El Amor Del Opus Dei A Los Religiosos

Ivan de ExOpus

Lo que sigue es una experiencia que me ocurrió apenas había cumplido los 16 años.

La lluvia inundó los campos del colegio en donde aquella tarde teníamos que practicar deporte. Ante la imposibilidad de hacerlo nos mandaron a casa. Yo me fui, como todos los días, al centro de la Obra.

Serían las 4, toqué el timbre. Me abre el secretario quien tras informarse de la duración de mi estancia allí sale corriendo a por el abrigo y en cuestión segundos se marcha, explicándome a la carrera que el resto de los de la casa están en una tertulia con el Padre (el fundador del Opus Dei, no Dios), que él no había ido por el Santísimo (en los centros de la Obra no se puede quedar solo), y que esa función la podía realizar yo.

Y allí me dejó. No transcurrieron ni 15 minutos cuando llaman a la puerta y me encuentro ante un fraile. Un fraile, fraile, de hábito preconciliar, con capucha incluida, y con un rosario entre las manos.

Me explicó que venía de Jaén, que quería ponerse en contacto con un determinado sacerdote de la Obra (desconocido por mí), y que las únicas señas de un centro del Opus Dei de que disponía eran las de aquel en el que nos encontrábamos.

Lo único que se me ocurrió fue dejarle el teléfono del club y decirle que llamara por la noche para preguntárselo al director.

Cuando todo estaba resuelto, va el buen religioso y me pide el favor de que le deje hacer una visita al sagrario, ya que el resto de la tarde tenía que hacer gestiones y no sabía si podría encontrar una iglesia en donde realizarla.

Mi preocupación entonces fue la de que esa persona no fuera un religioso sino un ladrón, por lo que le acompañé al oratorio y allí estuve con él todo el tiempo.

Rezó durante unos cinco minutos, le despedí, y continúe con mi estudio.

Cuando volvió el director le di la novedad y, de pasada, le cuento lo de la visita al Santísimo del fraile. Entonces enrojece. Me inquiere si he dejado entrar a un religioso en el centro. Le explico que le acompañé y que no era un ladrón (lo único que a mí me preocupaba). Eleva el tono de voz y me sale con que está muy mal lo que había hecho ya que HAY UNA ORDEN DEL PADRE (el fundador del Opus Dei, no Dios) DE QUE A UN RELIGIOSO NUNCA SE LE PUEDE METER EN UN CENTRO DE LA OBRA, DE QUE SE LE ATIENDE EN LA PUERTA DE LA CASA O COMO MUCHO EN LA SALA DE VISITAS, PERO JAMÁS, JAMÁS SE LE PERMITE ENTRAR DENTRO…

¿Pero cómo voy a impedir que visite al Señor alguien que ha dado su vida por Él?, aduje en mi defensa.

Y su respuesta, en el mismo tono de sargento de la Legión: HAY MUCHAS IGLESIA PÚBLICAS, QUE VAYA A UNA DE ELLAS, PERO EN UN CENTRO DE LA OBRA, NO Y NO…

Obras son amores y no buenas razones. Por mucho que luego oyera en el Opus Dei las palabras de su Fundador de que amamos con todo el corazón a la Iglesia y a los religiosos, toda esa teoría se anulaba en mi interior por aquella experiencia juvenil tan anticristiana de la bronca que recibí por haberle permitido a un fraile visitar al Santísimo.

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3 respuestas a El Amor Del Opus Dei A Los Religiosos

  1. Jacinta unzue dice:

    es de no creer!!! bueno… es de creer si pensamos en el opus… que bueno contar con tu testimonio para poder ilustrar lo que todos hemos aprendido… gracias

  2. Sergio dice:

    Lo que has escrito me ha hecho recordar cuando acababa de pitar y en una charla el director nos contaba como había que tratar al obispo de la diócesis si se presentaba en nuestros centros. La obra era entonces instituto secular y nos dijo que el obispo sólo tenía jurisdicción sobre el sagrario y añadió “por lo que si un día el obispo se presenta de improviso en el centro lo que tenéis que hacer es llevarle al oratorio y de ahí a la puñetera calle”.

    La verdad es que eso me incomodó mucho. Mi familia era católica muy practicante y siempre había vivido en mi casa un gran respeto hacia los sacerdotes y mucho más hacia la jerarquía. Si en mi casa se le ocurre presentarse al obispo todo habrían sido halagos por parte de mis padres y hermanos. Aquello que oí del director me pareció un desprecio y una falta de respeto hacia una autoridad de la Iglesia, ¿qué es eso de que a un sucesor de los apóstoles se le manda sin más a la puñetera calle?

    Había olvidado esta anécdota hasta que he leído lo que te pasó con ese religioso y entonces la he recordado.

    Lógicamente tanto lo que pasó contigo como conmigo alguien lo puede achacar a una falta personal de esos directores y no de la obra, pero eso no ocurre en un sitio en el que se mama el cariño hacia la jerarquía. ¡Buena habría sido la bronca de mi madre si me ocurre decir en casa que he mandado al obispo a la puñetera calle!

    Un saludo

  3. Kaiser dice:

    Quizá esto tenga que ver con la historia esa de que pillaron en un centro de Barcelona a un jesuita midiendo el altar, porque pretendían denunciar que no era reglamentario.

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