Las Visitas De Pobres En El Opus Dei

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Selección realizada por Iván de ExOpus.

Ramón Y Venancio Y Sor Seneguer, En Retablo De Curiosidades. Satur

http://opuslibros.org/escritos/retablo_curiosidades_satur.htm

Ramón me contó una anécdota que protagonizamos los dos hace muchísimos años en una visita de pobres a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Yo había olvidado la historia –felizmente para mi-, pero él la llevaba grabada a fuego de tal manera que desde aquel día ya nada fue igual para él. Yo quedé para siempre en su biografía, y cada vez que ve un anciano desamparado, una monjita de anciano desamparado y algo parecido a una residencia de tercera edad, le vienen unos sudores, unos accesos y unas nauseas que no veas.

Acostumbrábamos a hacer las visitas de pobres a una residencia de Las Hermanitas -que, aunque se llaman así, “Hermanitas”, son duras como el pedernal, fuertes como una estalactita y de hermanitas nada: te llevan un agüelo de cada brazo como si fueran pétalos de rosas. Una hermanita de esas que parecen tan frágiles, escuchimizadas y arrugadas, te pega un tortazo y te manda donde el viento da la vuelta.

Casi cada semana acudía las tardes de sábado con algún chaval y echábamos una mano en la Residencia. Normalmente eran tonterías: acompañar a un tipo que conoció el Mar Muerto cuando estaba Enfermo, hinchar cientos de flotadores patito hasta el vértigo y el mareo total, flotadores que, supongo, les habría regalado algún cabrón y que nosotros debíamos comprobar cuáles estaban pinchados, servir la merienda o la cena…Ya digo, tonterías. Era fácil salir de esas visitas con una agradable sensación de buen chico, de buen samaritano, con una sonrisa de satisfacción y la conciencia de saberte tan cerca de Jesús, como un Cirineo del siglo XX.

Había una monjita, una hermanita, que no nos veía así como con muy buenos ojos. Le debíamos parecer los típicos “¡¡¡supersocorro, que me ataca un Lacoste!!!”, unos pijillos que no se sabía muy bien qué íbamos a hacer allí, unos yogurines guaperillas y chachis que bajaban de los barrios Ives Saint Lorans a hacer la buena obra del día. Y una tarde, la tarde que fuimos Ramón y el menda, la “hermanita” dijo “hoy pillas”. Y pillamos. Me lo recordó Ramón…¡¡¡pero ahora mismo, mientras tecleo, tengo que levantarme de la silla y tomar aire sólo de recordar aquellas horas de horror y asco!!!

Sonriendo Sor Presa la Tocacojones nos dijo dulcemente.

-¿Podéis acostar a Venancio?

Venancio era un hiperanciano que estaba sentado en una silla sobre un cojín más gastado que el de Ironside.

-Venga, Ramón, vamos a acostar a Venancio.

Ni Ramón ni yo habíamos acostado nunca a un agüelo. Pero, era Jesús con el rostro de Venancio Anciano, y allá que nos fuimos con Venancio –un brazo en mi hombro, otro brazo en el hombro de Ramón– hasta la cama. Venancio se dejaba hacer. Era buen chico.

-Ramón, tú le bajas los pantalones, yo me encargo de la camisa, ¿ok?.

Ramón debió de pensar que vaya cara, pero yo era el profe, qué caramba.

Estoy intentando desabrochar el botón primero de la camisa, el del cuello, con la lengua fuera y una halitosis de Venancio que anunciaba que algo no funcionaba allá dentro, cuando escucho a Ramón que le da una arcada, un arranque de nausea, un ataque de vomitera brutal, y se pone a potar a escasos centímetros de Venancio que, impertubable, sigue mirándome a los ojos fijamente. Yo, que soy muy mindunguis para esas cosas, y muy aprensivo, veo la potada de Ramón, y me pongo a potar yo también, pero en el otro lado de la cama. Venancio, nada, a lo suyo. Y nosotros como el Fontanone, dale que te pego.

