Algunas Mentiras Del Opus Dei (II) – Sobre El Marquesado De Peralta

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Ricardo de la Cierva

VIGESIMO NOVENA MENTIRA [así figura en el original]: El título de marqués de Peralta pertenecía al padre de monseñor Escrivá; al morir éste, sólo el primogénito —o sea, él— podía reclamarlo. Pues bien, consultó a compañeros de la Obra, consultó a la secretaría de Estado del Vaticano y después de mucha reflexión resolvió pedirlo. A las veinticuatro horas lo había traspasado a su hermano. ¿Dónde está su ambición? Todo lo que quiso fue restituir a su familia lo que le pertenecía y sólo él podía proporcionarle, lo que por otra parte, además de un derecho, era una compensación por todas las privaciones que habían, pasado ayudándole en su Obra”. (Padre Rafael Pérez, O.S.A., nonagenario aragonés, juez del proceso de beatificación de monseñor Escrivá, declaraciones en la revista EPOCA, 10 de febrero de 1992).

Por su avanzadísima edad, el padre Rafael Pérez incurre en una serie de lapsus que subjetivamente no deseo calificar como mentira -seguramente llegó a creerse personalmente esta especie de versión oficiosa del Opus Dei sobre el famoso marquesado de Peralta- pero que objetivamente equivalen a toda una sarta de falsedades que voy a analizar en el resto de este capítulo.

Vayamos, ante todo, a los hechos. Según la publicación del ministerio de Justicia (Madrid, Centro de publicaciones, 1988) Grandezas y títulos del Reino, guía oficial, el marquesado de Peralta fue concedido el 14 de marzo de 1718 a don Tomás de Peralta, secretario de Estado de Guerra y Justicia del reino de Nápoles. No se hace mención alguna de la rehabilitación del título a favor de monseñor Escrivá, sino que figura como titular, según carta expedida en 17 de noviembre de 1972, el hermano del fundador del Opus Dei don Santiago Escrivá de Balaguer y Albás.

Sin embargo en el archivo del ministerio de Justicia puede comprobarse que el marquesado de Peralta fue rehabilitado a petición de don José María Escrivá de Balaguer en 3 de agosto de 1968, de acuerdo con la solicitud formulada por el interesado el 25 de enero del mismo año; el título se concedió con inusitada rapidez, como parece ser norma en los grandes honores que antes y después de su muerte obtuvo el fundador del Opus Dei. Por lo tanto, como según la citada Guía (que en esta fecha no se equivoca aunque sí en otra muy esencial) don Santiago Escrivá no sucedió a su hermano en el título hasta el 13 de noviembre de 1972 resulta que monseñor Escrivá lo disfrutó durante más de cuatro años, y no “lo traspasó en veinticuatro horas” como afirma el padre Pérez. Eso sí; no consta que monseñor Escrivá utilizase el título públicamente, aunque sí lo hizo, según fuentes romanas que luego concretaré un tanto, de forma reservada para uno de los fines de su estrategia religiosa. Queda pues desenmascarada la primera falsedad sobre el marquesado.

LAS RAZONES DEL MARQUESADO

¿Por qué el marquesado? Hasta el beato Escrivá los nobles titulados habían renunciado generalmente a sus títulos y honores cuando decidían abrazar el estado de perfección; el caso más notorio es el de san Francisco de Borja, duque de Gandía y marqués de Lombay, que dejó sus títulos al ingresar en la Compañía de Jesús. Yo no conozco un solo caso de un miembro de una institución religiosa, menos que nadie un fundador, que pidiese y obtuviese para sí un título nobiliario. Tampoco creo que el padre Escrivá lo pidiera por vanidad y ostentación. ¿Cuáles fueron entonces las razones?

