deben considerarlo un fin prosaico y materialista… Vamos, digo yo.

Pero paso a contestar de forma anárquica, que es lo bueno en estos casos, a tu pregunta. Algunas razones:

Primera.- «Los miembros del Opus Dei actúan en el terreno profesional, económico y político únicamente bajo criterios propios, individual e independientemen­te. Sólo unen sus esfuerzos para la obtención de fines espirituales y apostólicos.» Estas frases típicas y tópicas -que, por otra parte, representan una cons­tante sospechosa- suelen repetirla hasta la saciedad los Jefes de Prensa, los Peritos en Réplicas y los Profe­sionales de la Respuesta de la Obra. Pues bien, ante el conocimiento que ha adquirido de cómo «a título personal, independiente e individualmente», algunos miembros del Opus escalan puestos, hacen negocios, dirigen cátedras y se van apoderando, poco a poco, de los resortes vitales del país, no pertenezco al Opus Dei porque trato de ser una persona decente.

Segunda.- «Los objetivos de la Obra son la santifica­ción y la perfección de sus miembros.» Frase preciosa que podemos completar con el punto 387 de «Cami­no»: «El plano de santidad que nos pide el Señor está determinado por estos tres puntos: la santa intransi­gencia, la santa coacción y la santa desvergüenza.» Cualquier observador sagaz puede imaginar qué plano de perfección debe pedir el Señor si está en relación directa con el plano de santidad solicitado. No perte­nezco al Opus Dei porque creo que a Dios no se le debe utilizar para justificar actitudes personales.

Tercera.- No pertenezco al Opus Dei porque no soy fascista, y la Obra -que, por cierto, todavía nadie ha aclarado si es Pía Unión, Instituto Secular, Asociación de Fieles o Sociedad Anónima- constituye un fascismo actualizado: autoritarismo y exigencia ciega de obe­diencia y, sumisión, tono triunfalista, rigidez de orga­nización, desprecio por conocer los auténticos proble­mas reales de nuestra estructura económica y social, captación y preocupación por la Álta Dirección, Alta Finanza, etc.

Desaparecidos los colonialismos imperialistas, autén­ticos escapes y enmascaramientos de los problemas reales de los países, el neofascismo capitalista es evi­dente: preconiza una «revolución social» a través de una «evolución» de las estructuras, intentando adue­ñarse poco a poco de todos los resortes económicos del país para promocionar al pueblo. Naturalmente, esa «evolución» no se hace a expensas del capitalismo, sino «engatusando» al trabajador, no ya con imperios como solución futura a sus problemas, sino con la producti­vidad, pluses y demás extrañas palabras cuya «signifi­cación real» sólo conocen los iniciados. A través de su filosofía («Camino», «Constituciones secretas», escritos de sus ideólogos (?), etc.), y su acción, considero que políticamente el Opus Dei es esencial y radicalmente de corte fascista y como tal contrarrevolucionario. No puedo aceptarlo ni como español, ni como universita­rio, ni como intelectual. Digo que es contrarrevolucio­nario porque la «seudorrevolución social» que preco­niza pretende, por una parte, tranquilizar al capital ante las justas exigencias sociales, y, por otra, engañan al pueblo prometiéndole un mejor nivel de vida a base de electrodomésticos y otros artículos «consumistas» previamente santificados, naturalmente. Si el fascismo en los años 20 se hizo dueño del poder en nombre del orden, la autoridad y la justicia, el neocapitalismo fas­cista actual intenta hacerlo en nombre de la europeiza­ción, el desarrollo (¿de quién?) y la santidad.

Cuarta.- No pertenezco al Opus Dei por conciencia religiosa. A Cristo y a los Evangelios no pueden inter­pretarlos, cuando no suplantarlos, ni el marqués de Pe­ralta ni «Camino».

Para mí es grave la responsabilidad contraída por el Vaticano permitiendo el desarrollo de una organiza­ción superortodoxa, iniciada con carácter de asocia­ción secreta y que ha llegado a convertirse en un po­deroso grupo de presión que no afronta las responsa­bilidades públicas y nacionales como podría hacerlo un partido político, por ejemplo.

Por otra parte, «Las constituciones secretas del Opus Dei», aparecidas en el libro de Ynfante, no han sido todavía negadas por nadie. Una simple lectura de las mismas corrobora el peligro que para la salud espiri­tual, mental y social del país, representa el Opus como fenómeno nacional.

Quinta.- No pertenezco al Opus Dei por dignidad. En momentos en que todos estamos comprometidos en conseguir bases de convivencia nacional, me resulta pueril y negativo que unos cuantos españoles se atri­buyan la representación de Dios, actuando como «la Obra de El».

La posición del Opus no es seria. Como tampoco lo es exigiendo para algunos de sus miembros los votos de pobreza, castidad y obediencia, cuando millones de españoles se ven obligados a observarlos estrictamente para evitarse «líos».

Desde que ingresé en la Universidad he tenido «ra­faeles». No citaré sus nombres, que aparecen en la «lis­ta», a fin de evitar problemas de conciencia o represa­lias. Los he escandalizado afirmando que la «única obra de Dios que admiro es la mujer». ¡Qué decepción ha tenido que ser para ellos el que uno que tenía ma­dera de «jefe», cayera en las groseras expresiones de la «tropa»!

En fin: no pertenezco al Opus Dei porque siendo uni­versitario, estoy obligado a analizar, pensar y sacar con­secuencias; porque siendo un intelectual, amo la liber­tad por encima de todo, y porque siendo español, me preocupa el pueblo y detesto el uso que se intenta ha­cer de él.

Vaya por delante el respeto que me merecen algunos miembros de la Obra. Pero es que personas de buena fe las encontramos en todas partes…

Creo que a tu directa pregunta he contestado clara­mente. Yo, como tú, tampoco temo las represalias de la estructura capitalista. Deseo comprometerme per­sonal, política e intelectualmente, y espero que tu pre­gunta sirva para «comprometer», igualmente, a otros compatriotas. Amén.

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