El Silencio Del Opus Dei (III)

Ivan de ExOpus

En El Silencio Del Opus Dei (I) y (II) hemos tratado el tema del enmudecimiento sistemático de los dirigentes de la Obra ante las acusaciones de que son objeto, y en ambos queda claro de que es así por su incapacidad para rebatir las realidades de que se les acusa, puesto que son fáciles de comprobar, y no por los motivos sobrenaturales que ellos aducen para justificarse.

Ese callar ante las acusaciones ciertas no es algo que se le ha ocurrido al Prelado en una noche de insomnio, sino que hunde sus raíces en la doctrina fundacional del Opus Dei.

Escrivá tuvo siempre una actitud poco ética para quitarle la gente a otros grupos religiosos, lo que motivaba que aquellos protestaran, hecho que san Josemaría traducía a los de dentro (y para así quedara en la historia que ellos escribirían después) como «una persecución de los buenos».

De esa rapiña vocacional tenemos constancia en una carta que Josefa Segovia (co-fundadora de la Institución Teresiana) dirige Escrivá:

A lo largo de 1953, año especialmente difícil para su salud (de Josefa Segovia), decidió afrontar también lo que desde hacía tiempo le estaba produciendo tensión interior. Durante la guerra de España y en los primeros años cuarenta se había mantenido la relación frecuente y cordial con don José María Escrivá, como hemos indicado. Pero, a medida que se fue consolidando la Obra de éste, surgió una situación de gran sufrimiento para Mª Josefa. El 7 de agosto: “Escribo a D. José María Escrivá suplicándole remedie la relación de los suyos con las nuestras, ¡carta más difícil!”. Tardó en enviarla (nota 59: El 27 de agosto: “Escribo, y sale al fin, carta para D. José María Escrivá delicada. Lo encomiendo mucho a Nuestra Señora”) ya que no la concluyó hasta 20 días después. En ella Mª Josefa le recordaba la estrecha relación que él había tenido con el Padre Poveda y con ella misma, y le hacía algunas reflexiones sobre la injerencia en algunas actividades apostólicas de la Institución, “entendiendo que no quiero separación dolorosa, sino comprensión fraternal”. “Yo quiero volver a encontrar a mi hermano José María (así se llamaba usted habitualmente) -era su verdadera súplica-, y por eso le escribo hoy. Escribo confiada y sencillamente” (Pasión por la santidad, Pág 608. Maria Encarnación González).

El fundador del Opus Dei sabía que la actuación poco honrada de los suyos provocaría protestas y, como no había defensa posible ante ellas, en 1936 se anticipó adiestrando a los del Opus Dei para que ante esa situación enmudecieran (lo mejor para silenciar por cansancio a los que se les oponen) y dejó escrito:

Si se os presenta alguna contradicción de parte de personas eclesiásticas o seglares, autoridades o no, callad: si no lo hacéis así, corréis el peligro de dar pábulo a la murmuración, y de dar categoría a lo que de ordinario no serán más que pequeñeces. / En cambio, informad enseguida a los Directores Mayores, encomendad el asunto al Señor, y pronto se hará la luz y desaparecerá la contradicción (Punto 58 de la Instrucción Para Los Directores).

El razonamiento justificador de Escrivá es de lo más pueril posible. Traduzcámoslo a una recomendación personal a nosotros sí le hubiéramos pedido consejo porque una determinada persona nos calumnia al afirmar de nuestra madre que fue prostituta en su juventud; y entonces él nos propone: calla, si no lo haces así, corres el peligro de dar pábulo a la murmuración, y de dar categoría a lo que no es más que una pequeñez.

Sobran los comentarios.

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