Adiós Al Opus Dei

Felicidad

Iván de ExOpus

Diversas formas de abandonar el Opus Dei

1—Con el cuerpo. Es la simple ruptura legal: salirse de numerario/a, agregado/a o supernumerario/a, esto es, dejar de ser cooperador (orgánico) suyo.

2—Con la inteligencia. Cuando se descubre su verdadera esencia, y entonces no se puede menos que rechazarlo.

3—Con los sentimientos. Cuando te acercas al Opus Dei quedas fascinado por las cosas buenas que te muestra y te llenas de afecto hacia él, hacia sus apostolados y personas.

Conforme pasa el tiempo todo eso se va quebrando al sentir que en Opus Dei hay una doble realidad. Por una parte las cosas maravillosas que predican y por otra su entidad oculta, que es justamente opuesta a la anterior.

Un botón de muestra: te hablan mucho del gran valor de la amistad, pero la verdad es que no puedes tener amigos allí (ya que institucionalmente, por mandato explicito de su Fundador, nadie de la Obra puede tener amistad con los otros. Por ejemplo cuando un amigo tuyo se hace del Opus Dei has de romper la amistad con él, y para facilitarlo os ponen en centros distintos).

Todas estas incongruencias entre lo que se cuenta y lo real te lleva a desapegarte poco a poco de la Obra.

Debido a que los sentimientos se comportan como filtros de lo que la mente debe percibir, no se puede abandonar al Opus Dei con la inteligencia si previamente no se da un cierto grado de ruptura afectiva; por esta razón se pasan muchos años desde que se entra en el Grupo hasta que se descubre su tejemaneje y se le deja.

4—Por un afecto incompatible. Lo que lleva a dejarle es un amor irreconciliable con la estancia en el Opus Dei.

Un/a numerario/a o agregado/a, se enamora de alguien y para poder seguir con la relación ha de irse de la Obra. Si esa persona no rompe intelectualmente con el Opus Dei se produce lo que he dado en llamar “Supernumerarios externos”, que son aquellos que por esta razón se van bruscamente, pero no con la cabeza, por lo que en ellos permanece toda la mentalización recibida de labios del Fundador:

—“Dejar la Obra es condenarse a la infelicidad temporal y eterna”

—“No doy cinco céntimos por el alma de quien haya dejado el Opus Dei”

—“Prefiero que me digan de un hijo mío que ha muerto antes que ha perdido su vocación al Opus Dei”

—“Rezad para que Dios os permita morir antes que dejar el Opus Dei”

—“Si alguno de mis hijos nos abandona, que sepa que nos traiciona a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos de la Obra y a todas las almas”.

Estas personas buscan anular las profecías anteriores viviendo como los de la Obra. Por ello son tan irracionales como los de dentro en su defensa del Opus Dei, a pesar de las evidencias en contra que puedan encontrar; llevan su mismo tipo de vida (normas de piedad, incorporan a sus hijos a los centros, dan sustanciales aportaciones económicas, se dirigen espiritualmente con los del Opus Dei, etc.).

5—“Ruptura hacia adentro”. Se da en aquellos que se van con la cabeza pero no se atreven a dar el paso de dejarle físicamente. Se transforman en actores que constantemente representan la farsa de que son del Opus Dei.

6—Porque te echan. Es extraordinario que alguien se haga de la Obra por propia iniciativa, lo habitual, en el novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve por millón, es que sean los directores los que ven que puedes serle útil al Opus Dei, y desde ese momento te acosan sin piedad hasta forzarte a que lo seas. Y una vez dentro aplican todas las medidas psicológicas, espirituales y físicas para que ni siquiera puedas plantearte el dejarles. Esto se traduce en que sólo se puede abandonar la Obra por una fuerza externa que te arranque de allí.

Hemos visto como factores exteriores para sacarte del Opus Dei el descubrimiento intelectual, el enamoramiento y la incongruencia entre lo predicado y lo vivido; a lo que ahora hay que añadir que sean los propios directores, los mismos que te forzaron a entrar, quienes deciden que te tienes que ir, y te echan.

Siento una admiración y un cariño especial por estas personas. Me pasma el que la mayoría de ellos sea gente con el suficiente criterio para no plegarse ante la corrupción que la Prelatura impone.

Me viene a la cabeza una chica que se negaba a contar a sus directoras detalles íntimos de sus amigas por fidelidad al secreto que la amistad impone… Y, claro, muy pronto fue invitada a irse. ¡Me quito el sombrero ante ti, Maite! ¡Esto si que es cristiano!

Y el de otro que le cantaba las cuarenta a cualquiera, incluidos el director, subdirector o secretario; directamente, aun en una tertulia o durante la comida, cuando violaban la justicia, el respeto o caridad con el prójimo… Y, por supuesto, duró menos en la Obra que un jugoso solomillo ante las fauces de un perro hambriento. ¡Querido Gutemberg, eres un valiente! ¡Tú sí que sabes lo que es la santidad, mucho más que lo que se vive en todo el Opus Dei!

El gran problema al que se enfrentan estas personas al principio es que de golpe y porrazo se encuentran con el cuerpo fuera del Opus Dei, pero sus afectos siguen dentro y continúan pensando que la Obra es una institución buena, sin darse cabal cuenta de que los verdaderos cristianos son ellos y que precisamente por eso el Opus Dei los echa fuera.