Terminamos el primer pote de gomito y descubro alucinado y horrorizado que Venancio está en calzoncillos totalmente cagado. Una cascada de mierda que le cae calzoncillo abajo hasta los tobillos.

¡Vuelta a potar Ramón y yo! Y Venancio como un campeón. Nada. Sólo nos miraba.

Nos vamos a la monjita con lágrima en los ojos y cara de besugo con arcadas.

– Hermanita, que mire lo que nos ha pasado…

– ¡Vaya por Dios! –dice así como si le hubiéramos comentado que le compramos lotería de Navidad. ¡¡¡Ay Venancio, que no hay día que no hagas una!!! Nada, no os preocupéis, ya limpio la habitación, y vosotros llevadle al baño geriátrico y le limpias con la grúa.

– ¿Que le que le qué…? ¿Grúa?… ¿Baño?.

Eso no era una monja. Era La auténtica Sor Seneguer.

Acompañamos entre espasmos y extraños movimientos corporales a Venancio. Lo de la grúa fue de traca. Lo colocamos como pudimos, lo colgamos de una especie de pañal enorme que se sostenía sobre un brazo hidráulico… pero la visión de esas pielnas repletas de heces, de ese cuerpo mortal, de esos miembros que en su día debieron de ser causa de admiración y no pocas sorpresas, nos hacía volver a gomitar y tener unas arcadas que nos dolía hasta el ombligo. Algo patético. Venancio, suspendido entre el baño y el brazo hidráulico, balanceándose, nos observaba agarrados a la pared y echando la leche que mamamos.

Ya una vez medio recuperados, los ojos llorosos, y sin nada más que echar, porque ya no había nada más que echar, comenzamos a limpiarlo. Pero nos parecía que allí se estaba produciendo un fenómeno extraño, porque más que limpiar esparcíamos: era como si le estuviésemos limpiando con una bolsa de patatas fritas. Y fue en ese momento cuando Venancio me coge por el cuello del jersey y me dice muy serio.

-¿Porqué hacéis esto?.

Muy buena la pregunta, Venancio. Porque eso no lo sabía ni yo. Pero le contesté, así, por contestar.

-Porque me gustaría que me lo hicieran a mi cuando sea como usted.

No me llamó “cabrón” porque lo tenía suspendido del brazo hidráulico y sospechaba en mi pensamientos asesinos, que si no…

Nos fuimos a la Hermanita y le dijimos que ya estaba hecho el encargo. La verdad es que nos tiramos con Venancio nuestras buenas tres horas, lo acostamos con algún palomino pero, bueno, para ser la primera vez –y la última– el encargo más o menos se hizo.

Las risas de la monjita todavía se deben de oír en la noches de luna llena en los pasillos de la Residencia.

Y a nosotros no nos volvió a ver el pelo en su vida.

Venancio, descansa en paz.

Ramón: lo siento.

Papá: te aconsejo que palmes de infarto, porque como me toque cuidarte a ti…

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Lo Que No Funciona, EDU

http://opuslibros.org/libros/loqueno_funciona_edu.htm

En los centros de las distintas ciudades en los que he vivido, la preocupación casi exclusiva de los directores era -y es- el proselitismo, sin que importara realmente la difusión del Evangelio que por sí mismo atrae porque es palabra de Dios. El “compelle intrare” es necesario, qué duda cabe, y es legítimo meterse en las almas para removerlas pero no como pauta sistemática con todos. Y en cualquier caso teniendo siempre un respeto reverencial por la libertad, que en el Opus se pisotea. […] Si se vive bien el primer y más importante de todos los mandamientos -dando cariño, luz, ejemplo, enseñando de palabra de Dios, viviendo la solidaridad, la comprensión, el amor al prójimo, etc.- las almas acudirán atraídas por la verdad. “Por sus obras los conoceréis” sí, pero la obra más conocida (y temida) del Opus Dei no son las obras de caridad, sino hacer que la gente pite [pedir la admisión al Opus Dei] a toda costa. Hasta el concepto último de las “visitas de pobres” está viciado de raíz –cosa grave- ya que no pretenden ayudar al necesitado, sino remover al chico de San Rafael para que, emocionado, escriba la carta al Prelado.

