Fundamentalismo Cristiano, Rafael del Águila

Rafael del Águila, Cr�tica de las ideolog�as. El peligro de los ideales.

Una fe como una guillotina, así de pesada, así de ligera.

F. KAFKA

Toda fe ejerce una forma de terror, tanto más temible cuanto que los «puros» son sus agentes.

E. M. CIORAN

FUNDAMENTALISMO CRISTIANO

¿Les teméis? Es a Dios a quien deberíais temer si sois verdaderos creyentes.

Luchad contra ellos: Dios les castigará con vuestras manos.

CORÁN, 9:13-4.

El fundamentalismo religioso, la religión como fundamento de la identidad, constituye una variante contemporánea muy importante del peligro de los ideales.

Usualmente en este tema pensamos de inmediato en el fundamentalismo islámico. Sin embargo, el fundamentalismo afecta a la práctica totalidad de las religiones. Chiítas, sunitas, protestantes, católicos, judíos, hinduistas, sijs, etcétera, tienen sectas fundamentalistas. También es poco conocido que el término fundamentalismo nace en el sur de la soleada California a principios del siglo XX. Allí, en 1910, los hermanos Stewart, millonarios, protestantes y dogmáticos, editaron un libro, en el que colaboraron teólogos ultraconservadores estadounidenses y británicos, titulado The Fundamentals: A Testimony of Truth. En él se demandaba una vuelta a los fundamentos de la religión, tal y como esos teólogos los entendían. Se reivindicaba el creacionismo frente a las teorías de la evolución, se afirmaba sin ambages la autenticidad de los milagros, se nos avisaba del inminente juicio final, etcétera. Desde entonces, milenaristas y apocalípticos han abundado entre las sectas protestantes de los Estados Unidos y han exigido la prohibición de enseñar en los colegios las teorías darwinistas, se han opuesto a la reforma de la Constitución de Estados Unidos que establece la igualdad de la mujer, han vindicado la pureza ideológica, han luchado contra la regulación del aborto, etcétera. Por lo demás, hay sectas cristianas que prohíben las transfusiones de sangre a sus miembros, que realizan ejercicios espirituales rayanos en la manipulación mental y el lavado de cerebro, o judíos ortodoxos que tienen prohibido tocar a los infieles (darles la mano, por ejemplo), etcétera 40

En general los fundamentalistas cristianos, y en buena medida también el resto de los fundamentalistas, comparten un conjunto de rasgos que se resumirían en los siguientes:

1. Son partidarios de una interpretación literal de los textos sagrados.

2. Creen poseer el monopolio de esa interpretación y que la palabra de dios se les ha revelado a ellos únicamente.

3. Como la verdad les pertenece deben imponerla a los demás, dirigidos en esta tarea por dios mismo.

4. Sus prescripciones morales son absolutas y eternas y exigen la estricta obediencia de sus seguidores.

5. Utilizan las argumentaciones emocionales más que las racionales, y usualmente se refieren a procesos de degeneración de algún tipo que deben impedirse a cualquier precio.

6. Están en contra del pluralismo, la diversidad, el laicismo, el ateísmo, el materialismo, la autonomía individual, la neutralidad estatal, la tolerancia, etcétera, y aspiran a conformar el mundo de acuerdo a sus ideales.

7. Finalmente, suelen ser agresivos, militaristas y violentos en las batallas apocalípticas que «nos rodean»41

Este último llamamiento a la violencia no siempre se produce, pero es en todo caso bastante habitual. Desde el nacionalcatolicismo y su cruzada en la Guerra Civil española, a la rigidez y encallecimiento moral de los fundamentalistas judíos respecto de los palestinos, o a los atentados en Oklahoma o los ataques a clínicas abortistas en Estados Unidos, pasando por las abundantes matanzas entre hinduistas, musulmanes y sijs en India y aledaños, los discursos fundamentalistas han incendiado el mundo en el nombre de dios.