En el fondo fondo algo de lo que dice el padre Rafael Pérez es verdad. El padre Escrivá provenía posiblemente de una familia hidalga del Alto Aragón, donde la hidalguía – que es un grado menor, pero auténtico, de nobleza- se valora todavía muchísimo. La familia, que había disfrutado de posición acomodada, luego vino a menos, tuvo que abandonar su solar de Barbastro y su posición independiente; el padre de monseñor se colocó corno dependiente en una casa comercial de Logroño. Es cierto que la familia hizo verdaderos sacrificios para poder dar estudios superiores al futuro fundador, quien deseaba recompensarles por ello. Pero hay una razón más profunda. Venir a menos crea siempre en una familia hidalga un complejo mayor o menor de inferioridad, una nostalgia humanamente muy explicable. Incorporar a su familia nada menos que un marquesado suponía para ella toda una rehabilitación histórica. El padre Escrivá estaba muy unido a su familia, gozaba en los años sesenta de una extraordinaria influencia política y social en España dada la posición preeminente de varios miembros de la Obra en el régimen de Franco (ruego a mis amigos del Opus que no rezonguen al oir estas verdades que son evidentes) y solicitó el marquesado. La decisión no fue muy ortodoxa según la historia de la santidad pero humanamente resulta explicable y comprensible. Ya antes del marquesado el padre Escrivá, que se llamaba solamente Escrivá, obtuvo legalmente la ampliación de su apellido a la forma mucho más solemne de Escrivá de Balaguer. Otro recurso para vencer el complejo de inferioridad; otras personas lo han hecho desde siempre en España, véase el caso del hijo del carretero de Granátula que ha pasado a la Historia con el sonoro nombre de Baldomero Espartero, que no era el suyo. No me parece mal que cada uno se haga llamar como quiera.

Antes aludí a una razón estratégica. La expliqué en el primer ensayo de mi libro Misterios de la Historia, segunda serie (Planeta 1992) sobre la Orden de Malta. El Papa Pío XII estaba muy preocupado con la situación de la Orden de Malta, religiosa y nobiliaria, que data del tiempo de las Cruzadas, desde la fundación de su gran hospital de San Juan en Jerusalén. Se trata de una Orden religiosa plena, aunque en trance de extinción por el número decreciente de profesas; y que a lo largo de los siglos había degenerado en lo que hoy es, un muestrario de vanidades, plumeros y cosas peores, aunque en algunas naciones -las antiguas Lenguas- mantiene encomiables obras de asistencia y caridad; entre esas naciones no se encuentra España, por desgracia. El padre Escrivá, según parece por indicación de la propia Santa Sede, pensó en la posibilidad de hacerse con la Orden de Malta (que con sus cincuenta y tantas representaciones y valijas diplomáticas es además un importante centro de poder mundial) para reconducirla a sus antiguas finalidades espirituales, ahora muy abandonadas. Según informaciones que me fueron facilitadas en Roma, a esto se debe que varios miembros del Opus Dei hayan ingresado en las diversas clases de la Orden de Malta, como algunos Caballeros de Obediencia en España y el propio prelado del Opus Dei, monseñor Alvaro del Portillo, que figura en los catálogos sanjuanistas como caballero de honor y devoción con el número 160 en la Lengua de España. Las mismas fuentes romanas me indicaron que monseñor del Portillo, noble por los cuatro costados, ingresó sin dificultad pero la solicitud del padre Escrivá fue denegada por falta de pruebas de nobleza. Tal vez a ello se debiera la obtención del marquesado de Peralta, aunque ello supondría un cierto desconocimiento del padre Escrivá sobre los mecanismos y rigideces nobiliarias de la Orden de San Juan. Yo desde luego prefiero que la venerable y degradada Orden de Malta caiga en manos del Opus Dei y eluda así las infiltraciones y amagos de la masonería y de la mafia que, como he probado documentalmente, la acechan; registro este episodio como un hecho, no como una crítica. La Orden de Malta se rige por un sistema de patronato, prelatura y soberanía que seguramente ha inspirado al Opus Dei para su configuración actual.

La verdad es que si éstas fueron las razones del padre Escrivá para solicitar el marquesado de Peralta pueden resultar comprensibles, aunque todo ello sigue sin convencerme desde el punto de vista de la tradición religiosa. Sin embargo esto no es lo grave. Lo grave es que, después de estudiar muy a fopdo el problema, he llegado a la conclusión de que el marquesado de Peralta se concedió al padre Escrivá en virtud de una falsificación. Decir esto me resulta terriblemente enojoso pero me debo a la verdad y voy a probarla.

