Jaime Guasp, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

portada.jpg

Encuesta realizada entre 1970 y 1974

JAIME GUASP. Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Madrid.

Agradezco, ante todo, la oportunidad que se me brinda de desmentir, categórica y rotundamente, el infun­dio vertido en un libro de reciente aparición, y a te­nor del cual yo sería socio o simpatizante del Opus Dei. La verdad es que no encuentro resquicio ninguno, dialéctico o histórico, por el que haya podido filtrarse, de cualquier manera mínimamente verosímil, una afirmación tan disparatada. Pero como quiera que pa­rece que no soy el único en haber sido objeto de tan absurda y ridícula inclusión, me figuro que el autor del libro se ha permitido esta demasía por la misma razón por la que aquel soi-disant historiador colocaba a la guerra de los cien/’años en pleno siglo XVIII, es decir: «porque le convenía».

Ahora bien, más importancia que este mentís con­creto, puede tener, para un lector indiferente, la expo­sición de las razones en virtud de las cuales yo, dentro de mi insignificancia, ni soy, ni he sido, ni espero ser­lo nunca, miembro de ninguna clase del Opus Dei.

La razón es la siguiente:

Si mi temperamento me arrastra a algo en virtud de una formación, hoy ya muy firme, y prácticamente consumada, es a adherirme intelectualmente a concep­tos y socialmente a instituciones en las que campee la nota más clara posible de formalidad. Ni me agradan las nociones borrosas ni me complacen las entidades difuminadas, en las que no se sabe si uno es o deja de ser, si lo que uno hace lo hace como individuo o como partícipe, y si las consecuencias de una conducta de­ben calificarse de propias o de colectivas. Por esta in­clinación, que con el tiempo se va convirtiendo en arraigadísima actitud, sinceramente no me veo a mí mismo en la postura de comprender, favorecer y mu­cho menos participar en algo caracterizado, sin duda por buenos motivos, por una «evanescencia» que es, tal como yo lo entiendo, uno de los rasgos preferentes y una de las mejores tácticas de esta institución.

Sinceramente, dentro de la humildad de mi opinión, creo que tengo experiencia suficiente para darme cuen­ta del estrago que, en otros ha producido esta pérdida de un asidero fijo de criterio y de conducta. Después de ver a maestros perdidos, por siempre, para la ense­ñanza; a investigadores alejados del tema central de su preocupación intelectual; a profesionales oscureci­dos en una tarea que no les permite la radical inde­pendencia de un ejercicio libre; incluso a políticos que han sido deformados en sus verdaderas e íntimas as­piraciones, bien puedo atreverme a opinar que no son los frutos de la Obra, tal como yo los conozco, los más alentadores para cualquiera que tenga una vocación definida de constancia y de claridad.

Hace ya tiempo que vengo sosteniendo, contra una opinión mayoritaria, que el diagnóstico de los males de España está radicalmente equivocado. Que no es la española una sociedad sana y vigorosa, oprimida por unas estructuras estatales equivocadas o injustas. Sino que, por el contrario, es la forma del Estado español la que de antiguo, viene padeciendo la agresividad de unas formaciones sociales fuertemente rebeldes e irracionalizadas. Por ello, no sólo no simpatizo, sino que, en realidad, lamento haber tenido que presenciar el triunfal asalto de una nueva unidad de presión social sobre el débil armazón de un Estado, viejo pero res­petable, al que tanto trabajo le cuesta, por lo visto, encontrarse a sí mismo.

exopus.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: