Juan Manuel Martínez Moreno, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

JUAN MANUEL MARTÍNEZ MORENO. Catedrático de la Universidad de Sevilla.

En modo alguno considero infamante para nadie pertenecer a tan piadosa asociación; pero, dado que yo no pertenezco a ella, no me agrada verme implicado en los comentarios, falsos o verdaderos, favorables o adversos, que sobre ella se hacen; como, recíproca­mente, no creo que al Opus Dei pueda interesarle que le carguen un ex subsecretario más en la ya larga lis­ta de altos cargos de la Administración que se le atri­buyen.

La inmensa mayoría de los españoles no pertenece al Opus Dei, sin necesidad de ninguna razón especial para ello. Tampoco yo creo que la tenga. La verdad es que nunca se me pasó por la cabeza adherirme a esa ni a ninguna otra asociación pía de la Iglesia Católica, porque no creo poseer las virtudes necesarias. Yo soy un católico muy modestito. No me atrae el proselitis­mo. No busco mortificaciones más allá de las que la vida me impone. Trabajo con regularidad y, a veces, duramente para desquitar mi sueldo de funcionario; pero sin pensar que por ello vaya a ganar un puesto en los altares. Procuro servir con lealtad a la sociedad en que vivo, sin otros acicates que mi vocación profesio­nal y el aprecio de los que me rodean. No experimento grandes exaltaciones ni tentaciones perversas. Soy dis­ciplinado, pero no obedezco «ciegamente» a nadie. No me meto en la vida privada de los demás, ni me gusta que se inmiscuyan en la mía, aunque sea con ánimo benéfico. Aprecio la libertad como el único medio de des­arrollar una personalidad propia y de poder responder de mis acciones en donde se me requiera.

No hay en todo esto nada especial, ni peculiarmente mío, ni motivo alguno de envanecimiento. Lo que he tratado de describir no es el fruto de una introspec­ción profunda, ni un «credo», ni una «confesión»; es, simplemente, el caso de millones y millones de perso­nas. En lo que a mí se refiere, constituye la explica­ción más sencilla de un hecho cierto, a saber: que nunca he intentado acercarme al Opus Dei y que no he recibido jamás de nadie proposición alguna en este sentido, pese a que, entre las personas que me cono­cen y me tratan, debe de haber bastantes que perte­necen a la Obra, o que colaboran con ella.

Temo, amiga mía, aburrirla a usted y aburrir a los lectores de su proyectado libro si alargo esta exposi­ción. Permítame sólo agregar una cosa: si yo pertene­ciera al Opus Dei me habría ido ya a París para ajus­tarle las cuentas al tal Ynfante, aunque tuviese que quebrantar el voto de obediencia. Con lo cual, me echa­rían de la Obra y hasta es posible que recibiera una buena paliza, porque tengo cincuenta años, soy de baja estatura y nunca me distinguí por mi fortaleza física.

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