Hemos de subrayar, una y otra vez, que esa violencia ha sido históricamente ubicua. Por ejemplo, el «estilo» fundamentalista ha tenido abundantes precedentes en la historia del cristianismo. En Agustín de Hipona o Ginés de Sepúlveda o Calvino encontramos numerosos argumentos al respecto. Puesto que el hereje es peligroso para la verdad, nos dicen, el pastor de almas, responsable nada menos que de la salvación de todos, debe combatirlos incluso con el terror si fuera necesario. Puede que el terror no ayude a creer pero, como decía Agustín sin ironía alguna, dirige la atención de los hombres en la dirección correcta42. Naturalmente, no toda represión es igual porque mientras la de los «malos» es injusta, la de los «buenos» empuja hacia el bien. Además, el sufrimiento infligido a las víctimas de la violencia santa no es más que parte del castigo que sufrirán por haber persistido en el error y la soberbia. En realidad los herejes son malvados y deben ser aniquilados. Son canallas y blasfemos, no se discute con ellos, se les quema43

Actualmente los grupos católicos se han sumado al discurso fundamentalista, aun cuando la jerarquía de la Iglesia se limita, de momento, a un alto grado de dogmatismo. Un dogmatismo que desde Juan Pablo II se ha concretado en una lucha ideológica y política contra la Ilustración, los fundamentos de la tolerancia laica e, incluso, la legitimidad de la democracia. En su encíclica Fides et ratio44, el Papa cita una carta de san Pablo a los Colosenses (Col., 2, 8 ) en la que el santo advierte: «Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia en una filosofía, fundada en tradiciones humanas» (la cursiva es mía). Tras ello sugiere que el humanismo ateo es el origen de los proyectos que acabaron en «sistemas totalitarios traumáticos para la humanidad». También que el nuevo nihilismo en el que vivimos ha empeorado las cosas y que la Iglesia «puede y debe […] ejercer con autoridad, a la luz de su fe […] [las críticas] de aquellas conclusiones filosóficas que fueran incompatibles con la verdad revelada».

Sobre esta idea trabaja Benedicto XVI. En su última encíclica, Spe Salvi45, el Papa culto cita a Bacon, Kant, Robespierre, Saint Just, Kant, Marx y la Escuela de Frankfurt. Lo hace para mostrar la falsa pretensión de la razón de crear la justicia. Se pregunta: «¿Cuándo domina la razón? ¿Acaso cuando se ha apartado de Dios? ¿Cuando se ha hecho ciega para Dios?». La razón necesita de la fe y el hombre necesita de dios, así que la humanidad no puede crear la justicia por sí misma. Y cuando lo ha intentado, y esto no es casual, «se han derivado las más grandes crueldades y violaciones de la justicia».

Me parece que estos discursos son perfectamente legítimos y normales cuando se dirigen a fieles y seguidores. Me parece igualmente normal que una religión tienda a tener en más consideración la fe que la razón y que se debata ante el desafío ilustrado. Lo que no se puede condonar es que, en nombre de estas afirmaciones, movimientos católicos, obispos u otras jerarquías eclesiásticas invadan la esfera pública. Que sugieran que la democracia es ilegítima si no se adaptan las leyes a sus creencias. Que la ley de dios, tal y como ellos la entienden y definen, debe gobernarnos a todos. Que la autonomía individual es totalitaria. Que el laicismo es criminal. Que se deben prohibir el divorcio, el aborto, los matrimonios homosexuales, la experimentación con células madre, la educación cívica. En definitiva, que se empeñen, en tanto que movimientos políticos, en que la soberanía pertenece a dios, no a la ciudadanía. (Rafael del Águila, Crítica de las ideologías. El peligro de los ideales. Editorial Taurus. 2008. Páginas 76 a 79.)

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40 Véase M. Ruthuen: Fundamentalism, Oxford University Press, Oxford, 2007.

41 Véase, por ejemplo, K. Blaker (ed.) : The Fundamentals of Extremism The Christian Right in America, New Boston Books Inc., Michigan, 2003.

42 Véase H. Schleichert: Cómo discutir con un fundamentalista sin perder la razón, v c. J. Alborés, Siglo XXI, Madrid, 2004, pp. 66 y siguientes.

43 Ibid., p. 75.

44 loannes Paulus PP. II: Fides et ratio, 14/09/1998, epígrafes 37, 46, 47 y 50.

45 Del Sumo Pontífice Benedicto XVI: Spe Salvi, 30/11/2007, epígrafes 18-23, 42.

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One Response to Fundamentalismo Cristiano, Rafael del Águila

  1. Antonio dice:

    Hola:

    En una corrección de erratas, en la página 76 se suprime la cita del Corán 9:13-4

    salud y alegría

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