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Recuerdos Del Camino, Carmen Charo Pérez de San Román

http://opuslibros.org/libros/Carmen_Charo/indice.htm

Otra cosa que recuerdo que me chocó de aquel entonces, fueron las visitas a los pobres. Con otra chica del club que no era de la obra, íbamos a visitar a gente necesitada. Planteamos hacer una labor continua con alguna señora mayor que vivía sola, pero nos dijeron que no, que no era lo nuestro. La atención continua a personas pobres, enfermas… era para otros. Algo crujió dentro de mí pero así quedó. Ya lo entendería en su momento. […] Otro recuerdo que no quiero dejar pasar por lo que me marcó hace relación de nuevo a las visitas a los pobres. Me encargaron que fuera con unas chicas de San Rafael a hacer una visita a un orfanato. Las chicas no eran amigas personales mías. Eran las típicas niñas del colegio de la Obra, no sé si hijas de supernumerarios o afines. Iban por el centro como por rutina. Había que tirar de ellas para que asistieran cada semana al circulo, meditación… Es decir, y no es menosprecio hacia ellas, que no tenían excesivo interés. Parece que se trataba de que se removieran un poco viendo la desgracia de fuera, en contraste con su vida acomodada.

Llegamos al orfanato y se nos pegaron nada más entrar dos hermanitos, el niño de unos 7 años y la niña de 3 ó 4. Aquello fue inenarrable. El niño era como un hombre adulto. Se sentían solos. Él protegía constantemente a su hermana. En su cara se reflejaba una madurez impropia de su edad, una seriedad y una tristeza que no sé describir. A mi se me hizo un nudo en la garganta terrible. Hicimos de tripas corazón y procuramos hacerles reír y que sintieran cariño.

Cuando nos fuimos, yo ya no pude más y sin poderlo remediar lloré hasta hartarme, sin pudor por las chicas, por la gente que pasaba por la calle… No podía parar. Las lágrimas salían a borbotones, con hipo… No entendía nada. ¿Qué hacíamos nosotras allí? Nunca más íbamos a volver. No pretendíamos solucionar nada. Me pareció cruel y absurdo que nosotras lleváramos una vida tan fácil y hubiera niños tan pequeños dándonos verdaderas lecciones sobre la vida.

Me duró la impresión, pero como todo se fue diluyendo con el tiempo.

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Luces Y Sombras, Claudia

http://opuslibros.org/escritos/luces_ysombras.htm

Con el tiempo descubrí que las promociones rurales (labor social con gente pobre) no se realizaban para ayudar a los pobres, sino para generar una situación de “enfrentamiento a la miseria y el dolor de otros” con fines proselitistas (es decir, para “remover la generosidad” de las amigas que nos acompañaban y poder “plantearles la vocación”). Obviamente fue de mis primeros desencantos y crisis ¿por qué se “instrumentaliza la pobreza” –y aquí entran también las visitas de pobres y enfermos-? Eso no me parece cristiano (aunque sea más cristiano que encerrarse egoístamente cada quien en su propia vida, pero en fin). ¿Por qué no establecer verdaderas acciones de ayuda PERMANENTE, con planes a largo plazo, integrales, para contribuir a elevar la calidad de vida de los pobres? Y, por favor, que no me digan que las hay, porque sabemos que detrás de determinadas labores aparentemente sociales (escuelas técnicas, hoteleras) lo que existe es un afán eminentemente proselitista, sobre todo en la parte femenina para conseguir “vocaciones de numerarias auxiliares” para que terminen atendiendo de por vida las necesidades materiales de los centros (pero ese es otro largo tema).