7—Desconexión total. Es un paso posterior a la ruptura intelectual. Se produce cuando se “digiere” del todo la experiencia Opus Dei, y la nueva vida lo relega al olvido.

En el 2004, antes de comenzar a escribir sobre estos temas, se me pasaban meses sin pensar en el Opus Dei, y cuando lo hacía era con imágenes “frías”, sin sentimientos asociados. Entonces, ante la insensatez de los textos de algunos afines a la Obra, sentí la necesidad de aportar mis experiencias. Comencé a hacerlo en OpusLibros y en este blog desde finales de 2006.

Todo este proceso me ha llevado a resucitar al Opus Dei en mi interior, lo que lleva consigo no dejar de pensar en él.

Las experiencias negativas de la vida obligan a meditar sobre ellas hasta quedar curado de sus efectos, mas llegado este momento es un signo de salud el pasar página y abandonar su recuerdo.

Pondré un ejemplo. Supongamos que una persona quedó de niño colgada de un balcón durante media hora y desde entonces siente terror por las alturas. Se pone en tratamiento psicológico, descubre el origen de su mal y queda sanado. Lo que no es sensato desde ese instante es que siga pensando y sintiendo día y noche la angustia de aquellos momentos de su juventud en vez de relegarlos al ostracismo.

Lo mismo ocurría en mí con la Obra. Sus heridas ya estaban cicatrizadas y me resultaba molesto continuar rascando sobre ellas, aunque sólo fuera con el bisturí de la inteligencia.

Por otra parte, era consciente del beneficio que suponen mis palabras, lo que, por ejemplo, se ve reflejado en el tercio de millón de personas que han accedido a ellas… y continuaba escribiendo.

Ama a tu prójimo como a ti mismo, son palabras del Maestro, y con ellas nos está diciendo: no ames a nadie ni más, ni menos que a ti.

A finales del año pasado, 2007, con 337 artículos publicados, sentí la necesidad de seguir este consejo, el de amarme a mí mismo tanto como a los demás, y decidí tomarme unas vacaciones del “Opus Dei”. Desde diciembre he accedido al blog lo mínimamente imprescindible; así, por ejemplo, lo que se ha publicado desde entonces hasta hoy son escritos de archivo: realizados con anterioridad y puestos a la luz por el blog al llegar la fecha indicada.

Es impresionante la paz que resulta de sacar del todo al Opus Dei de tu vida, la de pasar un día y otro y el siguiente sin pensar para nada en él.

Ahora ya estoy descansado, seguir de vacaciones sería amarme más que al prójimo… y vuelvo a la tarea: revisar los comentarios que no he atendido, seguir escribiendo… Y así hasta que sienta de nuevo la necesidad de amarme a mí mismo tanto como a los demás.

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4 Responses to Adiós Al Opus Dei

  1. Mar dice:

    Qué alegría que has vuelto a escribir pero ten presente que las heridas no siempre sanan bien y en cualquier momento afloran. Tienes que seguir queriéndote, nosotros te queremos.
    Un abrazo y muchas gracias por todo lo haces

  2. emevecita dice:

    Iván, me encanta tu reflexión final. Yo me he dado de vacaciones un poco, creo.
    Si has leido algo mío en opuslibros, sabrás que soy una de aquellas a quienes “echaron”, claro, no solía contarles los secretos de mis amigas (ni me lo planteé nunca, ahora que lo mencionas) y sobretodo me enfermeron de estrés diciéndome que si no venían vocaciones después de mi, el Señor me echaría la maldición de la higuera. Y claro, no pitaba ni el aire y yo… desmayada de estrés temiendo la maldición.
    Luego, la misma que me hizo pitar, me dijo que era un error de cálculo (sí, la que me dijo que yo había sido elegida desde toda la eternidad y que si yo era fiel aunque no tenga vocación, Dios me la concedería) y que me vaya con toda libertad y eso sí, que no le cuente nada a nadie…
    Sabrás que le obedecí durante más de siete años en los que estuve apunto de perder la razón y la vida… en fin… es pasado.
    Pero es increíble cuando vas abriendo los ojos y te empiezas a dar cuenta que tanto dolor no puede venir de Dios.
    Eso que dices de los “supernumerarios externos” es magistral. Yo atisbaba una explicación así y ahora tú me lo has dado redondo. Un día de estos me voy a copiar tu definición. Espero que no te me enojes…
    Un abrazo

  3. Leonardo Cantú dice:

    Hola Iván.

    Quisiera felicitarte por tu blog ya que me ha ayudado mucho a entender al opus dei. Para mí era necesario entenderlo pues había pasado por ahí y me dejó profundos daños en mi persona. Yo fui testigo de personas a las que el opus dei primero llamó y después rechazó; aún recuerdo aquellas caras de profunda ansiedad. Todos éramos menores de edad.

    Iván, sigue con tu esfuerzo, gracias.

  4. Mark Twain dice:

    Yo también le doy las gracias a Iván.

    Aunque algunos somos reticentes a la hora de escribir… Ten por seguro de que ayudas a muchos más de los que quizás pienses.

    ¡¡¡Gracias!!!

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