A Lo Que Tienen Derecho Los Del Opus Dei

Iván de ExOpus

Cualquier ente público expide certificados a los que han mantenido una relación con él: sobre el tipo de dependencia, su fecha de incorporación, de salida, el tiempo de permanencia, los trabajos y actividades realizadas, etc.

El Opus Dei, por el contrario, no facilita nada de eso a quienes le ayudan o pertenecen o han pertenecido a él. No dan ni siquiera un acuse de recibo a la carta en la que se solicita la Admisión; y las incorporaciones sucesivas a la Prelatura son comunicadas siempre verbalmente. Cuando te marchas, tú si que solicitas la dispensa por escrito pero nunca es contestada de la misma manera sino que un director te cuenta que el Padre (el Prelado del Opus Dei) te la ha concedido. No te dan justificante alguno sobre el dinero u otros bienes que les entregas…

En los documentos internos del Opus Dei se quitan los nombres y fotografías de los que se marcharon; en los listines telefónicos de los centros se suprime cualquier referencia a ellos; en las tertulias y conversaciones entre los de dentro desaparece la mínima alusión hacia quien se fue…

Dejando aparte a su Fundador (que lo recibe por todos los demás), en el Opus Dei no dan a sus muertos el culto humano normal: no se les recuerda en los aniversarios de su fallecimiento, ni se visita su sepultura, y salvo raras excepciones no se vuelve a hablar de ellos en las tertulias y medios de formación.

El Opus Dei parece indicar, con esta actuación institucional, que considera a las personas como meros «objetos de explotación», unos «frutos» a los que hay que exprimir y después tirar cuando ya no se les puede sacar más jugo; seres «carentes de alma» y por ello sin la personalidad jurídica necesaria para recibir certificados; «cosas indignas» de mantener en la memoria y en la existencia cuando les dejan de ser útiles; «esclavos» que carecen de cualquier derecho pero con todas las obligaciones.

Y no debemos andar muy descaminados en nuestro juicio cuando el propio Opus Dei lo exalta en una de sus canciones: «El derecho que tengo / nadie me robe. / Tengo el derecho, / tengo el derecho, / de no tener ya nunca / ningún derecho

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One Response to A Lo Que Tienen Derecho Los Del Opus Dei

  1. Marypt dice:

    Iván
    Talvez possas traduzir o comentário que passo a fazer:
    O que dizes sobre o “esquecimento” das pessoas falecidas (mesmo as da obra) senti-o várias vezes. Realmente, com excepção de algumas referências a uma ou outra pessoa que falecera “heroicamente” (quer dizer, suportando uma doença com muito sofrimento), praticamente não se falava de quem já tinha morrido, ainda que tivessem sido pessoas da nossa convivência mais próxima.
    Há uma situação parecida de que gostava de falar: na cidade onde vivo faleceu com leucemia uma rapariga de 14 anos que era filha de uma supranumerária e aluna de um colégio Fomento. A doença dela foi tão intensa que houve uma professora (supranuemrária também) que escreveu um pequeno livro sobre a vida desta adolescente. Naturalmente a sua mãe levava consigo um exemplar do livro e fotografias dela para toda a parte… incluindo um convívio anual de supranumerárias. Aí todas nós queríamos apoiá-la ouvindo-a contar recordações da vida da sua filha já falecida.
    O que era revoltante era perceber que as directoras (numerárias) queriam evitar que isso continuasse e, por isso, inventavam todas as desculpas para impedir que conversássemos livremente durante os intervalos das actividades.
    Sentia-se que estavam a “controlar” a referida mãe e, ao mesmo tempo, a “controlar-nos” a todas nós que – sendo na maioria mães de família – nos comovíamos com o que se tinha passado.
    Esta tensão entre numerárias e supranumerárias é aliás típica: as primeiras consideram que as segundas são umas “sentimentais” porque dão demasiado valor à família, aos problemas dos filhos, etc. Assim, nas actividades de formação, as directoras tentam “abafar” estas preocupações com doses maciças de “formação sobre a vida do opus dei”. Pretendiam que as nossas cabeças ficassem cheias de “opus dei” e que só esse tema ocupasse o nosso tempo e as nossas conversas.
    Enfim uma completa “claustrofobia”!
    Marypt
    *****************
    TRADUCCIÓN:
    Iván
    Tal vez podrás traducir el comentario que paso a hacer:
    Lo que dices sobre “caer en el olvido” de las personas fallecidas (igual las importantes de la Obra) lo sentí varias veces. Realmente, con la excepción de algunas referencias a una u otra persona que falleciera “heroicamente” (por ejemplo, soportando una enfermedad con mucho sufrimiento), prácticamente ya no se hablaba de quienes morían, aunque hubieran sido personas de nuestra convivencia más próxima.
    Hay una situación de este tipo de la que me gustaría hablar: en la ciudad donde vivo falleció por leucemia una muchacha de 14 años que era hija de una supernumeraria y alumna de un colegio de Fomento. Su enfermedad fue tan intensa que hubo una profesora (supernumeraria también) que escribió un pequeño libro sobre la vida de ésta adolescente. Naturalmente su madre llevaba consigo a todas partes un ejemplar del libro y fotografías de ella… y así lo hizo en una convivencia anual de supernumerarias. Ahí todas nos apuntábamos a contar recuerdos de su fallecida hija.
    Lo indignante era percibir que las directoras (numerarias) querían evitar que eso continuase y, por ello, inventaban todas las excusas posibles para impedir que conversásemos libremente durante los intervalos de las actividades.
    Se sentía que trataban de “controlar” a la referida madre y, al mismo tiempo, “controlarnos” a todas las demás que -siendo la mayoría madres de familia- nos conmovíamos con lo que había pasado.
    Esta tensión entre numerarias y supernumerarias es por otro lado típica: las primeras consideran que las segundas son unas “sentimentales” porque dan demasiado valor a la familia, a los problemas de los hijos, etc. Así que, en las actividades de formación, las directoras intentaban “ocultar” estas preocupaciones con dosis macizas de “formación sobre la vida del opus dei”. Pretendían que nuestras cabezas quedaran preñadas de “opus dei” y que sólo ese tema ocupase nuestro tiempo y nuestras conversaciones.
    En fin, ¡una completa “claustrofobia”!
    Marypt

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