Nuevas Herejías, Capítulo I

Escher - Heads

NUEVAS HEREJÍAS

Iván de ExOpus, 4 de mayo de 2008

INTODUCCIÓN A LA PRESENTE EDICIÓN

La primera publicación de este libro se hizo en la Web Opuslibros en el transcurso de un año (del 22 de julio de 2004 hasta el 27 de junio de 2005).

Hago ahora su reedición por encontrar todavía comentarios semejantes a los que motivaron escribirlo (ejemplo: Tal vez éste escrito suene un poco informal pero seré muy breve: no nos equivoquemos, el Opus Dei no comete errores) que me llevan a pensar que el contenido de Nuevas Herejías le es desconocido a algunos. Por otra parte, para hacerme eco de las palabras del Fundador del Opus Dei a quien le oí decir por primera vez en octubre de 1967 que tenemos que repetir una y otra vez lo mismo hasta que se acaben por enterar todos. Pues eso, ¡a repetir una y otra vez las mismas verdades!

Para facilitar su lectura pausada lo presentaré en capítulos independientes. Si lo veo conveniente suprimiré, modificaré o aumentaré algunas partes del original. También añado un breve resumen al principio de cada entrega.

—oOo—

CAPÍTULO I

Resumen: Ante expresiones continuadas por parte de algunos afines al Opus Dei del tipo quienes atacan al Opus Dei atacan a la Iglesia, o el visto antes de no nos equivoquemos, el Opus Dei no comete errores (observemos que han transcurrido nada menos que cuatro años entre estas dos aserciones que pongo de ejemplo); en este capítulo se demuestra como afirmaciones semejantes no sólo están equivocadas, sino que además son heréticas.

1—El gran anatema.

Siempre que leo en la página de inicio de Opuslibros: “¡Ojo! No es una web contra la Iglesia, ésta es una web sobre el Opus Dei.”, recuerdo una tertulia, cuando yo era de la Obra, en la que un director de Comisión (máximo órgano de gobierno del Opus Dei en cada región) nos contó que alguien importante de la Obra le había dicho al Papa actual, en una entrevista que por aquel entonces tuvo con él, algo parecido a: Santo Padre, todos lo que nos atacan [al Opus Dei] son los mismos que atacan a la Iglesia.

Imagino que por esa línea de pensamiento de algunos afines a la Obra es por lo que la Web Opuslibros ha colocado en su primera página esa nota aclaratoria que he entrecomillado al principio.

En lógica hay dos axiomas (principios tan claros y evidentes que no necesitan demostración) que dicen: “La parte es menor que el todo” y “La parte no es el todo”. Con ello la lógica, como disciplina del pensar de forma correcta, no hace más que definir algo innegable, que nadie puede poner en duda.

Por lo anterior se deduce que quien opina sobre una parte, o la juzga, o la critica; circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar de esa parte, no está opinando, juzgando ni criticando al todo (puesto que si no fuera así la parte y el todo serían lo mismo). Podemos decir de un coche que es muy confortable en todo menos el volante que es muy incómodo (sólo juzgamos el volante) o de nuestra casa que está recién pintada excepto el cuarto trastero (el único sin pintar), etc.

Algo muy distinto es cuando opinamos, juzgamos o criticamos en un miembro algo que pertenece al Todo porque en ese caso lo estamos haciendo sobre los dos. Si opino que el hábito franciscano debería ser azul marino en vez de pardo, con ello me refiero solamente a esa Orden ya que me circunscribo a algo peculiar suyo; pero si lo hago sobre que ellos afirman la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía y expongo mis dudas al respecto, eso es doctrina del Todo, por lo que a la vez que opino sobre los franciscanos también lo estoy haciendo sobre la Iglesia.

Dentro de lo que la Iglesia nos exige creer a los católicos (verdades de Fe) se encuentra que la Iglesia es “Una”. Esto es algo tan fundamental que está impreso en todos los catecismos oficiales de la Iglesia.

Si la Iglesia es “Una” ello implica que no hay dos Iglesias verdaderas. Esto es doctrina de Fe, por lo que ha de creerse.

Como “la parte no es el todo”, eso quiere decir que una parte de la Iglesia (persona, cargo o institución) no es la Iglesia. Esto también es de Fe.