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La Papada Del Padre (Manipulación total), Flanpan

http://opuslibros.org/escritos/bajando_nube.htm

A los pobres se los visitaba para hacer APOSTOLADO con los chicos que te acompañaban. Pero NO IBAMOS A RESOLVER LOS PROBLENAS SOCIALES DE NADIE: PARA ESO ESTABA EL ESTADO.

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Carta A Una Madre Muy Preocupada, Jorge

http://opuslibros.org/escritos/carta_madre_jorge.htm

Total que existe toda una estrategia proselitista montada en discursos concretos (“guiones” de formación y bibliografía específica) y sobre el eje de actividades dirigidas a conseguir vocaciones: “medios de formación”, cursos de retiros, convivencias, visitas de pobres y enfermos, foros cinematográficos, etc. Hasta el denominado “apostolado de amistad y confidencia” en el que los directores establecen puntualmente las acciones que el supuesto amigo (miembro de la Obra) debe realizar para que el “prospecto” pida la admisión (siempre y cuando tenga las “cualidades” para ser miembro de la Prelatura).

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Me Salí Por ‘Salido’ Y Por Poeta, EPI

http://opuslibros.org/escritos/mesali_porsalido_epi.htm

Cuando me explicaron lo de la visita a los pobres, me decepcionó el hecho de que no tratábamos de resolver un problema social, sino de conmover el alma del amigo con el espectáculo de la pobreza. Aparte de que yo nunca supe cómo aprovechar esa pobreza para convencer a mi amigo de que se confesara, mis visitas a los pobres fueron casi siempre desastrosas. Una vez, las ancianas de un asilo se pelearon entre sí y con nosotros porque no traíamos suficientes caramelos para todas.

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Mi “Formación” Comenzó A Los 10 Años, Marcio Fernandes da Silva

http://opuslibros.org/escritos/mi_formacion.htm

Otras cosas que me pidieron hacer fueron:

a) Visitas a hospitales. Visité, a invitación de un miembro del Opus, una enfermería de ortopedia infantil. Llevamos algunos dulces para los niños que estaban internados.

b) Visitas a los pobres. Fui, también en compañía de un miembro del Opus, a una chabola de una favela de Sao Paulo. Les llevamos algunas ropas usadas.

Las visitas a hospitales y a los pobres no tenían ninguna finalidad de asistir a los necesitados. La finalidad era suscitar en el muchacho un sentimiento de querer ayudar, de ser generoso. Ese sentimiento sería utilizado por el Opus, posteriormente, para conducir al muchacho a pedir la admisión en la institución.

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El Opus Dei En América Latina (no hay que olvidar…), Jesús F.

http://opuslibros.org/escritos/opusdei_america_jesus.htm

Es más grave aún que en la teología del Opus Dei está implícita otra idea: Cualquier trabajo, no importa cual, es vehículo de santificación. Dios ha querido que éste se santifique como director de un gran emporio, mientras que aquélla se ha de santificar como numeraria auxiliar, aquél como barrendero, aquel otro como limpiador de sanitarios. De esta manera las divisiones sociales injustas y criminales adquieren el estatuto de “ideas divinas”. Es verdad que el Opus Dei realiza actividades con indigentes, pero se trata en el fondo de pura fachada, pues se persigue el proselitismo, y de ninguna manera cambiar la realidad de los pobres. No hay, en ninguna de las llamadas “visitas de pobres”, ni en las obras corporativas con pobres, un programa de ideas y acciones concretas, cuya finalidad consista en modificar de raíz la situación de las personas pobres.

