Los Monstruos Imponen El ‘Camino’

Escena de 'Camino'

Escena de Camino

REPORTAJE: 56º Festival de San Sebastián

Javier Fesser firma un retrato del Opus Dei que horroriza pero cuya fuerza convence.

CARLOS BOYERO 26/09/2008

ELPAIS.com

Vi (o más gráficamente, sufrí) Camino en un pase hace dos semanas. En soledad, anhelando que terminara el calvario de la niña que la protagoniza, sintiéndome revuelto en cuerpo y alma. Cuando me preguntan que si me ha gustado, descubro que el término gustar puede ser completamente inapropiado, incluso frívolo para juzgarla. Me horroriza el universo que describe Javier Fesser e imagino que ése era su propósito al desarrollar esta historia de terror, de monstruos manipulando el intolerable dolor de una criatura letalmente enferma, ofreciendo su inmolación con infinita crueldad a un dios desconocido. En mi caso, el director ha conseguido hacerme pasar dos horas infernales, que desvíe la mirada de la pantalla, que pasado el tiempo mantenga en la retina y en el oído la cara y la voz de esa niña, el estupor y el asco hacia la secta de modales suaves, dialéctica meliflua, consignas implacables y fines salvajemente primitivos que la utilizan como sacrificio religioso. Es el precio sensitivo que tengo que pagar como espectador al ser testigo del funcionamiento, los mecanismos psicológicos, la metodología, el anverso y el reverso de los templos del fanatismo, sea éste en nombre de Alá, de Dios o de Satanás.

Supondría un alivio imaginar que lo que nos muestran es ficción, una narración sobre princesas desamparadas y villanos indestructibles que mancillan su inocencia y las obligan a corromperse, una batalla entre la luz y la oscuridad en la que forzosamente tiene que aparecer y triunfar el paladín del bien, una fábula convenientemente maniquea con tranquilizador o exaltante final feliz. No lo es. Hasta los habitantes del limbo saben que Javier Fesser está hablando de la Obra, de los principios, comportamientos, rituales, objetivos terrenales y celestiales de una organización religiosa que nunca ha descuidado el poder económico, político y social.

Berlanga nos hizo reír utilizando la sátira con personajes del Opus Dei en la espléndida La escopeta nacional. Esa novela tan eficaz en sus propósitos de comercialidad como chapuceramente escrita titulada El Código Da Vinci consiguió el desgarro de vestiduras y la inhabitual quejumbre pública de los discretos hijos espirituales de Escrivá de Balaguer. La embestida de Javier Fesser contra ellos no tiene formato de comedia ni de intriga, sino de tragedia. Aun más atroz porque las víctimas son niños. Una cría que es pura vida, utilizada como chivo expiatorio para la glorificación de la muerte y de la voluntad de Dios no ya por los mandarines de la secta sino por su propia, ciega y tenebrosa madre, y una hermana a la que estratégicamente lograron robotizar en la adolescencia, en la edad de la incertidumbre.

Sé lo que rechazo en este testimonio tan alarmantemente hermanado con la realidad. Me molesta la visualización machacante de los sueños y las pesadillas de la protagonista, las naturalistas secuencias del quirófano, un cura joven que resulta más caricaturesco que veraz, la excesiva y obsesiva utilización de la música, un desenlace inútilmente alargado. Me enamora demasiado esa cría maravillosa llamada Nerea Camacho como para distanciarme mínimamente de su tortura. Me creo lo que dicen los niños y cómo lo dicen. Me gusta la piedad de Fesser hacia ese padre débil, dubitativo, aterrado e impotente. Y me provocan mucha grima y miedo los apacibles verdugos. Si te obligan a elegir compañías indeseables entre las pavorosas sectas casi prefería a los simpáticos y siniestros ancianitos de La semilla del diablo. Y me entra el mal rollo cada vez que recuerdo Camino, lo cual me hace deducir que posee fuerza, que me ha tocado.