Se ha expuesto antes que quien opina sobre una parte, o la juzga, o la critica; circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar de esa parte, no está opinando, ni juzgando ni criticando al todo. Del conjunto de lo visto se deduce que quien opina, juzga o critica a persona, cargo o institución de la Iglesia, circunscribiéndose a hacerlo tan sólo sobre lo peculiar de esa persona, ese cargo o esa institución; no está opinando, juzgando ni criticando a toda la Iglesia. (Sí yo digo que mi párroco no reza no estoy afirmando por ello que toda la Iglesia no reza, puesto que juzgo a esa persona centrándome sólo en algo de ella.) Y por las razones antedichas en los párrafos precedentes esto también es de Fe (porque si no fuera así, siguiendo el ejemplo anterior, el párroco y la Iglesia serían lo mismo).

Como el Opus Dei es una institución de la Iglesia, de todo lo anterior se deduce que es un hereje quien diga de alguien que opina sobre el Opus Dei, o lo juzga, o lo critica (cuando lo hace circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar del Opus Dei), que esa persona está opinando sobre toda la Iglesia, o juzgándola, o criticándola.

Como los herejes son anatemas (excomulgados) y como al Fundador de la Obra le gustaba tanto el Concilio de Trento, basándome en lo anterior concluyo con una terminología muy propia de dicho concilio:

1 – Si alguien dijere que el Opus Dei es la Iglesia, sea anatema.

2 – Si de quien opina sobre el Opus Dei (cuando opina tan sólo sobre algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está opinando sobre toda la Iglesia, sea anatema.

3 – Si de quien juzga al Opus Dei (cuando juzga tan sólo sobre algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está juzgando a toda la Iglesia, sea anatema.

4 – Si de quien critica al Opus Dei (cuando critica tan sólo algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está criticando a toda la Iglesia, sea anatema.

2—La libertad de expresión.

Otra realidad muy distinta es que la opinión, el juicio o la critica que alguien le hace al Opus Dei repercuta o no sobre la Iglesia. Por supuesto que repercute, pero no porque ambas estén identificadas sino porque la Obra es una parte de la Iglesia, y lo que le atañe a un miembro está incidiendo sobre cuerpo.

Lo importante es saber si es cierto o no lo que se afirma de la parte. Precisamente para llegar a ese conocimiento ha de existir la libertad de expresión y además se ha de ejercer, pues sólo a través de ella puede esclarecerse la verdad.

Voy a intentar explicarlo con un ejemplo. Durante meses voy a la parroquia todos los días, a horas distintas, y nunca veo al párroco rezando. Unas veces da catequesis, otras está atendiendo a pobres, otras dando cursos prematrimoniales, etc. y de ello concluyo que ese hombre no reza nunca.

Si no hay libertad de expresión me quedaré siempre con esa idea para mí solito. Pero si encuentro una página Web de gentes de mi diócesis, abierta a la libertad de expresión, y lo cuento allí; quienes me leen reciben esa información y a su vez contestan (con la misma libertad de expresión). Imaginemos que un compañero de residencia de ese sacerdote lo lee y responde algo parecido a lo siguiente: “No tenéis ni idea de lo que estáis afirmando porque ese párroco de quien habláis nos tiene conmovidos a todos los que vivimos con él precisamente por su intensa vida de oración. Duerme sólo tres o cuatro horas y el resto de la noche se lo pasa rezando, porque él dice que durante el día no tiene el sosiego necesario para orar con calma por estar dedicado a una actividad muy intensa y que por eso lo hace por la noche.”

Ese testimonio lo cambia todo, pero lo importante para lo que nos ocupa es que se ha llegado a él a través del ejercicio de la libertad de expresión.

La libertad de expresión y el diálogo hacen posible llegar a la verdad, a veces opuesta a lo que en un principio parecía. La facultad de opinar, juzgar y criticar de unos y la respuesta de otros permite difundir, conocer y poder corregir la realidad de los hechos.

Cuando hay verdadera libertad de expresión no importa que alguien mienta o que se equivoque en sus opiniones, juicios o criticas, puesto que ya se encargarán de desmontar esas falsedades aquellos que tienen pruebas de la verdad. Sin embargo, la falta de esa libertad es el caldo de cultivo perfecto para los que obran el mal porque todo el mundo se halla incapacitado para desenmascararles.

De lo visto sobre la libertad de expresión se puede concluir que:

1 – Quienes callan ante las denuncias públicas de hechos graves de que se les acusa, con ese silencio otorgan como verdad todo cuanto se está afirmando sobre ellos porque si no responderían inmediatamente.

