Mi Primer Testimonio Público Sobre El Opus Dei

Ivan de ExOpus

Por su parte, Enrique L. (nombre también ficticio), que fue agregado unos 30 años, señala: ‘A mí me ganaron primero por el corazón y luego por la cabeza, y de la misma forma me perdieron. El corazón me lo quemaron enseguida, cuando comprendí que la amabilidad y la bondad con que me trataban cuando querían captarme no eran sino hipocresía en estado puro. Pero la cabeza tardó más en convencerse. El revulsivo fue la compra prohibida y la posterior lectura de un libro de Steven Hassan, Cómo combatir las técnicas de control mental de las sectas. Ahí se hablaba de cuatro controles: de pensamiento, de sentimiento, de la conducta y de la información. Los cuatro los sufrí en el Opus. Fue entonces cuando decidí irme’. Eso, afirma, le costó perder su trabajo y una difícil reconversión profesional. En el camino, quedó su fe en la Iglesia, aunque cree en un Dios que ve como ‘entidad organizadora del universo’ (La vida en el Opus y después del Opus. El País, Madrid, 13 enero 2002, Luis Matías López).

Va a hacer cinco años que hice esa declaración sobre el Opus Dei (Enrique L., es Iván). Una de las razones por las que me inscribí en la Obra fue para ayudar a los demás a santificarse. Y luego descubro que el Opus Dei es una estafa. Mas siempre he sentido muy vivo ese espíritu primigenio de ayudar al prójimo en sus necesidades. Cuando a través de un amigo de un amigo mío ese periodista se puso en contacto conmigo, no sólo no tuve inconveniente en dar mi testimonio, sino que lo vi (y lo sigo viendo) como una obligación grave para con Dios (cuyo Santo Nombre es utilizado para engañar), para con la Iglesia (indirectamente perjudicada) y para las personas corrientes a las que la Prelatura emplea como meros instrumentos de usar y tirar.

Lo que el periodista malinterpreta es que en el camino, quedó su fe en la Iglesia, aunque cree en un Dios que ve como ‘entidad organizadora del universo’. Le hablé de Dios como organizador del Universo, de la Iglesia parcial de cada momento histórico que está sujeta a errores y pecados por no ser la Total, la que Cristo promete como Perfecta. Y de toda esa charla el periodista dilucidó que había perdido mi fe en la Iglesia (la Total, Verdadera y Santa) en vez de en la temporal que nos ha tocado vivir, que es a la que yo me refería. Para ahondar más en los distintos tipos de Iglesia remito al lector a mi trabajo previo: «La Iglesia que comulga con el Opus Dei».

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