—oOo—

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4 Responses to Los Monstruos Imponen El ‘Camino’

  1. hada dice:

    Magistral película. La documentación sobre la Obra se nota muy estudiada. Es una realidad el alejamiento de las familias, la diferenciación de sexos y labores, encomendar el dolor y el sufrimiento al Padre y sentirse dichoso por ser el elegido… etc.
    Tremendamente insensible la madre y solo e impotente el padre. La niña que interpreta a Camino, ¡¡soberbia!!
    Sólo decir que me causó tal llanto que me dolió hasta el alma de tanta amargura.
    Muchas felicidades por la valentía de presentar la cara oculta del Opus Dei.

  2. A. dice:

    No me sorprende que Javier Fèsser esté siento objeto de brutales e injustas críticas por parte de personas y sectores que, para empezar, ni siquiera han visto la película. Porque uno no puede ver esa película y quedarse impasible ante la belleza, el respeto y la entereza que destila. Respeto porque, incluso para una atea como yo, Fèsser se acerca a un entorno para muchos desconocidos sin prejuzgar, retratando o, como él dice, “radiografiando”; respeto porque inspirándose en varias historias, consigue durante dos horas y media que todos los que estábamos en la sala nos acerquemos al drama del otro. A esa desesperación brutal, a la sensación de injusticia que sobreviene cuando se ve sufrir a un niño, a la soledad lacerante de los personajes sumidos bien en la fe, bien en la duda. Mi opinión sobre el Opus Dei no ha cambiado después de ver la película: sigo viéndolo como la misma institución tenebrosa y oscurantista de antes. Pero al menos durante ese tiempo Fèsser consiguió, y lo digo de corazón, emocionarme con la historia de sus personajes: la profunda fe de la madre, inamovible hasta el final y brutal en esa escena en la que recibe la noticia de una trágica muerte, apoyada en la cama del hospital, en la que el espectador siente ganas de abrazarla y no dejarla ir, para que no se sienta sola; la desesperación, el desconcierto y la resignación del padre; el enterramiento en vida y la profunda admiración que siente la hermana de Camino, y esos destellos de alegría que nos permiten comprender que se trata solamente de una muchacha de apenas 18 años; y cómo no, esa interpretación que te llega al tuétano de Nerea Camacho, que nos muestra la intensidad, las ganas de vivir, el entusiasmo y la grandeza del amor (ya sea a un muchacho como ella, ya sea a su Jesús-Dios) en unos momentos tan duros para ella y sumida en tanto dolor.

    Frente a las crónicas untadas en naftalina que estamos acostumbrados a leer cuando nos acercan a esos pobres niños-mártires, Fèsser se atreve a mostrarnos el cuadro al completo, sin naftalina ni moralinas baratas. No lo tendrá fácil y no me cabe duda de que intentarán hacerle pagar un precio muy alto por ello, pero desde el pasado domingo Javier Fèsser es, para mí, una de las voces más dignas y valientes de este país.

    Gracias.

  3. Nacho Fernández dice:

    La película es real en todo lo que presenta. Presenta un Opus Dei vivo y descarnado, el que yo viví durante los casi 34 años que pertenecí a la Obra. Ahora dirán que eso no es verdad. Ya lo han hecho. Como siempre quieren escribir la historia a su gusto. Por una vez un director de cine ha reflejado la realidad exacta. Quiero volver a verla.

  4. Karmele dice:

    Era tan necesario ver la operación a “espalda abierta”?Ya está bien,joé,el mal rato que me ha hecho pasar,que la película no es una clase de medicina,digo yo.Por lo demás,una buena película.El impacto del golpe de frente contra el camión..en fin..después de mucho pensarlo,casi mejor para ese padre encantador acabar así,porque si no,tras la muerte de la niña,que le hubiera matado en vida,te quiero un cuento el martirio con la religiosidad de la madre que no sé hasta qué punto compartía..

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