La teología de la liberación buscaba justamente comunicar a la conciencia cristiana que ante la pobreza y sus causas no podemos ser indiferentes, y como cristianos no podemos permanecer pasivos ante la misma. El Opus Dei alega que su táctica es diferente, que ellos acceden a los dirigentes económicos y políticos para cambiar su actitud ante los pobres, para hacer de las empresas organizaciones más humanas, etc. Empero, no hay en toda la teología del Opus Dei un análisis serio, consistente, de cómo ciertos modelos nacen de estructuras esencialmente injustas y pecaminosas, pues sólo subsisten en la medida en que exigen una contraparte ominosa. Por el contrario, el Opus Dei alivia las conciencias de quienes mucho tienen a cambio de que otros no tengan nada, al hacerles creer que para santificarse no hace falta más que seguir normas de piedad determinadas, y un poco de “paternalismo” con los de abajo.

El Opus Dei miente cuando dice practicar la “opción preferencial” por los pobres, como lo muestran sus desatinadas y repugnantes actuaciones en América Latina. Del mismo modo que nos mentían diciéndonos que el Opus Dei es pionero en el ecumenismo.

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Descubrir Tu Orientación Sexual Siendo Numerario, E.A.

http://opuslibros.org/escritos/orientacion_sexual.htm

Aunque había cosas que no me gustaban, (la obsesión patológica por la pureza, el clasismo, la utilización de las personas: a los pobres en las “visitas de pobres”, a los amigos para que vengan al centro…) la idea de servir a Dios y a los hombres me entusiasmó y sobre todo sin tener que ser cura. Así que pité en un UNIV.

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Relaciones Enfermizas Con La Institución, Maria Cristina

http://opuslibros.org/escritos/relaciones_enfermizas_cristina.htm

El solo hecho de convertirme en una persona como él con esas normas de piedad asfixiantes, me hacía sentir rechazo a todo lo que viniera del opus y su gente. Fui a varias charlas acompañada de la esposa de su hermano y no puedo quejarme de lo bien que me trataron. Todas señoras muy elegantes, sonrientes y cálidas. Sin embargo, no me atrajo para nada todo lo que allí se conversaba y donde se ponía énfasis. Era como que se daba mucha importancia a la piedad, a rezar mucho, a cumplir con los preceptos pero poco y nada a lo que eran cosas concretas, los hechos. Recuerdo que tras una reunión volvíamos con mi cuñada al estacionamiento y le pregunté si estaban haciendo labores sociales en algún barrio pobre, si anualmente se hacía colecta de ropa o juguetes para los niños, si había visitas a los pobres o a los enfermos en los hospitales… me miró como si yo fuese una infradotada y me dijo: “algo se hace de vez en cuando con los pobres; pero las colectas y las donaciones son para la obra que está llena de necesidades… no somos misioneros de la caridad ni nada de eso, ya hay muchas ordenes religiosas que se ocupan de los necesitados”. Como yo quedé mirándola algo perpleja me dijo “me parece que a vos te han llenado la cabeza los zurdos [los de izquierdas, los comunistas y afines] de la facultad y los curas tercermundistas” y riéndose subió a su auto sin decir palabra más. Subí a mi auto y volví a casa con un sentir amargo, me sentí humillada y en cierta forma burlada por el ex abrupto de mi cuñada ¿así que yo era “zurda y tercermundista” por preguntar por la labor con los pobres? ¿así que ÉSA era la forma del opus de vivir a la luz del Evangelio?

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Testimonio De Ex Numeraria Brasileña, E.R.

http://opuslibros.org/escritos/testimonio_brasilena.htm

Mi consejo para los padres de jóvenes que acaban de conocer un centro de la Obra es que les expliquen con toda claridad la situación y no les permitan que frecuenten ningún tipo de evento. Ni charlas, ni retiros, por más interesantes que parezcan para su formación, ni paseos, ni visitas a los pobres, nada, pues se trata de los primeros pasos hacia la captación, por cierto muy bien planificada y preparada.

