Manuel Cantarero del Castillo, ¿Por Qué No Es Usted Del Opus Dei?

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Encuesta realizada entre 1970 y 1974

MANUEL CANTARERO DEL CASTILLO. Abogado. Madrid.

Respecto a la pregunta que me hace: «¿Por qué no es usted del Opus Dei?», le puedo contestar lo siguiente:

No soy del Opus Dei, evidentemente, porque no es­toy afiliado al mismo, ni siquiera como miembro de «la clase de tropa» o soldado modesto, ya que soy hom­bre casado. Pero ese hecho carece, por supuesto, de relieve alguno. Quizá resulte más relevante el hecho de que no sólo no soy, sino que tampoco podría ser miembro de esa institución por razones de personal actitud religiosa. Yo soy un hombre de corte más bien racionalista y agnóstico, aunque con una consciencia re­ligiosa agudamente problematizada. Intento, por ello, o a pesar de ello, ser esa cosa tan difícil y tan sublime, no obstante, que es ser cristiano. Pero es algo que no con­sigo ni siquiera mínimamente. Y ser del Opus Dei, una institución de riguroso apostolado católico, entiendo que exige un estado de fe firme y una consecuente con­ducta cristiana activa y militante que no se da en mi caso de manera suficiente. Por otra parte, he leído las obras del padre Escrivá y, dicho con el mayor respeto, la verdad es que no encuentro en ellas nada distinto del tradicional lenguaje católico español de siempre. Todavía Congar, Rhaner, Theillard, me han dado algu­na base importante para el intento de conciliación entre mi consciencia y mi mentalidad racionalista, y mi tra­dición familiar evidentemente católica, y mi constitutiva emotividad cristiana.

Contra los miembros del Opus Dei como tales no albergo ningún prejuicio. Incluso tengo algunos ami­gos que pertenecen a la Obra por razones sinceras y respetables de vocación religiosa. Ahora bien, entiendo que los miembros del Opus Dei que han entrado en política, sobre todo al hacerlo un tanto «en bloque», han comprometido de alguna manera, y muy gravemente, a la institución. Esta, si no quiere frustrarse como tal institución de apostolado y acabar figurando como grupo de presión poco respetable, al que muchos busquen afiliarse para promocionar o prosperar, está obligada a conseguir que la conducta de sus miembros aclare, en todo momento, que la libertad de compro­miso político de todos y cada uno de ellos está, de verdad, por encima del espíritu de solidaridad de mili­tantes de la Obra. Tal como se lo digo a usted se lo he dicho también a destacados miembros del Opus Dei y a los amigos aludidos. Por lo demás, y mientras todo el «misterio», tan anacrónico, por otra parte, no se aclare cumplidamente, yo he de juzgar, para mí, a los hombres públicos, sean o no sean del Opus, en función de sus conductas objetivas y no en función de su per­tenencia a esa u otra institución cualquiera. No es­toy dispuesto a sectarizarme, ni siquiera por reacción, a lo que pudiera parecer o ser un sectarismo más. Tal vez esa podría ser otra razón por la que no podría per­tenecer al Opus, aun no existiendo obstáculos de con­ciencia. Porque seguramente el Opus no es una secta. Pero, a veces, lo parece o lo hacen parecer como tal. Su tarea urgente es deshacer suficientemente ese equí­voco. En caso contrario, no le auguro un porvenir muy agradable.

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