UN DEFENSOR DE LA REHABILITACION

La verdad es que si éstas fueron las razones del padre Escrivá para solicitar el marquesado de Peralta pueden resultar comprensibles, aunque todo ello sigue sin convencerme desde el punto de vista de la tradición religiosa. Sin embargo esto no es lo grave. Lo grave es que, después de estudiar muy a fnpdo el problema, he llegado a la conclusión de que el marquesado de Peralta se concedió al padre Escrivá en virtud de una falsificación. Decir esto me resulta terriblemente enojoso pero me debo a la verdad y voy a probarla.

El recuerdo -casi se trata de un culto- de los títulos nobiliarios españoles en la antigua América española sigue produciendo en las antiguas Indias notables expertos en genealogía, entre los que destacan los miembros de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas, que publican una acreditada revista cuyos números 30-31, de octubre de 1987 (año 34) tengo delante. En su portada figuran varios apellidos de la más rancia nobleza española allí afincada, entre ellos el de Volio, que me resulta familiar porque es el que lleva mi distinguida amiga Marina Volio, que fue ministra de Cultura en su patria durante el año 1980; tuve el honor de recibirla en nombre del gobierno de España en aquel año. Otro de los linajes nobles trasplantados de España a Costa Rica, que figura en la misma portada, es el de Peralta. Si combinamos los datos de esta revista en el citado número con los obtenidos por uno de mis colaboradores, que es además un experto genealogista, en el archivo del ministerio de Justicia los resultados son explosivos y los voy a analizar inmediatamente.

Pero antes debo referir las conclusiones a que llegó don Adolfo Castillo Genzor, experto genealogista español de Zaragoza, ya fallecido según creo, sobre el marquesado de Peralta aplicado a monseñor Escrivá de Balaguer ya que el señor Castillo Genzor fue uno de los técnicos que colaboró en la rehabilitación. El artículo se titula Nobiliario general de Aragón, el marquesado de Peralta y fue publicado en El Noticiero de Zaragoza el día 6 de agosto de 1968, es decir tres días después de la rehabilitación en favor del padre Escrivá.

Ante todo el señor Castillo Genzor defiende la vigencia de la nobleza y se apoya en la ley de 4 de marzo de 1948. El autor señala que el marquesado de Peralta fue creado por el archiduque Carlos de Austria en su condición de Pretendiente al trono de España (debiera decir en su condición de presunto Rey Carlos III de España) “según Real Cédula datada en la ciudad de Viena con fecha 4 de marzo de 1718″. Esta es precisamente la fecha que sigue aceptando en 1988 la Guía Oficial del ministerio de Justicia. Añade Genzor que Felipe V, mediante la ratificación del tratado de Utrecht (mejor sería decir el Tratado de Viena) en 18 de julio de 1725, reconoció las mercedes otorgadas hasta esa fecha por el Pretendiente, convertido en Emperador Carlos VI de Austria. Uno de los caballeros qué acompañaron a don Carlos a su patria cuando perdió la guerra de sucesión española fue, según Castillo Genzor, “cierto caballero hidalgo aragonés llamado don Tomas de Peralta”, del que no ofrece más apellidos aunque le cree “de linaje oscense”. Al marcharse dejó establecido en la ciudad de Barbastro a su hermano don Diego de Peralta, también sin más apellidos, extraña cosa en un genealogista. Sin embargo el marquesado de Peralta no sería reconocido por la Casa de Borbón, según Castillo Genzor, hasta Fernando VI, “en la persona del sobrino carnal del concesionario, don Manuel de Peralta” según Real Cédula de 4 de diciembre de 1758. Castillo reconoce, pues, que el marquesado no fue aceptado por Felipe V, y que tras el reconocimiento de Fernando VI el concesionario no lo utilizó aunque “dejó expedito el camino a su descendencia”. Todo muy extraño.

Y así salta de golpe el técnico, sin más conexiones intermedias, hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando alaba a monseñor Escrivá de Balaguer por reclamar un título que le viene “por rigurosa herencia de sangre.” Y aquí paz y después gloria.

