El Mito del Elegido

 

Iván de ExOpus

El mito del elegido es una de las falacias con las que te embeben desde que te acercas a la Obra, según la cual has sido escogido1 por Dios desde la eternidad para ser del Opus Dei. Algo tan importante –te cuentan- que si no hubiera sido por esta razón Dios no te habría creado puesto que significa dejar de ser un individuo anodino para convertirse en un apóstol2, en alguien depositario de la voluntad divina y que se sentará en un trono al lado de Cristo para juzgar al resto de la humanidad.

Según esta doctrina, ser del Opus Dei es semejante a un sacramento que imprime carácter, algo así como el bautismo o la ordenación sacerdotal, ya que por una parte te eleva cualitativamente sobre el resto de los cristianos para hacerte un súper-apóstol y por otra te marca el alma para siempre, por lo que si dejas la Obra sólo te queda correr la suerte de los malvados apostatas: ser un infeliz en esta vida y también en la eterna.

La realidad del Opus Dei

Según la Iglesia, cuya voz es la única importante cuando se habla de una institución suya, lo cierto es que el Opus Dei está constituido exclusivamente por sacerdotes seculares con una vocación exacta a la de cualquier clérigo de otra diócesis de la Iglesia y en donde los laicos son simples cooperadores  (orgánicos) suyos. Es decir, que esa magnifica y sublime elección de Dios como apóstol de apóstoles3 que proclama el Fundador del Opus Dei no es ni más ni menos que la misma que recibe, por ejemplo, una señora que coopera con los sacerdotes de una parroquia para impartir catequesis4.

Raíz y efectos de este mito.

Aunque más falso que un euro de cartón, este cuento de que eres superior al resto de los mortales que no pertenecen al Opus Dei tiene un gran poder de atracción ya que mueve la pasión más antigua e interna del hombre: la de ser como Dios, la de la soberbia, la que escogió la serpiente en el Jardín del Edén5 para llevar a la humanidad a la desgracia. Pero, como la de Adán y Eva, la tentación del Opus Dei también posee un alto grado de destrucción: la de expulsar del paraíso de la libertad al infeliz cristiano que cae bajo su yugo (no olvidemos que el cielo que el Opus Dei promete depende tan sólo de la anulación del discernimiento personal para así poder obedecer ciegamente a los directores, y eso, mirémoslo como lo miremos, es una sofisticada forma de esclavitud).

El Mito del Elegido fundamenta:

a) El fanatismo. Si eres un elegido de Dios, depositario de su favor y de la única verdad, están equivocados cuantos no piensan como indican los directores , por lo que tienes el derecho y el deber de reducirlos por cualquier medio.

b) La soberbia institucional del Opus Dei que le lleva a sentirse la única voz válida de la Iglesia.

c) El culto al Fundador. Es lógico que se divinice en el Opus Dei a aquel gracias al cual todos los demás son elegidos a tan alto puesto ante Dios.

d) Su proselitismo atroz. Por una parte hay que hacer lo que sea para llenar el saco de la Obra de todos los elegidos por Dios que hay en el mundo, y por otra, una vez descubiertos, por su felicidad, hay que forzarles a que entren en el Opus Dei. Además genera gran culpabilidad en los de dentro, ya que no quemarse en su realización implica condenar a la infelicidad a los que podrían ser de la Obra y que no lo son porque nadie les ha llevado a entrar.

e) La despreocupación y el rechazo hacia quienes dejan la Obra, ya que si son unos despreciables judas que traicionan a Cristo, unos seres ya condenados al Infierno, ¿para qué prestarles atención?

f) La dificultad para dejar el Opus Dei. Por una parte sientes que serás un desgraciado si les abandonas y por otra, con el mito del elegido tallado a machamartillo en tu interior, cuesta mucho enfrentarse a la realidad de que eres tan don nadie como te han hecho ver que son los otros cristianos corrientes que no son de la Obra. Lo cómodo entonces es cerrar los ojos y continuar viviendo en la ignorancia. Y así un año tras otro hasta que la muerte te alcance o hasta que la humildad o el dolor del sinsentido del Opus Dei te hagan reaccionar.

g) La querencia hacia el Opus Dei por parte de quienes no le abandonan por la cabeza. Un sacerdote de la prelatura tenía el dicho de que los que dejan la Obra por la bragueta siempre vuelven, pero no los demás. Con esas palabras se pone de manifiesto que aquel que se va por el corazón, por enamorarse, mantiene toda la mentalización del Opus Dei, entre la que se encuentra que es un elegido de Dios, lo que le genera una gran culpabilidad pues piensa que caerán sobre él las maldiciones predichas por la Obra con los judas que la dejan, y para volver a ser digno ante Dios busca por todos los medios unirse al Opus Dei 6.

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NOTAS

1 Carísimos: En mis conversaciones con vosotros repetidas veces he puesto de manifiesto que la empresa, que estamos llevando a cabo, no es una empresa humana, sino una gran empresa sobrenatural, que comenzó cumpliéndose en ella a la letra cuanto se necesita para que se la pueda llamar sin jactancia la Obra de Dios; de la que formamos parte por elección divina —ego elegi vos (Ioann. XV, 16)—, con el fin de que seamos en el mundo imitadores de Jesucristo Señor Nuestro, sic ut filii carissimi, como hijos queridísimos (Ephes. V, 1). (José María Escrivá de Balaguer, Instruccion acerca del Espiritu Sobrenatural de la Obra de Dios.)

[…] a orar y a trabajar y a estar alegre / —con la alegría del que se sabe escogido / por su Padre del Cielo—, / para hacer el Opus Dei en la tierra, / siendo tú mismo Opus Dei. (José María Escrivá de Balaguer, Introducción al Catecismo del Opus Dei.)

2 Ten presente, hijo mío, que no eres solamente un alma que se une a otras almas para hacer una cosa buena. / Esto es mucho…, pero es poco. —Eres el Apóstol que cumple un mandato imperativo de Cristo (José María Escrivá de Balaguer, Camino, 942).

3 Cada uno de vosotros ha de procurar ser un apóstol de apóstoles (Camino, 920).

4 Para más detalles puede leer mi escrito anterior El Opus Dei Según La Iglesia.

5 La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?». Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.» Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió (Génesis 3, 1-6

6 Para más detalles puede leer mi escrito anterior Los Forofos Supernumerarios Externos Del Opus Dei.

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