Vicente Gallego, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

VICENTE GALLEGO. Periodista. Madrid.

«Camino» es la doctrina del «Opus Dei», escrita por su fundador. don José María Escrivá de Balaguer. Contiene 999 «pensamientos lacónicos» y, en la nota a la séptima edición, el autor aconseja: «Sólo se me ocurre decirte, amigo lector, que pongas en muchas manos este libro». Secundando modestamente su de­seo, copio a continuación alguna de esas sentencias de «Camino», en su texto íntegro y con la numeración con que aparecen en el libro. Suscribo la súplica que figura en la Introducción: «Medita cada palabra e imprég­nate de su sentido.»

Réstame lamentarme de no poder copiar tantas má­ximas como hubiera querido; no hay sitio para más. Y dicen así:

28. El matrimonio es para la clase de tropa y no para el estado mayor de Cristo. Así, mientras comer es una exigencia para cada individuo, engendrar es exigencia sólo para la especie, pudiendo desentenderse las personas singulares.

¿Ansias de hijos?… Hijos, muchos hijos y un rastro imborrable de luz dejaremos si sacrificamos el egoís­mo de la carne.

38. ¿Será verdad -no creo, no creo- que en la tie­rra no hay hombres, sino vientres?

54. ¿Contemporizar? -Es palabra que sólo se encuentra -¡hay que contemporizar!- en el léxico de los que no tienen gana de luchar -comodones, cucos, co­bardes-, porque de antemano se saben vencidos.

134. Aunque la carne se vista de seda… Te diré, cuando te vea vacilar ante la tentación, que oculta su impureza con pretextos de arte, de ciencia…, ¡de ca­ridad!

Te diré, con palabras de un viejo refrán español: aunque la carne se vista de seda, carne se queda:

190. Le hacía decir el Señor a un alma que tenía un superior inmediato iracundo y grosero: Muchas gracias, Dios mío, por este tesoro verdaderamente di­vino, porque ¿cuándo encontraré otro que a cada amabilidad me corresponda con un par de coces?

311. ¡La guerra! La guerra tiene una finalidad sobre­natural -me dices- desconocida para el mundo: la guerra ha sido para nosotros…

-La guerra es el obstáculo máximo del camino fá­cil.- Pero tendremos, al final, que amarla, como el reli­gioso debe amar a sus disciplinas.

367. El manjar más delicado y selecto, si lo come un cerdo (que así se llama, sin perdón) se convierte, a lo más, ¡en carne de cerdo!

Seamos ángeles, para dignificar las ideas, al asimi­larlas. Cuando menos, seamos hombres: para convertir los alimentos, siquiera, en músculos nobles y bellos, o quizá en cerebro potente… capaz de entender y adorar a Dios.

Pero… ¡no seamos bestias, como tantos y tantos!

387. El plano de la santidad que nos pide el Señor está determinado por estos tres puntos:

La santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza.

Si pides por favor que callen, se te burlan. Si haces mala cara, insisten. Si te vas, continúan.

La solución es ésta: primero, encomendarles a Dios y reparar; después…, dar la cara varonilmente y em­plear «el apostolado de la mala lengua». Cuando te vea ya te diré al oído un repertorio.

388. Una cosa es la santa desvergüenza y otra frescura laica.

391. Si tienes la santa desvergüenza, ¿qué te importa del «qué dirán» o del «qué habrán dicho»?

592. No olvides que eres… el depósito de la basura. Por eso, si acaso el Jardinero Divino echa mano de ti y te friega y te limpia… y te llena de magníficas flores…, ni el aroma ni el color, que embellecen tu fealdad, han de ponerte orgulloso.

Humíllate: ¿no sabes que eres el cacharro de los desperdicios?

677. Oro, plata, joyas… tierra, montones de estiércol.-Goces, placeres sensuales, satisfacción de apetitos…, como una bestia, como un mulo, como un cerdo, como un gallo, como un toro.

Honores, distinciones, títulos…, cosas de aire, hinchazones de soberbia, mentiras, nada.

850. ¡Qué conversaciones! ¡Qué bajeza y qué… asco Y has de convivir con ellos en la oficina, en la Universidad, en el quirófano…, en el mundo.

Si pides por favor que callen, se te burlan. Si haces mala cara, insisten. Si te vas, continúan.

La solución es ésta: primero, encomendarles a Dios y reparar; después…, dar la cara varonilmente y emplear «el apostolado de la mala lengua». Cuando te vea ya te diré al oído un repertorio.

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