LA VERDADERA CASA DE PERALTA

Pero ni el señor Castillo Genzor, ni monseñor Escrivá de Balaguer, ni el gobierno español que rehabilitó el título, ni el general Franco que puso su firma en el decreto, dando por buena la obra de los expertos, podía imaginar que don Ricardo Fernández Peralta, fundador y presidente de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas, hidalgo a fuero de España, fuese realmente descendiente de la auténtica casa de Peralta y se dedicara certera y amorosamente a investigar y estudiar la auténtica historia de su familia, que publicó en el número citado del Boletín que nos sirve de referencia. Arranca -en su estudio de la que llama “rama andaluza” – de don Juan de Peralta y Bosque nacido en 1517, que obtuvo licencia en 1565 para pasar a Costa Rica aunque no lo hizo. Sigue la genealogía hasta el primer miembro de la familia Peralta que veo aparecer en América Central, don Francisco de Peralta y García de San Juan, capitán de navío de la Real Armada, que murió heroicamente frente a Panamá combatiendo a una flota pirata inglesa. Uno de sus hermanos, don José de Peralta y García de San Juan, caso con doña Juana Franco de Medina en 1697 y su primogénito, don Juan Tomas de Peralta y Franco de Medina, nacido el 30 de mayo de 1698, fue precisamente quien. al servicio del pretendiente austriaco don Carlos (llamado Carlos III de España) recibió de él el marquesado de Peralta el 19 de febrero de 1738, (no 1718) cuando don Carlos ya era emperador de Austria. Don Juan Tomás, que era natural de Jerez de la Frontera y no “de linaje oscense” casó en Viena en 1721, enviudó y regreso a España, donde murió en Jerez de la Frontera el 1 de mayo de 1743.

¿Qué valor puede tener una genealogía como la que sirvió para rehabilitar el marquesado en favor de monseñor Escrivá, una genealogía sin apellidos ni fechas, ni datos de nacimiento ni de muerte? ¿Por que el Peralta oscense del señor Castillo Genzor no utilizó su título nobiliario de l718? ¿Por qué no lo heredó su hermano que se había quedado en Barbastro, la ciudad natal del padre Escrivá, muy previsoramente? Muy sencillo; porque el título no se concedió hasta 1738, cuando ya el reconocimiento no era automático; porque se trataba de un título austriaco y no español; porque para convertido en título español hubo sencillamente que falsificar la fecha de concesión y convertirla en 1718, para que cayese antes de 1725, tope de los reconocimientos de los títulos del Pretendiente por el vencedor Felipe V.

El hermano del primer marqués de Peralta no se llamaba don Diego ni tuvo que ver con Barbastro; se llamaba don Esteban Francisco de Peralta y Franco de Medina y también era natural de Jerez de la Frontera. Uno de sus nietos, don José María de Peralta y de la Vega, nacido en Jaén en 1763, fue el fundador de la Casa de Peralta en Costa Rica. Fue un prócer de la Independencia, lo que explica que el titulo marquesal dejara de usarse en la familia, aunque nunca renunció a su calidad de tercer Señor del mayorazgo de Peralta, creado por el primer marqués.

La documentadísima genealogía costarricense continúa por todas sus ramas, frondosa pero clarísima, hasta desembocar en un singular personaje que nos interesa muy especialmente: don Manuel María de Peralta y Alfaro.

ALFONSO XII Y ALFONSO XIII ANTE EL MARQUESADO DE PERALTA

Ruego al lector que tenga delante. el documento del Ministerio de Gracia y Justicia expedido el 3 de septiembre de 1930 durante el reinado de don Alfonso XIII porque resulta esencial como prueba y lo reproducimos aquí en facsímil.

oficio_peraltaPie de foto: Documento del Ministerio de Justicia de don Alfonso XIII en 1930 en el que se reconoce la fecha auténtica de la concesión del marquesado de Peralta y la relabilitación de ese título por Alfonso XII. Este documento prueba que la rehabilitación del título por el padre Escrivá se basa en una falsificación.

En primer lugar reconoce que el marquesado de Peralta se concedió en 1738 y no en 1718 como dice la guía actual del Ministerio de Justicia a quien se le ha colado el interesado adelanto de la fecha, es decir la falsificación. En segundo lugar porque consta la verdadera rehabilitación del título por el Rey Alfonso XII en favor de don Manuel María de Peralta.