2 – Quienes luchan por acabar con la libertad de expresión de aquellos que hablan sobre ellos, con eso demuestran que no son claras sus intenciones, que hay algo torcido en su conducta.

3 – Quienes impiden a sus súbditos acceder a lugares en donde se ejerce la libertad de expresión sobre ellos, con eso tan sólo pretenden que estén bajo la ignorancia de lo que difunde su versión oficial, que presenta la verdad mutilada de partes esenciales a las que no quieren que tengan acceso sus miembros.

4 – Quienes hacen lo que dicen y desean mejorar lo que hacen, aman la libertad de expresión que sobre ellos se ejerce porque les permite conocer sus obras desde otras perspectivas, con lo que después pueden perfeccionarlas.

5 – Tan sólo aquellos que quieren a toda costa imponer su voluntad sobre el resto (dictaduras) odian la libertad de expresión, a quien ven como su gran enemiga.

Volviendo a la Iglesia. No sólo es una herejía afirmar que quien muestra la maldad de la parte (como parte) lo está haciendo sobre la Iglesia (como todo), sino que hacer públicos esos errores es una obligación grave para quienes los conocen; pues con ello se perfecciona la Iglesia al materializarse el mandato de Jesús de ser buen pastor de los demás, enseñándoles en donde los lobos se disfrazan de ovejas, para que así puedan escapar sin daño de sus colmillos.

Si aquellos de quienes afirmamos que son lobos responden a nuestro requerimiento con pruebas en contra o cambian su actitud, pues entonces todo el mundo se convencerá de que son ovejas. Pero si ante esas acusaciones ni contestan ni se enmiendan, entonces es que en verdad son lobos.

3—Una parábola bíblica sobre el Opus Dei.

Cambio de tema y te cuento un escarceo de esa loca de la casa que es la imaginación. Yo visualizo al Opus Dei como una figura gigante, sublime, y de gran rigidez; con valiosos intelectuales en su seno, que copa puestos claves de las más altas esferas civiles y religiosas, por lo que imagino que la cabeza de esa imagen es de oro fino; que machaca lo que haga falta por la férrea constitución de sus elementos, que están entrenados para conquistar cualquier meta por la fe incuestionable en que aquello que les dicen sus directores es la única palabra de Dios, y por eso veo que los miembros inferiores de esa figura son de hierro…; mas entre tanta grandeza yo le observo dos defectos que le transforman en un ser muy vulnerable: por una parte que no anda en la verdad y por otra que no quiere enmendar sus errores.

Y mira lo que Dios nos cuenta sobre un ser semejante:

Tú, oh rey, mirabas, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra se desprendió, no por mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como polvo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra. (Libro de Daniel, Capítulo 2, versículos 31 al 35.)

exopus.jpg

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2 respuestas a Nuevas Herejías, Capítulo I

  1. Inma Ramis dice:

    Ivan, magnifica exposición.

    Tus reflexiones son de gran ayuda. Te agradezco mucho todos tus esfuerzos y dedicación

    Inma Ramis

  2. Paula dice:

    ¡¡Hola!! No he sido del Opus Dei ni tengo ninguna intención de serlo, simplemente estoy preocupada por el hecho de la extraña identidad de esta secta. Estudié en un colegio religioso del que me siento orgullosa y allí siempre me enseñaron que el Opus Dei es una secta, pero ahora leyendo me entero de que la Iglesia Católica reconoce esta secta y todas sus barbaridades. Estoy confusa, soy católica y practicante, pero me parece que si esto es cierto, la Iglesia está llena de hipocresía. Soy universitaria y realizo un trabajo sobre las sectas. En la pagina del Opus y en su famoso blog opusaldia dan una visión del opus muy diferente, que por supuesto no creo. A raíz de la película CAMINO estoy aun mas confusa. ¿Es cierto que el director jugo con la familia, publicó el nombre de la niña sin su consentimiento y es cierto que la niña iba a ser santa? Estoy preocupada, ya no se que creer ni que pensar. Mi trabajo lo leerá mucha gente, me gustaría saber la verdad.Que Dios bendiga a esa niña y a todos los que llevan la verdad en el corazón. Confieso que no me fío del Opus que me parece un lobby de poder y que ojala no existiera. Agradezco la contestación de antemano. GRACIAS

    UN SALUDO

    PAULA

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