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Una Mala Noche En Una Mala Posada, Jorge

http://opuslibros.org/escritos/unamala_noche.htm

Desde muy niño disfruté de la experiencia religiosa. Fueron los Hermanos Maristas quienes me enseñaron el catecismo católico, a cantarle con alegría a la Virgen y ayudar a los pobres. Con ellos también aprendí matemáticas, historia y muchas otras asignaturas que me prepararon para la universidad y la vida. Desde luego, en algunas ocasiones me hablaron de lo que significaba la vocación Marista, pero jamás me crearon falsas crisis vocacionales ni me amenazaron con el infierno si no seguía su vocación. Estaban muy claros con respecto a los muchos caminos que llevaban a Dios, “algunos directos como la muerte prematura, algunos de colores y otros llenos de dolor, pero al final del camino nos espera Dios con los brazos abiertos.”

Recuerdo con mucho cariño al Hermano Antonio. Dos o tres veces a la semana íbamos a una de las barriadas más pobres y peligrosas de la ciudad. Después de clases y los sábados por la mañana, llevábamos granos, azúcar y leche en polvo a sitios donde abundaba el hambre y el agua contaminada pero hacía falta comida y otras necesidades básicas. El Hermano Antonio era un hombre exigente en clase pero se transformaba cuando se disponía a ayudar a otros en aquel barrio olvidado. Se quitaba la sotana, se ponía pantalones negros y con su rosario en el bolsillo motivaba a sus estudiantes -muchos hijos de familias adineradas- a acompañarle en sus aventuras de caridad. Nos contaba de sus años en Cuba y de cómo su familia disfrutó de una cómoda posición económica hasta que él se hartó de aquella vida de abundancia y se convirtió en un Hermano Marista. Los domingos íbamos a Misa a ese mismo barrio, enseñábamos el catecismo a los niños pobres, ayudábamos al párroco y pasábamos un buen rato. Debo confesar que en muchas ocasiones me entusiasmó la idea de hacerme un sacerdote diocesano, como aquel párroco.

Mi vida dio un giro radical cuando un sacerdote del Opus Dei motivó a los Hermanos Maristas a realizar un retiro espiritual para estudiantes. Sin entender las intenciones ocultas, los Maristas aceptaron y por recomendación de la gente del Opus Dei extendieron invitaciones a los mejores estudiantes y a quienes mostraban sensibilidad social. Aunque los problemas económicos ya habían empezado en casa, mis padres de alguna manera consiguieron el dinero para el retiro.

[…]

Fernando logró su objetivo: hacerme creer que era un verdadero amigo, cuando en realidad su único propósito era acercarme al Opus Dei y eventualmente crearme una crisis vocacional. Después de hacer la solicitud de admisión al Opus Dei como socio numerario, con apenas 14 años, Fernando de inmediato se alejó y me entregó a los directores. Era como si la amistad hubiese terminado. Luego me explicaron que en la Obra, como llamaban al Opus Dei, no había amistades personales.

Como a muchos otros, el Opus Dei me cambió el mapa de vida y de valores. De pronto, visitar a los pobres con el Hermano Antonio ya no era necesario ni recomendable porque teníamos actividades de proselitismo más importantes que realizar. Debíamos conseguir nuevos candidatos para el Opus Dei entre los mejores estudiantes de nuestra promoción. Poco a poco me alejé de mi familia y mis padres lo empezaron a resentir, pero en el Opus Dei me enseñaron a darles excusas que parecían válidas. Me alejé también de muchos amigos que no tenían el “perfil” que el Opus Dei recomendaba. Aprendí que había almas de almas, unas más valiosas que otras, y entre más valiosas más interesantes eran para el Opus Dei.

[…]

El Opus Dei fue tan solo una mala noche en una mala posada, que posiblemente le truncó la vocación a quien pudo ser un buen sacerdote diocesano, que disfrutaba sirviendo a los pobres y cantándole a la Virgen. Pero los Maristas tenían razón: al final del camino nos espera Dios con los brazos abiertos.

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