Este nuevo prócer costarricense de la familia Peralta era hijo natural de don Bernardino de Peralta y Alvarado y una descendiente de los conquistadores de América, doña Ana de Jesús Alfaro; pero su padre le reconoció ante el consulado de España en Costa Rica el 18 de marzo de 1881. Don Manuel, cargado de honores en su patria, desempeñó importantes misiones diplomáticas; una de ellas en España. El editor de la revista costarricense que nos sirve de guía hace las siguientes interesantísimas consideraciones:

“Don Manuel María de Peralta solicitó y obtuvo de don Alfonso XII la rehabilitación del título de marqués de Peralta por R.O. de 16 de agosto de 1883, (como se indica en el documento que reproducimos en este libro, n. del a.). No obstante hubo cierta reticencia de parte de la Administración española de aquellos tiempos, y fue así como le propusieron a don Manuel María que optara por un cambio de nacionalidad, a lo que él naturalmente se opuso con mucha discreción. Finalmente le sugirieron la intervención del Vaticano en la transmisión del título, cosa que tanto la Santa Sede como él aceptaron con la sola condición de parte de aquélla de que el título debía ser vaticano para no aparecer la Santa Sede como mera transmisora de dicha dignidad. Este es el origen de la duda sobre la nacionalidad del título de marqués de Peralta, que definitivamente es un título del Imperio Austriaco ya que como vimos más atrás, lo otorgó el emperador don Carlos VI de Austria a don Juan Tomas de Peralta, súbdito español, en Viena a 19 de febrero de 1738 es decir trece años después de estar vigente el llamado tratado de Viena (1725). Con dicho tratado quedaron reguladas las concesiones de dignidades a súbditos españoles por parte del otrora archiduque pretendiente, ya por entonces reconocido como emperador de Austria” .

Al referirse a la rehabilitación de Alfonso XII mi colaborador genealogista, que ha estudiado el caso en el archivo del ministerio de Justicia, añade: “El rehabilitador, en este caso, lo fue el embajador de Costa Rica en España, don Manuel María de Peralta y Alfaro, sobrino tataranieto del concesionario. Como en aquel entonces la rehabilitación fue impecable, no se falseó la fecha de creación del título, por cuya causa no podía rehabilitarse como título español. Se llegó a una fórmula original en la que intervinieron el Rey de España y Su Santidad el Papa, en nombre del Sacro Imperio. La fórmula consistió en que la rehabilitación se firmaba por el monarca español, una vez oído el parecer de Su Santidad, y siempre que la merced en cuestión se considerase de forma subsidiaria como título de la Iglesia. De esta manera se concedió un título de características muy especiales que en definitiva no era del todo español ni típicamente vaticano. El Rey de España puso como condición que el título de referencia no se insertase en la guía oficial de títulos de Castilla.”

“Llama la atención -continúa el autorizado editor- que la persona que “rehabilitó” -en España y en 1968- dicho título de marqués de Peralta se tomó el trabajo de alterar la fecha de la concesión original y dijera en la solicitud de rehabilitación que dirigió en su oportunidad al Ministerio de Justicia que dicho título le había sido concedido a don Tomas de Peralta el 12 de febrero de 1718. La alteración del día de la concesión aparentemente no tiene mayor importancia; lo que sí constituye un fraude es la alteración del año de la concesión cuando pone 1718 en vez de 1738. Vamos a explicar el porqué. Al poner el año de 1718 en la solicitud de rehabilitación incoada por el hermano del actual marqués de Peralta evidentemente quiso convertir el título austriaco en uno español, cosa que seguramente logró el buen señor cambiando simplemente un 3 por un 1 en cuanto al año de la concesión. La curioso fue que la Administración española de 1968, tan severa aparentemente en otros aspectos, esta vez cerró el ojo.

Como historiador y relativo conocedor del personaje yo creo estar seguro de que monseñor Escrivá, que naturalmente estaba de acuerdo con la rehabilitación del título y por supuesto la había promovido, firmó los papeles que le pusieron delante los expertos en quien confiaba y por eso yo no me atrevería en modo alguno a acusarle de la falsificación. Pero creo haber demostrado que la falsificación existió. El marquesado de Peralta ya se había rehabilitado en España. El primer concesionario y su familia no eran “de linaje oscense” sino de Jerez de la Frontera, de donde su linaje paso a Costa Rica. Una genealogía sin apellidos ni fechas ni documentación fehaciente no sirve para nada y en cambio la genealogía costarricense me parece completamente fundada, documentada y probada. En el expediente de rehabilitación de 1968 no se prueba en modo alguno el parentesco de monseñor Escrivá con los Peralta de Jerez, verdadero linaje del título. El autorizado Nobiliario en cuatro tomos publicado unos años antes de la rehabilitación por una comisión en la que figuran autoridades tan relevantes como el marqués de Siete Iglesias y don Vicente Cadenas da la razón a los Peralta de Costa Rica y no alude a los apellidos Escrivá y Albás como nobles. Con tantos títulos de posible rehabilitación monseñor Escrivá fue a estrellarse contra uno lleno de luz y taquígrafos. No me lo explico, no tiene explicación. El deseo de un marquesado por parte de monseñor Escrivá no me gusta pero me parece, dada la idiosincrasia del personaje, comprensible y hasta perdonable. Que el título se base en una falsificación me parece tristísimo e incluso gravísimo. Pero mi deber ante la Historia era decir la verdad y lo he cumplido (Capítulo X del libro: Los Años Mentidos. Ricardo de la Cierva. Editorial Fénix).

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6 respuestas a Algunas Mentiras Del Opus Dei (II) – Sobre El Marquesado De Peralta

  1. Javier dice:

    ¿A qué te dedicarías si no te dedicases a atacar al Opus Dei? Insultar, faltar y mentir engancha y gusta mucho. La Iglesia, símbolo de contradicción, y sus carismas e instituciones siempre han sido atacadas. Bueno, esta escrito en el evangelio que así sería. Ante eso digo Amén. Tu sigue con tus maquinaciones e hipótesis sobre el Opus Dei y su sed de poder y dominio del universo. No porque la muchedumbre gritara ¡Crucificalo, crucificalo! Cristo era culpable de algo. No merece la pena enfadarse. La parusía sigue estando cada día más cerca.

    *******

    1) Le agradecería que me indicará las frases concretas en dónde insulto, falto y miento y por qué. Sus generalidades sólo indican que usted cree que el Opus Dei es perfecto, por lo que a priori considera que cualquier crítica hacia él tiene que ser falsa.

    Le recuerdo que nadie, salvo Dios, es perfecto.

    2) Sí el Opus Dei no mintiera hipócritamente a la Iglesia y a la humanidad yo seguiría perteneciendo y trabajando para él. Creo que esto responde a su pregunta sobre a lo que me dedicaría sí no escribiera aquí.

    3) Sus frases apocalípticas me hacen sospechar que usted ve demasiados programas televisivos del tipo Cuarto Milenio. Quizás le convenga dedicarle más tiempo a la serie de los Simpson.

    Iván

  2. Sedienta de la verdad dice:

    Me alegra y doy gracias a Dios que haya abandonado el Opus Dei, que por desgracia cuyas falsas enseñanzas y practicas están ahora incursionando dentro de las iglesias evangélicas en latinoamérica y pronto en todo el mundo. Se que la verdad oculta detrás del Opus Dei no se la revelo carne ni sangre, se la revelo Dios mismo y no dudo que él tiene preparado un plan para usted, pero en la verdad, porque todos los integrantes de esta organización saben de sus falsedades, sin embargo se hacen los sordos, mudos y ciegos porque buscan algún interés, pero usted que seguramente desea servir a Jesucristo de corazón, abrió sus ojos… Todo aquel que pueda, salga corriendo de este famoso prelado.

  3. lu dice:

    El dinero no lo es todo en esta santamafia, el dominio, de los que de buena fe se acercan a buscar la perfección en este mundo, es el factor psicológico más importante para someter bajo los designios de Dios a las personas de buena fe.Yo solo pido que si el integrismo del actual papa nos recuerda que hay infierno,no quisiera estar con aquellos que dominaron la mente de muchos seres y que siguen dominando a los de buena fe.
    Luis

  4. jesus dice:

    opus dei.. sos la secta mas grande y mafiosa del mundo

  5. GRACIAS.

    ME INTERESA TODA LA INFORMACION AL RESPECTO

    LAURA

  6. pedro+ dice:

    No me sorprende esta historia. El Opus es una sociedad muy terrena y terriblemente clasista. La cuestión es que no se si esto es tan malo, sencillamente está basada en la religión para darle solemnidad. A mi modesto entender, se trata de una sociedad multinacional y mercantil con un fondo de moralina. El propio fundador era una contradicción permanente, a la vista de estos y otros muchos hechos.

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